martes, 15 de julio de 2014

CRÓNICAS DE LECTURAS 88 -AJEDREZ


CRÓNICAS DE LECTURAS 88
AJEDREZ

“Dios mueve al jugador / y este a la pieza / ¿Qué Dios detrás de Dios, / la trama empieza?”
(Jorge Luis Borges)

I

Contra el Ajedrez

Qué extraño sonará a los que me conocen (en especial a Fito) que dispare contra los trebejos y los 64 escaques, cuando soy ajedrecista de  décadas atrás. Más extraño aún sonará a los que compartieron ese tiempo feliz en que nos reuníamos los sábados por la tarde y noche a organizar no apoteósicas francachelas (esas vendrían después), sino campeonatos de Ajedrez con Sistema Suizo y todo, y reuníamos jóvenes de diversas generaciones con adultos de diversos tonelajes. El amor a los Gambitos, las Aperturas y los Fianchettos unía este conjunto, aunque no todos asistían siempre, lo que hacía que uno tentara la posibilidad de alzarse con la “chanchita” (las cuotas de inscripción) hecha mediante pequeña erogación de cada jugador al inicio de cada match. Fueron buenas épocas que colapsaron por rudas y sucesivas crisis económicas, políticas y sociales, y pasó cada cosa que a estas alturas mejor no meneallo. A los jóvenes de hoy el Ajedrez no los convoca como antes, puede que les resulte demasiado difícil, aunque ello no es consistente con la complejidad y dificultad de los juegos de computadora o de naipes que están de moda, por ahí no va la cosa. Yo lo atribuyo a que el Ajedrez ha perdido su aureola de brillantez intelectual desde que el campeón mundial Garry Kasparov cometió el horrible desatino de perder ante una Computadora Deep Blue especial de IBM por 3,5 – 2,5 en 1997. En definitiva, el Ajedrez ni era tan intelectual ni los ajedrecistas tan genios como se pensaba. Si las reglas del Ajedrez y un número suficientemente grande de partidas y jugadas podían programarse en computadoras, y éstas vencer a Campeones Mundiales (el dicho Kasparov y Vladimir Krámnik en 2006), las funciones intelectivas del Ajedrez se ponen en cuestión, y no es descaminado pensar en abandonar la práctica del Ajedrez y mejor expectar campeonatos que enfrenten a las computadoras y sus soportes de silicio. Y esto es por una razón de enorme peso relativo a la naturaleza misma del juego del Ajedrez, que a diferencia de muchos otros - como el Bridge o el Backgammon - es puramente racional y no permite al azar entrar por ninguna parte previsible.

Claro que en nuestro país y en América Latina en general, salvo en círculos muy reducidos, creemos que los chanchos vuelan y consideramos la inteligencia con temor reverencial, la asociamos con la memoria y los despliegues eruditos, y nos parece que el Ajedrez es muy importante. Sabemos por experiencia que la inteligencia cuesta plata – tantos siglos de desigualdad de oportunidades se cobran peaje – y para tener la opción de poseerla hay que tener apellido. Hoy ello desaparece, menos mal, aunque la exclusión económica se ejerza con inconsciente ferocidad pero con menor tolerancia social. De todos modos el Ajedrez ha perdido vigencia y si bien se continúa jugando, ya no es lo que solía ser en tiempos de Lasker, Alekhine, Capablanca, Tal, Petrosian, Spassky y Bobby Fischer. Dediqué muchísimas horas al Ajedrez, que practicaba diariamente y traté de aprender lo más posible, y me convertí en un jugador regular, con los amigos incluso jugábamos ajedrez a ciegas, sin tablero y usando la notación clásica. Me gustaba el Ajedrez, y no creía en lo que Miguel de Unamuno opinaba sobre éste en Contra esto y aquello. Pero conviene detenernos un tanto en el porqué Unamuno escribió contra el Ajedrez: Comentaba una carta que el presidente del Club Argentino de Ajedrez le remitía al Rector de un colegio para incorporar la enseñanza y la práctica del Ajedrez a los planes de estudio. El artículo tiene algo menos de un siglo, pero la aspiración de integrar el Ajedrez en la Currícula escolar es vieja y siempre pondera las muchas ventajas que la práctica del Ajedrez poseería para la formación de los jóvenes, ya vimos lo vacío de estas afirmaciones. Lo real de esta solicitud, como otras análogas, está no en hacer de nuestros muchachos eximios practicantes del juego-ciencia, cuanto dar trabajo a los profesores de Ajedrez más o menos vinculados a la argolla de turno. Claro que la plata está más en el Fútbol, y a no ser que seas Atahualpa y te aprendas el juego de memoria, el Deporte Ciencia en el Perú dependerá no del inexistente interés estatal y/o privado, sino del esfuerzo de las familias de los jóvenes ajedrecistas. ¿Qué queda del Ajedrez tras todo esto? Pues lo que siempre ha habido: Un hermoso juego, en cuya práctica se puede encontrar alegría, que suele permitir el despliegue de la concentración, el cálculo y el análisis; además de enseñarte el valor del respeto a las reglas de juego.  

II

Aperturas

Una partida cualquiera de ajedrez suele dividirse en tres etapas diferenciadas: El Principio, el Medio Juego y el Final. Y la Literatura ajedrecística al respecto es ingente. Yo aprendí de mi tío Lucho de los Heros los primeros rudimentos del juego, y cuando a principios de los ´70 el Ajedrez se puso repentinamente de moda con motivo del Match del Siglo entre el estadounidense Bobby Fischer y el soviético Boris Spassky, empecé a jugar con mis amigos y llegamos a los campeonatos de los sábados que he mencionado líneas arriba.  En el aprendizaje y práctica del Ajedrez se evoluciona de la Táctica a la Estrategia: Los aprendices se inician con juegos que son sólo una sucesión de episodios tácticos, y van adquiriendo con el entrenamiento la percepción de la partida como un todo estratégico. Cayó en mis manos – no recuerdo cómo - el Ajedrez del Gran Maestro argentino Ricardo Grau, y ese fue mi primer manual, por donde andará ese libro. Desde allí en adelante me compré más libros, empezando por Conocimientos Básicos del Ajedrez, de Julio Ganzo, que igual que Grau, empezaba por el final, es decir por los llamados Mates Elementales, método y práctica que yo también empleo cuando enseño Ajedrez: Matar con Rey y Dama, con dos Torres, con Torre y Rey, con dos Alfiles y Rey, y con Alfil, Caballo y Rey. Así se adquiere un sentido algo más estratégico del juego, eso de empezar por el principio no funciona cuando el objetivo final es capturar o matar al Rey adversario, no desplegar las piezas ni comerse los peones. En Ajedrez se comete fácilmente el error de sobredimensionar la importancia de las Aperturas, claro que es verdad que pocas partidas superan el Medio Juego, los Finales aparecen poco a no ser que seas buen ajedrecista y tu oponente también lo sea, en la mayoría de los casos se gana la partida si la apertura permitió un mejor desarrollo de las piezas y una adecuada ocupación del centro. En ABC de las aperturas, del ruso V. N. Panov, se dice: La partida de ajedrez viene a ser una batalla, por cuanto en ella, como en la guerra, combaten dos ejércitos. Y como en cada batalla, primero se movilizan las fuerzas, lo que en ajedrez se llama indistintamente evolución o desarrollo de las piezas. En todos los libros se hace hincapié metodológico en la importancia de analizar partidas de los grandes maestros, así como en la de realizar ejercicios. Y hacerlo así de verdad que enseña mucho.

Pero por otra parte, como uno no es computadora, se necesita jugar muchísimo y con diferentes tipos de jugadores para poder conocer y controlar un número suficiente de aperturas y sus muchísimas variantes. Del autor Máximo Borrell adquirí todos sus libros de Aperturas de la Editorial Bruguera, pues era el compendio de éstas que estaba por entonces más a la mano, y porque parecía terriblemente importante disponer de ellas: Aperturas Abiertas, Aperturas Semiabiertas, Aperturas Cerradas, Aperturas Semicerradas y Aperturas de Flanco. Pocas compras como ésta resultaron tan inútiles, lo que necesitas acá no es compendios de aperturas, es muchos jugadores con los que jugar y practicar. Y más funcionales me resultaron los tratados de variantes, como La apertura española de Max Euwe; La estructura de peones centrales, de Boris Persits; y How to win in the chess openings (Cómo ganar en las Aperturas), de I. A. Horowitz. Si me lo preguntaran (nadie lo ha hecho, pero igual meto cuchara), yo limitaría el estudio de las aperturas a las variantes de movimiento de apertura de peones de AR – R – D – AD y su influencia en la ocupación de las casillas del centro del Tablero. O para seguir la nomenclatura, las aperturas conocidas bajo los nombres de Giuoco Piano o Apertura Italiana, la Apertura Española – conocida también como Ruy López, y diferente del Giuoco solo en una casilla de movimiento del Alfil del Rey -, la Defensa Francesa y sus variantes Winawer y Tarrasch, la muy conocida y jugada Defensa Siciliana, la Apertura Inglesa, la Apertura Réti, la Defensa Alekhine – con su elegante y desconcertante movimiento del Caballo de la Dama – y los diversos Gambitos (entrega de una pieza a cambio de ganar posición).  Como dice con gran acierto Ricardo Aguilera en El espíritu de la apertura – Estudio simple y lógico de la teoría en Ajedrez: Nada sería tan engañoso para el aficionado como tratar de retener en la memoria las incontables líneas de juego en las aperturas y considerar este caudal teórico como infalible arma de victoria. El memorismo y paporreteo es tan mortal en Ajedrez como en cualquier otra área del conocimiento.    

III

El Medio Juego

Como casi todo en la vida, empezar bien es importante, pero es en la cancha donde se ven los gallos. Decía Napoleón (buen ajedrecista él mismo) que en el amor y la guerra, para acabar hay que verse de cerca. Una vez que culmina el desarrollo de las piezas – cosa más difícil de lo que parece, recordemos que a un movimiento de las blancas viene uno de las negras, excepto en la poco conocida variante del Ajedrez de Marsella, de dos movimientos por bando – culmina la apertura, y si todo va bien estás ubicado en la posición donde la sucesión de los lances tácticos deberían llevarte a capturar el Rey adversario. Pero si las aperturas pueden eventualmente aprenderse – o programarse, si el jugador es cibernético -, el medio juego es poco previsible, las maniobras posibles a partir de cualquier posición en un tablero con 64 casillas y dieciséis piezas por bando son muy grandes en número, y se reducen únicamente por la lógica de las posiciones. He aquí en lo que sí resultan útiles las Aperturas, en prever posibles desarrollos, y sin embargo no necesitaríamos utilizarlas como las muletas que son si empleáramos mejor nuestras cabezas, esto se distingue maravillosamente bien en el libro del campeón Emanuel Lasker, Common Sense in Chess (Sentido Común en Ajedrez). Lasker fue el ajedrecista que retuvo el título más tiempo, de 1894 a 1921, aunque es posible que Alexander Alekhine hubiera durado más de no fallecer en posesión del título mundial en 1948.  La cosa es que Lasker era, además de ajedrecista, un buen matemático y filósofo, y cuidaba además muchísimo de las cuestiones psicológicas, empleando todos los recursos para vencer. En cuanto al juego mismo, sostenía la enorme importancia de la estructura formal de peones, y no le importaba demasiado la fase de apertura, la cosa era llegar al Medio Juego en una buena posición. De hecho es cierto que una sólida estructura de peones permite un sólido control de las propias líneas y buenas proyecciones en el Medio Juego.

Una ligera reflexión al respecto debería ayudar. Piénsese en una estructura de Peones atrancada, donde los dos jugadores no han intercambiado capturas, y más bien han llenado con sus Peones el centro y los flancos del tablero. Ello hace a los Caballos sumamente fuertes, dado que pueden saltar por encima de las demás piezas, en tanto que condena a Torres y Alfiles por lo general a una triste inmovilidad hasta que se despeje el tablero. El juego se vuelve así posicional, de estructuras, donde las diagonales y columnas adquieren importancia y se preparan minuciosamente los ataques tratando de abrir espacios de control propio negándoselo al adversario, y colar las propias piezas en las líneas adversarias para dar el mate. Pero lo posicional no es lo único que existe en el desarrollo del Juego. Hay lances muy específicos del Medio Juego, un teórico que los conoce bien es Fred Reinfeld, que en uno de sus libros más populares, How to be a Winner in Chess (Cómo ser un Ganador en Ajedrez) desarrolla algunos de estos lances: El variable valor relativo de las piezas, que depende mucho de las posiciones, aunque en general la seguidilla vaya, de mayor a menor, más o menos así: Dama (O Reina) – Torre – Alfil – Rey (En cuanto a poder) – Caballo – Peón; es esencial para entender las ventajas y desventajas de intercambiar piezas. En general se defiende a la Dama pues perderla es casi siempre indicio de pérdida de la Partida, pero esto no es tan cierto. En posiciones abiertas conviene cambiar los propios Caballos por los Alfiles adversarios o “ganar calidad” cambiando Alfiles / Caballos por Torres adversarias. Los jaques descubiertos o dobles suelen ser mortales o cuando menos ponen en serios aprietos a quien lo sufre. El Medio Juego casi siempre acaba en una Masacre de piezas, preparada poco a poco y desatada repentinamente, donde el jugador más hábil suele ganar una ventaja, a veces muy pequeña, que le servirá para ganar el juego posteriormente.     

IV

Final (y un poco de Historia y Matemáticas)

De la masacre del Medio Juego emerge por lo general el Final, en el que pocas piezas han sobrevivido, y donde casi siempre hay alguna igualdad en el material o la posición. Pero no se produce siempre, pues cuando los jugadores son disparejos, el mejor a estas alturas ya ha vencido al menos dotado, aprovechándose de sus errores en la Apertura y el Medio Juego, y puede medirse la diferencia entre ambos notando en cuantos movimientos se demora uno en vencer al otro. Los Mates de comienzo de juego en ese sentido son casi siempre Mates Ayudados, es decir, uno ha hecho los movimientos precisos y necesarios para que el otro le dé mate. El Mate del Pastor es de cuatro jugadas, el Mate Loco es de dos, y el Mate Legal de Siete, y solamente podrían obtenerse de ser ayudados, a sabiendas o no, por el otro jugador. De modo que al Final tenemos caracteres de la Partida más o menos estereotipados: Pocas piezas, partidas abiertas, algunos Peones más o menos estructurados aquí y allá, aproximada igualdad en el material (Torre contra Torre, Alfil contra Caballo, o algo así). La eventual promoción de los peones a Dama u otra pieza es una constante espada de Damocles, suele premiar el esfuerzo de haber alcanzado la octava fila, y es normalmente un subproducto del Final, extremadamente raro en el Medio Juego. La amenaza de coronar un peón es uno de los aspectos que suele decidir una Partida, y por ello en el Final suelen escenificarse feroces cacerías de los Peones que sobrevivieron al Medio Juego. Un jugador cuyos Finales pueden estudiarse con provecho es Bobby Fischer (1943 – 2008), campeón entre 1972 y 1975,  en su libro Bobby Fischer teaches Chess (Bobby Fischer enseña Ajedrez) donde se percibe su predilección por los Finales abiertos. Otro libro que consulté mucho tiempo fue The Art of Checkmate (El Arte del Jaque Mate) de Georges Renaud y Victor Kahn. El problema del jugador que podríamos considerar normal – y mi problema también – es que a no ser que pertenezcas a un grupo constante de ajedrecistas es difícil encontrar jugadores del mismo nivel. Los clubes tratan de juntarlos y por ello se hacen torneos constantes que permiten ubicarlos en un ranking, de donde emergen los jugadores realmente buenos. Pero lo que verdaderamente ha liquidado el Ajedrez es el hecho simple que las computadoras nos ganan a los seres humanos, y no hay ser humano que se respete al que le guste eso.

La Historia del Ajedrez sin embargo, es en sí gloriosa, y solo mandaré algunas pinceladas, si quieres saber más busca en Internet. Las leyendas que rodean su invención tienen  lugar en India y Persia (Shah Mat en persa se traduce Check Mate en inglés y Jaque Mate en castellano) son muy hermosas, entre ellas la de los granos de trigo (sumatoria de potencias de 2 acumuladas) que denotan el misterioso poder del infinito de los grandes números metido en un Tablero limitado a 8 x 8 = 64 escaques. Hay antiguos juegos de mesa análogos al ajedrez de hoy y posibles parientes y/o antepasados: Ajedrez japonés, birmano, chino, persa (el shatranj), indio (el chaturanga), e incluso una versión denominada Ajedrez de Tamerlán, con un Tablero de 132 casillas y muchísimas y exóticas piezas y reglas de juego. Dícese, sin embargo, que el mejor Ajedrez en cuanto a capacidad es el actual, evolucionado en España e Italia de la mano de sus primeros campeones, entre ellos Ruy López de Segura, conocido a través de la compilación del Sabio Rey Alfonso X, El Libro de los Juegos. Los campeonatos oficiales mundiales son de fines del siglo XIX y van hasta la actualidad, con el hiato cibernético mencionado, que hace que nos preguntemos si el Campeón Mundial de Ajedrez es un jugador de Ajedrez o un Diseñador de Software. En todo caso, después que Fischer hizo puré la larga era del dominio soviético, los campeones mundiales fueron Anatoly Karpov (URSS, 1975 – 1985) y Garry Kasparov (URSS, 1985 – 1991; Rusia 1991 – 1993). Entre 1993 y 2006 la Federation International de´s Echecs (FIDE) se dividió, y Kasparov organizó la PCA (Asociación de Ajedrecistas Profesionales) con su propio campeonato, ganado por el propio Kasparov hasta el 2000 y luego por Vladimir Krámnik (Rusia, 2000 – 2006). En el mismo lapso, la FIDE tuvo varios campeones:  Anatoly Karpov (Rusia, 1993 – 1999), Alesandr Jálifman (Rusia, 1999 – 2000), Viswanathan Anand (India, 2000 – 2002), Ruslán Ponomariov (Ucrania, 2002 – 2004), Rustam Khazimdzhanov (Uzbekistán, 2004 – 2005) y Veselin Topalov (Bulgaria, 2005 – 2006).  En 2006 el Match entre Topalov y Krámnik permitió unificar el Título, que quedó en manos del segundo hasta 2007, en que Viswanathan Anand lo gana hasta el 2013, en que el joven Gran Maestro noruego Magnus Carlsen se lo arrebata hasta hoy.          

V

Colofón


Dudo mucho que el Ajedrez vuelva a ser lo que fue. Además, la verdad es que mi computadora me gana a veces, y eso que siempre le salgo con mi Apertura Ruy López y siempre me responde lo mismo (A3A), y no sé cómo hacer para que me juegue distinto. Asimismo, la notación geométrica de ahora es bastante mejor que la antigua pero, qué quieren, uno está acostumbrado al buen y viejo P4R. El Ajedrez fue una parte sustancial y muy agradable de mi vida y de todos modos es un juego bonito. Veo además que no he mencionado la intervención del Ajedrez en la Literatura, lo que tal vez justifique otra Crónica. Y a otra cosa, mariposa. 

Post Data: Se me olvidaba señalar algo que me parece de un sexismo atroz: El Ajedrez se separa por sexos: Varones juegan su campeonato y mujeres el suyo. Ello siempre me escandalizó y hace que me pregunte por qué ocurrió así. Aprovecho para levantar mi voz de protesta, estoy seguro que no habría problema en que ambos géneros compitamos en igualdad de condiciones. 
Y ahora sí, hasta otro día

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