lunes, 29 de agosto de 2011

CURRÍCULA NACIONAL EN DEBATE


“La educación define el carácter del desarrollo, la democracia y la ciudadanía. En esta sociedad del conocimiento, la formación del “potencial humano” debe convertirse en un tema prioritario de toda la ciudadanía. Este no es sólo un problema técnico, ni pedagógico, ni financiero, ni institucional. Implica una visión de qué tipo de sociedad, qué tipo de desarrollo y democracia, qué tipo de civilización aspiramos a formar (…) Surge la necesidad de crear una simbiosis y sinergia complementaria entre el Estado, el mercado y la sociedad civil, entre geoeconomía y geocultura; buscando una civilización más integradora del trabajo, del género, del medio ambiente, de las culturas y de la nueva generación de jóvenes cuyo crecimiento poblacional mundial se genera en el sur. Estos son temas fundamentales para definir el carácter de la Educación ….”
(Ricardo Morales Basadre S.J., Presidente del Fondo Nacional de Desarrollo de la Educación Peruana –FONDEP-, Artículo “¿Qué educación? ¿Para qué desarrollo?” de Julio de 2011)

La flamante Ministra de Educación arranca su gestión metiendo el pie en el acelerador, y mal no nos parece. La convocatoria a un gran debate nacional sobre la Currícula escolar está orientada por la necesidad de articularlo con las Regiones, es decir, con diversificarlo eficazmente en función de las necesidades del desarrollo económico, social y cívico. Cuando se abre un debate sobre una estructura formal es para algo, es decir no se trata de dejarla ahí nomás. Se trata de modificarla, de añadirle aportes o cuando menos de plantear cómo se puede manejar mejor considerando tanto las necesidades a las que responde como a las diferencias entre las diversas poblaciones. Este parece ser el objetivo de la Ministra, puesto que nuestra Currícula Nacional contiene muchos elementos importantes y valiosos, pero todos no se pueden aplicar de la misma manera en todas las circunstancias. Precisamente por eso apareció el concepto de Diversificación, para que los diversos niveles del proceso educativo pudieran adaptar el Diseño Curricular a las circunstancias de su población – lo que nos remite de la ejecución de Diagnósticos educativos – tanto como a la forma que tomarían los grandes objetivos nacionales en cada rincón del territorio nacional. Naturalmente este proceso no se limita a las Regiones, pues todos diversifican, por así decir, “en cascada”: Diversifica la región, diversifica la Institución Educativa y diversifica el maestro en el aula. Y hay más actores.

Desafortunadamente, las dificultades para la gestión escolar en nuestros docentes y administradores educativos, sumado a la rigidez e inercia institucional que tiene larguísima data en el Perú, ha dado por resultado que el Diseño Curricular no sea visto ni utilizado como una herramienta, sino más bien como un corsé o una camisa de fuerza. El mejor currículo del universo puede ser arruinado por una aplicación mediocre. Seguramente nuestro DCN no es el mejor del mundo, pero malo no es, siempre y cuando sea un instrumento y no el libro sagrado o la ortodoxia educativa empleada para estrangular la iniciativa y la creatividad de instituciones y docentes.

Qué es esto de la Currícula

Cuando hablamos de Currícula nos metemos en un área intermedia entre las disciplinas educativas que estudian a las Instituciones Educativas, y las que estudian el devenir cotidiano de los procesos de enseñanza / aprendizaje. Podríamos decir, abusando del lenguaje, que la formación de un currículo está determinado por la presencia de entes permanentes y presentes - las instituciones educativas - insertas en la estructura política, económica y social. Al interior de esta estructura se producen actividades organizadas, que se orientan al logro de aprendizajes. La currícula, en pocas palabras, determina qué aprendizajes son los que se deben fomentar, cómo hacerlo, y en qué secuencias y procesos integrativos. Otra manera de verlo sería pensar la currícula como el locus del planeamiento de la transmisión de contenidos de la Cultura considerados valiosos, en la estructura de un sistema educativo dado.

El Diseño Curricular Nacional (DCN) es un documento que expresa la Currícula, válido para todo el Perú, que norma y orienta la Educación Básica Regular (EBR) y sintetiza las intenciones educativas señalando qué aprendizajes deben alcanzarse al final de cada nivel educativo. Para ello se basa en ciertos criterios filosóficos básicos, que determinan los principios y fines de la actividad educativa. También hace uso de criterios científicos, en especial referidos a los diagnósticos educativos, al carácter y rasgos de la actividad pedagógica, y al aprendizaje. En este sentido, estructurar un Currículo empieza por determinar los Fines de la educación, continúa con un diagnóstico del estudiante sobre quien se va a aplicar, sigue con una determinación de objetivos y logros educativos, y culmina en un Plan de Estudios. Y esto para la totalidad del proceso y para cada Nivel educativo.

Aunque los Fines de la educación pueden ser más o menos comunes a todos los peruanos, no lo son los sesgos que puede adoptar de acuerdo a la población servida. A las diferencias entre las diversas ubicaciones geográficas y características humanas de las comunidades, se suman sesgos a los objetivos del desarrollo, distintos según las actividades económicas y las situaciones sociales y cívicas. Este solo hecho demuestra la necesidad de coordinar y articular para poder diversificar con eficacia. También los diagnósticos varían, pues no es igual la situación de aprendizaje de los niños de Rinconada en Puno, los de la caleta de Culebras en Ancash, los de Alto Roque en San Martín, o los de Puna Vaquería en el Cusco. He estado en todos esos sitios, y he observado que la aplicación curricular es demasiado común, a pesar de las evidentes diferencias entre unos y otros. Se ha dicho que la sociedad peruana necesita reencontrarse con la ruralidad, y entiendo que la Ministra empieza por el principio, por las Regiones cuyas autoridades educativas supuestamente deberían precisamente diversificar la currícula. Con seguridad se encontrará que hay muchos factores que propenden a mantener la inercia, y quizá el principal sea el tema docente.

¿Qué se pone en debate cuando hablamos de Currícula? Eso no nos queda claro y esperamos algunas precisiones al respecto. Poner en debate la Currícula podría implicar rediscutir los objetivos y fines de la educación peruana, cuestión sustantiva, pues los diagnósticos no se discuten en sí mismos sino en sus conclusiones, al ser cuestión técnica.

El enfoque de Competencias

Nuestro DCN se basa en el enfoque por competencias. Puede ser discutible, por cierto, pero el hecho es que aún si pensáramos en cambiar el enfoque, no ocurrirá en el corto plazo, por razones obvias. Conviene entonces que sepamos de qué se trata este enfoque. El concepto de Competencia utilizado es más o menos el siguiente: Saber actuar reflexivo, creativo y autónomo para resolver problemas o lograr propósitos en el escenario de la vida cotidiana de los niños y niñas. Este “resolver problemas” se estructura en las dimensiones del saber ser, saber convivir, saber hacer y saber conocer; es decir, propende el desarrollo de la personalidad individual, la personalidad social, las habilidades y la metacognición y autoevaluación.

Hacer el esfuerzo para cumplimentar los fines educativos según los sesgos regionales, y cubrir los diversos requerimientos en competencias ya es un esfuerzo grande. En el punto de la determinación de logros educativos habrá siempre la tensión dinámica entre la competencia a lograr y los medios disponibles. Podemos querer muchas cosas, y en eso el DCN no se nos queda. La cosa es qué podemos hacer objetivamente. La Ministra ha manifestado que se le dará peso específico mayor a las áreas de Comunicación, Matemática, Ciencias y Cívica, en la que se incluye la Educación Física. Esto implica dirigir los medios disponibles principalmente a estas áreas, y orientarlos hacia la resolución de problemas. En el Debate debería entrar cómo hacerlo. Tradicionalmente el principal recurso para ello ha sido la asignación de mayor cantidad de horas, aunque el problema es que desde que el tiempo es un bien escaso, para vestir al Santo hay que desvestir al Otro. A pesar de la estructura por áreas, en la práctica los maestros y la población seguimos pensando en Cursos, en buena medida porque no estamos formados en enfoques holísticos, y la certificación en la formación inicial del maestro sigue aún este criterio, de donde seguimos tratando de encajar cuadrados en círculos. La DCN va desgajando las áreas curriculares desde las cuatro de la Inicial (Lógico-Matemática, Comunicación Integral, Personal-Social y Ciencia y Ambiente), hasta siete en la Primaria, y diez en la Secundaria, por lo menos. La pregunta es si le es posible al alumno promedio de 6 a 12 años mostrar logros y manejar eficaz y eficientemente una estructura balcanizada de siete juegos diferentes de estímulos a la semana, en especial considerando el estado nutricional y social de la mayoría de los estudiantes peruanos. Lo mismo ocurre con los alumnos de entre 13 a 17 años de edad, con sus diez juegos de estímulos distintos a la semana. Quizá la peor parte del asunto sea que en demasiadas ocasiones los estímulos están ordenados en torno a contenidos conceptuales que son objeto de repetición mecánica, la más primitiva de las competencias posibles a desarrollar. Y con ello dinamitamos el mismo concepto de Competencia, y el esfuerzo desplegado se pierde en el deseo de complejizar desde las materias más que desde las habilidades de resolver problemas.

Un problema curricular central

Entendemos que ir en pos de una Revolución Educativa implica mirar los problemas con perspectivas de integración de esfuerzos, más que de hegemonías relativas en tiempo y recursos. Debatir en positivo la real pertinencia de los contenidos conceptuales que planteamos a los estudiantes parece esencial. Quizá sería mejor, es una idea loca que requiere desarrollo, hacer depender ciertas áreas de la de Comunicación, otras de la de Matemáticas y así sucesivamente, de manera que el cuadro de asignación de horas emplee los recursos humanos disponibles para los logros básicos, y así romper el clásico enclaustramiento de los cursos, y orientarlos a las habilidades. Es una idea para iniciar el debate, en lo que a nosotros respecta.

Colofón

Poner en debate la Currícula tiene el problema de que terminas por hablar de todo. Imaginamos que los resultados y aportes de este Debate serán sistematizados y puestos a disposición de equipos técnicos realmente competentes, alejados del simplismo y cortoplacismo de los enfoques neoliberales. Estaremos atentos.

Post-Data

La situación en Chile nos está demostrando que tenemos dos necesidades importantes a considerar: Escuchar a los alumnos, y prevenir las situaciones. Debemos mirar con suma atención qué está pasando allí y sacar las lecciones correspondientes. Además tenemos que felicitar el fin de ese Frankenstein experimental llamado municipalización.



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martes, 23 de agosto de 2011

CONTRA EL OSCURANTISMO


''no se puede permitir que en una Universidad de la Iglesia, se pueda dar cabida a ateos, homosexuales, o que no se rijan obligatoriamente con lo que determina el Vaticano'' (Luis Gaspar, sacerdote especialista en derecho Canónico, en entrevista con Aldo Mariátegui y Mónica Delta)

Para muchos la Religión, la Filosofía y la Ciencia son muy importantes. Las Tres, no una sola. Para la mayoría la Filosofía y la Ciencia son más o menos indiferentes, en cambio la Religión obedece a imperativos muy profundos del alma. Sí, dije del Alma, porque después de todo, la vida espiritual – o como queramos llamarle – es prerrogativa de todo ser humano. Pero en la realidad de la concreción social de las relaciones humanas los tres modos de abordar la realidad: el religioso, el filosófico y el científico, son definitivamente importantes y complementarios, y conviven en el pensamiento de las personas. No nos debería interesar tratar con las caricaturas de estos tres modos de pensar, aunque es obvio que existen, y que muchísima gente, supuestamente educada, coloca a unas en contra de la otra. No todo el mundo puede opinar sobre Ciencia o Filosofía. A la mayoría se le escapa el rigor de pensamiento que ambos conjuntos de disciplinas se auto infligen. Pero la Religión es otra cosa. Siendo la Religión como es cuestión de la intimidad humana y recipiente privilegiado de las creencias y temores más profundos, entonces las creencias más involucradoras se aposentan ahí, no importa si hablamos de católicos practicantes o panteístas new age, siempre hay una separación dura entre ambas. La Ciencia y la Filosofía privilegian el conocimiento riguroso y prueban sus afirmaciones, en tanto que la Religión exige Fe. Cuando ambas chocan, el conflicto se resuelve en las canchas del Poder Político, muchas veces con muertos, heridos y contusos. Parece esto una consecuencia del choque entre los deseos y la realidad, que se da cuando la filosofía deconstruye el pensamiento religioso, y la ciencia destroza algunas creencias a base de investigación y pensamiento racional. Si en vez de Ciencia tenemos seudoconocimiento; en vez de Filosofía, charlatanismo y discurso vacío; y superstición en vez de Religión, pues entonces las cosas van mal y la persona que caiga en esto requiere de una reingeniería espiritual realmente profunda. Pero cuando es la sociedad la que está escindida alrededor de un conflicto que las involucre, lo que tenemos es la prueba de una división profunda, casi esquizofrénica, que la atraviesa.

Yo estudié algún tiempo en la Universidad Católica. Circunstancias de la vida me obligaron a abandonarla muy contra mi voluntad, y a asumir nuevas formas de educarme, pero fue muy importante en mi formación. Lo que está pasando con la PUCP hoy en día recorre los terrenos de lo legal, lo ideológico y lo político, y no lo repetiré por ser harto sabido. Pero, como es natural, tomaré mi sitio con todos aquellos que defiendan la libertad de la ciencia de ser ciencia, de la filosofía de ser filosofía y de la religión de ser religión. Eso, precisamente eso, lo aprendí en la Pontificia Universidad Católica del Perú, así como la convivencia plural entre las diferentes maneras de pensar y el respeto por la solidez del pensamiento. Y no me guardaré de criticar a la PUCP tantas veces como me parezca sólido y pertinente, pero criticarla no es quemar libros, y sé que esa crítica será diseccionada y mis argumentos pesados, pues de eso se trata. Pero cuando vemos que hay gentes para las que la tolerancia es una mala palabra, y la solidez del pensamiento se detiene delante de dogmas y ortodoxias no podemos permanecer callados.

No les temamos demasiado a los oscurantistas, sin embargo. No es nada difícil deconstruir su “pensamiento” y enterar a las gentes que lo que realmente defienden no es ni la Ciencia, pues para ellos está sometida al dogma; ni a la Filosofía, que ellos sustituyen por una Ortodoxia; ni menos aún a la Religión Cristiana Católica del Carpintero de Galilea. Preguntémonos entonces maliciosamente qué quiere este oscurantismo disfrazado de clerical hipocresía.

Pues, bastante obvio, el oscurantismo pretende oscurecer la vida académica y sustituirla por la tonante voz del seudoconocimiento, el charlatanismo y la superstición, disfrazados por supuesto. Y preguntémonos más maliciosamente aún para qué quieren oscurecer la vida académica. Pues obvio, para que los que tengan voz en nuestro país sean ellos y solamente ellos. ¿Y por qué? Pues muy simple, porque quieren el Poder de manejar las ideas y la educación de las gentes. En el fondo, los oscurantistas son bastante incapaces de admitir que le temen a la Pontificia Universidad Católica del Perú, como le temen a todo lo que huela a Libre Pensamiento, a Academia y a Crítica de Verdad. Quisieran que la gente solamente pensara a través de las neuronas de gentes como Rafael Rey, Juan Luis Cipriani y Kenji Fujimori. Y como saben que mientras la PUCP esté allí las mentes pensantes se seguirán sonriendo compasivamente de lo que ellos llaman sus “ideas”, necesitan desaparecer la PUCP para hablar ellos solos, y hacernos creer que lo que dicen es Ciencia, Filosofía y Religión.

La única forma que se les ocurre para evitar seguir haciendo el público ridículo académico que han venido haciendo desde hace tantos años, es apoyarse en el argumento de la Fuerza y en la lógica del Garrote. No se les ocurre, como pasó en fecundos tiempos eclesiásticos más civilizados, dar la batalla de las ideas, enfrentar pensamiento a pensamiento, sino que bárbaramente quieren matar el pensamiento y asesinar las ideas. Quieren desaparecer al adversario en una fosa común conceptual, quieren un Cayara intelectual. El clericalísimo y brillante Bartolomé Herrera los hubiera mirado por encima del hombro.

Y se esconden detrás de falacias por supuesto, porque lo más sólido que poseen es el argumento de la Fuerza. ¿Será casual que los que defienden hoy las posiciones oscurantistas son aquellos que atacaron la Comisión de la Verdad y se niegan a leer y debatir sus Conclusiones? ¿Será casual que la Derecha más reaccionaria, recalcitrante y dictatorial es la única que defiende abiertamente las posiciones del Cardenal Arzobispo de Lima? Atacan a los que llaman “caviares” por el delito de ganarse la vida con éxito y tener ideas sociales, dicen que hay incompatibilidad entre tener plata y defender a los pobres, señalan con soltura ósea que toda crítica social es comunismo y que la inteligencia apesta. No son gente sensata, en definitiva.

Visto desde una perspectiva sensata, las tres formas de pensar -Ciencia, Filosofía y Religión- no colisionan existencialmente. Los tres poseen sus áreas y sus campos más o menos delimitados, y aunque se cruzan en diversos aspectos, en una sociedad democrática, inclusiva y basada en las leyes ello no debería crear problema alguno. El problema es otro, de carácter político y social: El objetivo último de los oscurantistas es la manipulación de las legítimas creencias religiosas en la búsqueda de una suerte de rebelión cristera que direccione masas ignaras. Para eso deben destruir lo que consideran el arsenal intelectual de la “Izquierda”, pues para ellos todo pensamiento independiente es comunismo, y la única diferencia que ellos son capaces de ver entre Susana Villarán y Sendero luminoso es que los de Sendero tomaron las armas. Un ejemplo interesante de la “Libertad Intelectual” que hipócritamente pregonan algunos oscurantistas lo hallamos en una Universidad del Opus Dei, de cuyo nombre sí me acuerdo, pero no me viene en gana de traer a mi memoria, donde circula una separata, un opúsculo “académico” con pretensiones intelectuales que “denuncia” la “infiltración” del “comunismo”, en pleno siglo XXI, en las ideas de Antonio Gramsci. De ahí a quemar las obras del hereje solo hay un pasito que el oscurantismo no dudaría en dar, pues está dentro de su modus operandi. Claro, ya no usarían el fuego, que está bien pasado de moda.

Y en eso, qué diferente es la PUCP, que no cuestiona la existencia de centros oscurantistas disfrazados de Universidades, sino que compite lealmente con ellos, y les gana todos los días, que es, por cierto, lo que les revienta la bilis. No debería estar sola la PUCP en la defensa del Libre Pensamiento. Es cierto, los oscurantistas, escasos de argumentos, emplean el Poder, del que quieren cada vez más, y con eso asustan a algunos timoratos que se colocan en la platea a ver quién gana. Pero no es esta la hora de estarse callado. Los que tengan algo qué decir, que lo digan. En la batalla entre la Libertad y el Oscurantismo no puede haber tibios, pues como dice el Nuevo Testamento: “A los tibios los vomitaré de mi boca”.

Post-Data

Si para mantener la Libertad Académica, razón de ser de la universidad, es necesario desprenderse de su marketing, pues que lo haga, y así, la PUCP, en vez de ser Católica, que sea la UNIVERSIDAD DEL PERÚ. Y PUNTO.


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jueves, 18 de agosto de 2011

CONTRA LOS COSTOS DE LA CORRUPCIÓN -Parte 2


“Todos somos un poco ladrones.” (Álvaro Obregón, Presidente de México)

Hay diversas maneras en que las personas reaccionan ante el entorno social. En nuestra sociedad el delito y la corrupción están tan profundamente instalados, que nos podríamos preguntar a la iconoclasta, como en la primera parte de este artículo, hasta dónde la corrupción es tan realmente conveniente para la sociedad que en realidad toda lucha contra ella termina por ser una Finta más dirigida a la platea. Experiencia tenemos del despliegue fintero del gobierno próximo pasado alrededor de la “lucha frontal y sin atenuantes, con tolerancia cero” contra la corrupción, con el resultado de devaluarla, de repente adrede. Ciertas conductas están tan instaladas que resulta extraordinariamente difícil desprenderse de ellas, y la complicidad de los chiquitos con los grandazos es palmaria. Es que nadie quiere perderse los posibles beneficios de los actos corruptos. Si no me creéis, que cualquiera que haya trabajado en una dependencia pública o privada y no se haya tirado un lápiz levante la mano. La Corrupción no solamente se organiza como actividad económica en escala, sino también, muy al estilo nacional, a la informal, y aunque desde un punto de vista ético-moral tirarse diez millones de dólares o un lápiz son actos equivalentes, desde el punto de vista político no es igual. Si castigas el robo del lápiz y no el de los diez millones de dólares, mandas un mensaje clarísimo a la sociedad: “La pita se rompe por lo más delgado”, y no solamente no resuelves nada, sino que refuerzas las conductas y empeoras las cosas.

Vimos ya que hay relación entre delito/corrupción con la necesidad y su percepción, que esta relación ni es mecánica, ni se debe exclusivamente a la naturaleza humana, sino que las circunstancias, en especial las sociales, tienen una directa relación con la comisión de delitos. No hemos caído en la simpleza de creer que basta crecer en lo económico para que la corrupción y el delito disminuyan a niveles soportables. En esta segunda parte pretendo aplicar algunas de estas ideas a un par de sectores emblemáticos, sin pretender agotar el tema, que da para muchos tomos.

Corrupción, Pisco 7.9 y “Actos de Dios”

Hace cuatro años un terremoto de grado 7,9 en la escala de Richter sacudió Pisco y buena parte de la costa peruana. Fue un “acto de Dios”, es decir, una ocurrencia que no depende de los seres humanos. Ante estas ocurrencias las gentes solamente pueden soportarlos, resignarse, reconstruir y aprender de la experiencia, para hacerlo mejor la próxima vez que se caiga el techo encima, y a eso le llamamos Prevención. Sin embargo, los hechos posteriores desafían toda lógica. Los damnificados por el sismo han manifestado que por cuatro años los dejaron abandonados a sus propios recursos. La chamba de la reconstrucción se le empujó a las autoridades municipales y regionales, que parece respondieron lo mejor que pudieron con sus escasos recursos. En cambio, la acción del estado central fue equívoca, hasta el extremo de requerirse cambio de gobierno para reconocer el problema e iniciar los trabajos de reconstrucción.

La lógica elemental indica que un proceso de reconstrucción trata de poner las cosas en la situación que estaban antes de la emergencia, con mejoras y añadidos guiados tanto por el instinto de conservación – hacer antisísmico lo que no lo era -, como por la conveniencia – aprovechar para mejorar, sistematizar o reformar los servicios. Es decir, es una buena oportunidad para hacer las cosas mejor, o por lo menos para que la próxima vez la zamaqueada nos encuentre en mejor pie. Pero esto no pasó. Y cuando se pregunta por qué no pasó, la respuesta es inmediata: Corrupción. Cabe preguntarse por qué los principales problemas que indican los pobladores no se afrontaron en cuatro años Tratemos de ser imparciales. Para poder reparar lo destruido por un terremoto hay que hacer licitaciones. Lejos estoy de suponer que todas las licitaciones sean amañadas, pero es obvio que un porcentaje importante de ellas lo está. Ello genera costos evidentes. Cómo dice el refrán, quien mal concibe, mal pare. Cuando las licitaciones se hacen como sabemos, pasan cuando menos dos cosas: Se paga de más, y al final hay que volverlo a hacer. Vale decir, se gasta plata escasa en reparaciones que no se realizan, o si se hacen se malogran al poco tiempo. No es necesario un terremoto para que esto ocurra, es evidente para todos que los parchados de pistas no duran mucho, o que un departamento de estreno empiece a caerse al poco tiempo. Es que alguien puso menos asfalto, cemento o cualquier material caro, o sea alguien se ahorró ciertos “sobrecostos”. Si en circunstancias relativamente normales no se nota la cosa es porque los damnificados no tienen contactos con los medios, o los automovilistas toman otras rutas; pero en circunstancias como las de las secuelas de un terremoto, la cosa es tan evidente y tanta gente es afectada que debería ser más publicitado. Pero durante años esto no ha pasado, y los medios tienen responsabilidad en ello. Una pregunta legítima sería a cambio de qué se callaron la boca hasta el día en que el nuevo gobierno inició la reconstrucción de Pisco. Pregunta maliciosa: ¿Cuánto costó la corrupción en este caso?

Hubo en el gobierno pasado ciertas acciones, como la formación de un ente reconstructor, FORSUR, muy publicitado. El Partido Nacionalista en la oposición se opuso al enfoque dado al tema, y se le respondió – y a esto sí le dieron amplia publicidad – con insultos personales a la persona de Ollanta Humala de la persona a cargo de FORSUR, la que por cierto renunció al poco tiempo. En apariencia los objetivos de FORSUR fueron tanto “organizar” licitaciones que no funcionaron, como crear una planilla de remuneraciones para no sabemos quienes, aunque podemos especularlo. Entretanto, y muy empresarialmente, un Ministro de Estado del gobierno aprista, y candidato por el fujimorismo, presentó una nueva marca de Pisco: 7,9, percibido por muchos como una burla sanguinaria hacia los damnificados, o cuando menos como una penosa pérdida de contacto con la realidad. Una pregunta maliciosa: ¿Y para qué sirvió en los hechos la plata de FORSUR durante cuatro años? Pues para recuperar parte del centro de la ciudad y ciertos hoteles, diseñar un bonito plan nunca puesto en acción, y tratar de privatizar el puerto. Ah, verdad, me olvidaba del Hospital inaugurado por Alan García, sin funcionar por supuesto. Otra pregunta maliciosa: ¿Y las postas médicas, comisarías, tendido de agua y desagüe, pistas y veredas, viviendas? Bien, gracias. Y más preguntas maliciosas: ¿Calificarán estos actos como Corrupción? ¿Cuánto le han costado y le cuestan al país?

Corrupción y Seguridad Ciudadana

“Hay temas en los que cada vez que aumenta el ruido, la razón retrocede. Uno es el de la seguridad ciudadana; y el otro es el de la llamada ‘guerra contra las drogas’. No son iguales, porque la discusión del primero se asemeja a una asamblea de médicos medievales discutiendo remedios para una peste. En el segundo, antes que la ignorancia impera el prejuicio y, con frecuencia, la deshonestidad intelectual.” (Gustavo Gorritti, artículo)

Uno de mis programas de TV preferidos es “La Ley y el Orden UVE”. Algo que siempre me sorprende es la narrativa del principio, en la que se dice que hay dos grupos, uno que representa la Ley, la Policía, y otro el Orden, que son los Fiscales, lo que me sonó un tanto al revés de como en general nosotros asumimos el tema. Pareciera que entender a la Policía como imponedores del Orden es indicativo de la manera como entendemos el grave problema de la convivencia civilizada. Y es que quien pone Orden es o debiera ser, efectivamente, el Poder Judicial, la Policía solamente está ahí para aplicar la Ley. Y aquí empezamos a percatarnos de las dificultades, porque nuestra militarizada Policía no aplica la Ley, sino el Orden y para ello emplea la fuerza de las armas que la Nación le confía. La lógica militar no es la lógica ciudadana, y ello parece provenir del paternalista concepto implícito que nuestra sociedad debe ser “dirigida” por una autoridad que sabe lo que nos conviene. Ello presupone un grupo social que da las órdenes, mientras la indiada solamente está ahí para obedecer, y si no lo hace entonces debe ser castigada por la Fuerza Armada y la Policía, y se justifica ideológicamente diciendo que los reprimidos son “indios ignorantes”. Ello incluso podría haber funcionado si el grupo dirigente hubiera sido lo suficientemente ilustrado, o cuando menos que hubiera probado que tenía un proyecto de país, pero Basadre demuestra la deserción de las élites, y al final el grupo dominante no dirige, sino que maneja las cosas para sostenerse en el poder, y así se convierten en el mejor de los casos en peso muerto, y en el peor, en rémora para la Nación, en vez de un impulso hacia arriba para todos. Y así se le abrió la puerta a la corrupción, a su denuncia por parte de los pocos valientes que nuestra nación ha producido, y a la percepción del abuso por parte de muchos.

Una noticia muy reciente menciona el hecho de dos jóvenes mujeres Policías que se tomaron unas fotos picarescas, por decir lo menos, y que fueron difundidas, parece que sin su autorización. La condena provocada por la desmesurada cobertura de los medios es tan evidentemente exagerada, si la comparamos con la cobertura que se le da a actos de corrupción y delito descarado muchísimo más reñidos con la moral. Que unas señoritas se quiten la ropa y muestren sus dotes corporales a estas alturas no escandaliza ni al Arzobispo de Lima, pues ya lo vemos todos los días en los medios. Que una connotada congresista del fujimorismo se desgañite en nombre de una bien problemática moral pública me parece extremadamente gracioso. Pregunta maliciosa: ¿Qué bellezas corruptas se ocultan al “descubrir” que unas policías se quitaron la ropa? El extraño asalto a la niña Ariana Reggiardo, condenable por donde se lo vea, no hubiera merecido cobertura de los medios si su honorable señor padre no fuera un Congresista de la República. Probablemente este hecho determinó la fulminante acción de la Policía, a la que vemos actuar con rapidez y eficiencia en casos como éste. Algo así ocurrió también con el expresidente del Congreso, el honorable Javier Velásquez Quesquén, que tras ser pasteado por marcas, terminó asaltado en la vía de Evitamiento, ante su, suponemos, tremenda sorpresa. Ahí también la Policía se apuró. Dos días después aparecía un evidente “cherry” periodístico, reconocible porque la Policía entraba con violencia en un sitio donde los supuestos sorprendidos asaltantes y delincuentes estaban arrodillados esperándolos. Por lo menos nos gustaría que los cherrys los hagan bien. Pero es mucho pedir, parece. Los servicios policiales, por los que todos los ciudadanos pagamos, se le dan a algunos y a otros no. Pregunta maliciosa: ¿Cuánto cuesta esto diariamente al país? ¿Qué pasaría, si como fue el caso de Fonavi, promovemos un referéndum para que nos devuelvan esa plata que gastamos en una Seguridad que no recibimos?

Otra perlita. Desde los años 90 se le proporcionó a la Banca y grandes empresas seguridad a bajo costo, gracias al sistema “Uno por Uno”, que se disfrazó de penuria fiscal, y que en estos últimos años se ha mantenido a pesar del crecimiento económico. En cualquier parte esto se entiende como una extracción de remuneraciones para convertirlo en utilidades, pero aquí le llamamos “una manera de mejorar las remuneraciones de los sufridos policías”. Tal vez también haya servido para sustituir el muy costoso sistema de la coima – que no por ello ha desaparecido, cualquier automovilista lo sabe – por uno de cupo. Pregunta maliciosa: ¿Quiénes ganan con el sistema de cupo?

Ojo que no me estoy metiendo con los ascensos, las asignaciones de personal, la caja militar-policial y otras lindezas que configuran una corrupción institucionalizada. Ni tampoco con los Jueces y Fiscales, que se merecen su capitulito aparte. En un contexto como éste, y considerando que los sueldos policiales son risibles, la corrupción informal de la coima ejercida por los policías de a pie es casi, casi, casi disculpable. Pregunta maliciosa: ¿Cuánto ha costado y cuesta la corrupción institucionalizada?

Narcotráfico y cómo la plata llega sola

Que hay vínculo entre la Corrupción y el Narcotráfico es tan evidente como que la noche sigue al día, así que ni trataré de demostrarlo. Lo que no queda muy claro es la relación del actual Sendero Luminoso con ella, pues nos han vendido ideología en vez de realidad, y cuando esto ocurre lo esencial se escapa tanto en los hechos como en las interpretaciones. Muchas personas que tratan objetivamente de llegar a la verdad son acalladas con irrelevantes argumentos ideológicos, cuando no con insultos. Aunque despojarse de lo ideológico es complejo, en especial al interpretar hechos, lo es más cuando se trata de esconderlos. A algunos les gusta el discurso conservador – felizmente en vías de extinción – de que el problema básico es el comunismo y Sendero Luminoso, pues proporciona posibilidades interesantes de financiamiento y distracción de la opinión pública. Pero la realidad viene en nuestra ayuda cuando vemos el tema desapasionadamente y sin anteojeras ideológicas. El problema básico es el Narcotráfico y la corrupción concomitante. Sin minimizar el problema del Terrorismo de las bandas sobrevivientes de Sendero Luminoso, es obvio que la mejor solución para el tema de Sendero es acabar con el Narcotráfico, lo que haría que lo que quede de Sendero tendría que dedicarse al cultivo de violetas africanas o a la meditación Zen. Los jirones ideológicos de un grupo cuya única trascendencia es su expertisse en proporcionar sicarios al narcotráfico no parece que puedan sobrevivir sin el financiamiento narco.

Es obvio que entre los costos que el narcotráfico le propina a la sociedad peruana están los de la corrupción. Aunque este es también un problema policial y de seguridad, tiene aristas en muchas direcciones. La erosión del sistema político llegó a niveles paradigmáticos en Colombia, cuando los cárteles estuvieron a punto de sustituir a los gobiernos locales. En un contexto de retraso económico y social, las oportunidades laborales que el narcotráfico brinda son un señuelo para muchísimos jóvenes que se encuadran en sus filas. En nuestro país se sabe, aunque no se dice, que hay regiones enteras que dependen económicamente de las ganancias del narcotráfico insufladas en la economías locales. Las empresas no preguntan de dónde viene la plata que ingresa en sus arcas, y es sabido que hay un flujo de moneda extranjera más o menos notable que ingresa al país por concepto de “sobreganancias” de la cocaína y otros productos análogos. Hay evidentes vínculos entre la actividad del narcotráfico y otras actividades ilegales, como el contrabando y el régimen de esclavitud de niños, o semi-legales, como la Minería Informal. Es posible que exista una bancada en el Congreso financiada en todo o en parte por narcotraficantes. Es posible que uno de los principales ingresos de muchos jueces y abogados, y tal vez secciones enteras del Poder Judicial, provenga de la actividad del narcotráfico. Las Fuerzas Armadas y Policiales, mal armadas y mal pagadas, han sido y son objeto de corrupción, bajo diversas formas. La práctica del cupo está difundida, y la Lucha contra el Narcotráfico parece tener por finalidad el mantenerla para siempre. Demasiada gente gana demasiada plata con ello. La prensa puede ser, dado el caso, comprada, y su capacidad de manipulación de la opinión pública puesta en venta al mejor postor para tender cortinas de humo. La opinión pública convive con el consumo de drogas de todo calibre, y no parece haber una política de protección de los niños y adolescentes. Si fuéramos más suspicaces podríamos ver en el origen de todo esto un reparto de bienes y servicios que compensa la falta de un estado y una sociedad comprometidos con la Nación. Y no es solamente, como dijimos antes, un tema ético-moral, como algunos gustan de vender, aunque tiene esas aristas. Es demasiado obvio que las agendas de las instituciones que tratan con el problema parecen estar influidas fuertemente por la circulación de efectivo proveniente de esta actividad claramente ilícita, ilegal y dañosa por donde se le mire.

Para colmo, no hemos sido capaces, como en el tema minero, ni siquiera de añadir valor agregado a nuestro producto de exportación, limitándonos a poner la materia prima mientras otros se llevaban las grandes ganancias. Y todo esto significa una sola cosa: Corrupción. Como dice Shakespeare, conocedor profundo de la naturaleza humana, la culpa de que estemos como estamos no es de nuestro destino, es nuestra. Nos guste o no nos guste, como señala con claridad Gustavo Gorritti – uno de los pocos periodistas de nuestro medio con la hombría de no tapar el sol con un dedo -, en este tema impera el prejuicio y la deshonestidad intelectual. Y se entiende, cuando se defiende la plata. Si sumamos los costos de la corrupción que fomenta el narcotráfico, ¿a cuántos centenares o miles de millones de dólares llegaríamos cada año?

Otra Conclusión

El problema de la Corrupción es que es un tema con más brazos que un pulpo y más aristas que un cubo pentadimensional. Confieso que cuando uno mete la cuchara en esto, no hay cuando terminar. No sé si haré una tercera parte, o una cuarta o quinta, sobre este tema. Pero lo que sí es seguro es que seguiremos mirando. Punto, por hoy.


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miércoles, 17 de agosto de 2011

CONTRA LOS COSTOS DE LA CORRUPCIÓN -Parte 1


"No permitiré injusticias ni juego sucio, pero, si se pilla a alguien practicando la corrupción sin que yo reciba una comisión, lo pondremos contra la pared... ¡Y daremos la orden de disparar!" (Groucho Marx)

Introducción

La Corrupción es una lacra social. Es bueno siempre empezar por esta constatación. Mucho se ha dicho y escrito sobre la Corrupción, y se justifica por lo difundida que está en nuestra sociedad, aunque se corre el riesgo de caer en percepciones puramente morales, lo que por desgracia casi siempre es una puerta abierta hacia la banalidad. Cuando se habla de corrupción puramente a partir de un “deber-ser” se corre el riesgo de perderse la realidad, lo que no lleva a ninguna parte, si no es a simples declaraciones plenas de lirismo pero vacías de contenido. Una aproximación menos solemne y más suelta de huesos tal vez sea más pertinente. Empezamos por una definición, entonces, y encontramos ésta, que funciona bien para lo que queremos decir: Corrupción es la obtención y acumulación de capital u otro tipo de beneficios por medios ilegítimos. Nótese que no nos referimos únicamente a los medios ilegales, pues en nuestro hermoso país, muchas prácticas corruptas han sido cubiertas, ocultas o protegidas desde el poder por medios perfectamente legales. Por cierto, esta definición, y harto de lo que diremos en este artículo muchas veces sin comillas, proviene de Ordóñez y Sousa, “El Capital Ausente”, Club de Inversión, Lima, 2003, Volumen V, página 1382 y ss.

Corrupción y Sociedad

La corrupción es un hecho que escapa a la esfera estrictamente política, y se encuadra en la vida social. Como la delincuencia en general, la hay en todas partes, la hubo en todos los tiempos, y probablemente a pesar de todo lo que se haga contra ella la seguirá habiendo. ¿Por qué? Por la razón más sencilla del universo, la simple constatación empírica que nos muestra que la corrupción es una constante social, presente aún en las sociedades más opulentas y ordenadas, en todos los sistemas socio-económicos y en todos los tiempos. Ello no significa que no podamos y debamos luchar contra ella, simplemente significa tipificar al enemigo para combatirlo con mayor eficacia. Una primera constatación sería entonces que la Corrupción – como la forma de delincuencia que es - no tiene carácter digital, sino más bien analógico. Con esto pretendemos decir que las acciones anti-corrupción no tendrían como conclusión su erradicación completa, sino su reducción a niveles “tolerables”. Una buena pregunta sería qué significa un “nivel tolerable”, tema espinoso, pero en el que podemos adentrarnos con alguna solvencia pensando en términos de incidencia. Como hipótesis podríamos decir que las conductas de corrupción “socialmente admitidas”, como las conductas delictivas “socialmente admitidas”, deberían ser excepcionales en la conducta social general, y no “la regla” de conducta social. Le dejo a los científicos sociales y a los políticos especializados en el tema la determinación de las causas, características y consecuencias, y la elaboración de medidas e indicadores que puedan medir su incidencia en la conducta social. Me limitaré a señalar en adelante algunas aproximaciones que puedan contribuir a una comprensión más cabal del problema. Por lo demás no podemos dejar de preguntarnos si la persistencia del fenómeno de la corrupción no será convenientemente manejado y difundido para consumo de las masas, para fomentar una resignación social y justificar una frustración social, que desde hace décadas si no siglos sufrimos los peruanos, y que ha conllevado a la reducción de los estándares éticos y morales. La percepción de la Corrupción como un monstruo invencible desmoviliza a las gentes y las acostumbra a convivir con ella. Muy conveniente.

Los Costos de la Corrupción

¿Por qué la corrupción es “mala” para la sociedad? No tratamos de hacer una aproximación desde una ética, sino desde una perspectiva instrumental. Cabe en consecuencia preguntarnos por los “costos” de la corrupción. Es decir acudir a un cierto tipo de análisis costo-beneficio de la actividad de lucha contra la corrupción, y ver si en verdad es conveniente hacerlo, o de repente es mejor dejar las cosas como están. En una perspectiva científico-especulativa, podríamos abordar el tema con una pregunta provocadora e iconoclasta: ¿Hasta qué punto la Corrupción puede ser un hecho correcto o conveniente? No vivimos en un mundo perfecto, las necesidades de la supervivencia colocan a las personas en un dilema imposible de soslayar: ¿Caeríamos en hechos corruptos si nuestra supervivencia estuviera amenazada? Y la respuesta obvia es que sí, dado que el valor de la vida es superior a todos los demás, excepto tal vez para algunas personas. La experiencia terrible de los Campos de Concentración, por ejemplo, muestra que la corrupción florece en la escasez de recursos, percibida como atentatoria contra la supervivencia, lo que nos da como pista de análisis una doble vinculación de la Corrupción con la escasez y con la necesidad de sobrevivir.

Un supuesto de partida

Partamos de un supuesto: Las personas no caen en actos delictivos o corruptos a no ser que carezcan de recursos para su supervivencia. Podemos suponer un estado “A” en el que las personas partirían de la necesidad de la supervivencia, y una determinada posesión de medios para superarla. Si creyéramos en la bondad fundamental del ser humano – suposición arbitraria y sumamente discutible – la comisión de actos de corrupción o delictivos se produciría cuando la gente perciba un estado de necesidad que solamente podría resolverse a través de medios “corruptos” o “delictivos”. La percepción es cosa subjetiva, no realidad objetiva, lo que haría depender la comisión de actos delincuenciales o corruptos de la “sensación” de indefensión que las personas sientan en un determinado entorno social, y la percepción palmaria, adjunta e inmediata de que la única manera de resolver esa indefensión es cometiendo actos corruptos o delincuenciales. Se transitaría entonces del estado “A” no-corrupto a un estado “B” corrupto. Algunos creen que este tránsito se produce debido a la pérdida de la base axiológica “A”, lo que a veces se le llama “perder los valores” o “no tener valores”. Es obvio que no es esa nuestra creencia.

Corrupción y Escasez

Por sentido común sabemos que existe relación entre escasez de recursos y corrupción. Desde la construcción de las Pirámides los administradores de los recursos comunes chequean su uso al milímetro, porque es bastante obvio que los recursos, por más abundantes que sean, no son repartidos de manera que resuelvan plenamente las necesidades de las personas, y su misma escasez plantea el problema de quién se merece la mayor y mejor parte de la torta. ¿Basta tener hambre para merecer que te den de comer? Supuestamente sí, es la idea de los Derechos Humanos y demás grandes avances sociales producidos desde la rebelión de Espartaco en adelante. Pero lo cierto es que mi derecho a la Vida es bastante menos útil que un salvavidas si me estoy ahogando en medio del Océano. La posesión del recurso salvavidas me será disputada si lo que está en juego es la vida como se enteraron, y no del mejor modo, los náufragos del Titanic. En un entorno de riesgo absoluto para la supervivencia los actos delictivos, corruptos o simplemente opuestos a la ética, aparecen espontáneamente. Si el último tigre de Siberia amenaza la vida del más ambientalista de los ambientalistas, y éste contara con un rifle, sospecho que la consideración de la extinción de una especie sería ampliamente superada por la consideración de la supervivencia propia de este particular espécimen de la especie humana, y no creo que podamos culpar al ambientalista en cuestión. Vale decir, sí hay una relación entre delito y pobreza, aunque no es mecánica ni se puede resolver con consideraciones absolutistas ni con principios previos. Ser pobre no te hace delincuente o corrupto, aunque algunos parecen hacer esa asociación. Parafraseando a Borges, yo soy yo, claro, pero mis circunstancias tienen mucho qué decir, tanto que pueden modificar mi yo. De otro modo, no habría conflictos éticos.

Corrupción y percepción de necesidad

En las circunstancias sociales, fuera de lo que los anglosajones llaman “actos de Dios”, la percepción de mi necesidad difiere de la percepción de la escasez. Se puede de alguna manera comprender que en el trance de la supervivencia física la ley del más fuerte se haya impuesto durante el hundimiento del Titanic entre los náufragos, pero la cifra de los rescatados mostró otro hecho más dramático: Se salvaron más varones de primera clase que niños de tercera clase. En lo cotidiano, se supone que los recursos están ahí y que hay que repartirlos adecuadamente para evitar la muerte de las personas. Ha sido así desde que las sociedades superaran la condición de manada. Las manadas poseen un sistema jerárquico, basado primariamente en la fuerza y secundariamente en un cierto determinismo conductual, definido por los conceptos de Darwin y Wallace sobre la evolución de las especies. El fuerte puede deshacerse del débil, pero lo necesita para hacer manada, y la manada sobrevivirá donde el individuo no puede hacerlo. Cuando los seres humanos crearon culturas, sociedades y estados, básicamente crearon sistemas para repartir recursos más o menos presidido por cierta racionalidad, y así nació la Economía. No nos metamos en intríngulis históricos. En las actuales sociedades de mercado el reparto es más o menos eficiente dado que relaciona la productividad social de la persona con su remuneración, colocando bienes y servicios a su alcance para emplearlos en subvenir sus necesidades. La primera clase de un Curso de Economía lo muestra al relacionar el mercado de productos y servicios con el mercado de factores. Las personas en la sociedad somos a la vez productores y consumidores, lo que implica un orden social, que las gentes perciben como garante de la supervivencia individual. Las gentes apuntalan con su aceptación una sociedad que asegure la supervivencia, y luego la justicia, en el reparto de los recursos, y la sensación de necesidad queda paliada o incluso eliminada. En cualquier sociedad la comisión de delitos o actos corruptos es mal vista y socialmente rechazada, no por cuestión moral – que se estructura a posteriori – sino por la percepción de que cuando llueve, todos se mojan, es decir que la delincuencia o la corrupción “no se justifican” en circunstancias sociales “normales”. La condena social que da soporte a la Lucha contra la Corrupción no se debe a la percepción de la escasez o de la propia pobreza, sino por la percepción de distorsiones en los mecanismos de asignación de recursos sociales que afectan la necesidad de supervivencia o de resolución de las necesidades. Si se distingue la Injusticia como criterio de reparto de recursos, la gente pitea. Mientras mayor sea la percepción de que los actos delictivos o corruptos son tolerados y quedan sin castigo o sanción social, mayor es la anomia social, más limitada la noción de bien común, más generalizada la Ley de la Selva.

Un ejemplo viene a cuento: Un amigo viajero que atravesó la India me comentaba que en dicho país la fuerza policial es bastante inoperante y corrupta. No sé hasta donde sea verdad, pero mi amigo es acucioso: El nivel del delito aparentaba ser bastante bajo, y la tranquilidad social aparentemente muy alta, en especial considerando la cantidad de población involucrada y la comparativa pequeñez del sistema policial. Nuestro amigo hizo preguntas y metió la nariz en el tema, y se le dijo que la eventual comisión de un delito en Mumbai, Kerala o Benarés era inmediatamente castigada por súbitas multitudes furiosas y enardecidas que vejaban al faltoso hasta el extremo de matarlo. Es obvio que la fuerza policial aquí es, si no prescindible, cuando menos orientada a objetivos diferentes del de la represión del delito, que a creer a mi amigo, era una necesidad social de la que la misma población se preocupaba. Atribuimos este fenómeno a que la cohesión social existente era muy fuerte, y se había convertido con los siglos en una ideología ético-moral integrada en la conducta social. Las gentes se toman la justicia por su mano cuando en su ser social perciben “permiso” ético-moral para ello, y cuando la circunstancia lo amerita. Esto, que ocurre también en muchas comunidades en nuestro país, parece ser una forma primaria de “administrar justicia” y “reprimir el delito”, aunque entre nosotros pareciera originarse más que por una ética social previa, por una contrarrespuesta a la inanidad del discurso oficial del “deber-ser”, tanto como a la ausencia de jueces, fiscales y policía eficientes y limpias de corrupción.

Corrupción y economía

Cuando Adam Smith conceptuó los principios fundamentales del mercado y el tema de la “mano invisible” ordenadora de la economía, constataba los hechos tal como los entendía, pero además los acompañaba de ciertos principios ético-morales que les daban sustento. Los especialistas nos dirán cuanto entraba el uno en la otra, pero lo cierto es que en el actual desarrollo de la Ciencia Económica el hecho ético-moral es puesto de lado por los economistas, lo que refuerza las posiciones duras de una economía positiva sin rostro humano, dejando sin solución lo que pasa con los que no están en el mercado de factores, es decir poseen poco, o no poseen, medios de pago: Niños, ancianos, personas con discapacidad, desempleados y excluidos de todo género y especie. Pensadores como Malthus y moralistas como De Foe, autor del Gulliver y de un inquietante opúsculo sobre qué hacer con los niños pobres ingleses del siglo XVIII, observaron desde puntos opuestos y complementarios la contradicción: Todo suena muy bonito, pero si los recursos crecen menos que la cantidad de bocas a consumirlos, entonces sí que estamos en problemas. Y de ahí que la justicia no baste, se necesita el crecimiento económico también.

Esta contradicción la podemos encontrar en los discursos de las diversas posiciones políticas. Los seres humanos asumimos, parece, dos posiciones filosóficas básicas sobre la naturaleza humana: Una presupone que los seres humanos somos bestias instintivas, y deja el asunto al recurso de la fuerza, y los que no la tengan que se fastidien; mientras que otra presupone al ser humano como producto de la cultura y la civilización, que enfrenta el problema racionalmente, buscando algún tipo de solución para las personas que por las razones que fuera no están en el reparto de la torta, o lo están de manera palmariamente desigual. Como contradicción es dramática, por el simple hecho que los seres humanos probablemente no seamos una cosa o la otra, sino más bien una combinación desigual de ambos, dependiente tanto del ser como de la circunstancia, y por ende la línea entre una conducta social “salvaje” y una “civilizada” resulta difícil de trazar desde cualquier punto de vista.

La supervivencia en la jungla

La diferencia entre asumir que nuestra naturaleza humana corresponde a nuestro pasado genético “salvaje” o a nuestro “civilizado” y “racional” presente cultural sería, por ende, una contradicción de base en la acción política. Desde una economía positiva y éticamente vacía dejar que los ancianos sin pensión de más de 65 años se mueran es un simple hecho estadístico e incluso conveniente, desde que no produjeron lo suficiente para agenciarse alguna suerte de jubilación. He notado que los que sostienen esta posición nunca lo hacen frontalmente y más bien colocan el hecho bajo la alfombra del bien común, manifestando que alguien tiene que pagarlo. Se asume este hecho y otros derivados de las diferencias sociales como “actos de Dios”, equiparable a desaparecer la pobreza desapareciendo a los pobres por vía del fusilamiento, por ejemplo. Un tema económico positivo(a) y éticamente vacío podría ser considerar el costo de las balas empleadas para desaparecer pobres como una importante inversión para combatir la pobreza. Fuera del evidente sarcasmo de la frase, estoy seguro que pocos economistas, por más positivos que sean, apoyarían esta posición en la realidad. Aunque a veces no parezca muchos economistas son buenos muchachos, pero la contradicción no desaparece con los buenos deseos. Y también es cierto que sus positivas preocupaciones son atendibles, pues es más que obvio que Pensión 65, el aumento del sueldo mínimo, Cuna Más, etc. tienen costos, y de alguna parte tienen que salir los recursos, tampoco se trata de ponerse anteojeras. El riesgo no es, como se piensa, que la economía no crezca, es caer en la ley de la jungla.

Una primera conclusión

El delito y la corrupción parece que siempre estarán con nosotros, a no ser un poco probable cambio en la condición humana. Pero eso no nos exceptúa de la tarea de combatirlas, considerando precisamente por esto que dicho combate debiera ser no una golondrina, sino un verano completo, es decir, una acción política permanente, sostenida y constante. La seguridad ciudadana y la corrupción son problemas álgidos en la agenda nacional, y es claro que el delito y la corrupción son hechos sociales cuyo conocimiento y análisis no depende únicamente de consideraciones filosóficas, ético-morales, económicas o políticas. Hay que conocer al enemigo para derrotarlo. En nuestra próxima entrega sobre este tema continuaremos reflexionando.

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lunes, 15 de agosto de 2011

CONTRA EL LUCRO EN EDUCACIÓN o la Generación NINI pasa a la Ofensiva


Que vivan los estudiantes / jardín de nuestra alegría / son aves que no se asustan de animal ni policía” (Canción de Violeta Parra)

El sistema actual permite que miles de jóvenes chilenos de clase media y baja se endeuden con créditos con tal de tener acceso a la universidad. (…) al egresar no encuentran empleo en su especialidad y deben resignarse a trabajar en otros empleos con tal de pagar su deuda.” – Camila Vallejo Dowling, Presidenta de la Federación de Estudiantes Chilenos

Mientras acá en el Perú los medios andan buscando chismes más o menos innocuos para no tocar las cosas que cuentan y que pueden, en el particular entender de sus propietarios, jalar agua hacia los molinos del gobierno; en el país ”ejemplar” (Chile) que nos pretendió vender la Sociedad de Minería y Petróleo las papas recontraqueman. El Presidente Piñera – que por cierto en algunos aspectos nos cae muy bien - cuando se levanta por las mañanas se encuentra con movilizaciones de jóvenes estudiantes que alcanzan fácilmente decenas de miles, e incluso centenas de miles de personas. Hasta los ciegos distinguen cómo van recabando apoyos sociales más allá de toda descripción entre los estudiantes universitarios, los profesores y los mismos padres de familia. Ayuda a esto la evidente politización de los jóvenes chilenos, que a mí, como docente de Ciudadanía, no solamente no me asusta, aino que me parece sumamente positiva. Bien considerado, es bastante mejor marchar pacíficamente reclamando los derechos que se les conculcan que formar pandillas para asaltar al prójimo o dedicarse al Narcotráfico o la vagancia.

Pingüinos y Maras

Quizá acá nuestros poderes fácticos prefieren que los jóvenes se encuadren en las previsibles estructuras de la migración, la delincuencia, el desempleo y el narcotráfico. No lo creemos, más bien nos parece que ni siquiera se han percatado que el Pandillaje también escala, como prueban los maras de Centroamérica. Puestos a escoger entre las posibilidades, tal vez algunos pueden percatarse que los maras pueden ser “aliados” de ciertos grupos de poder en esos países, de la misma manera que el Partido Nazi lo fue de los grupos de poder alemanes en las décadas del 20 y 30 del siglo pasado. A final de cuentas, estos jóvenes expresan un rechazo que puede ser más o menos “canalizado”. El problema es que los “pingüinos” chilenos (denominación procedente en apariencia de su vestimenta que recordaría la disposición plumífera da estos simpáticos habitantes de la Antártida), y los maras centroamericanos son extremadamente diferentes. Los unos están encuadrando sus protestas dentro de un esquema ideológico democrático, en tanto que los otros son más bien nihilistas e ingenuamente postmodernos. En ambos casos el elemento común parece ser no tener nada que perder, pero la diferencia está, a más de las conclusiones, en las ideas sostenidas y el liderazgo político.

Los pingüinos se han puesto objetivamente a la vanguardia de una movilización social en el país más neoliberal de América Latina. No solicitan dádivas ni una parte mayor del presupuesto, por lo menos no de cualquier manera. No les satisfará que les arrojen unos cuantos puntos más del PBI, y menos que les obsequien declaraciones líricas. No quieren que les pinten los triciclos, quieren bicicletas. Lo que quieren y reclaman es un tema de fondo, que toca los mismos conceptos de base del régimen, y que enfrenta la discordancia de la contradicción básica que viven nuestros países: Democracia versus Mercantilismo.

El Lucro

Desde que Babeuf planteó la contradicción entre la igualdad política y la desigualdad económica en los remotos tiempos de la Revolución Francesa, el tema ha estado en el candelero. E incluso antes. “Dios bendice el lucro honesto, aunque maldiga el robo” le hacía decir Shakespeare a Shylock, uno de sus personajes más logrados. La situación de la Educación chilena expresa en su particular modo uno de los grandes problemas de la Educación en este Siglo XXI, que es su relación con el mercado. Los hechos imponen una reflexión sobre la desigualdad y el lucro, que nos toca hacer a nosotros también: ¿Puede el servicio educativo considerarse como cualquier otro producto o servicio ofertado en el mercado? Intentemos el análisis.

Es evidente que una de las razones por las que se estudia es para poder ganarse la vida, lo que podríamos llamar un fin económico, que después de todo, no nos engañemos, es algo esencial a la naturaleza humana. Vale decir, el problema del Trabajo. Otro muy vinculado y muy relacionado con el tema económico de la escasez de los recursos, es el alcanzar un posicionamiento social que permita el logro de ventajas individuales en el reparto de la torta social. Vale decir, el problema del Estatus. Entendemos que ambas razones son perfectamente atendibles y quedan incursas en el tema básico de la igualdad política / desigualdad económica, desde que el reparto de los bienes intelectuales considerado genéticamente muestra un patrón diverso. Es decir, aunque las personas somos iguales en derechos y dignidad, somos diferentes en nuestras capacidades. Objetivo de los sistemas educativos ha sido no solamente preparar a los jóvenes para el trabajo, sino además asignar los distintos recursos para el mercado laboral. Todos – o algunos - vamos al colegio, pero algunos terminarán de jefes y otros de subordinados. Una sociedad que se pretende democrática intenta fomentar una movilidad social basada en el mérito propio, que elimine las distinciones sociales lo más posible, a fin de que en realidad destaque aquel que se lo merezca, al margen de su ubicación social primigenia. Visto desapasionadamente es una manera muy racional de colocar, como dicen los británicos, “the right man in the right place”, lo que al final no puede ser más que favorable para la sociedad en su conjunto.

Y aquí viene el tema. Si de algo parece haber servido décadas de neo-liberalismo avant-la-lettre en Chile es para que los jóvenes chilenos miren el sistema de cosas, lo analicen y hagan, a fuer de economistas principiantes, un análisis costo-beneficio de la situación. Podemos decir que emplean las mismas armas del sistema contra los factores del sistema que los desfavorecen. Nada más racional, porque bien visto ¿qué pierden los jóvenes estudiantes si el sistema educativo cae hecho trizas tras un Mayo del 68 chileno? Pues entienden que absolutamente nada. ¿Y qué pueden ganar si llegan a su programa máximo? Pues por lo menos dos cosas: Deconstruir la idea de Lucro en la Educación, y replantear los Fines de la Educación.

El Lucro en la Educación

El lucro es el principal valor mercantil, de ello no cabe duda. Los seres humanos tomamos decisiones todos los días al respecto, decisiones más o menos racionales, en las que decidimos trabajar en algo, y antes de ello estudiar algo que me permita trabajar en algo. Además, a fuer de seres humanos, preferimos dirigir la Orquesta en vez de tocar el címbalo. Y a la larga, un sistema competitivo académicamente es útil en este sentido, pues no todo el mundo es capaz del mismo modo de dirigir la Orquesta, aunque más no sea por las diferencias genéticas y adquiridas durante los primeros años de la vida. La Educación permite por lo menos aspirar a la movilidad social hacia arriba. Visto esto, es obvio que la oferta educativa debería ser a la vez amplia en su convocatoria y exigente en su evaluación. Más o menos simplistamente, a lo primero se responde con una cobertura educativa adecuada, y a lo segundo con una Instrucción de alta Calidad, con variantes de acuerdo a los requerimientos sociales. Y como requisito previo, el criterio democrático de igualdad política requiere cuando menos un punto de partida más o menos parejo.

Es obvio que estas condiciones no existen en sociedades demasiado desiguales, y menos en sociedades que pretenden institucionalizar diferencias sociales de peso. Es lo que parece creen los estudiantes chilenos. Digámoslo de este modo: Las disyuntivas del mercado no son las mismas si se “elige” un colegio que si se “elige” una gaseosa o un automóvil. El servicio educativo no es lo mismo que el servicio bancario. Pasa lo mismo con el tema de Salud, uno no “elige” morirse si no puede pagar el servicio de Salud. En Salud Pública se suele manejar el enfoque de Determinantes Sociales para determinar cuando existe y en qué medida un estado de bienestar general, que es como se define la Salud, y resulta evidente que si estás desnutrido no es porque lo hayas elegido. No es igual Chana que Juana. Y lo mismo es en Educación, aunque los plazos son más largos.

Los Fines de la Educación

Es evidente que el costo de la Educación está en alza, problema al que las sociedades en crecimiento económico en América Latina no han respondido adecuadamente. Por ejemplo, constatamos que en la inmensa mayoría de los casos los procesos por los que ha pasado la Educación en los últimos decenios han tenido como una de sus consecuencias endeudar más a las personas y familias, poniéndolas a merced de un sistema financiero oligopólico y de altas tarifas. Chile, a la inversa de otros países, contaba con una tradición de sistema educativo público bastante eficiente, hasta su desmontaje por la dictadura pinochetista, así que a ellos no les cuentan como es. En otros países como el Perú la Calidad Educativa es tan baja en la escuela pública que no solamente no asegura la igualdad ciudadana, sino que ni siquiera parece capaz de enseñar a leer correctamente, ni siquiera en la escuela privada, con la excepción de algunas islas que no alcanzan a formar archipiélago. Los egresados no encuentran trabajo, la estructura educativa no es costo-eficiente en este aspecto, y el resultado más obvio es que para alcanzar un nivel educativo de cierta calidad que asegure un empleo más o menos decente, se tiene que salir del país.

Parece obvio que los fines de la Educación en nuestros países no tienen mucho que ver con las personas. Hay en tal sentido la percepción no solamente que la Educación no es funcional a los requerimientos sociales, sino que en realidad sirve a intereses muy distintos que los propiamente educativos. Así podemos entender que el tema no es sola ni únicamente de presupuesto, sino de estructura y objetivos, porque no parece tener mucho sentido gastar más en hacer más de lo mismo.

Desnudez ideológica de la Derecha

Empujados por la movilización de estos ciudadanos en ciernes – Sólo Dios sabe qué harán estos ciudadanos en ciernes cuando lo sean plenamente – las respuestas de la derecha política chilena, en muchos aspectos ilustrada, han mostrado bien poco. Ofrecen más presupuesto, cuando lo que se quiere es una transformación integral del sistema. Las amenazas veladas con el tema de “perder el año” son bastante infantiles, y graciosamente han partido del gobierno. Los intentos de deslegitimar las protestas a través del fomento de la violencia, la infiltración y la provocación han sido fácilmente deconstruidas por jóvenes cuya dirigencia es bastante afiatada y poco proclive a creer en pajaritos. Hablan claro, y esperan un nivel de diálogo, y según parece lo único que el Estado neoliberal gobernado por la derecha puede oponer es un vetusto “principio de autoridad” e intentos falaces y penosos de “contención”. Se ve como claramente han tratado de “pandillizar” a estos jóvenes, cuyo delito más notable, según parece, ha sido cuestionar la realidad, en un esquema educativo que fomenta el pensamiento crítico. Es el problema cuando haces las cosas a medias: Si fomentas el pensamiento crítico, es exactamente eso lo que obtendrás.

Colofón

Es bastante obvio que simpatizamos con los estudiantes chilenos y sus movilizaciones, y nos preguntamos tanto por sus resultados, por la solidez de sus ideas y dirigencias, así como por qué podemos esperar en nuestro país. Parece que la disyuntiva está entre ver a nuestra juventud convertida en Maras o Pingüinos. Es decir, elegir entre dos problemas sociales de alto grado en la escala de Richter. La lógica de la cosa debería estar en nuestro caso en prevenir la situación haciendo lo que debemos hacer política y educativamente. No se sostiene más en América Latina el esquema de la Educación para el Lucro. Choca con los criterios más básicos de la Gratuidad y la Calidad. Colisiona con cualquier idea de Democracia. Lo que nuestros jóvenes necesitan para no caer en la Generación NINI es oportunidades educativas y laborales. El que tenga Ojos para ver a los Pingüinos, que vea.



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miércoles, 10 de agosto de 2011

CONTRA EL DETERMINISMO

Traigo la contra, la contra, la contra / para la mala vida: / Tabaco y Ron” (Letra de una canción popular del autor y amigo Carlos Alonso)

En las últimas semanas me he embarcado en algunos artículos que he estado titulando “Contra esto” o “Contra Aquello”. Sigo en esto al gran maestro Don Miguel de Unamuno y Jugo, poderosa mente que escribió en su inimitable estilo unos ensayos que tituló precisamente “Contra Esto y Aquello”. Ya quisiera parecerme a Unamuno, aunque trato de acercarme a él y al modo en que abordaba ciertos aspectos de la realidad, ubicándome decididamente en Contra de Ellos. Ese misterioso acontecimiento se llama “Tomar Posición”, y está pésimamente mal visto, porque por lo general se supone que tomar posición a favor o en contra de algo es salirse de la comodidad del estar en medio y no comprometer la chamba u otras cuestiones importantes, o cuando menos
no comprarse líos. Muy nacional y muy criolla esta costumbre de estar en varios sitios a la vez, o, lo que es lo mismo, no estar en ninguno para que no te puedan acusar de estar en alguno.

Tomar posición

Tomar posición suele ser visto por algunos como la interrupción del libre flujo neuronal de los pensamientos, colocándoles una suerte de anteojeras intelectuales que los redirigen a ideas más o menos fijas. Dícese que si alguien posee una posición, entonces es una especie de anteproyecto de fanático fundamentalista, por una suerte de birlibirloque lingüístico por el que se dice algo así como “y pensar que siendo tan inteligente hace, dice, piensa o vota de esta manera”. Estoy seguro que existen fanáticos fundamentalistas en muchas áreas del devenir humano – sobre todo en la Política -, y abundan entre aquellos que “toman posición”, quizá porque algunos de los que “toman posición” creen que el seguir la parranda emocional que tienen en la cabeza es indicio de veracidad, u otorga alguna ventaja cognitiva al que esto hace. En el primer caso entiendo que estoy frente a un Ingenuo que aún cree en pajaritos, y en el segundo a un Cándido que se ha comido el cuentazo de la postmodernidad con zapatos y todo. En fin, de ambos hay por todos lados, y a veces con muchos títulos académicos. Los gringos dicen con enjundia que “nace un tonto cada minuto”. Y en ocasiones los estudios, diplomados y maestrías lo único que hacen es convertir a estos individuos, muchas veces de buenos sentimientos, de ingenuos o cándidos ignorantes en ingenuos o cándidos conocedores de algún aspecto de la realidad. Vale decir, le puedes echar contenidos de aprendizaje al coleto, pero no desarrollas funciones intelectivas, con el resultado que engordas, pero no creces.

El ciego que critica al ciego

He notado es que la mayor parte de los que juzgan el tomar posición de otras personas suelen ser tan ingenuos o cándidos como aquellos a los que hacen objeto de su juicio tonante. Vale decir, caen exactamente en la misma situación que las personas cuyas creencias fanáticas fundamentalistas juzgan, haciéndolo desde su propia versión de fanatismo fundamentalista. Cambiaron, como dice el poeta, mocos por babas, y tratan de convencer al mocoso de que las babas son mejores, o por lo menos tienen más caché. No hay nada más aburrido que una discusión de este tipo, donde ambos están exactamente del mismo lado, aunque en sentidos opuestos: el gnóstico y el agnóstico, el de la U y el Alianza, el comunista recalcitrante y el neoliberal renegrido. Amén de otros opuestos que en un mundo perfecto se anularían entre sí, dejando tranquilos al resto de la humanidad. Lo cierto es que ambos presentan versiones complementarios de fanatismo fundamentalista, y no hay nada más aburrido en el universo que escuchar una discusión entre ambos. De repente por eso en el Congreso pagan tan buenos sueldos.

El fanático fundamentalista que toma posición tiende a escindir su mente para alejar la racionalidad, porque el pensamiento racional es enemigo de la Creencia, así en general. Algunas veces, menos de las que nos gustaría, el que toma posición sabe que se está escindiendo, y se está convirtiendo en lo que podríamos llamar un esquizoide autocomplaciente consigo mismo. En castellano llano, se mete la yuca con conocimiento de causa. Pero el que dice del primero “y pensar que siendo tan inteligente hace, dice, piensa o vota de esta manera”, curiosamente está en tal caso en posición análoga, pero sin haberse enterado que está escindiendo su propia mente. Digamos que es Ingenuo o Cándido, pero avant la lettre. Pues no es menos lo que se hace cuando se juzga desde las alturas del “no-compromiso-con-nada-excepto-yo” la toma de posición del otro. Aunque a muchos esto les parecerá extraño, hay una buena posibilidad de que tomar posición sea una decisión guiada por algunos atisbos de inteligencia, racionalidad o lógica. No tomar posición no otorga superioridad alguna, ni cognitiva ni moral. Pero algunas gentes parecen creerlo así, y actúan en consecuencia.

Es que no todos los que toman posición son necesariamente ingenuos o cándidos. Por lo menos yo trato de mantener la suficiente correa intelectual y algún que otro pensamiento independiente que me impida deslizarme por la autocomplacencia. Creo que me funciona a veces. Como hemos dicho líneas arriba, es posible que alguno que toma posición no sea Ingenuo o Cándido. Pero en Política y en las demás actividades humanas, hay de todo. Más bien, si una persona que en su vida personal ha mostrado ciertas dotes intelectuales asume una posición, por lo general ello no significa que haya abjurado de su capacidad de raciocinio. No lo hacía Unamuno, por lo menos. Pero entonces se encuentra con la frase sacramental: “y pensar que siendo tan inteligente hace, dice, piensa o vota de esta manera”.

La mayor parte de lo que creemos nos es impuesto

Sí, amable lector, está usted leyendo lo que lee. No toque su pantalla. Como en los viejos tiempos de la serie “La Dimensión Desconocida”, “nosotros” la controlamos. Y lo interesante es que es usted el que decide eso, o por lo menos cree usted que lo decide. Y al creer que usted decide leer lo que lee, comer lo que come, hacer lo que hace, votar por quien votó, usted se lo puede apropiar, o no, diciendo simplemente “Yo leo esto”, “Yo como esto”, “Yo hago esto” o incluso “Yo voté por Fulano o Mengana”. O, por el contrario “Yo no leo esto”, “Yo no hago esto”, o incluso “Yo no voté por Mengana o por Fulano”.

Pues no. Usted, no decide nada. Usted, no elige nada. Usted, que se computa libre, no lo es. Y claro, se preguntará usted a estas alturas ¿Y por qué habré de creerle a este tal Bloguero? ¿Cómo sabe este Bloguero que yo no soy el que decide sobre lo que leo, como, hago o voto? Pues muy bien, no me crea usted. Ya estaba previsto, de cualquier modo, y todo está ya planificado para darle a usted la sensación de que es usted quien posee el Control. Después de todo, la sensación de libertad es una buena forma de creer que la poseemos. Así que le dejaremos a usted la sensación, y de su Libertad nos apropiaremos “nosotros”. De hecho, si usted quisiera ser libre, verdaderamente libre, tendría que estar más solo que un gato techero en una ciudad abandonada. Pero como no está usted solo, pues es porque usted vive acompañado. Pero eso usted ya lo sabía. Pues para dejar de jugar a las escondidas, digamos que haber nacido y estar en nuestra sociedad hace del espacio de libertad que usted cree tener algo terriblemente limitado.

Por supuesto, usted puede elegir no seguir leyendo. Y ahí se le acabó su libertad. Porque si usted se ha interesado en esto y quiere saber a dónde demonios va a parar, es porque yo estoy manejando sus ganas y su interés, y usted se está dejando manejar, lo sepa o no. De hecho, eso le pasa a usted todos los días, por si no lo sabía. Vamos a suponer que usted lee un periódico o ve un programa de TV. ¿Por qué lo ve? Pues porque usted cree que ese periódico o programa de TV le conviene de alguna manera, sea por información, pasatiempo o entretenimiento. ¿Y por qué lo cree? Voy a suponer por un momento que usted jamás ha reflexionado al respecto. Que jamás dudó y que nunca se tomó la chamba de examinar por usted mismo el mundo que le rodea y se lo comió tal como se lo sirvieron, desde la primera papilla hasta la rueda de molino que usted se está tragando en este instante. Pues estimado amigo o amiga, reconozca usted que no ha pensado en ello, o si lo ha hecho, rápidamente ha desechado el pensamiento porque ya van a pasar el capítulo de Doctor House, o porque los niños lloran, el perro se mea, el trabajo no espera, o la comida está en la mesa.

Como en este mundo cochino no estamos solos, y como los que la mueven saben a la perfección que usted tiene entre las manos muchas cosas para ponerse a pensar – de hecho, algunas de esas cosas que tiene entre manos se las pusieron ellos -, y como quieren seguir moviendo la cosa, y odian la competencia, entonces han contratado gente que ha estudiado realmente a fondo las técnicas para mantenerlo a usted amarrado. Ya se imaginará usted que no es por amor al chancho – usted - sino al chicharrón. Y el chicharrón fue, en la particular coyuntura pasada, su voto. Y ahora es su opinión. ¿Por qué? Pues porque cuando usted colocó su voto en la urna, usted creerá que lo hizo en ejercicio de su libertad, pero ellos saben que con su acto habrá usted apoyado o desapoyado un conjunto de cosas. Es decir, usted, aunque no lo quiera, habrá tomado posición a favor o en contra de “algo”. Si lo hizo usted libremente o no, es cosa entre usted y su conciencia.

Final Infeliz

Vamos a suponer que es usted una persona pensante y paciente. Debe ser ambas cosas, pues no habría llegado hasta aquí de no serlo. Repentinamente usted percibe lo que le están haciendo. Puede que hasta le agrade que otros piensen por usted y le dejen ver Doctor House. Pero, si tiene usted algunos atisbos de humanidad, ello le disgustará. Qué se han creído éstos, puede que sea su primer pensamiento. El segundo es que tampoco, tampoco. De repente es la paranoia de este bloguero la que está inventando Teorías de Complot que usted no tiene por qué aceptar. Puede incluso que así sea, pues ese es uno de esos pensamientos independientes que nos impiden deslizarnos por alguna de las pendientes. Dudar, lo decía Descartes, es bueno por sí mismo.

Pero aquí viene la realidad, que como decía un mi amigo, asoma usted la cabeza por la ventana, y se la decapita. Decide usted votar por el candidato “A”, y eso le hará tomar partido, aunque no le guste a usted tomar partido. Imaginemos que usted, repentinamente celoso de su libertad, no quiere hacerlo. No puede votar por la candidata “B”, que viene a ser lo mismo, pero ni siquiera le gustaba en primer lugar. Puede usted entonces asumir una posición libertaria a lo bestia y decidir votar en blanco. Pero eso ya está previsto. Entonces a viciar el voto. También está previsto, maldición. Entonces niéguese a votar. Pero nos encontramos con la desagradable sorpresa que ya está previsto, también. Espero que usted se dé cuenta que … ¡nos tienen rodeados!

Colofón

Creo a veces que el problema de tomar posición es un problema de libertad y determinismo. No nos podemos librar de una ni del otro. Sartre señalaba que estamos condenados a ser libres, y ese determinismo de la libertad suena bien feo. Tal vez lo único que estoy pretendiendo es, parafraseando a Marguerite Yourcenar, sacudir las paredes de mi celda. En ese sacudimiento por lo menos estoy ejerciendo mi sagrado derecho al pataleo. Después de todo, quizá lo único que nos quede esté en el epígrafe que he puesto: Tabaco y Ron. Y punto.



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jueves, 4 de agosto de 2011

CONTRA EL TALENTO – Geraldine Chaplin en Lima


“… el talento no es nada, (…) el talento abunda. (…) lo que importa es el trabajo duro.” (Charles Chaplin, según su hija Geraldine Chaplin. El Comercio, 4 de agosto de 2011)

Me enseñó la disciplina, y su gran ejemplo para mí fue que él fue un trabajador incesante.” (Geraldine Chaplin, El Comercio, 4 de agosto de 2011)


Para aquellos que amamos el Séptimo Arte, la venida de Geraldine Chaplin no puede menos que concitarnos interés y fascinación, no solamente por ella misma o por su arte, sino también por ser hija de quien fuera el más grande de todos los comediantes de todos los tiempos. Los años pasan y la estética del Cine Mudo y en Blanco y Negro queda atrás, superada por nuevos códigos y sintaxis; pero al final el Cine siempre presenta un lenguaje definido y propio, y aunque convivamos con las muchas tecnologías que se le han añadido, el ver lo que los actores, los directores y todos los que participaban de una película eran capaces de hacer sin los artilugios de hoy, produce una extraordinaria fascinación y una extraña sensación de dèja-vu.

La visita de la gran actriz a Lima me da pie para abundar en este y otros temas vinculados. Es una de esas raras ocasiones en que me permito escribir motivado por lo que me da mi real gana, confiado en la paciencia de mis lectores. Las declaraciones de la actriz al diario El Comercio de hoy, sin embargo, me dejan un tanto descontento, pues han servido no tanto para presentar a la actriz, o la relación entre hija y padre, sino para rellenar varias páginas con diversos ángulos. No está tan mal ello, aunque quizá hubiera preferido una entrevista con todas las de la ley, pues este es uno de esos casos donde el periodista se engrandece al esconderse, cosa que en este caso no ha ocurrido. Se ha preferido rellenar páginas, pero de todos modos algo se presenta al respecto, y cuando menos el testimonio gráfico adjuntado es notable.

El Talento y la Disciplina

Es inevitable pensar muchas veces que el talento no se hereda. Hay muchas historias alrededor de los hijos de los “famosos” o de las personas de gran talento que no alcanzaron la fama. Muchos de ellos no consiguieron tolerar la constante comparación interior y exterior, se rayaron, y cayeron en drogas y otros anexos igualmente penosos, en los que la prensa se regodea. Confieso que yo no pensaba muy bien de Geraldine Chaplin. Buena actriz, y ya. No es raro, si uno está algo familiarizado con la filmografía del padre y de la hija. Las comparaciones son odiosas en este caso, pues las circunstancias no son las mismas. Los hijos siempre están en una relación ambivalente con los padres, de amor y de rechazo entremezclados. Sin embargo, raras veces es tan visible la armonía que Geraldine presenta entre ambas cosas. Tal vez sea porque Geraldine ya está en los 67 años de edad, y a esa edad todo está resuelto. Pero de sus propias declaraciones deducimos que ser la hija de su padre la ha marcado para bien. De hecho, ella no se atascó en la búsqueda imposible de la copia, sino que aprendió, en el buen y real sentido del término entre otras cosas la relación entre el Talento y el Esfuerzo.

Geraldine no cometió el error de muchos de tratar de imitar al padre, por la positiva o la negativa. Es común que los hijos se definan por la aceptación total o por el rechazo total. La vida como obra de arte requiere de imitación, pero también de creatividad. Los hijos toman de los padres un algo, a veces indefinible, pero algo toman así no quieran. Y Geraldine, que no trató de imitar compulsivamente el genio de su padre, tomó creativamente de él tanto la disciplina como el compromiso social. De hecho, en las declaraciones a El Comercio, lo define como “Buen padre, estricto y victoriano”. Y a la vez como moralmente estricto y fiel a sus principios. Ello nos habla de un padre bueno, aunque firme, disciplinado, y de convicciones marcadas. Y no puedo menos que preguntarme de dónde viene tanta disciplina.


La Comedia y la Vida

Es evidente que Geraldine no conoció a su padre antes de nacer ella misma. El más grande comediante de todos los tiempos, el hombre que supo reír y hacer reír supremamente, provenía de la más podrida miseria londinense victoriana, retratada en parte por los grandes novelistas ingleses del siglo XIX. Si algo ha debido definir la vida de un hombre que tenía que turnarse con su hermano Sydney la salida a la calle porque tenía que compartir los zapatos, era el encarar la miseria más allá de toda descripción. La sensación de la tripa vacía está más allá de todo intento literario o artístico. Se puede hablar de ella después de haber pasado por ella, pero no durante. A los cinco años de edad el gran Charlot empezó su carrera artística, y conoció la ley de la jungla en las calles del Londres de la última década del siglo XIX. Bailó, cantó, actuó y payaseó en las calles para mantener a su madre, enloquecida, literalmente, por la miseria. Y desde allí inició su ascenso, apoyado en su talento y en una extremada capacidad de trabajo.

Como todos los que han pasado infancias duras, cuando alcanzó alguna solvencia económica, le quedó una suerte de paranoia, manifestada en una orgía vital, de impaciencia por vivir que se transparentaba en una disciplina de hierro. También le dejó taras. Odiaba la Navidad, de la que sólo recordaba el hambre y la carestía. Pero nunca dejó una tarea a medias, le costara el tiempo que le costara. Su perfeccionismo le llevaba a dominar por completo todas y cada una de las escenas que filmaba, y en alguna ocasión maravilló a sus compañeros repitiendo todos los movimientos de una escena al derecho, y luego al revés. Creía, como su hija nos ha contado, que el talento era cosa común y que muchos lo tenían, y que lo que realmente diferenciaba al éxito del fracaso era el trabajo duro. Cito a Geraldine: “Sus películas parecen muy fluidas, pero eso fue a base de romperse la cabeza trabajando.”

Aprovechar lo que se posee

Geraldine confiesa con alegría y sin prejuicios que ella utilizó su apellido para ingresar al mundo del cine y progresar en él. También, con inusitada honradez, nos dice que a su padre ello le parecía de una “moralidad dudosa”. Naturalmente, como persona inteligente, Geraldine lidió con el problema y lo resolvió pensando que si tenía una cara bonita no se la iba a cortar por aquello de que sería una ventaja injusta frente a otros. Así que aprovechó del plus que le dio la vida, y en ello creo que podemos reconocer la sabia prevención que tiene alguien que, nacido y criado en la pobreza, y salido de ella, sabe que no puedes escoger las cosas, y que si algo tienes, tienes que darle curso, y que tampoco eso bastará si no chambeas con el alma en la punta de los dedos. Una ética del trabajo duro y del esfuerzo, propia de un hombre que consigue pasársela a sus hijos. Pocos tienen esa suerte. Y la misma Geraldine nos dice: “Estoy muy agradecida por ser la hija de Charlot”.

Compromiso social

Charles Chaplin no fue solamente un comediante, sino un hombre que, conociendo la miseria de cerca, la consideraba, como Víctor Hugo, una maldición que debía ser erradicada. No tenía ese compromiso social frío y distanciado que no pareciera sino que está tallado en las cifras de las estadísticas, en lugar de en la vivencia propia o ajena. Charlot no fue solamente el Hombre que hacía Reír, sino el amigo y el hermano de todos los desheredados del mundo. Es imposible no emocionarse con esa escena maravillosa de “The Kid” en la que el vagabundo Charlot, solo contra la fría burocracia y la indiferencia del universo, rescata al niño que le están arrebatando, y al que ama, y una vez que se ha deshecho a puño limpio de sus opresores, lo besa entre lágrimas. No es difícil reconocer en ese chico la propia niñez desamparada del propio Charlot. Una escena como ésta vale por todas las inconsecuencias en las que, como ser humano, seguramente cayó.

El famoso discurso que finaliza su película “El Gran Dictador” aún estremece y conmueve. No se han resuelto aún las contradicciones humanas que impiden la vida libre y hermosa de los pueblos. Y el rumbo aún no se ha encontrado…
http://www.youtube.com/watch?v=he26DAbk3Sw&list=PLBF7CE41512B337CB

Recordemos, por lo demás, que Charles Chaplin, el hombre, murió en el autodestierro, entendiéndose a sí mismo como un olvidado del mundo. Se comprende que, después de tanta lucha, el guerrero haya necesitado el descanso. Fue la madre de Geraldine, Oona O´Neill, la que se lo hizo más fácil de pasar, y fueron Geraldine y sus hermanos quienes alegraron la vejez de un hombre que había luchado tanto. La historia de Charles Chaplin es una de tantas que ilustra la peripecia humana del Siglo XX. Y si algo queda de los seres humanos en sus descendientes, tenemos en casa una parte de ese ser humano.

Geraldine
http://www.youtube.com/watch?v=wJB9WJ0nU9M&feature=player_detailpage

Por su parte, Geraldine ha sido bailarina de ballet, modelo, exitosa actriz e incluso payaso de circo. Y está hoy entre nosotros como Jurado del Festival de Cine. Es verdad, el talento no se hereda. Pero qué importa eso si heredamos la capacidad para trabajar duro, para hacer bien lo que hacemos, para no tolerar la injusticia y para disfrutar con intensidad de esta vida que nos ha sido dada. Ahora Geraldine me cae mucho mejor que antes. Y su padre, también. Y punto.

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miércoles, 3 de agosto de 2011

CONSTITUCIÓN, A ESTAS HORAS



¿Constitución a estas horas? Que lo amarren al señor.” (Ricardo Palma)

Acostumbrados estamos desde la década de los 90 a la desinformación y la manipulación de las agendas políticas, tanto, que a estas alturas ya no nos sorprende que se retire un programa de televisión top en sintonía, que se le niegue a un premio Nobel la posibilidad de tener un programa de TV, que desaparezca la parte noticiosa de una radio como CPN, o que el periodista más respetado del medio no tenga un programa de opinión. Nos da una idea clara de quien manda, y hace que se nos despierten simpatías por el presidente Correa, que recurrió a la legalidad de los tribunales de justicia para salvaguardar su honor, cuando se le acabó la paciencia.

Tampoco sorprende que, a raíz del escandalete surgido en el Congreso por obra y gracia de Santa Marta Chávez – canonizada y expuesta hasta la saciedad por los medios -, las declaraciones de parlamentarios de Gana Perú o miembros del gobierno no sean ni consultadas ni difundidas. Para averiguar qué va a hacer el gobierno los periodistas no parecen tener mejor idea que preguntárselo a sus enemigos o adversarios. La evidente inequidad es indicativa, y según parece, y a pesar de la zurra recibida en las urnas, no se han enterado que cuando esto sucede se potencia la capacidad comunicadora de aquel al que se pretende acallar. La otra tarde escuchaba un conocido programa en una radio local - cuyo lema es “Tu opinión importa” - donde miríadas de radioyentes empleaban su tiempo en preguntar por qué continuaban dándole y dándole con Santa Martha, cuando había tantos otros temas qué tocar, y la única respuesta que los agudos periodistas presentes pudieron dar era que ese era el tema en agenda. Esto hace que uno se pregunte qué entelequia o santo del paraíso se ocupa de establecer dicha agenda, y a quién le pertenecerá la opinión que realmente importa.

Agenda política: Intenciones y temas

En medio de este acre humo parece ser que el tema a invisibilizar esta vez es el de la Constitución del Estado. Como en mi Blog no me pagan por estar, las opiniones que vierto en este espacio son las mías propias, y por eso intentaré ver las intenciones que se traen, así como el tema de fondo, soplando el humo a un lado, a ver si los sufridos peruanos que me honran con su atención pueden contar con algunos de los elementos de juicio que los medios de comunicación les niegan.

Se observa que el general descontento y repudio a la malacrianza de Santa Martha resulta ser bastante acallado, y la sobreexposición de la Santa dice muchísimo del discurso que se está levantando. Parece claro que su intención es echar dudas sobre la legalidad y legitimidad del actual Gobierno, explorando las reacciones de la ciudadanía al respecto. Se trata de condenar a un Gobierno que no ha empezado a funcionar aún, y de hecho esto debería alertar a la ciudadanía respecto a las intenciones de los que pretenden cortar el jamón. El tema constitucional, presentado como secundario como quien mira a otro lado, parece en realidad ser el esencial. Tratemos de verlo con alguna claridad.

Un par de Falacias alrededor de las Constituciones de 1979 y 1993.

Empiezo señalando que no creo en la santidad de la entelequia constitucional. Una Constitución es un instrumento político, si bien fundamental, y por ende cambiarlo cuando es necesario no es cosa que debiera escandalizar a nadie. No es la Palabra de Dios. Los que la mueven lo entienden así, correctamente por cierto, pero al haber varias falacias en juego aquí, resulta importante develarlas. No entraré a mencionar todas ellas. Solamente recordaré que una Falacia consiste en un inadecuado uso de las reglas de la lógica con fines secundarios.

Es así que distinguimos el empleo masivo de la falacia “Post hoc, ergo propter hoc” (Pasó después de esto, luego esto es su causa) respecto a ambas constituciones. Se le adjudica a la Constitución de 1979 la hiperinflación y los desastrosos gobiernos de Fernando Belaúnde y Alan García del decenio 1980 y 1990, en tanto que a la Constitución de 1993 se le adjudica el crecimiento económico y el bienestar general. Curioso y polarizador alegato, bastante limitado en su alcance. Podríamos decir que, dado que el Cometa Halley pasó en 1986 cerca de la órbita terrestre, esto causó la hiperinflación de Alan García. O que el consumo de bacalao por parte del Ingeniero Fujimori causó el golpe de estado del 5 de abril de 1992.

La falacia de la parte por el todo está también aquí. Entiendo que para ciertas mentes lidiar con más de una causa es complicado, pero el simplismo con que se maneja la cuestión aterra. Se adjudica el efecto del crecimiento económico a la Constitución de 1993, cuando según tengo entendido se debe más bien al incremento de los precios internacionales de los minerales, que inyectó e inyecta ingentes fondos a la economía nacional. No encuentro relación alguna entre los precios internacionales y la Constitución del Perú. No creo que la Constitución de 1993 haya impactado tanto en la economía internacional que haya aumentado el precio del oro y la plata, ni me parece que fuera tomada en cuenta en la decisión estadounidense de invadir Irak dos veces, que disparó el precio del petróleo. Esto para dar pequeños ejemplos nomás. Contrario sensu, la Constitución del 79 no parece haber tenido relación con los relativamente bajos precios de nuestros principales productos de exportación en la década de los 80.

La metafísica de suponer que un documento produce inversión no es sostenible y denota pensamiento mágico. En el terreno de la realidad, un documento mandatorio puede tal vez fomentar la inversión, pero hará falta la concurrencia de muchos otros factores para movilizarla en la realidad. Una Constitución, por sí sola, no produce inversión extranjera o nacional. La Constitución de 1933 no produjo el crecimiento económico durante el gobierno de Odría (1948-1956), ni la de 1856 el incremento de las exportaciones de guano durante el Gobierno de Ramón Castilla. Cualquier historiador o economista con medio dedo de frente acudirá al agotamiento de los campos europeos y al redescubrimiento de las propiedades del guano en el siglo XIX; o al aumento del precio de los minerales debido a la Guerra de Corea (1950-1953). Acudir a las cartas constitucionales de aquellos días resulta improcedente por lo absurdo. Tampoco es que los papeles no puedan contribuir. Las Leyes de Fomento pueden aprovechar de las coyunturas económicas internacionales, pero no las determinan.

Un par de falsedades alrededor de las constituciones de 1979 y 1993

Una falsedad es distinta de una falacia. Producto del engaño premeditado o del error, la falsedad es simplemente decir – según el camarada Aristóteles – de lo que no es que es, o de lo que es que no es. Con el afán de equiparar ambas Constituciones en cuanto a su origen, se dice que las dos fueron producto de Dictaduras, y aquí es claro que se trata de equipararlas como si ambas fueran producto del mismo proceso, o cuando menos del mismo tipo. Como no nos gustan las falsedades, procederemos a recordar las circunstancias históricas para ambos casos, y ver por qué no son equiparables.

En 1978 el gobierno de la Fuerza Armada en su segunda Fase, liderado por el General Francisco Morales Bermúdez, se caía. Sin el innegable apoyo popular y la legitimidad de la que sí gozaba el gobierno del General Juan Velasco Alvarado, el gobierno estaba cercado por los conflictos sociales y políticos. “Abajo la Dictadura” era el lema más socorrido en aquellas épocas. El Paro del 19 de Julio de 1978 puso de rodillas al gobierno, que se echó a buscar con desesperación salidas políticas. Fue así que a los pocos días del Paro decidieron convocar a elecciones, primero constituyentes y luego generales, a fin de sacar a las Fuerzas Armadas del horno en que se estaban quemando. La Constituyente de 1979 nace de este proceso, y fue dirigida por un político de polendas, Víctor Raúl Haya de la Torre, ducho en la negociación política y hábil en el logro de consensos. Vastos sectores del Perú fueron representados, lo que le dio una alta legitimidad, y se desarrolló en el contexto de la realidad política de un gobierno incapaz de sostenerse, pero que estructuraba una salida política coherente. Los constituyentes de entonces gozaron por ende de mucha libertad para elaborar la Constitución, incluso al extremo de devolver las “correcciones” que Morales Bermúdez pretendió imponer, y que no pudo.

En 1992 el gobierno de Alberto Fujimori era producto del golpe de estado del 5 de Abril. Y pretendía no irse, sino quedarse. La presión interna era baja, pues la clase política de entonces hacía agua debido al desgobierno económico y la presencia de Sendero Luminoso y el MRTA. Desde afuera del Perú, en cambio, la OEA (Organización de Estados Americanos) – caja de resonancia de la Secretaría de Estado de Estados Unidos - presionaba hacia una salida política que preservara cuando menos una apariencia de democracia. En este contexto es que la dupla Fujimori – Montesinos decide convocar a un Congreso Constituyente para salvar la faz empleando el evidente descontento del pueblo peruano en referencia a la situación económica y social para conseguir una suerte de legitimidad que les permitiera continuar en el gobierno. La Constitución de 1993 fue ratificada por muy poco en un referéndum destinado precisamente a darle esa legitimidad, aunque algunos dicen con fraude electoral. De esto no sabemos, pero lo cierto es que dicha Constitución permitió instrumentar un acuerdo entre el poder político y el poder económico. Y esto era posible porque el gobierno no solamente no se iba, sino que reajustaba las cosas para quedarse con la mayor cantidad de poder posible. No se les puede negar que demostraron mayor habilidad que la de la clase política tradicional en esta tarea.

El Interés por sostener la Constitución de 1993

Cuando yo era chico, mi santa abuela me decía que me fijara en los intereses antes que en las palabras. De acuerdo a esta cuerda máxima política, podemos ver que cuando dicha Constitución fue elaborada, lo que se trataba era de darle una base de gobernabilidad al gobierno surgido del golpe de estado. No era el caso del Documento de 1979, donde el muy desgastado gobierno saliente no consiguió imponer una sola de sus condiciones. Vale decir, aquí el fujimontesinismo hizo lo que se le vino en gana, y lo esencial y central de esta Constitución fue el pacto económico y social que se estableció entre el fujimontesinismo y los poderes facticos. Ojo que en todo pacto hay acuerdos, y el hecho de hacer pactos y acuerdos no es necesariamente negativo. Pero el toma y daca de este pacto, apenas disimulado hoy en día después de las pasadas elecciones, era, para decirlo en simple, el poder político a cambio de mayores ganancias. Te elimino la oposición a cambio de que me financies. Esto era posible, desde que el gobierno fujimontesinista tenía la sartén por el mango, y podía imponer condiciones, como de hecho lo hizo.

Salta a la vista que este Pacto no fue el de la Moncloa, ni nada parecido al Acuerdo Nacional de hoy en día. Tenía ganadores y perdedores, y los perdedores estaban fuera del pacto. Se hizo a espaldas de la ciudadanía para reconfigurar y sostener un modelo económico y social de concentración de riqueza y exclusión social y política de las mayorías que el Gobierno de Velasco, la irrupción de las izquierdas y la guerra interna habían puesto en serio riesgo. Durante siete años (1993 – 2000) la trama del poder expresada en esta Constitución fue sostenible tanto en lo político como en lo económico, a costa de la más evidente y mendaz corrupción y concentración económica que el estado republicano vio jamás. Además permitió la estructuración de una dictadura civil de nuevo cuño, basada en el chantaje a los Poderes Fácticos, y en la que algunos alcanzaron pingües beneficios. Al venirse abajo la dictadura por el peso muerto de la corrupción y los costos que a ésta se vinculan, quedó supérstite, flotando en el esquema previo, el viejo pacto entre la clase política y los poderes fácticos, pero sin los vínculos que Montesinos había conseguido establecer y que una vez caído el gobierno dejó al Estado en situación de “default” frente a los poderes fácticos.

El Pacto en la primera década del nuevo siglo

El Pacto entre el gobierno y los poderes fácticos se vino abajo con el calateo y deslegitimación de la entraña corrupta del régimen fujimontesinista. Todos sabemos qué pasó ahí y cómo al final se resolvió, a medias, la crisis política. Tras la pequeña primavera democrática de Paniagua, con el Presidente Alejandro Toledo se trató de rearmar el pacto, en esta ocasión a favor de los poderes fácticos, que a partir de aquí, liberado de sus compromisos con Montesinos y Fujimori, empezó a tener una vez más la sartén por el mango, y en bastante mejores condiciones que antes de 1993. El gobierno de Toledo resultó cooptado, y se siguió con el business as usual, lo que se expresó en gestos para la platea – como el retiro de la firma de Fujimori de la Constitución de 1993 – y el mantenimiento del Pacto, aunque con modificaciones importantes en la trama del poder.

La irrupción del Partido Nacionalista Peruano y de su líder Ollanta Humala reventó el esquema, como era lógico. Tras las elecciones de 2006 quedó patente que la garantía de que dicho Pacto se mantuviera era la constitución de 1993, en especial en la parte correspondiente al orden económico, que garantizaba las ganancias. Ello desató la competencia entre los diversos grupos de la clase política tradicional para ser el agraciado con el reparto de la torta, fortalecido por el sistema del ballotage. Como sabemos, dicha lotería política la ganó el Apra de Alan García, y con ellos fue que los poderes fácticos negociaron y renegociaron un reparto de la torta hasta las últimas elecciones políticas. Los tejemanejes de Alan García, aunados con el crecimiento y desarrollo de la opción política de Gana Perú, determinaron el colapso relativo de este acuerdo representado por la Constitución de 1993. En las elecciones pasadas el fujimorismo redivivo intenta nuevamente reconquistar la posición política hegemónica para replantear el reparto de la torta según los esquemas de la década de los 90, y aunque consigue imponerse en primera vuelta, no consigue ganar la Segunda, gracias a la acción militante de Gana Perú y de la Derecha Liberal y Democrática. Y aquí estamos.

Lo que importa no es la Constitución, es el Pacto

Que haya Pactos y Acuerdos entre los diversos poderes no es precisamente una excepción, es la regla. El chiste es que tal Pacto considere todas las partes. La exclusión de sectores importantes quita gobernabilidad al esquema política, y por ende amenaza el crecimiento económico. Cuando las cosas cambian, los pactos cambian, y de eso no hay por qué escandalizarse, que precisamente para eso sirve la Democracia. La Constitución de 1993 es el mascarón de proa, lo que realmente importa no es el título del papel, lo que cuenta es el Pacto que un Gobierno que aspire a sostenerse en el Poder debe establecer de hecho con los Poderes fácticos. Hasta ahora la fuente del Poder Político ha sido el usufructo patrimonialista del Estado por parte de las argollas de turno, y con esas argollas es que los Poderes fácticos han estado negociando. Víctima Toledo, Testigo Alan. Pero este estilo de Pacto ha llegado a su fin con las últimas elecciones, porque el contrapeso político hoy en día puede ser – aún no lo es plenamente – el Poder Ciudadano expresado en un Estado de Todos, no en un Estado propiedad de una casta política, que es lo que el Fujimorismo trataba – y aún trata - de reorquestar, y que sin duda fue uno de los factores que determinó que perdieran las elecciones. Hoy en día vemos la desesperación con la que el Fujimorismo redivivo trata de recuperar algún sector del mango de la sartén para así reconfigurar por una parte una alianza con algunos Poderes Fácticos; y por otra ponerse a la cabeza de una alianza de derechas. La composición del gabinete y de las alianzas políticas evidencia en la actualidad estos hechos.

Todo esto genera dos preguntas: ¿Cómo reaccionarán los diferentes Poderes Fácticos? La otra es ¿Qué hará la Derecha Liberal y Democrática? Las apuestas parecen estar alrededor de un nuevo pacto entre el Poder Ciudadano y los Poderes Fácticos, de Crecimiento con Inclusión, y su centro es el Gabinete Ministerial, donde están representados, con el arbitraje y muñeca del Presidente de la República y su Primer Ministro. Otras apuestas giran alrededor del Congreso, desde el cual los malcriados acontecimientos protagonizados por el fujimorismo recalcitrante el día de la Toma de Posesión se dirigen a crear una Oposición Caníbal, posible única salida que visualizan les puede asegurar algún nivel de supervivencia política. Poca imaginación demuestran, según entiendo. Dudo que amplios sectores obedezcan el artificial canto de sirena, y se alineen detrás del fujimorismo.

El tema constitucional

Si bien un programa como el de la Hoja de Ruta no implica para nada renunciar al objetivo político de fondo, resulta obvio que no es el rótulo del cambio constitucional la piedra de toque. Lo es el novísimo Pacto entre los Poderes Fácticos y el Poder Ciudadano dirigido al logro de Crecimiento con Inclusión. El Presidente de la República manifestó en una entrevista que no importa el color del gato, con tal que cace ratones. Representantes de grandes sectores económicos en nuestro país parecen dispuestos a pagar una factura que asegure sostenibilidad y gobernabilidad. Esto para nosotros es indicio de un pragmatismo político que no ha renunciado a los principios, pero que, como buena política, debe acomodarse a las realidades.

Hay diversos aspectos constitucionales que deben ser resueltos, en la medida que aspiramos a que nuestra nación tenga un Estado que la represente, y donde los diversos intereses puedan convivir en paz.

Colofón

Lo trascendental de las elecciones que pusieron a Gana Perú en el Gobierno no es que ahora el pacto pueda ser replanteado en el sentido que Alan García le dio, sino que el tipo de tablero ha cambiado. Se ha dicho hasta la saciedad en los dos últimos decenios que para repartir hay que crecer – la famosa política del chorreo -, y más bien la nueva lógica del momento político, económico y social actual es que para crecer hay que repartir. En Política práctica, no hay gobierno alguno que no quiera que el país crezca económicamente. El tema es que este crecimiento necesita de gobernabilidad, y la gobernabilidad democrática es incompatible con Pactos como el expresado en la Constitución de 1993 en su momento. La acción del fujimorismo militante de la actualidad ciertamente no aspira a asegurar la sostenibilidad de un modelo de crecimiento, y menos aún de crecimiento con Inclusión. De hecho lo que parecen querer fuera de las justificaciones y declaraciones es que la Inclusión fracase y que la Economía no crezca. Y un sector de la Prensa y los Medios les acompaña en esto. Vivir para ver. Y hasta la próxima.

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