miércoles, 8 de junio de 2011

EL MANEJO DEL PRÍNCIPE



“Sería una gran reforma en la política el que se pudiera extender la cordura con tanta facilidad y tanta rapidez como la locura." (Winston Churchill)

Atendiendo a las últimas novedades políticas, se observa últimamente el redespliegue de una maniobra de manipulación del poder político por parte del poder económico, algo torpona, por lo apurada y guiada por los miedos de la concluida campaña presidencial. Se ha querido tener Premier, Ministro de Economía, Portero de Palacio y Guachimán incluso desde antes de que se termine el conteo de votos en la ONPE. Bien es verdad que el vencedor de la lid electoral ya es conocido gracias a la aplicación de la estadística, pero ateniéndonos a la costumbre normal de suponer que el electo no asume hasta 28 de Julio, el hecho que se exija sin anestesia, con estridencia electoral, y de una vez, los nombres de sus colaboradores suena a chantaje, a miedo y a otras cosas.

Chantaje

Empecemos por el chantaje emocional. Fue uno de los aspectos menos sutiles de la campaña electoral, y fue instrumentado a través de demasiados medios de comunicación que perdieron toda objetividad periodística. Se propalaron mentiras crasas, más allá de la imaginación de cualquier cruel tiranuelo, como que se les iba a arrebatar los niños a las madres para ponerlos a disposición del estado. Se dijeron falsedades en todas direcciones, de toda laya y de todo calibre. Se propalaron audios y videos que no decían nada, pero cuyos titulares sí lo sugerían. Una descripción detallada del tema escapa a la intención de este artículo, pero sería buen ejemplo para las clases de ética periodística. Simplemente diremos que el periodismo, el más vil de los oficios, mostró toda su malvada entraña, en frente de todos y con vergüenza callejonera. De hecho el tema manipulatorio sigue adelante, y todo hace presagiar que estas malas costumbres periodísticas continuarán en la medida que la libertad de prensa esté secuestrada por la libertad de empresa.

“Yo no fui”

Desde hace varios días diversos periodistas, algunos sin y otros con culpa, mencionan, dicen y “aclaran” en todos los tonos que los medios de comunicación no eligen y que no deciden las elecciones. Esto suena demasiado a una justificación del tipo del “Yo no fui”, y a una suerte de repentina y falaz autorreducción de su propia importancia. Supongamos que la afirmación es correcta, y que los medios no deciden una elección. Entonces ¿por qué lo intentaron una y otra vez, desde tiempos inmemoriales? Y además, ¿por qué en esta ocasión se rebasaron todos los límites de la ética periodística? Lo falaz en el asunto es que sí es cierto que los medios pueden influir en el resultado de las elecciones, pero que también es cierto que no siempre les funciona. La afirmación, por ende, es una clásica media verdad. Y basta haber soportado la artillería de Bayly y los titulares de El Comercio y Perú21 para, por lo menos, percatarnos que si no les funcionó, no fue por falta de intentos.

Arrepentimientos tardíos

Reconocemos que hay una diferencia entre Libertad de Prensa y Libertad de Empresa. Algunos periodistas, de diversos bandos o posiciones, han mostrado cierta vergüenza deportiva y autocrítica real, mientras que otros más bien han enseñado un poco varonil ensayo de autojustificación, ante el público y sus eventuales futuros empleadores, de sus acciones pasadas. Como en muchas actividades humanas, los viles se esconden detrás de los probos. Y nosotros, el público que debe soportarlos, debemos tragarnos a demasiados plumíferos por razón de las dos docenas de periodistas que sí se merecen ese nombre. Y en esto seamos claros, ha habido periodistas que han tomado partido, de ambos bandos en disputa, que lograron mantener su credibilidad. Otros, en cambio, fueron simples cajas de resonancia de sus jefes, y solo respetaron plenamente sus billeteras. Y eso se notó demasiado.

Miedo

La población electoral logró superar el miedo instilado desde los poderes expresados por los medios de comunicación. Dado que el miedo ha sido de probada eficacia en muchísimos casos, fue la única y verdadera arma con la que contaron. Se sabe que las emociones de las gentes son fácilmente manipulables, y que la razón no siempre predomina. Para qué razonar si el miedo es más rápido y sobre todo, más costo-efectivo. Es, además, mucho más rentable, porque una psicosis de miedo permite lograr objetivos políticos ulteriores. No queremos ni siquiera imaginarnos lo que pasaría si la otra opción hubiera triunfado, con la consiguiente implantación de un modelo político basado en el miedo. El diario Correo se solaza en publicar, de una manera que solo podemos calificar de malvada, la noticia de una mujer que se suicida, dícese debido a los resultados electorales. Si es verdad, ¿quién realmente mató a esta mujer? Y si es mentira ¿por qué se publica?

Por ello creemos que todo lo que hemos visto no debemos olvidarlo, y que la experiencia vivida debe ser capitalizada. Nos parece demoniaco y criminal que se le mueva el piso a la gente hasta el punto del suicidio, para asegurar tasas de utilidad a las que grupos empresariales más inteligentes y exitosos en todo el mundo renuncian no por bondad, sino por un bien entendido interés en la sostenibilidad social y, ahí sí, la permanencia de un modelo que se asegura distribuyendo con mayor equidad. Instilar miedo es bastante malo de por sí, pero hacerlo para mantener un modelo de crecimiento sin redistribución es no solamente inmoral, sino además estúpido.

Intenciones

La Bolsa de Valores de Lima se cayó. Previsible, por cierto. Si la Bolsa de Valores de Lima pudiera personificarse en un ser, este ser sería una señora setentona, avariciosa, histérica y bipolar, con una preocupación sicótica respecto a su futuro económico, y llena de temores irracionales y entusiasmos repentinos. Un estornudo en un mal sitio le haría saltar hasta el techo, y todos los que juegan a la Bolsa saben que hay varias maneras de estar en Bolsa, y que una de las más conocidas es la de especular, apostar, hacer “juego”, un poco a la manera de un casino. Sin duda, la existencia de las Bolsas de Valores es importante y útil. Pero no son el argumento o factor más importante para la toma de decisiones empresariales de mediano y largo plazo, y menos aún en cuanto a las políticas económicas. Sin duda, proporciona indicadores importantes para entender lo que ocurre con el movimiento económico, en especial si se analizan sus tendencias. Pero, tal como la línea periodística de un medio de comunicación, la Bolsa de Valores es manipulable. Esto es porque, así como los medios de comunicación, mueven muchos intereses, y de hecho mucho más concretos. Desde que sabemos que la Bolsa es manipulable, y se le ha manipulado antes, hasta el extremo del pánico financiero, entonces lo inteligente es tomarla en cuenta, pero desconfiando en profundidad de ella. Por otra parte, como dice el refrán, todo lo que sube tiene que bajar, y en este caso, la BVL inició su recuperación ipso facto. Es que un factor no explica todo.

El Manejo del Príncipe

Es bastante obvio que los Presidentes y Gobiernos pueden ser manejados. Ha sido la costumbre nacional desde el Virreinato, y quizá desde antes. Los poderes reales, fácticos, están ahí y no son fufulla, son muy reales. Pero algunos de sus miembros parecen no haberse enterado que ellos no gobiernan, y que la opción electoral que hubieran querido no venció en las elecciones. No se han enterado que tienen que sentarse en la mesa de negociación. Y que en toda negociación se cede algo para ganar todos. Tratar de manejar al príncipe a través del miedo a lo que puedan hacer suena absurdo en un continente lleno de Lulas, Kirchners, Chávez, Evos, Mujicas y Correas. Esas economías no solamente no se han caído, sino que crecen y distribuyen. El exceso de jarabe de pico administrado a las gentes en esta última campaña electoral parece haber empachado a algunos, que se creyeron su propio cuentazo, y reaccionan sin lógica ni conocimiento. Creemos que ya es hora de empezar a aprender a hacer política en serio.