En esta ocasión extraigo la primera parte del Informativo Nro 177 de VALORES HUMANOS el muy interesante artículo MEDIOS DE COMUNICACION, IMÁGENES Y EDUCACIÓN, de Alexander Chiu Werner y María Lucía Correa
Medios de comunicación, imágenes y educación
Por: Alexander Chiu Werner / María Lucía Correa
Según estudios realizados por Ibope Time Perú y Ad-Rem1, casi el 97% de los hogares peruanos tienen al menos un televisor y su consumo diario supera las tres horas. La radio, por otro lado, es escuchada por más del 84% de la población y por unas 3 horas y media diarias en promedio.
En el caso de los niños y adolescentes, el panorama es similar: el 38% mira entre una y dos horas de TV al día de lunes a viernes, y el consumo asciende a más de dos horas al día los fines de semana para el 48%2. En cuanto a la radio, la escuchan más de una hora y media diaria en promedio3. No sería arriesgado decir que, en muchos casos, el consumo de medios puede llegar a ser equivalente al número de horas que pasan los niños y adolescentes en la escuela.
Siendo la radio y televisión medios frente a los que se interactúa a diario de forma tan cercana, es lógico pensar que sus acciones de comunicación impliquen un alto nivel de influencia en las personas, formando ideas y actitudes, generando valor a ciertas cosas y quitando a otras, de la misma forma que la educación convencional lo hace. Según Jorge Huergo, comunicador y educador argentino, la similitud entre un periodista y un educador es que ambos tienen la posibilidad de incidencia en la formación de cultura4.
Pero si bien la incidencia que tienen los educadores y periodistas en la sociedad tiene similitudes, los medios de comunicación suelen transmitir sus contenidos de una forma más eficiente y atractiva, con lenguajes e imágenes más 'naturales' y cercanas. Además, la información transmitida por los medios de comunicación es cada vez más abundante, variada y especializada. Para Teresa Quiroz, “un niño de hoy en día puede haber accedido a través de la televisión y otros medios masivos de comunicación a un volumen de información muy superior al que un estudioso del Medioevo podía alcanzar en toda su vida”5.
Entonces, surge la pregunta: ¿a qué se debe que la información transmitida por los medios de comunicación sea más eficaz que la transmitida por los educadores a través de libros y otros documentos?
La radio, la televisión y los otros medios audiovisuales apelan a un tipo de lectura que no tiene como fuente las letras, los libros o el lenguaje escrito, sino que utilizan lenguajes que se perciben con mayor naturalidad y entendimiento, algo que se acerca más a la experiencia humana: el lenguaje de las imágenes.
Al hablar de imágenes, se hace referencia tanto a las visuales como a las sonoras. Es aquello que percibimos con nuestros sentidos sin necesidad de un lenguaje intermedio, como la lectura y escritura. Son la primera información que el ser humano aprende a descifrar desde su infancia donde aprenden pacientemente a comprender y a interpretar el mundo en base a las experiencias que sus sentidos les proporcionan.
Esta aprehensión sin lenguajes o habilidades intermediarios, como la lectura y escritura, hace que el uso del lenguaje de los sentidos auditivos y visuales por parte de los medios de comunicación logren transmitir información y sensaciones de una forma más eficiente y eficaz.
El ojo y el oído son los dos órganos del cuerpo humano que nos permiten contar con los sentidos de la visión y audición.
La radio y la televisión son, por su naturaleza e importancia, la forma más cercana de sentir y vivir una experiencia y, por tanto, más sencillo de asumir que lo que se ve y escucha es real, aunque no necesariamente lo sea.
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Fotos: just Luh, orangeacid, krotpong.
1. Ibope Time Perú, Estudio de hábitos en el consumo de medios Perú Nacional Urbano 2008; y Ad-Rem, 2006 - Estudio sobre el consumo y grado de satisfacción de los usuarios por la radio y televisión.
2. Xavier Bringué Sala y Charo Sádaba Chalezquer, La generación interactiva en Iberoamérica: niños y adolescentes ante las pantallas, 2008.
3. CPI, 2007 - Estudio sobre el consumo televisivo y radial infantil.
4. Jorge Huergo. Comunicación/Educación: ámbitos, prácticas y perspectivas.
5. Teresa Quiroz, Aprendiendo en la era digital, 2001.
Aunque supuestamente estamos de vuelta de la educación memorística hace decenios, siempre hay algunas re-consideraciones que hacer al respecto.
La memoria es una de las funciones intelectuales más importantes, y no puede desecharse así como así. La evocación es una de las primeras habilidades considerada en cualquier taxonomía bien estructurada. Si se opera ideas con una memoria mecánica y repetitiva entonces no se ha aprendido función intelectual alguna, sino sólo a repetir. Esto pasa en nuestro sistema educativo y en muchos otros. A este tipo de Educación se le ha llamado (erradamente) “educación tradicional”. Antes y Ahora Por mor de la claridad unamos por un momento los contenidos a repetir y la función repetitiva:
“Antes” la sociedad solamente requería hacer las cosas memorísticamente. Una educación elitista no necesita que la gente piense sino que repita. Los cuadros sociales imprescindibles para el funcionamiento de la sociedad provenían de escuelas privadas o públicas de élite. La gran mayoría de las gentes en el contexto obrero fabril sólo necesita comprender instrucciones sencillas, y repetir movimientos a lo Taylor. Ese tipo de educación fue el que copiamos de otras latitudes. El problema fue que no desarrollamos una estructura económica industrial-fabril, sino un capitalismo dependiente y exangüe, sobre una sociedad estructurada en diferencias sociales precapitalistas. Vale decir, a los problemas viejos simplemente les añadimos los nuevos.
La educación memorística apuntaba exactamente a lo "necesario": Formar obreros obedientes y reclutas obedientes para sostener el orden social. El esquema funciona con altibajos en una republiqueta feudal como la nuestra. Memoria y Disciplina A veces los nostálgicos lo que recuerdan de la llamada "educación tradicional" es lo que llaman "disciplina". Es obvio que la tan añorada "disciplina" está asociada con la didáctica memorística: Para repetir al unísono debemos - intelectualmente - marcar el paso disciplinadamente.
El requerimiento del Estado que se expresa en la currícula académica respondía a ello: Contenidos mínimos correctamente introyectados vía repetición se introducían en la mente de los niños en la Primaria. Para la Secundaria se trataba de construir sobre tales contenidos mínimos y vestir el maniquí de ciertas habilidades intelectuales, cuya expresión máxima era el famoso cuadro sinóptico. Esta situación es especialmente cierta en Historia y Educación Cívica, donde dentro del Pacto Social el Estado manejaba sus propios objetivos.
Como consecuencia, los maestros y padres de familia apreciaban positivamente los desbordes de erudición en los alumnos, que en realidad lo único que demuestran es la capacidad genética para la retención, unida a la exposición temprana en el hogar a contenidos intelectuales por vía del hábito de la lectura. Aún hoy el concurso escolar más conocido en nuestra patria se llama "Los que más saben", cuya estructura se basa en preguntas y respuestas que se responden de memoria. Notemos que los catecismos también se estructuran de la misma manera.
Memoria y redes cognitivas Los esquemas más modernos - modernos desde el siglo XIX, por si acaso - no solamente no rechazan la memoria, sino que la precisan como función intelectual producida por la sucesiva construcción de redes cognitivas. La llamada "educación en libertad" se ha venido planteando desde hace muchísimo tiempo: Summerhill, Montessori, la Escuela Abierta, la Nueva Escuela, las experiencias de José Antonio Encinas en Puno a principios del siglo XX. Impartir la educación en libertad adelantándose al medio ambiente produce algo a lo que las estructuras sociales no estaban preparadas: Alumnos que utilizan sus cerebros, y por ende preguntan. Por eso la lucha de Encinas por una educación decente se hacía contra los propietarios latifundistas y la iglesia católica (frase de entonces: indio educado, indio alzado). Por supuesto, a Encinas se le acusó de comunista, de recibir el famoso "oro de Moscú" y demás monsergas que algunos hoy día todavía "repiten", con lo que podemos observar en vivo y en directo el éxito del esquema repetitivo.
Adoctrinamiento Desviémonos un poco de la ruta de la memoria: Cuando alguien solamente llega a "repetir" una respuesta es porque la pregunta es blindada. Es decir, la respuesta está controlada por la pregunta. Un ejemplo: Si pregunto cuáles son las virtudes teologales es porque presupongo que éstas existen, y si el desarrollo intelectual más alto de mis alumnos es la repetición, por supuesto el objetivo es que éstos crean y no hagan preguntas incómodas sobre la existencia metafísica de las dichas virtudes y todo su soporte ideológico. De esto se trata, el objetivo básico de la educación repetitiva no es el aprehendizaje sino el adoctrinamiento.
La memoria no es negativa per se sino en la medida que sea el único elemento de estructuración / recuperación de conocimientos y único soporte de las funciones intelectivas. Tampoco deberíamos caer en el fundamentalismo de la antimemoria. La evocación está en nuestra genética como instrumento esencial, y debe ser por algo.
Efecto en el sistema Hoy en día hay escuelas privadas y públicas que trabajan habilidades y capacidades intelectuales no-memorísticas, por llamarlas de algún modo. Para los alumnos es más complicado, pero como resultado se interesan más en los temas y contenidos, y operan con mayor solvencia intelectual incluso en el ambiente universitario. Sin embargo nuestro sistema universitario es obsoleto y rígido, los exámenes de ingreso privilegian en mucho el empleo de la memoria. Dado que el sistema educativo dirige a todo mundo a la Universidad, por principio de realidad muchas escuelas privadas establecen, aparte del desarrollo de competencias, exámenes "tipo ingreso", y hay escuelas que se publicitan como "preuniversitarias" desde la Primaria.
Los profesores universitarios están más retrasados que los escolares en cuanto a metodologías y didáctica, provienen ellos mismos en su mayoría de canteras memorísticas. De ahí que en la Universidad los alumnos padecen los mismos problemas que en la escuela, más graves. El síndrome del copy and paste o el del plagio, son secuelas de un problema con aristas intelectivas y ético-morales, consecuencia de la ausencia de un proceso de enseñanza-aprendizaje que privilegie habilidades cognitivas y no solo el empleo de la memoria. Ello se observa notablemente en los dos últimos años de educación superior.
(Un Paréntesis: En mi experiencia como profesor de educación superior me he encontrado con este problema, y agarré rápido fama de "profesor difícil". ¿Por qué? Porque en mis exámenes los alumnos podían acudir con libros y apuntes, y porque los reactivos que proporcionaba implicaban operaciones intelectivas en algunos casos muy primarias, en las que, por desgracia, la gran mayoría de mis alumnos estaban huérfanos.)
Élite La Universidad peruana tiene interesantes elementos elitescos: Las tasas de egreso son muy bajas, vinculadas a situaciones extra-académicas (la capacidad económica). Las tasas de ingreso más bien son muy altas por motivos de ganancia económica y sostenibilidad institucional. Entre el ingreso y la salida el alumno "aprehende" y/o refuerza que de lo que se trata primordialmente es de aprobar los cursos, no de adquirir conocimientos y habilidades, y se contrae a ello como objetivo primario. Tiene lógica, aprende exactamente lo que le enseñamos: Que el fin justifica los medios, y en ese sentido la educación peruana logra sus objetivos de currículum oculto.
Los profesores universitarios ganan más que los escolares, están mejor considerados socialmente y disponen de una institucionalidad más sólida. Aunque esto ha cambiado en las últimas décadas con la aparición de universidades que continúan sin cambios con los mismos criterios escolares de memoria, funcionales para una gran mayoría de alumnos que no será muy capaz de leer, pero sí de pagar. El resultado es previsible: Profesionales muy mediocres, cargados de papeles que acreditan que pasaron por el aro. Se puede decir que casi lo único que acreditan dichos papeles es que se pagó por ellos.
Las escuelas de la modalidad pública de jóvenes-adultos (la antigua vespertina-nocturna) muestran de modo directo los criterios a que nos referimos: En abril y diciembre (matrícula y notas finales), las clases están atiborradas de alumnos, en el intermedio están casi vacías. Los alumnos son personas de mayor edad, ciudadanos con DNI que ya "saben" y han "aprehendido" que de lo que se trata es de aprobar y tener el papel. Y ya está. Por ende no pierden el tiempo en clases, lo rentabilizan trabajando o estudiando cosas que sí les van a servir, como idiomas y computación, estudios que les proporcionan las habilidades que sí realmente necesitan.
Comercialización En situaciones como ésta podemos descubrir el origen, correa de transmisión social y desarrollo de esa conducta social anómica que llamamos "viveza criolla".
Añadamos a esto un diseño de evaluación cuya única justificación está en facilitar la rentabilización de la nota. Como es bien sabido y sumamente callado, en ciertos lugares del Perú este hecho está tan institucionalizado - con tarifarios explícitos inclusive - que la correlación entre la evaluación y el desarrollo de capacidades es completamente inexistente. Ello implica el refuerzo del memorismo, que hace más fácil cobrar por la nota aprobatoria, y por ello se mantiene el vetustísimo sistema vigesimal, como hueso que se le arroja a los docentes más levantiscos.
Hacer la Finta Si en verdad se mejorara la nutrición de nuestros niños, la infraestructura de nuestros colegios, los ingresos y la capacitación y actualización de nuestros docentes, se podría lograr resultados mensurables en una serie de aspectos, y quizá inclusive hasta salir de la situación de emergencia educativa que arrastramos hace ya varios decenios, y cuyas consecuencias vemos cada día en muchas áreas. Eso sería magnífico. Si los gobiernos consiguieran salir de su marasmo y distraerse un cuarto de hora de otras ocupaciones, eliminar de una buena vez el analfabetismo se ganaría mis felicitaciones más extremas. Pero después de aprender a leer hay que seguir leyendo, porque las habilidades si no se usan se olvidan, y nuestra tasa de analfabetismo funcional debe ser de las más altas del mundo.
Pero aún si hiciéramos todo ello, no resolveremos el problema de la educación peruana. El presente y el futuro requieren de personas que operen intelectualmente de maneras muy diversas, con habilidades morales, sociales e intelectuales diversificadas, educadas en el real sentido de la palabra. La pregunta central es qué debemos, en la situación actual, hacer para que la situación de "eterna emergencia" pueda revertirse, y preguntarse si para eso basta con hacer la Finta modificando algunos aspectos de la realidad. Si alguien tiene la receta, que me la pase.
Cada cierto tiempo, salta el tema de la educación, esta vez para referirse no a ésta, sino a un determinado nivel de "instrucción", con la que se le confunde. Vale decir, la curiosa suposición de que si existe un determinado nivel de instrucción (¿bachillerato, maestría, doctorado? difícil saberlo), entonces los parlamentarios y otros funcionarios electos tendrán "mejor nivel".
¿Qué significa decir "mejor nivel"? ¿Cuál es el "adecuado nivel de instrucción"?
Si uno observa alrededor, se notará el hecho concreto e incontrovertible de que no es el "ignaro" el que comete los mejores y más grandes faenones. Tampoco es el carente de títulos académicos el que no comete actos de corrupción o deroga las leyes de la genética. Estoy seguro que el juez peruano que decretó hace algunos años que la prueba del ADN no servía para determinar la paternidad, no lo hizo por ignorancia, sino probablemente por razones menos académicas. De hecho, la educación peruana lo que enseña no es a "hacerlo bien", sino a "hacerla bien", y la diferencia de una letra, como todos sabemos, cuenta.
La función parlamentaria, como la función edil, la función judicial o la función militar, requieren de ciertas condiciones, habilidades y conocimientos. Para el caso de las funciones judicial y militar existen líneas de carrera que teóricamente aseguran que esto se dé así. De hecho, son líneas teóricamente meritocráticas. No es el caso con las funciones parlamentarias y ediles, donde los técnicos se contratan, y las decisiones políticas quedan en manos de los funcionarios electos.
Cuando decimos "mejor nivel" tendemos a no precisar de qué se trata el asunto. En términos generales debiera ser, entendemos, un "mejor nivel ético y moral", que no se alcanza automáticamente con un mayor nivel de instrucción. De hecho, si una persona tiene una formación moral que privilegia sus intereses inmediatos individuales sobre sus intereses colectivos, no debiera estar calificada para la función pública, y las líneas de carrera en las funciones meritocráticas debieran considerar este aspecto. Nos consta que no es así, ateniéndonos a los resultados.
Quedan las funciones que se cubren por mecanismos electivos. Indudablemente, si se presenta el mismo problema que con las funciones meritocráticas, el problema no está entonces en el nivel de instrucción, que lo único que proporciona en tal caso son mejores instrumentos para la consecución de actos de corrupción cada vez más perfectos y acabados. Es decir, la habilidad de "hacerla bien", como por ejemplo parece ser el caso del Señor Químper, que además cumpliría, de acuerdo a sus aprestos académicos, todos los requerimientos de nivel para poder ser un funcionario electo.
El problema está en otra parte. Es educación moral y ética, la que no se resuelve con un curso más o menos. Pensarlo es tapar el sol con un dedo.
¿Qué tienen en común los funcionarios electos y meritocráticos - y para el caso los funcionarios privados, etc. - en nuestro país? Entre otras cosas la capacidad de realizar "calificados" actos de corrupción, con las excepciones - que son solamente éso - del caso.
El análisis merece ser mucho más acucioso, pero algunas cosas se pueden adelantar.
Por ejemplo, ¿en qué nivel de la educación peruana se pueden ubicar los "centros de aprendizaje" de la corrupción y otros indeseables caracteres de la peruanidad?
Una aproximación primera parece ubicar el problema en la adolescencia, donde las personas se ubican de modo decidido en la estructura social. Los mecanismos de mímesis social que estudian los sociólogos determinarían que los adolescentes y jóvenes asuman ciertas posiciones sociales.
Un aspecto interesante de observar cuando se trabaja con adolescentes y jóvenes de 4to y 5to de secundaria es su general "desencanto" de la sociedad y lo que ella implica en cuanto a posibilidades y conductas futuras que ellos deberán asumir. Cabe indicar que creemos que dicha "sensación" - que esperamos investigadores acuciosos conviertan en indicadores - está generalizada y está igualmente repartida entre los niveles socioeconómicos.
Una cuestión a tratar es la del conflicto entre la teoría enseñada y la práctica percibida. Mientras mayor es la brecha entre ambas, la percepción del adolescente - joven es la de que ha sido "engañado", que ha sido objeto de "agresión", al percatarse que los valores que se les enseña en el salón de clase son mentira y encubrimiento de una situación real. La primera reacción generalizada - y ciega a nuestro entender - es la pérdida de "disciplina" y "rebelión" que se presenta alrededor de entre 2do y 3ro de secundaria. Vale decir una reacción de "negación" y aspiración a la permanencia en la burbuja escolar, que ofrece alguna protección, y que podría reflejarse en las tasas de repitencia, más observables en la escuela privada.
Hacia el 4to o 5to de secundaria, la percepción aparente se define hacia que "nada se puede hacer", y por ende las únicas rutas vitales abiertas son la de "adaptarse al ambiente" o "rechazar el ambiente". Quizá la expresión más clara del rechazo sea la cada vez más temprana voluntad migratoria, que se presenta en los jóvenes más audaces, decididos, inteligentes y/o que están en capacidad económica para hacerlo. Y cuando la puerta migratoria está cerrada, por lo general por falta de capacidad económica, la alternativa que queda es la adaptación al sistema. La creciente tendencia social a la individualización reforzaría este esquema.
Esto se produciría, entre otras cosas, pues los contenidos mostrados desde los medios y la práctica social son directamente opuestos a los que se plantean en el salón de clase. Por más que se aísle a los niños, llega el momento en que se tropiezan, más temprano que tarde, con la realidad.
Dentro de la adaptación a la realidad agresiva que percibe, el joven - adolescente resulta ser muy crítico individualmente, a la vez que se adapta actuando de acuerdo a lo que se espera de él. Siendo los valores sociales primordiales el culto al consumo y la adquisición de dinero, entonces las consecuencias son claras.
¿Es extraño entonces que tengamos índices muy altos de migración y a la vez corrupción en el ambiente? Parecen ser más bien realidades complementarias. Cuando se dice que la educación resuelve la situación, no se toma en cuenta que se requieren entre doce y quince años para formar una persona, y si ya el medio ambiente proporciona una constante engañifa y una contradicción de fondo ¿extraña que esa contradicción se corporice en estos males sociales? ¿Se arregla ello pidiendo mayores cortapisas académicas, cuando el problema está más abajo? ¿O es solamente un modo de estructurar mejor un mecanismo para continuar acaparando poder?