viernes, 2 de noviembre de 2012

LA MUJER QUE FUE JUEVES (y que en realidad es Sábado), o Tratando de Detener el Tiempo


LA MUJER QUE FUE JUEVES (Y QUE EN REALIDAD ES SÁBADO)
o Tratando de Detener el Tiempo

Parafraseo el título de la novelita de Gilbert K. Chesterton, porque parece singularmente apropiada  para describir lo que viene pasando en los últimos días en los medios de des-comunicación en el Perú. En esta novela, un agente de policía trata de atrapar a peligrosos delincuentes anarco-terroristas a través de la infiltración. Sabe que la dirigencia del enemigo se organiza en un comité central de siete miembros, con los nombres clave de cada uno de los días de la semana. Jueves era el jefe de la organización, y el final resulta en la jocosa constatación de que tanto Jueves como los demás días de la semana resultaban ser policías infiltrados … .  Y, como en la novela, parece ser que nuestros patrióticos medios de des-comunicación andan buscando a Jueves para atraparlo, con la salvedad de que, como en la novela, parece ser que quedarán con el palmo de narices correspondiente.  

En todo caso, la búsqueda de La Mujer Que Fue Jueves, es decir la Alcaldesa de Lima, Susana Villarán, tropieza con el pequeñísimo inconveniente de que los días de la semana tienden a seguir avanzando desde tiempos inmemoriales. Y además que tras una semana, viene otra. Y, para información, sucesivamente. Imagino que de repente los medios están recurriendo a un afamado contemporáneo de Chesterton, el amigo Herbert George Wells y su Máquina del Tiempo, a fin de detener el tiempo en el Jueves, pero por desgracia el tiempo tiene la manía de continuar linealmente hacia adelante, unidireccional y en un solo sentido, como lo ha venido haciendo desde el Big Bang, y el mito del eterno retorno en términos periodísticos es solamente un mito. En todo caso, algo ganamos, pues los medios emplean sus energías en tratar de detener el Tiempo en el Jueves, y así se olvidan un tanto de la basura cotidiana que suelen servir. E incluso podríamos saludar este hecho como el inicio del empleo de las neuronas por parte de los que orquestan la movida. Pero no. Es verdad que han encontrado algo interesante de qué hablar, y ello parece haber ocupado las pocas neuronas dedicadas normalmente a la preparación de la ración de sangre y tripas sanguinolentas que nos ponen en frente a diario. He notado, y espero que mis lectores se hayan percatado de lo mismo, que de manera nada orquestada y totalmente espontánea los medios están, de manera absolutamente casual y todos a la vez, tratando de DETENER EL TIEMPO EN EL JUEVES.

(Para los poquísimos que no lo saben, ese jueves al que se refieren, se inició el operativo de La Parada que concluyó de manera exitosa el subsiguiente sábado.)

Parece que para los medios de des-comunicación nunca un hecho de un día fue tanto para tantos. Un jueves de tantísima trascendencia, de tan extraordinariamente grande importancia, que apaga, difumina y reduce a todos los demás días de la semana. Y del mes. Si el Lunes o el Domingo pudieran hablar – lo dudamos, los medios no los van a entrevistar – hablarían del maltrato que sienten, de la discriminación absoluta en que viven, y en cómo se les ha invisibilizado del modo más arbitrario. Debe ser bien feo eso de sentir que no se existe. Pero no parece que eso le importe a los que la mueven. Para ellos el Jueves ha adquirido el Poder de una suerte de magia chamánica que determina que no puedan apartarse de él. Cosa obsesivo compulsiva, pudiera ser.

Indudablemente, es esta una situación ridícula y completamente arbitraria. Ya sabíamos desde las elecciones pasadas que ellos les atribuyen a los peruanos neuronas reducidas y sinapsis limitadas, y por ello no se molestan en diseñar estrategias inteligentes, que de repente son costosas. Y ello resulta en que dichas “estrategias” son facilísimas de ser deconstruidas. Creo que suponen que todo el mundo es bestia, y se come un discurso contradictorio y absurdo. Si estos medios de comunicación aspiran por casualidad a ser creídos, se las verán en problemas tratando de sostener que seguimos siendo colonia de España porque en los primeros minutos de la Batalla de Ayacucho nos estaban sacando la ñoña. O que ganamos las Batallas de Arica y de Angamos porque en la primera media hora se contuvo el ataque enemigo. O que el menú de un cocinero, por ejemplo Gastón Acurio, es malo porque eligió papa blanca y no amarilla en el plato de entrada. O que puesto que en la mañana estuvo nublado hasta las 7 am hubo oscuridad todo el día. O que ganamos el partido porque en el primer tiempo hicimos un gol (y pasamos por alto los siete que nos encajaron en el segundo tiempo). La verdad, todo esto es para sonreírse compasivamente. O lo sería si no fuera porque tenemos a periodistas supuestamente independientes que están convirtiendo lo que queda de su credibilidad en chichirimico al tratar de Detener el Tiempo.

Yo no sé mucho de nada, pero tengo un poquito de sentido común. Y Shakespeare también, por aquello de “Todo está bien si termina bien”, pequeña pieza de sabiduría convencional que nos dice que un criterio para juzgar las cosas es por sus resultados. El antiquísimo Edda poético dice “No juzgues una cerveza hasta después de haberla bebido”. Es decir, no hago nada llenando titulares sobre el papel de la etiqueta o el metal de la chapita si no me termino la chela. Es decir, para saber si ganamos la batalla, ¿qué tal si esperamos a que termine? Y para ver si el partido se ganó, perdió o empató, ¿qué tal si chequeamos el score del final, no el del primer tiempo?

Las cosas tiene procesos – parece mentira que haya que explicar esto – y para ver sus resultados hay que ver qué pasa cuando el proceso termina. Y si termina y nos seguimos empecinando en ver lo que pasó en el primer cuarto de hora, nos corremos el riesgo de usar las mismas anteojeras que están empleando los medios. Como el Tiempo no se detiene, tras el tal Jueves, vino el Viernes, y luego el Sábado. Y la Mujer Que Fue Jueves, resulta que en verdad, es la Mujer del Sábado. Y todos sabemos qué pasó el Sábado.

Es decir, y vamos a decirlo con todas sus letras: Susana Villarán ganó, aunque eso no les guste a los medios y traten de Detener el Tiempo. Como decía un periodista deportivo, no recuerdo quien: El Tiempo Corre, el Tiempo Pasa, el Tiempo no se detiene. Y punto por hoy.


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