viernes, 16 de agosto de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 50: LAS MIL Y UNA NOCHES (3)

CRÓNICAS DE LECTURAS – 50
Las Mil y Una Noches (3)

I
La lengua árabe

La lengua árabe en la que se escribieron el Corán, las Mil y Una Noches y otras muchas obras es muy diferente de las romances, las germánicas y las eslavas, y posee por su cuenta algunas espeluznantes particularidades. Su disposición gráfica, vale decir lo que se ve en un texto árabe clásico nos recuerda las Biblias y otros Libros Incunables editados por Gutenberg y otros viejos editores antes de que se inventaran los signos de puntuación y otros medios de organizar las ideas, que según parece esto de los Organizadores de Ideas actuales no son más que la última expresión de una antigua y gloriosa tradición. Medio milenio de Imprenta nos acostumbró a la evolución de una tipografía que dispone hoy de divisiones por párrafos y acápites, de mayúsculas y signos de puntuación, de vocales fonéticas y otros signos auxiliares. Ni el uso de la arroba (@ - originalmente medida de peso para 100 kilos) ni el de los emoticones son precisamente novedad desde el punto de vista de la tipografía. Las delicadezas tipográfícas fueron extrañas al árabe y al hebreo, su resucitada lengua prima hermana. Ahora bien, para lo que sirve esta parafernalia de imprenta es para precisar y agudizar la comprensión lectora como una respuesta a la complicación en la decodificación. Si en las lenguas de alfabeto fonético de tipo latino o cirílico la Decodificación y la Comprensión pueden más o menos separarse como procesos, parece que aprender a leer en árabe o en hebreo implica que el proceso bicorne de DECODIFICAR / COMPRENDER hay que dominarlo a la vez. Pareciera que los alfabetos latino y cirílico pusieran muletas en las entendederas para lograr la abstrusa habilidad de leer, que no otra cosa son esas constantes anáforas y vueltas que otorgan a lo escrito en latino y cirílico un sentido que el lector árabe en árabe y el lector hebreo en hebreo no necesitaban para captar el sentido de lo escrito. Para ellos desde el mismo principio de su aprendizaje hay que pasar por la comprensión del entorno cultural metido en la escritura, y ello nos explica por qué para ingresar a la Universidad de El Cairo durante el período más brillante de la cultura árabe el único “pre-requisito” (qué palabra más horrible) era recitar el Qumrán completo, de memoria y sin errores. Se me ocurre que algo así debe pasar también con el coreano, el japonés y el chino mandarín en sus modernas versiones fonéticas.

Que este tema tiene su importancia se ve en lo que le ocurrió al pobre San Jerónimo, traductor de la famosa Vulgata Latina, y a los primeros equipos de Traductores de las Escuelas de Palermo y Bolonia cuando se les encargaba diversas partes de la Biblia y enfrentaron textos en hebreo. Motivados estaban, considerando que de su chamba dependería el texto sagrado de toda la Cristiandad por los siglos de los siglos: Estos no cantados héroes se enfrentaron cuál Roldanes y Oliveros de Cantar de Gesta a textos hebreos sin mayúsculas, ni signos de puntuación, ni vocales, párrafos ni otros apoyos a la interpretación, y se vieron obligados a ir al combate inventando sobre la marcha UNIDADES DE SENTIDO por su cuenta y riesgo: Los versículos y capítulos de la Biblia fueron el resultado, que por cierto nos complicaron la existencia a nosotros lectores al darle a las Sagradas Escrituras sentidos que de seguro no poseían en el principio. Y así se nos hace penoso recordar los motivos por las que las diferentes sectas se han asesinado y quemado entre sí, todo por el sentido de una u otra palabra o frase que nadie miró en el original hebreo, donde el problema de repente nunca fue tal a los ojos y entendederas de los dichos. Por otra parte, como en el japonés, el sánscrito y el llamado quechua imperial, hay formas cultas del árabe que no son para ser habladas sino solamente escritas. En árabe y hebreo las vocales se marcan solamente si son verdaderamente necesarias, es decir si hay riesgo concreto de confusión. En estas lenguas “lo que no se dice” tiene tanto o más peso que “lo que se dice”, lo que nos trae a las mientes ciertos pasajes del Tractatus Logico-Philosophicus de Ludwig Wittgenstein acerca de lo inefable, de lo que no se puede hablar como centro atractor de lo que se habla. El contenido entre líneas está así casi manifiesto para los lectores árabes y judíos, Cuando Sir Richard Burton enfrentó esto por primera vez, trató de presentárselo a occidente de manera que los occidentales entendieran cómo funcionaba la lengua árabe, y por eso renunció a los párrafos y separaciones y tradujo, por decir así, “de corrido”, repitiendo la disposición gráfica de las letras tal como las encontró. No pudo ir tan lejos como hubiera querido, los editores de seguro no lo dejaron: Mantuvo algunos signos de puntuación y las vocales, y así aunque como edición no fue precisamente un éxito editorial, es de consulta obligada para los especialistas.     

II
Continúan las Historias, y el rol de Dunyasad

Hemos visto ya la intención apologética del Islam, siempre presente en las historias narradas por la encantadora Shahrasad. Como la Biblia, las Mil y Una Noches a veces es tolerante de otros cultos, pero siempre subsumiendo su eventual verdad dentro de la propia, como suelen hacer todas las religiones, las que aunque juzgan justos a los justos de otras religiones, los consideran “en ruta” hacia la verdad que ellos representan más fielmente que los otros. No es muy diferente esta ruta al camino de la vida que propone el Dante al principio de la Divina Comedia. Pero en demasiadas ocasiones las religiones son xenófobas e intolerantes y caricaturizan a las gentes de las otras, en esto las Mil y Una Noches no son la excepción: como en la historia de Mesrur el mercader, y su amada Sinu-L-Mauazif  (Noches 465 a 477) que deja a judíos y cristianos como gente de cuestionable e indigna conducta, en especial cuando tratan de convertir a los Verdaderosa Creyentes a su religión. La historia de Alí Nuru-D-Din y Maryem, la cinturonera (Noches 477 a 492) introduce en las relaciones interreligiosas el elemento político de la “paz armada” propia del segundo siglo de la Hechra, y el rey de Ifrancha al que se alude es sin duda Carlomagno. El nombre Maryem es árabe por María, y su apellido-adjetivo “cinturonera” (as-sonariya) un apodo que los musulmanes le encajaban a los cristianos peregrinos y a los judíos, que usaban el cinturón como parte de su indumentaria. Enredada por supuesto en la clásica historia de amor, probablemente sea una de las que más poesías contiene, particularmente en esa variedad de requiebro que los latinos de América parecemos haber heredado, y también se lee acá un verso que contradice la común creencia en la prohibición muslime a rajatabla del alcohol y que más bien nos sugiere a Omar Khayyam: Bebamos, que Alá clemente / perdona a los pecadores / y en el vino medicina / encuentro yo a mis dolores / y dizque tampoco peco, / al beber, ya que Alá dijo: / - Para el hombre, en la bebida, / se encuentra algún beneficio. Luego, como es común, vienen historias puntuales, destinadas a reforzar ciertos puntos o a relajar la tensión narrativa, incluyendo cortas fábulas como la del cuervo y la culebra (noche 495) o la de la araña y el viento (Noches 497 y 498). Una historia que sigue la misma estructura de la de As-Simbad es la de Abdu-L-Lah, el de tierra, y Abdu-L-Lah, el de Mar (Noches 509 a 511), contada antes de volver a las clásicas historias de amor y más apariciones del Califa Harunu-R-Raschid.  

El tema del Buen Amor aparece en la historia de Kamaru-S-Semán y su amada (Noches 516 a 523), que como el Kamasutra, el Ananga Ranga, el Arte de Amar, el Libro de Buen Amor, el Decamerón  y muchos otros circula entre los polos opuestos y complementarios del erotismo terrenal y el amor sublimado, donde ambos son más o menos la misma cosa vista desde diferentes ángulos. El tema familiar vuelve en la historia de Abdul-L-Lah-Ben-Fazil, Amel de Bazra, y sus dos hermanos (Noches 523 a 528). Entre las noches 528 a 533 aparece un tema nuevo en la historia de Mârufu-L-Askafi y su mujer: Las desventuras conyugales del hombre tranquilo que debe soportar a una mujer insoportable hasta que ya no la soporta, que cambia totalmente su carácter perdiendo en la ruta sus valores morales y haciendo pagar a la realidad por ello con ventaja para él. Pero como la puritana moralidad musulmana no tolera éticamente este modo de resolver el asunto, Shahrasad trata de arreglarlo sin perder el sentido del cuento, y en una solución inconsistente recurre al consabido premio por la buena acción a través de la aparición de un anillo mágico (de los muchos que aparecen en las Mil y Una Noches), que trata de usar en una suerte de compensación moral. Los objetos mágicos (anillos, lámparas, ollas) parecen servir, en las Mil y Una Noches como en otras mitologías, para compensaciones de carácter moral. Pero acá no termina el enredo de Mâruf.  Se aparece la ñora (Fatimetru-L-Urra) a enredarlo todo de nuevo, la moraleja se acompleja, y parece ser que la enseñanza moral final es que a mujeres de esta calaña solo se les apacigua con plata: (Mâruf) no hacía caso de su mujer Fatimetru-L-Urra, la cual era ya vieja y más mala y fea que nunca (…) Y dizque Mâruf, al dispensarle aquellas atenciones y honores, no lo hizo porque lo mereciera por su buen natural, sino solo buscando el agradar a Alá. Lo que es una razón como otra cualquiera para portarse como un caballero. Pero la en otras cosas hábil Shahrasad no sabe cómo recuernos salir del embrollo en que se ha metido. Hay que ganar tiempo y para eso necesita le rescate la hasta aquí silenciosa Dunyasad: ¡Ye qué sabrosas estas tus palabras, más poderosas a cautivar los corazones que las mágicas miradas! ¡Y qué interesantes y atrayentes esas tus historias peregrinas y raras! Pues no se pueden comparar – respondió Shahrasad – con la que pienso contaros la noche que viene, si vivo y el rey prolongar mis días es servido. Cosas del marketing de los cuentos, que en boca propia la alabanza misma es locura y empezamos a entender por qué Shahrazad insistió tanto en tener al lado a Dunyasad como respaldo, que sonsas no eran las hermanitas.   

III
Siguen las historias, y llegamos a Aladino

Ha llegado a mis oídos, ¡ye monarca, el bienhadado!, que Mâruf no desairó a su mujer, por amor a Alá; pero se abstuvo con ella de todo trato conyugal. Continúa la historia de Mâruf, pequeña pero central en las Mil y Una Noches con el intento de la fea y desgradable Fatimetru-L-Urra de robar el Anillo Mágico. Pero el hijo de Mâruf sorprende a la ladrona y la mata por accidente. Así las hermanitas le enseñan a Shahriar, así de pasada nomás, que es solamente Alá quien dispone el castigo de la mujer que le falta al marido, empleando para el caso justicieros al paso. Inmediatamente, para diluir el efecto de lo dicho y no tener que abundar en explicaciones, viene un rosario de historias para distraer (Historia de Baibars y de los capitanes de policía, noches 533 a 543; Algunas historias referentes a Abu-Nuás y Raschid, noches 543 a 549; y otras más). Se hace hora de retornar a la novela de caballerías y hazañas guerreras tan del gusto de los soberanos del Siglo, y así en la historia de Garib y Achib, su hermano (Noches 549 a 572) se vuelve sobre la épica de la lucha contra los politeístas, esto es los cristianos, llamados así debido a su adoración de la Trinidad, que los duros monoteístas del Islam no atracaban por nada. Además - probablemente por contagio cristiano - hay milagros de Alá y conversiones en masa a la fe de Mahoma, sea sobre él la paz. Tras algunas cortas historias se plantea un tema metafísico que siglos más tarde le quitará el sueño a René Descartes: el de la realidad y el sueño en la historia del durmiente despierto (Noches 576 a 583). Tendemos a olvidar que las preocupaciones filosóficas occidentales nacieron casi todas en el mundo árabe, y que Averroes comentó a Aristóteles mejor que Santo Tomás de Aquino. Esta historia dícese habría inspirado a Pedro Calderón de la Barca su La Vida es Sueño, así como ciertas escenas de La fierecilla domada y Sueño de una noche de verano a un tal William Shakespeare. No sabemos, tal vez sea sólo que todos los seres humanos nos preguntamos las mismas cosas. En esto como en todo, Alá es el más sabio.

Tal vez por ser este relato demasiado filosófico es que le sigue una recatafila de crudos cuentitos, como el graciosísimo y constantemente comentado pedo histórico (Noches 583 y 584) y la muy gráfica Ar-Raschid, juez de amor (Noche 585), que anteceden al ciclo de la historia de Alá-D-Din y su lámpara (Noches 587 a 603), una de las más conocidas y famosas de las Mil y Una Noches, ambientada en el Reino de Az Zin, es decir en la China, pero con su mago originario del África. Son de antonomasia los djinns (genios) de la lámpara maravillosa y el anillo mágico de esta historia, más aún porque no son solamente artilugios mágicos capaces de albergar seres que pueden hacer lo que se les pida, sino porque su posesión mejora el alma y el entendimiento de su propietario: Ala-D-Din empieza esta historia como un zafio ganapán, analfabeto y haragán; y la culminará sensato, inteligente y sensible. La lámpara es dadora de luz, el simbolismo en este caso escapa de oriente y se vuelve universal. Otro elemento es el de la elevación de los humildes sobre los doctos, tan propia del Islam y las otras religiones del cercano oriente. Pero Alá, claro, es el más sabio, y en la seguidilla de cortos cuentos que sigue recurre a argumentos anteriores y a otros nuevos, pasando por la historia de Parisad y sus hermanos (Noches 640 a 651) de origen persa, historia caballeresca con una princesa de protagonista; por las llaves del sino (Noches 652 a 660); por la historia de la princesa Nuru-N-Nehar y de la bella Pari-Banu (Noches 660 a 673), y debo confesar que fuera de Shahrasad, es esta hermosa y justiciera hada Pari-Banu mi personaje femenino preferido de Las Mil y Una Noches. Hecha la ruborizada confesión, henos en la historia de la princesa Zuleika (Noches 673 a 681); la de Ataf el generoso (Noches 681 a 695); y dos conjuntos sucesivos de anécdotas atribuidas a personajes populares: El Quevedo de Oriente, Abu-Nuás, mencionado antes, y el famoso Choja, padre de los chistes y los donaires que abarca de la Noche 695 a la 700.       

IV
Y más Historias todavía

Tras la historia de Alí Jocha y el tarro de aceitunas (Noches 700 a 703), popular en las versiones infantiles de las Mil y Una Noches; sigue la del caballo mágico (Noches 703 a 710) pariente del Caballo de Troya y del famoso Clavijo del Quijote; la historia prodigiosa del espejo de las vírgenes (Noches 710 a 717), adminículo que permite averiguar si conserva o no su virginidad la dama que en él se observe. Tras éstas vienen algunas historias cortas de amores infelices y de los otros, incluyendo la historia de la treta que urdió una mujer contra su marido (Noche 722), francamente rabelesiana. Destaca por otras razones la corta historia del ángel de la muerte y el rey de los Beni-Israil o Hijos de Israel (Noches 726 y 727), de origen talmúdico, que presenta al ángel Asrail, el que recoge las almas de los que van a morir, junto con puntos teológicos sobre lo irrevocable de los plazos y la suerte de los tibios e indiferentes en materia religiosa. La princesa mendiga (Noche 735) relata un episodio histórico de las guerras civiles entre Omeyas y Abbasíes, en que una princesa destronada ruega patético amparo a los vencedores. Siguen anécdotas sobre los tacaños, las marrullerías de las mujeres casadas, y en medio una Noche completa (la 739) dedicada a los versos, y para muestra un botón: Si me tildas de imperfecto / te lo agradezco de veras, / pues con ello me aseveras / que no soy sino perfecto. Otro tremendo y dramático episodio histórico se narra en la historia del fin de Chafar, el Visir, y de todos los Beni-Barmek (Noches 744 a 754, incluyendo otras relacionadas), horrenda masacre ordenada por el Califa Harún sobre la familia de su Gran Visir. La fatalidad del amor y la intensidad de los sentimientos – que causa desmayos y desvanecimientos en los enamorados, y eventualmente la muerte, como en esta historia – aparecen en la historia de las tres esclavas (Noches 755 a 757). Luego vienen otras historias y anécdotas de ebrios, para continuar con las apreciadas seguidillas de relatos en la historia de Al-Maliku-N-Nazir y los tres capitanes de la guardia, el cairota, el bulakí y el kurdo (Noches 765 a 770). Vienen historias de amor y de rivalidades entre sirios y egipcios, en que los segundos le toman el pelo a los primeros, más otro cuento rabelesiano, el chico terco y su hermana, la del pie pequeño (Noches 778 a 780).

Un original género literario árabe, la munazira, surge en este punto – aunque ya se vio antes esporádicamente – en la disputa que entre sí tuvieron el cirio y el vino (Noches 788 a 790). La munazira es una polémica, justa o competencia poética entre dos o más rivales, que se disputan un premio y para ello recurrirán a sus mejores galas retóricas. Parece anteceder de algún modo los toasts anglosajones en los que era tan experto Mark Twain, como las competencias musicales o de baile donde se aprecia la capacidad de improvisación, como por cierto la Impro de nuestros días. Otras munaziras enfrentan al aceite y la carne, y a los árabes de ciudad y los beduinos, esta última presenta interés incluso histórico y sociológico. Siguen más historias edificantes de carácter apologético religioso y también histórico; así como anécdotas donosas que involucran al famoso personaje Choja. Por acá se distinguen historias de origen sufí, como la del profeta y la justicia de la providencia (Noches 801 y 802), la del barquero del Nilo y el Santo (Noche 803). A estas alturas del partido, parece que a la encantadora Shahrasad se le están acabando los argumentos, y el rey Shahriar no parece que caerá dos veces en la maniobra de distracción de Dunyasad. La bella narradora recurre entonces a la historia antigua, y hasta se sale del Islam, con Iskander y el rey del pueblo de los humildes (Noches 806 y 807). Iskander el bicorne es el nombre que llevó en el Oriente el Rey Alejandro el Grande de Macedonia, y el que anécdotas suyas se filtraran hasta a las Mil y Una Noches atestiguan su inmenso impacto histórico. Destaca en esta Noche en particular un episodio que involucra calaveras, que según parece William Shakespeare podría haber copiado para Hamlet.

(PARÉNTESIS: Encontré que entre Nicolai Rimsky-Korsakov, el Ballet Kirov y los bailarines Farukh Ruzimátov y Svetlana Zakhárova se perpetraron en el 2002 esto:  http://www.youtube.com/watch?v=CpE_pCHVBR4&list=PL3AD77B0D25EFBBC8 )

V
Colofón


Corro a todo meter para que no me ganen las Mil y Una Noches. Y sí parece que les gano, pero mejor no canto victoria antes de acabar. Algunas historias como las de Aladino y la de Simbad fueron apartadas del corpus de las Mil y Una Noches, y dieron lugar a ediciones aparte de libros, por su extensión vinculados a otros cuentos, e incluso han aparecido películas de aventuras y hasta serie de TV con un Simbad nada parecido al original. Las versiones para niños suelen ser más conocidas, y tienen  la virtud de mostrarte el personaje y la obra, pero así y todo prefiero recomendar la lectura del original para saber qué se incluyó y qué no. Aprovecho sí para quejarme amargamente de la irregular invasión perpetrada por Disney con esa cosa en animación de Aladdín, y su muy artificial personaje la princesa Jazmín, que no le hace justicia a ninguna de las princesas de las Noches Árabes. En fin, lee y ve lo que quieras, no seré yo quien te lo critique. Ya vuelvo con la última parte de estas Crónicas, si Alá quiere. 

Viene de Las Mil y Una Noches (2) en el link: