lunes, 12 de diciembre de 2011

CONTRA EL SENTIDO COMÚN EDUCATIVO


“Hacer de las escuelas espacios amables” (Manuel Abugattás)

“Es muy sencillo confundir un plan de mejora de servicios con un programa de reforma estructural de la escuela. El primero puede darle a las escuelas ciertos estándares de calidad de atención de los que ahora carece y que están en línea con las expectativas de todos, pero sin poner en riesgo necesariamente el corazón de la organización escolar, es decir, el aula y sus procesos pedagógicos convencionales.” (Luis Guerrero)


Trazando una ruta para reformar la escuela

Acabo de leer el extenso artículo de Lucho Guerrero Reforma de la escuela: Trazando una ruta, en su Blog El Río de Parménides, y estoy francamente impresionado por su claridad expositiva y el orden de las propuestas presentadas, que denota profunda reflexión e inmersión absoluta en el tema. (El link es http://elriodeparmenides.blogspot.com/2011/12/reforma-de-la-escuela-trazando-una-ruta_12.html). Se justifica por lo tanto reseñar, resaltar y comentar el contenido con el fin de extender a la sociedad sus preocupaciones básicas, y colaborar con el propósito confeso de cambiar el retorcido sentido común existente alrededor de la escuela y sus objetivos. Quizá es en el terreno pedagógico en donde los educadores estamos más de acuerdo entre nosotros, pero curiosamente más en desacuerdo con el entorno social, de modo que chocamos fuertemente con ese sentido común en el que se apoya la inercia educativa que deja que algo cambie para que todo siga igual.

Sociedad y Educación

El consenso en la necesidad del cambio educativo es absoluto, pero cuando escuchamos a diversos actores sociales – no educadores -, y no necesariamente de los menos capaces, sorprende lo conservador y lo reactivo de sus puntos de vista al respecto. Pareciera que el juego de posibilidades educativas alternativas que piensan siempre mirara nostálgicamente al pasado, y casi siempre se reduce a exigir más disciplina – entendida autoritariamente como contención -; recuperar ciertos cursos que se supone no se dictan; criticar y condenar ciertos contenidos de los textos; y desear recuperar una erudición propia del Renacimiento y la Ilustración, que identifican como aprendizaje. A veces encontramos preocupaciones más prácticas, como la de las competencias, habilidades y actitudes vinculadas al mundo del trabajo, casi siempre contrapuestas con el tema del Trabajo Infantil, de modo que casi parece que si Educas para el Trabajo lo fomentas. A estos temas y a dar vueltas alrededor de los mismos se reduce la mayor parte de las veces lo que dicen líderes de opinión, lo que el periodismo comenta y lo que la opinión pública trata. Otras veces se ha orientado la discusión a fintas políticas, como en el caso de los Colegios Mayores, la Alfabetización y la Municipalización. Invariablemente se ha presentado cada cambio educativo como “El Gran Cambio”, cuando a lo sumo eran parches destinados a hacerle creer a la gente que algo se hacía respecto al tema. Se peca por superficialidad y prejuicio, y tanto actores sociales como líderes de opinión y periodistas ven estos y otros temas como opuestos mecánicos, cuando lo son dialécticos, esto es, la resultante que les da solución no es comprometerse con uno u otro extremo, sino con una combinación dinámica de ambos. Como señala Guerrero muy acertadamente, mucho se ha investigado y mucho se sabe en Educación que no se ha traducido en un sentido común, que hoy en día es indispensable rebotar hacia la opinión pública, y por lo tanto ni los temas son esenciales ni los opuestos son tales, y por ende la confusión más grande reina en la sociedad en lo que a temas educativos se refiere.

La escuela como sistema social

Señala Guerrero, siguiendo a diversos autores, que la Escuela es básicamente un sistema conservador que tiene por fin formar personas para lograr un determinado perfil. Añadiremos que dicho proceso se dirige a retransmitir a la siguiente generación contenidos culturales considerados valiosos socialmente. Este sistema, para cumplir con su finalidad, se subdivide a su vez en cuatro subsistemas, que poseen a su vez su propia dinámica de autoconservación. Una adecuada comprensión del problema educativo mira a todos los subsistemas, aunque tratándose de resolver problemas educativos, trata de encontrar el subsistema que se considera decisivo y focal para poder aspirar a soluciones; y ordena a los demás subsistemas en función de este. Trátase de evitar echar Vino nuevo en Odres Viejos, y por eso hay que acomodar a los demás subsistemas para evitar que al final la Inercia educativa “normalice” y “amaestre” los cambios y los convierta en simples soportes de lo mismo de antes.

El corazón de la escuela: El aula

El problema fundamental es que los alumnos logren aprendizajes, no que los docentes enseñen. Esto se supone ocurre en el “aula”, aunque quizá no debiéramos entender el “aula” como espacio físico, sino más bien como espacio emocional. El problema esencial entonces son las relaciones que se establecen en el aula entre docentes y alumnos, y los objetivos que pretenden. Si el objetivo fundamental del docente es cubrir sus horas y completar una currícula estamos perdiendo de vista lo fundamental: Responzabilizarse del aprendizaje, aceptar al alumno en su integridad humana y con toda la diversidad que presenta, y fomentar la creatividad. En consecuencia hay que desterrar del sentido común la curiosa idea de que el aprendizaje ocurre automáticamente exponiendo a los alumnos a ciertos contenidos. El aprendizaje es algo que se hace, no que es otorgado, a no ser que pretendamos únicamente formar chimpancés que marquen el paso, cosa que en época de alta tecnología y complejos requerimientos laborales más nos valdrá no intentar. Pero la gente sigue creyendo que aprender es marcar el paso. Necesitamos un esfuerzo grande para meterle en la cabeza a los líderes de opinión y a los medios de comunicación lo que sabemos que el Aprendizaje es y que no es, cómo se logra y cómo no se logra.

Es preciso meter en el sentido común que el paporreteo individual NO es aprendizaje, es paporreteo; que el trabajo colaborativo y la investigación en el aula son más importantes que repetir de paporreta los 52 valles de la costa peruana o los oficiales del Huáscar; que la evaluación cualitativa de los logros de aprendizaje es muchísimo más efectiva y adecuada que la vetusta evaluación en base 20; que no es tiempo perdido que los profesores diagnostiquen a sus alumnos ni que discutan, colaboren y coordinen entre sí, y por lo tanto que remunerarlos únicamente de acuerdo a sus horas dictadas u obligarles a saltar de colegio en colegio para poder tener ingresos más o menos dignos atenta contra la calidad educativa. Y eso significa revalorar y reforzar la profesión docente, a contracorriente de lo que se le ha metido a la gente en la cabeza durante muchos años.

Gestión para el Cambio

Si los Directores y gestores no se compran este pleito, será Vino Nuevo en Odres Viejos otra vez. Santo y bueno es que sepan manejar sus instituciones, pero esto no funcionará si no se comprometen con los cambios necesarios en el aula y los lideran. Hay que meterle en la cabeza a la Opinión Pública que los Directores deben formarse como Gestores Educativos e incluso Culturales; que un Director de Escuela es tan importante por lo menos como un Gerente de Empresa, y por lo tanto debe ser adecuadamente seleccionado e incentivado institucionalmente; que tiene que haber muchos modelos de gestión que respondan a las características distintivas de las sociedades nacionales, porque no es igual Comas que el Altiplano; que el Director no es un Dictador que hace lo que le viene en gana, sino que debe coordinar con sus pares para formar redes que compartan recursos, y a la vez debe pensar y actuar participativa y autoevaluativamente en su Institución; y además que debe plantearse estándares de calidad basados en los criterios nacionales e internacionales al respecto. Nada de esto es fácil meterlo en la Opinión Pública, y requerirá de un esfuerzo específico.

Escuela amable, acogedora, inclusiva, motivadora

Esta necesaria reforma se refiere, como dice Luis Guerrero, a los patios y pasadizos de la escuela, es decir al Clima Institucional. Todavía muchos creen que la formación, los desfiles, el silencio sepulcral, son caracteres que las escuelas debieran tener, que tienen peso pedagógico y que enseñan algo. Hay que meterle en la cabeza a la gente que el orden no es silencio, que la disciplina no es desfilar, que los alumnos no son reclutas ni monaguillos, y que la convivencia se basa en el respeto mutuo, la ausencia de prejuicios, la inclusión y la confianza en que nuestros niños y niñas son capaces de aprender sin necesidad de amarrarlos ni castigarlos como principio. Todo esto significa además que una escuela que practica el bullying – que prefiero llamar castizamente matonería – con sus profesores y padres de familia no puede pretender erradicarlo de entre los alumnos, porque el bullying se filtra en medio de las prácticas que se hacen o dejan de hacer dentro de las escuelas mismas. Erradicar el bullying no será, por lo tanto, cosa de meter militares en las escuelas ni de “contener” reactivamente. La necesidad de especialistas que acompañen a los docentes en el devenir del aprendizaje es imperativa, ya demasiado se les exige sin proporcionar instrumentos para que lo hagan. Y también debe erradicarse del sentido común que el alumno es un ente receptor sobre el que se actúa, una especie de robotito al que hay que formatear, sin considerarlo como el ser humano que es, lo que implica que debe participar y tener sus organizaciones para que pueda aprender a convivir más efectivamente.

Alianza entre la escuela y el entorno

El conflicto existente entre los diversos actores de la educación debe ser confrontado en base al logro previo de consensos. Creemos que mucho se ha avanzado al respecto en los últimos años, pero sin embargo aún los medios hacen noticia de una toma de escuela por conjuntos de padres de familia que representan muchas veces intereses de parte, y no presentan las muchas experiencias positivas al respecto que deberían ser más conocidas y difundidas. El problema está aquí, a mi entender, más en los medios de comunicación, que prefieren muchas veces buscar el cadáver como aves de rapiña que en la escuela misma. Pero aún así la escuela y sus soportes deberían orientarse mucho más a meterle en la cabeza a la opinión pública que es necesario renovar y reformular el pacto entre las familias y las escuelas, y que si éstas se comprometen con el aprendizaje, la diversidad y la creatividad, aquella tiene que comprometerse también con ellas. Que la educación no es cosa solamente de la escuela, sino de la empresa, la familia y las demás instituciones de la comunidad tendrá que introyectarse en las mentes de la Opinión Pública. Y sobre todo, y quizá más importante, que lograr el Cambio no es fácil, y que todo el mundo tiene que meter el hombro, y durante bastante tiempo.

Colofón: Pacto para Cambiar el Sentido Común

He tratado de reseñar, resumir y orientar hacia el tema de la Opinión Pública las claras reflexiones de Luis Guerrero. Me sumo así al esfuerzo, y espero que todos los que tienen que ver con la educación metan la cuchara, y como todos tenemos que ver, pues todos tendríamos que participar, cada uno desde su particular interés y su particular sesgo. Pero lo que no creo esté en discusión es que cuando se trata de la Opinión Pública, se necesita que los medios de comunicación se compren el pleito de cambiar el sentido común educativo. Se empieza por lo pequeño y se sigue hacia lo grande. Sabemos que muchos ya están comprometidos, y felicitamos los esfuerzos. Las autoridades educativas están en la obligación de meterle punche al tema, dejar un poco la paz académica, salir al gran público y asumir un verdadero Liderazgo, en especial porque hay cómo. No es, como dice Guerrero, algo que se hará en seis meses. Se impone un Pacto para Cambiar el Sentido Común. Lanzamos la Idea, y esperamos vivir para verlo. Punto por ahora.