viernes, 27 de mayo de 2011

UNA ÉTICA POLÍTICA



Soy un reformista radical. No separo la libertad de la igualdad ni la creación de riqueza de su reparto. Jean Daniel


Acabo de leer un magnífico artículo de Jean Daniel, Director de Le Nouvel Observateur, y traducido por El País de España. Me parece tan importante que hay que meterle punche latinoamericano y lanzarlo a ver qué pasa. El artículo es una síntesis y una profesión de fe, intitulado “Lo que yo creo: Una ética de Izquierda”, e invita en realidad a realizar, o a intentar realizar, una profesión de fe y una síntesis análogas. Para leerlo ir a este enlace: http://www.elpais.com/articulo/opinion/creo/etica/izquierda/elpepiopi/20110506elpepiopi_4/Tes

Una síntesis personal y social

Y ahora, mi turno. Trataré de ser muy personal, porque cada país, cada realidad, cada vida, tiene su propias coordenadas, sus propias circunstancias y su propia lógica. Una ética es algo espantosamente personal, así que hay que negarse al determinativo “la”, y no pretenderse el poseedor de la espada del augurio. Jean Daniel pretende hablar únicamente por sí mismo, y su vida seguramente le respalda. Es cierto que cuando se trata de hacer una síntesis propia inspirándose en el trabajo de otra persona existe el doble riesgo de la copia o de la caricatura. Trataré de colocarme en el centro, por más difícil que sea la equidistancia entre lo propio y lo ajeno. Una síntesis obliga a uno a volver a sus maestros, a sus fuentes primigenias propias o adoptadas, de donde le salió su manera de ser. Personalmente he tenido la suerte de tener muchos maestros y fuentes, así que de seguro cometeré la gran injusticia de no mencionar a algunos y algunas, así que intentaré no mencionar a ninguno.

Sintetizar la propia ética es todo un problema, pues vivimos la película de nuestra vida en una tensión dinámica entre lo que creemos y lo que hacemos y decimos. Consistencia y/o coherencia, que le dicen. Pensar la ética en cierto modo no es posible, como no es posible revisar a conciencia el automóvil mientras éste está en funcionamiento. La ética no se fabrica, se vive. Para los que nos interesa, la ética es mortalmente importante, que nos da una suerte de parámetro desde donde actuamos, y esas acciones a la larga nos dan forma y nos hacen ser lo que somos de manera tal que cada vez se cambia menos. El fin previsible de este proceso es “El Gran Cambio”, la muerte, el paso del Ser al No-Ser. Y de ahí que la ética sea algo que de tan dinámico suele escaparse, y muchos ni saben que la tienen.

Pero este artículo se llama “Una ética política”, y no es casual, porque el entorno cuenta. Hoy el tema de la ética divide a los peruanos. Está, como nunca antes, presente en el paisaje electoral peruano, donde muchos - esperamos que la mayoría - la afirmará como elemento fundamental para definir la elección, y otros, que no son pocos, pretenderán, muchas veces haciéndose violencia, ignorarla o relativizarla en favor de poder seguir diciéndose la Gran Mentira sin estorbos, y continuar viviendo de manera más o menos inconsciente, dejándole sus decisiones a otros. Y es Política, no solamente porque la Política, acto social, es continuación de la ética individual, sino porque hay tantas éticas políticas como individuos. Y esto me lleva a establecer mis propios principios políticos. Recurro aquí a lo dicho por el propio Jean Daniel: No separo la libertad de la igualdad, ni la creación de riqueza de su reparto. La falsa dicotomía que muchos quieren establecer a la prepo en nuestra patria, más que una mentira, es una atroz falacia, que no le deja nada sino el vacío a los que la siguen. Y como a falacia hay que tratarla, es decir como un error de razonamiento. No veo por ende ninguna razón, motivo o circunstancia para separar esquizofrénicamente los valores del crecimiento económico y de la distribución social.

Reflexiones dirigidas

1.- No se puede separar el crecimiento de la distribución de la riqueza.

Mi ética política me dice que la sociedad no puede crecer económicamente sin que crezcan los seres humanos en cuanto tales. No es admisible éticamente para un “homo politicus” (qué feo suena) que el crecimiento solamente beneficie desaforadamente a unos pocos y la gran mayoría se quede tirando cintura. Como el mundo cambia más rápido que nuestro deseo de cambiarlo, me separo de Daniel en que no veo razón para no ser radicalmente radical, y exigir el cambio “desde la raíz”, todo, aquí, y ahora; que es exactamente eso lo que significa ser radical. Creo en las reformas porque hay que hacerlas, y en las revoluciones cuando hay que hacerlas, porque hablar de progresos – asumo el sentido de Jean Daniel de “progresos” – es relativo a los grupos humanos. No es admisible moralmente que haya gentes que empiecen su ruta vital desde las alturas mientras otros lo hagan desde condiciones de vida que avergonzarían a un perro.

2.- El Poder Corrompe, y se le controla con Democracia

Con Jean Daniel, desconfío del Poder y de las revoluciones que tienen por fin la Toma del Poder. Demasiado hemos visto en el siglo XX, desde Bela Kun hasta Stalin, pasando por Mao y Sendero Luminoso sobre lo que ciertas revoluciones le pueden hacer al ser humano, en lo bueno y en lo malo, y creo en profundidad que lo bueno no justifica lo malo. Pero eso no quiere decir que los compromisos a los que necesariamente hay que llegar se conviertan en componendas, inevitablemente ligadas a la Corrupción. Para evitar o paliar este fin la revolución se justifica, como la historia demuestra, para demoler los sistemas que convierten la libertad y la igualdad humanas en payasadas. Una política honesta no puede transar con el relativismo desencantado de la posmodernidad, y está en la obligación de llamar las cosas por su nombre. Si la democracia no es una pasión movilizadora, entonces no es nada.

3.- En vez de ideologías, “virtudes republicanas”

Los dogmas y las ideologías se hicieron puré en el siglo pasado. El principio de Complejidad de Edgar Moran no es un divertimento intelectual, es una condición del pensamiento para empezar a hacer política en serio. La soberbia y exclusividad del pensamiento único, que nos dirigen al fracaso y a la extinción como especie, deben ser combatidas frontalmente con astuta tolerancia democrática, hábil humildad intelectual, y un inteligente entendimiento en el diálogo y en el manejo de los eternos conflictos de la convivencia humana. Y hay que estar vigilantes para extirpar la soberbia y la autosuficiencia del seno de las propias filas de la opción política que uno asuma. Ya se hace demasiada. Hay que decirlo claro: El que no está contra nosotros, está con nosotros.

4.- El ser humano es su propia finalidad

No se puede sesgar la igualdad de la libertad, ni a la inversa. En el primer caso llegamos a la dictadura y la tiranía, como avizoraran en diferentes líneas Proudhón, Rosa Luxemburgo y Antonio Gramsci; en el segundo caso arribamos al Capitalismo Salvaje y la Ley de la Selva. Dialécticamente, la fraternidad como Valor debiera limar las asperezas que existen entre la Libertad y la Igualdad, reunirlas y dar algo nuevo como resultado, algo que no existía antes. Los extremos de Hobbes y Rousseau no nos sirven. El ser humano ni es lobo ni es cordero, es un ser humano. Por eso el crear riqueza no debe estar separado de distribuirla, y una sociedad no es solamente un sistema económico.

5.- El dinero no es mercancía

El dinero es el símbolo de la riqueza, la unidad de cuenta y un eficaz instrumento para circular la riqueza. La especulación es la culpable de la mayoría de las crisis. Cuando la sociedad pierde de vista la producción de bienes y se “financiariza” en exceso, el dinero se convierte en fin supremo, y desplaza al ser humano. La pobreza no es una cifra, ni la sociedad una bolsa de valores donde impere el individualismo cínico.

6.- La violencia lleva a la extinción

Tras siglos de irresponsabilísima indiferencia frente a los costos humanos de la violencia, o a su relativización en función de valores supuestamente más importantes; llega el momento de decir con toda claridad que la violencia no se justifica ni siquiera en los peores momentos, y que si debe tolerarse como parte de la condición humana, debe ser reducida al mínimo absolutamente indispensable. La violencia es el instrumento de la extinción humana, si es de origen individual, pero peor aún cuando se asume como medio institucional. La violencia es regresión al pasado pre-humano. Si hay que luchar por la Libertad y la Justicia, y contra el Terror y la Injusticia, las formas de lucha que preferiremos son activamente no-violentas, para evitar el sacrificio inútil. La guerra solo se puede justificar en legítima defensa, y tras haber agotado todos los recursos pacíficos.

7.- La barbarie no se responde con barbarie

Si a la barbarie se le oponen sus mismas armas, nos convertimos en aquello contra lo que luchamos. De víctimas nos convertimos en verdugos. Usar las mismas armas del enemigo nos convierte en enemigos de nosotros mismos, porque así traicionamos los valores por los cuales combatimos. La pulverización de los dogmas, las ideologías y los credos religiosos que nuestra época opera rebotan en fanatismos irracionales. El fanatismo es una absolutización de las propias creencias que crea deformidades morales, con las que se justifican los temores ocultos de la humanidad, y se llega a la barbarie. El fanatismo debe ser entonces prevenido y desarmado por todos los medios a nuestro alcance.

8.- El Odio destruye

Entre los efectos principales del odio instalado en la condición humana están el racismo, la discriminación, el desprecio del Otro que lleva inevitablemente con el tiempo a su destrucción física, a no ser que se intervenga activamente al respecto. La opresión lo es fundamentalmente porque humilla al Otro, pero el Yo y el Otro somos el Nosotros, y una casa dividida se derrumbará sobre sus ocupantes. La anti-ética del odio debe ser sustituida por una ética del sentimiento, de la vida y de la razón humana, armoniosamente vinculadas.

9.- La resignación mata

La vida es lo único que poseemos, individualmente y por poco tiempo. La humanidad permanece en nuestros descendientes. Resignarnos ante las desgracias de la vida y las maledicencias de los seres humanos es perder los valores más acendrados y sostenidos de la humanidad: El coraje de no claudicar jamás ante la Mentira, la Corrupción, el Odio, la Intolerancia, la Soberbia y todos aquellos antivalores que destrozan la supervivencia de la especie y la arrojan a condiciones de vida inhumanas y abyectas.

Sé que esto sonará a mis amigos como romanticismo. Me importa tres pepinos. Una ética es un deber ser, y el deber ser se involucra necesariamente con el intento que hacemos de vivir acordes con aquellos principios que, como seres humanos, nos planteamos. Lo que cuenta en estos momentos electorales es saber quiénes somos, cuánto valemos y por qué hacemos las cosas. Como lo planteaba San Pablo, Ama y Haz lo que Quieras, porque si asumimos el Amor como un principio de valoración fundamental, y la intención como elemento de la validez de una ética, entonces aún en los errores habrá posibilidades. Lo que no es admisible es que la Política no contenga límites y que todo sea dirigido por una simple ansia de poder.

Y cómo los seres humanos no somos perfectos, tenemos que replantearnos la naturaleza de la utopía. El que tenga cerebro, que entienda.