miércoles, 14 de septiembre de 2011

EDUCACIÓN E INCLUSIÓN SOCIAL

Peru Blogs
Para algunos, hablar de comida es bajo. Y se comprende, porque ya comieron.” (Bertold Brecht)


Hoy se habla en todos los idiomas de Inclusión Social. De hecho, los resultados de las últimas elecciones podrían interpretarse como un incomodísimo empate entre dos posiciones básicas: Crecer para incluir, o Incluir para crecer. Como dos hermanos enemigos, parecidos pero no iguales, y a veces opuestos, ambas posiciones requerían de una u otra manera ser armonizadas para impedir la espantosa posibilidad de la polarización política, tantas veces padecida por los peruanos a lo largo de su historia. La muñeca política del premier, y ciertamente la disposición abierta - e incluso sincrética - del presidente de la república arrojan resultados sorprendentemente favorables en la opinión pública, si le creemos a las encuestas de opinión. De paso, no es que les creamos más que antes. Ciertamente, las empresas de opinión pública tienen que vivir de su credibilidad, y no pueden estar eternamente haciéndose el harakiri, como sí parece ser el caso de ciertos medios de descomunicación.

Por otra parte, la Educación siempre ha sido considerada como una herramienta importantísima de ascenso social, con lo que entonces la posibilidad de que pueda ser utilizada como herramienta de inclusión social resulta interesante de visualizar. Creemos que el sistema educativo, tal como está, no solamente no es inclusivo, sino que más bien perpetúa la exclusión social, claro, a no ser que cambie de una u otra forma, pero demasiadas veces ha ocurrido que los Odres Viejos revientan cuando se les echa Vino Nuevo, y esperar que cuatro o cinco medidas aisladas permitan un proceso de cambio sostenido a veces no es realista. Como en el París de mayo del 68, y tal vez como los pingüinos chilenos de hoy, para ser realista hay que pedir lo imposible. Y nos parece que de eso se trata hacer una Revolución Educativa.



Educación Inclusiva



La Educación Inclusiva es un modelo pedagógico dirigido a enfrentar el problema de la Diversidad de los alumnos. Los niños y niñas son diferentes entre sí, y se trata de enfrentar este problema, que se transparenta en diferentes maneras de asumir la realidad, por oposición a un modelo que fuerza la integración de todos a unas mancuernas educativas ideologizadas. Esto de la Inclusión muestra aquí una relatividad. Incluso las personas más iguales entre sí son diferentes por razones de variabilidad genética. El problema es cuando empiezan a establecerse grupos de excluidos, que siempre suponen grupos de incluidos. Por alguna razón que nunca se nos ha alcanzado, los grupos de incluidos siempre son mucho menores en número, y tienden además a aislarse y formar ghettos de incluidos.



Creo que vale la pena hacer la distinción entre Integración e Inclusión: Se integra cuando los diversos excluidos son forzados a adaptarse al sistema pre-existente, en cambio se incluye cuando es el sistema el que se adapta a la diversidad de las personas.



Dado que un elemento importante de la planificación educativa es el diagnóstico, el conocer a los alumnos implica identificar sus características diferenciadas en habilidades, capacidades, intereses, estilos de aprendizajes, cadencias y ritmos, etc. Los alumnos enfrentan en general los mismos retos de aprendizaje, pero responden ante ellos a su propia manera, y por eso el buen maestro, la buena institución educativa y el buen sistema educativo se esfuerzan por conocerlo para responder a sus necesidades. No aspiramos por lo tanto a uniformizar mentes ni a hacer que los alumnos marquen el paso, como estamos seguros le encantaría a algunos nostálgicos de la palmeta, el ghetto y el patriarcalismo.



Quienes son los excluidos.



Los hay de todas menas y calibres. Nuestro sistema socio-político-económico se ha dedicado con calidad de especialista a construir exclusión social, de manera que hayamos una frondosa clasificación en nuestro hermoso país. Existe exclusión por carencia de medios económicos – léase pobreza -, exclusión por pertenencia a minorías étnicas, culturales y/o lingüísticas, de género o de grupo etáreo (a veces esas minorías son tan grandes que parecen mayorías), o exclusión por situación de desventaja social, como es claramente el caso de las personas con discapacidad.



Ahora imaginémonos una mujer, quechuahablante, anciana, pobre y discapacitada; y llegaremos al non plus ultra de la exclusión social. Sin embargo, esto tiene sus relatividades. La pobreza es el grande y definitivo exclusor, en la medida que todo lo demás lo que hace es enajenar a la persona de la posibilidad de disfrutar de las mismas posibilidades sociales de los incluidos. Estas posibilidades se centran en el disfrute de los derechos y en el pleno acceso a los mercados de factores.



En qué consiste la exclusión



La exclusión es un hecho concreto. Y se puede vivir desde dos perspectivas: Desde arriba y desde Abajo. Claro, no es lo mismo comer que no comer, ni es lo mismo tener un sentimiento generoso desde la mesa del cafetín, cuando una anciana quechuahablante te pide limosna, que mirar desde lejos el banquete que otros se dan. La famosa sensación del “resentido social”, que ciertas personas consideran como una suerte de espantosa condición moral, muchas veces es el pre-requisito (término horrible) del ascenso social. La sensación de estar fuera de los de abajo no solamente es la pasiva de no pertenecer, sino la activa de percibir el rechazo, con el raciocinio posterior casi sin palabras – las imágenes cuentan más – de que el mainstream corre por un lado, y yo, mi familia y mis referentes por otro muy distinto y harto deprivado. En los niños y jóvenes se manifiesta poniendo en cuestión – siempre en imágenes más que en palabras - el orden general sobre el que se establece la posición de mi familia. La omnipotencia de mis padres y la base de su autoridad se ve remecida por un sistema de valores allá afuera que no es el que mi familia y mis referentes me enseñaron, y que más bien se opone a él. Esta sensación es desestabilizadora y destructiva, y requiere de ser procesada, lo que inevitablemente ocurrirá de uno u otro modo. Pero tratemos de no deslizarnos a la subjetividad.



Las personas excluidas lo son porque no se les permite el pleno disfrute de sus derechos, y porque se les bloquea la libre concurrencia a los mercados de factores económicos, es decir a los mercados de Tierra, Trabajo y Capital. Hay relación entre ambas circunstancias, por supuesto, lo que explica en gran medida la existencia de la informalidad política y económica, es decir la construcción de un “orden subordinado al Orden” donde pueda incluirme. Los mercados de factores, vale decir, la propiedad, las posibilidades de ascenso laboral y la disposición de Capital de Trabajo han sido de diversos modos, antiguos y modernos, expropiados por determinados grupos. Esta expropiación se ha sostenido desde la conquista española hasta la fecha, y ello a pesar de ciertos procesos democratizadores que la sociedad peruana ha sufrido a lo largo de los siglos, pero a los que cierta Derecha Recalcitrante aún se opone, aunque en la actualidad solamente les pueda oponer vetustas, rancias y olorosas ideas provenientes de lo más graneado del conservadorismo novecentista. Para ciertas gentes, el racismo, la segregación y el ghetto no pasan de moda.



Derechos Humanos y Progresividad



Uno de los grandes problemas con los Derechos Sociales, Económicos y Culturales es que, a diferencia de los Derechos Civiles y Políticos, solamente se pueden efectivizar medianamente si se cuenta con los medios para hacerlo. Por cierto, a nadie parece molestarle que se gaste un montón de recursos en un juicio, o en un procedimiento de hábeas corpus; pero cuando se trata del derecho a la educación o a la salud, todo se detiene “hasta que haya medios económicos”. Esto significa que la aplicación “progresiva” de los derechos Sociales, Económicos y Culturales ha significado simple y llanamente su no aplicación hasta que la economía “crezca”, es decir se asumen los derechos humanos como una suerte de sobrecosto que se cubrirá cuando haya plata. Y aquí podemos ver en acción esa forma retorcida de pensamiento en muchos de nuestros economistas dizques liberales. Esta idea puede que sea muy interesante para los que la mueven, pero honestamente pienso que si un excluido la sostiene es porque, a decir de Nietzsche, está poseído por una moral de esclavo. Pero como dijimos líneas arriba, tratemos de evitar la subjetividad.



El problema de la progresividad fue enfrentado por el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas, que de hecho es el órgano competente para interpretar el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, que si no me equivoco nuestro país ha ratificado. Aunque algunas de nuestras eclesiales autoridades puedan considerar que los derechos humanos son una tontería o algo más subido de tono, entendemos que a las gentes normales sí les interesa esto. La progresividad en Educación por lo tanto no significa lo mismo que solía significar para el régimen de Alan García, que felizmente ha terminado: Un pretexto para hacer la finta de que algo se hace, aunque en la realidad se haga muy poco o nada. De hecho, según este Comité, la aplicación progresiva del pleno derecho a la Educación NO significa que se vaya hacia atrás, que se desactive lo avanzado o que se dedique menos dinero.



¿Qué puede hacer la Educación en este contexto?



En la actualidad, dado que el actual gobierno parece mostrar una voluntad de cambio y de hacer las cosas con inteligencia y prudencia, el tema de la Inclusión Social resulta mucho más visible, y se entiende que los esfuerzos de todas las entidades del estado se dirigirán al objetivo de eliminar o cuando menos reducir en serio la Exclusión Social. La Educación debería terminar alineándose a ello.



Siempre de acuerdo con el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas, el Derecho a la Educación posee un perfil con cuatro rasgos fundamentales, de manera que la aplicación progresiva del pleno derecho a la Educación, tanto hacia los sectores excluidos, como hacia la población en su conjunto no puede significar hacer la finta, porque de hecho tiene que respetar estos rasgos:



1. La Asequibilidad: El estado debe garantizar la disponibilidad de escuelas, docentes y medios adaptados a los requerimientos de los sectores excluidos. Pensamos aquí en el estado actual de la Educación Intercultural, la Inclusión educativa o la Educación a Distancia, y encontramos en grueso que la Asequibilidad parece estarse intentando desde buena cantidad de tiempo atrás, ya que tiene relación con la cobertura, que en nuestro país es alta. Lo obvio acá es que asegurar el Derecho a la Educación está asociado a que haya un número adecuado de escuelas donde los docentes estén preparados y entrenados para la inclusión (muy pocos), la infraestructura y mobiliario estén adaptadas al tema (pensemos en la accesibilidad para las personas con discapacidad motora), y disponibles los materiales educativos necesarios (la adaptación de los textos al entorno rural, los idiomas originarios o el lenguaje Braille está en muchos casos por hacer).



2. La Accesibilidad en el sentido mencionado – distinto del de Accesibilidad para las personas con discapacidad, referido a un tema arquitectónico-urbanístico -, implica la maximización del acceso al sistema educativo, y la total eliminación de los obstáculos. La idea es que todos puedan participar, y por lo tanto aquí se mencionan tres dimensiones de la accesibilidad: La física, la económica y la no-discriminatoria. Esto parecería estar más o menos asegurado, pues que no requiere más que voluntad política, y está en un nivel análogo al que está el Parto vertical en los centros de Salud, contando con una aceptación casi total, aunque en la aplicación esto no se vea tan claramente.



3. La Adaptabilidad: Se refiere a la obligación de garantizar una educación adaptada a las necesidades de las diversas sociedades y comunidades nacionales, y que responda a las necesidades de los alumnos en sus contextos sociales y culturales. Esto puede asegurarse con mayor o menor eficacia potenciando la Diversificación Curricular, entendiendo que hayan especialistas que la apliquen, por supuesto. En ese sentido, aunque sabemos que se ha previsto el caso, la eterna distancia entre la norma y su aplicación da lugar a que declarativamente todo vaya muy bien, en tanto que en la realidad concreta no siempre las cosas sean tan bonitas como se pintan. Si la capacidad para diversificar no está debidamente difundida en general, menos va a estarlo para casos específicos de inclusión de diversidad cultural o de discapacidad.



4. La Aceptabilidad: Se refiere a la obligación de asegurar la famosa Educación de Calidad, lo que implica que los programas y métodos se ajusten a las normas de calidad, y que la educación impartida resulte aceptable para los padres de familia y los usuarios del sistema. Somos conscientes de los grandes problemas que se enfrentan para lograr una Educación de Calidad generalizada. En todo caso, lograrla para determinados sectores excluidos podría ser una interesante experiencia a replicar.





Colofón



Una Educación Inclusiva depende entonces de las Cuatros A: Asequibilidad, Accesibilidad, Adaptabilidad y Aceptabilidad. Un bonito ejercicio sería construir indicadores para ellos, y aplicarlos a las escuelas y al sistema en su conjunto, ejercicio que pediremos seguramente a algún colega. Hasta la próxima.