lunes, 29 de octubre de 2012

METER EL DEDO


METER EL DEDO

En el Perú, donde se pone el dedo, salta la pus.
(Manuel González Prada)

Introducción breve y no tan profunda

En el Perú y otros países, decir “meter el dedo” posee una agresiva connotación sexual. Si bien lo que se especifica es el agente y no el paciente, todo el mundo asume que el lugar donde se introduce el apéndice es una parte del propio organismo. Vale decir, hablamos de una invasión del sanctasanctórum más personal. Aunque la agresividad no necesariamente signifique violencia, en este caso es obvio que sí, el irrumpir en la intimidad de otra persona es de necesidad violento. En la defensa de acusados de violación se suele decir que la dicha violación se ejecutó con “delicadeza”, lo que a mi ver es muestra que el acusado y su abogado pretenden continuar introduciendo el apéndice. No cabe la “delicadeza” en un acto de violencia y abuso. Es patético que el violador le tipifique el delito de violación al juez con el argumento de que fue “delicada”, y más patético el juez que lo acepta, no sabemos – pero nos imaginamos - a cambio de qué. Este juez se torna así cómplice de la violación, y además le mete el dedo a toda la sociedad. Más patético es que los abusadores de todo tipo y calibre se esfuercen por la vía de los medios de comunicación por tipificar y hacer socialmente potable sus acciones, como ocurre con los autores inmediatos y mediatos de la asonada delincuencial de La Parada estos últimos días. Claro que para algunos inocentes esto no resulta tan evidente. Pero de eso se trata precisamente “meter el dedo”.

El Dedo y la Yuca

“Meter el dedo” connota poder, control y dominio: El que mete el dedo es porque puede, y lo hace para lograr algo en particular. La frase no sólo expresa agresión, sino también la voluntad expresa de engañarte para obtener réditos medibles en plata y poder. Es decir, “meter el dedo” es muchísimo más efectivo en la medida que el paciente no se percate que se lo están metiendo, pero al final hará lo que el agente quiere. De eso precisamente se trata el Poder: Que otros hagan lo que tú quieres.

Parece haber quienes gustan de ser pacientes. Un buen ejemplo extraído del ambivalente mundo político es la de seguro apócrifa creencia de que si los políticos suelen meter el dedo a las gentes, el ex Presidente Fujimori solía meter la yuca. Dicho inocente tubérculo es mucho más grueso y largo que cualquier dedo, y más bien remite a la imagen de un órgano sexual masculino ultra desarrollado. Cualquiera puede meter el dedo, pero según parece algunos celebran el hecho que el ex Presidente tuviera la capacidad de meterles algo más evidente a todos los peruanos. Si lo logró es porque es vivo, astuto, inescrupuloso, es decir buen político. Y si el asunto es tan grande, entonces el que lo hace es más vivo, más astuto y más inescrupuloso que otros, mejor político aún. No por nada Fujimori gobernó once años el Perú. Pensemos lo que pensemos, idiota no era, ni lo es ahora. Tengo mis opiniones respecto al tema del actual tema del indulto, y por desgracia no puedo dejar de asociarlo a la yuca.  

Ahora bien … ¿Por qué decimos yuca? Suelto mi hipótesis: Como recordaremos, el ex Presidente se hizo cargo de la vaina nacional cuando la cosa andaba como la mona. Había que tomar medidas extremas más que no fuera para flotar, y ello se hizo con el consentimiento de la mayor parte de los peruanos. Don Alberto hizo cera y pabilo de todo, con las consecuencias que todos conocemos, y que podemos valorar de diferente modo. La yuca era algo tan enormemente conspicuo que el único modo de introducirla era con el consentimiento multitudinario de los pacientes. El pacto político de la legitimidad en aquellos días se resumiría más o menos así: Me dejo que me hagas, pero arreglas las cosas. El resto es Historia Reciente, incluso recientísima. Pero la evidencia de la metida del dedo es más bien excepcional, aunque el Perú parece un país donde lo excepcional suele ocurrir cada cierto tiempo, y el apocalipsis es bastante normal.

El Engaño

Volvamos a nuestro punto. Por lo general el paciente no sabe que se está produciendo la metafórica introducción del apéndice, y cuando se entera, es casi siempre demasiado tarde. Su autoestima valorativa y cognitiva ya quedó “perforada”. Por otra parte, como los agentes tratan que la cosa sea indolora o “delicada”, es algo así como que primero te pepeen y luego te violen. Cualquier dolor que sientas será posterior, aunque no por eso más soportable.

Es que cuando te percatas de qué te ha ocurrido, la reacción suele ser algo agresiva. Aunque esa introducción moleste y eventualmente duela, lo que más molesta es que se la empujen a uno sin su conocimiento, casi siempre sin anestesia. Lo que más molesta no es el diámetro de la cuestión – pura cuestión de grado – sino el hecho que no te diste cuenta que te la hicieron. Es decir, la evidencia de que eres un Sonso.

El Vivo y el Sonso

Hay un doble estereotipo expresado por los viejos caracteres de Pepe El Vivo y Juan Sonso, imposibles de entender el uno sin el otro. O también el refrancito “El vivo vive del sonso, y el sonso de su trabajo”, que denota claramente que el Sonso no sabe lo que el Vivo le hace. Para decirlo como solía hacerlo una ciertamente dama, el Sonso no hace el “clic” y se queda sin saber. Por eso es Sonso, pues, porque el Vivo es el sinvergüenza, el que mete el dedo, el agente, el que hace, el que ejerce, el activo, el bacán, el ya no ya. Nos da terror ser sonsos, aunque lo que más nos aterroriza no es serlo, sino que el resto se dé cuenta de que lo somos. La autoestima sufre, y además nos ponemos a tiro de nuevos dedos. Que levanten el dedo entre mi audiencia los que no quieren ser Vivos. Estoy seguro que esperaré sentado buen rato.

De la viveza criolla se ha hablado hasta la saciedad, y eso está muy bien, es parte del esfuerzo socrático que cada pueblo – y cada individuo - debe hacer de conocerse a sí mismo. Pero parece que no tenemos clara la figura del Sonso. No es posible entender el Uno sin el Otro. Para que haya Vivo tiene que haber Sonsos, muchísimos Sonsos. Y la relación tiene que ser de engaño, es decir, Uno tiene que engañar al Otro, y el Otro debe dejarse engañar. Si no, no hay cómo entender al Vivo.

Vivos, sonsos y escuelas

En la ambivalente relación entre Unos y Otros es posible observar que los Vivos y los Sonsos se forman en su entorno social y educativo. Vale decir, el objetivo fundamental del Sistema Educativo en nuestra patria no parece ser que seas Ingeniero, Profesor u Obrero, sino que puedas llegar a ubicarte dentro de tu clase social como Vivo o como Sonso. Tan importante es este posicionamiento que casi no le vemos otra utilidad al sistema educativo tal como es. Si en la escuela la gente no aprende a entender lo que lee, termina odiando la ciencia y las matemáticas, no se entrena físicamente ni aprende una jota de nada importante, es obvio entonces que el objetivo fundamental es otro: Configurar los rasgos fundamentales de los roles sociales de la Viveza y la Sonsera. Y si no sabes esto aunque sea de modo implícito, perdóname pero es obvio que no estás en las filas de los Vivos. El rasgo fundamental del Sonso es no saber que lo es, es eso precisamente lo que lo pone al alcance de la acción de los Vivos.

Hay, por otra parte, una Viveza que podemos considerar positiva. Y es la que debiéramos enseñar y fomentar: La Viveza precisamente de no dejarnos engañar por los que se las pretenden dar de Vivos, que pretenden decirnos – tremendo dedo – que la ética y la moral es cosa de Sonsos, y que el realismo es dejar que los Vivos hagan lo que quieran. Sacarse el dedo del sancta-sanctórum puede producir un poco de dolor, pero la consecuencia, aparte de sacarse el bodoque, será la sensación de la libertad. Y no hay nada mejor.

Ejercicio de aplicación

En realidad, casi todos los acontecimientos diarios nos servirían, pero los últimos en La Parada fueron tan evidentes en este aspecto, que como ejemplo resulta demasiado tentador. Es que a este cronista le gusta poner el dedo en la llaga. Tomaremos algunos aspectos sueltos del asunto, siempre recordando que la cuestión es el criterio objetivo: Quién introduce, lo que introduce y a quién se le introduce.
Si te dicen que el error estuvo en quien aplica la ley, y ciertos personajes oscuros exigen y reclaman el “esclarecimiento” de la responsabilidad de la alcaldesa, pues entonces escoge tu lado, el del Vivo o el del Sonso.
Si las bolas echadas a rodar – hoy se les llama psico-sociales – te dicen que Luzbel y sus hordas infernales están saqueando la bodega del chino de la esquina, pues entonces escoge tu lado, el del Vivo o el del Sonso.
Si te dicen que un error tipográfico determina la presentación de firmas para la revocatoria fuera de la fecha establecida por la Ley, pues entonces escoge tu lado, el del Vivo o el del Sonso.
Si te dicen lo pobrecitos que son los autores mediatos e inmediatos de los muertos humanos y animales, de los destrozos y saqueos producidos, pues entonces escoge tu lado, el del Vivo o el del Sonso.
Si un alcalde distrital, conocido amigo de las mafias, amenaza con hacerse su propio mercado mayorista, imaginamos con qué gente, pues entonces escoge tu lado, el del Vivo o el del Sonso.
Y lo dejo aquí, aunque cuando de dedos se trata, eso abunda.

Colofón

Hay dedos y dedos. El de González Prada era un dedo acusador y esclarecedor, dirigido a mostrar y no a violentar; ese es un dedo del todo aconsejable. Hay Vivos y Vivos, pues la astucia no solamente no está reñida con la ética, sino que pueden ser buenos camaradas. También hay Sonsos y Sonsos, pues hay los engañados deliberadamente, como hay los que se dejan engañar. Que el que tenga boca, no se chupe el dedo.    



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