jueves, 12 de septiembre de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 54: POESÍA: ESTOS TRES (O TAL VEZ CUATRO)

CRÓNICAS DE LECTURAS 54
Poesía: Estos Tres (O tal vez Cuatro)

I
Estos Tres (O tal vez Cuatro)

Lo dije en otra Crónica, la poesía es un problema porque se cree uno que la entiende y no entiende uno ni miéchica. Por lo menos así me han dicho algunos de mis amigos que saben y con quienes me he atrevido a decir mi palabra. No es que importe tanto tampoco, pero uno siempre trata. En fin, de lo que tratando se trata es de tratar que nada humano sea ajeno, y creo que es por eso que uno se posee los poemas y los poetas que le gustan, y tal vez sea mejor ni siquiera mencionar mucho por qué, por no hacer el ridículo. Pero lo hice con César Vallejo en otra Crónica y no me importó porque en muy buena compañía estaba. Que al final lo que cuenta es qué captas y qué sientes y qué dices y qué tramas. O en el caso del Cholo Vallejo, qué te hace captar, sentir, decir y tramar. Y en el caso de Arthur Rimbaud lo que representa ser más de lo que eres, y maldigo que mi francés no lo haya aprendido como debía, la cosa se me escape y tenga que ir al castellano para decir a Rimbaud – y eso que cumple con los poetas castellanos -, que estuvo conmigo dándole palabra a lo que te atraviesa el resuello cuando estás en medio del monte una noche de tormenta subido en una torre mientras otros están convencidos de que estás completamente loco: 

Je sais les cieux crevant en éclairs, et le trombes
Et les ressacsel les courants: je sais le soir,
L´Aube exaltée ainsi qu´un peuple de colombes,
Et j´ai vu quelquefois ce que l´homme a cru voir!

(Yo sé de los cielos que estallan en rayos, y de las trombas /  y de las resacas y de las corrientes: / ¡yo sé de la tarde, del alba exaltada como un pueblo de palomas, / y he visto alguna vez, eso que el hombre ha creído ver!)

 J´ai vu le soleil bas, taché d´horreurs mystiques
Illuminant de longs figements violets,
Pareils à des acteurs de drames très antiques
Les flots roulants au loin leurs frissons de volets!

(¡Yo he visto el sol caído, manchado de místicos horrores. / Iluminando los largos flecos violetas, / parecidas a los actores de dramas muy antiguos / las olas meciendo a lo lejos sus temblores de moaré!)       

Y aunque no sé si dije lo que quiero decir, igual avanzo hacia mis poetas y mis poemas que me representan ser más de lo que soy. Pretendo así tratar de algunos poetas, y esto es mucho decir, porque los hay muchos. Si como Martín Adán, Poesía no dice nada / poesía se está callada / escuchando su propia voz, entonces en estos tipos la poesía habla alto, trataré de estar a su altura y compartir lo que me dicen.

II
¿Qué es la vida? Algo que me fue dado / sin pedirlo, y que pienso devolver desdeñoso
(Omar Khayyam)

La poesía suele ser más interesante si lo que se dice, el quién lo dice y el cómo lo dice se corresponden. Abu´l Fath Omar ibn Ibrahim, conocido como Khayyam,  (= el fabricante de tiendas) era hombre universal, sin miedo al infinito desde que sabía que nada tenía para él, que observó los astros e hizo matemática y física y reformó el calendario, lo que en su época no era poco. Se conserva de él un sesudísimo tratado de Álgebra, lo que suena raro. Pero otros han circulado de un lado al otro, como el estadounidense Fred Hoyle y el argentino Ernesto Sábato, científicos metidos a literatos y humanistas, y nada les ha pasado. Omar Khayyam, persa y poeta y erudito, vivió hace casi mil años, y aunque ignoro la lengua persa y muy poco sé de su milenaria cultura, por ahí un viajero me contó que el Irán es una tierra que, como mi tierra peruana, donde levantas una piedra encuentras dos poetas, uno de ellos declamando. Como pasa a todo honesto hombre de ciencia, Khayyam fue acusado por sus envidiosos contemporáneos de mundano, materialista y hasta de repente - ¡ye Alá el Clemente, el Misericordioso, no lo permitas! – ateo, impío, blasfemo y borracho. Sólo de lo último estamos seguros, las referencias que tenemos no son abundantes ni claras, la leyenda oscurece mucho, incluso los poemas que se le atribuyen puede que no sean suyos. Pero dejó tan profunda impresión que todo aquello que posee un cierto espíritu se le atribuye. Es que es difícil encontrar la perfección de la forma instalada en lo universal de la sensación de estar vivo.

Las traducciones transmiten un poco de lo que es el ruba iy yat, que transliteramos rubaiyat, y que es lo único que conocemos de Khayyam: cuartetos - cuatro versos - en rima asonante. Se traducen en el siglo XIX al inglés y francés, llegan al castellano desde allí. Y aún traducción de traducción, nos hace ver a Omar Khayyam como cumbre de la Literatura Universal, en especial para los desencantados de la vida y los escépticos profesionales. En los Rubaiyat Khayyam dice: Despertaos, despertaos durmientes, que la aurora / arrojó ya la piedra … (Rubaiyat 1), y con ello invita a mirar la Vida como es, pues vivir es harto mejor que no vivir. Khayyam es como Walt Whitman y como César Vallejo en su identificación con lo que es plenamente humano en lo concreto: Cierra tu libro y piensa. Mira, impasible al Cielo / y a la Tierra. Da al pobre la mitad de tus bienes, / perdona las ofensas, no le hagas daño a nadie / y apártate a un rincón si quieres ser dichoso.Rubaiyat 135. En cierto modo poeta de la calle, mas metido en su estudio pues no gusta salir y más bien sí gusta del vino con los buenos amigos, en su propia sala. Allí compone poemas para exorcizar al gran enemigo de los hombres, el absurdo miedo al más allá, el miedo a la muerte – se adivina al matemático y al cientista duro – porque en vez de disfrutar lo que positivamente tienes te concentras en temer eternos castigos de los que ni siquiera estás seguro. Lo único tangible que poseemos es la vida en esta tierra, y si eres sensato la aprovecharás al máximo. Así que déjate de vainas, despréndete de tus angustias, aprovecha este corto pasar: Deja ya tu egoísmo; no temas la pobreza / No persigas el oro. Y bebe, que una vida / tan llena de pesares hay que pasarla siempre / en un sueño profundo o embriagado de vino Rubaiyat 36. Lo único que podemos decir de cierto de la muerte es que nadie ha vuelto de ella a contarnos cómo es la nuez, y no hay sentido en preocuparse de lo que no sabemos.

Si acá se detuviera el asunto no sería Khayyam más que uno de tantos que hablaron contra la muerte desde el vino y el amor. En Khayyam hay también un místico enfrentado a los ortodoxos que no faltan ni en el islam ni en ninguna otra religión, esos fariseos hipócritas que pretenden gobernarte por el miedo: Hay quien medita sobre la religión por gusto. / Hay otros que vacilan entre Certeza y Duda. / Mas surgirá un heraldo de pronto, que les grite: / “¡Estupidos! La senda no es ésta ni es aquella”Rubaiyat 171. Pero saber que el tiempo corre es sufrir más, por eso la inconsciencia del éxtasis por la mística, el vino, el amor, la belleza. Así combatimos al tiempo destructor: ¡Vino! Lo creó Dios. Es de las más hermosas / muestras de su poder. ¿Quién será, pues, el tonto / que lo desprecie? ¿A qué privarnos de él si es bueno? - Rubaiyat 19. Así descubrimos la realidad del interior, el lado oscuro de las cosas: ¿Sé cuando vine al mundo y cuándo me iré? Nadie / puede fijar la fecha de su muerte. Tampoco la de su nacimiento. Trae vino, jovenzuelo. / Quiero olvidar que nunca sabré nada de nada.Rubaiyat 117. La fe de Khayyam no es fácil de comprender, está en lo que como poeta percibe del mundo: No pretendo pedir el perdón de mis culpas, / pues hablar con Alá lo creo irreverente. / Sólo le bastará cubrirme con el manto / de su clemencia, para hacerme inmaculado Rubaiyat 84. Y así Omar Khayyam, de quien se dijo en vida y en muerte que era un ateo y un descreído, se pone en manos de Alá el Clemente, el Misericordioso.

Un link con los Rubaiyat de Khayyam, a continuación:

III
¿Por qué vacía la multitud calles y plazas, / y sombría regresa a sus moradas?
(Konstantinos Kavafis)

La obra de Konstantinos Kavafis (1863 – 1933) es básicamente poemas sueltos. Es que corregía y corregía y trataba hasta la náusea de mejorar lo que escribía antes de publicarlo, y no trataba de ordenarlo, excepto del modo cronológico. Muchos de sus poemas se publicaron en revistas, y toda la obra son poemas y poemas individuales sin aparente relación objetiva de los unos con los otros, más allá de ellos mismos. Ello nos podría sugerir que Kavafis sería tal vez algo descuidado, pero leyendo con atención parece más bien que cada poema era como una obra maestra, completa en sí misma, y no necesita agruparlos para hacer un poemario con unidad de sentido, aunque lo encontremos. Se nota sí que gusta de lo demótico, lo popular, lo sencillo. Sus poemas no son alambicados ni culpables de retórica, y cuando traen incorporado tema histórico son opuestos a la solemnidad de la Historia de la Grecia Clásica y del Helenismo, a no ser que la traigan o la encuentre per se – con visiones de las cosas menos permanentes y más bien más humanas y menos locuaces del acontecimiento que los motiva. Por ello hay una suerte de igualación o equiparación o “isovaloración” – espero que sirva el neologismo – de sus personajes y circunstancias poéticos (Honda pena embarga a Zeus. O también En las bodas de Tetis y Peleo, / Apolo se levantó de la espléndida mesa) en una suerte de intemporalidad que reúne en una sola comunidad el hoy con los siglos pretéritos, desde los homéricos en adelante hasta encontrarse con los actuales habitantes y circunstancias de Atenas, Salónica o Alejandría: Cuántos jóvenes en Alejandría ahora, / en Antioquía, en Beirut / (…) / reunidos en selectas asambleas / donde se habla de filosofía / y de la maravilla del amor, / silenciosamente callan absortos. / Dejan a un lado sus copas sin tocarlas, / mientras piensan en la fortuna de Herodes. Kavafis habitante de Londres, Alejandría, Atenas y Estambul, que escribió en griego, sabe del aislamiento, de la arrogancia, de la nostalgia, de la desesperación, aunque siempre o casi siempre te la narre o te la cuente desasida, como si fuera de otro aunque sea suya. Eso me fascina de él, cómo te intermedia con lo Otro: Soy un hombre arruinado y sin raíces. / Esta ciudad fatal, Antioquía, / ha devorado todo mi dinero: / esta ciudad fatal con su vida extravagante.

No hay en él la preocupación de Khayyam ni la identidad con las gentes y los entornos de Whitman o Villon, en todo caso sí su identidad con un tipo humano, el suyo. Kavafis deja un cierto aroma de decadencia, de actitud y de vida mucho muy lazy, naïve, dandy, suave loco.  No por ello es menos poeta ni menos brujo, porque es él mismo, y en última instancia se canta a sí mismo como Whitman, o a su placer como Khayyam. Vivió dicho placer sin escrúpulos ni remordimientos en la Alejandría y el Estambul de cambio de siglo, epiceno y bisexual sin tapujos, adorador del cuerpo, que no da impresión que haya tenido que salir del clóset pues nunca ingresó a uno. Estoy seguro que esto produce una suerte de envidia a los excesivos vigilantes de sí mismos, asustados de sus veleidades homoeróticas. Con un poco menos de puritanismo y un poco más de su alegría de vivir seríamos otra cosa: Recuerda, cuerpo, no sólo cuánto fuiste amado, / no solamente en qué lechos estuviste, / sino también aquellos deseos de ti / que en los ojos brillaron / y temblaron en las voces – y que hicieron vanos los obstáculos del destino. Los que tratan de exorcizar su temor de pasarse al otro equipo extrapolando su obsesión con Kavafis se equivocarían harto, dado que la persona sana –  homosexual o heterosexual - no está ocupado, obseso o angustiado con su sexualidad. Eso viene dado y es absurdo problematizarse más de lo necesario. Konstantinos Kavafis estaba muy ocupado viviendo su vida para cuestionarse la cosa: Perdido para siempre. Y por eso busca ahora / en los labios de cada nuevo amante / sus labios; en el abrazo /  de cada nuevo amante perderse / como en aquél, quien a él se entregaba. Ganarse la vida era tema de mayor importancia, como para todos. En lo intelectual andaba enredado en muchísimos temas, como sus chambas en el periodismo y como funcionario estatal. En tanto poeta, recuperar a Grecia y el Helenismo no parece que le haya sido muy difícil, el medio ambiente donde vivió no le fue muy opresivo (Nos recuerda la Alejandría que narra Durrell), por el contrario, por las razones que fuere parece haber vivido sin mayores conflictos, y los que podemos intuir por su poesía son objeto de ella: Aunque pobre te encuentres, no te engañará Ítaca / Rico en saber y en vida, como has vuelto, / comprendes ya qué significan las Ítacas.

Encontré en la red los poemas eróticos de Kavafis, prologados por Mario Vargas Llosa, acá el link:  http://www.arquitrave.com/libreria/librospdf/kavafis.pdf

IV
Muerte, invoco tu rigor, / tú que me arrancaste a mi amiga / y no estás todavía satisfecha
(François Villon)

Si alguien tuvo mala suerte en la vida, ese fue François Villon. Si existe alguien a quien se pueda tildar de ser solamente uno más, anodino, desapercibido y anónimo ciudadano de a pie, perfecto desconocido, proverbial Don Nadie, ese es sin duda … ¿cómo se llamaba …?  …. Ah, sí  … ese François Villon. Caray que hasta el nombre es vulgar. Hay algo de anacrónico apache parisino y vividor de esquina de barrio en este francés del Siglo XV cuya vida pasó desapercibida a la perfección, y tan a la perfección pasó desapercibida que casi nada se sabe de él. Casi dos siglos tras su muerte “lo descubren”. Y tan unido están los escritos que se le atribuyen a su personalidad, que es de sospechar y no creérselo. Expliquémonos: Los que cantan el abandono normalmente no están abandonados, ni todos los enamorados poetizan el amor. Los que escriben saben que se necesita vivir “algo” para hablar de ese “algo”, y con el mismo entusiasmo saben que para lograrlo hay que estar distanciado de ese “algo”. Por eso Anatole France no se comía que la Balada del Ahorcado fuera de Villon, no parece que, como quiere la leyenda, la Balada se compusiera y terminara en las goteras del cadalso, justo antes de ser ejecutado y con las justas rescatado en un salvamento de último minuto francamente de película muda; con la Balada terminada y el personaje incólume. Pero Villon poetizó o quizá simplemente rimó lo vulgar, porque era vulgar él mismo, se parece en eso a Rabelais, en lo cochino y desastrado. E incluso recuerda al zarrapastroso Henry Miller de Sexus, Nexus, Plexus, el Trópico de Cáncer y el Trópico de Capricornio, varado en el París de los años ´20 y ´30. Si tratamos de decir qué es Villon, mejor hagámoslo al revés: No es épico, no es lírico, no es dramático, no es culto, no es decente, no es ficho, no es intelectual. Se ocupa en sobrevivir, sin tiempo ni energías para ser decente y menos para ser digno, esos son atributos de gente con plata, y ni falta que le hacen con la Guerra de los Cien Años de paisaje. Así que ahí te las ves, y te preocupas de lo que realmente importa: Comida caliente en la panza, distancia de la tropa y de la leva, los favores de las putas de París – gratis, de ser posible. Y si tienes estro para versificar, puedes recitarle tus Baladas a los habitués de los bares, y así agenciarte unos sous o invitaciones al mosto más barato. Los literatos cultos dicen que Villon no inventó nada, que sólo invirtió los valores de la caballerosidad caballeresca de su tiempo.Yo prefiero algo más prosaico aún: En su tiempo de tenderos y mercaderes a nadie le importaba un comino la devaluada retórica caballeresca, se trataba de sobrevivir, y Villon estaba en eso.

Puestos a sobrevivir, los temas que conmueven el corazón y el bolsillo de los bebedores de los bares de París son malditamente vulgares: Las prostitutas, la gorda Margot, esa que te sacó la vuelta y a la que haces la suprema burla de hacer un testamento mitad burlándote, mitad con el rabo entre las piernas. Que cuando pierdes no ganas, ni salvas la dignidad. Y los pobres pierden más de la mitad de las veces, y la dignidad sólo se soporta con dinero. Vivir es comer, beber y resolver necesidades: cuando sin plata Margot viene a dormir / no puedo verla, a muerte mi corazón la odia / (…) / Ebrios los dos, dormimos como un tronco. / Y al despertar, cuando el vientre le murmura, / monta sobre mí (…) / bajo ella gimo, me deja más chato que una tabla / (…) / en este burdel que es nuestro lugar. Y porque hay temas importantes y cosas sin importancia que son importantes aunque no, es que Villon le hace su Balada, la Balada de las Cosas sin Importancia: conozco la muerte, que todo consume / conozco todo, salvo a mí mismo. Y así la vida transcurre velozmente en medio de la vulgaridad más vulgar, y por eso a la hora de los loros la muerte es lo único importante. Villon tiene a la Muerte presente todo el santo tiempo, incluso cuando se muere de risa. Pues si corres tras la vida y no encuentras nada, por lo menos sí intuyes que morirse es feo y que si vives, pues vivirás otro día, y quién sabe. Tantas gentes, yo mismo, seremos olvidados a la perfección al par de minutos o de horas de estar tiesos. Nada sustituye la vida, sobrevivir en la obra es extemporáneo, mira a Villon de qué le sirve. Por eso insisto en que no quiero homenajes póstumos, los que me quieran ojomenear, ojomenéenmelo acá nomás antes de que llegue la antipática, y mientras pueda disfrutar de agasajos y vinos de honor (Just in case, me gusta el blanco riesling y el tinto cabernet sauvignon, de cepas decentes. Si hay duda vayansé de frente al vino caro). La maldición china dice ¡ojalá vivas en tiempos interesantes! Y la desgracia de François Villon fue vivir un tiempo malditamente interesante, donde los escrúpulos sobran, supuesto que alguna vez se hayan tenido. Por lo poco que se sabe de su vida, François nunca los aprendió: Y Aquí se cierra el testamento / y termina el pobre Villon. / Venid todos a mi entierro / cuando oigáis el carillón.

Traducir a Villon es difícil, así que cualquier poemario es complejo de por sí, pero acá tenemos un ebook: http://lengualoscantos.files.wordpress.com/2010/10/francois-villon-poemas.pdf

V
Colofón


En esta Crónica pudo haber estado el romancero español. Debo la Crónica, junto con – ahora se me ocurre – tanto poema y verso sin autor conocido. He mencionado de pasada algunos de mis poetas, pero otros se me han pasado, de lesa majestad no hablar de Walt Whitman. Pero créanme gente, cuesta más hacer una Crónica de mis lecturas poéticas que de cualquier otra lectura. En poesía es donde uno debe ser claro en eso de Lee lo que quieras. Pero si alguno de mis lectores se enreda con los Rubaiyat, Kavafis o Villon estaré tranquilo. Por ahora, punto.

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