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viernes, 16 de marzo de 2012

CRÓNICAS DE LECTURAS 6: HUMOR (2)

CRÓNICAS DE LECTURAS - Seis

Humor – Segunda Parte

I

Nunca segundas partes fueron buenas, leer por obligación,
y leer en el Idioma Original


Cuando terminé mi primera Crónica de Lecturas sobre Humor, me quedé con la yuca adentro, tenía que continuar la condenada cosa porque demasiado se quedaba por decir. Así es el fútbol, en mi Crónica anterior me metí con tres de mis humoristas preferidos: Giovanni Guareschi, Enrique Jardiel Poncela y Woody Allen, pero que hay más, hay más. Aunque nunca segundas partes fueron buenas, tengo la esperanza que ésta no le complique la vida a nadie. Después de todo, damas y caballeros, este es un artículo de mi Blog, si no le gusta nadie le pone revólver para que lo lea. Pero tengo la esperanza que le guste mi Croniquita y siga leyendo. Es que nos cruzamos con el Humor en todas partes, no hace mucho ayudaba a un alumno de un importante colegio de Lima en su Plan Lector en inglés, y encontré una joyita del Humor Británico: Three men in a boat (Tres Hombres en una Barca) de Jerome K. Jerome. No lo conocía, no lo solté hasta el final, el chico de marras me miraba. El chico tenía que leer por obligación, en tanto yo lo hacía por gusto, y me sorprendía que mostrara tanta indiferencia frente a este corto texto. Él ya había leído unas 20 páginas, le hice las preguntas de rigor: De qué trataba, personajes, esas cosas, y todo me lo respondió bien. Pero cuando mencioné al desgaire lo gracioso que me parecía, el chico me miró con cara de Lado Oculto de la Luna: No se percataba del peculiar humor de la narración. Pronto caí en que yo había leído por gusto y él por obligación. Su objetivo era llenar una ficha, el mío divertirme. Como el muchacho no tenía un pelo de idiota, leyó para buscar respuesta a las preguntas de la Ficha, y conforme las encontraba, transcribía. Así que, damas y caballeros, el objetivo que nos planteamos al leer, cuenta. Si lees para averiguar cuántos pronombres relativos hay en un texto, leerás diferente a si lo haces para entender su influencia en la acuicultura belga del siglo XVII. En el primer caso tu lectura es meta-lectura, en la que atiendes más a la estructura gramatical del texto y al registro de pronombres, que a la narrativa, lo que no es más que lógico, algo así le pasaba al chico de marras. A él lo que el libro narrara o contara le tenía sin cuidado, podría haber sido El Sueño del Celta, La Estructura de las Revoluciones Científicas de Thomas Kühn o los Protocolos de los Sabios de Sión, lo que le interesaba era rellenar su ficha para que dejen de fastidiarlo con la jarana del Plan Lector. En realidad ni conocía el Libro ni le captaba el humor. 

Por cierto, esta Joya de la Corona del humor inglés es cortita y más joyita aún en su idioma original. En anterior Crónica hice homenaje de los traductores que con estoicismo y solvencia ponen a nuestro alcance las obras de los autores que no son de nuestro idioma. Ahora haré otra apología: La lectura de los originales en su idioma original. Para poder decir que uno conoce otro idioma hay que poder leer literatura en ese idioma, y cuando eso pasa cuando menos duplicaste el tamaño de tu mundo interior, al ganar la capacidad de entender las cosas con otra lengua. Algunas Instituciones reconocidas en nuestro medio - el Instituto Cultural Peruano-Británico, el Instituto Cultural Peruano-Norteamericano, la Alianza Francesa, el Instituto Goethe, etcétera -, enseñan sus respectivas lenguas para transmitir sus Culturas. Una persona no es culta si no domina al menos una lengua diferente de su lengua materna. Ese dominio debería implicar acceder a textos literarios en ese idioma. No es posible recomendar más el aprendizaje de otros idiomas para los niños, jóvenes y adultos. Hay un algo especial en los conceptos vistos desde otro registro lingüístico. Se pone el pie en Otro Mundo aparte del propio. Prometo tratar este tema en otra Crónica. Volvamos a lo nuestro.

Link para Tres Hombres en una Barcahttp://www.biblioteca.org.ar/libros/131623.pdf

II

El Mundo al Revés


Dije en mi Crónica anterior que el Humor sirve para enfrentar la Vida. Vivir da muchas penas y trabajos, suele surgir de ello una gran disconformidad y agresividad frente al Mundo tal como es. Esto ocurre en la adolescencia y la juventud, y  a veces la rebelión se torna violenta. La necesidad perentoria de integrarse a la sociedad que sienten adolescentes y jóvenes choca con un des-encantamiento general. Una alumna que tuve y con la que me crucé tras años de haber egresado, me lo dijo claro: “Javier, tenías razón, el mundo es… FEO”. La adaptación de adolescentes y jóvenes puede terminar bien o en sociopatías, e incluso sicopatías. La adaptación implica ciertos mecanismos emocionales: Todos intuimos que es mejor reír que llorar, estar contento y satisfecho que desdichado e insatisfecho. Indudablemente uno de estos mecanismos es el Sentido del Humor, que nos purifica y permite una catarsis que nos libra de la autocompasión y  la violencia, no pateas aquello de lo que te ríes ni apuñalas al que ves ridículo. Un chiste relaja la atmósfera más tensa, incluso la matonería – bullying se reduce. Me pasó en el colegio a los diez u once años, un recreo en que hacía gala de agresividad, bruta y sin sentido. Un amigo - No te hagas el sonso, Tito, que fuiste tú – bendecido por el cielo con un extraño sentido del humor; me increpó la actitud, y entre lo que me dijo se me grabó esto: Tienes que aprender a batirte. Yo conocía la palabra batirse, leída en Los Tres Mosqueteros, que se batían contra los Guardias del Cardenal. No recuerdo qué respondí entonces, pero eventualmente seguí el consejo, y creo que algo funcionó después de todo: Me veo a mí mismo escribiendo sobre Humor.

Como el mundo como es no nos gusta, hacemos acrobacia mental para adaptarnos. Los niños y niñas empiezan con estas acrobacias en el cuerpo: Poseer un cuerpo, ocupar un espacio, usar el cuerpo para ocuparlo, es una feliz característica de los chicos y es su manera de adaptarse al mundo y de adaptar el mundo a ellos. Es triste ver padres y madres sobreprotegiendo a los niños y evitando por todos los medios que corran, salten y muevan el esqueleto… porque se pueden hacer “daño”. En fin. Los niños ríen cuando juegan, y podríamos decir que poseen un “humorismo físico” del que una buena expresión creo es el “mundo al revés”. Si eres papá o mamá, haz que tu hijo perciba el “mundo al revés”. Es decir, que en un momento dado se ponga de cabeza, y mire. Además de convocar poderosamente su atención, eso de que las cabezas de las gentes estén abajo y los pies arriba, el cielo de suelo y el suelo de cielo suele ser gracioso. Por ello se divierten tanto en los salones de espejos. Y si hacemos que ellos lo hagan, no veo razón alguna para no hacerlo nosotros, adultos formales. Eso nos hace ver las cosas desde una perspectiva diferente, y así aprendemos a reír con nuestra prole y a desarrollar nuestro propio sentido del humor. Una dimensión interesante del  “mundo al revés” es hacer las cosas al revés. No es extraño considerando por ejemplo que el enorme comediante Charles Chaplin era capaz de realizar sus movimientos al derecho y al revés, a la perfección. Caminar por la calle o por la casa al revés – a todos mis hijos les dio por esto en algún momento – es gracioso, aunque requiera vigilancia, menos mal se les pasa pronto. Y si podemos pensar el mundo al revés, podemos escribirlo, toda Literatura pone al Mundo del Revés. El Humor como forma de subvertir la realidad produce risa. Así hace Jonathan Swift en los Viajes de Gulliver: Empieza por el tamaño, muestra a Gulliver desadaptado entre enanos y gigantes. En el mismo sentido es el clásico en lengua inglesa Flatland (Planilandia), escrito por Edwin Abbott en 1884, que narra las aventuras del Cuadrado A explicando a sus congéneres cómo es la tercera dimensión del espacio – que por si acaso es donde vivimos usted y yo, estimado lector. Los Viajes de Gulliver y Planilandia son sátiras, burlas, ataques a la sociedad. Conviene recordar que en Planilandia se presenta a las mujeres como líneas que ni siquiera llegan a la segunda dimensión … . De paso recomiendo el excelente libro de divulgación científica La Cuarta Dimensión, de Rudy Rucker, por el que accedí a  leer Planilandia.

Un ejemplo de sátira en la tradición española se debe al escritor del Siglo de Oro Francisco de Quevedo y Villegas: Los Sueños. Más fácil de leer que El Quijote, acerca con facilidad al español del Siglo XVI. Consta de El Sueño del Juicio Final, El Alguacil endemoniado, el Sueño del Infierno, y El mundo por de dentro. En el Sueño del Juicio Final, narra en primera persona el Juicio Final al modo Católico: Las almas tornan a sus cuerpos y es de ver cómo los pecadores huyen de partes de sus cuerpos por no tener testigos de sus propios pecados (… lo que más me espantó fue ver los cuerpos de…. mercaderes que se habían calzado las almas al revés y tenían… los cinco sentidos en las uñas…); luego narra la universal rendición de cuentas con fuertes críticas a diversos grupos sociales (Llegó … un avariento a la puerta (y le dijeron) que los diez mandamientos guardaban la puerta de quien no los había guardado, y él dijo que en cosas de guardar era imposible que hubiese pecado). El Alguacil endemoniado narra las historias del Infierno que cuenta un Alguacil poseído por un demonio (… los diablos en los alguaciles estamos por fuerza y de mala gana (…) debéis llamarme a mí demonio engualacilado, y no a éste alguacil endemoniado). En El Sueño del Infierno, el autor describe las sendas que llevan al Cielo y al ídem, describiendo los tipos humanos que van por uno y otro. Quizá lo más interesante en esto de invertir el mundo esté en el Mundo por de Dentro, que inicia alegando ignorancia (Es cosa averiguada (…) que no se sabe nada y todos son ignorantes. Y aún esto no se sabe de cierto), y luego despliega su profundo desencanto al ser guiado por un anciano en la Calle de la Hipocresía, para ver cosas como un entierro, y luego verlo como realmente es, desnudando sus falsedades y mentiras. Ver el mundo “del revés” no siempre es agradable, pero nos reímoso y lo exorcizamos. Decía el malogrado cantautor uruguayo Facundo Cabral que la mejor forma de cambiar el mundo es ser felices y vivir bien.ooo
o
Link para Los Sueños de Francisco de Quevedohttp://www.biblioteca.org.ar/libros/132174.pdf

III

El Mundo al Derecho y al Revés

Si pensamos el Mundo al Revés, también lo podemos pensar en contrario, es decir un Mundo al Derecho, es cosa de en qué posición te colocas. El Humor suele ser  contrapunto de la Tragedia, como en La Celestina, de Fernando de Rojas. Por ahí se diferenciaría lo que algunos que saben llaman en España las vertientes humorísticas aragonesa (centrada en el revés) y castellana (centrada en el derecho). Quevedo y el desconocido autor del Lazarillo de Tormes, por ejemplo, pertenecen a la vertiente aragonesa, en tanto que Miguel de Cervantes a la castellana. El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha es una obra satírica y burlona, aunque se nos escape en su redacción. Si uno quiere conocer de veras a Cervantes quizá empezar por El Quijote no sea adecuado, habiendo Las Novelas Ejemplares. La primera que leí, aún en el colegio, fue Rinconete y Cortadillo, y me gustó en especial Monipodio, príncipe de los ladrones de Madrid. Pero otras como El Licenciado Vidriera, La Gitanilla y El coloquio de los perros son de lectura fácil, intención interesante, redacción galana y sencilla, y sobre todo muy entretenidas. La Literatura francesa cuenta con su clásico del Humor del Revés: Gargantúa y Pantagruel, de François Rabelais, probablemente sin parangón alguno en cuanto a sus excesos verbales y fantasiosos (Amigos lectores que este libro leéis, / renunciad a toda afección, / y al leerlo, no os escandalicéis: / no contiene mal ni infección, / aunque tampoco gran perfección. / Si no aprendéis, reiréis al menos; / (…) / mejor es de risa que de llanto escribir, / pues lo propio del hombre es reír). El humor rabelesiano no tiene límites de decencia o decoro, es coprolálico, obsceno y escatológico. Narra la vida de los gigantes Gargantúa y su hijo Pantagruel. Nos daremos una idea de ello recordando las primeras palabras del infante Pantagruel al nacer: ¡A beber, a beber!

El choque entre el Deber-Ser (Mundo al Derecho) con el Ser (Mundo al Revés) es más notable mirando a las necesidades humanas, en particular las sexuales. El sexo es importante, crea muchas complejidades, dificultades y satisfacciones; y el Humor recala en él de uno u otro modo, a veces sutil, a veces crudo y obsceno. Desde la Comedia de Aristófanes vemos combinaciones variopintas, en particular en Lisístrata o la Rebelión de las Mujeres, donde juega con un mundo inverso: Las mujeres, hartas de la guerra entre Atenas y Esparta que se lleva a los hombres, van a la huelga de clámides caídas, y se niegan a tener comercio carnal – me divierte esta expresión – con sus maridos hasta que no pongan fin a la guerra. Es muy sugestiva la escena del diálogo de Lisístrata con su marido, que parlamentan a nombre de mujeres y varones, hecho con columna por medio y persecución molieresca, en tira y afloja entre la negociación política y el irresistible impulso carnal. Si quieren saber en qué termina léanlo, no sean flojos. Paso por alto a Ovidio y Petronio. Aunque algunos opinan que durante la Edad Media no hubo sexo, bastaría con el Libro del Buen Amor, de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, para desengañarlos. En el Renacimiento surge la Novela Corta, expuesta en el magnífico Decamerón o Libro de las Cien Novelas de Giovanni Boccaccio: Durante la horrorosa epidemia de la Peste Negra de 1348 – descrita con maestría tal que aún hoy estremece (¡Cuántos valerosos y nobles hombres, cuántas y cuán hermosas galanas damas, cuantos gentiles y alegres hidalgos que no a juicio del pueblo común, sino al de Galeno, Hipócrates y Esculapio, serían juzgados bien complexionados y sanos, a la mañana comieron con sus compañeros y amigos, y a la noche cenaron en el otro mundo, con sus antecesores!) - siete jóvenes damas y tres agraciados jóvenes deciden huir de la apestada Florencia a las villas de alrededor, a fin de sin traspasar los límites de la honestidad precaverse y disfrutar de todo placer y alegría que tener se pueda. El entretenimiento se lo procurarán contándose unos a otros historias picarescas. Destacan novelitas cómo De Ricardo y Catalina y de cómo ésta tomó el ruiseñor; Cómo una abadesa, al querer reprender a una monja por sus pecaminosos amores, fue ella misma confundida; Cómo Egaño fue engañado por su mujer, y a más apaleado por Aniquino; Cómo uno de dos amigos durmió con la mujer del otro, y cómo éste se vengó de él en la misma forma; y la que considero quizá la más divertida: Cómo Alibec aprendió a meter el diablo en el Infierno (… yo soy venida aquí a servir a Dios, y no por estar ociosa; vamos a meter al diablo en el infierno). Con estas historias de ligero erotismo y picardía las damitas y donceles trataban de ver al Derecho lo que la Peste Negra ponía del Revés. Otros copian a Boccaccio, como Geoffrey Chaucer en los Cuentos de Canterbury, muy semejante al Decamerón pero más crudo. Tanto el Decamerón como los Cuentos de Canterbury conocieron adaptaciones a la pantalla por obra de grandes directores italianos: Boccaccio 70, por Monicelli, Visconti y De Sica (1962); y los Cuentos… por Pier Paolo Pasolini (1972).

Link para el Decamerón, de Giovanni Boccaccio:
http://repdeval.com/Circulo/Famosos/Bocaccio/Decameron.pdf

IV

Reírse de Alguien

Burlarse de las personas es materia común en el Humor. Desagradable a nuestro gusto cuando se hace escarnio del débil y del que no puede defenderse, es  agradable cuando ataca las figuras de autoridad, y pone en ridículo a solemnes y empingorotados personajes. La comedia teatral se presta muy bien a todo ello, y así se enriquece el Humor con nuevos personajes y  situaciones. La antigua Comedia Dell´Arte italiana privilegia la improvisación  y crea la comedia de situación, el lazzi, que antecede al anglosajón gag. Improvisar no es difícil cuando los personajes son más o menos estereotipados y se sabe qué esperar de ellos: Los zanni (los siervos), los vecchi (los viejos) y los inamorati (los enamorados). Entre sus personajes están el Pierrot, la Colombina, Sirena, Pantalone, il Capitano, Arlequín, Scaramouche, Tartaglia, Il Dottore, etcétera, representados en la pintura y artes plásticas, e incluso recuperados en la pieza de Jacinto Benavente Los Intereses Creados. La comedia de teatro y TV se alimenta de la Comedia Dell´Arte, tomándole la improvisación y los estereotipos. La comedia cubano-mexicana de radio y TV La Tremenda Corte y sus diversas versiones emplea estos elementos a mansalva, de la mano del genial Leopoldo FernándezTrespatines”. Los comediantes españoles Tirso de Molina, Pedro Calderón de la Barca y Lope de Vega en el Siglo de Oro crean duraderos personajes como el Pastor, el Bobo, el Gracioso, plagiados creativamente por los ingleses Shakespeare y Ben Johnson, y por el francés Jean Baptiste Poquelin (a) Molière. Esta vieja Comedia es antecedente remoto de la actual comedia cinematográfica, de la radionovela y el sit-com. El Siglo de Oro inventó además nuevas formas teatrales cómicas: Los sainetes y entremeses, obritas en un acto, de humor un tanto primitivo, representadas en los entretiempos entre Acto y Acto. Estas piezas cortitas anteceden e inspiran a los llamados “sketchs” de la televisión. No perderé ocasión de honrar al inmenso comediante mexicano Roberto Gómez Bolaños (a) “Chespirito” = “Shakespeare chiquito”, que en su obra de TV recupera la vieja tradición del entremés.

El teatro se lee, pero en realidad se hace para representarse, y no es lo mismo leerlo que verlo. Hay versiones y versiones, y la libertad creativa de los directores es grande, dando lugar a que una puesta de escena sea muy distinta a otra. Aquí no funciona el “ya la vi”. Yo he visto representar El mercader de Venecia de William Shakespeare en tres versiones: La teatral-televisiva del Teatro Nacional Británico, por Cable; la película homónima de Michael Radford, con Jeremy Irons, Al Pacino y Lynn Collins; y la representada por Alberto Ísola en el Teatro Británico en Lima, Perú; y puedo decir que he visto tres obras iguales pero diferentes, cada una con sus propias características, sus propios méritos y un disfrute particular distinto, aunque la obra era la misma. Por cierto, Shakespeare es un mundo en sí mismo, y le dedicaremos sus Crónicas. A estas alturas vuelvo a mi anécdota del principio, al chico que lee por cumplir con la tarea impuesta, y me pregunto cómo podría un profesor cualquiera “enseñar” humor, en especial como parte tan vital del cómo sobrevivir en este mundo. El tema no está tanto en lo que hagamos formalmente como en la relación entre el profesor y los alumnos, en los correlatos institucionales conocidos. En las Instituciones Educativas las risas están mal vistas, son el testimonio de la “indisciplina”. El control y contención producen caras serias y un pésimo humor, en especial en los encargados de mantener el “orden”. El humor es utilizado por los alumnos contra la Institución representada en sus profesores, y el salón de clase es un escenario donde, como en El enfermo imaginario de Molière, la obra es representada por todos, y ofrecida por los unos a los otros. No creo que se haya hecho debida justicia aún a la longeva tradición de fastidiar a los profesores, se podría hacer más de una Antología al respecto. Pero dudo que la institucionalidad educativa consiga algún día reírse de sí misma. El Humor solamente podrá ser “enseñado” – en el sentido de “mostrado” – por los pocos docentes que posean desenfado y alegría de vivir, y superen las penas y frustraciones cotidianas de la labor docente.

Link para El enfermo imaginario de Moliére:
http://escritoriodocentes.educ.ar/datos/recursos/libros/el_enfermo_imaginario.pdf

V

Colofón

Otra vez veo cuánto no he dicho. Espero que estas Crónicas no se me conviertan en los Trabajos de Hércules. A fin de cuentas, tal vez no consiga decir ni el diez por ciento de todo lo que ha pasado por mis ojos. Pero eso importa poco. Un riesgo de escribir es que uno jamás podrá decirlo todo. Puede que haya una tercera parte y una cuarta o quinta parte de estas Crónicas referidas al Humor, no serán inmediatas. Pero como yo decía en anterior Crónica, estoy seguro que hay cosas peores en la vida. Como siempre: Lee lo que quieras, como quieras, donde quieras

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jueves, 1 de marzo de 2012

CRÓNICAS DE LECTURAS 5: HUMOR


CRÓNICAS DE LECTURAS - 5 - HUMOR

I

Qué es eso del Humor

No, mis queridos lectores, no hablo de libros de chistes ni de recopilaciones de cuentos verdes, colorados o de cualquier color. Hablo de Humor, de libros humorísticos. La palabreja llama la atención. A primera vista me sugería la palabra “Humo”, como en “cortina de humo”, así que hice mi tarea y me fijé en algunas cosas. La Real Academia empieza por acá: Humor o Humorismo (del latín: humor, -ōris), que se define como el modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad, resaltando el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas. La Retórica es más profunda en su estudio, y lo entiende como procedimiento literario para causar disfrute, catarsis o alivio. De este modo se entiende el Humor como "risa a través de las lágrimas" o como "reír para no llorar". De repente el Humorismo es una de las formas principales de exorcizar lo Horrible, lo "real-horroroso" que quiere mi amigo Rafael Moreno Casarrubios.  Para cualquiera con experiencia en este Valle de Lágrimas, la vida es un asco, es atroz y llena de penalidades, indigna de vivirse. La Biblia la reconoce como un servicio militar sobre la Tierra, como vanidad sobre toda vanidad, desde que nada obtiene el hombre de sus trabajos bajo el Sol. Shakespeare, que se sabía su algo de todo esto, la describe como un cuento contado por un idiota, pleno de sonido y de furia, que nada significa. Vivir es en general una carga penosa y desagradable, como pueden atestiguar los muchos pobres diablos que, abrumados, no consiguen atravesarla y tienen que irse por la puerta falsa. La carga empeora con esa ridícula necesidad de recordarnos constante y artificiosamente lo hermosa y bella que es la vida. A mí me sacan de quicio esas constantes cadenas por Internet que le otorgan a la Vida una poesía y dignidad que nunca ha poseído. Las escenas de las cadenas son lindas, de acuerdo, y la Vida también es eso, pero siempre se olvidan del otro lado del asunto: Hospitales de enfermos terminales, campos de concentración, fosas comunes, campos de batalla,  y más de ese largo despliegue de horrores del que todos somos responsables, aunque nadie quiera responder de ellos.  Como de la Vida sólo saldremos con la cara seria, pies por delante y en pijama de pino, como que cualquier dulzura o gusto o lujuria de vivir se condiciona por el simple hecho que la última parada es el cementerio.

Así es muchachos, estamos de pasada y ninguno que vive hoy estará acá en cien o cincuenta años, unos más tarde, otros más temprano. Que no nos quede la menor duda que somos menú de gusanos, a menos que nos guste la incineración. Pero también es muy cierto que tiene bastante de idiota y cobarde lamentarse de lo que no tiene remedio, y aunque todos debiéramos reflexionar sobre ésto y tener alguna posición, aquiescencia o aceptación frente a la Flaca Huesuda, la Gran Enemiga, tampoco es cosa de hacerse figuritas la cotidianidad, que si hay Muerte es porque hay Vida. Como sin importar lo que hagamos, igual a la fosa nos vamos, cualquier persona con un poco de sensibilidad e inteligencia hará del transcurrir en el trayecto algo lo más variado, agradable, interesante y sobre todo largo, posible. El Humor se justifica así y nos hace agradable la Vida y sus circunstancias, o por lo menos nos la hace algo más soportable antes que llegue aquella que Las Mil y Una Noches denomina destructora de los goces, pobladora de cementerios y deshacedora de reuniones.

El Humor por ende no es cosa simple. De lo chabacano a lo elaborado, el Humor cumple una función vital (y vital viene de Vida). Si el Humor es de los buenos, nos moviliza hacia nosotros mismos, y nos hace vivir con mayor plenitud. Reír es propio de nuestra especie humana, que lo comparte con nuestros primos antropoides, los etólogos han descubierto importantes asociaciones entre el rictus de la boca al reír y las conductas de disociación del individuo de lo absurdo, lo inexplicable, lo penoso; en suma, de lo que nos mueve el piso. ¿No nos pasa que en los entierros y demás ocasiones luctuosas tendemos a reír con mayor facilidad? ¿Nunca pasamos por la risa "nerviosa" o "histérica"? El Humor nos disocia de lo "real-horroroso" y nos fuerza a distanciarnos, a mirar desde otras perspectivas los hechos desgraciados o míseros. Y la cosa es más profunda de lo que parece, por ello tipos como Schopenhauer, Nietzsche, Aristóteles, Bergson y Freud trataron el tema a profundidad, pero escapa de las intenciones de este Cronista meterse a tanta profundidad filosófica. Hay un Humor chabacano, físico, que parece se inició con la cara que puso Trucutú el Neandertal cuando le cayó en el pie el rocón que trataba de tallar, y toda la tribu se partió de risa. Posteriormente el Humor se refinó algo, y por ello puede ser evidente o irónico, visual o conceptual, ligero o profundo, circunstancial o de fondo, verde o rojo o blanco o negro, sublime o rastrero. Los recursos del Humor son extensísimos, y siempre hay un texto tras todo despliegue de Humor, sea un guión, un libro o simplemente ideas en la cabeza, como en el Stand-Up o el novísimo arte del Impro. Pasaré por alto en esta Crónica el genial humorismo visual de Charles Chaplin, Buster Keaton, Mack Sennet, Totó, Louis De Funes o Jerry Louis. Igualmente a colectivos como Bocca, Monty Python o Les Luthiers, y me concentraré en el Humor escrito. 


II

Don Camilo o Un Mundo Pequeño (Giovanni Guareschi)

El Humor Británico de Richmal Crompton en su serie sobre Guillermo había formado mi gusto por el humor literario, como narré en  Crónica pasada. Leí casi todos esos libros, y empecé a comprender el Humor y sus variantes. No pretendo comprender el Humor, es trabajo de toda una vida, pero que puede llegar a hacernos mucha gracia. Otros encontronazos con el Humor me llegaron repartidos en diversas obras que combinaban el Humor con el Drama. Es decir, no eran obras de intención  humorística, pero hacían uso del humor para salir de la solemnidad. En La Odisea, Homero presenta una situación que debe haber hecho reír mucho a griegos y romanos; la de Hefesto haciendo el papel de cornudo, al atrapar con artes mágicas a su infiel esposa Afrodita con Ares ahí, precisamente ahí, y presentándolos a la Asamblea de los Dioses así, precisamente así, con la consecuencia que los Dioses se burlen de su ingenuidad. Parece que la épica de Ulises podía resultar muy solemne, y los aedos recuperaban la atención de sus adormilados y medio ebrios oyentes con cuentos picantes como el reseñado, y así se instala la Comedia en medio de la Tragedia. A Homero se le atribuye también la primera Parodia: la Batracomiomiaquia y procuremos no astillarnos los dientes al pronunciar el nombrecito. Es parodia de La Ilíada, e imagino que atenienses y espartanos sonreirían al oír de ranas y ratones dándose de porrazos, lanzazos y mandobles, como Aquiles, Héctor, Áyax o Menelao. El primer humor negro que conocí fue el de Daniel De Foe y la versión completa de los Viajes de Gulliver. Esta obra es crítica acerba de la Inglaterra del Siglo XVIII, y a la franca no entiendo porque en las versiones de niños le suprimen más del 60 % - viajes a Laputa y Houynhm - y se trivializan los Viajes a Liliput y Brondignag. La versión en miniseooooie de TV es de enorme calidad, protagonizada por Ted Danson y Mary Steenburger, y conserva el sarcasmo original a costa del Humor. Sin embargo mi primera gran obra humorística fue la serie de Giovanni Guareschi dedicada al Cura Don Camilo y al Comunista Alcalde Peppone. Varios libros escribió Guareschi sobre este personaje, pero en vida sólo publicó tres: Don Camilo (Un mundo pequeño), El Regreso de Don Camilo, y El Compañero Don Camilo. Al leerlos no es difícil entender por qué: Don Camilo (Un mundo pequeño) es sin duda el mejor, y los otros mantienen la misma calidad narrativa y originalidad argumental, en tanto que las póstumas repiten situaciones de modo más o menos estereotipado. Los muertos no hablan, las obras póstumas las publican editores y herederos a fin de hacer plata fácil con la fama del desaparecido autor, basados en textos inconclusos. Hay excepciones, pero la norma es que a otras manos – los escritores negros – se les encargue meter la cuchara para “concluir” lo inconcluso. No sé, a mí me da la sensación que es como contratar a Mick Jagger para que termine la “Inconclusa” de Schubert. Hoy sabemos que varias obras atribuidas a Julio Verne publicadas tras su muerte fueron refundidas y terminadas por su hijo Michel. También es el caso de Christopher Tolkien, hijo del autor de El Señor de los Anillos, que aprovecha de las películas de Peter Jackson, y refunde notas sueltas y esquicios de su padre. Es difícil juzgar si estas obras póstumas corresponden en verdad a su autor, y es previsible que no tienen la misma calidad que las publicadas en vida y bajo su propio cuidado.

Giovannino (Juanito) Guareschi fue católico y anticomunista militante, e intervino en política como monarquista primero y luego como demócrata cristiano. El centro de la trama de Don Camilo es la interacción entre tres personajes en el contexto de la Postguerra italiana (1946 hasta mediados de los 1960): Don Camilo, Peppone y el Cristo del Altar. Don Camilo es un avezado cura párroco católico,  tradicionalista y guerrero, de gran fortaleza física y sólidas convicciones morales y políticas, que enfrenta desde ellas a su coprotagonista Giuseppe “Peppone” Bottazzi, jefe de la célula local del Partido Comunista Italiano y Alcalde del pueblo. Ambos personajes representan y viven una relación constante de amor-odio que no excluye la agresión física. Sin embargo, cuando deben enfrentar conflictos generales y universales unen fuerzas a regañadientes y descubren todo el tiempo que no están tan separados como les gustaría pretender. El tercer protagonista, el Cristo del Altar, es una suerte de conciencia de Don Camilo, y para explicarle conviene recurrir al propio autor: “si los curas se sienten ofendidos por causa de Don Camilo, son muy dueños de romperme en la cabeza la vela más gorda; si los comunistas se sienten ofendidos por causa de Peppone, también son muy dueños de sacudirme con un palo en el lomo. Pero si algún otro se siente ofendido por causa de los discursos del Cristo, no hay nada que hacer, porque el que habla en mi historia no es Cristo, sino mi Cristo, esto es, la voz de mi conciencia.”  La  intensa y personal obra de Guareschi muestra un profundo amor a lo italiano, una suprema comprensión de las grandezas y miserias humanas, y una fe inquebrantable en la bondad divina. Esto se expresa bien en una frase del Cristo del Altar referida a uno de los enredos mostrados en la obra: “¡Banda de chiflados!”. Guareschi es un humorista por momentos sublime: “Cosas de este pueblo que razona más a palos que con el cerebro, pero donde al menos se respeta a los muertos”. No duda en decir que él no crea nada, que quien creó a Don Camilo, Peppone, la maestra del pueblo y toda la recatafila de entrañables personajes de Un mundo pequeño fue la Tierra Baja (la Bassa) al lado del río Po. Sus temas son los sencillos del devenir cotidiano del corazón: El amor, la envidia, los rumores, la sobrevivencia, las tradiciones, la Navidad, la tolerancia, la fe, la política menuda del pueblo, la lucha por la vida. Me encantaría ver este libro en todos los Planes Lectores, pues posee la sencillez de lo real. Un personaje secundario nos ayudará a ver cómo elabora Guareschi: El hijo de Peppone, el Alcalde Comunista, es de niñito un querubín angelical que lleva flores al Obispo, y que al caer enfermo es salvado por un heroico Escuadrón Volante de Motociclistas dirigido por Don Camilo, que al final es jefe de una banda de jóvenes motorizados melenudos, cuyo apodo o nom de guerre es "Veneno". Este rebelde se enamora de la sobrina de Don Camilo – que es la piel del diablo -, con la que al final se casa en feliz comunión de los viejos enemigos. Y en estos procesos, donde todo cambia, pero a la vez todo sigue más o menos igual, el ser humano continúa su marcha hacia Dios, que le espera con los brazos abiertos, para comprender y perdonar. Repito, para mí es un misterio por qué esta obra no está en nuestros Planes Lectores, de repente porque considera a los  comunistas como seres humanos. La tolerancia política y la convivencia social, que no significa aceptar lo que no cree aceptable, del democristiano Guareschi es ejemplar y lo expresa el Cristo del Altar: “ … es preciso perdonarlos, porque no lo hacen para ofender a Dios. Ellos buscan afanosamente la justicia sobre la Tierra porque no tienen fe en la recompensa divina. Por eso creen solamente en lo que se toca y se ve, y los aviones son para ellos los ángeles infernales de este infierno terrestre que en vano tratan de convertir en paraíso. (…) Pero tu Dios no está hecho de números, Don Camilo …”.

Un link para bajar libros de Guareschi es: http://www.libroos.es/tags/Guareschi%20Giovanni.html  

III

Enrique Jardiel Poncela y el Teatro del Absurdo

Los primitivos del arte nuevo – decía Monet de Cézanne – no son exitosos en el sentido comercial del término. Están demasiado adelantados a su tiempo y su sociedad, o si se quiere a caballo entre lo antiguo que veneran y lo nuevo en que lo transforman. Sus descendientes hacen plata con la chamba del muerto, pero ellos mismos la pasan cuadras. Jardiel Poncela es  típico: Murió a los cincuenta años de edad, de vivir demasiado y con intensidad. Su obra está ahí, se representa y lee hasta la actualidad, mientras en su época era considerada exagerada e irrepresentable. Tuvo grandes éxitos de taquilla teatral, escribió novelas y guiones; vivió, conoció y trabajó en la España, el Hollywood y la Argentina de los años treintas; fue transgresor, ególatra, creído y a la vez profundamente enamorado del arte del teatro y de la letra escrita. Su éxito se inicia cuando rompe con la pesada y profusa tradición teatral española e inventa el Astrakán,  comedia inclasificable, literariamente impecable, pero atacada por los críticos hasta extremos caníbales. Por supuesto Jardiel devolvió los golpes con dureza decuplicada y sanguinaria ironía: “Los críticos son los parásitos del artista, echémosle Flit (insecticida) …”, o “… pedirle a un crítico que discurra es forzar su naturaleza y plantearle un problema mental de primer orden.” El Astrakán es una comedia irreal, hecha de absurdos, imposibilidades, incoherencias; que se sostiene en una lógica en las fronteras de lo verosímil. La fábrica de sueños hollywoodense y sus colonias artísticas, como los cines mexicano y argentino, le copiaron con descaro sus ideas para sus guiones. Es actual, sus chistes y ocurrencias son repetidos y repetidos hasta la saciedad por los comediantes de hoy cuando se les acaba la creatividad, y soporta la relectura con gran éxito. Yo llegué a Jardiel de la mejor forma posible: representado en una obra colegial, protagonizada por mi largamente descomunicado amigo lejano Raphael Caparrós – lejano en el sentido que vino al Perú, conquistó a su esposa y se fue a España, donde reside hace más de treinta años –, y de quien me gustaría saber más. Esta obra es la extrañamente hermosa Eloísa está debajo de un almendro, flor de comedia astracanesca, que tuve la fortuna en circunstancias análogas de representar, si bien sin la soltura y suficiencia de Raphael.        

Una frase de Jardiel lo pinta de cuerpo entero: “ … yo no admito más jueces – descontado el público, que paga por dar su fallo – que los que se hallan a mi mismo nivel, o a un nivel superior al mío, en mentalidad, en sensibilidad y en concepto del arte”. Ferozmente independiente, refractario a la colaboración, contestatario y ciertamente más libertario que liberal, nos obsequia con títulos como Los ladrones somos gente honrada, Un marido de ida y vuelta, Amor se escribe sin Hache, Usted tiene ojos de mujer fatal, Las cinco advertencias de Satanás, e incluso Angelina o el Honor de un Brigadier, escrita en verso a la manera de Eugenio Hartzenbusch y otros autores de fines del Siglo XIX. Experimental hasta el extremo, miraba en ambas direcciones: Escribió cuentos y narraciones donde suprimía ciertas vocales, o se lanzaba a cosas – así las llamaba – como ¿… y hubo alguna vez Once Mil Vírgenes? o La Tournée de Dios, que mostraban su desencanto ateo, en época donde el catolicismo más tradicionalista andaba suelto en la España Falangista / Franquista de los años veinte, treinta y cuarenta. Por cierto que también los republicanos españoles iban tras su cuello, y así transcurrió su medio siglo de vida, tratando de sobrenadar lo más auténticamente posible en una complicada época de intolerancias. Leer a Jardiel es un regalo que uno se hace, sorprende no verlo más representado. Fuera de la Eloísa …, me parece simplemente genial Blanca por fuera y Rosa por dentro, donde muestra la desconcertante inventiva de imitar al Cervantes del Retablo de las Maravillas con trescientos años de retraso, al crear un teatro dentro del teatro para repetir una escena de descarrilamiento que permita a la protagonista femenina recuperar la memoria y volver a querer a su marido. Posee personajes entrañables como el fiel mayordomo Camilo, veterano de guerra y transgresor social que le desternilla a uno de risa, y que nos recuerda al Ama de Doña Rosita la Soltera de García Lorca; como la amnésica mucama Mónica, vuelta repentinamente un as de la memoria cuando su ama pierde la ídem; como Héctor, enamorado antiguo de la guapa pero insoportable Blanca, y viudo de la fea pero amorosa Rosa. El matrimonio de Ramiro y Blanca se dibuja con economía de recursos, no se necesita saber mucho cuando en la primera escena se ve la silla colgada de la araña de la sala … .  Por último, el Doctor Anastasio “Anestesio” Fonseca, el profesor Perales y el matrimonio vecino, con suegra y todo, todos dibujan una trama casi perfecta, con enorme cantidad de actores donde nada sobra y nada falta, y que se disfruta desde el principio hasta el final. En todo lo que nuestra humana imperfección nos limita, y desde mi muy amateur punto de vista, digo que ante la Eloísa y la Blanca estamos ante dos comedias perfectas, a las que el mismo Jardiel asigna padre y madre: El humorismo y la poesía. Perdónenme mis lectores el entusiasmo.

Un link para bajar libros de Enrique Jardiel Poncela es:
http://www.libroos.es/tags/Jardiel%20Poncela%20Enrique.html   

IV

Woody Allen y Para acabar de una vez por todas con la Cultura

Rindamos el más sentido homenaje a los traductores. Quizá lo más difícil de traducir es el Humor. Cualquier  obra de humor en castellano de autor extraño a nuestra hermosa lengua, tiene un heroico traductor que nos lo pone al alcance. Aunque sea preferible leer a cualquier autor en su idioma original, y siempre se pierda algo en la Traducción, hay que ser grande para transmitir el talento desde un idioma-origen completo en sí mismo a otro idioma-meta igualmente completo. Además cada autor es una persona compleja en sí misma, lo que patentiza la dificultad del oficio de traducir. Hecho el homenaje, miremos a Woody Allen, famosísimo director y guionista de cine, culto como pocos, irremediablemente músico y con pespuntes de robacunas. Prolífico y creativo, ha dirigido una cantidad inmensa de películas, tales como Lily la tigresa (1966), Toma el dinero y corre (1966), Bananas (1971), Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo y nunca se atrevió a preguntar (1972), El dormilón (1973), La última noche de Boris Grushenko (1975), Annie Hall (1977), la increíble Zelig (1983), La rosa púrpura de El Cairo (1985), Poderosa Afrodita (1995), Melinda y Melinda (2004), la extraordinaria Vicky Cristina Barcelona (2008), y me quedo corto porque el hombre sigue activo y no tiene cuando cantar como el cisne. Su talento no se limita a dirigir y a los guiones, como actor supera su físico calvo, feo y achaparrado haciendo de antihéroe torpe y aturdido. Sus artículos en el The New Yorker y otras publicaciones se sistematizaron en una obra extraordinaria de humor a lo bestia: Para acabar de una vez por todas con la Cultura. El amigo Heywood Allen se permite en ella romper todas las convenciones, destrozar todos los temas, recortándolos con tijeritas conceptuales para hacer pajaritas de papel, y arrojarlas desenfadadamente al viento. No duda en hacer pedazos los géneros literarios, nada ni nadie se salva. Hagamos un somero paseo por algunos de estos interesantes y graciosos artículos:

En Las listas de Metterling se burla del análisis literario inventándose un autor – Metterling - de libros tan esenciales como Confesiones de un Queso Monstruoso y Pensamiento de un Pollo, que analiza a través de las listas de ropa que lleva o no a la lavandería. En Mi filosofía hace pedazos el pensamiento filosófico presentándolo como resultado de un souflée hecho por su esposa, que le cae en el pie y le fractura varios huesos, y parodia expresiones clásicas de la Filosofía como la especulación, la alegoría y el aforismo: “… no cabe duda de que la característica de la «realidad» es que carece de esencia. Esto no quiere decir que no tenga esencia, sino simplemente que carece de ella. (La realidad a la que me refiero es la misma que describió Hobbes, pero un poco más pequeña.). En Sí, ¿pero puede hacer esto la máquina de vapor? ridiculiza el proceso científico en la invención del Sándwich por el Conde de Sándwich (Liberó a la humanidad del almuerzo caliente. Todos estamos en deuda con él). En El séptimo sello presenta el tema que retomará en La rosa púrpura del Cairo rindiendo risueño homenaje al cineasta sueco Ingmar Bergman, matando a la Muerte por la acción de un diseñador de ropa. En Leyendas hasídicas según la interpretación de un distinguido erudito le da duro a su herencia ancestral judía, absurdizando las leyendas del Hassidim. El Ajedrez por correspondencia es hecho contrasentido en dos partidas diferentes jugadas a la vez por dos fanáticos del ajedrez en Correspondencia. Es  astracanesco en Reflexiones de un Sobrealimentado: “Soy gordo. Soy asquerosamente gordo. Soy el ser humano más gordo que conozco. Lo único que tengo es exceso de peso en todo el cuerpo. Tengo los dedos gordos. Tengo las muñecas gordas. Mis ojos son gordos. (¿Puedes imaginar ojos gordos?)”. En El Conde Drácula, ataca el género vampiresco al sacar a Drácula de su ataúd un día de eclipse de Sol, y requerir esconderse en un armario hasta la noche (-¡Oh, mira, mamá -dice el panadero-, el eclipse debe de haber terminado! Vuelve a salir el sol. -Así es -dice Drácula cerrando de un portazo la puerta de entrada-. He decidido quedarme. Cierren todas las persianas, rápido, ¡rápido! ¡No se queden ahí! -¿Qué persianas? -preguntó el panadero. -¿No hay? ¡Lo que faltaba! ¡Qué par de...! ¿Tendrán al menos un sótano en este tugurio? -No -contesta amablemente la esposa-. Siempre le digo a Jarslov que construya uno, pero nunca me presta atención. Ese Jarslov…  -Me estoy ahogando. ¿Dónde está el armario?). Se me perdonará que como Profesor de Filosofía, mi relato preferido sea El Gran Jefe, en que manipula las convenciones de la novela policial para ilustrar la contratación del detective “Kaiser” Lupowitz por una guapa y muy snob estudiante de filosofía que debe encontrar a Dios para aprobar un curso. El proceso del detective al buscar a Dios lo lleva a identificar un cadáver que responde a sus características, ser sospechoso de su asesinato, y mencionar en el transcurso a los filósofos Jaspers, Buber, Hegel, Schopenhauer, los existencialistas, etcétera  (-Hazme caso, Kaiser. No hay nadie por encima de nosotros. Sólo el vacío. No podría emitir todos esos talones falsos ni joder a la gente como lo hago si por un segundo tuviera conciencia de un Ser Supremo. El universo es estrictamente fenomenológico. No hay nada eterno. Nada tiene sentido.). Esta pieza de antología culmina encontrando culpable de la Muerte de Dios a la misma estudiante que contratao a Kaiser, y con su muerte, unida a un discurso final: “un concepto sutil (…) que espero haya pescado antes de morir”.  Humor oscuro, hasta para Negro.

Un link para bajar la obra reseñada es: http://www.smav2.com.ar/guattari/curso/biblioteca/woody_allen.pdf

V

Colofón

Lo común en todos los libros de humor que poseo es que están  desgastados en los bordes y sucios en las esquinas, a veces deshojados. Los releo una y otra vez, la marca del Humor de calidad es que se retorna a él, se lee, relee, se vuelve a leer y se vuelve a releer, una y otra vez, y cada cierto tiempo se vuelve a ellos. Y siempre te ríes, siempre se produce la misma reacción frente a lo gracioso del animal humano. No parece mal pasar el entender quienes somos ejerciendo la risa. Hay cosas peores en la vida. Grande me salió la Crónica, y aún así mucho se me queda en el tintero. Tal vez se justifique una segunda parte en estas Crónicas sobre Humorismo. Y como siempre: Lee lo que quieras, como quieras, donde quieras. Y ríe lo que puedas, porque en pijama de madera, ya no se puede … .

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