martes, 20 de septiembre de 2011

CONTRA LA TELEVISIÓN Y LOS FALSOS DEBATES


CONTRA LA TELEVISIÓN Y LOS FALSOS DEBATES

El objetivo principal de las televisiones comerciales es la rentabilidad económica de otro modo no tiene sentido su existencia.
 (Santos, M. y Pérez, J.; 2004: 336).o
La televisión ha hecho del entretenimiento su formato natural y, por tanto, nos presenta el mundo desde la perspectiva del espectáculo. Es una idea típicamente comercial emanada de una cultura televisiva ligada íntimamente al anuncio, que lógicamente no puede ser aburrido. 
(Piedrahita, 1995: 86).

Introducción

El sábado 17 de septiembre de 2011, el diario La República publicó uno de sus excelentes Dossiers referidos a temas de actualidad. No necesitan mi propaganda pero igual se las doy. Un grupo de profesionales y personajes vinculados en este caso al tema “Niños y Televisión – El monstruo en la pantalla” debatieron y conversaron con solvencia sobre varios aspectos, guiados por un moderador que orientó el tema. El planteamiento inicial del Dossier fue “analizar la influencia – formadora o deformadora – de la llamada caja boba en nuestros niños y los alcances del horario de protección al menor”. Considerando lo ausente que está la crítica fundada de la gran mayoría de la prensa, no podemos sino felicitar a “La República”, lo que consideramos excelente pues permite el debate ciudadano. Debo decir que me he divertido mucho al enterarme que existe un horario de protección del menor.

Últimamente he estado viendo un poco más de televisión nacional. No porque sea mejor, sino más bien para enterarme si es que ha cambiado algo. Parece que no. Según se ve sigue manteniendo exactamente los mismos formatos, estándares y taras que arrastra hace mucho tiempo, sin que al parecer la crítica consiga atravesar esa piel de elefante. La relación de los niños con la Televisión resulta de vital importancia para la Sociedad. El Dossier es, en este sentido, muy esclarecedor, avancemos desde allí.

El Dossier muestra la palmaria superficialidad y grandes desencuentros que hay entre los que se supone conocen el tema, con las debidas excepciones. Muchos argumentos planteados por los sesudos y capaces participantes dan vueltas y más vueltas sobre sí mismos, sin aparentemente poder resolverse jamás. Los lectores quedan, como con muchos temas en el Perú, enredados en una trompeadera de pulpos conceptual para terminar en la misma calle, con la sensación de que el problema termina por ser tan estructural que parece un nudo gordiano de esos que ni Alejandro Magno podría cortar a machetazo limpio. Así se instala la sensación de que el monstruo es tan enorme que nada se puede hacer con él, que el problema es irresoluble y continuará eternamente, hágase lo que se haga. Creemos que esto en parte se debe a los falsos debates que pueblan este tema y lo llenan de neblina.

Falsos Debates

Un falso debate es aquel en que los términos o posiciones en disputa no corresponden a la realidad objetiva, o no son conceptualmente opuestos. En los falsos debates abundan los traslapes temáticos y los momentos en que ambas partes discuten sobre cosas diferentes, muchas veces sin saberlo. Creo que era Voltaire quien señalaba que antes de entrar en una discusión hay que ponerse de acuerdo sobre lo que se trata y definir los términos. Con este y otros truquitos los falsos debates se pueden resolver con cierta facilidad. Pero demasiadas veces resulta que no es así, lo que deja la impresión de una voluntad generalizada de dejar las cosas como están. Pero no trato de acusar a nadie, digamos simplemente que el tema es peliagudo y está atravesado por intereses económicos y políticos. Mucha plata y poder corren en esto. Por supuesto, estamos hablando de la llamada Televisión Abierta, que vive de la publicidad y que se opone a la Televisión por Cable.

Un falso debate: La televisión abierta y el cable

Se pone invariablemente en el mismo saco a una y la otra. Naturalmente son muy distintas en lo que importa, la fuente de sus ingresos. Mientras la televisión abierta vive de la venta del espacio de audiencia capturado, los suscriptores de cable pagan una cantidad mensual por ver determinados canales que poseen carácter temático, lo que permite un ejercicio de la libertad de elección muchísimo mayor. Para decirlo de un queco: Si no quiero ver basura, cambio de canal, porque hay una amplísima oferta de canales de películas, culturales, de noticias, de deportes, de series, infantiles, etc. Se ve que la libertad cuesta plata, pero eso no es motivo para que la TV de señal abierta tenga necesariamente que emitir basura. Pase que no haya una perfecta igualdad de oportunidades, pues que el Cable tiene un costo, pero es realmente insidioso que se sirva basura en todos los canales a la misma hora. Un ejemplo, que retomaré después, es el de las noticias nacionales, que están tan sesgadas que si uno quiere enterarse de qué pasó en el Perú mejor se va al noticiero de López Doriga, mexicano. Por otra parte el favorable impacto del cable en la Educación masiva es muy notable y ha merecido sesudos estudios, y por eso señalar con tanta soltura de huesos que “no se sabe” si hay impacto educativo en los programas de TV es simplemente ridículo.

Un falso debate: ¿La Televisión tiene por fin entretener o educar?

Jamás entenderé por qué hay cosas que se plantean como alternativas de tercio excluido, cuando no hay por qué hacerlo. ¿Quién dice que no se puede entretener educando? O para el caso educar entreteniendo. Y más aún, no entiendo de dónde viene esa barbaridad de que el aprendizaje tiene que ser farragoso, pesado y aburrido, que es el concepto atrasado y tosco que está atrás de esta cuestión y que no es más que pura creencia ideológica y sin sentido. El problema de fondo no es la finalidad de la Televisión, porque eso está claro. La finalidad de la TV es tener bajos costos y altas utilidades, y es así porque la Televisión en el Perú es un negocio. Punto. Como negocio, su lógica es ganar plata. Punto. Como negocio, necesita estar sometida desde todo punto de vista a los avatares de la mano invisible del mercado, y para que esto sea posible, se necesita de la máxima libertad en los contenidos. Punto. Y la Libertad de Expresión, por ende, sirve para proteger la emisión de dichos contenidos orientados a ganar plata. Y otro punto más, aunque aburra.

Si creemos que la educación está contrapuesta al entretenimiento, pues entonces no se tiene claro ni qué es educación ni qué es entretenimiento. Así pues, qué vamos a meter educación en la tele, si creemos que eso es pasar clases tradicionales en aula por la pantalla chica, que así fue en las épocas de la Televisión “Educativa”. Además, el concepto “Cultura” en la tele está reducido al género documental, un cierto tipo de programas que, ya sabemos, son imágenes narradas en forma lenta, pesada, aburrida y destinada a rellenar la programación de la madrugada.

Otro falso debate: La trampa del rating

El rating se vincula al tema, y conlleva un entrampe. Si proporcionas “Educación” o “Cultura” en la pantalla tu audiencia se viene al piso, en especial si los demás continúan pasando las mismas monsergas que hace ya tres generaciones se vienen endilgando a la gente. Y si tu audiencia se viene al piso, entonces no emitirás ni “educación” ni “cultura”, porque no podrás vender audiencia. Este falaz razonamiento se viene al piso si consideramos que hay canales de Cable que no solamente se especializan en la “cultura”, sino que inclusive se segmentan: El grupo Discovery Channel tiene canales dedicados a historia, ciencias duras, tecnología y otros. La diferencia es que el formato empresarial es diferente y obedece a las leyes de los países que los domicilian, al revés de acá, donde es el Estado el que obedece a las empresas que controlan la Televisión.

El rating es cosa simple, es el número de hogares o aparatos de televisión conectados en un determinado momento a un determinado programa, mostrado como porcentaje del total de la población que ve TV a esa hora, sean cien personas o cien millones. Naturalmente se mide empleando un muestreo, que es manejado en nuestro país por una sola empresa: IBOPE. Al margen de la posible manipulación del rating, que puede o no producirse, hay un hecho que es incontrovertible: La gente trabaja o estudia o duerme la mayor parte del día. Eso quiere decir que los programas más vistos son los del horario nocturno, entre las 7 y las 11 de la noche. ¿Quieres rating? No te hagas problema, pon tu programa a esas horas, de qué trate tendrá relativamente poco que ver. Si no lo crees, prueba a pasar Al fondo hay sitio a las 3 de la mañana. Curiosamente es dicho programa el más visto por los niños, no los programas "infantiles". Al Fondo hay Sitio es una comedia costumbrista a la que no se le puede negar ciertos aciertos, como tampoco algunas metidas de pata. Pero no es un programa para niños, eso es evidente.

Los programas más vistos lo son por su ubicación en el llamado horario estelar, no porque sean mejores o peores. Vale decir, el rating es relativo a los horarios. La segmentación en grupos predeterminados – amas de casa, público infantil, etc. – ha producido una tipología de programas que se supone producen sintonía en dicho segmento: Telenovelas, programas infantiles, concursos, etc. La importancia de dichos programas se rige por sus costos – ingresos, y no representan sino una cosa: Potenciales Utilidades. Vender espacio de TV para tandas comerciales depende de lo que el mercado esté dispuesto a ver, y eso significa segmentación y contenidos. Se adecúan contenidos a la audiencia esperada, se captura a dicha audiencia y se vende el espacio intermedio para publicidad. La lógica de los costos mínimos nos lleva así a una posición típica: Esto es lo que le gusta a la gente, lo que implica un círculo vicioso de doble efecto: Por aquí la integración de las personas a esquemas específicos y escalados de contenidos de programas: Típicos programas infantiles, Telenovelas, Noticiarios, etc.; y por allá la adaptación de dichos contenidos a las características del marketing para cada segmento. Un círculo vicioso muy difícil de quebrar.

Un paréntesis

(No tengo nada contra el marketing, la segmentación o las utilidades. Pero el espectro electromagnético no es propiedad de las empresas televisivas. Se entiende que la televisión sea un potente medio de publicidad para las empresas, y que deseen emplearlo, como que haya una guerra entre las empresas televisivas para captar cuentas importantes, capturan audiencia para ello. Eso en sí no tiene nada de negativo, a no ser que se empleen medios claramente nocivos para la sociedad).

Otro Falso Debate: ¿Cómo son los niños?

Sería muy bacán que los productores de programas de televisión tuvieran asignados psicólogos infantiles. De hecho no los deben tener, excepto posiblemente para los programas tildados de infantiles. La verdad es que parece que el juicio más profundo al respecto aparecido en el Dossier fue: el niño de hoy nos supera. En primer lugar, que no hablen por todos, que no tienen derecho a pasarnos su desconcierto. En segundo lugar, tengo entendido que hay montones de especialistas en niños, y me resulta muy complicado creer que no sepan nada que los productores de programas no puedan utilizar. Basta con hojear algunos textos o artículos de Internet para encontrar cosas muy sensatas sobre los niños y el efecto de la TV sobre ellos. 

Pero el tal desconcierto se evapora cuando se trata de dos hechos: La decisión de compra y la capacidad de gasto que poseen ciertos segmentos de niños y adolescentes, porque eso sí lo conocen a la perfección. Curiosamente fue un tema que no se tocó sino lateralmente en el Dossier. Y esos son los únicos criterios que los Gerentes de Programación atienden a la hora de determinar si los contenidos de un programa determinado son o no adecuados a los niños. Las frasecitas hechas sobre lo distintos que son los niños de hoy de los de antes están bien para la sobremesa de los abuelitos, no para una discusión de dizque especialistas. Alegar ignorancia no exime de responsabilidad.

Sería para reír si no fuera por las ridiculeces en que se cae. Un programa de dibujos animados como South Park se transmite en USA fuera del horario infantil porque es un programa dirigido a público adulto. Pero acá se puso en horario infantil  … porque era dibujos animados.  

Otro falso debate: ¿Cómo son los peruanos?

Los estereotipos alrededor de los peruanos se muestran en toda su extensión en los mal llamados programas cómicos así como en la publicidad. Los modelos y paradigmas de belleza son bastante invariables, lo que parece deberse a una suerte de temor a la innovación por parte de los creativos publicitarios, que no parece sino que desean transitar por caminos ya trajinados y por ello más baratos. Los programas llamados cómicos se transmiten todos en horario estelar, y dentro del ridiculísimo horario de protección al menor se hace apología del racismo y celebración de estereotipos negativos referidos a grupos étnicos o de preferencia sexual. La comedia ha sido degradada y desaparecido de nuestras pantallas, sustituida por una suerte de copia mal hecha del vodevil de otras latitudes, basado en el facilismo del gag de porrazos. Creemos que contenidos de esta especie no son deseables para nuestros niños.

La imagen que los peruanos construyen de sí mismos diariamente es golpeada por esta suerte de alegada ignorancia sobre los peruanos. No parece sino que estuvieran destinados a dividirnos y enfrentarnos. Pensemos en los noticieros: Entre el 60 y el 75 % de sus contenidos están basados en la mostración de cadáveres, crímenes y criminales. Fuera de la intención política de hacer creer que la cosa es peor de lo que es, de muy evidentes e inquietantes connotaciones políticas, se estereotipa a los peruanos como delincuentes. Los que ven estos noticieros a diario ven temprano en la mañana, en la tarde y noche (al diablo la protección de menores) que hay una suerte de cerco que la delincuencia establece contra la ciudadanía. Nadie dice que la seguridad ciudadana no es importante, pero lo cierto es que de lo que se trata no es informar, sino de producir la sensación de indefensión en la ciudadanía ante la delincuencia común, destinada a cubrir la delincuencia de cuello blanco y la corrupción, y favorecer opciones políticas autoritarias.o

Otro falso debate: Los desnudos en televisión

El cuerpo humano es hermoso, y sin duda eso se puede constatar en el arte de todas las épocas. Además el sexo es una función fundamental y totalmente inherente a la persona humana. El acto sexual en sí mismo posee elementos de agresividad que al ser mostrados con exceso de evidencia o exageración impactan negativamente en niños y adolescentes. Además conviene no olvidar que el sexo se usa para las ventas, hasta un monje trapense se volteará si ve los pechos desnudos de una mujer. Se califica de controversial un desnudo mostrado en televisión en el contexto de una trama novelesca centrada en las relaciones sexuales entre el Virrey Amat y la famosa Perricholi. Lo cuestionable no es el cuerpo desnudo, es lo que haces con él. Una violación es una violación aunque te vistas como esquimal, y lo sigue siendo por más elíptico que seas. El uso de la sexualidad femenina o masculina es común en la promoción de productos y servicios. Asimismo, en todas las esquinas de la ciudad se encuentran desnudos en foto y dibujo. Los broadcasters necesitan proteger una fuente importante de ingresos, pues cuando se les acaba la creatividad a los marqueteros de chelas, meten chicas en paños menores, y mejor mientras más menores las chicas y los paños, pues es un medio barato y efectivo para que la marca impacte. Se puede ser pornográfico sin quitarse la ropa, y de hecho se juega con la represión de las gentes, y se obtiene audiencia fácil.

Se escandalizan los conservadores de los bellos pechos desnudos de la actriz que representa a La Perricholi, pero a diario se muestran cadáveres destrozados en los avances de los noticieros dentro del risible horario de “protección al menor” – como se dice en el Dossier, los cuadraditos empleados "para cubrir" son simplemente ridículos – y se manipulan las declaraciones para fabricar noticia. Lo que queda claro es que si manifiestan "quedar superados" por cómo son los niños y los peruanos dada la deformidad profesional, menos aún tendrán capacidad para diferenciar erotismo de pornografía. La conclusión es que ya es hora que se deje atrás la artesanía que ha primado hasta ahora y se ingrese a una etapa diferente.

Conclusión precaria

Se ha dicho claramente, y este es un mérito de la publicación reseñada, que la Televisión definitivamente forma el carácter de una sociedad. Nadie de los presentes se opuso a esta afirmación, y el que calla otorga. Hubo además la afirmación concreta de que la Oferta televisiva abierta es muy mala. Tampoco hubo oposición. El llamado horario de protección es una falacia a no ser que se aclare de una vez por todas qué es lo que la sociedad quiere. Y es de esto de lo que al final se trata, de saber qué es lo que la sociedad quiere

La autorregulación es un fracaso. Necesitamos maneras de hacer intervenir a los actores sociales en la Televisión, salvaguardando la formación de los niños y jóvenes, la Libertad de Expresión y la propiedad pública del espectro electromagnético.