martes, 25 de junio de 2013

MADIBA

MADIBA

Vi a mi padre y está bien. Es un luchador.
(Zindzi Mandela)



Esto es algo que no quisiéramos ver, porque para nosotros, los que tenemos algunas veleidades de cambio  y compromiso social, Nelson Mandela, Madiba, es un ícono viviente, el glorioso resultado de una vida plena: Abogado, militante del Congreso Nacional Africano, político combativo, luchador contra el Apartheid, preso por sus ideas, primer Presidente de una Sudáfrica que muy pocos soñamos ver: La República de Sudáfrica Libre e Igualitaria y como dice su himno, bendecida por Dios. Condenado en 1962 a Cadena Perpetua por el crimen de querer ver Libertad, pasó 27 años en la Canasta, principalmente en Robben Island, centro de esparcimiento que el gobierno del Apartheid reservaba para negros levantiscos e indoblegables. 

¿Qué más se puede decir de él sino que es el Hombre más Grande del que somos contemporáneos? Delante de hombres como Madiba, Oliver Tambo y demás militantes blancos, negros y de otros colores, todos los demás que nos creemos ser alguienes palidecemos, nos ocultamos en nuestras vergüenzas y nuestras debilidades y nos vemos como lo que realmente somos: enanos. Quisiéramos, como dice mi hermano Carlitos, que Madiba fuera indestructible, que fuera un un eterno patriarca que nos dijera todo el tiempo con su palabra y su ejemplo que rebelarse no es inútil, que pararse frente a los que nos quieren  arrodillados es lo que nos distingue como humanos, que la lucha tiene sentido, que a la hora de irse nos iremos como los Capitanes de Nuestra Alma.

Madiba está enseñando a los revolucionarios de todas menas y calibres no solamente cómo se vive, sino también cómo se muere. Al momento de escribir estas líneas está grave y toda Sudáfrica reza para que se quede un poco más de tiempo. Pero la verdad es que en este caso es cierto lo que se dice cuando uno de los nuestros llega antes que nosotros a la fosa: Cuando un Revolucionario muere, NO MUERE. Él está bien, somos nosotros los que nos quedamos huérfanos. 

Terminamos este artículo con el poema de Henley que le gustó repetir día tras día en el encierro de Robben Island:

Invictus.   

Más allá de la noche que me cubre / negra como el abismo insondable,

doy gracias a los dioses que pudieran existir / por mi alma invicta.

En las azarosas garras de las circunstancias / nunca me he lamentado ni he pestañeado.

Sometido a los golpes del destino / mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.

Más allá de este lugar de cólera y lágrimas / donde yace el horror de la sombra,

la amenaza de los años / me encuentra, y me encontrará, sin miedo.

No importa cuán estrecho sea el portal, / cuán cargada de castigos la sentencia,

soy el amo de mi destino; / soy el capitán de mi alma.

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