miércoles, 23 de marzo de 2011

UNA VISITA AL CARDENAL PRIMADO DEL PERÚ

(Corta Interrupción de la serie sobre Elecciones y Gobernantes en la Historia del Perú)


Nuestro amadísimo Cardenal es una persona extremadamente especial. Goza de un puesto de autoridad proveniente de una Institución que representa en la actualidad líneas muy conservadoras, incluso desde el Vaticano. No es una autoridad política, pero es indudable que desde que el mundo es mundo, las Iglesias tienen implicancias políticas reales, efectivas y concretas en el devenir de la política. Cualquier política realista debe tomar en cuenta este poder. Muchos años atrás Pablo Macera señalaba lapidariamente que en el Perú se gobernaba teniendo de una mano a la Iglesia, y de la otra al Ejército. Es decir, en corto, a los que influyen las conciencias y a los que portan las armas. Dos fuentes de poder indudables.


Con el tiempo esta visión ha cambiado y se ha diversificado. La Iglesia Católica ya no es la única fuerza que influye en las conciencias. Los medios de comunicación, otras Iglesias cristianas y de las otras, y diversas corrientes laicas se reparten una influencia sobre las mentes que antes era mantenida con mano de hierro vía los mecanismos sacramentales. Por otra parte muchas personas, en su fuero interno, no adscriben a estas posiciones. Los agudos conflictos históricos entre Iglesia y estado que se desataron en América Latina desde los años 30 y 40 hasta la actualidad, en el Perú no se produjeron con la misma intensidad. La fuente de conflicto más dura fue la Reforma Agraria del General Juan Velasco Alvarado, que afectó al antiguo y mayor terrateniente de la época, la Iglesia Católica. El Cardenal Juan Landázuri, hombre de Dios de inmensa caridad cristiana, puso por delante esta característica que debiera informar las acciones de los actuales dignatarios católicos, y renunció a la propiedad de estas tierras, evitándole al Perú un conflicto de grandes proporciones, y dando muestra de que a veces las Iglesias pueden ajustarse a las necesidades de la justicia. Viendo el desempeño de nuestro actual Cardenal – Arzobispo, cómo se le extraña a Landázuri.


Si pensamos en los milenarismos brasileños, o la guerra de los cristeros en México, veremos que nosotros al fin y al cabo la pasamos piola. La Teología de la Liberación, producto peruano de exportación, proporcionó un equilibrio necesario a la Iglesia Católica, cosa que hoy extrañamos al ver a la Iglesia de Bartolomé Herrera y Hubert Lanssier tan decantada a un conservadorismo tan poco ajustado al ágape cristiano. Los grupos de laicos conservadores católicos más extremos invariablemente son grupos de personas con mucho dinero y poca sesera, que reproducen las diferencias sociales y les otorgan carácter de voluntad divina, que terminan presos en contradicciones que de cuando en vez saltan, y que se acallan en medios de comunicación porque la imagen es lo último que se pierde. La estructura de la Iglesia Católica de hoy no proporciona suficiente guía a estos grupos y tampoco a la gran masa de sus feligreses. Tampoco es que sea una organización muy santa. En nuestro país la Iglesia Católica se las arregló para estar apegada al poder económico y político de modo tal que su influencia se empleó en la defensa y refuerzo de las posiciones conservadoras, y a la inversa, fue defendida – y aún lo es – por los grupos más conservadores, aunque no con la unanimidad de que solía gozar. Una simbiosis de poder, en suma. Pero que afecta la labor que supuestamente se planteó a sí misma hace ya siglos. De hecho, y como suele ocurrir con las Iglesias, el compromiso político se tragó al Catolicismo Peruano, que nunca fue demasiado fuerte ni en sus mejores momentos, y que por desgracia históricamente ha estado mayoritariamente del lado de los poderosos, formando al final parte objetiva de la alianza para extraerle la plusvalía a las gentes, con la excepción de personalidades y grupos que sostenían y sostienen otro y más evangélico espíritu.

La Iglesia Católica es en consecuencia, y hoy más que nunca, una fuerza política, con posiciones, compromisos y alianzas, a la que, como a todo actor político, es necesario considerar en un análisis concreto del tejemaneje político. Ello, como es obvio, no tiene mucho que ver con quien ocupe el solio. Podría ser la Madre Teresa de Calcuta o el fraile Torquemada. Igual hay que caer por ahí. Y sonriendo además. A la vista de ganar las elecciones y asumir el control del aparato del estado, las relaciones con el vecino que administra la Catedral se vuelven repentinamente importantes. Cabe entonces, en una acción política medianamente eficaz, establecer como aliada si es posible, o por lo menos neutralizar, a dicha fuerza política. ¿Cómo se neutraliza la posición política de un grupo político? Esto es parte de la teoría de las alianzas. Por lo general primero se establece una línea de comunicación que permita el intercambio de ideas y opiniones. Luego se buscan los elementos comunes que permitan establecer conversaciones y tratativas. Se refuerzan los puntos en común. Se negocia. Se llega a cuerdos acuerdos. Casi un protocolo de Realpolitik.

Es así que un rito no tan formal como la Misa o la Confirmación, pero igualmente importante, es el de que los candidatos a la Presidencia de la República se den su vuelta para visitar al posible vecino. Naturalmente es una reunión de lo más cordial, llena de lugares comunes acerca del rol histórico de la Iglesia en la formación de la nacionalidad del Perú, y de la importancia de mantener buenas relaciones entre la Iglesia y el estado, ambos preocupados por el bienestar de la Indiada, etc, etc, etc. Es decir, podría haber sido una cosa muy sencilla, una de esas conversaciones que no te obligan a nada pero que establecen líneas de comunicación que dado el caso serán necesarias. O que cuando menos, no estorba tener. Conversar no es pactar, decía Don Ramiro Prialé, epítome de los negociadores políticos en nuestro país.

Por otro lado, la reacción de los grupos ciudadanos de defensores de los derechos de las personas de diferente orientación sexual ha sido muy interesante. Creo en lo personal que los ciudadanos de diferente orientación sexual necesitan y deben tener vías para que las situaciones afectivas y legales creadas a nivel de las parejas sean protegidas por el Estado, en el mismo nivel, equivalencia o igualdad de las relaciones entre los heterosexuales que son el resto de la población. Se legisla por la naturaleza de las cosas, no por la condición de las personas. Las leyes deberían diferir lo menos posible de los usos y costumbres, y más aún en el terreno afectivo social. Contra esto va la ausencia total de políticas de fomento social, que en nuestro ordenamiento legal obedece a muchos factores. No tenemos, o si las tenemos son inoperantes, políticas de juventud, de infancia, de adulto mayor, de parejas, de género, de adopciones, etc. Falta, error, inconsecuencia y responsabilidad de los que hasta hoy nos han gobernado, de los cuales muchos intentan hoy repetir el sabroso plato. Esta ausencia de visión de desarrollo social es uno de los grandes temas pendientes, y forma parte de la Deuda Social que los administradores del estado peruano, ocupado en favorecer a los grandes conglomerados a cambio de migajas, no se ha preocupado de satisfacer.

Menos aún se han establecido políticas para el caso de las personas de diferente orientación sexual. Pero aclaremos. Los derechos son algo esencial en el ordenamiento democrático. Pero convertirlos en realidad es complejo, y depende del principio de realidad, es decir del mapa político en concreto y del avance de la opinión pública. El ejemplo de la abolición de la esclavitud es notable y muy análogo. En una perspectiva maximalista tenía que hacerse, debía hacerse, era cosa ya no solamente de derechos sino de humanidad y de dignidad. Pero se necesitaba o el dinero para pagar, o una guerra civil. De hecho en Estados Unidos hubo una guerra civil. Y en Brasil el tema era tan esencial que produjo la caída del imperio y la fundación de la República. En nuestro país el guano financió la liberación de los esclavos y nos evitamos una guerra social. Por supuesto, esto los maximalistas se lo criticaron a Ramón Castilla en nombre del deber ser. Pero la esclavitud fue abolida.

Sin embargo, la situación de las personas de diferente orientación sexual en el Perú no es como la de los esclavos del último tercio del siglo XIX. Menos mal. Ni tampoco son tontos ni están ahí esperando que los liberen, lo que es mejor aún. En mi modesta opinión, las personas de diferente orientación sexual deben ejercer todos los derechos que nos asegura la ciudadanía en un estado democrático, y soy partidario de una apertura total, hasta maximalista en ocasiones. Pero una cosa es con guitarra y otra es con vihuela. Veamos la operatividad de las cosas, es decir el problema concreto de convertir una aspiración en un hecho político. En mi experiencia asesorando y elaborando Planes de Gobierno, me costaba muchísimo, incluso en partidos de izquierda, introducir el tema puntual de los derechos y libertades que se les debe a las personas de distinta orientación sexual. Personas con indudables raíces revolucionarias, luchadores sociales valientes y capaces se oponían a esta ampliación natural de los derechos mostrando una homofobia completamente inconsecuente con sus avanzadas posiciones en otros campos. Muy humano, por cierto. Había particular oposición al “matrimonio gay”, por motivos de nombre y de rasgos del matrimonio en el Perú, que está tan arrejuntado con el tema del matrimonio religioso, que es considerado “Institución”, y no solamente “Contrato”, como en la mayoría de los países. Y es que esta “Institución”, por serlo, es protegida por el Estado, y esto es constitucional e imposible de soslayar. Tampoco es que estos políticos de izquierda opositores al matrimonio gay fueran impermeables, en especial cuando se les mostraba los hechos reales sobre los que había que crear posiciones y tomar en cuenta. Tampoco dejaban de entender que hay vastos sectores de población con diferente orientación sexual, cada uno con su voto,m y que esos votos pueden ser orientados al voto preferencial. Y así apareció en la discusión política la figura, en varias partes a la vez, de la “Unión Civil”, contrato pero no institución, que pareció en aquel momento producto de una negociación política nada deleznable. Poner de acuerdo a políticos profesionales es tarea para los chinos que construyeron la Gran Muralla …


Se entiende que las organizaciones que nuclean a personas de diferente orientación sexual sean maximalistas. Como a muchos, me hizo sonreír la manifestación de chapes hecha al frente de la casita del Cardenal-Arzobispo. Era singularmente apropiada, y extraordinariamente bien dirigida, aunque es cierto que lindaba con la invasión de propiedad. Sin embargo, tomada con cierto liberalismo, no resulta muy diferente de la ritualizada forma en que los sindicatos y organizaciones sociales de base estructuran sus marchas al Congreso, gases lacrimógenos incluidos. Como para darles a los compañeros LGTB la bienvenida en nombre de todos los “protestantes” del Perú. Pero sospecho que tienen que aprender aún que parte del rito también es que su manifestación y posiciones sea minimizada, deformada o banalizada. Y que si logran visualizar su tema, este será atacado, no importa la justicia de su causa. Naturalmente, en la defensa de sus derechos, siguen y seguirán contando con el suscrito.

El que un político como Ollanta Humala le señale al Cardenal Primado del Perú que su familia es católica o que las familias de Nadine y la propia son familias conservadoras, no nos parece que sea para tanto. No le va a contar que nunca van a Misa, si es que no van, claro. Decir de lo que es, que es, es decir, según Aristóteles, la verdad. El Presidente de la República gobierna para todos los peruanos, héteros y homos, varones y mujeres, católicos y ateos. Tiene que andar con la opinión pública, es lo que le corresponde, y lo que más le vale hacer si no es tonto. Y aunque no nos guste no es tema fundamental en el Perú la situación legal de las personas de distinta orientación sexual, lo es el tema de las estructuras familiares, que lo abarca. Y tampoco creo que el manejo que Ollanta hizo del tema haya sido el mejor. De hecho creo que pudo hacerlo mucho mejor. Pero perdónenme mis amigos, el problema del aborto es mucho más grave. Perdónenme mis amigos, pero hay muchas más familias con un solo padre que personas de orientación sexual diferente, aunque a veces coincidan las problemáticas. Perdónenme mis amigos, pero la situación de las familias en el Perú, sin chamba, sin salud, sin educación, sin servicios, sin seguridad, abarca a la de las personas de diferente orientación sexual. Por ser de distinta orientación, no han dejado de ser ciudadanos ni de padecer estas situaciones que, según parece, la mayoría de los candidatos no está afrontando frontalmente en su afán por sostener el modelo económico.

Para culminar, veamos el asunto desde una perspectiva que suponemos más realista. Entre las posibilidades reales de presidentes de la república que tenemos, ¿Será Toledo el que volverá funcional el tema? Recordemos que frente a la presión mediática ya retrocedió sobre el tema, imaginemos qué pasará cuando tenga que enfrentarse con Cipriani, sobre todo considerando lo que le pasó en su anterior gobierno, extraordinariamente débil. ¿Y Keiko? Me parece que ella más bien no ve con simpatía el tema… ¿Y Castañeda? Bueno, ahí francamente no sabemos, pero creemos que en vez de apoyar a las personas de diferente orientación sexual, posiblemente les construya una escalera. ¿Y PPK? Me parece que es demasiado conservador para meterse con la Iglesia. Visto desde esta luz, las cosas se ven un poco diferentes.

El problema con este tema, como con otros, es que siempre será un tema polémico, guiado de las hormonas o del hígado en vez de ser afrontado por las neuronas. No creemos ser los dueños de la verdad, pero creemos que nuestra opinión merece ser manifestada, en especial porque pensamos que la política también es una ciencia. Y ya vuelvo con la segunda Parte de Elecciones y Gobernantes en el Perú.