miércoles, 23 de septiembre de 2009

LECTURA E INTERNET

LECTURA E INTERNET

¿Qué hace que la Internet sea tan mal o tan bien utilizada? O dicho de otro modo ¿Qué diferencia social hay entre ciertas sociedades y otras en el uso de la tecnología? Porque el avance tecnológico, cuando llega, se incorpora a las estructuras sociales, económicas y políticas preexistentes (y también a las educativas), y las modifica, y a su vez es modificada. Tras 569 años de la Imprenta de tipos móviles de Gutenberg sigue habiendo analfabetismo en muchas sociedades, a pesar del abaratamiento espectacular de los costos de la adquisición de la cultura. Me gustaría hacer una aproximación desde lo educativo.

COMPETENCIAS

El concepto de "Competencia" hoy empleado, abarca, de manera algo esquemática, pero discernible en la práctica, tres conjuntos de habilidades: Conceptuales, procedimentales o procedimentarias, y actitudinales. Hay harta discusión sobre este tema, pero lo empleo por facilidad expositiva. Creo que estaremos de acuerdo si asumimos que la "lectura" implica la posesión de ciertas competencias, que por ahora (siempre esquemáticamente) trataré como si fuera una sola.

En lo conceptual, para leer necesitamos saber ciertas cosas: Qué es un libro, para qué sirve, qué cosas sí y qué cosas no podemos obtener de él, etc. En el aprendizaje, este es el menor de los problemas, porque no necesitamos tener aproximaciones completas, que siempre se construyen, del mismo modo que aprender las partes de una bicicleta o una tijera constituyen un simple problema de memoria. Por otra parte, ello solo no me habilita para leer, del mismo modo que saber qué es un engranaje no me habilita para montar bicicleta. Y en este aspecto todos conocemos los libros o por lo menos los textos, incluso los analfabetos, pues son parte de nuestra vida cotidiana, y todos tenemos una idea más o menos solvente de qué son y para qué sirven, adquirida por un conocimiento social del asunto. Incluso el que no sabe leer está en la misma posición de todos los que no sabemos leer partituras, pongamos por caso, en el sentido de que sabemos que no sabemos, lo que siempre constituye un punto de partida para el aprendizaje.

En lo procedimental la cosa se complica. No basta con tener un libro, hay que "leerlo", y ello implica una serie de operaciones que hay que aprender, y luego practicar para que no se pierdan. Además existe una gradación, pues no es lo mismo Coquito que la Constitución o que "Rojo y Negro", y tampoco es lo mismo leer sobre Astrofísica que sobre Ética. Los procedimientos de lectoescritura son de conocimiento común, hay escuelas diversas y procesos específicos para poder lograr la decodificación y la comprensión lectora, con las variantes lógicas de mayor o menor cientificidad, requerimiento de medios y procesos lógico-metodológicos, financiamiento, etc. También estos procesos están gradados, porque leer es una habilidad compleja, y no se termina de aprender nunca completamente, como en el caso del aprendizaje de un idioma que no es el propio. Una característica particular es importante al respecto: La lectura implica básicamente manejar cierto tipo de procesos lógicos, pues el aprendizaje motor al respecto es relativamente sencillo, y está al alcance de casi cualquier persona.

En lo actitudinal la cosa se complica aún más. Para aprender a leer hay que querer hacerlo, es decir, hay que tener la voluntad o por lo menos las ganas de hacerlo. Como en muchas otras cosas. A nadar o a montar bicicleta se aprende nadando, es decir tirándose al agua. Pienso que aquí está el meollo del problema de la lectura en nuestro país y en otras partes. Para "querer" hacer algo necesito percibir y/o sentir "la necesidad de hacerlo". No me meteré en los aspectos más filosóficos del tema, apenas en los prácticos, pero siguiendo a Ortega y Gasset, diremos que el "estudiante" (pobre imitación de ser humano, según dice Ortega en sus "Lecciones de Metafísica") estudia porque está obligado a estudiar, no porque quiera hacerlo, y no quiere hacerlo porque no siente la necesidad de hacerlo, porque no percibe la utilidad, conveniencia o disfrute de lo que está aprendiendo.

Un paso más: Si saber qué es un libro y qué es leer no es tan difícil, si los procedimientos para hacerlo son de conocimiento común, y el aprendizaje de la lectura es obligatorio, entonces, en general ¿por qué la gente no lee? Y en particular, ¿por qué los jóvenes no leen?

Yo no le echaría la responsabilidad a la Internet. La Internet es un medio, no un fin en sí mismo, como no lo es la TV, la radio, el celular. Cuando la TV llegó al Perú, se pensó que ello resolvería varios problemas educacionales, y ello explica por qué hay tantas frecuencias electromagnéticas sin emplear en el dial de nuestros televisores, en la TV nacional (Estaban, y están todavía, me parece, reservados para el día que el Ministerio de Educación los use, es decir, para el año 3000, con suerte). Si no se hizo fue por falta de voluntad política, no por otra razón. Lo que ocurre es que ese esquema es incompatible con un esquema de TV privada como el que tenemos, aunado a una indiferencia absoluta frente a la educación. Pero sigamos con la lectura.

La Internet, para ser usada con coherencia, implica cierta capacidad de lectura, más la habilidad de reconocer instrucciones y seguirlas. Podemos sacarle mucho más partido, pero esas son las básicas. Procedimental y conceptualmente es sencilla. El problema parece ser actitudinal.

Confrontaré un dato espantoso. En un año específico, creo que el 2003, las computadoras del Proyecto Huascarán fueron empleadas, en la Región Huancavelica, básicamente para ingresar a páginas pornográficas. Si mal no recuerdo, fue alrededor del 80 % de entradas a Internet, más o menos. ¿Por qué los profesores y estudiantes huancavelicanos empleaban la Internet para ésto? Olvidemos la condena fácil. Hablemos de los valores existentes.

Los valores no existen en el vacío, se corporizan en una sociedad que les da más o menos peso, según los requerimientos sociales. Es evidente que los huancavelicanos, profesores y estudiantes, sentían que la necesidad de resolver frustraciones instintivas estaba bastante por encima de la resolución de otros problemas.

Señalaré que también he visto, en Huancavelica, ganaderos bastante indígenas que consultaban los precios internacionales de la lana de alpaca, así que tampoco, tampoco. Pero es obvio que la Internet sirve "para algo", y es la formación de la percepción de la propia necesidad lo que falla significativamente. Nuestra sociedad y nuestro estado siguen siendo un estado y una sociedad donde la represión y la antidemocracia campean, particularmente en las Instituciones Educativas. No parece raro que se emplee la Internet para lograr objetivos sicosexuales y/o económicos.

Nuestra juventud carece de contacto con lo que pasa en el mundo. Los medios de comunicación les dan crimen, prejuicios, ignorancia, sensación de inferioridad, sexualidad reprimida. Nuestras instituciones de gobierno no les dan espacios de recreación, socialización, educación decente, apoyo a la inteligencia. Más bien es al revés. Nuestro Congreso condecora a Magaly Medina ... por favor, ¿eso es lo que queremos como ejemplo de mujer en nuestro país? ¿Cuánta gente sabe que los chinos ponen hombres en el espacio, para ponernos en lo tecnológico, o que Brasil o la India tienen un ambicioso programa espacial? ¿Cuántos sabemos que las potencias biotecnológicas del mundo son Alemania e Israel, cuando somos nosotros los que debíamos liderar al mundo en ello? ¿Qué le entregamos a nuestros jóvenes para que ellos "se interesen"? Nuestros campeones de matemática y de ajedrez tienen que mendigar apoyo de puerta en puerta, ante la descomunal indiferencia de la sociedad y el estado, nuestros jóvenes deportistas para triunfar tienen que irse del Perú, si no, no son nadie. ¿Qué mensaje real damos? Simple, o te vas del Perú a ser alguien, o te incorporas a la mediocridad imperante para ser "alguien", una falsificación del ser. Y se condecora a Magaly Medina, el chisme elevado a la categoría de ejemplo social. Y se glorifica el racismo, vean los programas "cómicos" de nuestra TV. Menos mal existen gentes, contadísimas, de nuestra élite (la más ignorante e intolerante de América - y puede que del mundo - según Vargas Llosa) que demuestran lo que se puede hacer afuera de este enrarecido ambiente. Ya Basadre tomaba debida nota de la "deserción" de las élites, proceso que parece, parece, empieza a revertir. Pero la bienvenida provisión de Malpartidas y Mulanovich es limitada, y faltan Quispes y Condoris en cantidades. Es que están en las cabinas, chateando.

¿Para qué usan Internet los jóvenes en el Perú? Pues para dos cosas básicas: Para saber sobre sexo, y ahí caen en la pornografía, y para socializar. Y no está mal socializar, en sí mismo, pero todas las carencias de nuestra educación, particularmente en conocimiento del mundo, procesos cognitivos, taras morales y éticas, sociedad orientada al parecer y no al ser, cae sobre los hombros de nuestros jóvenes, sin responsabilidad alguna, porque para eso los hemos educado.

¿Por qué sociedades como la cubana se alzan en tanto que nosotros vamos pendiente abajo? Con todas las taras que se le adjudican, con todos los problemas, con pobreza, con bloqueo inclusive. Respuesta simple: Hay educación y hay cultura y hay lectura, basta ver el altísimo nivel de los jóvenes opositores al sistema, que se expresan por Internet, para darse cuenta de que esa es una oposición mucho más sólida que la digitada desde Washington. ¿Cuántos libros edita Cuba cada año? ¿Cuántos el Perú? Tenemos, no lo olvidemos, el dudosísimo honor de ocupar el último puesto en comprensión lectora en la Prueba PISA del 2006. Y encima todos los estudiosos están de acuerdo que la media está sesgada hacia arriba, por las terribles desigualdades entre una escuela de Huancané o Hualgayoc, y el Markham o el Newton, desigualdades en las que sí, somos campeones en el mundo. Al coeficiente GINI me remito.

No. Internet no mata la lectura. Un buen manejo de Internet la fomentaría. Basta ver cuántos miles de libros puede uno bajar de las bibliotecas virtuales, y gratis. Lo que pasa es que hay que querer hacerlo. Parafraseando a Shakespeare: "La culpa, señores, no es de nuestro destino, es nuestra".