miércoles, 24 de abril de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 30: MEMORABLES


CRÓNICAS DE LECTURAS – 30
Lecturas Memorables

I
Lectura Memorable y Conflicto Cognitivo

La condición de ser “memorable” en Lectura es algo que acabo de inventar y por lo tanto base teórica, lo que se dice base teórica, estoy seguro no tiene. Pero tiene relación con la memoria, me entró el bicho de dar cuenta de ciertos textos leídos cuya característica fundamental es estar ahí en la memoria. Estos “memorables” son textos que se aprenden por lectura y se incorporan de manera que se les conoce casi de memoria. En ciertos casos esta memoria es completa, eidética, con puntos y comas y hasta con sus originales traumas ortográficos. Una primera razón para ello es que se posee buena memoria, es decir, la capacidad genética de retener información tal cual llega. Es posible maximizarla empleándola a forro, como se sabe la genética es un punto de partida que con la práctica se mejora. Me interesa mirar la parte no paporretera en el asunto de la retención de textos, la retención memorística es una parte del aprendizaje, se retiene datos sin haberlos “aprehendido” como lo ilustran ciertos experimentos hipnopédicos. Hay bits de información que “se prenden” sin esfuerzo en la estructura cognitiva previa. La mayor parte de los aprehendizajes son complejos: Conforme leo un texto, éste me hace impresión de un modo determinado, deja huella racional y afectiva, “motiva” y se “engancha”. A la motivación se le suele ver como proceso independiente, pero está asociada al “conflicto cognitivo” que estudió Jean Piaget. En la práctica es complicado separar motivación de problematización, casi siempre las vemos juntas e indisolubles, tan igual como pasa en el autoanálisis introspectivo que podemos hacer de cualquier lectura.

Conforme leo un texto, encuentro mayor o menor motivación para seguir leyéndolo. Piaget supone haber un equilibrio homeostático en el cerebro, referido a la capacidad del ser humano para organizar su realidad. Dicho equilibrio consiste en un grupo de “senderos” químicos estables inserto en la citoarquitectura cerebral, que se modifica de cierta manera según los estímulos. El equilibrio homeostático se va al cacho cuando algún estímulo se descarga químicamente en el cerebro, lo que a veces distinguimos como un “síndrome de abstinencia”. Resolver este equilibrio implica estabilizar los “senderos” químicos según las leyes que rigen los estímulos condicionados. En el mediano plazo, la repetición de los estímulos modifica la estructura cognitiva y su sustrato físico. El qué tan mediano sea ese plazo depende de ciertos factores: El texto que leo convoca determinadas estructuras cognitivo-afectivas y las modifica en el sentido, según Jean Piaget, de procesos de asimilación y acomodación, parte de los mecanismos de adaptación que los seres humanos necesitamos para mantener el equilibrio en la interacción adecuada entre organismo y medio ambiente. Si el texto-estímulo es motivador, su lectura y exploración produce desbalance, es decir nos deja en pindinga. Las ideas del texto afectan la estructura cognitiva previa, los contenidos nuevos se asimilan en las estructuras viejas, que modifican y acomodan y reacomodan constante y continuamente, cuando lees. El desbalance cognitivo que produjo el texto lleva a que te provoque más de eso que te dice, es decir un refuerzo positivo. Entonces encuentras – o fabricas - textos análogos, del mismo tipo que se estableció en la acomodación primera. La vuelta del bucle hacia la Motivación se da cuando el texto te sigue mensajeando en sus diversos sentidos: emocional, intelectual, metacognitivo. Y así se graba espontáneo en la memoria, aunque quieras ya no te lo olvidas. Al volver al texto refuerzas estímulo: relees y te gusta más conforme encuentras más contenidos, y te lo apropias. Los procesos de asimilación / acomodación se harán más finos conforme construyas, extiendas y transfieras la data que lees y relees hacia otras situaciones. Suena complejo como el diablo, pero es mucho más simple verlo en acción en uno mismo y en otros, tratemos de ir a algunos textos, a ver si podemos distinguirlo mejor así.

II
Cuento: Horacio Quiroga y El potro salvaje



Era un caballo, un joven potro de corazón ardiente, que llegó del desierto a la ciudad a vivir del espectáculo de su velocidad. Ver correr a aquel animal era, en efecto, un espectáculo considerable. Corría con la crin al viento y el viento en sus dilatadas narices. Corría, se estiraba; se estiraba más aún, y el redoble de sus cascos en la tierra no se podía medir.
Corría sin reglas ni medida, en cualquier dirección del desierto y a cualquier hora del día.
No existían pistas para la libertad de su carrera, ni normas para el despliegue de su energía.
Poseía extraordinaria velocidad y un ardiente deseo de correr. De modo que se daba todo entero en sus disparadas salvajes y ésta era la fuerza de aquel caballo.


Así empieza el cuento El potro salvaje, del uruguayo Horacio Quiroga. Es historia muy de su estilo: Una fábula, pues que en ella se cumple que los animales hablan – como en Anaconda, la Guerra de los Yacarés, El Paso del Yabebirí y tantas otras donde lo hacen serpientes, cocodrilos y hasta rayas de río -, pero las fábulas clásicas tienen su moraleja final como rótulo del sentido de lo escrito. Y aunque El potro salvaje posee esa moraleja, como en otros cuentos de Quiroga, no es solamente para niños. Las fábulas de Quiroga son agridulces, de realismo selvático, concordantes con la agresividad de una naturaleza que asesina sin pasión, que no es ni buena ni mala, y en donde hayamos que si los animales hablan ello es tan natural como que llueva; que hombres, plantas y animales mueran; o que los árboles crezcan para arriba. Dudo que sean fábulas. El cuento El potro salvaje es diferente a otros, pues distinto es el medio en que se ambienta, ya no la Selva o el Desierto sino la Ciudad de los Hombres, que no es moralmente distinta a los páramos que la rodean ni la Cultura marca diferencia, acaso para peor. La Ciudad de Horacio Quiroga asesina los seres y los sueños como lo hace la Selva o el Desierto, sin dramatismo pero sin consideraciones. A esa Ciudad – que Quiroga no nombra -  llega a probarse el joven potro, a vivir del espectáculo de su velocidad. Así esta fábula-cuento empieza a parecerse a una parábola: El joven que llega a hacerse un sitio en la Ciudad, en el mundo: En un principio entregó gratis el espectáculo de su gran velocidad, pues nadie hubiera pagado una brizna de paja por verlo -ignorantes todos del corredor que había en él. Y es que este potro quiere en la vida es correr, pero tiene hambre. El contrapunto entre el hambre y la Libertad está en la vertiginosa carrera que no conoce líneas rectas ni reglas, y el Potro deberá aprender lo que tanto cuesta aprender en la vida: Transar, vender lo que tengas aunque te paguen sólo con esperanzas mustias, correosas, de mal sabor.

El potro va a un empresario, que le ofrece unas briznas secas de paja: El joven animal consideró el puñado de pasto con que se pagaban sus extraordinarias dotes de velocidad, y recordó las muecas de los hombres ante la libertad de su carrera, que cortaba en zig-zag las pistas trilladas.  / -No importa -se dijo alegremente-. Algún día se divertirán. Y vaya si corrió cada semana, entregándose en cada carrera como si fuera la última, con pasión y maravilla. Al final, comía su pasto ardido y seco sazonado con resignación: Ni un solo momento pensó en reservarse, engañar, seguir las rectas decorativas por halago de los espectadores, que no comprendían su libertad. (…) Y continuaba corriendo con el vientre ceñido de hambre, como había corrido siempre. Hasta que, Dios de Israel: Triunfó, porque eso pasa, los que han vivido lo saben: el público comprende qué haces, a veces lo disfrutan y pagan por ver. Los organizadores de espectáculos llegaron en tropel a contratarlo, y el potro, ya de edad madura, que había corrido toda su vida por un puñado de pasto, vio tendérsele, en disputa, apretadísimos fardos de alfalfa, macizas bolsas de avena y maíz -todo en cantidad incalculable- por el solo espectáculo de su carrera. Entonces el caballo tuvo por primera vez un pensamiento de amargura, al pensar en lo feliz que hubiera sido en su juventud si le hubieran ofrecido la milésima parte de lo que ahora le introducían gloriosamente en el gaznate. Porque ahora estaba cansado, qué palabra: Cuánto habrás corrido, cuántas veces has echado el último átomo, una y otra vez, otra, otra, y otra más; y al final te miras y dices estoy cansado. Y ya no quieres correr, porque ya corriste y ya no quieres más... estoy cansado. Así que si ellos quieren que corras, tendrán que despertarte esas ganas con harta alfalfa y forraje, toneladas y toneladas y toneladas de forraje: Corría entonces como él sólo era capaz de hacerlo; y regresaba a deleitarse ante la magnificencia del forraje ganado. Pero ahora correr te será más difícil, porque tras de ti vienen los jóvenes. Te han visto, te admiran, te imitan, te sacarán del partidor. Conocerás el miedo: Corrió, entonces, por primera vez en su vida, reservándose, aprovechándose cautamente del viento y las largas sendas regulares. Y allí se te perdió la Libertad, eso que te definía ¿te acuerdas? Ahora te aguantas para no caer en la siguiente carrera, para no fallar. Eras libre. Ahora tienes Miedo. ¿Pero quién puede culparte de tener miedo, potro…? 


(…) dos hombres que contemplaban aquel lamentable espectáculo, cambiaron algunas tristes palabras. Yo lo he visto correr en su juventud, dijo el primero, y si uno pudiera llorar por un animal, lo haría en recuerdo de lo que hizo este mismo caballo cuando no tenía qué comer. No es extraño que lo haya hecho antes, dijo el segundo, Juventud y Hambre son el más preciado don que puede conceder la vida a un fuerte corazón.

III
Poesía: José de Espronceda y la Canción del Pirata, Almafuerte y más



Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela,
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, El Temido,
en todo mar conocido,
del uno al otro confín.


José de Espronceda perpetra este magnífico poema a principios del siglo XIX, y resiste victoriosamente hasta este siglo XXI. Su forma ayuda a recordarlo, desde hace milenios la poesía es más fácil de evocar por su ritmo, métrica y rima. Muchos textos los aprendemos porque la poesía ayuda a su memorización. Insistiré en lo personal del asunto: La elección de lo que es memorable va de ida y vuelta, es decir pretendemos que elegimos el texto, cuando en realidad podemos decir con desparpajo lacaniano que es el texto el que nos escoge. Recordar y evocar se relacionan con lo importante y trascendental de lo leído en la medida que se puede incorporar a nuestro weltangschauung, nuestra propia y personal visión del mundo. Por ello es importante exponer a niños y jóvenes a textos de muchas procedencias pues no sabemos qué va a parar en esas mentes en estado de ebullición, y qué y cómo se va a incorporar a ese caldero: Double, double, toil and trouble / Fire burn, and cauldron bubble. La Literatura y demás lecturas dan material como para que no falte de donde escoger. Vuelvo a Espronceda: Decíamos que la versificación ayuda. Este poema se lo sabe entero mi hija desde sus cinco años, y se divierte – nos divertimos - jugando con la rima y la métrica. Yo lo recuerdo de cuando lo leí por primera vez, con el dibujo que le acompañaba, un pirata anarquista y transgresor, como se supone son los piratas:


Que es mi barco mi tesoro, / que es mi dios la libertad, /mi ley la fuerza y el viento, / mi única patria, la mar.


La exaltación del individualismo romántico y anarquista en este poema lo incorpora en la cultura escrita, oral y musical en castellano. Por lo menos yo lo creo porque eso me dice y por eso lo memoricé: es expresión de la fortaleza interior del hombre frente a la mala fortuna, que así se deje la vida en el camino aprecia la Libertad por sobre todas las cosas:


¡Sentenciado estoy a muerte! / Yo me río
/ no me abandone la suerte, / y al mismo que me condena, / colgaré de alguna entena, / quizá en su propio navío. / Y si caigo, / ¿qué es la vida? / Por perdida ya la di, / cuando el yugo del esclavo, / como un bravo sacudí.


Y que influye hasta hoy lo vemos en sus actualísimas versiones musicales de Tierra Santa y Dark Moor en Metal: http://www.youtube.com/watch?v=77Up6S5lzq0; http://www.youtube.com/watch?v=w36FsaTsOpc 

Y sumemos esta versión en rap, y quien es el baboso que dijo que la cultura y la buena literatura no es lo que le gusta a la gente: http://www.youtube.com/watch?v=dYVzsA0I4Fc; y para los más clásicos, aquí esta españolísima versión:  http://www.youtube.com/watch?v=q3SRsjNVex0

La Canción del Pirata de Espronceda es de la misma calaña del Soneto del argentino Almafuerte para los jóvenes, del siglo XIX, y que presento completo y de memoria:


No te sientas vencido, ni aun vencido / No te sientas esclavo ni aun esclavo.
Trémulo de pavor, piénsate bravo / Y arremete feroz, ya malherido

Ten el tesón del clavo enmohecido / Que ya viejo y ruin vuelve a ser clavo,
No la cobarde estupidez del pavo, / Que amaina su plumaje al primer ruido.

Procede como Dios, que nunca llora. / O como Lucifer, que nunca reza. / O como el robledal, cuya grandeza

Necesita del agua y no la implora. / ¡Que muerda y vocifere, vengadora / Ya en el polvo, rodando, tu cabeza!

Es una virtud el saber resistir ante la adversidad, mucha será tu suerte si no tienes que enfrentarla. La resistencia es un valor que nos define como peruanos, parte de nuestro ser ideal, modelo y paradigma de la escuela de energía que Natalia Málaga y otros imponen. Hay de dónde aprenderla y cómo enseñarla: La larga y viril tradición universal en la resistencia estoica, desde los 300 espartanos de Leónidas hasta los Incas resistiendo a los españoles en el Cusco: Yo no he nacido para someterme dice el joven Manco Inca; y en Arica el telegrama: Podemos hacer estrago en enemigo victorioso del anciano Bolognesi; que de lejos me parecen mejores paradigmas que el derrotista Hasta el último cartucho. Nuestra crisis en valores se ve en la educación formal como en la educación en casa, somos gelatinosos y blandengues, los varones viven consentidos por mamis y abuelas que no han ajustado cuentas con la Colonia. Necesitamos mejores modelos y paradigmas, y los literarios son tan buenos como los históricos. La humanidad es también ruda, tenemos nuestros equivalentes nacionales de Almafuerte o Espronceda en Gustavo Valcárcel, Manuel Scorza, Manuel González Prada, Javier Heraud, y hasta José Santos Chocano por momentos, aunque a algunos les asusten, como que hay miedo de abandonar la triste parodia de varón que es el matón, el abusador y el faite. Que protestar con coraje e inspiración, que meter el dedo en la pus, que levantar la espada en el aire parece que levantara temor de ideas violentosas en nuestros hijos e hijas, a los que tratan como si tuvieran las hormonas de vacaciones. Se pretende que chicas y muchachos son tazas de porcelana que se romperán si los exponemos a la realidad, y se los entregamos con papel de regalo a Movadef y Sendero. Para eso hay que tener la estupidez del pavo, además de cobardía. Termino transcribiendo otro poema de memoria, Invictus, escrito en un Hospital por un moribundo inglés, William Henley, que recitaba Nelson Mandela para sí todos los días, preso en Rodden Island, como calistenia de Resistencia:


Más allá de la noche que me cubre / negra como el abismo insondable, / doy gracias a los dioses que pudieran existir por mi alma invicta. / En las azarosas garras de las circunstancias / nunca me he lamentado ni he pestañeado. / Sometido a los golpes del destino / mi cabeza está ensangrentada, pero erguida. / Más allá de este lugar de cólera y lágrimas / donde yace el Horror de la Sombra, / la amenaza de los años / me encuentra, y me encontrará, sin miedo. / No importa cuán estrecho sea el portal, / cuán cargada de castigos la sentencia, / soy el amo de mi destino: / soy el capitán de mi alma.


IV
Teatro: Pedro Calderón de la Barca y La Vida es Sueño

Nunca he estado seguro de la pertinencia de los clásicos teatrales españoles, debe haber buenas razones para que sigan en las currículas y planes lectores. Me gustan, pero como que les falta algo y les sobra algo. El Siglo de Oro de la Literatura Española debe recordarse y representarse, el teatro de entonces se hacía en verso y ello es ventaja, pero no encuentro en nuestras postmodernas épocas la pertinencia de esas preocupaciones, que me suenan medio al estilo de Primo de Rivera y la comunidad de destino. Y sin embargo, algo habrá para que sobrevivan tanto tiempo:


¡Ay mísero de mí! ¡Ay infelice! / Apurar, cielos pretendo, / ya que me tratáis así, / qué delito cometí / contra vosotros naciendo / aunque si nací, ya entiendo / qué delito he cometido / bastante causa ha tenido / vuestra justicia y rigor, / pues el delito mayor / del hombre es haber nacido.


Estos versos de La Vida es Sueño, de Pedro Calderón de la Barca son fáciles de aprender, aunque lo suficientemente difíciles y complejos en su redacción – como con Espronceda – como para retarnos y hacer interesante el aprendizaje. Tiene que haber dificultad para hacer interesante el aprendizaje, que así es que aparecen William Shakespeare, Jacinto Benavente, Henrik Ibsen y Darío Fo. Como aquí:


Nace el pez, que no respira, / aborto de ovas y lamas, / y apenas bajel de escamas / sobre las ondas se mira, / cuando a todas partes gira, / midiendo la inmensidad / de tanta capacidad / como le da el centro frío / ¿y yo, con más albedrío, / tengo menos libertad?


Obsérvese que la redacción en este punto es recontra conceptista, nada fácil de comprender y difícil una recitación adecuada, el registro poético requiere pausas entre verso y verso que oscurecen la decodificación. Apuesto doble contra sencillo que la gran mayoría no entiende el sentido de estos diez versos, aunque esto ocurra también con la poesía de François Villón, que mucha de ella se recita sin entenderla. Menos mal, cuando llegamos al final del parrafazo de Segismundo como que nos aclara algo la cosa:


En llegando a esta pasión, / un volcán, un Etna hecho, / quisiera arrancar del pecho / pedazos del corazón: / ¿qué ley, justicia o razón / negar a los hombres sabe / privilegio tan süave, / exención tan principal, / que Dios le ha dado a un cristal, / a un pez, a un bruto y a un ave?


Y una vez más, apuesto doble contra sencillo que todo el mundo sabe lo que es la diéresis de la palabra süave, y se olvida del sentido del texto, que es de lo que se trata. Pues que si nuestra vida tiene lugar en el Sueño o en la Vigilia es pregunta universal, depende de qué creemos que es la realidad. El no saber por dónde andamos o por dónde se enreda y desenreda nuestra vida, o cuál es la vida “verdadera” y cuál no; o si es que en el uno sí o en el otro no, es el tema más desconcertante posible que se pueda enfrentar, y es materia de los géneros de Terror y de Ciencia Ficción, entre otros. Y eso sin contar con la Filosofía: Para Platón la vida del hombre está entre tinieblas, la realidad es la que se muestra alegóricamente en la Caverna donde están las madres – los conceptos base, la verdadera realidad, cuya sombra percibimos en nuestras mentes - que Goethe plantea en el Fausto, así que la vida es una ilusión análoga a la de la maia del Budismo de la que nos liberamos en un eventual nirvana. Descartes hace partir su Discurso del Método precisamente de la duda del pensante sobre si está despierto o duerme, que en su acto de dudar halla el pensar, y en el pensar la evidencia de su existencia y una verdad sobre la que fundar el mundo:


Sueña el rico en su riqueza, /que más cuidados le ofrece / sueña el pobre que padece /su miseria y su pobreza  / sueña el que a medrar empieza, / sueña el que afana y pretende, / sueña el que agravia y ofende, / y en el mundo, en conclusión, / todos sueñan lo que son, / aunque ninguno lo entiende.


Y de repente Don Pedro tampoco lo entendía. Todo el argumento de La Vida es Sueño es poco más que una decoración del tema de Segismundo en su calabozo como en la alegórica caverna de Platón, de la que una noche se le libera, lo que produce el abuso de esa libertad y del poder. Nuevo adormecimiento y vuelta al calabozo, como si nada hubiera pasado, y donde, como Descartes, dudará de la realidad:


Yo sueño que estoy aquí / destas prisiones cargado, / y soñé que en otro estado / más lisonjero me vi. / ¿Qué es la vida? Un frenesí. / ¿Qué es la vida? Una ilusión, / una sombra, una ficción, / y el mayor bien es pequeño: / que toda la vida es sueño, / y los sueños, sueños son.


Los motivos de Segismundo y los demás personajes son pura superficie y en realidad no importan. Hay reminiscencias del Libro de Job, con Segismundo como un Job despistado y menos enterado de qué va la cosa, y donde el Rey y Astolfo y Estrella son comparsas que enmarcan la experiencia de realidad / sueño de Segismundo, cuya reflexión es una decadencia sin apogeo: El pueblo depone al rey, libera a Segismundo y lo eleva al trono. Y la moraleja: Pórtate bien, que todo puede ser un sueño. Francamente de catecismo. Qué hubiera hecho Shakespeare con este material, me pregunto. Pero Calderón de la Barca no carece de mérito como poeta lírico inspirado y excelente versificador. Como dramaturgo su reflexión me parece – lo digo con toda pedantería - primariosa: algo así como Dios te ve.

Para descargar y leer la pieza:
http://www.iesmigueldecervantes.com/publica/biblioteca/calderon_barca_la_vida_es_sueno.pdf

V
Colofón

Podemos hacer el ejercicio de ver qué textos nos impresionaron como para repetirlos de memoria o querer hacerlo, y ya que estamos en esto de repente te gustará la idea de anotarlos y tenerlos ahí presidiendo partes selectas de tu existencia, bajo la luna de un escritorio o pegados en una pared. Tú eliges: Lee lo que quieras, y cómo quieras.

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