miércoles, 12 de junio de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 39: LECTURAS SOVIÉTICAS

CRÓNICAS DE LECTURAS – 39
Lecturas Soviéticas

I
La Lectura, lo Soviético y el realismo socialista

Como todos saben o deberían saber, la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas resultó de la Revolución Bolchevique de 1917, y culminó de modo poco elegante su existencia en 1991. Por tres cuartos de siglo fue un actor fundamental en la política internacional y pareció que había llegado para quedarse. Era expresión política de las ideas de Carlos Marx y Federico Engels, opuestas a las del dominante capitalismo, y que iniciaron la caudalosa corriente del Marxismo, que llegó a encuadrar autores más o menos cercanos y/o encontrados entre sí, como Vladimir Ilitch Lenin, Pierre Proudhón, Karl Kautsky, Mao Ze Dong y Antonio Gramsci. La posterior Escuela de Frankfurt hegeliana y marxista tomó distancia de la Ortodoxia marxista-leninista de la URSS, entre sus representantes se encuentran Jürgen Habermas, Hans Horkheimer, Theodor Adorno, Herbert Marcuse, Erich Fromm, Walter Benjamin, y un gran etcétera. El experimento de los Soviets (“Asambleas” en ruso) sumó los planteos de Vladimir Ilitch Lenin a los de Marx y Engels; que también dieron base a la República Popular China, que además integró importantes aportes de Mao Ze Dong y otros. La primera generación post colapso soviético del siglo XXI ha sido educada en el pensamiento único del capitalismo neoliberal, empleo el término neoliberal a propósito. El capitalismo actual no es el mercantil del siglo XVIII, el Industrial del siglo XIX o el Financiero post crisis de 1930 y 1945. Hoy se dice que el Capitalismo ya fue, pero todos los desempleados de los últimos treinta años la tienen más clara: Tal vez no exista el consenso de Washington pero funciona muy bien: los ricos son cada vez más ricos y a la inversa. La Historia repite sus trucos, la realidad de hoy se parece a la que recibía a un niño a fines del siglo XIX, aunque hay cosas que han cambiado su poco, la gente emigraba del campo a la ciudad, dejaba las tierras y se iba a buscar chamba a la ciudad. Hoy, en cambio… todavía esto pasa, pero en grande. Parece que los procesos sociales evidenciados por Marx & Engels y los marxistas siguen ahí, y así el Fracaso y la Muerte del Marxismo parece una forma de wishful thinking de los que se beneficiarían de ello.  

Pero una cosa es el Marxismo y otra bien distinta la Unión Soviética. El marxismo sobrevive a la URSS, pero no se le hubiera dado mucha bola a Marx & Engels sin la URSS, China, Cuba, Yugoslavia, eso sin contar con los héroes y mártires de la religión roja: Bela Kun, Chapaiev, Rosa Luxemburgo, Jorge Dimitrov, Vicente Rojo, Karl Liebknecht, Antonio Gramsci, Chu Teh, Dolores Ibárruri, Vo Nguyen Giap, Ho Chi Minh, Clara Zetkin, Fidel Castro, el Ché Guevara y un larguísimo etcétera que incluye a casi todos los héroes y mártires de todas las causas justas del pasado y el presente, desde Espartaco hasta Nelson Mandela. Nadie acepta el martirio en nombre de las utilidades de las grandes corporaciones, mucho mejor es el día que el triunfo alcancemos / ni esclavos ni dueños habrá / los males que al mundo envenenan / al punto se extinguirán. En el vasto Campo Socialista se pasó por alto la brecha entre teoría y práctica, entre La Internacional y la triste realidad de Stalin y el Archipiélago Gulag, título de la novela de Alexander Solzhenitsyn, lectura que me dio mucho qué pensar y orientación para investigar: La Colectivización Forzosa, los Juicios de Moscú, las Purgas, la represión del Socialismo de Rostro Humano y otros hechos de la misma calaña se estibaron a la prepo en el clóset soviético, y hablar de ellos abiertamente se consideró hacerle el juego a la Derecha. O un costo terrible, pero necesario para alcanzar el paraíso en la Tierra.

El sovietismo realmente existente presentó además el realismo socialista. Ingrediente de toda revolución que se respete es la irrestricta libertad creativa, en especial en donde tiene más sentido: En la educación, el arte y la cultura entendidas al modo de nuestro Comunista y Entrañable Cholo Vallejo: Todo arte o voz genial viene del pueblo y va hacia él. Los primeros años de la revolución bolchevique fueron extraordinarios pese a la guerra civil y los desórdenes, epidemias, hambrunas y demás circunstancias usualmente vinculadas a las revoluciones. Tales circunstancias son lo más interesante de los tiempos interesantes con que los chinos te maldicen cuando realmente te odian. Este primer realismo socialista fue una explosión de creatividad cultural sin parangón, que floreció en colectivos como el Proletkult, el Kino-Pravda y los de teatro y ballet; en los días gloriosos de Lunacharski y Vygotsky; de la Alfabetización masiva; de Gorki, Shostakovich, Kataev, Blok, Maiakóvski, Stanislavsky, Meyerhold, Tairov, Vertov, Eisenstein. Pero ciertos elementos del partido vivían incómodos con lo heterodoxo y lo subjetivo, tachado de burgués, como si ser uno mismo fuera privilegio burgués, o el proletario no tuviera personalidad. Hacia 1932 algo llamado realismo socialista se convirtió en política oficial del estado soviético para mantener a todo el mundo cultural en la sartén y temeroso de caer al fuego. Según parece no arrancó muy mal: La madre, novela de Máximo Gorki, es la primera excelente obra del realismo socialista. Y sin embargo había algo perverso en un “realismo” estalinista que no se atrevía a mostrar la realidad “real” de obreros o campesinos, sino lo que sería la realidad de estas clases con el comunismo instaurado, o con el socialismo hecho real. Y si eso es realismo, pues los significados de los significados están un poco raros. En la práctica el realismo socialista fueron los parámetros a los que todo creador debía someterse si quería existir como artista. Los burócratas definían qué era arte y cultura, buena razón entre otras para tildar de totalitario el régimen de José Stalin.   

II
Mi tío Lucho / Reforma o Revolución

Me he referido antes a mi tío Luis de los Heros y lo haré una vez más, merece el homenaje. Cada cierto tiempo mi tío aparecía para enseñarme a jugar ajedrez o regalarme una compacta colección de libros baratos, de los que así nomás no parecían por casa. Aprendí que la intención contaba, nunca he mirado facturas para medir el valor de un libro o cuánto afecto me tienen, tal vez para otros sea importante. Entre las colecciones que me obsequió estaba la editada en 1964 - época de la escisión maoísta - por el promoscovita Centro de Estudiantes de Medicina de la Universidad de San Marcos. El Comunismo hasta entonces había sido monolítico, a diferencia del Socialismo. Nadie lo vio entonces, pero era el principio del fin de la URSS, yo tenía diez años y era ajeno a estos ideológicos debates, e igual me devoré los libros accediendo así a datos a los que así nomás no se accedía. Capté a la primera eso del “realismo socialista”, y me pareció intrascendente. Los libros que me trajo Lucho eran de teatro (El león de la plaza, Ilya Ehrenburg traducido por Isabel Vicente para “Literatura Soviética”); poesía (Antología de Evgueni Evtushenko, traducción de los cubanos Heberto Padilla, Roberto Fernández Retamar y Pedro Durán Gil; y Poesía de Vladimir Maiakóvski, traducción de Lila Guerrero); novela corta (Mis Universidades, Máximo Gorki, parece se tradujo sola); cuentos de guerra y ciencia ficción (Cuentos Soviéticos de Boris Polevoi, A. y B. Strugatski y Valentina Zhuravliova, traducidos por Aurora Kantorovskaia); y testimonio (El Camino del Cosmos, de Yuri Gagarin, también autotraducida). Había de todo, Lucho recomendó empezar por Gorki pero lo hice por Gagarin, estaba fresco lo de los cosmonautas rusos antes de 1968. Conocer el punto de vista de Gagarin fue interesante aunque algo decepcionante, uno se imagina a cosmonautas, astronautas y taikonautas como héroes. Pero así me enteré que el mundo no era solamente Estados Unidos, aunque muchos a mi alrededor no parecían saber de otra cosa.  

Entre estos libros, el menos “realismo socialista” era Poesía de Vladimir Maiakóvski, hasta hoy conmueven sus broncos llamados al combate: Lo viejo / matadlo / Haced ceniceros con los cráneos / Lavad lo viejo / Por el mundo tronaremos el nuevo mito / y pisaremos la tapia del tiempo; o ¡Esta es / la Revolución / la más sangrienta de las Ilíadas! / ¡Y los años de hambre de su Odisea! El más “realismo socialista” era El león de la plaza, comedia de costumbres escrita por el hábil propagandista soviético Ilya Ehrenburg, revolucionario torpedo de propaganda a la línea de flotación de la Francia de Postguerra donde el agresivo Frente Popular comandado por el PCF estuvo a pulgadas de hacerse del poder. Los personajes son estereotipos presentados con talento: el alcalde “socialista”, el carpetbagger James Law, el intelectual sartriano, la Bouboule, la juventud potencialmente revolucionaria y opuesta a que se lleven el león de la plaza. Termina en una ingenua apoteosis revolucionaria de la Toma del Poder sine sanguine, venta que trataba de hacer una URSS asustada de la violencia revolucionaria marxista-leninista que sus enemigos blandían en su contra: Demasiado tiempo llevan hablando (…) ciento cincuenta años y cinco actos. Ahora hablan otros. La farsa ha terminado. Vale la pena detenerse algo en la reactividad de la propaganda soviética, indicio de falta de proactividad, la que mostraba sutiles debilidades que daban qué pensar sobre donde fallaba el asunto. El problema se distingue mejor en la metáfora de la novela Rebelión en la Granja de George Orwell, donde el liderazgo revolucionario se anquilosa y refleja al capitalismo que pretende sustituir. La crítica a la URSS siempre fue mucho más sólida desde el marxismo que desde el capitalismo. Personalmente no acepté nada a rajatabla y excluyendo mi propio juicio, aunque ello estaba aparentemente de moda entonces. Me resistí a dejarme masticar por las ortodoxas mandíbulas capitalista estadounidense y comunista soviética, a dejarme encerrar en una dicotomía de tercio excluido. Es un problema, porque no hay cómo acomodarse: para los “revolucionarios” eres poco radical y para los “reformistas” lo eres demasiado. Tras varias décadas, veo en los bomberos de hoy varios de mis más incendiarios amigos de ayer, y creo mejor ser un reformo consecuente que un revolucionario arrepentido.

Para descargar algunas obras de Vladimir Maiakóvsky e Ilya Eherenburg:
http://www.libroos.es/tags/Maiakovski%20Vladimir.html
http://www.libroos.es/tags/Ehrenburg%20Ilya.html

III
Así se forjó el acero

Toda revolución necesita procesos de iniciación si pretende sobrevivir a su primera y heroica generación. Y así debiera ser con todo régimen político, en especial el democrático. Se necesita asegurar recambio generacional para que la Revolución perviva: Se necesita formar una Guardia Joven sensibilizada y educada para “recibir la antorcha” y retirar sin desajustes a la Guardia Vieja a sus cuarteles de invierno. Si el sistema y los partidos que lo conforman no hacen su tarea el resultado es efímeros clubes electorales. Testigos los partidos que no sobreviven a sus fundadores. Testigo el Partido Socialista Unido de Venezuela, que paga en efectivo el culto a la personalidad de Hugo Chávez. Testigo al revés la organización política más exitosa del mundo, le pese a quien le pese: el Partido Comunista Chino, que no soltará las riendas en el futuro previsible pues gobierna y a la vez forma y educa los millones de cuadros políticos que China requiere. La Derecha Bruta y Achorada (DBA) del Perú en las últimas décadas ha desmovilizado políticamente a toda una generación sin darle nada a cambio: Hoy somos millones de crédulos analfabetos políticos. Lo digo sin anestesia, no estoy aquí para ser complaciente: La generación X se compró el relativismo postmoderno y creen que movilización es una página de Facebook y opinión política cualquier expresión de deseo. La Revocatoria en Lima evidenció una manipulable masa de maniobra que dio soporte a la corrupción y las mafias, y dejó a la Democracia indefensa frente a extremismos y “enfermedades infantiles”. Muestra de ello es que se tenga que explicar que pensar no es comerse la propaganda: He tenido entre manos libros de Historia de la Unión Soviética que no mencionan a León Trotsky ni otros personajes esenciales de la Revolución, con fotografías trucadas de la Revolución de Octubre para que aparezcan Stalin y Lenin sin Trotsky y otros. Las clases y castas dominantes controlan la Historia para controlar al pueblo, lo que se supone reaccionario, no revolucionario. No puede haber Revolución sin Moral Revolucionaria: Los Juicios de Moscú, el Gulag, las Purgas, Lysenko, el realismo socialista instauraron una hipocresía revolucionaria nihilista y amoral, pasmaron la rebeldía, debilitaron la organización revolucionaria y minaron los Valores. Albert Camus lo denuncia claro en El hombre rebelde, y todo esto es historia registrada, a ver si tratamos de no meter la pata de nuevo. No olvidemos cómo era el culto a la personalidad:  http://www.youtube.com/watch?v=_cMlu7tUshg

Nicolai Ostróvsky (1904 – 1936) es una leyenda soviética. Ucraniano él mismo, su libro Así se forjó el Acero es una autobiografía novelada que alcanzó inmensa popularidad, está entre los veinte libros más leídos del mundo. Los años ´20 fueron la época heroica de la revolución soviética, y el libro testimonia la tremenda movilización en los espíritus de entonces: Lo más preciado que posee el hombre es la vida, se le otorga una sola vez y hay que saber vivirla de modo que al final de los días no se sienta pesar por los años pasados en vano, para que no exista una angustia por el tiempo perdido y para que al morir se pueda exclamar “toda mi vida y todas mis fuerzas han sido entregadas a la causa más noble en este mundo, la lucha por la liberación de la humanidad”. Ojalá algún día se escriba una Historia que dé cuenta imparcial de los acontecimientos y tal vez lleguemos a entender esta etapa con relatos provenientes no sólo de sus enemigos: La construcción de la URSS en los primeros años, dirigida por el Partido Comunista anterior a los Juicios de Moscú y las purgas estalinistas, mucho más apoyado en los Socialistas Revolucionarios de lo que quisieran confesar hoy. Un inmediato y tal vez superficial análisis político encuentra aquí uno de los motivos de la Caída de la URSS medio siglo más tarde: A diferencia del PC Chino, el PCUS purgó sus mejores cuadros, se anquilosó en un estilo obediente, de comisarios sin iniciativa y castrados políticamente, al estilo del PC norcoreano de hoy. Así se forjó el acero es una oda al compromiso político, a la participación consciente, a la independencia de mente y a la disciplina autoasumida dentro de un Partido que no solamente aspira, como dice  La Internacional, a ser “la raza humana”, sino a gobernar con eficiencia: ¿Luchaste por el Poder? Entonces úsalo. Para la primera generación de Comunistas gobernar era captar y formar Cuadros Políticos extraídos de un pueblo en el que se forma la materia prima: El Hombre Soviético, el Nuevo Hombre. Este Hombre Nuevo del Socialismo es un potente concepto que retomará con gran fuerza décadas más tarde la Revolución Cubana, a través de Fidel Castro y Ernesto Ché Guevara, y que encontraremos en esa suerte de realismo aspiracional socialista (espero que nadie se ofenda con la comparación, pero los términos cuajan) que es la Nueva Trova cubana de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Noel Nicola, Vicente Feliú y otros. La Cuba del último medio siglo resiste el bloqueo norteamericano pese a la caída del gigante soviético, lo que habla claro sobre la diferencia en la calidad de los cuadros políticos.

La obra de Ostróvsky acá:  http://www.pcecuador.org/docs/Asi_se_templo_el_acero.pdf

IV
El Nuevo Hombre Soviético / La Gran Guerra Patria / El Después

Hemos hablado de la falacia del realismo socialista y hemos sugerido que en la práctica, más que arte o voz genial, es propaganda. La idea del Nuevo Hombre Soviético (¿Tal vez del Super Hombre Soviético, más Nietzsche que Marx?) era parte fundamental, se suponía el producto más acabado de la acción del partido en la sociedad rusa y soviética, tal como dijo Vladimir Ilytch Lenin: un tipo de ser humano completamente nuevo, el Nuevo Hombre Soviético. Observamos el estereotipo en acción en el cuento Nosotros somos hombres soviéticos, de Boris Polevoi, propaganda en estado puro y quintaesenciado destinada a suplantar con una identidad soviética los rasgos nacionales rusos, ucranianos y de otras naciones. Claro que se presenta con talento literario y en forma conmovedora, ambientada en la epopeya nacional de la lucha contra el invasor nazi. Y es insoportablemente simplona en sus planteamientos morales: Los nazis son malos a rajatabla, más malos que la malvada de la telenovela más mala de la Historia; mientras los soviéticos son buenos, buenísimos, recontrarchibuenísimos, heroicos, guapos, inteligentes, cultos, valientes, peculiarmente bien organizados, y todo lo demás de bueno que pueda decirse de ellos. Y el mejor, más lindo, más grande y más brillante de todos ellos, qué duda cabe, es nada más y nada menos que el mismísimo José Stalin (Dígame ¿el nombre Iósif en ruso es igual que Jószef en polaco? Porque se lo quiero poner a mi hijo, es un nombre muy bonito). Y es que el realismo socialista no existe sin la iconografía y las imágenes del Gran Timonel, Comandante en Jefe, Líder Indiscutido e Indiscutible del Partido y del  Estado, Zar Rojo de Todas las Rusias. Esto es el culto a la personalidad, denunciado luego por Nikita Khruschev, que constituyó rudo golpe para muchos sinceros militantes comunistas, purgados por no creer que las estrellas brillaban en el trasero del Tío José. Y así lo mejor de los cuadros del PCUS terminó en las fosas comunes o en el GULAG, se perdió la mística y el empuje revolucionario, se ahogó la lógica colectiva y multitudinaria del Partido. Se sustituyó al Partido con Stalin, y se perdió en el cambio. Al final él mismo se lo dijo a los sobrevivientes Khruschev, Beria, Malenkov, Mikoyan, Voroschilov: ¿Qué van a hacer ustedes sin mí …? A la muerte de Stalin la demolición estaba terminada, los cuadros de la Revolución sobrevivientes eran, como Stalin había dicho, poco más que ovejas sin pastor. 

Por otra parte, es detectable un realismo socialista mucho más potable, combinado con la gran tradición literaria rusa y eslava, en especial en la narrativa de guerra. Tal como León Tolstoi hiciera con el conflicto de 1812 en La Guerra y la Paz en el caso de Rusia, se trató de hacer lo mismo con la Segunda Guerra Mundial como epopeya nacional soviética por excelencia, más aún que la Guerra Civil. Y no es extraño, todo país que se construye necesita una epopeya victoriosa, de preferencia que haya significado gran peligro, heroica superación de dificultades insuperables. Por ello el nombre oficial de la guerra de la URSS contra la Alemania Nazi entre 1941 y 1945 es La Gran Guerra de la Patria, y por ello aún hoy se conservan la Hoz y el Martillo como símbolos del Ejército Ruso, heredero de las glorias militares del Ejército Rojo en la lucha contra el Fascismo. La propaganda occidental tiende a olvidar que los soviéticos y el Ejército Rojo pusieron la mayor parte de los muertos en la Segunda Guerra Mundial. La novela de guerra tiene a Mikháil Shólojov como su principal representante en Ellos lucharon por la patria. Claro que se quedó muy acá de Tolstoi, pero que es bueno es bueno. También escribe, en la misma línea, El Don apacible. Tienen, por supuesto, sus películas, bien ortodoxas ellas. Sin embargo, a pesar de cierta creatividad, la expresión más patética del realismo socialista fue su remedo exportado a los países satélites, y copiado en particular por la República Democrática Alemana (RDA). Resultaba penoso observar ese despliegue de auto aminoramiento: el país que produjo a Goethe, Beethoven y Schiller, que había dado a Marx y Engels, a Liebcknecht y Rosa Luxemburgo, copiaba las expresiones artísticas de los rusos, como si careciera de modelos propios.

De Mikháil Shólojov: Ellos lucharon por la patria:
http://frentepopular.files.wordpress.com/2009/11/sholojov_ellos-lucharon-por-la-patria.pdf  

V
Colofón


Dícese a veces que se retira uno de la Política, lo que sería muy interesante y cierto si la Política hiciera lo mismo y lo dejara a uno en paz. Como con las parejas con las que no puedes vivir pero de quien no puedes separarte, la cosa puede tornarse una obsesión tan complicada como la obsesión por los libros. Yo sé decir que no se puede separar a un ser humano de lo que no le es ajeno. Y con esto digo punto por ahora. 

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