sábado, 21 de enero de 2012

CRÓNICAS DE LECTURAS 3: CLÁSICOS (1): GÉNERO ÉPICO

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CRÓNICAS DE LECTURAS - Tres

Leer Clásicos (1): Género Épico

I

Hay libros cuya lectura marca, en mi historia como lector ha habido muchos de ellos y de muchos tipos. Cuando se es lector temprano, voraz y copioso, se empieza casi siempre por la Literatura. La Literatura es muy amplia en su espectro, aunque los temas son siempre los mismos y los argumentos más o menos semejantes. Esto es válido desde la primera obra épica registrada, la Epopeya de Gilgamesh, hasta la anti-épica del Ulises de James Joyce, por lo menos. Los temas literarios son más o menos unas dos o tres docenas. Sin embargo, como quería el comediante Jardiel Poncela, todo está dicho pero todo está igualmente por volver a decirse, así que la cosa puede seguir, y de hecho sigue. Seguimos contando historias y no nos aburre hacerlo, inspirando así a las otras artes, incluyendo las cinematográficas. Las Epopeyas Clásicas son un buen ejemplo, la épica narra acontecimientos y circunstancias que quieren ser de gran amplitud, trascendentes, fuertes en su temática, grandes temas que definen a la humanidad. No eran cosa de broma, aunque la sátira y la burla nacieran de la epopeya. Podemos entender por qué los antiguos griegos y romanos emplearon los poemas homéricos (Ilíada y Odisea) para educar a su juventud, pues encontraban sus valores éticos y estéticos dignos de imitarse. Los géneros literarios suelen confundirse, yo también lo hago, y como después de todo esto no es más que lo que yo pienso, trataré la épica, la epopeya, los Cantares de Gesta y hasta algunas novelas, como epopeya. Total, en esto sigo mi propio gusto.

En su forma, la Épica fue poesía, y así se conservó por muchos siglos: La Divina Comedia del Dante y El Paraíso Perdido de John Milton emplean aún la forma poética. Al principio la épica se cantaba  o recitaba para diversión y solaz de las gentes. Hoy en día la épica se confunde con la narrativa y la prosa. Una excelente manera de enseñar poesía es con música, a la que todos acceden y que a todos gusta, así las epopeyas se fijaban en la memoria. De hecho la épica fue literatura oral y cantada, fijada luego por escrito, y derivada después a formas noveladas en prosa. En la actualidad la mayoría de la épica se presenta en prosa, como es el caso de El poema del Mío Cid, el Ramayana, la Canción de Roldán, o la misma Divina Comedia. Ello responde, entre otras consideraciones, a que hoy en día leer poesía no es lo mismo que antes, el vocabulario y sintaxis no corresponden a los usos actuales, y las traducciones y adaptaciones se comprometen más con la exactitud que con la didáctica. Sus temas permiten que sean objeto – y a veces botín - del cine y televisión, cosa que hasta al antiépico Joyce le han hecho. En nuestra cultura inmediatista y visual los jóvenes se familiarizan con la épica a través de las pantallas: Brad Pitt es Aquiles, sin duda alguna, tal como Viggo Mortensen es Aragorn. La épica es así conocida y difundida, y así vende libros. Veo esto positivo, las libertades que se toman los guionistas y directores de cine terminan por crear obras que aunque llevan el mismo título, en realidad son diferentes y con tanto derecho a existir como sus originales de la Literatura escrita. Cualquiera que haya leído los libros de Harry Potter y visto sus versiones cinematográficas estará de acuerdo. Por supuesto, algunas adaptaciones son buenas y otras una desgracia.

Comparto con mis lectores en esta ocasión tres clásicos épicos de mi gusto: Una epopeya, un Cantar de Gesta y una novela. Quizá después mande algunos otros más, si es eso lo que le gusta a la gente. Puedo jurarle a mis lectores que he leído todos estos libros que comento y comentaré, pues de otra manera no sería honesto. Mi visión es la de un amante de los libros y la lectura, no la de un filólogo ni un profesional de la literatura, menos aún la de un crítico literario tipo Harold Bloom, o de cualquier otro para el caso. Me he reído muchas veces leyendo reseñas de contraportada, que muestran que sólo se han leído las primeras páginas, y a veces sólo el prólogo. Los lectores nos merecemos respeto, así que hablo desde mi experiencia directa como lector, con anécdotas, intenciones, ideas y condicionamientos frente a la obra, si esto ayuda a alguno a aproximarse mejor a la lectura, pues de eso se trata todo esto.

II

LA ODISEA (Homero)


Esta obra es un referente para toda la Literatura universal, una de las grandes obras clásicas de la humanidad. Su origen se hunde en la oscuridad del colapso de la civilización micénica, en que la escritura se olvidó en Grecia. Se la empareja con la Ilíada, que surge hacia la misma época y del mismo modo; y a veces con su secuela y copia romana, la Eneida. Si me dan a escoger prefiero la Odisea al frenesí guerrero de la Ilíada, y al testimonio del destino manifiesto del Imperio de Roma en la Eneida. He leído la Ilíada y la Eneida tal vez un par de veces, la Odisea en cambio la releo cada cierto número de años. Supongo que por temperamento y experiencia vital. Si se es joven y aventurero la Ilíada puede remecer el espíritu con una empresa guerrera de grandes proporciones, mientras que la Eneida puede inspirar una madurez dedicada a la creación de una estabilidad, nación o imperio. La Odisea presenta la experiencia vital del retorno al hogar, y ello quizá comprometa más al lector que ya pasó por la experiencia de recuperar, a veces varias veces, los por un tiempo abandonados paisajes geográficos y afectivos. El Volver, como en el tango de Gardel, es una experiencia universal. Quizá no haya escena más emotiva en la obra que la del héroe Odiseo / Ulises recuperando los sabores del queso y del vino de su Isla Ítaca, tantos años olvidados. Es imposible no simpatizar con el dedicado comandante del barco que trata de llegar a su destino, aún frente a la irresponsabilidad de sus hombres, con los que como buen capitán está comprometido hasta la muerte. El padre y esposo que extraña el hogar que dejó emplea su astucia y recursos para sortear las dificultades y resolver problemas. De los entreveros de la forma que hoy se hace algo difícil de leer, emerge el hombre, imperfecto y complejo como todos nosotros, y uno se puede identificar con ello. Tal vez ese es el secreto de la Odisea.

De las versiones que se han hecho de la Odisea, me agrada la miniserie, formato televisivo muy adecuado. La televisión resulta mejor que el cine, gracias a un guión respetuoso y pleno de claves referidas a la obra. Las excelentes actuaciones de Armand Assante como Odiseo, y Greta Scacchi como Penélope colaboran. Hay escenas disponibles en You Tube para los que quieran verlas, y nada perderán con ello. El formato cinematográfico clásico no ha tenido fortuna, tanto por su extensión limitada como por lo difícil de emplear la potente elipsis cinematográfica sobre una obra tan extensa y multiforme. El género de aventura, dedicado principalmente al público juvenil, se concentra en anécdotas como la astucia desplegada por Odiseo / Ulises en su enfrentamiento con el cíclope Polifemo, la aventura del Canto de las Sirenas, la bajada al reino de Hades o la batalla contra los pretendientes de Penélope. Se pierde el gran atractivo de la obra: El hombre Odiseo / Ulises. La miniserie de TV permitió presentar las diversas historias combinadas con detalle y precisión, y se concentraron en el protagonista y coprotagonistas. Así, la Telemaquia – las aventuras de Telémaco que sale a buscar a su padre que no vuelve – tiene atractivo propio, y se entrelazan con habilidad las tres historias de Telémaco, Penélope y el propio Odiseo / Ulises y sus hombres. La historia es narrada en off cuando es adecuado, siguiendo la estructura narrativa del libro. Una de las frases que recuerdo más es la narración de Odiseo / Ulises, muy bien presentada en la miniserie, del encuentro con el monstruo Escila: “… devorábalos Escila mientras gritaban y me tendían los brazos en aquella lucha horrible. De todo lo que padecí peregrinando por el mar, fue esto lo más lastimoso que vieron mis ojos”. Puede uno imaginarse al curtido Odiseo / Ulises contando esta historia con los ojos brillantes, y las imágenes de la miniserie son realmente dramáticas. La peripecia vital de Odiseo / Ulises inspiró nuevas obras a otros autores como Kavafis y Joyce, y así se sigue conservando eterna para disfrute de los nuevos lectores.

III

EL POEMA DEL MÍO CID (Anónimo)


He tenido suerte con el Mío Cid Rodrigo (O Ruy) Díaz de Vivar, pues fue uno de los primeros libros que leí. La sencilla y fiel versión de Ricardo Baeza fue el vehículo, y me familiarizó incluso con la semibárbara rima asonante del original, aún en prosa. Después lo releí en otras versiones más fieles, como las de Pedro Salinas (en verso, hoy mi preferida), y la de Menéndez Pidal. Además he gozado de la oportunidad de leer el poema en su castellano original en la edición de Alianza Editorial, a cargo de José de Bustos Tovar, que a pocos no filólogos les es dada, y que cayó en mis manos por pura casualidad. Esta lectura fue complicada y difícil de culminar, pues es imprescindible la constante referencia a los estudios y versiones. Debo reconocer que me dio trabajo, aunque lo asumí por la razón más simple de todas, porque me gusta pues. Otros lectores no necesitan seguir este ejemplo, por suerte. El Poema del Mío Cid es un Cantar de Gesta de la Edad Media, producto del duro y secular enfrentamiento entre los sarracenos del califato de Córdova y los reinos de Taifas contra los reinos cristianos en el norte de España, resistentes a la invasión árabe. Narra las peripecias del destierro del Mío Cid (Mi Señor en árabe), “el que en buen hora nació”, “el que en buen hora ciñó espada”, “tan buen vasallo, si tuviera buen señor”, que se busca la vida en los dominios de los árabes de España, combatiendo contra ellos con su banda de fieles compañeros, llegando a apoderarse de Valencia. Su creciente prestigio y sus caballerescas virtudes de lealtad y coraje determinan que a pocos se amiste con su Rey, que sus hijas Doña Elvira y Doña Sol logren ventajosos matrimonios, y que incluso cuando son repudiadas por los cobardes Infantes de Carrión, se le otorgue la posibilidad de derrotar a sus enemigos de la propia Corte castellana por virtud del coraje de sus caballeros. No presenta xenofobia anti-árabe en ninguna parte, reflejando más bien la convivencia de amigos / enemigos entre diferentes grupos culturales. Presenta lo que podríamos llamar una lucha leal entre valientes adversarios que se rompen la crisma entre ellos, y luego se rinden homenaje los unos a los otros. Esto era común en Cantares de Gesta como el Cantar de Roldán y el Oro de los Nibelungos, e incluso en el más temprano Poema de Beowulf, aunque las diferencias son también patentes. El realismo del Poema del Cid es casi contemporáneo, no vemos en él los Cien mil guerreros musulmanes enfilados contra Roldán, o los veinte mil guerreros que mueren en un salón enfrentando a tres héroes en los Nibelungos. El Cid es un héroe, pero parafraseando a Cervantes cuando se burla de las novelas de caballería hablando del Tirante El Blanco, es un héroe que come, duerme, muere y hace testamento como buen cristiano. No hay magias ni hechicerías ni fantasías ni nada más que coraje y valor, lo que lo diferencia de los pases mágicos que tanto abundan en las literaturas del norte de Europa. El Cid es un hombre en toda la española extensión de la palabra, rodeado de simpáticos héroes menores, como el tartamudo Pero Bermúdez y el astuto Martín Antolínez, burgalés de pro. Es jefe de mesnadas, comandante de huestes, a los que puede decir: “Más vale que les ganemos, que ellos nos quiten el pan”. Salvando las distancias, mismo grupo de barrio.

Como con la Odisea, el Poema del Cid ha sido referido hasta el extremo, nada mal para sus 800 años de edad. Como la Odisea, pasa la prueba del tiempo, aunque limitada al mundo cultural en español y otras romances. Los hechos del Cid impresionan a los poetas castellanos y de otras latitudes, en especial los franceses. Rubén Darío importa de Francia la historia del leproso al que el Cid no puede dar limosna porque él mismo carece de todo: “Hermano / te ofrezco la desnuda limosna de mi mano / dice el Cid; y quitando su férreo guante, extiende / la diestra al miserable, que llora y que comprende ”, en tanto que Manuel Machado lo describe en “Por la terrible estepa castellana / al destierro, con doce de los suyos / - polvo, sudor y hierro – el Cid cabalga”. Miguel Hernández, poeta de la guerrera España Republicana, invoca al Cid para inspirar a la juventud a combatir la inminente batalla. Le encontramos en Federico García Lorca, Rafael Alberti, Jorge Guillén, Gerardo Diego y quien sabe cuántos más. El Cid es resumen de todo lo que un castellano debe ser: Valiente, leal, buen cristiano, astuto, moral. Qué bueno que la distancia idiomática haya resultado en versiones contemporáneas del Poema del Cid que aproximan el paradigma a las nuevas generaciones. Hay pocas versiones visuales, y las que hay son en su mayoría antiguas y dependientes del viejo Hollywood - sueños para ganar plata -, cuyo interés en la veracidad de la historia era mínimo. La versión más conocida tiene como atractivo la buena actuación de Charlton Heston como Rodrigo Díaz de Vivar, y a Sofía Loren como Doña Jimena.

IV

EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA 
(Miguel de Cervantes Saavedra)


¿Qué puedo decir de esta obra que no se haya dicho ya, y por boca de lo mejor que la cultura universal ha producido? No trataré de emular lo que ya se ha hecho bien, pero trataré de decir mi palabra: El Ingenioso Hidalgo… es uno de los libros más citados y menos leídos en la actualidad. Una lástima, porque es realmente ma-ra-vi-llo-so, sin atenuantes. Perdónenme mis lectores el intransferible entusiasmo. Como dice Rubén Darío, en El Ingenioso Hidalgo… están la vida y la naturaleza. Pero su lenguaje conspira contra su popularidad, aunque no es que sea complicado en extremo. Su enrevesamiento no es por tratar de traducirlo bien, como en la Odisea. La lengua original del Ingenioso Hidalgo es el español, el que contribuyó a fijar, y se supone que no anda tan lejos de nosotros, por lo menos no tanto que no se pueda leer. Pero lo cierto es que no se le lee, porque nuestros jóvenes lectores de hoy en día no consiguen decodificarlo en el nivel de los períodos oracionales. En mi experiencia con jóvenes requeridos de entender algo de esta obra por el Plan Lector, lo que los pasma es el castellano del Siglo XVI. Mi estrategia es leérsela, decodificando por ellos, recuperando la vieja y maravillosa tradición castellana de la lectura en voz alta. No sé qué pasa con la enseñanza actual de la lecto-escritura, pero la lectura en tiempo real se les hace compleja a los alumnos. Pareciera que cuando tratamos con las micro-operaciones a nivel de palabras y de enhebrar oraciones nos las vemos bien  solamente cuando la sintaxis es sencilla, basta una sintaxis oracional un poco complicada para que el chico abandone el intento, y eso significa que tenemos que reformular el trato del nivel de dificultad de nuestros textos. Me molesta ver perderse tan buenas historias por no poder decodificar la sintaxis.

La lectura es una operación lineal en dos fases que corren en paralelo: Decodificación y Comprensión. El procesamiento de impresiones sucesivas va armando una imagen mental, y eso es decodificar. Así vamos simultáneamente prediciendo el significado del texto que viene haciéndose a medida que se lee, construyendo su significado a partir de nosotros mismos. No hay nada más personal que la Lectura, nadie puede hacerla por uno. Implica habilidades que no son las que privilegia nuestra cultura visual contemporánea, que presenta contenidos totales cuya expresión más acabada es la pantalla del cine, la TV, la computadora, el celular, el iPad. Ese lenguaje y su lectura implica operaciones diferentes a las de la lectura tradicional, es una alfabetización completamente diferente e igualmente importante, que se cree enfrentada con la lectura tradicional. Craso error, pues en el cerebro humano son complementarias, y poseer ambas es como hablar dos idiomas y tener acceso a dos mundos. Me gusta Cervantes, pero Shakespeare no es menos genial, y bien por la Literatura en varios idiomas, y debe ser igual con los diversos registros semióticos. Volviendo a El Ingenioso Hidalgo…, este tiene el mismo problema que la Odisea, es demasiado amplia en sus significaciones, y el Cine no lo puede expresar completo. La ópera, el ballet, el cómic, las artes plásticas y otras expresiones artísticas lo han intentado, y han logrado crear OTRAS grandes obras diferentes en su lenguaje adaptando su historia; y esta nueva historia da la casualidad que tiene el mismo título. El problema de disfrutar El Ingenioso Hidalgo… es que es algo así como comer caviar. Si no tienes el paladar educado, sólo te sabe a salado y no lo aprecias, de repente ni lo pruebas otra vez. De las versiones en pantalla que he visto, ninguna me ha convencido, excepto una española que estaba en algo, pero que tenía el defecto de no durar cuatrocientos capítulos.

V

Colofón

Dejo acá esta Crónica, y procuraré continuar con ella cada Sábado o cada vez que pueda, lo que ocurra primero. Con ellas trato de resolver mi necesidad personal de hablar de libros y lectura, y de paso trato de hacerlo de manera que pueda contribuir a fomentar el gusto por ellos. Y ahí lo dejo, diciendo: Lee lo que quieras, como quieras, donde quieras, que no te arrepentirás. Punto.