miércoles, 25 de enero de 2012

EL TRAUMA DE SENDERO

El atrevimiento de los remanentes de Sendero Luminoso de conformar partido político ha desnudado inconsistencias y problemas en la relación de nuestra Sociedad con la Historia Reciente. Me gustaría llamar la atención sobre la Conspiración del Silencio con que se pretendió rodear el conflicto interno que nuestra Patria padeció en las décadas del ´80 y ´90 por obra de los grupos terroristas alzados en armas. En esto no caben medias tintas de ninguna clase, y curiosamente en esto hay un pleno acuerdo entre la inmensa mayoría de los actores políticos, desde la Izquierda hasta la derecha, en la condena absoluta, general, definitiva y sin reserva contra los asesinos de Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru.

El Trauma y la Ignorancia

Consideremos el Trauma. No entendemos aún que la tradicionalmente violenta sociedad peruana conoció el máximo de dicha violencia en esos años, y que ello en última instancia fue el resultado final de un siglo violento en que el abuso y la rebelión menudearon. Desde las matanzas de campesinos hasta el Año de la Barbarie (1932), desde el asesinato político selectivo hasta las Guerrillas de 1965, los peruanos ignoramos casi todo lo que fue violencia en nuestra Patria. Y creo que decir solemnemente que cómo es posible que la juventud no sepa es una solemne tontería, cuando es obvio que se ha tratado que no se enteren de lo que pasó, bajo la suposición de que el ignorante no se rebela. La adolescencia y la juventud casi siempre meten miedo a la gente madura, que muchas veces somos como la vaca que olvida que fue ternera.

No se ha querido que la gente sepa, bajo la suposición que la gente tutelada e ignorante no se rebela. Hay muchos motivos para rebelarse contra lo que existe, y un período de la vida en el que esta rebelión suele tomar cuerpo. Es cosa de la sociedad en su conjunto que esa rebelión sea encauzada socialmente a algo productivo. Y el ignorante nihilismo realmente existente en nuestra juventud, la inversión de valores de la que tanto se queja cierta gente, el relativismo ingenuo, aparecen porque se forman a través de la irresponsable política del no hacer nada. Si nuestros jóvenes no se orientan al servicio público, es porque el servicio público – la política – ha sido rodeada de un aura de corrupción e inutilidad, que solamente ha beneficiado a una casta política muy real, que detenta el poder. Los que tendrían que haber dado la batalla ideológica contra MOVADEF eran las juventudes encuadradas en partidos políticos, pero cómo la Política es tan “sucia”, pues no atrae a los jóvenes, y no podemos culparlos a ellos. En nuestra sociedad hay mucho qué cambiar, y si no manejamos el asunto por la democrática y la sensata, pues entonces los jóvenes se nos irán a las soluciones aparentemente más radicales. Tenemos que recuperar a los jóvenes activistas que combatirán las desigualdades y la ignorancia, las que al final son las que terminan por alimentar a los grupúsculos que pretenden resucitar.

El Trauma y las Víctimas

La violencia no empezó cuando Sendero Luminoso quemó cédulas de votación en 1980. Pero Sendero alcanzó cotas insospechadas de acción criminal y desarrolló una barbarie impensablemente espantosa, y reflejada por algunos de los que se le opusieron. La gran víctima en consecuencia fue la Sociedad peruana en su totalidad, en una guerra que la sociedad terminó por librar contra ella misma. Aunque haya desacuerdos políticos absurdos alrededor del número de víctimas, lo cierto es que las hubo, y en cualquier caso demasiadas. No entraré ni me interesa ahora el retrecheo en el número de víctimas. Hagamos un planeo sobre quiénes fueron esas víctimas. No fueron solamente los muertos de todas las procedencias (policías, militares, civiles, autoridades, miembros de confesiones religiosas y partidos políticos, incluso los mismos militantes de Sendero y el MRTA). También hubo miles y miles de heridos y discapacitados, mujeres violadas, personas que perdieron parientes y amigos, centenares de miles de gentes desplazadas a la fuerza de sus lugares de origen, espantosos traumas psíquicos, gentes que perdieron lo poco o mucho que tenían, gentes que perdieron la infraestructura pública levantada con tanto esfuerzo, viudas y huérfanos, gentes que perdieron su trabajo, y un horrible etcétera que abarca el remezón psicológico e ideológico que estremeció a todos y cada uno de los peruanos, así como a sus instituciones.  Y aquí hay que contar las víctimas no contadas: Emigrantes forzados al exterior; niños traumados por asesinatos, saqueos y explosiones; personas que sufrieron daños en sus hogares; y otro larguísimo etcétera. El que no sufrió de una u otra manera el Terror en el Perú en aquellos años, debía estar fuera de la realidad. Pero el Terrorismo como arma política se caracteriza precisamente por emplear el Terror para lograr que tú hagas lo que los que administran el Terror quieren, y si cedes al miedo pues entonces fuiste, de una u otra manera, víctima. Y en eso, siento decirlo, casi todos caímos.

Naturalmente, hubo grados en la calidad de víctima. No es lo mismo que hayas perdido los vidrios de tu casa por un coche bomba, que te hayan violado o hayas visto morir a tus padres a machetazos. No perdamos de vista este hecho cuando pensamos por ejemplo en Reparaciones o en quienes tienen más que decir. Pero ya esto nos dice que, en cuanto a víctimas, las apreciaciones de la Comisión de la Verdad se quedan muy acá en cuanto al número de los afectados.    

El Trauma y los sobrevivientes

No hace mucho una Ministra de Educación del gobierno aprista “denunció” una “conspiración senderista” alrededor del manejo del terrorismo en ciertos textos escolares. Recuerdo haber leído con ojos de maestro dichos textos, e incluso envié copias a algunas personas, para que pudieran juzgar por sí mismas.  En mi modesta opinión, todo es mejorable, y los padres y madres y familia tienen cosas qué decir al respecto, qué duda cabe. Pero encontré una respuesta sorprendente para mí, que entendía que los textos trataban, de una u otra manera, de hacer lo que tratan de hacer los educadores, que es educar. El rebote social que observé fue que la mayoría de los padres de familia con los que tuve contacto lo que pretendían no era que se tratara el tema, sino que no se tratara el tema. Creo que es comprensible que los que sobrevivimos a los diversos eventos de esa terrible Época del Terrorismo tratemos de enterrarlo, de sacarlo de  nuestra memoria. Quisiéramos que todo eso que padecimos nosotros y el resto de los peruanos no hubiera pasado. Pero qué problema, por Dios, es el hecho incontrovertible y desagradable de QUE TODO ESO SÍ PASÓ.

Muchos trataron de tapar el sol con un dedo. Muchos de ellos son los principales quejosos actuales de que la juventud no sepa. Me parece hipócrita que ahora se pretenda, como el aterrorizado pasajero que ve caerse el avión, tomar el timón de las manos de los pilotos, de aquellos que sí hablaron alto cuando otros se callaban la boca en todos los idiomas.

Colofón

Necesitamos aún un verdadero proceso de Reconciliación Nacional. Ello implica que se hable del tema, que se rompa la conspiración del silencio, que se discuta abiertamente. Todos tuvieron sus víctimas, desde la Marina de Guerra hasta la CGTP. Todos tienen derecho a hablar y licuar sus traumas. Muchos dirán cosas que a otros no les gustará oír. Y tendrán que soportarlo. Y si a los asesinos se les llama asesinos, lo único que se dice es la verdad. Punto por hoy.