martes, 29 de abril de 2014

CRÓNICAS DE LECTURAS 80 - Literatura Infantil III - Hans Christian Andersen

CRÓNICAS DE LECTURAS – 80
Literatura Infantil (III) - Hans Christian Andersen

I
Biografía de un exilio interior

En Crónicas anteriores exploramos los cuentos infantiles y les hallamos una suerte de fin pedagógico de enseñar a los niños “qué es la vida” sin ocultar sus rigores y dificultades. En la actualidad la moda se ha volteado hacia el ocultamiento de lo desagradable, por razones igualmente honorables y pedagógicas, aunque sospecho más bien una sensación de culpa en los adultos respecto de la realidad, disfrazada de censura y “rebaje” de los cuentos, con lo que no hay que explicarle a los niños por qué no hacemos nada para arreglar las cosas. Charles Perrault inicia esta “autocensura”, aunque sus cuentos aún son fuertes para la delicada sensibilidad del Siglo XXI. Los Hermanos Grimm censuran y modifican en función del “buen gusto” de la decimonónica burguesía germana y no por proteger a los niños, pues los cuentos que recogen son para niños y adultos por igual, o cuando menos eso creen. En cambio, Hans Christian Andersen (1805 – 1875) rompe el molde y responde a otra categoría, a otro modo de ver las cosas, a otro tipo de narrador, a una raza diferente de escritor. A diferencia de Perrault o los Grimm, está más comprometido consigo mismo que con sus argumentos o sus lectores, se le podría definir como una desigual mezcla de Jack London, Franz Kafka y sus gotas de Howard Lovecraft y lo real-maravilloso, si tal mescolanza es posible. Andersen es producto de la movilidad social de la Dinamarca de entonces, su ubicación social dependía de una permanente habilidad para doblar el espinazo y mostrar el debido agradecimiento por el privilegio de ser gente. Importaba mucho dejar constancia de la humildad del propio origen a fin de no pasar por molestos cuestionamientos. Andersen venía de familia pobre, y aunque contemporáneo de Karl Marx y del fantasma del comunismo que en sus días recorre Europa, no da traza alguna de acusar recibo del hecho, que con él no es. Estaba demasiado ocupado trabajando como una mula y empleando su talento en no volver a la pobreza, se parece en esto a ese otro grande y desesperado chambeador, Charles Chaplin.

El frágil Hans fue protegido por los amigos que hace en sus oscuros y amargos principios en una hosca Copenhague. Trata de ser cantante de ópera, actor o bailarín, y consigue ser protegido del Rey Federico VI, que le enviará a la escuela, donde se encontrará a sí mismo como poeta. La retorcida y epicena personalidad de Hans refleja el gusto romántico de la época, lo que lo hace a veces ilegible hoy día, pero que le ayudó en su creación literaria. Se vinculó con mujeres y varones en amores platónicos e inalcanzables; frustrantes por no poder realizarlos, y limitados por tener que quedarse, como decimos hoy, dentro del clóset. Tales penas largas y profundas, tan del gusto de la época, continuaban sus desgracias, desde la temprana pérdida de su padre y la miseria y abyecto alcoholismo de su madre, que le inspiraría el cuento La niña de los fósforos. Como otros autores procedentes de países pequeños y subordinados, tuvo que alcanzar éxito primero afuera, en Alemania, Suiza, Francia e Inglaterra, y sólo entonces Dinamarca le dio bola (Si hubiese sido francés o inglés, entonces el mundo conocería mi nombre. Ahora me marchito, y mis canciones conmigo; nadie las escucha en la distancia, miserable Dinamarca). Idealista y soñador a la usanza romántica, ello es el forro de un realista y arrugado pesimismo, la mezcla sale algo desconcertante. No se sabe muy bien para quien escribe, su obra presenta altibajos: A su primer gran éxito, El Improvisador (1835) le siguen O.T. en 1836; Sólo un violinista en 1837; Aventuras para los niños en 1839; Las dos baronesas en 1847; Ser o no ser en 1857; y los Cuentos, escritos y publicados en series entre 1835 y 1872, casi lo único de él que hoy se lee. Le fascinaba viajar, puede que por escapar de su miseria de manera tanto simbólica como monetaria, parte sustancial de su obra son sus artículos periodísticos convertidos en Libros de Viajes (El mejor parece ser El Bazar del Poeta, de 1842). También compuso infinidad de poemas, piezas teatrales y guiones de ópera, por los que no obtuvo tanto éxito, pero que en definitiva paraban la olla, lo que en ninguna época es poco.

II
Del eventyr al historier

Andersen no apreciaba exageradamente sus propios Cuentos, tal vez por ello son tan “adultos”, no parece se sintiera muy realizado escribiendo para niños, el estatus asociado al escritor para niños no era el mismo que para un novelista “serio”. No sentía tampoco antipatía por los niños, pero tampoco mucho no los entendía. Es bastante probable que escribiera más bien para un solo niño, el que tuvo metido en el alma toda su vida, bien sabido es que nos pasamos la vida tratando infructuosamente de resolver nuestros traumas de infancia, y bastante se nota en los cuentos de Andersen que es un magnífico narrador y poeta que se narra a sí mismo lo que ya conoce. En su obra hay unos 168 relatos que podrían decirse “infantiles”, aunque los cánones no siempre son del todo claros. A diferencia de sus antecesores y contemporáneos, recopila menos de lo que saca de su imaginación. Arranca del llamado eventyr (historia más o menos fantástica que incluye seres sobrenaturales, propiamente infantil) y desde ahí avanza hacia el historier, es decir, el relato o cuento dirigido a adultos y basado en la realidad. Sin embargo, entre sus eventyr y sus historier los límites son difusos, y esa es una de las grandes genialidades del hombre, el estacionarse en el medio de su desconcierto: En sus relatos hay los clásicos finales felices, pero no siempre; y encontraremos hadas, pero no muchas ni en todos los cuentos; y hallaremos en sus relatos seres fantásticos hasta en las historias propiamente de adultos, y los objetos inanimados hablarán y actuarán tan sibilina e insidiosamente como lo hacen los seres humanos. Como el Yin / Yang, su obra es desigualmente luminosa y oscura, y cuando le gana la oscuridad, lo dark, se nota que las sombras de la existencia no solamente no le son extrañas, sino que de ahí proviene su estro. En inventiva e imaginación parece superar con mucho a la gran mayoría de los autores actuales, incluso cuando cae en esas efusiones románticas llenas de signos de admiración tan normales en el romanticismo decimonónico.

Posiblemente el secreto del éxito de la obra de Andersen es que no se ubica en un contexto del todo claro, los relatos persisten montados sobre ciertos límites que le permiten llegar a diferentes audiencias. No podemos culparlo, el éxito para él era una necesidad absoluta e hizo lo necesario para obtenerlo. Hoy en día esta característica de multisegmentación marquetera es buscada adrede por los escritores profesionales, pero por entonces aún no se inventaba el marketing ni los focus groups, y el éxito quedaba librado a la mayor o menor inspiración de los autores, y a la mayor o menor intuición de los editores. En el primer cuento del primer conjunto de relatos de 1835, El encendedor de yesca o El yesquero, se atisban los rasgos que marcan esa única y original combinación entre fantasía y realidad: El soldado protagonista no posee ni siquiera un anteproyecto de inquietud moral, actúa con un alegre egoísmo en sus tratos con la bruja y con la princesa – clásicos personajes de cuentos- y parece que se inaugura un nuevo tipo de personaje, vulgar y verdadero, que le reventará la película a los clásicos tipos de los cuentos. Tales personajes expresan la doble naturaleza humana, bondadosa pero también inherentemente malvada, y la muestra tanto en la gente como en sus entes “inanimados” a los que les encanta dar vida. Veamos la indiferencia y cursilería de la Princesa que no puede dormir por un guisante (La Princesa y el Guisante); la necedad de Reyes y Emperadores y la intriga y adulación palaciega en El traje nuevo del Emperador y Los cisnes salvajes, en este último aumentadas con el furor de una plebe ignorante y supersticiosa; la tonta solemnidad y la indiferencia ante las emociones del Emperador de la China y su estrafalaria corte en El ruiseñor; las rivalidades y desdenes en el medio ambiente de El firme soldadito de plomo; las burlas y ataques constantes que soporta El patito feo; el injusto castigo que sufre Karen en Los zapatos rojos, debido a una sombra de envidia y resentimiento social; la injusticia del destino en Una historia de las dunas; y sobre todo y de modo extraordinario el que podríamos considerar el cuento mejor narrado de Hans Christian Andersen, La Sombra, poco conocido en castellano, lindante con el género de terror y de fantasmas, y en donde refleja con sanguinario patetismo al parásito adulador, el arribista sin límites que vence sin atenuante alguno al honesto y amable sabio, desarmado frente el control que la sombra extiende sobre él, hasta arrebatarle incluso el final feliz, pues cuando ya no sirva a los fines del sinvergüenza, (el) sabio no se enteró de nada, porque le habían quitado la vida.         

III
Cuentos para Niños que no son para Niños

De toda la obra de Andersen, en su época lo menos apreciado es lo que hoy se aprecia más, y a la inversa, en extraña reversión que probablemente hable más de la diferencia entre las épocas que del autor mismo. Posiblemente el secreto del actual éxito de Andersen estribe en el extremo vigor de sus caracteres y de las situaciones que plantea, que les da a los guionistas de cine y televisión muchas posibilidades para expresar sus propios talentos. No es sin embargo, el único factor a considerar. Tomemos el caso de uno de los cuentos más conocidos de Andersen: La reina de las nieves, de 1845, que se considera de lo mejor que hizo, y que da base a la reciente película de animación Frozen, el reino de hielo, ganadora de un Oscar.  La reina de las nieves es todo un clásico, más novelita corta que cuento largo, y aunque considerada una de las mejores, en realidad no está reflejada en la animación sino en su séptimo y último Episodio. Tratemos de juzgar a Hollywood con ecuanimidad, porque aunque tienda a hacerle a la Literatura zamarrada y media, sin embargo tuvieron en este caso la conciencia de no ponerle La Reina de las Nieves a la película. Para los que quieran disfrutar La reina de las nieves en su versión original, hela aquí: http://bibliotecadigital.tamaulipas.gob.mx/archivos/descargas/31000000098.PDF. En todo, caso, al revés de La Sombra, este cuento-novela se ha publicado muchísimas veces en español, en ediciones de todo tipo entre ellas las ilustradas, a las que parece prestarse por su extrema visualidad, que en realidad es reflejo de la extraordinaria capacidad de Andersen para la descripción literaria, la que casi nunca se incluye en las ediciones contemporáneas, que prefieren o pasarla por alto o elipsizarla con ilustraciones en las publicaciones. Frozen es la última de una larga lista de películas de animación, dramas televisivos, y videojuegos basados de modo sumamente desigual en los cuentos de Andersen, autor infantil al que probablemente sea al que más han cambiado a la hora de adaptarlo.

Sin embargo, el respeto que los autores de Frozen mostraron a Andersen no alcanzó a La Sirenita, obra tan representativa de su autor, que Copenhague la consideró a la hora de levantarle el respectivo monumento, mundialmente conocido como carácter fundamental de la ciudad capital del Reino de Dinamarca.  A La Sirenita de Andersen, Disney en 1989 le hizo lo que le suele hacer a la literatura, y el resultado no puede menos que considerarse penoso, pero en todo caso, como no le parece así a millones de niños y niñas en el mundo entero, es posible que tenga algunos méritos que yo personalmente no le distinga, y es posible que quejarse de ello sea más bien algo fútil. El anime japonés Andersen Dowa: Ningyo Hime de 1975 es muchísimo más pegado al original, final infeliz incluido. Pero es bien cierto que la tal Sirenita Ariel (nombre que no aparece en ningún momento), coleccionista de objetos de las tierras emergidas, no es absolutamente para nada la misma que la menor de las seis hijas del Rey del Mar, que espera con desespero el momento de cumplir los quince años para poder subir con sus hermanas a la desconocida y atrayente superficie del océano. Pero dejemos que sea el mismo Andersen el que lo narre, y notemos en esto la dificultad de la película de Disney para captar la poesía interna de la narración del danés:

Cuando las hermanas subían de tal manera tomadas del brazo, la más pequeña se quedaba totalmente sola y las miraba como si fuese a llorar, pero las sirenas no tienen lágrimas: así se sufre mucho más.     
-          Ay, si solamente tuviera quince años… - decía – y sé bien que querría al mundo de arriba y a los seres humanos que construyen casas y viven allá arriba.
Al fin cumplió los quince años.
-          Mira, ahora ya eres lo suficientemente grande – dijo su abuela, la vieja reina viuda -. Ven ahora, déjame adornarte como a tus otras hermanas – y le puso en el cabello una corona de azucenas blancas; cada pétalo de la flor era la mitad de una perla; a continuación, la vieja permitió que ocho grandes ostras se prendieran a la cola de la princesa, con el fin de demostrar su alta clase.
-          Pero duele mucho – dijo la sirenita.
-          Si uno quiere lujos, algo ha de sufrir por ellos.

IV

Más cuentos y situaciones

Traducido a más de 80 idiomas, adaptado al cine y la televisión hasta la saciedad, inspiración para obras artísticas de todas clases, inclusive la pintura y escultura, el ballet, la música, el teatro, el cine de animación y el de actores, etcétera, este cuentista no teme escribir sobre la muerte, el término de todo, el fin, y acaba así muchos de sus cuentos: La niña de los fósforos, El abeto, La sirenita, El firme soldadito de plomo, Historia de una madre, Las zapatillas rojas, La margarita, La casa vieja, La piedra filosofal, El muñeco de nieve, entre otros. Vale la pena ver cómo acaba El Abeto, pobre ente vivo que empieza a vivir precisamente cuando se está quemando: Ahora todo había acabado y el árbol había acabado como el cuento. Acabado, acabado, que es lo que ocurre con todos los cuentos. No me resisto en este punto a reseñar ligeramente la pequeña incursión de Andersen por la Ciencia Ficción en su cuento Dentro de Mil Años en el que resume su experiencia como autor de libros de viaje con su fantasía final y algo irónica en la que recorre Europa como el gran viajero - aquí se cita un nombre conocido en aquel tiempo - ha demostrado en su famosa obra: Cómo visitar Europa en ocho días. No dejará de mencionar en dicho sabroso relato el electromagnetismo, descubierto por su amigo, tocayo y coterráneo Hans Christian Oersted. Por otra parte, y ya que de amigos hablamos, el sentimiento doble y finalmente trágico que alcanza a tantos de sus cuentos parece se alimenta del mismo medio ambiente de donde extrajo su crítica existencial su contemporáneo Sören Kierkegaard. Tanto Andersen como Kierkegaard reclaman un cristianismo desde el corazón, desprecian la institucionalidad burguesa en la que han caído las iglesias luteranas escandinavas, y ambos en sus escritos mostrarán una fe religiosa basada en la esperanza de superar la existencia de este mundo ingrato, como se distingue claramente en La Sirenita y en El último sueño del viejo roble. Sin embargo, su fe religiosa, como la de Unamuno, es atormentada, agónica, a veces escéptica, véanse Tía Dolor de Muelas o Lo que contó el viento sobre Valdemar Daae y sus hijas. Es probable que estos encontrados sentimientos se hayan expresado plenamente, como tantos han intuido, en el personaje del famoso Patito Feo.

Algunos de los cuentos de Andersen más representados fuera del ámbito del libro – y fuera de los ya mencionados - han sido Las Habichuelas Mágicas, Las zapatillas rojas (clásica película británica de 1948, en color, de Michael Powell), Pulgarcita (producción irlandesa-estadounidense de 1994), Los cisnes salvajes (mediometraje animado de la soviética SoyuzMosfilm de 1962, y anime japonés de 1977: Hakuchou no Ouji), El ruiseñor del emperador (producción checa de 1949, de animación al peculiar estilo checoslovaco), etcétera. Un poco como para hacerse perdonar sus faltas pasadas, Disney y Pixar se arriesgaron en 2009 a producir un corto de siete minutos de duración narrando la triste historia de La  Niña de los Fósforos. Aquí se los dejo, vale la pena verlo: http://www.youtube.com/watch?v=UdH1hhImJaU. En este punto podemos mencionar la película con actores de a de veras La reina de las nieves, del 2002, producción canadiense-estadounidense con Bridget Fonda, dirigida por David Wu, en una adaptación muy extensa – tres horas – y bastante cuidada. Volviendo al lenguaje escrito podemos en este punto presentar una bonita y amplia selección de cuentos que se puede uno bajar sin remordimientos:  http://www.bibliotecaspublicas.es/donbenito/imagenes/Hans_Christian_Andersen_-_Cuentos_-_v1.0.pdf; pero los cuentos y otros escritos completos de Andersen se encontrarán mejor en esta página web: http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/euro/andersen/hca.htm

V
Colofón


Me está gustando mucho esta serie de Crónicas sobre Literatura Infantil, pues estoy descubriendo e integrando aspectos de la misma que no conocía. Bien dicen que si quieres aprender bien una cosa, enséñala. Tengo en preparación dos (quizá tres) más de estas Crónicas y debo decir que espero les guste a mis lectores leerla tanto como me gusta a mí escribirlas. Lean, chicos, no saben lo que se pierden al no hacerlo.  

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