martes, 12 de abril de 2011

APOCALÍPTICOS Y DES-INTEGRADOS


El miedo es el más ignorante, el más injusto y el más cruel de los consejos. (Edmund Burke)

Qué ha pasado el 10 de Abril

Hace casi 2 días que la primera vuelta de las elecciones presidenciales peruanas ha terminado. De ellas, y de acuerdo a las cifras oficiales que están saliendo ya, emerge un cuadro que calificaremos, siguiendo y a la vez apartándonos del conocido texto de Humberto Eco, de APOCALÍPTICOS Y DES-INTEGRADOS.

¿Qué ha ocurrido? Pues que, como es obvio en cualquier elección, emergió un ganador. GANA PERÚ, coalición liderada por Ollanta Humala se ha alzado con la primera mayoría, al lograr un 31 % de los votos. Un 23 % aproximadamente, ha logrado FUERZA 2011, nombre que para estas elecciones adoptó el fujimorismo. Los grupos más o menos afines al modelo económico de Castañeda, Toledo y Kuczynski, han quedado atrás, y ya no juegan el juego sino desde la cazuela o entre bastidores. Desde el punto de vista estrictamente electoral, su influencia está ahora circunscrita al nivel congresal, y en este aspecto, y durante los cinco años que vienen, el Congreso que emerge de estas elecciones tendrá vigencia. Para la dilucidación de la Presidencia, el 5 de junio se realizará la segunda vuelta electoral, donde se enfrentarán Ollanta Humala y Keiko Fujimori.

Cinco años de Guerra Sucia

Desde el año 2001, la estructura electoral ha reflejado la carencia de un real sistema de partidos. La representatividad del sistema político, producto de la Constitución de 1993, ha sido y es severamente cuestionada, y resulta defendida básicamente por los que ganan con ello. También ha resultado normal que los sucesivos Congresos hayan carecido de una clara mayoría que diera sostenibilidad al gobierno, y ello ha fomentado la negociación política bajo la mesa. La disolución por Alberto Fujimori de un Congreso sobrepoblado, indiferente y corrupto en 1992 fue saludada por la ciudadanía en su momento, pero el resultado político ha sido un Congreso más o menos igual de indiferente y corrupto, pero esta vez con infrarrepresentación.

Las elecciones del 2006 y las del 2011 registran el mismo ganador en la primera vuelta, Ollanta Humala. En 2006 una coalición de todas las fuerzas de la derecha, estructurada a toda prisa, y basada en oscuros manejos electorales que permitieron a Alan García llegar al ballotage, le arrebató el triunfo a Ollanta Humala por muy pocos votos y en medio de una guerra sucia malévola y sin cuartel. Esta guerra sucia ha sido la característica más saltante del discurso político los últimos cinco años, y en ella se emplearon a fondo gran cantidad de recursos, desde el gobierno y desde el poder económico y mediático. El “Método Montesinos” fue rechazado de dientes para afuera, pero aceptado como manual de operaciones. Se adquirió congresistas al por mayor, se sesgó la información, se manejó el efecto anchoring y el bloqueo informativo, se emplearon el Poder Judicial, la escucha electrónica y la represión, todo bellamente estructurado como en los mejores tiempos de los 90, aunque no con la misma efectividad, hay que decirlo.

Quizá nunca un personaje político peruano haya sido tan espulgado y atacado desde todos los ángulos como lo ha sido Ollanta Humala, con la única excepción de Víctor Raúl Haya de la Torre. Sin embargo, el efecto de esta guerra sucia resultó contraproducente, pues en estas elecciones Ollanta logró básicamente el mismo porcentaje de votos entonces que ahora. Obviamente la guerra sucia no logró reducir la percepción del pueblo peruano de su propia realidad, sino que además permitió objetivamente un aumento cuantitativo en el apoyo electoral, dado el crecimiento vegetativo de la población. Ni Haya de la Torre ni Ollanta Humala fueron atacados por los grupos del poder fáctico de nuestro país por ser feos, malos chicos o por un repentino interés en la democracia por parte de los poderes fácticos. La política de a verdad se fabrica a partir de los intereses, y en nuestro país, si bien el pueblo está infrarrepresentado, los grupos de poder fáctico están perfectamente representados, e incluso sobrerrepresentados.

De nuevo y a acomodarse

No hemos revisado aún cuantos parlamentarios ha conseguido poner Yanacocha en su “bancada dorada”. La Confiep ha respondido con rapidez a la primera vuelta creando un spot radial, que ya se emite, y cuyo mensaje es “No al Cambio”. Don PPK ha manifestado que no votará por Ollanta, lo que quiere decir que ya sabemos por quien lo hará. Aunque los alineamientos no están aún completamente claros, los discursos ya presentan ciertas características de una nueva guerra sucia, otra vez, tal vez con unos pocos cambios y ajustes. Se seguirá fabricando el miedo, creando estereotipos y prejuicios, y los temas serán los mismos: que si Chávez, que si la estatización, que si el radicalismo, que si se comen a los niños crudos o sancochados.

El lado de la propuesta resulta igual de fantasioso. Los discursos de los grupos del poder fáctico plantearán el mundo bello y hermoso de la Inversión, como si nada hubiera pasado, unido al tema de lo malo que es Ollanta y de que ya, ya, ya, el crecimiento llega y todos seremos ricos. Se planteará una vez más el mundo ideal de la República NeoLiberal de Ninguna Parte, habitada por esforzados inversionistas extranjeros, pajaritos de colores, puros de corazón y los candorosos a los que Ricardo Palma llamaba cándidos. En esa República reinan los hermosos sentimientos patrióticos, los empresarios trabajan teniendo en su mira el bienestar de las mayorías, los políticos abandonan sus intereses particulares para servir a los Pobres del Perú, los electores son todos igualitos en cuanto a inteligencia, capacidades y sentimientos, y los intereses de las grandes empresas resultan ser los de todos los peruanos. Es una pena que esa República solamente exista en la imaginación.

Floro y chamullo

Como los discursos políticos, lejos de evidenciar los intereses, por lo general los ocultan, la capacidad para el disfraz es altamente valorada en el mundillo de los poderes fácticos, lo que por cierto linda con la hipocresía y la mentira. En términos muy generales podríamos decir que la mentira y la corrupción andan juntos, y la plata en realidad “no llega sola”. El discurso puede hasta ser correcto, inclusivo, hermoso y coherente. El único problema es que no se condice con la realidad, y un discurso tal puede terminar perfectamente devaluado por su aplicación concreta en manos de un político determinado. Testigos los últimos cinco años de chamullo.

Los muchachos solían decir, cuando un discurso sin contenido se orienta a un objetivo no confesado, pero que redundará en ventaja para el que lo dice y daño para el que lo escucha, que eso es “floro”. El término es tan bello que vale la pena dilucidarlo. ¿Aludirá quizá al hablar bonito que “echa flores” que distraigan al incauto al que se dirige? ¿Se percatará la chica que ese canto de sirena hará que termine, como decimos acá, bastante agresivamente por cierto, con la yuca adentro? No es nada casual que la yuca, ese inocente tubérculo, se haya constituido en el imaginario popular como un símbolo de Alberto Fujimori, cuya participación en un eventual nuevo gobierno parece estar siendo celebrada con antelación. Pero la yuca en tanto que instrumento político ha sido tan utilizada estos años en su versión aprista, que ha producido ingentes daños en la confianza de las gentes, y en la capacidad de los electores para el discernimiento político.

Apocalípticos

El Apocalipsis es un libro de la Biblia y un género literario que nos remite a las señales que preceden al fin de los tiempos. El fin de los tiempos, además, es visualizado como una suerte de gran cataclismo universal. Parece que estuviera en el fondo de cada ser humano el temor frente a estas fuerzas de la naturaleza que en su furor tratarían a los seres humanos como éstos tratan a las hormigas. Y este temor puede explotarse y es explotado. No falta nunca un periódico cuyo titular diga, en letras grandes y espectaculares que el fin del mundo se acerca, sea por meteoros, erupción volcánica, terremoto, tsunami, invasión extraterrestre o epidemia universal. Y curiosamente siempre aparecen cuando hay alguna noticia sobre Ollanta Humala, así que podemos fácilmente colegir que la asociación del contenido apocalíptico a una determinada persona o posición política empleando las técnicas de la comunicación de masas, seguramente sirve a un objetivo político. E implica además algún tipo de coordinación. Hace mucho que dejamos de chuparnos el dedo.

Lo que se trató y se tratará de nuevo es de presentar un eventual gobierno de Ollanta Humala como un sucedáneo del Fin del Mundo. Tuvo algún efecto. No sirvió para reducir la votación de Ollanta, pero sí para elevar barreras emocionales sólidas y dividir al país. La emocionalidad es resistente a los argumentos lógicos, y por ello en el Manual del Perfecto Manipulador (Prólogo de Rendón, Prefacio de Montesinos) con toda seguridad están detallados los métodos y protocolos a emplear. Por supuesto, si haces las cosas descriteriadamente, por más que sigas el manual al pie de la letra no te funcionarán las cosas. Se requiere cierto desapego emocional, cierto profesionalismo que, cuando estás a merced de tus propias antipatías, casi siempre indica que eres una víctima de tu propia medicina. Eso le pasa a algunos dizque periodistas y directores de ciertos medios de descomunicación.

En mi artículo Humala el Malo planteé algunos de los temas que andan por debajo de ello, así que ahí lo dejo. Ahora me interesa más hacer notar el planteo apocalíptico que se está dando a estas elecciones. Se empezó desde una perspectiva discriminadora y racista, orquestada desde las redes sociales, como para decir, por ejemplo, que el voto de alguien con Féisbuk es más “válido” que el de alguien que no lo tenga. De hecho se jugó, a mi entender con absoluta irresponsabilidad, con los sentimientos negativos instalados en profundidad en las gentes. Campean los adjetivos y los epítetos vacíos pero efectistas. Incluso hay abiertos discursos racistas, frente a los cuales una personalidad de alta calidad moral y prestigio alcanzado con toda justicia como Gastón Acurio, elevó con coraje su voz, dando una muestra de decencia personal y sentido democrático que debería ser mucho más imitada.

Desde el otro lado, ciertas opciones asumen un sentido común bastante cuestionable, la de suponerse a sí mismas como “democráticas”, con exclusión de otras. Normalmente este discurso iría unido a un sentimiento de superioridad intelectual y a cierto desarraigo emocional. Naturalmente esto último lo digo a modo de hipótesis. Se asume alegremente que ser demócrata significa estar de acuerdo a rajatabla con un modelo económico, y si no lo estás, ya no eres demócrata sino un malvado. Y en este saco se echa a todo aquel que haga alguna crítica al modelo económico, aún de modo light, por ejemplo si crees que si hay empresas que hacen sobreganancias no esperadas se podría cobrar impuestos sobre ellas. O si deberíamos utilizar el quechua y el aymara para comunicarnos con los millones de peruanos que emplean estas lenguas. ¿Cuál es el fundamento racional – que debería tenerlo – para oponerse a estas medidas? Cuando estos y otros temas aparecen la discusión política es dirigida a temas de carácter emocional que ocultan en vez de mostrar.

No puedo dejar de mencionar al más talentoso de nuestros apocalípticos, Don Mario Vargas Llosa, cuya contribución a las visiones del Apóstol Juan nos ha dado excelentes y a veces magníficas metáforas. Lástima que la mayor parte de las veces estén desprovistas de sentido político, excepto tal vez para esa República NeoLiberal de Ninguna Parte, que según parece solamente existe en la desbordante imaginación de nuestro Premio Nóbel, en alguna región entre la España de los Borbones y el Irak democratizado a la prepo.

Des-integrados

En el terreno de la Política de verdad ahora se trata de plantear los términos de la discusión. Ir a la búsqueda del centro político. De la gobernabilidad que permite la estabilidad dentro del libre juego de los mecanismos democráticos. No será sencillo. Primero porque GANA PERÚ aún no ha sido refrendado en segunda Vuelta. Segundo porque los mecanismos comunicacionales de la Desintegración y la Exclusión volverán a formularse y reformularse, a la búsqueda de la mejor defensa de ciertos intereses. Y aquí se jugará otra vez con el Miedo.

Hay muchas cosas que nos dividen, pero hay una que atraviesa el esquema político de parte a parte, de tal manera que pareciera ser constituyente del esquema con que nos hemos manejado hasta hoy. Esta división traza una línea dentro de la sociedad y las instituciones, en el Poder Judicial, en el parlamento, en las Fuerzas Armadas y policiales, en los Partidos políticos, en el Sector privado, en las ONGs, en fin, en todo. Es la fina línea que separa a la corrupción del interés bien entendido. Nadie puede realistamente oponerse a que las gentes se ganen la vida desplegando esfuerzo, capacidad y astucia, y a alcanzar el bienestar aumentando las riquezas propias con sensatez, abiertamente y creando valores agregados. Gastón Acurio y muchos otros empresarios peruanos constituyen un ejemplo al respecto, que ya quisiéramos que fuera el paradigma preponderante. Pero no es lo que las desconcertadas gentes peruanas tienen instalado en su inconciente colectivo, por poco que rasquemos. El narcotráfico, el aprovechamiento de las ventajas injustas, el patrimonialismo, la concentración que excluye, la corrupción simple y llana, en suma, son todavía los modelos en los que educamos a nuestros hijos, lo sepamos o no. Lo único realmente decente es hacer algo al respecto.

Quizá el elemento real que, considerado individualmente, produzca más miedo silvestre y cerval en ciertos grupos económicos y en un sector importante de la clase política, sea el de la Lucha contra la Corrupción. Este miedo es proyectado a las cajas de resonancia mediática con la idea de generalizarlo, en la idea de que un árbol se esconde mejor en el medio de un bosque. El compromiso de GANA PERÚ en la Lucha contra la Corrupción produce Miedo. Miedo a ser descubierto, miedo a que se sepa la Verdad. Recordemos los Vladivideos, de donde Montesinos extraía en parte su poder sobre la sociedad peruana, un poder que surgía curiosamente del manejo retorcido de la verdad. Interesante resulta ver a la candidata de FUERZA2011 señalar que será ella misma la que se ponga al frente de la Lucha contra la Corrupción en un eventual gobierno de Fujimori. Recordemos que Alan García dijo lo mismo, y que nombró a una “zarina” que tuvo que renunciar porque no tenía ni presupuesto, ni sueldo ni escritorio ni pasajes ni siquiera una cafeterita para el cafecito de media mañana. El lenguaje también suele servir para ocultar la decisión política de no hacer nada.

El combate frontal y sin atenuantes contra los faenones es una bandera irrenunciable. Sin ella, GANA PERÚ es nada. Urge que se presente un Plan Anticorrupción, sólido y con dientes. Ramón Castilla decía que la corrupción no era tan complicada en los estratos bajos de la sociedad, sino en los altos, porque desde allí se contagiaba como la fiebre amarilla. Pero tampoco se trata de ser complaciente con la “corrupción-hormiga”. Sin embargo, el Buen Gobierno exige sentar ejemplos claros.

Si bien la negociación política es normal en el desenvolvimiento de las relaciones de Poder, se necesita diferenciarse con absoluta claridad y evidencia del estilo de “negociación” de Fujimori-Montesinos, y recordar a la olvidadiza memoria nacional, sin temor alguno, las inocentes reunioncitas en la salita del SIN. La negociación es un mecanismo político decente y normal, donde las astucias se despliegan y las inteligencias contienden entre sí. Las negociaciones que se establezcan debieran ser en lo posible a puertas abiertas, con las cartas cara arriba y a la vista de todo el mundo. Nada hará más daño que una negociación bajo la mesa. No se puede permitir confusión alguna en este sentido.

Qué hemos ganado los peruanos

Dentro de la real situación de nuestro país, donde incluso el Presidente García acepta, fuera de su habitual triunfalismo, que hay población que no ha alcanzado los beneficios del crecimiento económico, ahora se trata de ver como integramos los esfuerzos de los peruanos de buena voluntad para empezar a hacer lo que se reclama necesario y frente a lo cual no se ha hecho realmente nada o muy poco en los últimos años.

Los objetivos nacionales resultan claros: Calidad educativa, masiva. Atención de Salud de calidad, masiva. Lucha contra la Corrupción, masiva. Seguridad Ciudadana, masiva. Inclusión, masiva. Crecer no lo es todo, repartir es necesario. Se trata de mantener un crecimiento económico sólido y consistente que dé soporte a la ejecución de estos objetivos, empleando las exportaciones mineras – riqueza que Dios nos ha dado, y que se acabará algún día - como palanca para un desarrollo eficiente, que abarque a la mayor cantidad de peruanos que nos sea posible. La Agricultura de consumo interno, y la de exportación no tienen por qué desarrollarse de espaldas la una a la otra. Producir alimentos, en este mundo abarrotado de gente, es Poder. La investigación científica y el desarrollo tecnológico deben dejar de ser los huérfanos del Estado. Erradicar el analfabetismo no es obligar a la gente a que emplee el castellano, sino a que aprenda a leer, en su idioma y también en castellano, nuestra lingua franca. Defender el patrimonio natural y cultural es una prioridad. Desarrollar nuestra Identidad como País de Todas las Sangres, un imperativo.

¿Cómo obtener una integración nacional en función de estos altos objetivos frente a las inmensas fuerzas que se le oponen? Durante mucho tiempo hemos estado presos en un esquema donde el Otro era visualizado falazmente como poco menos que responsable de su pobreza e ignorancia. Para que algunos vivieran regular se condenó a millones a la abyección. Decir que la pobreza ha disminuido porque si en vez de morirte lirondamente ahora vives con tuberculosis y desnutrición, y además hay que agradecerlo, no tiene sentido ni racional ni emocional. Hay que abandonar la costumbre infame de decir las cosas sotto voce. Se necesita, antes que nada, superar el miedo. El miedo destruye. El miedo paraliza. A lo único que debemos temer es al temor mismo.