martes, 28 de mayo de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 37: MO YAN, PREMIO NOBEL 2012

CRÓNICAS DE LECTURAS – 37
Mo Yan, Premio Nobel 2012: Política, Traducción y Literatura

I
Vocación, Premio Nóbel, hipocresía política

Si un autor ha ganado el Premio Nobel de Literatura es que es importante. El universo de lo escrito con ansiedad literaria es amplio, abarca a todos esos autodefinidos escritores y a sus demonios internos. Hay ganancia secundaria si aparte del acto de la creación, del orgasmo interior, de la sensación de integridad y plenitud, además te ganas los frejoles con eso. En la práctica escribir es lo que haces cuando no trabajas, y la chamba el precio a pagar por ser humano: Se trabaja, después se escribe, la vida es justamente transar con esas cosas. Ahora bien, recibir un premio cualquiera – Planeta, Alfaguara, Príncipe de Asturias, Hugo, Nebula, Nobel, etcétera –, es publicidad que permite vender Libros, y plata no esperada, se puede uno hasta creer que la sociedad quiere que uno escriba. Como remuneración siempre llega con retraso, a veces póstumo, pero más vale tarde que nunca, y se espera que lo agradezcas. Creo que al único al que eso le llegó al quinto forro del abrigo fue a Jean Paul Sartre, que no fue a recoger su Premio Nobel porque le gustaba más mostrarse con la Simone de Beauvoir en el café de la paix, el Nobel le importaba tres pepas secas de naranja. Boris Pasternak tampoco fue a recogerlo, pero dudo que haya sido porque no le importara, eso de tener encima al Partido Comunista de la Unión Soviética, que sabía lo que nos conviene a todos, pues que determinó que asistir fuera para Boris un gesto burgués, intrascendente y sin importancia. No sé si a Boris se lo preguntaron…  

Seamos ingenuos un rato: No siempre se piensa en plata, excepto si se necesita: es decir siempre. Testigo es Jack London, que al triunfar como escritor dejó la miseria para alcanzar la no tan ventajosa condición del eterno endeudado. Es decir, como todos nosotros hoy en día. London era un magnífico escritor que vendía como pan caliente, pero así como ganaba la plata se la gastaba con la misma; tenía una recatafila de familiares, amigos y hueleguisos que colaboraba gustoso a dejarlo sin liquidez. Hoy tendría cinco tarjetas de crédito y escribiría como mercenario. En fin, si eres joven y soñador puedes abstraerte de esa subalterna consideración de la plata, lo que es una bobada, pues hasta sin oxígeno se puede vivir pero no sin dinero, Chéjov dixit. Algunos invisibilizan el tema por ciertos enredos ético-axiologico-morales adquiridos en tiempos de su amaestramiento escolar, y hablar de plata les afecta la ecología interior de sus almas, no concilian el sueño a no ser hagan esfuerzos más o menos inconsciente para seguir inconscientes en la vigilia. Los niños en general son más inteligentes que los adultos y entienden mucho mejor el valor del dinero. Pero ya me fui por las ramas y mejor vuelvo a la perspectiva estética y ética, a la vocación de tontear con las palabras, al hecho de ganar un premio haciéndolo. Porque en esta Crónica quiero tratar de Mo Yan, Premio Nobel de Literatura 2012, a quien por casual casualidad leí antes que le dieran bola por estas latitudes, ya les cuento. Ahora importa decir que Mo Yan es un chino de esa China donde hay más gente que renacuajos, de economía que crece como la espuma, y gobernada por el Partido Comunista. Mo Yan no sólo no está preso sino que vive de su pluma, no tiene controversia con el gobierno, no es mártir de la libertad y muestra cada día algo que a la Derecha Internacional Bruta y Achorada le sabe a chicharrón de sebo: Que en “ese” lado del mundo hay gente vulgar y silvestre, no FuManchús prestos a conquistar el mundo mientras se solazan en la represión del justo anhelo capitalista del pueblo chino, cuyo deseo más profundo es ser Occidental. Mo Yan se permite de paso escribir maravillosamente bien y reírse del seudodebate generado en torno a la hipocresía política de pensar que puedes juzgar a los orientales con parámetros occidentales. Para aprender de China parece mejor oir a los japoneses, singaporenses, coreanos, vietnamitas, indios y, claro, a los chinos mismos.   

II
Mo Yan

Mo Yan escribe sobre lo que todo el mundo ve y vive, la vida cotidiana, lo que ha visto y sentido cuando vio y vivió. Este ser humano de ojos rasgados y piel amarilla conoce la condición humana, escapa a los estereotipos. Nació en familia de agricultores en Shandong, uno de muchos millones. Trabajó de campesino, obrero y soldado y empezó a escribir por pura distracción. Leyó a García Márquez, a Tolstoi, a Faulkner, suponemos en sus traducciones. Como todo el que escribe, su materia prima primigenia fue su infancia, su pueblo natal y sus narrativas populares: Lo que hice fue muy sencillo: contar mis cuentos a mi manera. Mi manera es la misma de los cuentacuentos del mercado de mi pueblo, a quienes conocía muy bien; es también la manera de mis abuelos y los ancianos de mi pueblo natal. Así de simple. Por supuesto tiene deuda con la tradición china, en especial el budismo, el filósofo Lao-Tsé, los escritores Sheng CongWen y Pu SongLing, su profesor Huaizhong Xu. Trata de ponerse “por encima” de la política pero sin dejar la literatura, y por eso produce cosas como Baladas del Ajo, pero a la vez hace lo que quiere hacer con lo que escribe. Es engañosamente simple al narrar, y lo sencillo es difícil, y leyéndolo, horriblemente difícil. Esa estudiada simpleza le vale que lo comparen con Kafka, lo que no me suena justo ni para Kafka ni para Mo Yan. Sí se parecen en que dicen exacta y precisamente lo que quieren decir. Estamos frente a maestros.

Tampoco es el primer chino en ganar el Premio Nobel. Gao XinJian lo ganó en el 2000, pero XinJian es un escritor bilingüe, que vive como francés desde 1986 y que es un apestado para la quisquillosísima República Popular, a diferencia del cuentacuentos Mo Yan, que parece pasea Beijing sin más problemas que los del tránsito. Pero ser chino en Occidente es un problema. Hay estereotipos de los que en el Perú tampoco nos libramos, pese a nuestra numerosa población de peruanos de origen chino. La supuesta sabiduría e impenetrabilidad oriental con la que adornamos a los orientales determina que leer a un chino impique buscarle cosas que puede no tenga, como si tuviera la obligación de representar a toda la cultura china frente a Occidente. No se les cargó así a Rabelais y Montaigne respecto de Francia, ni se les impuso a Twain y Poe la pesada carga de presentar los Estados Unidos al mundo. El exotismo y los prejuicios políticos y literarios dan pie a simplificaciones del tipo “los chinos son así o asá”, o “el régimen chino es así o asá”. Si eres chino, lo políticamente correcto es que el régimen dictatorial y represivo de la República Popular te prohíba y censure, así venderás más en Occidente. Si no estás prohibido eres maoísta. Si te prohíben un rato y luego te levantan la prohibición – cosa que parece común allá - pues eres un “escritor censurado”, y las editoriales respiran.  Al revés de XinJian, Mo Yan escapa al estereotipo por eso de ser medio occidental, medio budista, medio oriental.

III
Mo Yan y el problema de traducir el Chino

Hasta hace un par de meses no advertí que Mo Yan ganó el premio Nobel de Literatura 2012. En 2010 fue del peruano Vargas Llosa, en 2011 del poeta sueco Transtörmer, que me deja mudo pues no lo conozco y me suena a Transformer. Mo Yan, ya dije que no es el primer chino en ganar el premio Nobel de Literatura, pero agudizó el problema de las traducciones. La dificultad es traducir lo que no es mainstream a las lenguas - meta que sí lo son, donde resulta más rentable traducir, en particular al inglés. En el 2000 el nobel Gao XinJian planteaba un problema de costos a los editores: Es más caro traducir del chino mandarín al castellano que tomar una traducción del autor chino al Inglés o al Francés, y retraducirla al castellano. Es una salvajada intelectual por supuesto, pero las editoriales están sobremanera interesadas en sus utilidades. La montaña del alma, densa novela de XinJian se tradujo al castellano no del chino sino del francés, y se vendió “traducida” del chino. Ello pasa de un problema de Traducción, donde  el asunto ya era crimen de lesa cultura, para ser tema de estafa y engaño, ahí la cosa es de ley infringida, de venta de gato por liebre. Por supuesto, eventualmente puede haber Traducción Indirecta cuando no se puede hacer Directa. Si no hay originales disponibles o no hay más remedio, ni modo, así se tradujeron al castellano la mayor parte de las literaturas orientales, incluyendo a las Mil y Una Noches y los Robaiyat de Omar Khayyam, que llegaron a Occidente en traducciones Indirectas. Pero si una Traducción es Indirecta, le llamas Traducción Indirecta, y si siéndolo no la llamas así incurres en estafa, en “Traducción Indirecta Camuflada”. Fuentes especializadas señalan que desde el 2001 más de la mitad de las traducciones literarias del chino mandarín al castellano fueron “Camufladas” de la forma más ridículamente sencilla: En la página de créditos aparece el título original chino y el traductor español, se omite el título del texto mediador en inglés o francés, y se pasa por alto al traductor de la primera traducción. Se falsifican así los datos en Bibliotecas y en la Base de Datos ISBN. La Editorial Kailas publicó así varias novelas de Mo Yan, entre ellas Sorgo Rojo; Baladas del Ajo; La vida y la muerte me están desgastando; Grandes pechos, amplias caderas; La república del vino; Shi Fu harías cualquier cosa por divertirte.

No sólo tema de costo sino de tiempo para hallar un buen Traductor del Chino Mandarín al Castellano: ¿Cuánto se demora un Traductor en traducir del chino al castellano? Podemos imaginarnos a los editores enterándose de un Premio Nóbel chino, como se jalan los pelos y estiran las comisuras de los ojos tratando de ofrecer al público los libros del chino en cuestión antes que la competencia. Por cierto, se encuentra a los Traductores de los libros en las bases de datos ISBN, las que hay que consultar si se quiere saber si existen los tales traductores y las obras que han traducido. El rigor en las traducciones es un tema más importante de lo que parece. En las traducciones al inglés desde el Chino Mandarín hay características clave que modifican seriamente el texto en relación con la traducción castellana. Debido a las diferencias entre los idiomas, los autores autorizan a sus Traductores a realizar el denominado editing, modificaciones autorizadas del original, a veces notables, a veces sutiles, debidas a las distintas características de las lenguas origen y meta. Estas modificaciones suelen implicar abreviaciones, supresiones, paráfrasis, cambios de orden de diversas unidades (palabras, frases, oraciones, incluso párrafos), e incluso ciertos añadidos explicativos aparte de los señalados con la conocida N. del T. (Nota del Traductor). Si traduces el texto en inglés traducido del Chino mandarín, partes de una versión alterada del original, filtrada y enfocada a un público cuyos referentes lingüísticos son muy diferentes a los de los castellanolectores. Si el Traductor carece de experiencia y rigor, la Traducción de la Traducción pasa sin tamiz no sólo las modificaciones para el inglés o el francés, sino los errores lingüísticos o extra-lingüísticos propios del idioma castellano, por desconocimiento de la lengua y cultura chinas, o por falta de capacidad o habilidad traductora. Menos mal la novelita de corta extensión Cambios, que me poseo, editada por Seix Barral, se tradujo directamente del chino por Anne-Hélène Suárez Girard, conocida traductora del mandarín al castellano.

IV
Su poco de crítica literaria

¿Qué apreciamos nosotros de un escritor? Pues me parece a mí que en esencia dos cosas: Qué dice, y cómo lo dice. Mo Yan posee a mi entender la increíblemente imposible cualidad de la sencillez. Hasta pareciera natural en él si no fuera por lo que yo sé que me cuesta mantener estas Crónicas lo más sencillas posibles, sin lograr lo que quiero más que en contadas ocasiones. La sencillez se trabaja, necesitas saber con precisión de nanómetro qué quieres decir y con qué palabras, giros, frases, signos de puntuación, tiempos y modos verbales, actitudes y emociones- Hay ciertas precisiones e intenciones en lo que quieres decir, y no digo que lo sepas con puntos y comas sino que poseas el estado de ánimo que te permita estar conectado con el momento en que estás conectado, y tratar de no desconectarte. Y todo eso, y algunas cosas más, parece que al Premio Nobel Mo Yan no le da ninguna chamba. Y eso me da cosa, me da pica, me molesta, me indigna, me da envidia. El talento literario no basta, decía Charles Chaplin que talento todo el mundo tiene, lo que diferencia a unos de otros es el trabajo, pero no parece para Mo Yan, ese chino de miércoles cuya insultante sencillez me cautiva, peyorativa combinación entre García Márquez, Faulkner, Kafka y quién sabe quién más. Mo Yan te convence que es mujer en Grandes pechos, amplias caderas; y a la vez está metido en cómo se sufre la miseria causada por la insensible corrupción de los sucios burócratas que anuncian al universo su omnipotencia digitando la siembra de ajos, en Las Baladas del Ajo. Lo peor del asunto es que antes que te des cuenta ya estás en el asunto:  


El padre de He Zhiwu era un viejo obrero agrícola que había trabajado durante décadas para un terrateniente. La madre era el miembro más antiguo del Partido Comunista de nuestro pueblo. Tenía la cara toda picada de viruela, los pies grandes y el temperamento explosivo. A menudo se subía a la muela de piedra que tenían delante de la puerta y se ponía a echar bronca a la gente sin razón particular, con una mano a la cintura y la otra en alto parecía una tetera a la antigua.


Puedo ver a la vieja medio chiflada como la militante comunista más vetusta y antediluviana de ese pueblo. Veo la ligera ironía propia del muchacho más vivo de la clase, y a la vez la humanización de esa mujer que parece una tetera a la antigua cuando denosta a los viandantes desde su demencia senil. Y así le pasa también al chico de provincia que llega a la mítica capital de su país por vez  primera, que me recuerda la letra de ese huayno mañana me voy a Lima, Rosaura: ¡Pekín, cielos, estábamos en Pekín! ¿Quién me iba a decir que un pobre chaval de campo como yo, de Dongbeixiang, distrito de Gaomi, llegaría a Pekín un dieciocho de enero de 1978, que vería tantos coches blancos, negros, y tantos jeeps verdes, que vería tantos edificios altos y monumentales, que vería a tantos extranjeros de nariz alta y ojos azules?  Así es, este chino simple, simplísimo, es engañosamente simple. Tengo que agradecerle a Mirtha, periodista especializada en el lejano oriente por haber puesto a mi alcance sin saberlo a Mo Yan antes que ganara el Nobel. Ella nunca supo que su hijo – muchacho brillante, muy rayado y roquero, de quien fui preceptor – me los pasaba diciendo qué bacán este chino. No le di tanta bola al asunto, compartía el prejuicio, pero aprendes en los sitios menos sospechosos.     

V
Colofón


Agrada ver que los referentes literarios de otras latitudes no son tan diferentes de los nuestros. Nos solazamos en el común acervo humano y nos da lo mismo que el autor sea chino. En general las ideologías dividen, mientras que la Literatura – la Buena Literatura – nos une. El que tenga ojos, que Lea sin miedo.  

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