viernes, 15 de abril de 2011

FALACIAS POLÍTICAS - Uno


Un buen amigo mío me acusa, con toda razón, de hacer artículos demasiado largos. Le creo. Y por eso lo que voy a hacer es acortarlos lo mejor que pueda a fin de hacerlos más leíbles. Entiendo que ciertos estilos cansan, y me lo tomo como un reto alegre.


Hace unos años escribí y publiqué en redes un conjunto de articulitos sobre FALACIAS POLÍTICAS, como una contribución para la educación ciudadana y política. A algunos les gustaron y le sparecieron útiles. Procedo a republicarlos, con una que otra enmienda, con la idea siempre presente de ayudar a mejorar el discernimiento político de mis lectores. Y ahí voy:

FALACIAS POLÍTICAS

Iniciamos hoy día un pequeño estudio sobre la verdad política. Como sabemos, se acusa a la política de ser el “reino de las mentiras”, o quizá más bien “el reino de los mentirosos”. Diremos más que ello, la política es, desde la remota época de los sofistas, el “reino de las falacias”.

Voltaire decía que La ignorancia afirma o niega rotundamente: la ciencia duda. También decía festivamente que si los pobres aprenden a pensar, estamos perdidos. Las mañas de los políticos tradicionales deberían ser siempre deconstruidas y combatidas, y el primer paso debería ser poder identificarlas.

Se ha dicho que, en política, pensar mal es pensar bien, y aunque ello puede ser cierto en términos éticos, hace falta desarrollar mejor el tema argumentativo, más aún en una época como la actual, donde el sistema de poder excluye sistemáticamente a las inmensas mayorías por la vía de no enseñarles a pensar, ni siquiera a leer correctamente. Y no digamos la exclusión en términos de formación valorativa política. Si las personas no pensamos políticamente, nos costará diferenciar entre las propuestas serias y la demagogia pura y simple.

Duda y confianza política

Desde una perspectiva de prescripción argumentativa podríamos decir que lo primero que se debe hacer es DUDAR: dudar siempre, dudar de todo, dudar de todos. Pero atención: La actitud de dudar no es una finalidad en sí misma, sino un medio para aproximarse a un conocimiento válido. Si dudamos de modo absoluto caemos en el inmovilismo, y no se podría hacer nada útil. Y de hecho esto nos pasa todo el tiempo. La duda como fin en sí misma no nos es útil políticamente, y el inmovilismo deja hacer a los corruptos y sinvergüenzas. Añado que la duda es importante incluso dirigida a aquellos a quienes apoyamos. No es política seria apoyar únicamente con las ganas o con el hígado, las neuronas tienen su parte.

Esto nos lleva a preguntarnos sobre el tema de la “confianza política”, porque si efectivamente debo dudar, no puedo ni debo dudar a fortiori todo el tiempo, es decir, debo asumir que debo poder confiar racionalmente en que lo que me dicen puede ser verdad, a veces dando el beneficio de la duda, incluso al adversario político. El fanatismo no nos conduce a ninguna parte. Y los políticos pueden construir confianza política a través de la credibilidad, las estrategias de diálogo y las diferentes técnicas para poder trabajar en conjunto y resolver los conflictos. Si no conseguimos una confianza medida y racional, simplemente nos condenamos a no alcanzar nunca un equilibrio, es decir, a ahogarnos en nuestras propias dudas. Y los partidos políticos que aspiran a ser alternativa de gobierno tiene que tener estrategias para trabajar la confianza de los ciudadanos.

Por ello lo segundo que se debe hacer, es INVESTIGAR. Si la duda no sirve para incrementar nuestros conocimientos y hacer valoraciones políticas correctas, entonces no pasa de ser pura huachafería intelectual. Es decir, en última instancia, una máscara sin contenidos adentro.

Quedamos entonces en la importancia del dudar, pero sin dejarnos manejar por la duda como fin, sino como método, como medio para llegar a ciertos niveles de confianza política.

Lógica y argumentos políticos

¿De qué herramientas intelectuales disponemos las personas para dudar? ¿Cómo se puede comprobar que un argumento político es fruto de un razonamiento correcto, y no de un error, o pero aún, de un engaño deliberado?

La lógica es la ciencia de pensar bien y saber extraer conclusiones de enunciados, verdaderos o falsos, llamados premisas. No trata de la verdad o falsedad de dichas premisas, sino del mecanismo de obtención de conclusiones. No todos los razonamientos pasan esta formalidad, y a los razonamientos que no pasan los llamamos "falacias". Algunas “falacias” aparecen como simples errores de razonamiento, otras resultan ser puramente especulaciones, y otras son simplemente engaños y mentiras, y llevan la intención de engañar o confundir, y de éstas nos tememos hay a montones.

La Lógica es, en ese sentido, una ciencia implacable que ha descubierto ciertos patrones y características que comparten las falacias lógicas. Sonará curioso, pero la mayor parte de lo que se sabe sobre las falacias fue investigado y descubierto por los pacientes y estudiosos monjes de las abadías europeas de la Edad Media.

La Falacia ad-hóminem, o Contra la Persona.

Esta es la reina de las falacias. La más empleada, la más presente. Su fundamento es muy simple: atacar a quien sostiene una opinión, evitando argumentar contra ella. Si alguien emite un juicio y yo no estoy de acuerdo, la argumentación debería girar en torno a dicho juicio, no en torno a la persona que la emite. Y por eso se llama "ad-hóminem", "contra el hombre". Yo puedo, y debo, respetar a mi antagonista como persona e incluso como adversario, aunque no esté de acuerdo con sus ideas y argumentos.

a) Primera variante: "Descalificación"

Cuando un personaje usa un argumento "ad-hóminem" contra otro, los periodistas dicen que "lo descalificó". Esto es muy común en América Latina y el Perú.

Algunos ejemplos nos serán útiles, y procuraremos que no sean demasiado actuales, para evitar suspicacias. Por cierto cualquier semejanza con actuales o cercanos candidatos a la Presidencia de la República son, lo prometo, pura coincidencia:

• Un alcalde, sospechoso de hacer realizado gastos excesivos, afirma que su acusador es un alcohólico y drogadicto, con lo cual lo “descalifica” (aunque nunca demuestra la veracidad de sus aseveraciones)... pero no dice nada acerca de los gastos.

• El exPresidente de México, Vicente Fox, señalado por incumplir muchas promesas de su campaña, afirma que sus críticos son perros que ladran porque él avanza... pero no dice nada acerca de las promesas.

• Diversas organizaciones se pronuncian a favor del aborto para proteger la salud de las mujeres que lo practican clandestinamente. El político XXX los ataca diciendo que son "fanáticos de la cultura de la muerte" y "asesinos de inocentes"... pero nada dice de la salud de las mujeres.

b) Segunda variante: "Autoridad moral"

Otra forma de argumentar "ad-hóminem" es poner en duda la "autoridad moral" de la otra persona. Nunca ha quedado claro qué es o debería ser la "autoridad moral" o la "calidad moral", pero de todos modos se le menciona, entre otras cosas porque suena bonito.

En algunos casos tenemos la vaga sensación de que este argumento tiene cierta justificación, pero la lógica es inflexible: se trata de una variante del argumento "ad-hóminem".

• Un grupo de parlamentarios señala las dificultades económicas que atraviesa el pueblo con el actual gobierno. El Primer Ministro los acusa de no tener "calidad moral" para criticarlos... pero no dice nada de las dificultades económicas.

c) Tercera variante: “Intereses ocultos”

Es pariente muy cercano de la variante de “autoridad moral”. El supuesto es que alguien tiene ciertos intereses “inconfensables”, lo cual anularía de alguna manera, nunca especificada, sus argumentaciones.

• Un alcalde habla de una nueva carretera y dice que la mejor opción es hacerla pasar por un lugar determinado. Sus adversarios políticos, sin molestarse en analizar sus argumentos, dicen o sugieren que el alcalde tiene “intereses inconfesables” (presuntamente especulación de terrenos) y por tanto su opinión está sesgada de antemano.

• Un periodista expresa su postura ante los recientes escándalos por abusos sexuales de sacerdotes católicos. De inmediato, otro le responde que “no debe opinar, porque es bien conocida su afiliación católica”.

Podríamos coleccionar algunas afirmaciones de este tipo de entre nuestra clase política. Les propongo este ejercicio, les recuerdo que esto está listo para señalar más falacias en próximas entregas, y hasta la próxima.