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miércoles, 3 de agosto de 2011

CONSTITUCIÓN, A ESTAS HORAS



“¿Constitución a estas horas? Que lo amarren al señor.” (Ricardo Palma)

Acostumbrados estamos desde la década de los 90 a la desinformación y la manipulación de las agendas políticas, tanto, que a estas alturas ya no nos sorprende que se retire un programa de televisión top en sintonía, que se le niegue a un premio Nobel la posibilidad de tener un programa de TV, que desaparezca la parte noticiosa de una radio como CPN, o que el periodista más respetado del medio no tenga un programa de opinión. Nos da una idea clara de quien manda, y hace que se nos despierten simpatías por el presidente Correa, que recurrió a la legalidad de los tribunales de justicia para salvaguardar su honor, cuando se le acabó la paciencia.

Tampoco sorprende que, a raíz del escandalete surgido en el Congreso por obra y gracia de Santa Marta Chávez – canonizada y expuesta hasta la saciedad por los medios -, las declaraciones de parlamentarios de Gana Perú o miembros del gobierno no sean ni consultadas ni difundidas. Para averiguar qué va a hacer el gobierno los periodistas no parecen tener mejor idea que preguntárselo a sus enemigos o adversarios. La evidente inequidad es indicativa, y según parece, y a pesar de la zurra recibida en las urnas, no se han enterado que cuando esto sucede se potencia la capacidad comunicadora de aquel al que se pretende acallar. La otra tarde escuchaba un conocido programa en una radio local - cuyo lema es “Tu opinión importa” - donde miríadas de radioyentes empleaban su tiempo en preguntar por qué continuaban dándole y dándole con Santa Martha, cuando había tantos otros temas qué tocar, y la única respuesta que los agudos periodistas presentes pudieron dar era que ese era el tema en agenda. Esto hace que uno se pregunte qué entelequia o santo del paraíso se ocupa de establecer dicha agenda, y a quién le pertenecerá la opinión que realmente importa.

Agenda política: Intenciones y temas

En medio de este acre humo parece ser que el tema a invisibilizar esta vez es el de la Constitución del Estado. Como en mi Blog no me pagan por estar, las opiniones que vierto en este espacio son las mías propias, y por eso intentaré ver las intenciones que se traen, así como el tema de fondo, soplando el humo a un lado, a ver si los sufridos peruanos que me honran con su atención pueden contar con algunos de los elementos de juicio que los medios de comunicación les niegan.

Se observa que el general descontento y repudio a la malacrianza de Santa Martha resulta ser bastante acallado, y la sobreexposición de la Santa dice muchísimo del discurso que se está levantando. Parece claro que su intención es echar dudas sobre la legalidad y legitimidad del actual Gobierno, explorando las reacciones de la ciudadanía al respecto. Se trata de condenar a un Gobierno que no ha empezado a funcionar aún, y de hecho esto debería alertar a la ciudadanía respecto a las intenciones de los que pretenden cortar el jamón. El tema constitucional, presentado como secundario como quien mira a otro lado, parece en realidad ser el esencial. Tratemos de verlo con alguna claridad.

Un par de Falacias alrededor de las Constituciones de 1979 y 1993.

Empiezo señalando que no creo en la santidad de la entelequia constitucional. Una Constitución es un instrumento político, si bien fundamental, y por ende cambiarlo cuando es necesario no es cosa que debiera escandalizar a nadie. No es la Palabra de Dios. Los que la mueven lo entienden así, correctamente por cierto, pero al haber varias falacias en juego aquí, resulta importante develarlas. No entraré a mencionar todas ellas. Solamente recordaré que una Falacia consiste en un inadecuado uso de las reglas de la lógica con fines secundarios.

Es así que distinguimos el empleo masivo de la falacia “Post hoc, ergo propter hoc” (Pasó después de esto, luego esto es su causa) respecto a ambas constituciones. Se le adjudica a la Constitución de 1979 la hiperinflación y los desastrosos gobiernos de Fernando Belaúnde y Alan García del decenio 1980 y 1990, en tanto que a la Constitución de 1993 se le adjudica el crecimiento económico y el bienestar general. Curioso y polarizador alegato, bastante limitado en su alcance. Podríamos decir que, dado que el Cometa Halley pasó en 1986 cerca de la órbita terrestre, esto causó la hiperinflación de Alan García. O que el consumo de bacalao por parte del Ingeniero Fujimori causó el golpe de estado del 5 de abril de 1992.

La falacia de la parte por el todo está también aquí. Entiendo que para ciertas mentes lidiar con más de una causa es complicado, pero el simplismo con que se maneja la cuestión aterra. Se adjudica el efecto del crecimiento económico a la Constitución de 1993, cuando según tengo entendido se debe más bien al incremento de los precios internacionales de los minerales, que inyectó e inyecta ingentes fondos a la economía nacional. No encuentro relación alguna entre los precios internacionales y la Constitución del Perú. No creo que la Constitución de 1993 haya impactado tanto en la economía internacional que haya aumentado el precio del oro y la plata, ni me parece que fuera tomada en cuenta en la decisión estadounidense de invadir Irak dos veces, que disparó el precio del petróleo. Esto para dar pequeños ejemplos nomás. Contrario sensu, la Constitución del 79 no parece haber tenido relación con los relativamente bajos precios de nuestros principales productos de exportación en la década de los 80.

La metafísica de suponer que un documento produce inversión no es sostenible y denota pensamiento mágico. En el terreno de la realidad, un documento mandatorio puede tal vez fomentar la inversión, pero hará falta la concurrencia de muchos otros factores para movilizarla en la realidad. Una Constitución, por sí sola, no produce inversión extranjera o nacional. La Constitución de 1933 no produjo el crecimiento económico durante el gobierno de Odría (1948-1956), ni la de 1856 el incremento de las exportaciones de guano durante el Gobierno de Ramón Castilla. Cualquier historiador o economista con medio dedo de frente acudirá al agotamiento de los campos europeos y al redescubrimiento de las propiedades del guano en el siglo XIX; o al aumento del precio de los minerales debido a la Guerra de Corea (1950-1953). Acudir a las cartas constitucionales de aquellos días resulta improcedente por lo absurdo. Tampoco es que los papeles no puedan contribuir. Las Leyes de Fomento pueden aprovechar de las coyunturas económicas internacionales, pero no las determinan.

Un par de falsedades alrededor de las constituciones de 1979 y 1993

Una falsedad es distinta de una falacia. Producto del engaño premeditado o del error, la falsedad es simplemente decir – según el camarada Aristóteles – de lo que no es que es, o de lo que es que no es. Con el afán de equiparar ambas Constituciones en cuanto a su origen, se dice que las dos fueron producto de Dictaduras, y aquí es claro que se trata de equipararlas como si ambas fueran producto del mismo proceso, o cuando menos del mismo tipo. Como no nos gustan las falsedades, procederemos a recordar las circunstancias históricas para ambos casos, y ver por qué no son equiparables.

En 1978 el gobierno de la Fuerza Armada en su segunda Fase, liderado por el General Francisco Morales Bermúdez, se caía. Sin el innegable apoyo popular y la legitimidad de la que sí gozaba el gobierno del General Juan Velasco Alvarado, el gobierno estaba cercado por los conflictos sociales y políticos. “Abajo la Dictadura” era el lema más socorrido en aquellas épocas. El Paro del 19 de Julio de 1978 puso de rodillas al gobierno, que se echó a buscar con desesperación salidas políticas. Fue así que a los pocos días del Paro decidieron convocar a elecciones, primero constituyentes y luego generales, a fin de sacar a las Fuerzas Armadas del horno en que se estaban quemando. La Constituyente de 1979 nace de este proceso, y fue dirigida por un político de polendas, Víctor Raúl Haya de la Torre, ducho en la negociación política y hábil en el logro de consensos. Vastos sectores del Perú fueron representados, lo que le dio una alta legitimidad, y se desarrolló en el contexto de la realidad política de un gobierno incapaz de sostenerse, pero que estructuraba una salida política coherente. Los constituyentes de entonces gozaron por ende de mucha libertad para elaborar la Constitución, incluso al extremo de devolver las “correcciones” que Morales Bermúdez pretendió imponer, y que no pudo.

En 1992 el gobierno de Alberto Fujimori era producto del golpe de estado del 5 de Abril. Y pretendía no irse, sino quedarse. La presión interna era baja, pues la clase política de entonces hacía agua debido al desgobierno económico y la presencia de Sendero Luminoso y el MRTA. Desde afuera del Perú, en cambio, la OEA (Organización de Estados Americanos) – caja de resonancia de la Secretaría de Estado de Estados Unidos - presionaba hacia una salida política que preservara cuando menos una apariencia de democracia. En este contexto es que la dupla Fujimori – Montesinos decide convocar a un Congreso Constituyente para salvar la faz empleando el evidente descontento del pueblo peruano en referencia a la situación económica y social para conseguir una suerte de legitimidad que les permitiera continuar en el gobierno. La Constitución de 1993 fue ratificada por muy poco en un referéndum destinado precisamente a darle esa legitimidad, aunque algunos dicen con fraude electoral. De esto no sabemos, pero lo cierto es que dicha Constitución permitió instrumentar un acuerdo entre el poder político y el poder económico. Y esto era posible porque el gobierno no solamente no se iba, sino que reajustaba las cosas para quedarse con la mayor cantidad de poder posible. No se les puede negar que demostraron mayor habilidad que la de la clase política tradicional en esta tarea.

El Interés por sostener la Constitución de 1993

Cuando yo era chico, mi santa abuela me decía que me fijara en los intereses antes que en las palabras. De acuerdo a esta cuerda máxima política, podemos ver que cuando dicha Constitución fue elaborada, lo que se trataba era de darle una base de gobernabilidad al gobierno surgido del golpe de estado. No era el caso del Documento de 1979, donde el muy desgastado gobierno saliente no consiguió imponer una sola de sus condiciones. Vale decir, aquí el fujimontesinismo hizo lo que se le vino en gana, y lo esencial y central de esta Constitución fue el pacto económico y social que se estableció entre el fujimontesinismo y los poderes facticos. Ojo que en todo pacto hay acuerdos, y el hecho de hacer pactos y acuerdos no es necesariamente negativo. Pero el toma y daca de este pacto, apenas disimulado hoy en día después de las pasadas elecciones, era, para decirlo en simple, el poder político a cambio de mayores ganancias. Te elimino la oposición a cambio de que me financies. Esto era posible, desde que el gobierno fujimontesinista tenía la sartén por el mango, y podía imponer condiciones, como de hecho lo hizo.

Salta a la vista que este Pacto no fue el de la Moncloa, ni nada parecido al Acuerdo Nacional de hoy en día. Tenía ganadores y perdedores, y los perdedores estaban fuera del pacto. Se hizo a espaldas de la ciudadanía para reconfigurar y sostener un modelo económico y social de concentración de riqueza y exclusión social y política de las mayorías que el Gobierno de Velasco, la irrupción de las izquierdas y la guerra interna habían puesto en serio riesgo. Durante siete años (1993 – 2000) la trama del poder expresada en esta Constitución fue sostenible tanto en lo político como en lo económico, a costa de la más evidente y mendaz corrupción y concentración económica que el estado republicano vio jamás. Además permitió la estructuración de una dictadura civil de nuevo cuño, basada en el chantaje a los Poderes Fácticos, y en la que algunos alcanzaron pingües beneficios. Al venirse abajo la dictadura por el peso muerto de la corrupción y los costos que a ésta se vinculan, quedó supérstite, flotando en el esquema previo, el viejo pacto entre la clase política y los poderes fácticos, pero sin los vínculos que Montesinos había conseguido establecer y que una vez caído el gobierno dejó al Estado en situación de “default” frente a los poderes fácticos.

El Pacto en la primera década del nuevo siglo

El Pacto entre el gobierno y los poderes fácticos se vino abajo con el calateo y deslegitimación de la entraña corrupta del régimen fujimontesinista. Todos sabemos qué pasó ahí y cómo al final se resolvió, a medias, la crisis política. Tras la pequeña primavera democrática de Paniagua, con el Presidente Alejandro Toledo se trató de rearmar el pacto, en esta ocasión a favor de los poderes fácticos, que a partir de aquí, liberado de sus compromisos con Montesinos y Fujimori, empezó a tener una vez más la sartén por el mango, y en bastante mejores condiciones que antes de 1993. El gobierno de Toledo resultó cooptado, y se siguió con el business as usual, lo que se expresó en gestos para la platea – como el retiro de la firma de Fujimori de la Constitución de 1993 – y el mantenimiento del Pacto, aunque con modificaciones importantes en la trama del poder.

La irrupción del Partido Nacionalista Peruano y de su líder Ollanta Humala reventó el esquema, como era lógico. Tras las elecciones de 2006 quedó patente que la garantía de que dicho Pacto se mantuviera era la constitución de 1993, en especial en la parte correspondiente al orden económico, que garantizaba las ganancias. Ello desató la competencia entre los diversos grupos de la clase política tradicional para ser el agraciado con el reparto de la torta, fortalecido por el sistema del ballotage. Como sabemos, dicha lotería política la ganó el Apra de Alan García, y con ellos fue que los poderes fácticos negociaron y renegociaron un reparto de la torta hasta las últimas elecciones políticas. Los tejemanejes de Alan García, aunados con el crecimiento y desarrollo de la opción política de Gana Perú, determinaron el colapso relativo de este acuerdo representado por la Constitución de 1993. En las elecciones pasadas el fujimorismo redivivo intenta nuevamente reconquistar la posición política hegemónica para replantear el reparto de la torta según los esquemas de la década de los 90, y aunque consigue imponerse en primera vuelta, no consigue ganar la Segunda, gracias a la acción militante de Gana Perú y de la Derecha Liberal y Democrática. Y aquí estamos.

Lo que importa no es la Constitución, es el Pacto

Que haya Pactos y Acuerdos entre los diversos poderes no es precisamente una excepción, es la regla. El chiste es que tal Pacto considere todas las partes. La exclusión de sectores importantes quita gobernabilidad al esquema política, y por ende amenaza el crecimiento económico. Cuando las cosas cambian, los pactos cambian, y de eso no hay por qué escandalizarse, que precisamente para eso sirve la Democracia. La Constitución de 1993 es el mascarón de proa, lo que realmente importa no es el título del papel, lo que cuenta es el Pacto que un Gobierno que aspire a sostenerse en el Poder debe establecer de hecho con los Poderes fácticos. Hasta ahora la fuente del Poder Político ha sido el usufructo patrimonialista del Estado por parte de las argollas de turno, y con esas argollas es que los Poderes fácticos han estado negociando. Víctima Toledo, Testigo Alan. Pero este estilo de Pacto ha llegado a su fin con las últimas elecciones, porque el contrapeso político hoy en día puede ser – aún no lo es plenamente – el Poder Ciudadano expresado en un Estado de Todos, no en un Estado propiedad de una casta política, que es lo que el Fujimorismo trataba – y aún trata - de reorquestar, y que sin duda fue uno de los factores que determinó que perdieran las elecciones. Hoy en día vemos la desesperación con la que el Fujimorismo redivivo trata de recuperar algún sector del mango de la sartén para así reconfigurar por una parte una alianza con algunos Poderes Fácticos; y por otra ponerse a la cabeza de una alianza de derechas. La composición del gabinete y de las alianzas políticas evidencia en la actualidad estos hechos.

Todo esto genera dos preguntas: ¿Cómo reaccionarán los diferentes Poderes Fácticos? La otra es ¿Qué hará la Derecha Liberal y Democrática? Las apuestas parecen estar alrededor de un nuevo pacto entre el Poder Ciudadano y los Poderes Fácticos, de Crecimiento con Inclusión, y su centro es el Gabinete Ministerial, donde están representados, con el arbitraje y muñeca del Presidente de la República y su Primer Ministro. Otras apuestas giran alrededor del Congreso, desde el cual los malcriados acontecimientos protagonizados por el fujimorismo recalcitrante el día de la Toma de Posesión se dirigen a crear una Oposición Caníbal, posible única salida que visualizan les puede asegurar algún nivel de supervivencia política. Poca imaginación demuestran, según entiendo. Dudo que amplios sectores obedezcan el artificial canto de sirena, y se alineen detrás del fujimorismo.

El tema constitucional

Si bien un programa como el de la Hoja de Ruta no implica para nada renunciar al objetivo político de fondo, resulta obvio que no es el rótulo del cambio constitucional la piedra de toque. Lo es el novísimo Pacto entre los Poderes Fácticos y el Poder Ciudadano dirigido al logro de Crecimiento con Inclusión. El Presidente de la República manifestó en una entrevista que no importa el color del gato, con tal que cace ratones. Representantes de grandes sectores económicos en nuestro país parecen dispuestos a pagar una factura que asegure sostenibilidad y gobernabilidad. Esto para nosotros es indicio de un pragmatismo político que no ha renunciado a los principios, pero que, como buena política, debe acomodarse a las realidades.

Hay diversos aspectos constitucionales que deben ser resueltos, en la medida que aspiramos a que nuestra nación tenga un Estado que la represente, y donde los diversos intereses puedan convivir en paz.

Colofón

Lo trascendental de las elecciones que pusieron a Gana Perú en el Gobierno no es que ahora el pacto pueda ser replanteado en el sentido que Alan García le dio, sino que el tipo de tablero ha cambiado. Se ha dicho hasta la saciedad en los dos últimos decenios que para repartir hay que crecer – la famosa política del chorreo -, y más bien la nueva lógica del momento político, económico y social actual es que para crecer hay que repartir. En Política práctica, no hay gobierno alguno que no quiera que el país crezca económicamente. El tema es que este crecimiento necesita de gobernabilidad, y la gobernabilidad democrática es incompatible con Pactos como el expresado en la Constitución de 1993 en su momento. La acción del fujimorismo militante de la actualidad ciertamente no aspira a asegurar la sostenibilidad de un modelo de crecimiento, y menos aún de crecimiento con Inclusión. De hecho lo que parecen querer fuera de las justificaciones y declaraciones es que la Inclusión fracase y que la Economía no crezca. Y un sector de la Prensa y los Medios les acompaña en esto. Vivir para ver. Y hasta la próxima.

Peru Blogs

lunes, 11 de julio de 2011

ALEXIS, o el Tratado del Inútil Combate


“El descuido es un sucedáneo de la mentira.” (Marguerite Yourcenar)

Si algo me molesta en general de los floreteos y sablazos políticos de coyuntura es cuando estos contienen un mucho de paja y una poquita de trigo. Es aquí cuando se me da por aplicar cierto análisis más allá de los juicios apurados, y por lo tanto examinar con atención lo ocurrido y por ocurrir, a la búsqueda de algo consistente y claro, porque esta consistencia y claridad serán muy necesarias a tenor de los acontecimientos políticos presentes y previsibles a futuro.

El título de este artículo salió de mi mente dado que es el de la opera prima de la inmensa novelista francesa Marguerite Yourcenar, por la que tengo camote. La condición de obra primera, a más del entrampamiento moral y emocional que el protagonista exhibe en una larga carta – larga para carta, corta para novela – dan, me parece, un marco interesante como analogía a lo que ocurre en la actualidad con el llamado caso Alexis.

El contexto de la cuestión

Entender lo que pasa implica ver el contexto que le da paisaje a la cuestión. Esto debería ayudarnos a superar la confusión calculada que se muestra desde los medios de descomunicación, y que aprovecha las falencias de la cultura política nacional. Veamos algunos de estos aspectos. GANA Perú se ha comprometido como cuestión central de campaña a una Lucha contra la Corrupción frontal y sin atenuantes. La lucha contra el nepotismo, mal consuetudinario, es una parte importante y esencial de esta lucha. De hecho, no solamente es un tema de moralidad pública sino de sentido común el cerrar flancos a posibles ataques, sobre todo considerando que, como le ocurre hoy día a Susana Villarán, entrar a gobernar sin trafas bajo la mesa con el anterior ocupante del cargo - sin el famoso “borrón y cuenta nueva” - lo pone a uno en la mira de los grandes intereses económicos vulnerados. La Corrupción Previamente Instalada e Institucionalizada emplea sus armas mediáticas a mansalva para fabricar problemas artificiales, presionar y tratar de influir o atolondrar a los nuevos inquilinos de los diversos Palacios. Esto no dejó de hacerse en ningún momento. Los muchos años de silencio alrededor de estos temas y la súbita cruzada moralista emprendida por los mismos que actuaron en componendas, o acallaron interesadamente todo lo ocurrido antes puede que les quite derecho moral al piteo, pero también es cierto que se ha tocado un punto muy sensible.

La tregua política que se acuerda por tradición a los funcionarios electos duró para Susana Villarán aproximadamente ocho minutos y 20 segundos, lo que se tarda un rayo de luz en llegar del Sol a la Tierra. Para el caso de Ollanta Humala y GANA Perú la tregua se mide en números negativos. La lección que nos dan las presiones de los grupos de poder en su lucha contra el gobierno de Susana Villarán en este momento, debería ser analizada seriamente. La conclusión parece obvia: Sin una estrategia inteligente de comunicación se corren serios riesgos políticos.

La oposición de los grupos de poder – sectores de los cuales están o han estado metidos hasta el hueso en la corrupción del gobierno saliente y los anteriores – a las izquierdas en la Municipalidad de Lima y el Gobierno Nacional es mucho más sólida que la oposición política, y se expresa en los medios de descomunicación. Su objetivo es limitar al máximo la capacidad de maniobra del Gobierno entrante, tanto para diluir la posibilidad de investigación como para obtener mayores márgenes de negociación y componenda. Los métodos son bastante conocidos y no sorprende verlos en acción, pues todo esto ya le pasó a Toledo, y recordemos que su parentela le hizo bien flacos favores. En este contexto, la desaparición del único programa político de TV con ciertos pespuntes de objetividad – Prensa Libre – denota el cierre por ahora de la posibilidad de humanización del ejercicio del poder, es decir, volvemos al concierto de medias verdades, confusión entre hechos y posiciones, y camanchaca informativa que caracterizó los últimos años. Lo que están haciendo los poderes fácticos no es ningún misterio: Están dominando la agenda política lo más posible, con lo que proporcionan magníficas cortinas de humo, con la involuntaria ayuda de la confusión al interior del naciente oficialismo.

Las cuestiones de fondo

Sorprendió la tardía y tibia reacción de GANA Perú, así como los dos o tres discursos paralelos que han surgido a partir del caso Alexis. Desde una perspectiva amplia del ejercicio político, es solamente natural que los miembros de un partido Político que gana las elecciones conversen con diversos actores nacionales e internacionales. Es, de hecho, lo que el Presidente Electo ha estado haciendo desde antes de las Elecciones. El problema parece haber surgido en función de tres cosas: El hecho mismo de las conversaciones entre Alexis y los rusos, donde se cuestiona tanto la oportunidad como la autorización para dichas conversaciones; el hecho que estas conversaciones se hayan publicitado desde fuentes rusas; y el hecho de que GANA Perú no haya tenido reflejos políticos para presentar una sola voz, definitiva y fulminante, que la mayoría entendió debería haber venido desde el mismo Presidente Electo.

Conversar no es pactar

Que Alexis Humala y los rusos, chinos o albaneses conversen no tiene en sí mismo nada de curioso. Eso del “tráfico de influencias” es una gansada, si uno tiene una idea de todo lo que se conversa en esas ocasiones. Nadie es tan tonto de creer que estos temas no pasarán por la criba gubernamental en su momento. Las conversaciones informales son informales precisamente por eso. Son los temas conversados lo que ha levantado polvareda, la pesca, el gas y el turismo después de todo son sectores económicos importantes. Si hubieran hablado de Educación, Cultura o Ciencia y Tecnología nada hubiera pasado, porque en esos asuntos no hay mucha plata. Meter candados en gas, pesca y turismo favorece a ciertos grupos, en especial cuando según parece, las consignas de Alexis al tratar con los rusos no eran suficientemente claras. Es decir, qué puedes hablar, qué no puedes hablar, qué decisiones puedes tomar y cuáles no. Y ese es un serio error político de GANA Perú: Dar ciertas cosas por supuestas.

Lenguaje oficial

Los rusos, o quizá la agencia noticiosa EFE, le metieron candela al asunto, al poner en bandeja los temas económicos y usar un vocabulario que solamente puede emplearse cuando hay conversaciones oficiales. Esto le dio un fuerte componente de componenda al asunto. Ya no se podía decir que eran conversaciones informales, porque se presentaron términos como “acuerdos”, por ejemplo. Y aquí se armó la gorda, pues apareció de un momento a otro el fantasma del nepotismo, y lo que podía aparecer como oficioso se tiñó de una oficialidad extraña, pues GANA Perú aún no es gobierno. Ahora sí hay una camanchaca brava, porque tras estos indicios se puede, como el periodismo sabe perfectamente, construir un caso así no haya nada detrás. Lo que, por otra parte, está por verse.

Respuesta política limitada

Y, por último, el sorprendentemente poco afiatado mecanismo de respuesta política de GANA Perú. Según parece, no se midieron adecuadamente la intensidad y el nivel de la respuesta. Que las instancias partidarias hayan reaccionado con cierta rapidez no quita que la respuesta haya sido inadecuada. Si se hubiera tratado de Perico de los Palotes esto hubiera bastado, pero tratándose del hermano del Presidente Electo la cosa se deriva a un tema político-familiar, que vincula el tema del nepotismo y las intenciones del Presidente Electo al respecto. Como en las empresas donde la familia tiene cargos directivos – viene a la mente, risueñamente, el Directorio de El Comercio -, siempre hay una tensión que surge de los avatares familiares anteriores o presentes. Eso todo el mundo lo sabe y todo el mundo lo mira. Por eso se esperaba que, dada la principal promesa de campaña - Lucha contra la Corrupción -, el Presidente Electo saliera al fresco y pusiera orden en el asunto. A mí personalmente, me parece magnífico que el Presidente Electo se cuide y no pise palitos, así como que se tome todo el tiempo que necesite para tomar decisiones. No va a bailar el huayno que la oposición le toque. Pero en este caso creo que debió obedecer a sus instintos. A estas alturas el asunto se ha escapado de las manos con la intervención del hermano Ulises y la entrevista al mismo Alexis, con un exceso de datos que no explican nada, porque no vienen del que verdaderamente importa, que es el Presidente Electo; ni en lo que verdaderamente importa, que es el tema del Nepotismo. El asunto ha descendido de rango, que si fulano, mengano o perencejo dijo lo que dijo cuando no lo dijo que dijo lo que el otro dice. Y todos meten la cuchara, haciendo hermenéutica barata con líos de comadres incorporados, en el que los medios de descomunicación se solazan. Y el desgaste empieza desde antes de gobernar.

Entrampamiento moral y comunicacional

Lo realmente fastidioso de esta situación es que ha dado pie para dudar de la buena fe del gobierno entrante en el tema de la Lucha contra la Corrupción. La culpa o no culpa de Alexis ha pasado totalmente a segundo plano, desde que ni siquiera está claro de qué se le acusa. Para los grupos de poder el tema no importa, lo que cuenta es la cortina de humo y el desgaste adelantado; en tanto que para GANA Perú y la población del Perú los temas son el Nepotismo y la Credibilidad, el resto es neblina mediática. Los grupos de poder se han anotado un tanto en la Copa de la Limitación del espacio de maniobra política. Han hecho lo lógico, presionar sobre el flanco débil presentado. Lo que sorprende es, uno, que este flanco se haya presentado, y dos, que las respuestas hayan mostrado fisuras y contradicciones, que son obviamente producto de la desinformación interna, es decir, el bloqueo informativo interno alrededor de los decisores políticos en GANA Perú, que en esta ocasión ha jugado en contra.

El tema del nepotismo obliga al presidente Electo a poner a su hermano, que es político por propio derecho, en un destierro siberiano mientras se investiga qué diablos ha pasado realmente. Y ello, que puede funcionar como la acción concreta y coherente que demuestra lo que se predica, no ha sido adecuadamente comunicado ni en oportunidad, ni en intensidad ni en nivel. Peor, ahora es carne para buitres de todo plumaje. Faltan a la fecha diecisiete días para la Toma de Posesión, y ese tiempo, corto para una transferencia, es inmenso en función de las consecuencias políticas del comadreo sobre este tema. Ya el hecho de mostrar flancos no es nada inteligente en un aspecto donde menudearon compromisos serios de campaña. El no ser gobierno hasta 28 de Julio, determina que se carece de los medios para poder hacer ciertas cosas al respecto. El espacio mediático que no se puede llenar queda entonces reservado para la Opinión Pública. La única estrategia mediática visibilizada ha sido la de poner colchones amortiguadores para proteger al Presidente Electo. Pero los escuetos comunicados de GANA Perú no fueron suficientes.

El fondo de la cuestión

GANA Perú tendrá que entender que no es posible gobernar con una estrategia informativa análoga a la empleada durante la campaña. Y menos podrá gobernar sin estrategia de medios, como se puede ver en el caso de Susana Villarán, que paga injustamente pato y es hecha carnaza por los secuaces de Comunicore. Hay que mirarse en ese espejo. Llegó la hora de emplear estrategias adecuadas en comunicación que intermedien eficazmente al Gobierno y al Presidente de la República con la Opinión Pública. A su vez, GANA Perú debería dejar – por un ratito nomás - las paranoias, sean o no saludables, y abrirse un poco para evitar el autobloqueo informativo. Trabarse en combates inútiles con tanto en juego no es positivo ni ayuda en nada, más bien dispersa energías necesarias en la transferencia y la asunción del mando, que son cuestiones muy reales. Aunque ahorita por desgracia este ya no es el tema de agenda, que se resbaló entre los lacónicos dedos de los decisores políticos. Ahora se trata de lograr un efectivo Control de Daños, bajar la temperatura de la papa caliente, y establecer una agenda política propia proactiva, no reactiva. Es decir, retomar la iniciativa, hablar claro frente al tema del Nepotismo y reafirmar la Lucha contra la Corrupción.

martes, 7 de junio de 2011

EL PRESIDENTE ELECTO



Primera ley de Dror:
“While the difficulties and dangers of problems tend to increase at a geometric rate, the knowledge and manpower qualified to deal with these problems tend to increase linearly.”
(“Mientras las dificultades y peligros tienden a crecer geométricamente, el conocimiento y capacidad humana calificados para tratar con estos problemas tienden a crecer aritméticamente”)

Segunda ley de Dror:
“While human capacities to shape the environment, society, and human beings are rapidly increasing, policymaking capabilities to use those capacities remain the same.”
(“Mientras las habilidades para dar forma al ambiente, la sociedad y los seres humanos están en rápido aumento, las habilidades de construcción de políticas continúan estacionarias”)


Debo decir que estoy contento, pues ganó las elecciones quien quería que las ganara. Ganó por varias y muchísimas razones que unos con alegría y otros lamiéndose la autoestima dañada intentan dilucidar con mayor o menor solvencia. Nuestro propósito hoy es escaparnos un tanto de la coyuntura y tratar de ver a la persona que hoy es el Presidente Electo del Perú en su relación personal con este importante encargo que la ciudadanía le ha entregado. Mirar hacia adelante tiene importancia, aunque todavía se cierna algún que otro nubarrón, procedente de impaciencias y angustias de gentes que lucen sus ganas de estar histéricas y sus deseos de seguirlo estando. Pero eso es precisamente coyuntura, y en parte se dirige a medir, y de ser posible responsabilizar, controlar o atolondrar al Presidente Electo, lo que a todas luces resulta irónico, pues no se ha esperado ni siquiera a los resultados oficiales de ONPE para empezar a ajocharlo.

Es cierto que el Presidente Electo tiene que medirse con la ciudadanía que lo eligió, pero también la ciudadanía tiene que medirse con la persona que ha elegido para el cargo. Esta confrontación es parte del juego democrático, aunque a veces mucho no pensamos en ello, en parte porque creemos saberlo todo a partir de nuestros prejuicios e ideas preconcebidas. Las campañas electorales nos muestran una parte de las personas, pero de hecho solamente una parte, y muchas veces ni siquiera la más importante. Las personas somos más complejas que el estereotipo en que nos quieren encasillar, y según parece los vencidos aspiran aún a gobernar, olvidando que tienen sus propias responsabilidades en torno a temas como la Guerra Sucia Mediática y las evidentes zancadillas de campaña, que aún tienen que explicar. No podemos dejar que la Histeria nos gobierne.

Hombre Público versus Persona Privada

Hoy que la persona Ollanta Humala es Presidente Electo y está en el centro de todos los focos, me viene a las mientes un dicho del pueblo estadounidense que, mal recordado, dice más o menos así: “Ese señor será el presidente, pero caramba, cuando se levanta por las mañanas, pone primero una pierna en una pernera del pantalón, y luego la otra, igual que yo”. Esto nos permite introducir algunas ideas sobre la relación entre la persona que se es, y el cargo que se tiene. La persona que es Presidente Electo no es demasiado diferente de nosotros, y comparte nuestra común condición humana, excepto por el pequeñísimo hecho que ha sido elevado por sus conciudadanos al rango de Primer Ciudadano de la Nación. Vale decir el Gobernante y Hombre Público por excelencia.

Ser el Primer Hombre Público de un país tan complicado y complejo como el Perú estoy seguro debe ser cuando menos aterrador, ni bien se piensa un poco. Significa tener que constituirse como el ejemplo vivo de las virtudes ciudadanas y republicanas, algo que muy pocos mandatarios llegan a entender verdaderamente, y menos a vivir. Nuestra tradición política de Sapa Incas y Virreyes pone a los líderes políticos por las nubes, y algunos, como es sabido, se marean y pierden la perspectiva. Esto le ha pasado a hombres de gran calidad moral, inclusive. El “mal de altura” suele producir una pérdida de la respiración, un cierto malestar, y luego una sensación irreprimible de estar fuera de foco, que sentimos debe resolverse cuanto antes. En las alturas seguir siendo el mismo ser humano que se era ya no es posible. La mayoría de las personas viven estos cambios de diversos modos, lo que es naturalmente el caso de nuestro Presidente Electo, pero para ello se requiere cierto tiempo de adaptación a la altura, como bien sabe todo aquél que se ha mudado por algún tiempo a nuestros Andes.

El Presidente de la República, por razón de su cargo, representa a la Nación entera. Se convierte en un ícono, en el centro representativo de todas las responsabilidades. Debe mostrar sus habilidades y cualidades, y ocultar sus defectos. Debe utilizar sus ventajas comparativas y disimular sus falencias. Todo el tiempo lo creerán intencionado y alerta, y el problema es que tendrá resfríos, como todo el mundo, y sufrirá días buenos y días malos. Nadine, por más Primera Dama que sea, puede que se despierte ciertas mañanas de mal humor, o los chicos traer malas notas, o las cuentas no cuadrar. Y tendrá que resolver estos temas de uno u otro modo, muchas veces antes de sentarse en el escritorio de los Deberes del Estado. La fuerza de lo cotidiano le puede permitir, sin embargo, no perder la perspectiva. Me imagino que el Primer Hombre Público puede despojarse de arreos, galas y miradas cuestionadoras en la intimidad de su hogar, que se constituye como un bunker de protección de las partes del propio ser que se desea mantener alejadas del trajín público. Pero esta protección será limitada. El Primer Hombre Público pierde una parte sustancial de su entorno físico y social. A partir del lunes, cada vez que la persona Ollanta Humala asome la nariz a la calle, será mirado, escrutado, analizado, comparado y explicado desde su condición de Hombre Público, no desde su condición humana. Imagino que Ollanta Humala, como cualquier marido responsable que se precie, de vez en cuando sacaba a la basura a la calle, y apuesto mi cabeza que los vecinos le dedicaban una de esas miradas compasivas e indiferentes propias de tan banal acontecimiento. Pero el Presidente Electo de la República del Perú ya no podrá sacar la basura sin que aparezcan veinte hueleguisos listos para sacarle la bolsa de las manos, ni sin que se le espulgue alguna clase de intención política oculta, ni sin que la basura sea cuidadosamente escrutada por periodistas o servicios de inteligencia, en busca de claves sobre su acción política, o con fines más inconfesables. También pierde a parte de sus parientes, vecinos y amistades. Es sabido que cuando los amigos son personas de cierta decencia personal, tienden más bien a tomar distancia del Hombre Público, y esperan a que la persona se manifieste. Conseguir mantener las amistades para el Hombre Público implica entonces hacer malabares, porque es obvio que aquellos que se le acerquen lo harán principalmente por interés. Y ni hablemos de la parentela, que es un tema mucho más serio.

Cuéntase por ahí, y no sabemos si será cierto, que cuando el Presidente Lula alcanzó la primera magistratura del Brasil, reunió a sus familiares en un almuerzo o cena bastante bien pertrechado. Cuando estaban en lo mejor, Lula tomó la palabra y dijo, muy suelto de huesos, algo como esto: “Disfruten esta comida, porque será la primera y la última que verán”. Otros Hombres Públicos tienden, por el contrario, a olvidar la separación entre sus familiares y su cargo, con efectos de nepotismo. Es un hecho que saltar de ser un ciudadano destacado a ser el Primer Ciudadano de la Nación tiene que cobrarse algo, por lo menos debe determinar cierta ocultación o desplazamiento de los sentimientos humanos que, indudablemente todos tenemos. Debe ser un tema muy complejo. Ser el Presidente significa que, si bien te pones el pantalón por las mañanas del mismo modo que el resto, el resto ya no te ve como un simple hijo de vecino, sino como una especie de ser superior dotado de poderes extraordinarios.

Buenas Compañías

El Hombre Público, pues, queda aislado del resto en proporciones variables según su condición y personalidad. Queda detrás de un cerco levantado por el cargo que deberá llevar, cuál cruz, por cinco años. Y si algo necesita la persona que está aprisionada socialmente, es compañía. El Presidente Electo cuenta, menos mal, con una familia bien constituida, con hijos pequeños y obvias preocupaciones domésticas. Esto tiene un valor inmenso, considerando que nuestros mandatarios, con pocas excepciones, no han sido muy santos en esto de sostener la Moral Pública. La familia del Presidente Electo, a más de anclarlo en las pequeñas realidades cotidianas, le proporciona un esquema desde el cual relacionarse con sus amistades, y un ejemplo a brindar a toda la nación.

Por más brillante que se sea intelectualmente nadie sabe todo, ni por más poder que se tenga nadie puede hacer todo. Pero nuestra tradición política espera del Primer Hombre Público que cuente con una sarta de atributos que ni Dios. Pero eso es lo que los Otros, los de acá abajo, deseamos y esperamos que pase. Una condición que se espera del Gobernante es que esté despierto y alerta cuando el resto de nosotros no lo esté. Los pueblos duermen tranquilos cuando eligen un buen guardián que esté al tanto de absolutamente todo. Pienso que hemos acertado al elegir a alguien que tiene entre sus rasgos definitorios el de ser un “guerrero vigilante”, que eso significa el nombre Ollanta. La esencia de la seguridad está en la convicción de que el que está a cargo se ocupa que las cosas marchen.

¿Hasta dónde puede ser esto posible? En nuestro país tan problemático, la calidad de las personas de las que el Gobernante se rodee es esencial. El Presidente de la República necesita personas leales, y si son capaces mejor todavía. Es crucial entonces que acierte en la valoración de los subalternos que elegirá para asumir cargos en la estructura jerárquica del Estado, en especial considerando que estos subalternos a su vez deberán elegir sus propios subalternos, y de ahí para abajo. Valorar correctamente le es necesario al Gobernante para otorgar su confianza, para saber positivamente que en tal o cual sector las cosas se harán tal como se planteó programáticamente, y además, de acuerdo a los compromisos que ha asumido, los públicos y los otros, y que en buena medida han determinado su elección.

Porque la habilidad del Hombre Público no está más en lo que sabe o deja de saber, o en lo que hace o deja de hacer. El Hombre Público que apueste a ser Dios se equivoca de medio a medio, cuando debiera apostar a ser una Súper Computadora. Lo decisivo para él es la habilidad en el procesamiento de la multitud de información que recibirá desde todas direcciones, mucha de ella contradictoria. Este procesamiento implica en lo objetivo separar lo esencial de lo secundario, tanto como valorar las posiciones existentes en lo subjetivo. Lo que el Hombre Público necesita sobre todas las cosas son filtros conceptuales que le permitan tomar decisiones, pues la información le debe llegar procesada y lista. No le sirve para nada, a estas alturas, la larga poesía de los diagnósticos y las declaraciones líricas y de principios. En cualquier caso el tiempo de ellos ya pasó. Ahora el Gobernante necesita, fuera de la lealtad, colaboradores capaces de procesar grandes cantidades de información, correctamente y a alta velocidad. Y tendrá que cortar con algunos de sus antiguos compinches, y traer a otros que ni siquiera se imaginaron estar en el bolo.

Malas Compañías

Una consecuencia de las Leyes de Dror mencionadas arriba, y que aplicamos a este tema, lleva al Gobernante al riesgo del bloqueo informativo. Al principio el Gobernante trata de captarlo todo, pero es obvio que el factor tiempo no le dejará hacerlo, y deberá tomar decisiones rápidas en la esperanza que sean acertadas. Esto, sumado a su aislamiento personal, le llevaría a confiar cada vez más en cada vez menos personas, en la medida que la eficiencia de los filtros le demuestren que puede confiar en ellos. El Presidente no tiene tiempo que perder esperando que la gente se explique las cosas para explicárselas a él. Los colaboradores del Gobernante tienen que saber las cosas ya, con toda claridad. Por eso el Gobernante necesita confiar, pero no podrá confiar incondicionalmente jamás. Y no podrá ni siquiera confiar totalmente en sí mismo.

Al respecto me viene a las mientes un recuerdo del mejor jefe que he tenido, del que yo era primer subalterno, y además, sin falsas modestias, el más capaz y confiable. Algunas veces que tratábamos problemas cruciales que requerían una decisión, su actitud y lenguaje corporal me mostraban que de alguna manera “no estaba”, que “se iba” de la conversación. Por suerte éramos amigos y por eso le pregunté qué le pasaba en esos momentos. Él me respondió algo así como esto: “Es parte de mi estilo de ejercer autoridad. Cuando me traes problemas urgentes y complejos, me esfuerzo en salir de mí mismo. Me pongo en tu lugar y en el de otras personas. Pienso qué decidirías tú y otros en mi lugar. Trato de que mis defectos no me cierren la posibilidad de tomar una buena decisión.” En las posiciones de responsabilidad, tener la suficiente confianza en sí mismo para suspender el propio juicio y mirar otras posibilidades resulta fundamental en la Toma de Decisiones.

Los colaboradores eficaces son, pues, necesarios. Pero los colaboradores necesitan también una firmeza de propósito, una inspiración y una dirección adecuadas a las características del Primer Ciudadano, no solo del Presidente. Ollanta Humala ha estado marcando algunos de estos rasgos desde el mismo nombre: Gobierno de Concertación Nacional, que denota su deseo de concertar y negociar, y no limitarse el abanico de posibilidades. Desde lo administrativo parece apostar a tener grandes coordinadores para los temas cruciales de Inclusión, Lucha contra la Corrupción y otros temas, así como especialistas adecuados que le permitan hasta donde se pueda dejar la macroeconomía en piloto automático. Ha manifestado su deseo de ir a todas las partes del Perú que pueda, en una suerte de reedición de la Visita General de Francisco de Toledo, buscando los problemas y tratando de mantener una visión micro, personalizada, no burocrática. Es evidente su deseo de establecer un aparato de colaboradores, técnicos, y funcionarios que combinen las características de innovación, eficiencia y capacidad necesarias para los logros a los que se ha comprometido.

Los Límites de la Autoridad

Los peruanos y latinoamericanos creemos de alguna manera que el Gobernante es Dios. Pero, a diferencia de Dios, el Primer Ciudadano tiene límites surgidos tanto de su condición humana, como del común límite temporal al que estamos sometidos. Encima, a la visión del Gobernante Absoluto que tenemos enquistada en nuestras mentes, nuestras constituciones y leyes le oponen límites a su autoridad, que no siempre entendemos.

El orden jurídico de nuestra República Democrática se basa en la separación de poderes, y determina que el Presidente de la República tenga que convivir con una suerte de gentes que ejercen autoridad aparte de él, y sobre las que no tiene mando directo o, si lo tiene, lo tiene en ciertos aspectos y en otros no. Los Presidentes de los Poderes Judicial y Legislativo están en su nivel jerárquico, y poseen autonomía. Los Jefes de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, si bien le deben obediencia como Jefe Supremo, no tienen por qué consultarle acerca de muchísimas cosas que están en sus institucionales atribuciones. Los Presidentes Regionales, los Alcaldes, y un largo etcétera poseen autoridad en cuestiones precisas en las que el Gobernante no puede intervenir directamente. Si ciertas Instituciones están bien dirigidas o configuran clústers cerrados, como la SUNAT, pueden marchar solas, tal como debe ser. Adaptarse a estos hechos requerirá del Gobernante tiempo y esfuerzo consciente.

Además están los poderes fácticos, que en la actual coyuntura tratan de medir los límites de la autoridad del Presidente Electo, a veces de modo bastante descortés y hasta irrespetuoso. Los poderes económicos están representados por Presidentes de Directorio, dirigentes de gremios y personas individuales sin cargos pero con enorme influencia en los asuntos financieros y productivos del país. Los representantes del Trabajo y de la frondosa Sociedad Civil en cierto modo están también en esta situación. El Presidente de la República podrá ser Presidente, pero aunque puede formalmente, por ejemplo, emplear sus atribuciones para lograr colocar un representante del estado en el Directorio de una empresa privada, más le valdrá no hacerlo a no ser en último extremo, so pena de perder la confianza que, con dificultad y muy retrecheramente, eventualmente le otorguen.

El Presidente de la República, además, tiene pares, es decir los Mandatarios de otros países, con los que tiene obligadamente que establecer relaciones y resolver diversos conflictos. Los pares de los países vecinos revisten especial trascendencia, en una negociación constante de fuerzas. Y la relación con Estados Unidos requiere de muchos cuidados.

Todo esto quiere decir que si en teoría el Presidente es el Mandatario Supremo de la Nación y dirige los asuntos de Estado, en la práctica encontrará diariamente diversos personajes y autoridades, cada cual en su parcela grande o pequeña, todos celosos de sus derechos, prerrogativas, autoridad y autonomía. Y deberá aprender qué hacer en cada caso. Y para eso necesitará tiempo y esfuerzo consciente.

Colofón

La habilidad primordial del Hombre Público /Gobernante está, sobre todo considerando las actuales circunstancias, en dos cosas fundamentales: Saberse rodear de personas confiables, leales y capaces en sus respectivas áreas; y negociar con eficiencia, manteniendo las propias prioridades con toda claridad, entendiendo desde ellas las posiciones de cada interlocutor y calibrándolas constantemente en función de los intereses supremos de la Nación. Es una menuda tareíta. No todo se puede resolver aplicando energía, aunque deberá utilizarla en los momentos oportunos. Ni todo puede resolverse negociando, aunque deberá hacerlo todo el tiempo. Y cuando haga una cosa u otra, de acuerdo al equilibrio general que debe guardar en todo momento, siempre habrá algunos que le gritarán que lo hizo mal. Entiendo, sin embargo que las características personales del Presidente Electo auguran buenos vientos para la nave del Estado y para el país en su conjunto. Le deseamos suerte y bonanza.

lunes, 28 de marzo de 2011

HUMALA, EL MALO – O el desencuentro de Dos Mundos


Hace unas décadas, la mediocridad de la cartelera cinemera nacional estaba relativizada por ciertas infiltraciones procedentes del cine italiano, francés, británico, hindú, chino, a veces japonés, ruso o estadounidense, y en unas pocas ocasiones, el australiano. Hoy en día esto es más difícil, pero en aquellos quizá no tan dorados tiempos, pero sí menos oligopólicos, una película australiana alcanzó a ser exhibida, y dejó honda huella en los pocos que la vieron. Nuestros tituleros le pusieron “Encuentro de Dos Mundos”, y narraba con precisión y sabia elipsis cinematográfica el encontronazo entre una joven estudiante de Sydney, perdida en medio del Desierto australiano, y el aborigen australiano que le ayuda a sobrevivir el Desierto. Sus mundos no podían ser más opuestos, en especial cuando entre el joven aborigen y la joven citadina surge una especie de atracción sexual, mediada claro está por dos códigos culturales de conducta diametralmente opuestos, y que ninguno de ambos consigue manejar adecuadamente. La dramática y previsible culminación se da con la muerte física del australiano y el permanente desasosiego instalado en la sensibilidad de la joven.

Realidad política “virtual” y Realidad política “real”

Si consideramos que ambos dos, el aborigen pintarrajeado y la elegante estudiante de Sydney, eran nominalmente “ciudadanos” del mismo país, Australia, el drama del desencuentro no puede estar más marcado. Y decimos esto porque tenemos ante nuestros ojos las reacciones en redes sociales (Facebook, Twitter) al repentino – y puede que orquestado - repunte del candidato Ollanta Humala, que ahora lo coloca, ante el asombro de los féisbukeros y tuiteros, en el primer lugar de las preferencias electorales según una encuestadora. Y observamos un espíritu en muchas intervenciones curiosamente negador de ciertos hechos de la realidad “real”. Por supuesto, sabíamos que la realidad “virtual” suele desplazar a la realidad “real” del foco de atención del usuario. La realidad “virtual” es, no lo olvidemos, una creación del usuario a través de herramientas proporcionadas por “Developers” – Desarrolladores – de Programas. La Internet se paga y los programas se compran. Es decir, no están al alcance de todos, sino del que puede pagar. El Homo Economicus se impone aquí sobre el Homo Sapiens a secas. Pero seguimos siendo Homo Sapiens, aunque ello nos cueste y en el fondo nos disguste. Supongo que a todos nos gustaría que el mundo fuera como lo queremos, convenientemente dotado de aquellas cosas que nos gustan, y convenientemente despojado de aquellas que nos disgustan. Y como es en cierto modo natural, una necesidad tan profunda como ésta es cubierta desde el lado de la Oferta con mundos virtuales artificiales, y qué mejor mundo que aquel que me puedo fabricar a mi medida, donde puedo interactuar con otros mostrando algo de mí, mientras oculto otras cosas que me avergüenzan o que simplemente no deseo que sean visibles, y “ser” en lo virtual la persona que me gustaría “ser” en la realidad. Y así dejo de tener “relaciones” con el mundo “real” para, en vez de ese pesado trámite de conocer a las personas e integrarme a la sociedad, empezar más bien a “interactuar” cada vez más con ellas a través de la mediación impuesta por la realidad virtual.

Y no es que haya que quejarse mucho de ello. El problema se daría cuando se confunden los planos y se llega a lo patológico, o cuando se pretende vender virtualidad como si fuera realidad. Como cualquier avance tecnológico, el problema no está en el avance mismo, cuanto en la actitud con el que lo afrontamos, o la posibilidad de manipularlo desde los poderes fácticos. Es un problema de qué tan capaz es el Homo Sapiens de enfrentar, integrar y aprovechar el avance tecnológico. No todo el mundo se vuelve loquito por la Internet. Y por otra parte, tanto Hitler como Roosevelt usaron la radio con las mismas técnicas, aunque con principios y objetivos diametralmente diferentes.

Como es obvio, no podemos fabricarnos virtualmente una “república imaginaria” donde, por ejemplo, y como quería un amigo mío, solamente voten los que pagan impuestos directos – que implicaría el ingreso suficiente para financiar los costos de la “realidad virtual” – y, por ende, podamos eliminar de nuestra vida a aquellos que no son como nosotros, es decir, la indiada que no tiene Internet, o que accede a él por vía de cabinas. Nuestros hogares constituidos como bunkers de aislamiento nos permiten vías de ingreso y salida de data particulares a cada uno de nosotros, los que podemos. El cable nos permite abandonar la TV nacional, elaborada para la Indiada. El control remoto nos desata de la obligación de ver un programa, escuchar un comentario o soportar un aviso que no nos guste. Podemos elegir la música y las opiniones o comentarios que queremos escuchar. Sin embargo, y aunque hemos conseguido reducir nuestro margen de involucramiento con el mundo “real”, debemos pasar por el aro muchas veces, en especial cuando salimos a la calle y nos topamos con que en la esquina hay, por ejemplo, un anciano que pide un pan para comer.

Este contacto entre nuestras virtualidades y nuestras realidades podría movernos el piso, y así poder percibir el sismo que resquebraja el cómodo edificio tan detalladamente construido de las creencias con las que construimos nuestras vidas. No nos gusta, pero el mundo no se circunscribe a las cuatro paredes virtuales de nuestra pantalla. No nos agrada, pero resulta que esos millones que no poseen Internet ni pagan Impuestos Directos, y que necesitan de programas sociales para poder malvivir, resulta que esos también son, igual que nosotros, ciudadanos reales, no virtuales. Pero no son ciudadanos de la República Feisbukiana-Tuitera o de la Confederación de Mundos Virtuales.

La irrupción de la Realidad Real

El problema de la realidad virtual es que es virtual, precisamente. Quizá en algunos siglos, o decenios, quien sabe, el mundo esté poblado por los sobrevivientes de un holocausto medioambiental, aislados en sus bunkers climatizados artificialmente y protegidos de los rayos Ultra Violeta, e interactuando unos con otros mediados por inimaginables medios de parodia de la realidad “real”, hasta el punto que desaparezca toda distinción entre ella y la realidad virtual. Tampoco es que amamos tanto la realidad real para desgañitarnos por ella. En especial cuando la percibimos como agresiva y difícil. Pero en la actualidad aún algunos suponemos que cierto grado de salud mental viene dado por el conocer, aceptar e intentar modificar en lo posible la realidad “real”. Por lo menos mientras culturalmente entendamos por realidad “real” lo que entendemos desde Aristóteles, un mundo aparte de nuestra percepción de él. Mucho tendría que cambiar para ello. Pero en el aquí y el ahora estamos en este mundo real, que le sigue dando soporte al mundo virtual.

Entiendo que para muchos que se han educado y vivido dentro de una forma de vida que rechaza todo displacer y que puede no aceptar aquello que la vida tiene de complejo, desagradable, sucio y desordenado, la medida de lo inaceptable sea tan baja como para no aceptar que haya otra gente distinta a nosotros, que piensa y siente distinto y que se merece su lugar bajo el sol. Los especialistas nos señalan los mecanismos de defensa que se emplean cuando no se desea aceptar una realidad específica. Como no soy especialista en el tema, apenas un observador participante de la realidad “real”, no me adentraré en ellos. Pero sí me parece interesante contrastar ciertas creencias.

Globos llenos de humo

Observemos qué pasa en redes sociales. Si los únicos que votaran en las elecciones de abril fueran los miembros de las redes sociales, la pregunta de quién ganaría y quién perdería es más o menos obvia. En este mundo virtual parece seguro que la candidatura de PPK obtendría un porcentaje muy significativo de votación. Pero, claro está, si dicha candidatura es ingresada al mundo “real” el globo tenderá a desinflarse, en la medida que el impacto de las redes sociales es relativo, en especial considerando que hasta hoy para ser ciudadano apto para votar en la República del Perú no te piden conexión de Internet, sino DNI. Que tampoco es deleznable poseer Internet, tampoco. Por ejemplo, los que tenemos Internet y Féisbuk sabremos de encuestas que no se publicarán en los medios masivos de comunicación, es decir, para nosotros la prohibición de encuestas una semana antes de las elecciones no cuenta, porque precisamente somos una República tan aparte de la República del Perú como lo era la “República de Españoles” de la “República de Indios” durante el Virreinato. Se sabe positivamente que entre las redes sociales y los medios masivos hay vasos comunicantes en ambas direcciones, y aunque las redes, como averiguó a su costa Antanas Mockus en Colombia, no son decisivas para nada, sin embargo, la procedencia social y cultural, la formación de nuestros dizque jóvenes periodistas, y la ley del mínimo esfuerzo que informa casi todo lo que hacemos en el Perú, determina que vayan a buscar las noticias a publicar en las redes o en Internet. Lo que hacen de modo mediocre, incompleto y repetitivo, además.

Añadamos el hecho que esta división entre lo virtual y lo real tampoco es nueva. La manipulación vía medios de comunicación es antigua y archiconocida en nuestro país. Sus técnicas forman parte del cuerpo de conocimiento de las disciplinas enseñadas en la Universidad. Forma parte del desencanto general el descontento de las gentes con el desempeño de los medios de comunicación, que por cierto éstos jamás publican, por autodefensa y porque para algo sirve tener la sartén por el mango. También hay relatividades. Los medios escritos no tienen la misma penetración que la radio o la televisión, que son en términos manipulatorios muchísimo más potentes. A diferencia de los medios escritos, que requieren el pesado trabajo intelectual de comprender lo que se lee, los medios masivos trabajan imágenes visuales y auditivas, y es posible crear desde las pantallas y los radiorreceptores un cierto estilo de mundo virtual. Los medios escritos tratan de hacerlo creando enormes Datzibaos en cada quiosco de periódicos y la valía de cada medio escrito para influir la opinión depende del tamaño de las letras de sus títulos y la cantidad de “letreros” que controlan por vía de concentración de capitales. El tema ahí es el nivel de efectividad de los medios para suplantar la realidad por la virtualidad.

Yo puedo decirte que te va muy bien, que el Perú crece, que ahora no hay que emigrar para vivir, y que al Perú no lo para nadie. Y se puede machacar cien veces al día, pero difícilmente pueden creérsela el taxista que tiene que tanquear su unidad, el comerciante que debe vender su mercancía hoy o nunca, el agricultor que pierde su cosecha por la helada, la tejedora que tiene que completar tantas piezas para que le paguen mal y nunca, aunque eso sí, es posible que repitan como gramófonos que nos va bien, porque para eso sí sirve este pavloviano método. Tampoco se la pueden creer los que hacen cola en la seguridad social, o los que después de andar 30 kilómetros encuentran cerrado el puesto de salud, o los muchachos que se sientan en ladrillos para “estudiar” después de haber tomado un té ralo. Se puede instalar o crear un lenguaje falaz, que no es poco, pero producir una creencia sostenible es mucho más complejo que eso. La manipulación mediática tiene límites concretos en su capacidad para virtualizar el mundo.

Teóricamente uno de esos límites concretos, impuesto desde las estructuras sociales y políticas democráticas, es la libertad de expresión. Si existe libertad para expresarse, se entiende que hay libertad para que las distintas maneras de ver el mundo compitan entre sí. La virtualidad quedaría deconstruida porque se supone que los ciudadanos tienen la capacidad de hacer juicios sobre el ajuste mayor o menor de lo que se dice en los diferentes medios, con su realidad, y puede así contrastar al uno con la otra. Por supuesto no hay nada más falaz que suponer que este Blog, pongamos por caso, pueda tener más lectores que un diario que invierte millones. Otra es creer candorosamente en la bondad natural de los que tienen interés en que las cosas se sostengan como están. Otra falacia es la de suponer que los ciudadanos, con el sistema de educación que tenemos, han desarrollado sus capacidades críticas hasta el punto de poder enmendarle la plana a quienes, con todos los medios a su alcance, pueden imponer sus puntos de vista y crear corrientes de opinión por la simple capacidad de difusión y repetición de mensajes.

Humala el Malo

Recuerdo esa antigua comedia nacional de la televisión nacional donde Ricardo Fernández personificaba al famoso “Malulo el Malo”. Cada vez que los otros personajes lo chequeaban le soltaban en coro la muletilla “¡Malulo el Malo!”, seguida de otra muletilla a cargo de Don Ricardo, “¡No me digan Malo, que soy Malulo!”. Aunque parezca mentira, yo estaba de parte de Malulo, que siempre tenía que luchar contra esa etiqueta que le adjudicaban los demás, y que siempre estaba en el brete de tener que comportarse como todos le decían que era, cuando él solamente deseaba ser Malulo. A Ollanta Humala se le trata como a una suerte de “Malulo el Malo”, si nos atenemos a la virtualidad. El candidato Humala, de acuerdo a ellas, es más malo que el Diablo, y se pasea por el mundo frotándose las manos buscando con frenesí cosas que estatizar (cosa que debe ser horrible), para poder convertir todo lo que le pase por delante en satélite de Hugo Chávez. Es racista, homofóbico y autoritario. En suma, es MALO. El trato mediático que recibe me recuerda ese eslogan tan bobo venido del Norte con el que se pretendía combatir el empleo de estupefacientes, y que simplemente repetía lo que un superdotado Ronald Reagan decía respecto a ellas: “Just say no”. Aquí, con la originalidad que nos caracteriza, copiamos eso traducido a un “A la Droga dile NO”, y los efectistas medios propagandísticos empleados para difundirlo tuvieron por efecto marcar en la mente de los consumidores de drogas que era tan malo y tan prohibido lo que seguían y seguirían haciendo, que era tan transgresor e ilícito que por lo tanto era maravillosamente rico; creando el contraproducente efecto de aumentar el número de gentes que probaban la droga.

Desde la realidad virtual construida en los medios de comunicación y que rebota hacia las redes sociales, Ollanta Humala no solamente es terrorista, sino que a la vez es un militar violador de derechos humanos en la lucha contra el terrorismo. Es lo peor que le podría pasar al mundo. Es culpable de absolutamente todo. Es más malo que el lobo de Caperucita, que la madrastra de Cenicienta, y que Mefistófeles el de Fausto, todos juntos. He aquí un Ollanta Humala “virtual”, lo que por supuesto no nos dice nada acerca del Ollanta Humala “real”, que puede que sí o puede que no tenga esas características. Todo esto ni siquiera nos habla de lo que realmente creen de él sus adversarios, solamente nos informa de aquello que alguienes quisieran que creyéramos. En realidad de lo único que nos habla claramente es de un tipo de lenguaje virtual, que muchos dentro y fuera de redes sociales repiten pavloviamente como si fuera “real”.

Por supuesto, el equilibrio en el juicio que se manifiesta principalmente en el mundo “real”, en el “mundo virtual” de la prensa escrita y las redes sociales está casi totalmente ausente. Puede ser mucha verdad que la política es pasión, sin embargo yo entiendo que debería ser también cerebro, sobre todo a la hora de votar, que no es cuestión baladí. Porque la demonización no solamente no funciona, sino que la mayor parte de las veces produce efectos contrarios a los esperados.

¿Puede alguien creerse, siempre y cuando emplee sus neuronas, que se puede ser terrorista y militar represor de los derechos humanos, a la vez? Es como decir que se puede ser hincha de Universitario y del Alianza a la vez en un Clásico. Por supuesto no solamente eso es encasillar a alguien que puede ser hincha del Sport Boys, sino de repente a alguien que ni siquiera va al Estadio. Está tan claro, si es que se posee una mente pensante, por supuesto, que ambas cosas no pueden ser verdad - probablemente ninguna lo sea -, que cualquier persona con medio dedo de frente o no se la cree, con lo que se arrojan dudas sobre la lógica, la sinceridad, la intención o el equilibrio de quienes afirman esto, o si se la cree, es que ya traía de antes una mente bastante escindida. Pero entendemos que una campaña dirigida a destruir a alguien es porque ese alguien constituye un riesgo para los que hacen la campaña, y como no nacimos ayer, sino antes de ayer, no nos la creemos cuando se nos dice que se gastan millones para evitar que gane Humala el Malo por pura generosidad empresarial, o porque el que manda sabe mejor que yo lo que me conviene. Como me considero individuo pensante, busco los hechos, examino los antecedentes y razono los verdaderos motivos, porque no siento interés alguno en los cuentos chinos. Si me dicen que Humala el malo es terrorista y además militar violador de derechos humanos, me doy cuenta que me proporcionan términos contradictorios de la cuestión para que mi yo manipulado adopte el que le resulte conveniente a “ellos”, la verdad o la coherencia no son valores de importancia. Y por supuesto, con eso subestiman la inteligencia genética de los peruanos. Y digo genética, porque la adquirida es simplemente pésima y se dirige a estupidizar a la gente antes que a formarla. No olvidemos que en el Perú todo aquel que algo vale ha surgido contra el sistema, no con él o gracias a él. Y se nota que ya no está Rendón para dirigir la campaña, porque a los encargados de moverla se les acabó la creatividad y ya no tienen nada nuevo qué decir que antes no hayan dicho y amplificado.

Naturalmente, lo absurdo y contradictorio de la expresión no detiene la expresión. Muchos se lamentan en las redes sociales y en los medios escritos de comunicación – a veces se les escapa a los otros medios - de la estupidez y estulticia del pueblo peruano. Se cree que la gente que no cuenta con los beneficios de Internet es… y lo diré de una sola vez, IGNORANTE. Fomento del Prejuicio, por supuesto. Celebración del Estereotipo, qué duda cabe. Pues escoger entre votar por Keiko la ex Primera Dama, o por Humala el Malo puede tener para los que asumen estas opciones, tan buenas o mejores razones que votar por un Presidente con antecedentes de debilidad – como Toledo Etiqueta Azul – o por uno que hará y no te contará como la financió – como Castañeda Comunicore – o por alguno cuya nacionalidad y lealtad está en entredicho – como PPK, repentino “gringo atrasador”. A la hora de la hora a cada cual le cae de la suya, y de eso se trata. Y todos tenemos derecho a tener opiniones. Pero también la obligación de usar las neuronas.

Matar el estereotipo

La gente que no tiene Féisbuk o Tuiter, es decir que no es “como nosotros”, no es bruta. Seguramente nos gustaría creer que poseer Internet es participar de la “modernidad” y estar en “otro nivel”. Pues no, mis amigos. Tal vez en cuanto a la realidad virtual eso pueda funcionar en algo. Pero en la realidad real, tenemos y debemos contar con todos los peruanos en una democrática relación de igualdad. Preguntémonos, por ejemplo, por qué “ellos” no están en Féisbuk. Tal vez podamos encontrar algunas respuestas. Ellos, la inmensa mayoría del país que no es propietaria de medios de comunicación, que no lee la prensa escrita, ni está en Féisbuk o Tuiter, aquellos cuya expresión no se oye, padre, también son ciudadanos de este país. Cuando decimos o pensamos que esta gente es estúpida, que no está a “nuestro nivel”, y que no posee inteligencia porque vota por uno o por otro que no es de nuestras simpatías, lo que realmente estamos escondiendo es que nosotros somos ciudadanos de primera categoría porque tenemos los medios que nos permiten tener Internet, es decir, la diferencia entre ellos y nosotros, es que ellos no tienen plata.

Todo esto nos demostraría la espantosa situación social en la que estamos inmersos y la necesidad de romper con los ghettos que nos circundan, nos someten y nos deforman. Muestra por desgracia que la ignorancia está más extendida de lo que creemos. Porque una cosa es saber que no se sabe, y otra bien diferente es creer que lo que sé es la verdad absoluta. Aquí cuenta la distinción socrática entre la ignorancia ignorante y la ignorancia ilustrada: El que cree que sabe sin saber no tiene remedio; el que sabe que no sabe, en cambio, aprende. El que tenga olfato, que oiga.

miércoles, 23 de marzo de 2011

UNA VISITA AL CARDENAL PRIMADO DEL PERÚ

(Corta Interrupción de la serie sobre Elecciones y Gobernantes en la Historia del Perú)


Nuestro amadísimo Cardenal es una persona extremadamente especial. Goza de un puesto de autoridad proveniente de una Institución que representa en la actualidad líneas muy conservadoras, incluso desde el Vaticano. No es una autoridad política, pero es indudable que desde que el mundo es mundo, las Iglesias tienen implicancias políticas reales, efectivas y concretas en el devenir de la política. Cualquier política realista debe tomar en cuenta este poder. Muchos años atrás Pablo Macera señalaba lapidariamente que en el Perú se gobernaba teniendo de una mano a la Iglesia, y de la otra al Ejército. Es decir, en corto, a los que influyen las conciencias y a los que portan las armas. Dos fuentes de poder indudables.


Con el tiempo esta visión ha cambiado y se ha diversificado. La Iglesia Católica ya no es la única fuerza que influye en las conciencias. Los medios de comunicación, otras Iglesias cristianas y de las otras, y diversas corrientes laicas se reparten una influencia sobre las mentes que antes era mantenida con mano de hierro vía los mecanismos sacramentales. Por otra parte muchas personas, en su fuero interno, no adscriben a estas posiciones. Los agudos conflictos históricos entre Iglesia y estado que se desataron en América Latina desde los años 30 y 40 hasta la actualidad, en el Perú no se produjeron con la misma intensidad. La fuente de conflicto más dura fue la Reforma Agraria del General Juan Velasco Alvarado, que afectó al antiguo y mayor terrateniente de la época, la Iglesia Católica. El Cardenal Juan Landázuri, hombre de Dios de inmensa caridad cristiana, puso por delante esta característica que debiera informar las acciones de los actuales dignatarios católicos, y renunció a la propiedad de estas tierras, evitándole al Perú un conflicto de grandes proporciones, y dando muestra de que a veces las Iglesias pueden ajustarse a las necesidades de la justicia. Viendo el desempeño de nuestro actual Cardenal – Arzobispo, cómo se le extraña a Landázuri.


Si pensamos en los milenarismos brasileños, o la guerra de los cristeros en México, veremos que nosotros al fin y al cabo la pasamos piola. La Teología de la Liberación, producto peruano de exportación, proporcionó un equilibrio necesario a la Iglesia Católica, cosa que hoy extrañamos al ver a la Iglesia de Bartolomé Herrera y Hubert Lanssier tan decantada a un conservadorismo tan poco ajustado al ágape cristiano. Los grupos de laicos conservadores católicos más extremos invariablemente son grupos de personas con mucho dinero y poca sesera, que reproducen las diferencias sociales y les otorgan carácter de voluntad divina, que terminan presos en contradicciones que de cuando en vez saltan, y que se acallan en medios de comunicación porque la imagen es lo último que se pierde. La estructura de la Iglesia Católica de hoy no proporciona suficiente guía a estos grupos y tampoco a la gran masa de sus feligreses. Tampoco es que sea una organización muy santa. En nuestro país la Iglesia Católica se las arregló para estar apegada al poder económico y político de modo tal que su influencia se empleó en la defensa y refuerzo de las posiciones conservadoras, y a la inversa, fue defendida – y aún lo es – por los grupos más conservadores, aunque no con la unanimidad de que solía gozar. Una simbiosis de poder, en suma. Pero que afecta la labor que supuestamente se planteó a sí misma hace ya siglos. De hecho, y como suele ocurrir con las Iglesias, el compromiso político se tragó al Catolicismo Peruano, que nunca fue demasiado fuerte ni en sus mejores momentos, y que por desgracia históricamente ha estado mayoritariamente del lado de los poderosos, formando al final parte objetiva de la alianza para extraerle la plusvalía a las gentes, con la excepción de personalidades y grupos que sostenían y sostienen otro y más evangélico espíritu.

La Iglesia Católica es en consecuencia, y hoy más que nunca, una fuerza política, con posiciones, compromisos y alianzas, a la que, como a todo actor político, es necesario considerar en un análisis concreto del tejemaneje político. Ello, como es obvio, no tiene mucho que ver con quien ocupe el solio. Podría ser la Madre Teresa de Calcuta o el fraile Torquemada. Igual hay que caer por ahí. Y sonriendo además. A la vista de ganar las elecciones y asumir el control del aparato del estado, las relaciones con el vecino que administra la Catedral se vuelven repentinamente importantes. Cabe entonces, en una acción política medianamente eficaz, establecer como aliada si es posible, o por lo menos neutralizar, a dicha fuerza política. ¿Cómo se neutraliza la posición política de un grupo político? Esto es parte de la teoría de las alianzas. Por lo general primero se establece una línea de comunicación que permita el intercambio de ideas y opiniones. Luego se buscan los elementos comunes que permitan establecer conversaciones y tratativas. Se refuerzan los puntos en común. Se negocia. Se llega a cuerdos acuerdos. Casi un protocolo de Realpolitik.

Es así que un rito no tan formal como la Misa o la Confirmación, pero igualmente importante, es el de que los candidatos a la Presidencia de la República se den su vuelta para visitar al posible vecino. Naturalmente es una reunión de lo más cordial, llena de lugares comunes acerca del rol histórico de la Iglesia en la formación de la nacionalidad del Perú, y de la importancia de mantener buenas relaciones entre la Iglesia y el estado, ambos preocupados por el bienestar de la Indiada, etc, etc, etc. Es decir, podría haber sido una cosa muy sencilla, una de esas conversaciones que no te obligan a nada pero que establecen líneas de comunicación que dado el caso serán necesarias. O que cuando menos, no estorba tener. Conversar no es pactar, decía Don Ramiro Prialé, epítome de los negociadores políticos en nuestro país.

Por otro lado, la reacción de los grupos ciudadanos de defensores de los derechos de las personas de diferente orientación sexual ha sido muy interesante. Creo en lo personal que los ciudadanos de diferente orientación sexual necesitan y deben tener vías para que las situaciones afectivas y legales creadas a nivel de las parejas sean protegidas por el Estado, en el mismo nivel, equivalencia o igualdad de las relaciones entre los heterosexuales que son el resto de la población. Se legisla por la naturaleza de las cosas, no por la condición de las personas. Las leyes deberían diferir lo menos posible de los usos y costumbres, y más aún en el terreno afectivo social. Contra esto va la ausencia total de políticas de fomento social, que en nuestro ordenamiento legal obedece a muchos factores. No tenemos, o si las tenemos son inoperantes, políticas de juventud, de infancia, de adulto mayor, de parejas, de género, de adopciones, etc. Falta, error, inconsecuencia y responsabilidad de los que hasta hoy nos han gobernado, de los cuales muchos intentan hoy repetir el sabroso plato. Esta ausencia de visión de desarrollo social es uno de los grandes temas pendientes, y forma parte de la Deuda Social que los administradores del estado peruano, ocupado en favorecer a los grandes conglomerados a cambio de migajas, no se ha preocupado de satisfacer.

Menos aún se han establecido políticas para el caso de las personas de diferente orientación sexual. Pero aclaremos. Los derechos son algo esencial en el ordenamiento democrático. Pero convertirlos en realidad es complejo, y depende del principio de realidad, es decir del mapa político en concreto y del avance de la opinión pública. El ejemplo de la abolición de la esclavitud es notable y muy análogo. En una perspectiva maximalista tenía que hacerse, debía hacerse, era cosa ya no solamente de derechos sino de humanidad y de dignidad. Pero se necesitaba o el dinero para pagar, o una guerra civil. De hecho en Estados Unidos hubo una guerra civil. Y en Brasil el tema era tan esencial que produjo la caída del imperio y la fundación de la República. En nuestro país el guano financió la liberación de los esclavos y nos evitamos una guerra social. Por supuesto, esto los maximalistas se lo criticaron a Ramón Castilla en nombre del deber ser. Pero la esclavitud fue abolida.

Sin embargo, la situación de las personas de diferente orientación sexual en el Perú no es como la de los esclavos del último tercio del siglo XIX. Menos mal. Ni tampoco son tontos ni están ahí esperando que los liberen, lo que es mejor aún. En mi modesta opinión, las personas de diferente orientación sexual deben ejercer todos los derechos que nos asegura la ciudadanía en un estado democrático, y soy partidario de una apertura total, hasta maximalista en ocasiones. Pero una cosa es con guitarra y otra es con vihuela. Veamos la operatividad de las cosas, es decir el problema concreto de convertir una aspiración en un hecho político. En mi experiencia asesorando y elaborando Planes de Gobierno, me costaba muchísimo, incluso en partidos de izquierda, introducir el tema puntual de los derechos y libertades que se les debe a las personas de distinta orientación sexual. Personas con indudables raíces revolucionarias, luchadores sociales valientes y capaces se oponían a esta ampliación natural de los derechos mostrando una homofobia completamente inconsecuente con sus avanzadas posiciones en otros campos. Muy humano, por cierto. Había particular oposición al “matrimonio gay”, por motivos de nombre y de rasgos del matrimonio en el Perú, que está tan arrejuntado con el tema del matrimonio religioso, que es considerado “Institución”, y no solamente “Contrato”, como en la mayoría de los países. Y es que esta “Institución”, por serlo, es protegida por el Estado, y esto es constitucional e imposible de soslayar. Tampoco es que estos políticos de izquierda opositores al matrimonio gay fueran impermeables, en especial cuando se les mostraba los hechos reales sobre los que había que crear posiciones y tomar en cuenta. Tampoco dejaban de entender que hay vastos sectores de población con diferente orientación sexual, cada uno con su voto,m y que esos votos pueden ser orientados al voto preferencial. Y así apareció en la discusión política la figura, en varias partes a la vez, de la “Unión Civil”, contrato pero no institución, que pareció en aquel momento producto de una negociación política nada deleznable. Poner de acuerdo a políticos profesionales es tarea para los chinos que construyeron la Gran Muralla …


Se entiende que las organizaciones que nuclean a personas de diferente orientación sexual sean maximalistas. Como a muchos, me hizo sonreír la manifestación de chapes hecha al frente de la casita del Cardenal-Arzobispo. Era singularmente apropiada, y extraordinariamente bien dirigida, aunque es cierto que lindaba con la invasión de propiedad. Sin embargo, tomada con cierto liberalismo, no resulta muy diferente de la ritualizada forma en que los sindicatos y organizaciones sociales de base estructuran sus marchas al Congreso, gases lacrimógenos incluidos. Como para darles a los compañeros LGTB la bienvenida en nombre de todos los “protestantes” del Perú. Pero sospecho que tienen que aprender aún que parte del rito también es que su manifestación y posiciones sea minimizada, deformada o banalizada. Y que si logran visualizar su tema, este será atacado, no importa la justicia de su causa. Naturalmente, en la defensa de sus derechos, siguen y seguirán contando con el suscrito.

El que un político como Ollanta Humala le señale al Cardenal Primado del Perú que su familia es católica o que las familias de Nadine y la propia son familias conservadoras, no nos parece que sea para tanto. No le va a contar que nunca van a Misa, si es que no van, claro. Decir de lo que es, que es, es decir, según Aristóteles, la verdad. El Presidente de la República gobierna para todos los peruanos, héteros y homos, varones y mujeres, católicos y ateos. Tiene que andar con la opinión pública, es lo que le corresponde, y lo que más le vale hacer si no es tonto. Y aunque no nos guste no es tema fundamental en el Perú la situación legal de las personas de distinta orientación sexual, lo es el tema de las estructuras familiares, que lo abarca. Y tampoco creo que el manejo que Ollanta hizo del tema haya sido el mejor. De hecho creo que pudo hacerlo mucho mejor. Pero perdónenme mis amigos, el problema del aborto es mucho más grave. Perdónenme mis amigos, pero hay muchas más familias con un solo padre que personas de orientación sexual diferente, aunque a veces coincidan las problemáticas. Perdónenme mis amigos, pero la situación de las familias en el Perú, sin chamba, sin salud, sin educación, sin servicios, sin seguridad, abarca a la de las personas de diferente orientación sexual. Por ser de distinta orientación, no han dejado de ser ciudadanos ni de padecer estas situaciones que, según parece, la mayoría de los candidatos no está afrontando frontalmente en su afán por sostener el modelo económico.

Para culminar, veamos el asunto desde una perspectiva que suponemos más realista. Entre las posibilidades reales de presidentes de la república que tenemos, ¿Será Toledo el que volverá funcional el tema? Recordemos que frente a la presión mediática ya retrocedió sobre el tema, imaginemos qué pasará cuando tenga que enfrentarse con Cipriani, sobre todo considerando lo que le pasó en su anterior gobierno, extraordinariamente débil. ¿Y Keiko? Me parece que ella más bien no ve con simpatía el tema… ¿Y Castañeda? Bueno, ahí francamente no sabemos, pero creemos que en vez de apoyar a las personas de diferente orientación sexual, posiblemente les construya una escalera. ¿Y PPK? Me parece que es demasiado conservador para meterse con la Iglesia. Visto desde esta luz, las cosas se ven un poco diferentes.

El problema con este tema, como con otros, es que siempre será un tema polémico, guiado de las hormonas o del hígado en vez de ser afrontado por las neuronas. No creemos ser los dueños de la verdad, pero creemos que nuestra opinión merece ser manifestada, en especial porque pensamos que la política también es una ciencia. Y ya vuelvo con la segunda Parte de Elecciones y Gobernantes en el Perú.