viernes, 30 de diciembre de 2011

DEL 2011 AL 2012



El tiempo es muy lento para los que esperan; muy rápido para los que tienen miedo; muy largo para los que se lamentan; muy corto para los que festejan … (Shakespeare)

Se acaba el Año 2011, y al acabarse pareciera arrastrara consigo las resacas de lo vivido, como dijera el poeta. En la vida social el Año Nuevo es un happening, un acontecimiento social más o menos vasto y festivo, pretexto o causa legítima para jaranearse y divertirse, es decir, olvidarse por un rato de las preocupaciones del diario, gastar un poco de la plata que no tenemos, y tratar así de suponer que la vida vale la pena de ser vivida. Hacer balances y recuentos del Año que se va es un lugar común en el que cae casi todo el mundo, y resulta la antesala de unos buenos propósitos que raramente se cumplen, y es que el simbolismo de un número que cambia parece estar muy instalado en la conciencia social. Pero los calendarios del mundo difieren, y el Año Nuevo – el Nuevo Principio – cambia según las culturas y las sociedades. La globalización determina que “todos” – un todos bastante limitado, reconozcámoslo – celebremos el final de un Año y el Principio del Otro, dentro del esquema de la variante Gregoriana del Calendario Solar que fue creado por el egipcio Sosígenes gracias a la decisión política del Princeps de Roma, Cayo Julio César, hace unos 2000 años. Nuestro tributo emocionado a ellos, y sigamos con la digresión.

Una vez hecho este sentimental minuto de silencio en honor a la memoria de los creadores del calendario que nos rige, y al que debemos añadir al Papa Gregorio, que hace medio milenio lo hizo más exacto en relación a los movimientos de la Tierra, el Sol y la Luna, ¿qué nos queda? Termina el año 2011, y termina entre sorpresas, cambios, movimientos, idas y tornas, retornos y precipitados viajes y virajes. Ni más ni menos que siempre. Se supone que dejamos atrás las maldades, pecados, errores, dificultades y molestias del Año Pasado e iniciamos uno Nuevo, limpio y sin uso. Esta variante del rito del chivo expiatorio tan profundamente instalada en la psique humana, y tan inconsciente en casi todos nosotros, se expresa en los muchos cohetes que, pese a las prohibiciones, reventamos; y en los muchos muñecos que, pese a la contaminación, quemamos. Hay que dinamitar lo viejo en una quemazón de polendas, luego alcoholizarse hasta el embrutecimiento, y así al día siguiente todo lo que vemos parece moverse solo, y entramos al Nuevo Lapso en los brazos de cierta ebriedad inconsciente, que al desaparecer nos deja metidos en el Nuevo Año. No voy a ponerme huachafamente a despreciar todo esto desde una moralina pequebú, las alegrías de las gentes son respetables, y más se aguanta un impuesto nuevo que una limitación de la libertad de hacer el loco por un rato antes de volver a la chamba.

La Historia es Tiempo, y es necesario medir el Tiempo. Los finales siempre presuponen nuevos inicios. Los acontecimientos que parecieron tan importantes y que construyen la percepción de las gentes se difuminan en la memoria, y lo que pasó tiende a olvidarse. Este proceso es casi tan importante como el recuerdo, pues solamente se recuerda aquello que es importante para quien lo recuerda. La Historia se fabrica con las percepciones comunes a los grupos humanos, y si quisiéramos determinar lo que fue común en este larguísimo año 2011 que se muere de muerte natural, encontraríamos que es más o menos lo mismo de cada Año: El conflicto entre el mantenimiento denodado de una realidad virtual versus la irrupción de la realidad real. Es decir, la diferencia entre lo que nos dicen y lo que vemos por nosotros mismos. Los seres humanos aspiramos a ser felices, a no ser que estemos rayados sin remedio, y en ese proceso fabricamos nuestras percepciones y nos la creemos a nosotros mismos. A veces esforzarnos por entender lo que es complica nuestra felicidad y nos hace problemas. Pero entiendo que nuestra felicidad suele estar para todos antes que la consciencia.

Arrancarse con este tema, sin embargo, excede las capacidades de este cronista, pues mi aporte de hoy no es percibir ni describir los acontecimientos, que eso todo el mundo lo hace, y como son más o menos semejantes todos los Años, resulta algo aburrido. Trato de registrar otra cosa: el simple paso del tiempo que tratamos de medir, y al que le adjudicamos significados. El Año 2012 después de Cristo se supone que es el Fin del Mundo según los mayas, lo que, además de ser una soberana tontería diseñada para ganar plata con el miedo difuso de las gentes, resulta completamente falso, y además una manera bastante estrafalaria de arrebatarle su felicidad a la gente. De repente sirve para que la gente se instale más en el presente y gaste más en la borrachera y la cohetería. Lo cierto es que siempre hay una marca para lo que finaliza, y que hay diferentes tiempos para los diferentes individuos. Se construye la vida no con el tiempo, sino con los sucesos, de los que el Tiempo es la materia prima, y lo que esperamos siempre es que lo que viene sea mejor que lo que termina. Seamos por un rato prácticos y quedémonos con eso. Sea lo que sea la Felicidad o lo que entendamos por ella, la idea es que seamos cada vez más felices y cada vez menos desdichados, y si en el transcurso tenemos que cambiar nuestra noción de felicidad, pues que así sea, y tiene sentido que el nuevo periodo que se inicia signifique un paso en ese sentido para todos. Y punto, por este Año.


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jueves, 22 de diciembre de 2011

CONTRA EL PENSAMIENTO RACIONAL Y LA FAMILIA



“Dios es trino, y todo lo que Él ha creado, lleva ese sello indeleble. El hombre que fue creado a su imagen y semejanza, no podría ser una excepción. Por este motivo nos dice la Palabra de Dios que el hombre es un ser tripartito, compuesto de espíritu, alma y cuerpo.” (Jack Fleming, http://www.estudiosmaranatha.com/mensajes/mensaje21.html, consultado el 22 de Diciembre de 2011 a las 14:40, Hora de Lima)


“La misión del señor es perfeccionarnos en el ser tripartito que somos, alma, cuerpo y espíritu.” (Ana Jara, Ministra de la Mujer)


Dos noticias últimas me motivan, ambas protagonizadas de uno u otro modo por nuestra flamante Ministra de la Mujer. Una tiene que ver con el hecho que parece que no aspiraba a ser Ministra de la Mujer; y es casi curioso eso de aceptar una cartera que no se quería, pues parece que más bien deseaba un Ministerio de la Familia. Y hay cierta diferencia entre los términos. La segunda noticia se merecería artículo aparte y quizá lo escriba, pues la flamante Ministra disparó una interesante y poco feliz declaración acerca de la tripartición platónica del ser humano en Cuerpo, Alma y Espíritu. Según parece, convocó a las Sagradas Escrituras cristianas como la fuente de la autoridad suprema en estos menesteres. Ambas cosas se me complementan en un tema, que es el uso de ciertas palabras y los contenidos y significados que se les puede adjudicar. El concepto de Familia es una de ellas.

Concepto

A riesgo de simplificar demasiado el tema, un concepto es la expresión lingüística de una imagen mental, que podríamos llamar idea. Cada vez que enunciamos un concepto los seres humanos hacemos una operación de alto vuelo intelectual, aunque no seamos conscientes de ello: Clasificamos el mundo de nuestras percepciones, introduciendo cada concepto en una pre-estructura de clases y tipos en construcción constante. Estas percepciones se integran en una estructura mental dinámica que abarca nuestra experiencia y conocimientos pasados y presentes. Dicha estructura posee un sustrato físico en el número y tipo de sinapsis – conexiones interneuronales - que se construyen incesantemente en el cerebro. Nuestro cerebro es una máquina de pensar extraordinaria, que emplea sus recursos electro-químicos para construir el hardware que soporta el software conceptual. Al revés de lo que ocurre en el mundo de la computación, en el cerebro el software construye el hardware, aunque sea en parte. Todas las personas poseemos cerebro, pero a la vez todos tenemos estructuras sinápticas diferentes, que representan nuestro mundo individual de experiencias y conocimientos adquiridos. En cierto modo la citoarquitectura cerebral es semejante a la disciplina de la arquitectura, que emplea en todos los casos ladrillos, cemento, concreto, adobe, asfalto, etc. para estructurar puentes, edificios de muchos tipos, carreteras, hoteles, fábricas y todo tipo de construcciones. Del mismo modo todos empleamos oxitocina y otros neurotransmisores para construir nuestra estructura sináptica, pero no todos lo hacen del mismo modo ni con los mismos resultados.

El concepto “Familia”, como todos los demás por supuesto, procede de varias percepciones de diversas procedencias, tanto emocionales como intelectuales. Una de las más importantes es nuestra propia experiencia de familia, construida en nuestros primeros años y por lo tanto bien metida en nuestra estructura mental. Vale la pena indicar en este punto que la evolución parece haber introyectado en nuestros genes – al final, los portadores de las instrucciones de construcción de sinapsis – algunas estructuras proteínicas que favorecen una determinada percepción de la estructura social, del mismo modo que ocurriría con los lobos que se agrupan en manadas o las aves en bandadas. Es decir hay un sustrato previo, originado en algunos centenares de miles de años de evolución, al que se le añade una suma de percepciones individuales estructuradas culturalmente. Este sería el hardware primigenio, anterior a toda construcción de software. Las percepciones son tanto emocionales como intelectuales, pues que somos seres que hemos heredado genéticamente la capacidad de vivir las emociones, y también la capacidad de reflexionar, pensar, razonar y construir pensamientos conscientes estructurados acerca de nuestras emociones y nuestro entorno. El asunto es complejo y no pretendo agotarlo, pero bien puedo introducirlo.

Condicionamientos de la Definición

Percibir la realidad de una determinada manera y construir conceptos alrededor de ella es algo que los seres humanos hacemos porque lo hacemos, del mismo modo que la araña teje su tela porque eso es lo que hace la araña. En cierto modo podríamos decir que la araña es una máquina biológica de tejer, como los seres humanos lo somos de pensar. Pero cuando nos metemos a la Definición estamos ya decididamente en el terreno propiamente humano de la Cultura. Porque “definir” es una operación mental de carácter racional, que expresa la capacidad de clasificar nuestras percepciones, generalizándolas más o menos según el caso, y esto es una operación mental más o menos consciente. Volvamos al concepto “familia”. Este se puede definir de diversos modos, y por lo general tal definición suele depender del entorno cultural en que se ha nacido. Si naciste y creciste en una sociedad determinada, eso te predetermina hacia algunos tipos de construcción conceptual, quieras que no. Hay elementos genéticos comunes a todas las culturas, pero lo cierto es que inuits, estadounidenses de Minnesota, matsiguengas, sudafricanos blancos, parias indios, lapones, beduinos errantes, tamiles, pintjantjanjaras australianos, parisinos, moscovitas, nubios, mapuches, etcétera, tienen – tenemos – concepciones diferentes de familia, y por lo tanto definiciones diferentes de familia.

Además de esta relativización cultural del concepto “familia”, hay otras, que se las debemos al esfuerzo de filósofos, científicos y demás intelectuales, entre los que destacan los Maestros de la Sospecha. Charles Darwin y sus continuadores nos hicieron saber que un enorme porcentaje de lo que tenemos en la cabeza es lo mismo que tienen los otros animales, y de hecho nos devolvió a nuestra condición de simios evolucionados. Sigmund Freud y Carl Jung introdujeron el Inconsciente como instancia mental, sobre el cual sobrenada nuestro consciente, en apariencia donde reside nuestra capacidad racional de definir, evidenciando que cuando definimos no lo hacemos solamente con nuestras mentes racionales conscientes, sino también con nuestros contenidos latentes más o menos inconfesados, que pugnan por salir a la luz. Otros psicólogos y antropólogos plantean el tema del desarrollo, que nos indica que aunque yo soy la misma persona cuando tenía tres años que a los diez, los treinta o los cincuenta; sin embargo también estoy cambiando constantemente, y por lo tanto mis construcciones mentales cambian y evolucionan según las experiencias que vivo y los conocimientos que acumulo u olvido. Karl Marx y otros pensadores señalaron la importancia de la clase social en la que se nace, y cómo ésta predetermina nuestro aparato ideológico de manera más o menos estereotipada. David Cooper y los anti-psiquiatras han desmenuzado el concepto de familia quitándole, de una vez por todas, el encanto que alguna vez pudo tener. Los filósofos modernos y postmodernos han enfatizado esta relativización del concepto de ser humano y de familia, y por lo tanto han hecho algo de eso que el ser humano sabe hacer tan bien, que es cuestionar lo que existe.

Definición y crisis postmoderna

Se nos dijo siempre que no hay que pensar tanto, cuanto pensar bien. Esta diferenciación entre lo cuantitativo y lo cualitativo alude a las reglas que se supone se debe seguir cuando se trata de pensar de modo racional. Si se siguen esas reglas se supone que estás “pensando bien”. Estas reglas proceden cuando menos desde Aristóteles (Definiendum, definiens, genus proximum, differentia specifica) y han conocido un enorme si bien desigual desarrollo tanto desde la Filosofía (falacias, paradojas), como desde la Lógica Formal y las Matemáticas (Teoría de Conjuntos, Formalización, Teoría de clases, etcétera). Se entiende que el lenguaje científico – fortaleza última de la racionalidad – está estructurado sobre este tipo de pensamiento, y en gran medida la formación profesional es la estructuración de las experiencias sociales alrededor de ciertas disciplinas, de acuerdo a estas reglas de construcción. El clamor generalizado actual de la recuperación de la Tesis para optar el Título Profesional obedece no tanto a que los conocimientos sean insuficientes en cantidad (de hecho siempre lo son), sino a que nuestros egresados son bastante incapaces de operar lógicamente, y la Tesis es, básicamente, la demostración de que se sabe pensar. Dado el estado actual de los sistemas educativos, no hay garantía que la gente piense, efecto colateral de una suerte de desconfianza frente a la inteligencia, cuyos efectos no siempre son previsibles. Dado que el soporte evidente del pensamiento racional son los resultados, es decir la eficacia y utilidad de este modo de pensar, pensamos racional, lógica y científicamente por la razón más simple del mundo: Porque funciona. Y funciona desde ciertos objetivos que se determinan a priori, es decir, “desde antes”, lo que es una manera de decir “desde fuera” del pensamiento racional.

La postmodernidad ha denunciado y criticado, a mi modo de ver con justicia, el anquilosamiento de determinados modos racionales de pensar, que presuponen objetivos y contenidos latentes ideológicos previos y que no hacen más que justificarlos, adjudicándoles contenidos de valor como “correcto / incorrecto” y “verdad / falsedad”. La consecuente relativización de toda Definición ha llevado a la idea generalizada de que todos los conceptos son más o menos equivalentes, intercambiables e igualmente valiosos o deleznables según el individuo que los profesa. La crisis del lenguaje en cuanto portador de contenidos – vehiculada por el pensamiento de Wittgenstein, Russell, Whitehead y otros – nos lleva a entender que el lenguaje oculta tanto o más de lo que muestra. Por ende tenemos tres reacciones sociales contrapuestas, pues el equilibrio conceptual inestable resulta poco soportable para la mente humana.

Algunas reacciones intelectivas

Emplearemos el concepto de “familia”, tan bueno como otro cualquiera. Asumiremos como metáfora la visión del caminante en una encrucijada. Frente a una generalizada y devastadora crítica de los absolutos, que incluyen al concepto y la definición de “familia”, el caminante se detiene y debe tomar una decisión vital y existencial, y en ello hay cuando menos tres reacciones posibles:

1.       Detenerse. Esto parece ser lo más común. El camino pierde su sentido, no hay por qué continuar andando, y mejor nos estacionamos para siempre en el sitio, dejamos de hacernos problemas y pensamos en otras cosas más prácticas. Entonces tratamos de meternos en la inconsciencia, y dejar pasar las cosas, con lo que en la práctica nos convertimos en veletas que giran según la dirección del viento. Pero como habíamos llegado hasta acá, esto se cobra su peaje, y entonces nos convertimos en quejosos profesionales, que lamentamos el estado de cosas sin meter la mano en ello, sin tratar de mejorar las cosas, y más bien incluso criticamos a aquellos que tratan de hacerlo como reflejo de nuestra propia culpa no asumida. Vale decir, nos ubicamos en el tendido a ver los toros, y comentamos con autosuficiencia lo que hace el torero, pero sin meter la mano, porque el toro suele cornear. Así hablaré de la Familia, de lo mal que está, de lo importante que es, pero todo eso será un simple saludo a la bandera, pues no haré nada al respecto.

2.       Retroceder. Esto es, como me da miedo avanzar hacia la indeterminación y el desencantamiento, y me da miedo hacer uso de la libertad de mi pensamiento, entonces retrocedo hacia una Autoridad que me dé la seguridad de que carezco. Esta Autoridad puede provenir de las Iglesias, las Ideologías o incluso del New Age. Renuncias al penoso trabajo de pensar y le entregas tus creencias y pensamientos a lo que te resulte más cómodo, y además pagarás el precio entregando tu autonomía. Una ventaja de la postmodernidad es su relativismo, así que mientras creas en la “energía”, “Dios”, o cualquier panteísmo o cosa que termine en ismo, todo va bien. Entonces tus fuentes de autoridad serán los libros sagrados de toda especie, poseerás la Verdad, más que sea por delegación de la Autoridad. Y así te sentirás seguro, gracias a la autoaplicación de una lobotomía emocional del lóbulo frontal, donde está – estaba - tu voluntad. Y creerás que opinas sobre la Familia por ti mismo, como sobre cualquier otra cosa, aunque en la práctica solamente serás caja de resonancia de otros.

3.       Caminar hacia delante. Vale decir, tratar de avanzar con el mundo, y arriesgarse a pensar por uno mismo. El camino es imprevisible, no se sabe a dónde vas ni a donde te conducirá. Eres el torero con el toro, y con el respetable en contra, comentando tus lances o tu ausencia de lances desde la platea. Si tienes un buen sentido de la aventura de estar vivo suele ser muy gratificante, pero a la vez te introduce en una gran soledad, a no ser que encuentres a otros galifardos como tú, pero eso es muy raro, así que tendrás que acostumbrarte al exilio interior, pues si hablas, los que se detuvieron y/o anquilosaron, te criticarán sin piedad y casi siempre sin fundamento. Y terminarás reaccionando a las tonterías que te digan o que escuches. Eso, claro está, si te compras el pleito. En lo que a la Familia se refiere, tu visión tratará de ser propia y realista, y aunque no siempre lo consigas, tratará de ser objetiva. Y no es que lo logres, pero en el intento está la cosa.

Por supuesto, esto representa únicamente mi idea sobre el tema. Y es discutible y espero que se discuta. Porque me creo el cuento de que estoy avanzando, aunque de repente esto no resulte así, pero en todo caso lo considero preferible a quedarse plantado en el sitio o a aceptar una Autoridad por aceptarla.

Colofón

Según parece nuestra ministra de la Mujer – Familia, perdón – tiene su situación clara. Prefiere la Autoridad metafísica platónico-cristiana y rige su acción política de acuerdo a ella. Ello no es necesariamente negativo en cuanto a los resultados previsibles, pues de proposiciones falsas pueden derivarse proposiciones verdaderas, según las leyes de la Lógica Formal. Asimismo, el reino de la política es el reino de las opiniones y las pasiones, y quien sabe no lo haga tan mal después de todo, pues una cosa es el intelectualismo y otra la acción política. Pero aún así no podemos menos que observar la dificultad para pensar de manera independiente y propia, que ahora circula de Sócrates a Platón. La Autoridad asumida porque es Autoridad siempre es cosa de doble filo. Se supone que una Autoridad que lo es por sus demostradas capacidades y resultados puede ser interesante de seguir en ciertos aspectos, pero entiendo muy instrumentalmente que no se resuelven los problemas de hoy retrocediendo hacia los paraísos perdidos del ayer, por más que Platón, Sócrates y Aristóteles les den soporte. Ellos en todo caso serían los primeros en poner en cuestión sus propios pensamientos, y nos parece que es esto lo que deberíamos aprender, antes que a seguir mecanicista e ideológicamente sus ideas. Seguiremos la acción desde nuestra perspectiva, y veremos.

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martes, 20 de diciembre de 2011

NI CON EL PÉTALO DE UNA ROSA, o Pobrecito el cocodrilo


“… el periodista peruano promedio es un engreído que cree merecerlo todo, incluso la licencia de insultar, agraviar, inventar historias y demoler no sólo a los personajes públicos o visibles, sino también al ciudadano común y corriente que tiene la mala fortuna de involucrarse en hechos controversiales” (César Campos)

“Entiendo que la intención de la ley es que se respete la privacidad y que la privacidad no sea una materia de escándalo, que la aproveche una prensa amarilla y escandalosa y eso me parece respetable, creo que la libertad es fundamental pero no la depravación de la libertad que es el libertinaje” (Mario Vargas Llosa)

Entre los buitres que despedazan jugosos cadáveres para servirlos a la indiada como ración cotidiana debiera correr la historia del cocodrilo y el sapo. Este chiste pondera la manera de hablar del sapo, que raja de todos los animales y dice de ellos cuanto le parece, hasta que aparece el león, rey de la selva, que viene a poner orden y manifiesta que se comerá a los bocones – o algún equivalente -, ante semejante amenaza a su integridad física, la reacción del sapo es fruncir la boca, empequeñeciéndola para engañar al león y pasar piola, y decir hipócritamente: “pobrecito entonces el cocodrilo”. El chiste consiste básicamente, para mis lectores que no lo hayan entendido, en la hipocresía del sapo, incapaz de aceptar el error y más bien buscando a quien endosárselo para que el león no se lo coma. Es curioso además cómo enfrenta al león con el cocodrilo, otro poderoso animal. ¿Le recuerda eso la conducta generalizada y constante del periodismo nacional, avisado y perspicaz lector? Si me comportara como el sapo de la conseja, seguramente le diría que no, pero afortunadamente cuento con la catilinaria que el agudo y entero periodista César Campos, cuyos puntos de vista en general no comparto, les endilga a sus colegas en su último artículo. Esto es algo muy destacable pues si una profesión destaca por su ausencia casi total de autocrítica y autocontrol, así como por un vasto e inmerecido exceso de autoestima – hasta el extremo del engreimiento, es la del periodismo.

Medios sin credibilidad

En nuestro país, por lo menos cuatro de cada cinco ciudadanos simple y llanamente no le creen a los medios de comunicación, dato estadístico que aparece fugazmente unos dieciséis segundos en los comentarios periodísticos y luego desaparece durante largos años, a pesar de su continuidad. Es que para muchos de ellos eso ni es noticia ni es parte de la agenda pública, que baja de los cielos. La gran mayoría de los ciudadanos tiene mayor o menor conciencia que la prensa conforma un grupo de poder que abusa de su posición de dominio para hacer lo que les viene en gana, conchabados y combinados con los que la mueven. Hay conciencia de que una cantidad escandalosa de los periodistas son plumíferos a sueldo, que alquilan o venden su pluma al mejor postor, es decir que lo que dicen y publican es el resultado de su labor como empleados a sueldo. Aunque algunos afortunadamente escapen a la norma, una norma sigue siendo una norma. Pero tal vez lo que más subleva a la mayoría de las gentes vulgares y silvestres es la pretensión del periodismo de constituir estamento privilegiado, ese engreimiento completamente injustificado al que se refiere Campos. Y quizá lo que más subleva a continuación es la obsecuencia de funcionarios de instituciones igual o peor consideradas por la opinión pública, que se lanzan con evidentísimo interés a defenderlos.

La corona del periodismo

Todo esto viene a razón de la llamada por el periodismo - por favor, qué duda cabe – la “Ley Mordaza”, que ha sido aprobada por el Congreso los últimos días. Veamos en qué consiste la tal “ley mordaza”. Lo primero que notamos es la dificultad de encontrarla, pues está escondida detrás de una pantalla de críticas, periodísticas por supuesto, a ella. Así nos enteramos primero de que esa Ley está mal, es anticonstitucional, da mala digestión, es antisistema, atenta contra las viudas y los huérfanos, hace llorar a las viejitas, nos llevará forzosamente a una dictadura, y además el Congreso la ha dado porque Bedoya está resentido y Vargas Llosa está equivocado. Todo eso antes de saber en qué diablos consiste, lo que es una suerte de táctica de llenar el bosque de más árboles. No seré yo quien defienda al Congreso, casi seguro estoy que han aprobado una Ley llena de agujeros, de aquellas que, como decía Jesucristo de los fariseos, “cuelan el zancudo y se tragan el camello”. Pero casi termina uno simpatizando con el deseo del Congreso de regular un ejercicio profesional carente de todo control ciudadano. No es que el Congreso esté bien considerado, pero el periodismo está igual o peor. El trabajo de los ingenieros, abogados, profesores, arquitectos, policías, médicos, farmaceutas y muchos otros profesionales cuentan con códigos de ética y normativas legales a veces incluso excesivas, porque la ciudadanía no puede quedar inerme frente a los eventuales abusos. Pero no sabíamos que el periodismo se creía tener corona.

Periodismo y actividad comercial

Por otra parte, el periodismo es también una actividad comercial. Vende noticias y comentarios impresos, y captura audiencias para alquilarlas a los anunciantes. No por ser un comercio inmaterial deja de ser comercio, y por ende tendría que estar sujeta a los códigos comerciales que penalizan el vender gato por liebre, o la venta de licor a los menores de edad. Si me compro una loción para la calvicie que me dice que en 23 días me volverá a crecer el pelo, y no lo hace, pues entonces tengo abiertos los canales legales para que me devuelvan mi dinero y me resarzan los daños y perjuicios producidos. Si alguien le vende licor a los menores de edad le pueden cerrar el negocio. El resto son vainas. Pero el periodismo se puede permitir destrozar impunemente las vidas de las gentes, y salirse de la ley cuanto les viene en gana, y gozar de un poder que ni siquiera saben utilizar bien, y que más bien sirve para dorar la petulancia y las plumas de algunos. La ciudadanía está inerme frente a los manejos de los medios, y nadie penaliza las mentiras crasas. Los más lúcidos de entre los periodistas pugnan por la autorregulación, pero esa autorregulación no llega nunca y se entrampa en discusiones bastante bizantinas. El código de conducta, si existe, es letra muerta.

Labor social del periodismo

Hablar de la labor social del periodismo resulta bastante risible, en este contexto. Y aprovecho para felicitar a la media docena que sí lo hace. Un ejemplo de ello lo tuvimos patente en la madrugada del domingo pasado, cuando el fuerte temblor que despertó a todo Lima, desató el Twitter, cosa obvia porque sabemos que las líneas telefónicas colapsan durante un sismo. Se supone que el periodismo debería cumplir la labor social de informar con veracidad y controlar el pánico. ¿No es la vida humana el máximo valor del periodismo? Pero encontramos periodistas que creían llegado el calendario azteca, desesperados por anunciar catástrofes y tsunamis, que disparaban twitt tras twitt desconcertando a la gente, y demostrando y esparciendo la ignorancia más supina en cuanto a movimientos sísmicos. La tranquilidad provino de contados periodistas y de muchos espontáneos, que empezaron a reunir y difundir información, a tranquilizar el cotarro, a dar avisos de servicio público y a manejar el asunto con responsabilidad. Además está presente la constante cuestión de la protección de los menores, cosa que es obvio que, considerando la sangre y las tripas que cotidianamente nos sirven, al periodismo simplemente no parece interesarle. Y si dicen que sí, pues a los hechos me atengo: Si pudieran publicar sin sanción social asesinatos y violaciones chuponeados, ¿Lo harían? Si hay plata, pues por supuesto. Acá no creemos en pajaritos de colores.

La ley …. ¿Amordaza?

En resumen, la Ley señala un solo aspecto esencial: La sanción hasta con cuatro años de prisión al que indebidamente interfiere, escucha o difunde una comunicación privada, quedando exenta de responsabilidad la difusión de comunicaciones que tuviese un contenido delictivo perseguible por acción penal pública. Vale decir, algo bastante edulcorado y con hartas maneras de sacarle la vuelta, pero a la vez con dientes, que es tal vez lo que más le revienta el hígado a los medios, pues según la Ley ahora hay que coordinar con un Fiscal, que determine si lo presentado es perseguible. Ello le quita discrecionalidad al periodismo y los supedita al orden legal, pues deberían informar y consultar al Ministerio Público antes de difundir. Y según parece, escarbando un poquito, parece ser esa la mamacita del cordero. ¿Qué se ha creído la ciudadanía, que los periodistas son iguales a la indiada? Porque, que yo sepa, no soy yo el que determina si es delito perseguible el que mi vecino me tire piedras, pongamos por caso. Si así lo pienso, tengo que hacer un largo proceso, y puede que hasta lo pierda, y eso me costará en abogados, tiempo y complicaciones. Pero estos señores la quieren fácil, y, es más, la quieren impune, no en nombre de la Libertad de Prensa, sino en nombre del escandalete público, de la cortina de humo, del fomento del vuelo buitresco sobre las vidas y honras ajenas, de la venta de sangre y tripas. No quieren que les toquen el negocio ni con el pétalo de una rosa.

Libertad de chuponeo

El problema, por ende, no es la Libertad de Prensa, es la Libertad de Chuponeo, es decir de interceptación clandestina e ilegal de llamadas telefónicas o conferencias, y su empleo como arma periodística. El chuponeo se ha utilizado incluso en el caso de Ciro Castillo Rojo como chisme periodístico, y resulta elevado al rango de “noticia” por sí mismo. Toda discusión acerca de la moralidad, la ética y demás no puede pasar por alto que reunir las pruebas de un delito no es cosa del periodismo, sino de los que acusan judicialmente. El problema no es, como se dice irresponsable y tendenciosamente, la calificación del delito, porque al final eso viene tras un laborioso proceso, y es un juez quien lo declarará. El tema es que haya acusación y defensa, y el poder judicial, aún el nuestro, tiene que investigar y escuchar a todas las partes, antes de condenar o absolver. Pero es que el poder de condenar sin juicio es riquísimo, y el periodismo lo emplea a troche y moche, tratando de llevar de la nariz a la opinión pública. Por otra parte, seguramente todo esto toca aspectos complicados y cuestionables, pero las leyes se perfeccionan y cambian, y la alternativa no sería que no haya ley, sino que hubiera autorregulación. Y la autorregulación de los medios de comunicación, como la Segunda Venida de Cristo, se pasa al próximo año desde tiempos inmemoriales, lo que parece un modo de campear como beduinos en el desierto, asaltando sin tasa las caravanas, pues no hay ley que los contenga, ni desean que la haya.

Colofón

Se ha dicho que esta ley alienta la autocensura. Recién me entero que la autocensura se ejercía solamente por estas razones, como si no supiéramos que la agenda, que baja de los cielos, la ponen ellos, y que el silencio se suele comprar. Podríamos llamar autorregulación a esa pretendida autocensura, y en todo caso, entiendo que si el periodismo es tan incapaz de autorregularse, como queda probado por sus eternos e inútiles esfuerzos al respecto, pues no les debería quedar más remedio que dejarse autorregular. Como los niños malcriados, incapaces de comportarse autónomamente, necesitan de la mano fuerte del papá. Según parece, para que las criaturas se comporten deben venir mamá sociedad y papá gobierno y obligarlos a que se conduzcan civilizadamente. Entiendo que seguramente la ley no es perfecta, pero entonces ¿qué propone el periodismo frente al problema? Esperaremos aquí sentados una propuesta que no sea mantener la impunidad. Esta es mi libre opinión al respecto. Y punto por hoy.

viernes, 16 de diciembre de 2011

CONTRA LA NAVIDAD

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“Los padres no existen, todo es un montaje de Santa Claus” 
(Yo)

“Honraré la Navidad en mi corazón y procuraré conservarla durante todo el año.” 
(Charles Dickens, Cuento de Navidad)


Entiendo que el título de este artículo es suficientemente provocador, y por otra parte tampoco es que constituya precisamente noticia. El Capitalismo de Libre Mercado instrumenta todo lo que existe para vender, y eso no es ni bueno ni malo, simplemente establece una escala de valores propia, que patentiza lo que es importante y lo que no, y como lo que realmente importa es la ganancia, pues de eso se trata la Navidad. Quien crea otra cosa, discúlpenme, o posee una fe tal vez excesivamente robusta en la bondad humana, o una impresionante bandada de pajaritos en la cabeza. Hacer alharaca por estar contra el “materialismo capitalista que trastoca la idea de la Navidad”, o a favor de una especie de “escala de valores espirituales que debería presidir las fiestas navideñas” me parece francamente ingenuo o hipócrita. Es como oponerse a la salida del Sol por el horizonte, o estar a favor del solsticio de verano. Y dado que estamos en esas épocas, me parece pertinente disparar algunas reflexiones desmigajadas sobre el tema.

Si le hablamos de la Navidad como expresión de “materialismo capitalista” a los que no tienen chamba o plata, veremos cuán dependientes son los “valores espirituales” del simple hecho de no tener chamba y plata, peor aún si se carece de ambos. En la realidad real, quizá no haya peor sensación navideña que la de sentir la expectativa de recibir regalos de los hijos propios, y no tener con qué. Hay muchas variantes de este hecho, porque de repente puedes tener hasta chamba, pero también deudas, y tu grati – si la tienes – se destina a ponerte al día con tus cuentas. Quien mejor celebra las Navidades es el Sistema Financiero, que nos tiene a todos agarrados de salva sea la parte. Así el corazón se nos endurece y el alma se nos marchita un poco más cada año, hasta que la inocencia original propia de la Navidad desaparece por completo, decapitada por la realidad. Cuando reflexiono en ello siempre recuerdo lo que me decía un profesor de marxismo: No sólo de pan vive el hombre, pero sin pan el hombre no puede vivir. Los críticos de la Navidad que se publicitan en medios de comunicación por lo general lo hacen en nombre de una moralina aburguesada, que invoca principios con demasiada facilidad, y con la misma se olvidan fácil de las personas de verdad. Por otra parte, se burla uno de la gente si se desprecian sus pequeñas alegrías, y esa burla es sangrienta cuando destruye las ilusiones de los niños. Así que ni condeno la Navidad ni la aplaudo, sino que trato de ver qué hay realmente en ella, no en su “mismidad” (término que me hace sonreír un tanto, y demasiado debatible), sino en lo que realmente vivimos en ella.

Navidad: La fiesta del estrés

Charles Chaplin, el genial comediante británico, odiaba la Navidad, según testimonio de su hija Geraldine. O tal vez no era que la odiara, pues que sepamos jamás levanto una palabra contra ella. Simplemente no le veía el punto a celebrarla, si no era por los niños. No la sentía su fiesta, y la veía tal como lo que realmente era, y es. Chaplin había surgido del fondo de la más podrida miseria londinense, y con seguridad de niño, en esos espantosos días navideños, recorría sin zapatos las calles y miraba las relucientes vidrieras repletas de juguetes y alimentos y golosinas que no eran para él. Y así conservó toda su vida esa general antipatía contra la Navidad, que marcaba con tanta efectividad las distancias sociales en las que había nacido. Eso nos explica en parte sus grandes preocupaciones sociales, a la vez que su desaforada capacidad de trabajo, una especie de juramentación personal de jamás volver a ser pobre. Y esto es tal vez lo más horroroso de la fiesta navideña, la institucionalización de la hipocresía social, a la que queramos o no quedamos expuestos en los días navideños. En el fondo, la mayoría de nosotros sabemos en nuestro interior que esta Fiesta no es nuestra, no nos pertenece, y lo único que nos crea son dolores de cabeza, estrés, empujones y la posibilidad de ser robados. Porque la Navidad también es época de ladrones y rateros.

El Cuento de la Navidad

Quizá la expresión literaria más impresionante de estas épocas del año sea el Cuento de Navidad de Charles Dickens, en su versión original, claro. Recordemos que, como a todo lo navideño, al Cuento de Navidad se le ha domesticado en sus mil y una versiones en cine y televisión, porque a fin de cuentas se trata de que haya audiencia televisiva o asistencia a los cines para que las ruedas de la economía sigan girando. Y eso, en sí mismo, no tiene nada de negativo, pues la gente debe trabajar para vivir. Pero Dickens era uno de esos moralistas de a verdad, que presentaba las inconsecuencias y falsedades del discurso navideño con suprema ironía social y con profunda fe en la realidad individual del hombre. Para él la Navidad no era solamente una Fiesta, era una oportunidad. Su Fantasma de las Navidades Presentes – el centro mismo de su Cuento – no es un edulcorado producto comercial, es un robusto personaje adornado de hojas de acebo, alegre y muy realista, metido en la fiesta hasta el tuétano, pero a la vez lúcidamente portador de terribles nuevas, expresadas en esos dos seres abyectos - la Ignorancia y la Necesidad - que cobija bajo su manto y que, en la escena más dramática de toda la obra, muestra al avaro Scrooge, restregándoselos en la cara y haciéndole saber que los grandes males de la miseria humana no se detienen porque haya Navidad, que la gente se sigue muriendo de hambre y de frío, y que el dolor sigue siendo la marca de la condición humana. El Fantasma, por otra parte, no es un amargado, pues después de todo la vida sigue, y sin olvidarnos de nada de lo negativo, nos podemos permitir, como decía San Agustín, hacer el loco una vez al año.

El mito de Santa Claus / Papá Noel

Las ruedas de la economía no funcionan bien aceitadas cuando la gente es consciente de lo que pasa, porque a fin de cuentas se trata de consumir y gastar, y los marketeros saben hace mucho que hacerlo inconscientemente redunda en más gasto. Surgen entonces los diversos recursos que el marketing ha ideado desde hace más de un siglo, y el más interesante para mí es el famosísimo Santa Claus, que por estas tierras llamamos afrancesadamente Papá Noel. Santa Claus pertenece a la Tradición Nórdica europea, aunque su base histórica – siempre hay quien la recuerda – es un Obispo del Asia Menor, hombre en apariencia de enorme caridad. El cómo un Obispo generoso se convierte en un personaje de fábula que vive en el polo Norte y recibe cartas con solicitudes de regalos es tal vez uno de los grandes ejemplos de cómo se forman los mitos a lo largo de la historia. Vale la pena examinarlo tal como realmente es: Santa Claus es realmente un premiador y castigador, no fue ideado como un tipo buena gente, y en algo se parece a ese Fantasma de las Navidades Presentes, que es posible incluso inspirara su creación a algún olvidado genio del marketing. El mito muestra que Santa Claus es una figura masculina dadora de obsequios a los niños que se han portado bien, se le nota claramente la imagen paterna introyectada y reforzada por su barba blanca, pues es un superpapá social. Y aunque es muy viejo, es también muy vigoroso, pues nadie puede recorrerse todo el mundo en una noche sin por lo menos tener fortaleza física. Es, además, CEO – Presidente del Directorio - de su propia corporación, con empleados, fábricas, líneas de producción y redes de distribución y ventas. Su contracción al trabajo la mayor parte del año justifica su situación de padre ausente, pues es un gran proveedor. De hecho es todo un Señor Capitalista, pero con principios morales pues. No creamos por ello que regala porque sí, el obsequio navideño está condicionado a tu conducta, es un toma y daca: Tú te portas bien, él te regala lo que le pides en tu carta. Cuando pones tus medias o calcetines en la chimenea lo haces con la esperanza de que en la Nochebuena Santa Claus te las llene de los obsequios que le has pedido. El mito original – convenientemente olvidado – dice que si te has portado mal, lo que encontrarás en tus medias será carbón. Y que me aspen, pero para mí está clarísimo que si tus padres son pobres lo que encontrarás será carbón, y eso quiere decir nada más y nada menos que solamente hay una falta imperdonable: La de no tener plata. He ahí para mí el verdadero mensaje navideño de Santa Claus: No hay más falta social que la de ser pobre. Te tocará el carbón.

Y he ahí porque no me gusta ni jamás me gustará Santa Claus ni todo lo que representa. Si creemos que la Navidad es una Fiesta del Amor, Santa Claus debería ser erradicado como representante de un deber-ser que de humano mucho no tiene. Prefiero cualquier otra contrafigura. La Tradición española, de la que fuimos herederos hasta que entró Estados Unidos con todo, nos presentaba a los Reyes Magos como los dadores de regalos, separando los regalos de la Navidad, y ello, tal vez, resultaba mejor. Pero lo cierto es que los Reyes Magos ya fueron.

La gran mentira

La Navidad, Papá Noel / Santa Claus, los Reyes Magos y todo eso. Tratemos de ver el asunto desde la perspectiva de un niño. Los niños, aún los hijos de padres que les pueden proporcionar una Navidad como debería vivir cualquier niño, pasan por un proceso que podríamos llamar de “desencantamiento”. Cuando eres niño y tienes presente toda tu inocencia - en el sentido verdadero de inocencia, es decir de ausencia total de malicia - puedes creerte que la Navidad es hermosa y disfrutar de los colores, la música y la alegría, porque eres inconsciente de que la vida puede ser hermosa y a la vez una carga atrozmente pesada. El Fantasma de las Navidades Presentes no ha llegado aún para recordarnos qué es verdaderamente la Navidad, si es que algo es aparte de ventas. El tema está en que empiezas a dejar de creértela cuando te enteras que Papá Noel / Santa Claus no existe. Y cuando ves que son tus padres los que te hacen los regalos, se produce una inversión de la visión que se tiene sobre la sociedad, de lo que “debería ser” idealmente, a lo que realmente “es”. Yo estoy casi seguro que el 90 % de los padres no tiene la más mínima idea de en qué momento sus hijos se enteraron que Papá Noel / Santa Claus no existe, y continúan dándole a la gran mentira como si nada hubiera pasado. De los niños, para bien y para mal, nada me sorprende, pero que los adultos continúen en estado de catatonia emocional navideña me implica que emocionalmente no crecemos y seguimos creyendo en pajaritos de colores. Es como si nos instaláramos emocionalmente en medio de la creencia / no creencia, como si en el fondo de nuestra alma siguiéramos creyendo que Santa Claus / Papá Noel existe, que nos hará justicia algún día y que Alguien se hará cargo de todo. No puedo culpar a nadie de tener creencias religiosas, la religión responde a una profunda necesidad humana, pero no puedo menos que recordar lo que decía Jesús – sí, ése, del que se supone celebramos su Nacimiento – que no se puede adorar a Dios y a Mammón – la plata, para los que no sepan. Un tercio excluido ético sobre el que vale la pena reflexionar en estas fechas.

La Navidad: Una oportunidad

Una visión desencantada de la Navidad, desprovista de ilusiones y pajaritos de colores es un producto no muy diferente del producido por cualquier otro desencantamiento, marca de esta época. Como adultos bien podemos asumirla de diferentes maneras, lo que es un producto aceptable de la postmodernidad. La Navidad puede ser asumida, como Charles Dickens vio con tanta claridad, como una oportunidad para cada persona. Tal vez no podamos poner las cosas en su sitio, pero siempre podemos intentarlo. Simpatizo con el hecho que se diga que no hay Navidad sin Jesús, lo prefiero con mucho a Papá Noel / Santa Claus, es mejor gente y después de todo es su Santo /Cumpleaños. Si ya eres agnóstico o incluso ateo, siempre puedes disfrutar el día. Si estás preso del estrés y de la angustia navideñas, siempre puedes librarte algo de ellas y pasarlo como mejor puedas, así no tengas plata.

Colofón

En el transcurso de mi vida he tenido que trabajar Nochebuena y Navidad muchas veces, y por ello me siento solidario de aquellos que tienen que hacerlo, en especial cuando están concentrados en el servicio a otras personas. Creo que la Navidad consiste básicamente en la Solidaridad, en el tratar de no ser felices nosotros solos. En ese sentido la canción de Navidad que más me gusta es la de Perales: “Navidad, Navidad / en la nieve y la arena. / Navidad, Navidad / en la tierra y el mar.”, que me hace pensar en los marineros, los policías en servicio, los bomberos, los médicos y enfermeras, los telefonistas, vendedores, personal de aeropuertos, restaurantes y hoteles, todos los que con su trabajo constituyen parte esencial de una vida civilizada, y cuya labor muestra en tiempo real la solidaridad entre los seres humanos. Y es así como dejo mi saludo navideño a todos mis lectores, en especial a los que tienen que trabajar esos días, deseándoles que puedan construir una Navidad que sea algo mejor que lo que existe, en la que podamos construir un significado que valga la pena. Y punto.


lunes, 12 de diciembre de 2011

CONTRA EL SENTIDO COMÚN EDUCATIVO


“Hacer de las escuelas espacios amables” (Manuel Abugattás)

“Es muy sencillo confundir un plan de mejora de servicios con un programa de reforma estructural de la escuela. El primero puede darle a las escuelas ciertos estándares de calidad de atención de los que ahora carece y que están en línea con las expectativas de todos, pero sin poner en riesgo necesariamente el corazón de la organización escolar, es decir, el aula y sus procesos pedagógicos convencionales.” (Luis Guerrero)


Trazando una ruta para reformar la escuela

Acabo de leer el extenso artículo de Lucho Guerrero Reforma de la escuela: Trazando una ruta, en su Blog El Río de Parménides, y estoy francamente impresionado por su claridad expositiva y el orden de las propuestas presentadas, que denota profunda reflexión e inmersión absoluta en el tema. (El link es http://elriodeparmenides.blogspot.com/2011/12/reforma-de-la-escuela-trazando-una-ruta_12.html). Se justifica por lo tanto reseñar, resaltar y comentar el contenido con el fin de extender a la sociedad sus preocupaciones básicas, y colaborar con el propósito confeso de cambiar el retorcido sentido común existente alrededor de la escuela y sus objetivos. Quizá es en el terreno pedagógico en donde los educadores estamos más de acuerdo entre nosotros, pero curiosamente más en desacuerdo con el entorno social, de modo que chocamos fuertemente con ese sentido común en el que se apoya la inercia educativa que deja que algo cambie para que todo siga igual.

Sociedad y Educación

El consenso en la necesidad del cambio educativo es absoluto, pero cuando escuchamos a diversos actores sociales – no educadores -, y no necesariamente de los menos capaces, sorprende lo conservador y lo reactivo de sus puntos de vista al respecto. Pareciera que el juego de posibilidades educativas alternativas que piensan siempre mirara nostálgicamente al pasado, y casi siempre se reduce a exigir más disciplina – entendida autoritariamente como contención -; recuperar ciertos cursos que se supone no se dictan; criticar y condenar ciertos contenidos de los textos; y desear recuperar una erudición propia del Renacimiento y la Ilustración, que identifican como aprendizaje. A veces encontramos preocupaciones más prácticas, como la de las competencias, habilidades y actitudes vinculadas al mundo del trabajo, casi siempre contrapuestas con el tema del Trabajo Infantil, de modo que casi parece que si Educas para el Trabajo lo fomentas. A estos temas y a dar vueltas alrededor de los mismos se reduce la mayor parte de las veces lo que dicen líderes de opinión, lo que el periodismo comenta y lo que la opinión pública trata. Otras veces se ha orientado la discusión a fintas políticas, como en el caso de los Colegios Mayores, la Alfabetización y la Municipalización. Invariablemente se ha presentado cada cambio educativo como “El Gran Cambio”, cuando a lo sumo eran parches destinados a hacerle creer a la gente que algo se hacía respecto al tema. Se peca por superficialidad y prejuicio, y tanto actores sociales como líderes de opinión y periodistas ven estos y otros temas como opuestos mecánicos, cuando lo son dialécticos, esto es, la resultante que les da solución no es comprometerse con uno u otro extremo, sino con una combinación dinámica de ambos. Como señala Guerrero muy acertadamente, mucho se ha investigado y mucho se sabe en Educación que no se ha traducido en un sentido común, que hoy en día es indispensable rebotar hacia la opinión pública, y por lo tanto ni los temas son esenciales ni los opuestos son tales, y por ende la confusión más grande reina en la sociedad en lo que a temas educativos se refiere.

La escuela como sistema social

Señala Guerrero, siguiendo a diversos autores, que la Escuela es básicamente un sistema conservador que tiene por fin formar personas para lograr un determinado perfil. Añadiremos que dicho proceso se dirige a retransmitir a la siguiente generación contenidos culturales considerados valiosos socialmente. Este sistema, para cumplir con su finalidad, se subdivide a su vez en cuatro subsistemas, que poseen a su vez su propia dinámica de autoconservación. Una adecuada comprensión del problema educativo mira a todos los subsistemas, aunque tratándose de resolver problemas educativos, trata de encontrar el subsistema que se considera decisivo y focal para poder aspirar a soluciones; y ordena a los demás subsistemas en función de este. Trátase de evitar echar Vino nuevo en Odres Viejos, y por eso hay que acomodar a los demás subsistemas para evitar que al final la Inercia educativa “normalice” y “amaestre” los cambios y los convierta en simples soportes de lo mismo de antes.

El corazón de la escuela: El aula

El problema fundamental es que los alumnos logren aprendizajes, no que los docentes enseñen. Esto se supone ocurre en el “aula”, aunque quizá no debiéramos entender el “aula” como espacio físico, sino más bien como espacio emocional. El problema esencial entonces son las relaciones que se establecen en el aula entre docentes y alumnos, y los objetivos que pretenden. Si el objetivo fundamental del docente es cubrir sus horas y completar una currícula estamos perdiendo de vista lo fundamental: Responzabilizarse del aprendizaje, aceptar al alumno en su integridad humana y con toda la diversidad que presenta, y fomentar la creatividad. En consecuencia hay que desterrar del sentido común la curiosa idea de que el aprendizaje ocurre automáticamente exponiendo a los alumnos a ciertos contenidos. El aprendizaje es algo que se hace, no que es otorgado, a no ser que pretendamos únicamente formar chimpancés que marquen el paso, cosa que en época de alta tecnología y complejos requerimientos laborales más nos valdrá no intentar. Pero la gente sigue creyendo que aprender es marcar el paso. Necesitamos un esfuerzo grande para meterle en la cabeza a los líderes de opinión y a los medios de comunicación lo que sabemos que el Aprendizaje es y que no es, cómo se logra y cómo no se logra.

Es preciso meter en el sentido común que el paporreteo individual NO es aprendizaje, es paporreteo; que el trabajo colaborativo y la investigación en el aula son más importantes que repetir de paporreta los 52 valles de la costa peruana o los oficiales del Huáscar; que la evaluación cualitativa de los logros de aprendizaje es muchísimo más efectiva y adecuada que la vetusta evaluación en base 20; que no es tiempo perdido que los profesores diagnostiquen a sus alumnos ni que discutan, colaboren y coordinen entre sí, y por lo tanto que remunerarlos únicamente de acuerdo a sus horas dictadas u obligarles a saltar de colegio en colegio para poder tener ingresos más o menos dignos atenta contra la calidad educativa. Y eso significa revalorar y reforzar la profesión docente, a contracorriente de lo que se le ha metido a la gente en la cabeza durante muchos años.

Gestión para el Cambio

Si los Directores y gestores no se compran este pleito, será Vino Nuevo en Odres Viejos otra vez. Santo y bueno es que sepan manejar sus instituciones, pero esto no funcionará si no se comprometen con los cambios necesarios en el aula y los lideran. Hay que meterle en la cabeza a la Opinión Pública que los Directores deben formarse como Gestores Educativos e incluso Culturales; que un Director de Escuela es tan importante por lo menos como un Gerente de Empresa, y por lo tanto debe ser adecuadamente seleccionado e incentivado institucionalmente; que tiene que haber muchos modelos de gestión que respondan a las características distintivas de las sociedades nacionales, porque no es igual Comas que el Altiplano; que el Director no es un Dictador que hace lo que le viene en gana, sino que debe coordinar con sus pares para formar redes que compartan recursos, y a la vez debe pensar y actuar participativa y autoevaluativamente en su Institución; y además que debe plantearse estándares de calidad basados en los criterios nacionales e internacionales al respecto. Nada de esto es fácil meterlo en la Opinión Pública, y requerirá de un esfuerzo específico.

Escuela amable, acogedora, inclusiva, motivadora

Esta necesaria reforma se refiere, como dice Luis Guerrero, a los patios y pasadizos de la escuela, es decir al Clima Institucional. Todavía muchos creen que la formación, los desfiles, el silencio sepulcral, son caracteres que las escuelas debieran tener, que tienen peso pedagógico y que enseñan algo. Hay que meterle en la cabeza a la gente que el orden no es silencio, que la disciplina no es desfilar, que los alumnos no son reclutas ni monaguillos, y que la convivencia se basa en el respeto mutuo, la ausencia de prejuicios, la inclusión y la confianza en que nuestros niños y niñas son capaces de aprender sin necesidad de amarrarlos ni castigarlos como principio. Todo esto significa además que una escuela que practica el bullying – que prefiero llamar castizamente matonería – con sus profesores y padres de familia no puede pretender erradicarlo de entre los alumnos, porque el bullying se filtra en medio de las prácticas que se hacen o dejan de hacer dentro de las escuelas mismas. Erradicar el bullying no será, por lo tanto, cosa de meter militares en las escuelas ni de “contener” reactivamente. La necesidad de especialistas que acompañen a los docentes en el devenir del aprendizaje es imperativa, ya demasiado se les exige sin proporcionar instrumentos para que lo hagan. Y también debe erradicarse del sentido común que el alumno es un ente receptor sobre el que se actúa, una especie de robotito al que hay que formatear, sin considerarlo como el ser humano que es, lo que implica que debe participar y tener sus organizaciones para que pueda aprender a convivir más efectivamente.

Alianza entre la escuela y el entorno

El conflicto existente entre los diversos actores de la educación debe ser confrontado en base al logro previo de consensos. Creemos que mucho se ha avanzado al respecto en los últimos años, pero sin embargo aún los medios hacen noticia de una toma de escuela por conjuntos de padres de familia que representan muchas veces intereses de parte, y no presentan las muchas experiencias positivas al respecto que deberían ser más conocidas y difundidas. El problema está aquí, a mi entender, más en los medios de comunicación, que prefieren muchas veces buscar el cadáver como aves de rapiña que en la escuela misma. Pero aún así la escuela y sus soportes deberían orientarse mucho más a meterle en la cabeza a la opinión pública que es necesario renovar y reformular el pacto entre las familias y las escuelas, y que si éstas se comprometen con el aprendizaje, la diversidad y la creatividad, aquella tiene que comprometerse también con ellas. Que la educación no es cosa solamente de la escuela, sino de la empresa, la familia y las demás instituciones de la comunidad tendrá que introyectarse en las mentes de la Opinión Pública. Y sobre todo, y quizá más importante, que lograr el Cambio no es fácil, y que todo el mundo tiene que meter el hombro, y durante bastante tiempo.

Colofón: Pacto para Cambiar el Sentido Común

He tratado de reseñar, resumir y orientar hacia el tema de la Opinión Pública las claras reflexiones de Luis Guerrero. Me sumo así al esfuerzo, y espero que todos los que tienen que ver con la educación metan la cuchara, y como todos tenemos que ver, pues todos tendríamos que participar, cada uno desde su particular interés y su particular sesgo. Pero lo que no creo esté en discusión es que cuando se trata de la Opinión Pública, se necesita que los medios de comunicación se compren el pleito de cambiar el sentido común educativo. Se empieza por lo pequeño y se sigue hacia lo grande. Sabemos que muchos ya están comprometidos, y felicitamos los esfuerzos. Las autoridades educativas están en la obligación de meterle punche al tema, dejar un poco la paz académica, salir al gran público y asumir un verdadero Liderazgo, en especial porque hay cómo. No es, como dice Guerrero, algo que se hará en seis meses. Se impone un Pacto para Cambiar el Sentido Común. Lanzamos la Idea, y esperamos vivir para verlo. Punto por ahora.

domingo, 11 de diciembre de 2011

LA GUARDIA DE SÓCRATES


“Es un error capital teorizar sin datos” (Sherlock Holmes, personaje de Arthur Conan Doyle)
“¿Quién vigila a los vigilantes?” (Juvenal)

Sismo político

El sismo político producido ayer sábado es sumamente interesante. Si un terremoto pudiera planificarse, no podría haberse planificado mejor de cara a los actores políticos. Los medios de comunicación fueron cogidos de sorpresa, porque nadie se espera que algo realmente serio pase un sábado por la noche. Los apresurados artículos y birlibirloques sacados de la manga por el periodismo este domingo, y los diversos intereses en juego presentado así lo demuestran. Muchos no sabían qué estaba pasando, y trataban de ponerse al día de los acontecimientos a toda turbina. Lo cierto es que la renuncia de Lerner se veía venir, y las sorpresas no vienen tanto de ese lado, sino de la forma, de los discursos, de los cambios y de las personas que los ejecutarán. Este sismo ni tiene tantos grados en la escala de Richter, ni tantas ondas longitudinales como a los catastrofistas les gustaría. Apenas un remezón que asusta, pero no destruye.

Pero para algunos sí. Las cabezas que ruedan y dejan regueros de sangre por las paredes de asesorías y ministerios perciben fuerte el sismo, pero esa es una percepción de parte, si bien convenientemente aireada. Los del otro extremo se congratulan de las destrucciones producidas, ya habían vivido su propio sismo antes, en todo caso. Era más que obvio que tarde o temprano el oficialismo tenía que hacer exactamente lo mismo que hicieron sus homólogos del continente, que es darse el espacio para gobernar, y por eso deberíamos tratar de ver el asunto en un contexto más amplio. Las formas y los resultados suelen ser diferentes. La extrema izquierda se equivocó al tratar de forzar la mano cuando se imponía por su propio peso una política bastante menos chabacana. La extrema derecha trata, y seguirá tratando, de recuperar todos los resortes del poder que pueda, y por supuesto recargará las tintas en la “inestabilidad” y el “fracaso”. Titulares bacanes, grandes chichones y poco más.

Cometer seppuku

El seppuku o harakiri es una costumbre que, en pocas palabras, se produce cuando alguien, por honor, se suicida. La extrema izquierda no aceptó el papel subordinado que le tocó, y sintiéndose llamada a destinos más altos, sacó al fresco sus cuadros y, tal como en el arequipazo de la época de Toledo, trató de imponer sus condiciones. No me meto con la justicia de la causa, que Dios defiende, solamente con la parte política del asunto. Tratóse de empujar al gobierno hacia la izquierda, basándose en los cuadros de izquierda ya instalados en él, y la maniobra salió cuadras. El cálculo resultó erróneo desde todo punto de vista, lo que podríamos atribuir a la entusiasta contemplación del propio ombligo de parte de ciertos personajes y comisiones políticas. Ni el tiempo era el adecuado, ni la correlación era favorable, ni las experiencias anteriores en otros países mostraban éxitos en este aspecto. Que un extremo del espectro político le entregue el poder al otro ha ocurrido antes. Cierto es que la convivencia entre diversos sectores en el Gabinete tampoco fue que trajo la solidez necesaria. Así que cuando se habla de “ajuste”, no parece ser una finta.

El arequipazo de tiempos toledistas trajo como consecuencia un debilitamiento general del gobierno durante la época de Toledo. Ese debilitamiento lo provocó la izquierda incendiaria y lo usufructuó la derecha congelada. Un gobierno débil es un riesgo que el Presidente Humala no puede correr de ninguna manera, si pretende lograr lo que se propone. Y así, cuando la extrema izquierda trata de empujar el asunto hacia un lado, lo único que podía ocurrir era que el hombre se plantara sobre el sitio y exactamente eso ha hecho. No falta quien le proponga al Presidente la alianza con el fujimorismo, derecha congelada aspirante a representar a toda la derecha, y ahí el riesgo de caerse al otro lado es real aunque improbable. No creemos que esto pase, pues no faltan actores políticos muchísimo más potables, adecuados y realmente aportantes. Juntarse a la derecha congelada no tiene sentido ni siquiera cuando hace calor. Se muere uno igual en el desierto del Sahara que en la Antártida. Si hay que salirse de los trópicos políticos no hay necesidad de dirigirse a las regiones polares. Hay espacios mucho más templados, y el costo político nos parecería funesto para la gobernabilidad.

La Guardia de Sócrates

No vamos, como nuestro héroe Sherlock, a teorizar sin datos. A estas horas no sabemos quienes conformarán el nuevo Gabinete, dato que nos dará en parte la conformación del nuevo tablero, quienes se van, quienes se quedan, y por qué se fueron unos y entraron otros. Habrá seguramente hartos rumores hoy hasta que se sepa la composición del Gabinete, la mayor parte serán especulaciones dirigidas a imponer agendas. Pero lo básico a estas alturas ya se sabe, y sobre el detalle diremos algo más, una vez que sepamos quienes ejecutarán. Como es obvio, las políticas económica y de inclusión social – columnas gemelas de la política de este gobierno – se sostienen, y el tema no está en su sentido, que a estas alturas está muy claro, sino más bien en el cómo garantizar que estas columnas se sostendrán sin ser remecidas desde la izquierda y la derecha del espectro político, en especial mirando hacia la crisis mundial que se avecina. Y aquí pareciera que la tesis de los “guardianes socráticos” resulta importante, al tratar de crear una base para apuntalar el edificio de los próximos años con esa dicha tercera columna.

(Paréntesis: No dejó de causarme gracia que en la noche del sábado algunos supuestamente muy cultos periodistas preguntábanse hasta por el túiter qué era eso de los “guardianes socráticos”. He notado que muchos periodistas son terriblemente petulantes y que aceptar en público que exista un tema del que no saben, o que no encuentren fácil en wikipedia, pone frenético a algunos. Nosotros, que no somos periodistas sino docentes, menos mal no tenemos que hacerle creer nada a nadie, qué alivio. Nosotros cuando sabemos, sabemos, y cuando no sabemos, pues no sabemos, y por eso aprendemos. )

El Discurso del Presidente en Ayacucho por el Día del Ejército – 9 de Diciembre, aniversario de la Batalla de Ayacucho – y la repentina renuncia del Premier Salomón Lerner tienen así evidente relación. La apelación del Presidente al tema ético-moral está definido sin duda por la política de coyuntura, pero obedece también a una estructura mental del cómo enfrentar los problemas políticos. No deja de tener cierto valor establecer criterios éticos en los temas políticos. Para los que no sepan – que no es un crimen no saber, lo es quedarse en la ignorancia – los guardianes socráticos a los que el presidente aludió pueden encontrarse en uno de los Diálogos más conocidos del filósofo griego Platón, “La República”. Me dirán que en ese caso son platónicos, pero lo cierto es que Sócrates, que no dejó nada escrito, es conocido por su discípulo Platón, que sí escribió haciéndolo el protagonista de sus Diálogos. Podemos discutir hasta la saciedad la influencia de uno sobre el otro, o la fidelidad de Platón al transmitir las ideas socráticas, pero eso no viene al caso ahora.

Quién vigila a los vigilantes

El Diálogo “La República” ha levantado muchísimo debate, porque para algunos es epítome del buen orden político que garantiza la gobernabilidad, mientras que para otros es la peor de las dictaduras posibles, dada la eternización de una estructura social congelada, que incluye la clase de los Guardianes. Llama la atención que estos Guardianes que sostienen las estructuras del Estado en funcionamiento sean los que gobiernan, pues por sus características solamente ellos poseen las condiciones éticas necesarias para percibir y querer el interés común de todo el Estado. Solamente así me parece se puede entender la alusión del presidente al Servicio Militar Obligatorio. Puede que no nos guste la idea, pero lo cierto es que si para alcanzar la condición de la ciudadanía hay que pasar por la milicia, hay un curioso elemento democratizador presente.

Los Guardianes, además, poseen los atributos del filósofo en la medida que por sus características son los que reflexionan más a profundidad sobre el Estado, motivados por su exclusivo interés en su defensa y permanencia. Esto es arriesgado, pues puede confundirse fácilmente la posesión del garrote con la de la razón. Otro rasgo interesante de los Guardianes es que, según Platón-Sócrates, no deben tener acceso a la propiedad privada, ni a la familia, y es bastante obvio que en la actualidad las Fuerzas Armadas son lo que más se parece a esta Guardia de Sócrates, en la medida que sus intereses familiares y pecuniarios están subordinados a – y cito al presidente – la Disciplina Militar. La apelación a los valores morales de los guardianes corresponde, por supuesto, al mundo platónico ideal, pues el pensamiento político griego clásico buscaba en medio de sus crisis políticas grandes sistemas ideales que resolvieran de una vez por todas los graves problemas que afrontaban. Los romanos no eran tan buenos teóricos como los griegos, pero sí políticos mucho más prácticos y sutiles, y en evidente sarcasmo y cachita dirigidos a Platón, el poeta latino Juvenal preguntaba con sorna: Quis custodiet ipsos custodes? Es decir ¿Quién vigila a los Vigilantes? Si bien Platón presupone que ellos se vigilarán a sí mismos, estamos ante un tema político de grandes proporciones.

Guardianes y Conflictos Sociales

El tema de cómo afrontar los conflictos sociales, en relación con el tablero político y las estructuras de poder realmente existentes, resulta en un tema de realpolitik. Sin embargo, muchos actores políticos los tratan como si fueran una cuestión ideológica. Las estructuras políticas se construyen en base a la sucesión de coyunturas, y representan los tiras y aflojas entre el programa – la Hoja de Ruta – y el estado del tablero político en el corto y mediano plazo. No hemos aprendido aún a hacer política realista y conveniente, realmente pragmática. Desde una perspectiva ciudadana aún estamos tratando de empujar las cosas sin considerar el entorno político, siguiendo más al propio hígado que al conjunto de lo que existe. Las interacciones hepáticas han terminado por producir el conjunto de torpezas políticas que nos ha llevado a este punto.

Nuestro orden constitucional es claro: El Jefe de Estado lo es también del Gobierno. La Gobernabilidad es su chacra, y por ello delega funciones, no responsabilidades. El Presidente del Consejo de Ministros posee gran importancia, después de todo el Jefe del Estado lo convoca como el Gran Coordinador de sus Políticas, pero es obvio que si las Políticas que el Jefe del Estado pretende ejecutar no se ejecutan o se ejecutan de una manera que no le parece, pues tiene la libertad de decidir el cambio, en especial cuando la realidad lo empuja. Contrario sensu, el Premier puede renunciar, precisamente por estar en desacuerdo con esas políticas o el modo de implementarlas. Los conflictos sociales no se afrontaron debidamente pues un gabinete arco-iris no luce tan funcional como parecía al principio. Introduce así el jefe del Estado un tercer actor, que a algunos puede que les guste más que a otros. Pero que lo mete, lo mete. Creo que más no podemos decir por el momento. Veremos cómo se desarrollan los acontecimientos. 

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viernes, 9 de diciembre de 2011

ESCLAVOS DE LA COMPUTADORA



“Yo, como un lobo, / mordería al burocratismo / a las credenciales, / no les tengo respeto” (Vladimir Maiakovski)
“Las organizaciones gastan millones de dólares en firewalls y dispositivos de seguridad, pero tiran el dinero porque ninguna de estas medidas cubre el eslabón más débil de la cadena de seguridad: la gente que usa y administra los ordenadores.” (Kevin Mitnick, el ya no ya de todos los Hackers)

Estoy seguro que debo haber sido realmente un mal tipo – o tipa, concesión de género - en una o varias de mis vidas pasadas. Algo debo estar pagando que no me sé, porque de otro modo no me explico el porqué el tiempo, la voluntad y el humor de uno deben terminar a merced de esa condenable y omnipresente gavilla de asaltantes de corbata y traje sastre con licencia para matar, combinación de burócratas y operadores de sistemas de computación. Aprovecharé de una reciente experiencia personal para tratar del tema.

Primero, la experiencia

Tenía que hacer una gestión en un organismo público que me sé pero que me callo, porque los elefantes son famosos por su memoria, y odian con odio jarocho. Digamos que en estos días estaba en la penosa obligación de dejar por una mañana mi eterna búsqueda de alguien que me pague por lo poco que sé hacer, para tramitar un papel que no sería útil más que para emplearlo en el baño, pues no sirve absolutamente para nada más, aunque igual alguien lo exige para poderlo archivar. El organismo de marras, en cuyas garras caí, resultó bien poco amigable. Su página web era un monumento a la ambigüedad, y ello me obligó a ir para ver si podía poner en claro qué demontres tenía que hacer para finiquitar mi trámite.

Llegué al local, cuyas pizarras informativas poseían la virtud de dejarlo a uno más en la calle que antes. Miré a mi alrededor suplicando al cielo por orientación. Encontré dos posibilidades: Un bonito Nacimiento y los vigilantes, que por esta parte del camino llamamos huachimanes. A ninguno de los dos les correspondía orientarme, pero debo decir que tanto el Niño Jesús como los huachimanes fueron muy amables y estaban más al tanto de lo que pasaba que los Burócratas del sitio. Por otra parte el lugar tenía su gracia: Cajas y cajeros para recibir documentos y plata repletos de gente haciendo cola, y ventanillas sospechosamente vacías de gente, donde se entrega el resultado de los trámites. En una mesa hay rumas de formatos de solicitudes, cuya utilidad era perfectamente desconocida para el común de las gentes, que los tomaba y observaba con ceño fruncido, esperando que baje la inspiración divina para entender para qué sirven y cómo se llenan. Otros estantes adosados a la pared se supone eran para escribir sobre ellos, aunque los lapiceros no tenían tinta, y el espacio era tan reducido que una sola persona lo copaba. Había un individuo, de funciones indefinidas, que revisaba los papeles, musitaba para sí un “está bien” y le ponía un sello a las solicitudes. A su lado, una pantalla de computadora, de función decorativa; y al frente una fila de personas con cara de apúrate que tengo qué hacer. Algo más allá la Virgen, San José y el Niño Jesús nos miraban conmiserativamente desde el coqueto Nacimiento – es época de Navidad – al que ya me referí. Por cierto, no veo el punto de poner Nacimientos en las entidades públicas, a no ser para mostrar la fe de los trabajadores en el Más Allá, o sacarle cachita al resto que no recibe gratificación navideña. Pululaban en el local varios huachimanes, dedicados a vigilar, y de paso a orientar al respetable. Cuando veo eso se me paran las antenas críticas y antiburocráticas, porque si una institución requiere de sus huachimanes que orienten al público, algo anda realmente mal en la administración de esa Institución.

Se cayó el sistema

No, no es el sistema neoliberal, es la red cibernética. Creo que muchos hemos padecido esa experiencia. Bueno, ocurrió esta vez. La situación, que no pintaba demasiado bien en circunstancias normales, pintó peor cuando un murmullo se extendió irreprimible a lo largo de las colas: “¡Se cayó el sistema!”, “Cómo sabe”, “Mire hacia allá” dijo una señora pechugona, de anteojos y con evidente y amplia experiencia en las cosas de la vida, señalando con un movimiento de cejas a los jóvenes burócratas tras sus ventanillas, con los brazos cruzados y la mirada perdida. Momentos más tarde aparecieron esos odiosos y antipáticos letreritos: “Ventanilla cerrada. Mi compañero lo atenderá”. Por cierto, esos compañeros deben estar en el chifa de la esquina, porque yo por lo menos no vi ninguno.

Las gentes se soliviantaron. Quiso la mala suerte que justamente en ese momento, por alguna razón que no llegamos a colegir, pero que podíamos sospechar, una señorita se molestara enormemente con la burocracia, que no resolvía un tema de esos que solo requieren de sentido común, pero que no se resuelven porque el burócrata es feliz cuando puede decir no. El tema era gordo y trajo consecuencias, pues la señorita en cuestión abandonó el local cual furioso meteorito, no sin antes emprendérsela con el Nacimiento. No sé yo si el Niño Jesús, la Virgen y San José tengan alguna culpa de lo que los burócratas hacen o dejan de hacer, pero lo cierto es que los tres, junto a la vaca y el burro, terminaron destrozados en el suelo. La gente se sonrió, entre comprensiva y solidaria, deplorando que la Sagrada Familia pagara por algo en lo que no tenía responsabilidad. Mientras, los huachimanes repartían papelitos con números para cuando “el sistema volviera”, cosa que puede hacerse esperar tanto como la Segunda Venida de Cristo.

Esclavos de la computadora

Empecé a hacer preguntas. Eso de ver a los jóvenes burócratas incapacitados completamente para algo más que sacarse brillo a las uñas cuando “el sistema se cae”, encendió apasionados debates en la cola. Algunos lo atribuían a simple estupidez generalizada. Otros lo referían a una eventual relación con los antepasados, en particular la madre. Como yo tengo mi experiencia – trabajé en un banco en la época en que las computadoras aún no habían sustituido completamente a la gente – me llamó la atención que los funcionarios no estuvieran autorizados a recibir dinero. Como en los Bancos, uno puede recibir el dinero, sellar lo necesario y luego, “cuando el Sistema vuelva”, ponerlo al día. La plata entra, la gente sale, menos bulto es más claridad, y todos felices nomás con un poco más de chamba. Pero parece que los jóvenes burócratas no parecen tener autorización para hacer nada al respecto. Esto expresa una general desconfianza de los Burócratas al Mando frente a los Burócratas Pichiruchis, probablemente por ser los pichis contratados a través de empresas de servicios, igual que los huachimanes. Solamente eso puede explicar que se les controle “en tiempo real”. Veamos algunas implicancias:

-          Desconfianza ético-moral: No hay garantías de que un Burócrata Pichi no se levante en peso la plata que recibiría y tal vez algunos millones más. La miseria que se le paga a los semitrabajadores de las empresas de servicios parece hacerlos sujetos de sospecha. Esto bastaría para eliminarles toda traza de toma de decisión y justifica que los Burócratas Al Mando no le den mayor peso al problema.
-          Desconfianza institucional: Observé que los “cajeros” no sabían mucho más que decir que faltaba una tilde o una coma en los formularios que se les presentaba, y enviarlos de nuevo al fondo de la cola del supuesto “orientador”, sí, ese de mirada perdida que ponía sellos y que no orientaba nada. Los trabajadores no parecían mostrar habilidades particulares para resolver problemas, es decir, y de acuerdo a mi larga experiencia en todo el territorio nacional, se espera de ellos sola y únicamente que repitan movimientos como chimpancés, y que no piensen, porque eso es un riesgo, no vayan a formar sindicatos.
-          Desconfianza cognitiva: Los Burócratas Pichis parecían bastante incapaces de hacer cálculos y razonamientos por sí mismos. Esto se patentizó cuando, según se dijo, “volvió el sistema”, lo que se reflejó en la apertura de una sola ventanilla dos horas y media después de “la caída”. Esto, que entusiasmó por un momento a los sufridos portadores de papelitos, implicó la reapertura de una sola de las cuatro ventanillas, donde el sonriente Burócrata Pichi recibía la ayuda de los otros cajeros. Considerando que se demoraron, entre los cuatro, cuarenta minutos más en atender a una sola persona, esto parecía una finta para hacernos creer que algo se hacía, o, como era más probable, que entre los cuatro no conseguían hacer lo que hacía la computadora.

Se imponía la comparación con los remotos tiempos – 20 o 30 años atrás – en que los cajeros hacían una respetable cantidad de operaciones sin computadoras. Se requería know-how, es decir, un conjunto de actitudes, habilidades y entrenamiento; y los trabajadores no eran, como hoy, piezas intercambiables. Es indudable que las computadoras son extremadamente útiles, pero ello implica que el trabajador sabe lo que está haciendo con ellas. Si no es así, simplemente es un implemento adosado a ellas, cuyo objetivo básicamente es la digitación, habilidad al alcance de cualquier ser vivo con dedos. La única cosa que podría justificar el hecho es el costo: Un trabajador no calificado cuesta menos que uno calificado. Y un chimpancé costaría menos aún, pero habría que traerlos del África, lo que tiene su precio; pues los monos tití de nuestra Amazonía, aparte de conflictivos y poco serios, tienen muy pequeñitos la cola, los dedos y el cerebro.

Analfabetismo cibernético

Se supone que el Facebook, el Twitter y el Youtube no son más que entretenimientos, y no de los más sofisticados precisamente. Hay cuestiones técnicas básicas sobre las computadoras, los sistemas y los programas que se supone los operadores deberían conocer. A nosotros, los de la cola, maldito si nos importaba la cosa, pero en estos días incluso en una cola siempre hay por lo menos un Ingeniero de Sistemas. Éste empezó a hacer penetrantes preguntas sin mostrar ni rastro de misericordia. Por cierto, como los Burócratas estaban convenientemente aislados detrás de su bunker de plástico semitransparente de la creciente furia homicida de los usuarios, el Ingeniero de Sistemas resolvía ese problema haciendo sus observaciones con una discreción tal que se le podía escuchar a 700 metros a la redonda. Recojo algunas de las cosas que me pareció entender: Si el sistema ha vuelto, ¿Por qué solamente abren una ventanilla? ¿Y porqué tarda cuarenta minutos en cargar? ¿Nos toman por idiotas? ¿De cuándo acá las caídas de sistema afectan la recepción de dinero? ¿Creen que estamos acá tres horas por pasatiempo? ¿El sistema solamente funciona en una computadora? Y patatín.

Los recursos de la Burocracia

Hoy en día las fintas que se hacen para justificar la desidia y el absurdo son cada vez más obvias para los usuarios. Un parlante extraordinariamente mal ubicado, pues los de las colas no lo podíamos oír, aunque sí percatarnos de que algo sonaba, informaba infructuosamente a la gente de lo que ya sabía, esto es, que el sistema “se había caído”. Una televisión supuestamente dedicada a distraer a la gente – la estrategia de la cortina de humo no es solamente cosa de los grandes medios – trataba de entretener presentando un documental de PROMPERU de fomento del Turismo Interno, que mostraba una hoguera encendida por un grupo de alegres asháninkas vestidos con sus trajes típicos. Presentar la hoguera resultó una malhadada idea, pues empezó a proporcionar algunas desagradables ideas a algunos usuarios, y el tono bromista iba desapareciendo a ojos vista, convirtiéndose en algo un poquito más serio.

Cuando la cola empezó a moverse, tres horas y cuarto después de “la caída”, el huachimán de turno no tuvo mejor idea que dejar pasar primero a los clientes de la Atención Preferencial, no los de nuestra cola de tres horas y cuarto, sino los recién llegados. Dios sabe que no tengo nada contra los ancianos, las personas con discapacidad y las damas en estado interesante, pero los que hacen esa cola no siempre son los que realmente lo necesitan. El público de la cola de tres y cuarto horas, en especial los que deberían estar en la cola de Atención Preferencial, y no estaban, reclamó. Como ocurre con todo conflicto social, la autoridad saca ventaja de enfrentar a unos con otros, y las energías que se dirigían peligrosamente contra la Burocracia, derivó hacia saber quiénes debían o no hacer la cola de Atención Preferencial. En fin, tras un largo y aburrido proceso llegué a la ventanilla, gracias a que el número 11 en mi papelito resultó ventajoso, pues varios de los que estaban delante de mí habían hecho abandono de la cola en ese periodo.

Alcancé, pues, la ansiada ventanilla. Y resultaba que tras tres horas y media de una mañana en la que podría haber hecho algunos centavitos, que bien me hacen falta, la Burócrata Pichi dedicó su indudablemente valioso tiempo en indicarme que debía volver al fondo, volver a hacer mis formularios, retornar a la revisión de los ojos vacunos del “Orientador”, y volver a hacer mi cola. En general creo ser persona de buen natural, que no aspira a hacerse más líos de los necesarios, y que trata siempre de ver los dos lados de toda cuestión que se presente, pero a veces se me calienta la jora, se me sube el indio y me arranco con una de esas que ni una división panzer. Como hasta el huachimán se moría de risa, yo me iba poniendo más colorado que tizón del infierno y más amargo que Angostura. Mi voz, naturalmente alta, se elevó ligeramente. Con esa delicada voz con que la madre natura me dotó, manifesté asertivamente mi opinión sobre la Institución, la Burócrata, la mañana desperdiciada en trámites estúpidos, y el clima; y hasta el Ingeniero de Sistemas, que continuaba su perorata,  se volteó a ver en qué terminaba esto. La Burócrata Pichi miró hacia afuera y halló tres docenas de miradas asesinas: Me miró a mí, y debo haber tenido cara de destructor de Nacimientos Navideños, pues ella misma le pidió al huachimán que trajera otro formulario, lo llenó, y me lo dio a firmar. Lo hice, pagué, me sellaron el papel, y me fui echando chispas.

Colofón

Encuentro en esta experiencia una muestra más del analfabetismo cibernético imperante combinado con los antiguos males del burocratismo, más los problemas cognitivos generalizados en nuestra población. Inclusión Social, es, entre otras cosas, no maltratar a la gente, con mayor razón si se va a hacer trámites por los que paga. El facilismo de poner más ventanillas con chimpancés detrás de ellas crea burocracia inútil, fomenta la explotación de los trabajadores de las empresas de servicios, y proporciona a los usuarios un pésimo servicio. Si necesitamos depender de las computadoras, cosa nada deseable por sí misma, cuando menos se debería pensar en estrategias alternativas, y eso es cosa de los Burócratas Al Mando, que se supone están ahí para eso, no solamente para administrar la estupidez. Si a los males antiguos solamente le vamos a agregar los males nuevos, no veo la ventaja de incorporar tecnología, ello termina en ser vino nuevo en odres viejos, destinada a satisfacer grandes egos y agarrar tajada en las licitaciones. Y punto.
  

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