martes, 15 de diciembre de 2009

LA EDUCACION EN VALORES NO ES PANACEA


La Educación en Valores. Este es un gran Tema. Me alegra leer cuando colegas y amigos opinan sobre el tema, porque está presente. Quiero meter mi cuchara en esto.

Para empezar una Educación "contra" algo, así sea "contra la corrupción" no tiene mucho sentido. Se educa "para" o "por" el logro de algo. Como el fin de la educación es la formación del ser humano en su plena dignidad, es en cierto modo lógico que busquemos una educación en positivo. 

Es que hay dos grandes maneras, a lo bruto, de fomentar, plantear o ejecutar una educación en valores: Por la autonómica o por la heteronómica. 

Una persona con una escala de valores sólida se auto controla, ejerce su libertad, y en tal ejercicio decide sus actos, guiándolos por dicha escala. Claro que hay "valores negativos" o "antivalores", pero lo cierto es que los actos por los que se asume una escala de valores son relativos. Como católico puedo decidir usar anticonceptivos, por ejemplo, asumiendo mi responsabilidad personal, que implicará probablemente que se me sancione no dándome la posibilidad del perdón de los pecados. 

Las normas éticas y morales no son iguales a las de la ley, necesariamente.

En cualquier caso, sea que decida seguir la norma o no, dicha persona actúa de manera autónoma, es decir, toma sus decisiones ético-morales de acuerdo a una escala que él mismo ha definido a lo largo de su vida. No necesita que nadie venga a decirle como se debe portar.

Este sería el objetivo de la Educación en Valores: Formar personas con autonomía personal, capaces de elaborar una escala de valores y seguirla.

Una persona así no es corrupta, y si resulta elegir serlo, lo es en un ejercicio de su libertad que le llevaría a aceptar la sanción impuesta a los corruptos. Por puro valor de coherencia, va él solito a la cárcel; y por eso es muy raro que una persona con autonomía moral decida ser corrupta. Se autoelimina inmediatamente.

La heteronomía por el contrario implica que la aceptación de las normas solamente se realiza por presión exterior. La persona no es libre (o puede creerlo, pero no lo es), pues sus decisiones no son propias, vienen de "fuera de sí", y su escala de valores es dependiente no de sí mismo, sino de elementos que le llegan del exterior. 

Es el tipo que no se pasa la luz roja porque le ponen multa.

El autónomo, por el contrario, sabe que la luz roja implica un orden que nos beneficia a todos, y en cualquier caso una molestia menor compensada por la oposición a una entropía social indeseable.

Sin embargo, viendo el estado de la educación formal, observaremos que nuestras IIEE no educan para el ejercicio de la libertad, sino para la represión; no por el convencimiento sino por el miedo; no educan personas, sino individuos limitados al cumplimiento de normas, pues de no cumplirlas se les sanciona. 

El método de sanción es primitivamente pavloviano: Si te sales de la norma, palo. Y en esto no hay gran diferencia entre educación privada y pública. Pero en la pública se nota más, y es más grave.

Sumemos a ésto la educación informal que se recibe por los medios de comunicación, el ejemplo diario de los "líderes de opinión", el trato cotidiano en las calles. 

El trato se puede definir por la peruanísimo achoramiento, que es, en resumen, el empleo de la fuerza para imponer la propia voluntad. Esa educación es la que reciben los niños peruanos en la realidad, porque las palabras - por más bellas que sean - se las lleva el viento.

Así no sorprende que las barras bravas operen como lo hacen. Ni que se formen pandillas. La sociedad y el estado peruanos tienen a nuestros niños en estado de abandono moral. 

La única ley que se enseña adecuadamente es la ley de la selva.

Se enseña, por ejemplo, que si tienes plata y eres útil para el logro de más plata serás indultado.

Recuerda una escena shakesperiana, en la que la madre le dice al hijo que los traidores deben ser ahorcados por la gente honrada, y el niño le retruca señalando que más bien la gente honrada es ahorcada por los traidores. Lo que por cierto, ocurre en la escena siguiente, con la muerte del propio niño.

Es que los niños son niños, no idiotas, y aprenden con rapidez lo que verdaderamente se les enseña. Y cuando son inteligentes se vuelven extremadamente peligrosos. Y por ello se busca como prioridad absoluta contenerlos. 

No enseñarles a autocontenerse, ni a ejercer la problemática libertad que nos acuerda el sistema de cosas. El término "contención" - hoy en día algo edulcorado - está en el vocabulario actual de la educación, como testimonio del fracaso del sistema.

Personalmente me sonrío cuando leo o escucho a alguno que aspira a controlar la violencia con más violencia. Está en contexto con la escuela. Y sigue sin funcionar.

Cuando se señala que lo mejor es, de frente, disparar, y si es escudado en el uniforme y sin límites autoasumidos, mejor. Cuando se propone cuartel para los barristas, militarizar la educación, se dice con alegría como si eso fuera a arreglar algo, cuando el sistema de cosas reproduce a gran velocidad gente heterónoma, a la que solamente se le puede tener a raya. 

Y no es que la heteronomía no se pueda utilizar, combinada con sabias dosis de libertad y autonomía. Pero hay gentes que temen dar de comer al hambriento, no sea que se muera de indigestión en unos años.

Y ello oculta el simple deseo de ciertos sectores de instaurar una autocracia o por lo menos una aristocracia, exclusora de las posibilidades educativas (y de paso, de todas lo demás). Algo "para nosotros". Y el resto, que se fastidie. 

Hay consenso en señalar que nuestro sistema educativo estafa a las grandes mayorías nacionales. Y lo sigue haciendo. Y nada se hace al respecto.

Y el problema con esa intensiva política de no hacer nada, y más bien bajar a niveles inverosímiles el presupuesto educativo, y gritar paredón cada vez que pasa algo que era totalmente previsible; es que dura lo que resiste la contención, y no más.

Es que contención heteronómica sin refuerzo ético autónomo no lleva a ninguna parte. Aunque según parece es el único idioma que parecen entender los que propugnan más cárceles, cuarteles y balas. 

El refuerzo ético debería venir de arriba. Ramón Castilla, hombre sin mayor educación formal y el mejor presidente que nuestra patria ha tenido, decía que la corrupción de abajo no era tan complicada como la de arriba, porque la de arriba del cuerpo social se contagiaba "peor que la fiebre amarilla".

Veamos a nuestros vecinos. Evo Morales con seguridad puede tener todos los defectos y taras que se le quiera señalar, pero es, a todas luces, hombre honesto y sensato. Y no tiene dos mil títulos académicos.

Últimamente se grita a los cuatro vientos que tener títulos es tener probidad. Que la moral es cosa de aristócratas,. No lo dicen así, claro. Pero es que el gobierno necesita "nivel", se dice.

Se iguala la "expertisse" académica con la suficiencia ética y moral. Y, por supuesto, ello es una falacia. 

Lula, señero presidente de Brasil, es obrero soldador. No tiene títulos académicos.

Y ambos vecinos hacen un gobierno y una presidencia bastante mejor despachada que la que tenemos.

No existe asociación alguna entre honradez y títulos académicos. Lo único que esos títulos demuestran es, no "que lo hacen bien", sino que "la hacen bien", Y el cambio del "lo" por la "la", como sabemos bien, cuenta mucho.

Sin formación moral y ética no hay título que valga el papel en que se imprime.

Es simple pretexto para excluir a las mayorías. A algunos les gustaría que siguiéramos siendo una sociedad cortés (que los "inferiores" se arrodillen ante los "superiores"), ordenada (como un cuartel) y calladita (como un cementerio). Pero el problema es que cuando la gente se harta, cuando la contención falla, ya no es cortés ni sumisa.

Y ello explica también el otro lado de la cuestión: Como lo importante es tener título ("parecer") entonces abundan las universidades chicha y los títulos bamba. 

Una sociedad que fomente la libertad y la autonomía de sus ciudadanos no tiene estos problemas.

No deja de ser curioso que la última encuesta nacional sobre valores señala una inconsistencia social brutal, que poca gente ha notado: Los entrevistados del NSE A opinan que los peruanos somos sumisos. La del NSE D y E que los peruanos somos rebeldes.

Como solamente uno de ellos puede tener razón, esperemos que no se enteren los otros por la vía directa.

Un aspecto de muchas sociedades más o menos sanas (o sea casi cualquiera que no sea la peruana) es que se da una responsabilidad social en su clase dirigente. Existe una profunda conciencia de lo que la sociedad les da, y muchos procuran retribuirlo. Ello configura una clase dirigente responsable, con la que podemos estar en desacuerdo, pero que al tener conciencia de su rol, al devolver a la sociedad cuando menos algo de lo que recibe, recaba el respeto social y la posibilidad de aumentar con sensatez sus riquezas, acordada por el cuerpo social en su conjunto. Algo tenemos de eso, lo que hace que alberguemos algunas esperanzas.

Y es, por cierto, lo que explica que muchas de estas personas contribuyan con causas específicas y financien - pobrecitos retardados morales, piensan algunos por acá - las ONG´s, a las que algunos les adjudican "hacer agitación", cuando, curiosamente, demuestran todos los días ser más eficientes que un estado incapaz de reconstruir lo destruido por un terremoto hace ya varios años.

Los valores se viven, esa es la única manera de enseñarlos. Y, con la coherencia del caso, se castiga la falta de valores, no se premia.

Pero eso no pasa en el Perú. Estamos enfermos de eticalgia, postrados de moralina, inficionados por el cáncer de la corrupción.

La Educación no hará lo que la sociedad y el estado no hagan. La educación no es panacea. Refleja la sociedad, no la cambia. Para cambiar la educación, hay que cambiar la sociedad.

SEuO