viernes, 14 de junio de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 40: SHAKESPEARE (2)


       CRÓNICAS DE LECTURAS – 40
Shakespeare (II) y la Pantalla

I
Algo más sobre Shakespeare

Hay cierta relación entre el cine y la Literatura, sabemos. Hay versiones y versiones y versiones y versiones de las obras de Shakespeare y son todo un reto. De Macbeth debo haber visto tres, si mal no recuerdo, y tengo una en mi compu, pero la verdad la sigo prefiriendo escrita y leída, aunque debo decir que como nunca la he visto en el teatro me resulta difícil opinar al respecto, el cine tiene un lenguaje asaz diferente. Pero he escuchado a gentes que la han visto en el Teatro y les parece que cualquier versión ahí es muy superior a las de cine. En fin, tendré que esperar a verla en escena. Y eso que parece que Macbeth es la obra de Shakespeare más filmada - unas 33 veces según creo - y como que no me extraña pues no carece de ningún ingrediente para lograr audiencia y hacer plata: La truculencia de las brujas, las batallas al principio y al final, asesinatos premeditados y cometidos a sangre fría, escapes y emboscadas, ambiciones desatadas e intrigas, solamente le falta el ingrediente de la chica, aunque Lady Macbeth cumpla con creces con la chamba. Tengo guardadita en mi compu la versión de 1948 de Orson Welles, por si aca. Pero se la ha traído de ida y vuelta y estoy seguro que a Shakespeare le hubiera encantado cobrar tan cuantiosos derechos de autor: Hay un Macbeth samurai de Kurosawa (Trono de sangre, 1957), y otro Indio (Maqbool) de 2003, donde las brujas son policías corruptos. Men of respect (1991), de William Reilly es una versión en el bajo mundo de los gangsters, mientras que hay un Macbeth de comedia y agárrense, uno erótico. Por otra parte dícese por ahí y no sé si será cierto, que las mejores adaptaciones la han hecho directores soviéticos como Grigori Kozíntzev para Hamlet y El Rey Lear. Y en blanco y negro. Habrá que verlo. Y para verlo, vayan acá, aunque debemos advertir que está en ruso, aunque con sospechosos subtítulos en inglés para Hamlet y el Rey Lear:   http://www.youtube.com/watch?v=Vp5Rz0LqUSM&list=SPA009EDBBCFFD6E89; y  http://www.youtube.com/watch?v=qH8fVqbUToc&list=SP37B186D29BC49AE3.

La gloriosa tradición cinematográfica shakesperiana empezó en 1899, en el Cine aún Mudo, con El Rey Juan. Los argumentos shakesperianos no tienen nada que envidiar al del mejor escritor para cine o televisión, y dejándonos de vainas los supera a todos, qué caray: Comedias y tragedias, romance a todo meter y de todo calibre, acción de todas clases, violencia a lo bestia, y sobre todo, oh maravilla, sin tener que pagar derechos de autor. Es que desde el pionero David Wark Griffith, pasando por Orson Welles, Laurence Olivier – actor shakesperiano él mismo -, Akira Kurosawa, Claude Chabrol, Roman Polanski, Jean-Luc Godard, Andzrej Wajda y muchos otros, los argumentos shakesperianos siguen siendo imbatibles. Hasta se ha hecho animación con él, y está más vivo que nunca lo ha estado. Muchas versiones las he visto en televisión de cable, porque originalmente eran películas que no se estrenaron nunca en nuestro medio, por supuesto, o si lo hicieron lo fueron en un cine por dos días, y eso con suerte, un día que no Dios sino el superdotado que decide lo que ponen en el cine, estuvo enfermo. Como sabemos enseñarle un libro a un peruano es cómo enseñarle la cruz a Drácula. Menos mal no siempre se sabe cuándo ciertas versiones shakesperianas son efectivamente shakesperianas, hay mucha película “basada” en Shakespeare, en particular películas británicas, pero que no nos percatamos, porque aparece una mención chiquita en alguna parte de los créditos que dice: based on …. by William Shakespeare. Y la mayoría del universo que aún cree en Jesucristo y aún reza en español se queda tal cual. Eso no es tan malo, porque los distribuidores no se percatan, no les da miedo de poner “coltora”, y la dejan más rato, la gente va a ver la peli, sale diciendo qué buena loco, el pata es excelente, las brujas qué bacán, la chica qué buena; y no se han dado cuenta que la obra era de Shakespeare, porque la única diferencia es que la época ambientada resultaba ser la actual. Y los que nos damos cuenta nos reímos y lo disfrutamos tanto como el más ignorante.

II
Hamlet, Príncipe de Dinamarca

Se necesita cierta edad y/o cierta experiencia de la vida para captar a Hamlet en algo de su complejidad. O tal vez simplemente leer más. Con él suele pasar como con otros personajes, que se habla tanto de ellos “antes” de que se acceda a ellos, que se crean expectativas que no se concretan. A Hamlet lo conoce todo el mundo, aunque no haya leído la obra, y se parodia todo el tiempo el injustamente famoso Ser o no Ser. Una vez que se le lee nos damos cuenta que no es ni tan importante ni tan bacán como nos parecía, aunque es verdad que de cuando en vez sorprende el muchacho en sus diálogos con Rosencrantz y Guildernstern, o como cuando retorna de Inglaterra burlando la sentencia de muerte que pendía sobre su cabeza, o cuando está con Horacio conversando con los sepultureros sobre la calaverita del bufón Yorick. Pero es verdad que sus monólogos pueden ser pesaditos. De hecho muy pocos conocen el Ser o no Ser fuera de la cuarta palabra, y menos coligen su sentido:


¡Ser o no ser: he aquí el problema!
¿Qué es más levantado para el espíritu: sufrir los golpes y dardos de la insultante Fortuna, o tomar las armas contra un piélago de calamidades y, haciéndolas frente, acabar con ellas? ¡Morir … dormir, no más!
¡Y pensar que con un sueño damos fin al pesar del corazón y a los mil naturales conflictos que constituyen la herencia de la carne!


Y patatín. Constituye, me parece, un magnífico ejercicio tratar que los alumnos interpreten y refraseen lo dicho. Por ejemplo, si sustituimos Ser por Estar o por Existir o por Vivir – muy coherente con el To be or not to be – el asunto se puede clarificar: Vivir o no vivir  / Estar o no Estar / Existir o no Existir. Y esto sí que es un problema, sea porque podría preguntarme o decirme esto por la activa, es decir si estoy planeando quitarme la vida; sea por la pasiva, es decir, si es que ocurrirá algo – una catástrofe, una batalla – de donde puedo salir con los pies por delante. En ambos casos se puede abundar y conversar y tratar de llegar a alguna conclusión, siempre provisional, porque hay diferencias en como interpretar esta parte, por que precisamente si hay algo que no queda claro en la obra es si Hamlet actúa por la activa, o se deja actuar por la pasiva. Precisamente porque el pata se instala en la Duda con carácter permanente. 

El To be or not to be lo hace Gibson así: http://www.youtube.com/watch?v=Vf2TpWsPvgI. El de Laurence Olivier es así: http://www.youtube.com/watch?v=5ks-NbCHUns

El Hamlet de Franco Zeffirelli, donde Mel Gibson hace de Hamlet, como quien dice no está del todo mal. Tampoco nos le vamos a disparar a la yugular, pero es un Hamlet hecho a la mayor gloria de Mel Gibson, y eso a pesar de las buenas actuaciones de Glenn Close y Alan Bates. La versión de Zeffirelli es en todo caso decorosa. Pero el Hamlet de Kenneth Branagh me gusta de lejos muchísimo más, y es porque va más lejos. Dura casi cuatro horas, contiene el texto original íntegro, y la ambienta en el siglo XIX, lo que no le hace perder absolutamente nada. Cuenta con la pléyade acostumbrada de actores británicos amigos y parientes de Branagh (Julie Christie, Derek Jacobi, Kate Winslet, Brian Blessed, Nicholas Farrell, John Gielgud, Judi Dench, Rufus Sewell, etc.), pero además participan buenos actores americanos y franceses en roles pequeños pero de gran factura, que les permiten lucirse como actores: Así encontramos a Billy Cristal de sepulturero, Charlton Heston como el Actor, Robin Williams como el petimetre Osric, Gérard Depardieu de Reynaldo, Jack Lemmon de Marcelo. Se cumplió así el sueño y obsesión de Kenneth Branagh (que ejecuta el difícil rol protagónico él mismo) de llevar al cine de modo perfecto el Hamlet de William Shakespeare. A algunos nos ha gustado como quedó el producto final. Búsquenlo y Véanlo.

Un link para bajar la obra teatral es:
http://www.edu.mec.gub.uy/biblioteca_digital/libros/S/Shakespeare%20-%20Hamlet.pdf


III
Romeo y Julieta

Estoy casi, casi seguro que si existe algún argumento que haya sido representado hasta la náusea absoluta, pero que aún así sigue y sigue repitiéndose, es el de Romeo y Julieta. Tanto es así que todo el mundo sabe de qué se trata, así no haya abierto el libro. Imagino que tiene que ver con el hecho que los protagonistas son adolescentes, que ser adolescente y oponerse a los padres pertenece a la esfera de lo previsible, y que además tiene ingredientes de acción al acabar con la muerte de los dos protagonistas de amores contrariados. Así que ser Capuleto y ser Montesco como que no es nada raro, si se pone uno a pensarlo. Recuerdo cómo al leerla me sorprendió encontrar que registraba muchísimo más que el estereotipo que solemos tener de ella. El personaje de Fray Lorenzo por ejemplo, o el de Paris, o el Capuleto que exige su ancha espada, o el extraño Mercucio, o incluso los criados y su curioso diálogo: – ¿Os mordéis el pulgar por mí, caballero? – No me muerdo el pulgar por vos, pero me muerdo el pulgar, caballero. Hay una bella película de Baz Luhrmann, con una joven y talentosa Claire Danes / Julieta y Leonardo Di Caprio / Romeo, ambientada en Verona Beach, Los Ángeles, ambiente de bandas y pandillas rivales, y donde el Capuleto de la Ancha Espada es nada menos que il capo Paul Sorvino, y donde todo el parlamento es shakesperiano, en ambiente contemporáneo. Fue una película que los críticos hicieron puré, pero que los teenagers gringos adoraron, nada extraño, a veces me pregunto qué defienden los críticos. Otra gran película sobre el mismo tema es West Side Story, de Robert Wise, musical, basada en una obra de Broadway, bien escrita, bien actuada, bien filmada, y con la música de un Leonard Bernstein en su mejor momento creativo.

Sin embargo, si hay un Romeo y Julieta que pueda tildarse de clásico, en el sentido que trata de rescatar todos los registros shakesperianos y a la vez los correspondientes a la cultura que el autor trataba de retratar, es el Romeo y Julieta de Franco Zeffirelli. Entiendo que lograr esto no es nada fácil. Shakespeare no era italiano sino inglés, pescó el argumento de las novelitas italianas de moda en su época. No creo que se le haya ocurrido ni de casualidad que algún día los italianos, ese pueblo que sabe vivir la vida, se la iban a agarrar con su obra y le meterían algunos otros registros. Qué suerte que el tema sea tan universal. Esta película, entre sus muchos e indudables méritos – algunos de los cuales se deben al guionista, es decir, al mismo Will Shakespeare -, tiene el de haber empleado como locaciones a Verona y sus alrededores, es decir el lugar donde Shakespeare ubica la obra. Asimismo Zeffirelli emplea actores adolescentes, y logra así una muy aceptable versión de la obra, semejante a lo que debió ser en su principio. También confieso que he casi perecido de risa con las vicisitudes de los amantes de Verona. Ya sé que eso suena cruel y hasta medio patético, y seré acusado de insensibilidad para el arte, pero es que hay que tratar de conseguirse y ver O casamento do Romeu e Julieta, del brasileño Bruno Barreto, donde ambos enamorados no son solamente hinchas de clubes de fútbol diferentes (uno del Palmeiras y el otro del Corinthians), sino que son jugadores … y así podremos ver lo nunca visto: una Julieta goleadora. No puede ser de otra manera en el Brasil, pero es que el Amor aguanta todo escenario. El flechazo es vertiginoso, el descubrimiento de que ella es hincha del Palmeiras francamente gracioso, y papá Capuleto, de antología. Está acá: http://www.youtube.com/watch?v=kxntqKSxvcM

Para bajar Romeo y Julietahttp://www.lafamilia.info/Libros/virtuales/William%20Shakespeare%20-%20Romeo%20y%20Julieta.pdf

IV
El rey Lear

Nunca he visto El rey Lear ni en película ni en el teatro, y digo la verdad cuando digo culpablemente que además y encima es una obra que leí tardíamente, pero esta es una verdad a medias. Muchos años ha vi una película que me dejó un recuerdo imperecedero, y ruego a mis lectores me acuerden la paciencia que acostumbran si se las cuento, porque sí, tiene que ver con el rey Lear: La película pertenece al Director Peter Yates, se llama The Dresser (traducida en América Latina como El Vestidor, cuando probablemente hubiera sido más interesante y adecuado llamarla El Criado, o mejor aún El Valet, pero ya sabemos que en las distribuidoras de películas trabajan gentes sin imaginación), y cuenta con la magnífica actuación de excelentes actores británicos como el protagonista Albert Finney, que hace de actor, de director del elenco teatral, y de Rey Lear, todo en la misma película, a la vez, y le sale fenómeno. Están también los excelentes actores Tom Courtenay y Edward Fox (El Chacal de la película homónima), que no parece sino que ser actor es un anexo del ser británico. En la entrega de los Oscar de 1984 se produjo la extraordinaria y creo que única ocasión en la que dos actores de una misma película resultaran nominados para el Oscar a Mejor Actor: Finney y Courtenay. Esta película presenta una obra dentro de una Obra, a play in a play, y en ese sentido el argumento es tan excelente que me provoca contarlo. Viendo buen cine como este es que se aprende a ver cine, yo la vi cuando estaba en mis veinte años y el recuerdo sigue allí. Señora, trate que su monstruito vea CINE, no solamente Blockbusters. Pero el tema en verdad no es la película, sino la obra de teatro inserta en ella. Pero caigo en cuenta que también resulta que estas son Crónicas de Mis Lecturas, qué demonios, y si a alguien no le gusta cómo las cuento, bueno es su problema, porque después de todo yo cuento lo que me parece, y si no le gusta pues apague su pantalla, señora, o cambie de blog, mi amigo.

Entonces lo cuento, aunque mis recuerdos por fortuna no son lineales: The Dresser es una película ambientada en el Londres del Blitz de 1940. Y la escena que me viene a las mientes es Albert Finney en Londres, delante de una casa bombardeada, ardiendo; y un hombre de mirada perdida, sentado delante, obvio morador del lugar. Finney se detiene delante del hombre en estado de shock, que no devuelve la mirada, ocupado como está asistiendo a su propio entierro. Finney mete la mano en el bolsillo de su saco, suspira el humo del incendio, le entrega dos boletos: Vaya al teatro – dice – vaya, ya sé que esto no resuelve nada … pero ... vaya al teatro esta noche … . El hombre no le ve, y Finney le pone en la mano los boletos … Para mí una escena conmovedora, que presenta al teatro y el arte como las armas contra la barbarie que son, que trata de prestar consuelo si más no se puede; y filmada con una economía de medios extraordinaria, en especial cuando Finney, humano en ese momento, aparezca en la escena inmediata como el pequeño, mezquino, pedante, creído, abusivo e insoportable directorzuelo de teatro, que sale a escena porque los actores de planta están en el frente de guerra cumpliendo con su deber. Y es así que se despliega en el escenario la shakesperiana El rey Lear, representada con rara dignidad por actores ancianos, discapacitados y limitados, pero que sostienen la civilización en medio del bombardeo, el incendio y la muerte. Y en medio de la guerra una historia de lealtad y cariño entre el viejo actor cascarrabias y su incondicional Vestidor: Courtenay y Finney no te cuentan la atmósfera, hacen que la respires y la sientas. Y el Humor es enemigo de la Barbarie también: El Director Finney está entre bambalinas levantándose a una joven e ingenua principiante, olvida su entrada a escena, y Edward Fox despliega su morcilla shakespeareana tratando de recordarle que deje de agarrarse a la debutante y entre a escena, pero ya; y en otro lance en el que la representación teatral está amenazada por los bombarderos alemanes, Courtenay se despacha un monólogo cortito, donde un error en la pronunciación entre “live” y “leave” en inglés hace reír: Al querer decir “si quieren salir …” (if you want to leave…) dice “si quieren vivir …” (if you want to live…). Esta confusión produce la risa del público en el teatro en la película, y la del público  en el cine. Yo me digo que tal vez no sea exactamente Shakespeare, pero qué diablos, se merece serlo… .

Una escena de la película The Dresser puede verse acá: http://www.youtube.com/watch?v=A3Eeq1kIpss

La obra El Rey Lear puede descargarse acá:
 http://www.bibliotecagratis.com/pdf/el_rey_lear_shakespeare.pdf

V
Colofón

Sí. Shakespeare es inagotable como el mar. Lo que se necesita es leerlo y verlo con ojos de ver. Se me quedan en el tintero excelentes versiones que he visto, como los Enrique V de Olivier y Branagh; La Tempestad de Paul Mazursky; Sueño de una noche de verano; Titus, con Anthony Hopkins; El mercader de Venecia, a la que me he referido en otras ocasiones. Me he pasado por alto Ran, de Akira Kurosawa, un Rey Lear del Japón feudal del siglo XVI. No sé si escribiré más sobre Shakespeare, pero trataré. El que tenga Ojos, que Lea

nota de redacción: Esta es mi Crónica Nro 40, y mi artículo número 204. A la vez acabo de completar 200,000 visitas a este humildísimo Blog. No sé si signifique algo pero se dice por decir  Seguimos adelante, por supuesto..