martes, 30 de julio de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 46: FANTASÍA - J. R. R. TOLKIEN

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Crónicas de Lecturas - 46
Leer Fantasía: J. R. R. Tolkien
                          
I
Por qué leer a Tolkien

¡Ilúvatar me valga!. Probablemente Tolkien sea el más efectivo y eficiente fabricante de mundos alternos que jamás haya agarrado pluma. Él y su compadre espiritual C.S. Lewis con sus Crónicas de Narnia, por supuesto. Es que eran patas y se reunían en el club literario The Inklings, domiciliado en el pub (public house) de Oxford, donde entre abundantes pintas de cerveza y pipas repletas de nauseabundo tabaco ellos y otros individuos de su calaña intercambiaban las frustraciones propias de los profesores universitarios de literatura, que seguramente se preguntarían por la importancia y trascendencia de los cursos que trataban de enseñar, y a la vez intentaban construir sus mundos alternos en colaboración. Que el asunto pareció funcionar bien está patentizado en el hecho que dos de los miembros del dicho club alcanzaron a estar entre los veinte escritores más vendidos y leídos de todos los tiempos. Entre ambos dieron forma a los clásicos de un género literario, el de la Fantasía. Me imagino a las señoras Lewis y Tolkien diciéndole a sus respectivos maridos ¿Para qué te juntas con esos fracasados? ¡Deja de gastarte el dinero con que creen pagarte en chupar y fumar! ¿Acaso te va a servir de algo tomar cerveza y fumar con esos buenos para nada? En fin, la ceguera es más común de lo que se cree, aunque las mujeres tengo la sensación no se sentirán felices con esta afirmación.

El género literario de Fantasía fue bien definido por Tzvetan Todorov en su obra Introducción a la Literatura Fantástica como el resultado de un cruce de creencias aceptadas entre autor y lector, una suerte de pacto basado en la empatía entre ambos: El autor propone descartar ciertas reglas racionales del cómo funciona el mundo, y el lector atraca con la manera como el autor te explica lo “extraño” o “fantástico”. Por ejemplo, en El Hobbit y El Señor de los Anillos la explicación que se da a los eventos es mágica o metafísica: Gandalf vuelve de la muerte porque es un enviado de los Ainur, las espadas élficas derivan su poder tanto del material con qué se elaboran como de las runas que se escriben en ellas. En fin, la Fantasía es más amplia que sus sumos gurús Tolkien y Lewis, y el género de la Fantasía y su primo hermano la Ciencia Ficción viven una etapa de florecimiento, como se puede ver en la literatura televisiva, con series como Grimm y Game of Thrones y otras que corresponden claramente al género de Fantasía, mientras que otras califican como Ciencia Ficción (Galáctica, Stargate SG-1, Babilonia 5, Star Trek, Doctor Who). En la Literatura escrita tradicional, el éxito de Lewis y Tolkien fue antecedido por los de personajes fantásticos como Conan el Bárbaro, de Robert Howard, llevada al cine con Arnold Schwarzenegger en el rol. O el caso de Fafhrd y el Ratonero Gris, del renombrado Fritz Leiber. No es casual que los escritores profesionales de Fantasía también escriban Ciencia Ficción. No recuerdo donde leí ni los protagonistas de la anécdota que narraré: Dos escritores de Ciencia Ficción discuten acerca de la diferencia entre ésta y la Fantasía, y uno de ellos le dice al otro que vea el enanito que está subiendo por la pared, con la capucha sobre la cabeza. El otro le interrumpe y le dice que la capucha debería caer hacia abajo según la Ley de la gravedad; y así el primero le retruca: ¿Ves? Yo escribo Fantasía, tú Ciencia Ficción. Todas estas consideraciones provienen de los años ´30 y ´40, donde aparecen en la forma de cuentos y novelas los argumentos que se emplean en muchas películas de hoy.    

John Ronald Reuel Tolkien (1892 – 1973) nació en Sudáfrica. Como muchos emigró a Inglaterra, y como pocos estudió Filología en Inglés Moderno y en Anglosajón. Sus argumentos y personajes nacen en las historias que les cuenta a sus hijos – incluyendo a Christopher, que es el que usufructúa hoy en día las ganancias del resurgimiento de la Tolkienmanía, las que a fuer de escritor pone en negro sobre blanco. Se le debe a Susan Dagnall el “descubrimiento” de El Hobbit, y su publicación a Stanley Unwin – presidente de la casa editorial Allen & Unwin. Asimismo, el éxito de El Hobbit derivó en la solicitud de Unwin de una continuación, que fue El Señor de los Anillos. Tomemos en cuenta que el Universo de El Señor de los Anillos, como el de Star Trek de Gene Roddenderry o el de la Fundación de Isaac Asímov, es un Universo coherente y autocontenido, detallado al extremo en su Historia y Geografía, incluso en la gramática, vocabulario y sintaxis de las lenguas que se hablan en la Tierra Media, particularmente la lengua común, el orco, el élfico, el éntico y otras más. Tras la muerte de Tolkien, su hijo emplea los papeles póstumos para publicar Secuelas y Precuelas (El Silmarillión, Los Hijos de Húrin).  

II
El Hobbit

En un agujero en el suelo, vivía un Hobbit. Esta primera frase de El Hobbit Tolkien confiesa habérsele ocurrido de manera espontánea un día que corregía exámenes. He leído El Hobbit – Historia de Una Ida y una Vuelta exactamente dos veces: Una antes de leer El Señor de los Anillos, la otra justo antes del estreno de la primera película del mismo nombre de Peter Jackson. No es muy agradable decirlo, porque uno le acuerda a El Señor de los Anillos un rango muy superior a El Hobbit. Y ello es injusto, porque aunque hay todo un mundo de diferencia en la manera de narrar uno y otro, hay que considerar el hecho de que el autor pensó originalmente El Hobbit como un Cuento para niños, en tanto que El Señor de los Anillos tiene todos los rasgos de una historia narrada para adultos, a solicitud precisamente de Stanley Unwin. Pero la impresión resulta engañosa, porque en verdad una de las cosas que uno primero aprende al leer a Tolkien es que no hay tanta diferencia entre los cuentos para niños y los cuentos para adultos.  Se narra en él las aventuras del Hobbit Bilbo Bolsón (Bilbo Baggins), perteneciente a una raza particular de seres humanos que habitan la Comarca (The Shire) en la Tierra Media. Bilbo viaja con el Mago Gandalf y un grupo de Enanos – otra raza de la Tierra Media – liderados por Thorin Escudo de Roble hacia la Montaña Solitaria, ubicada en la región llamada la Desolación de Smaug, en calidad de “Saqueador”. La idea es recuperar el Reino Enano de Erebor, que el Dragón Smaug destruyó. Tolkien, por supuesto, le pasó el libro a su pata del alma C.S. Lewis, y no sabemos qué participación habrá tenido en la obra de Tolkien. Por cierto la inversa también debe haber sido cierta. El Hobbit fue escrito entre los años ´20 y ´30 del siglo pasado, y fue publicado en el Reino Unido en 1937.

Si hay algo que marca las epopeyas en general son los procesos de Iniciación del joven héroe, en este caso Bilbo Bolsón. Luego veremos a su sobrino Frodo hacer lo mismo en El Señor de los Anillos. Parece natural y adecuado que un profesor de literatura inglesa antigua y anglosajón inventara viajes de iniciación para sus hijos. El éxito del libro en ventas y crítica llevó por un lado a su continuación, y por otro a una adaptación radiofónica  en 1968, una versión televisiva de BBC, así como a las adaptaciones cinematográficos en curso en la actualidad. Dichas adaptaciones, al revés de las hechas para El Señor de los Anillos, cuentan con mucho menos material literario, pues el libro es muchísimo más corto. De hecho, la primera película contiene escenas que no aparecen en El Hobbit sino en El Señor de los Anillos. Las primeras traducciones castellanas parece que fueron originalmente un tanto hechizas, vale decir hechas de manera informal en Buenos Aires. No extraña, traducir a Tolkien es verdaderamente complicado, debido al estilo arcaico del inglés que emplea. Recién en los años ´80 aparecen traducciones decentes en Buenos Aires y Madrid. Nótese por ejemplo el hecho de traducir los nombres propios de lugares y personajes: Bolsón, Sotomonte, Corneta, Brandivino, Tuk, Alforzada, etcétera, con la intención de reforzar el carácter de unidad entre los seres vivos inteligentes y la naturaleza viva del Universo de Tolkien. Por cierto, un rasgo esencial de este Universo es la difuminación de los límites que para nosotros son aristotélicamente claros: Para nosotros el mundo inanimado, las plantas, los animales y las personas son entidades separadas de modo taxativo; pero en los universos míticos en general no se dan estas separaciones, hay una unidad primordial del mundo de modo que todo comparte la condición de la vida en alguna medida, como ocurre por ejemplo con el Paso del Caradhras, los Caballos Mearas, los ríos y los árboles. En el Universo de Tolkien, los Anillos de Poder representan el empleo de las fuerzas de la magia para mantener ciertos rasgos del mundo: Hay Bondad en estado puro en los elfos (los primeros nacidos), y Maldad absoluta en los orcos, trasgos y otras criaturas. En el contexto de la Historia de las edades de este Universo, Bilbo Bolsón representa el ingreso de los Hobbits en la Gran Historia de la Tierra Media al obtener el Anillo de Sauron

Puedes descargar el libro desde:
http://www.druzhbanarodov.com.ua/downloads/El%20Hobbit.pdf         
  
III
El Señor de los Anillos

Este libro trata principalmente de los Hobbits, y el lector descubrirá en sus páginas mucho del carácter y algo de la historia de este pueblo. Este es un clásico sin atenuantes, altamente épico, y por ello podría tratárselo como una Epopeya, pero dado que se escribió en el Siglo XX y se popularizó en el mundo no anglosajón gracias a las magníficas películas de Peter Jackson, puede pasar como literatura contemporánea para los lectores de habla castellana. Muy conocido y muy citado en el mundo de habla inglesa, muestra un mundo totalmente alterno y nostálgico que rescata todos los códigos de la aventura humana en un contexto donde lo humano no es lo único que existe. De hecho hay versiones e inspiraciones confesas e inconfesas de El Señor de los Anillos hasta en video juegos de aventuras, que hacen figurar a hobbits, hombres, elfos y enanos, trasgos y orcos y  tratando de reproducir el fantásticamente bien ordenado mundo de Tolkien, y añadiendo argumentos y personajes de propia cosecha, obviamente por la necesidad de bajar costos y evitarse el tener que pagar derechos de autor. Sin embargo, la versión escrita es inmensamente mejor que la excelente versión filmada, que necesariamente reduce el mundo de Tolkien, a pesar de su extensión de diez horas en tres películas ampliadas, y a pesar de la potencia de la elipsis cinematográfica. Las películas suprimen de cuajo personajes y circunstancias muy importantes en los libros, como Tom Bombadil, Glorfindel, Celeborn, la presencia de los ucornos o los Dúnedain. Y tiene que ser así, porque la obra misma representa toda una visión del mundo y una totalidad universal de la que poquísimos libros pueden jactarse. Quizá solamente La Guerra y la Paz, de Tolstoi; o tal vez Las Mil y Una Noches puedan comparársele en esto de crear y mostrar mundos que se basten a sí mismos. Aunque sabemos que el mundo de Tolkien no existe, es tan completo y verosímil que muchos desearían que realmente existiese, lo que explica la calidad de culto que posee. Conseguir leerlo de cabo a rabo comprendiendo todos sus códigos implica una enorme cultura en muchos aspectos, aunque en castellano no represente una lectura especialmente difícil, a no ser por su extensión, y por eso puede ser releído todo el tiempo con gran provecho. El Señor de los Anillos trata principalmente sobre los Hobbits y cómo la pequeñez puede ser decisiva en un mundo de magia y poderes extraordinarios, donde conviven hombres, elfos, enanos, ents, dragones, orcos, trasgos, magos y toda suerte de criaturas. En el contexto de la secular lucha del Bien contra el Mal, simbolizado en la posesión de un mágico Anillo de Poder, algunos Hobbits – En especial Frodo y Sam, pero también Pippin y Merry – realizan un proceso de iniciación que los lleva al final, tras muchas y diversas aventuras, por buena parte de la Tierra Media hasta conseguir vencer el Mal que vive en el propio interior, expresado también exteriormente en Sauron y sus criaturas, quintaesencias de la maldad. Se ha dicho que los literatos juegan a ser Dios. Puede ser, y si así es, nos parece entonces que Tolkien podría figurar en la galería de buenos imitadores de Ilúvatar.

Hemos mencionado los procesos de iniciación, y creemos que si algo define esta obra, son precisamente los constantes y circulares procesos de iniciación que atraviesan los diversos personajes en las diversas etapas de la Historia de tan extraños pueblos. No se limitan a los Hobbits, de hecho todos están, todo el tiempo, pasando por ellos. Gandalf es un personaje esencial, mago de gran poder, pero solamente puede dejar de ser Gris para ser Blanco a través del enfrentamiento con el supremo mal encarnado en el Balrog, y debe pasar por la muerte y volver a vivir para incrementar su poder y aprender a utilizarlo para enfrentar con éxito a Saruman y dirigir la lucha en Minas Tirith como en Minas Morgul. El montaraz Aragorn no llegará a ser Rey de Gondor a no ser que se lo gane protegiendo a los Hobbits y combatiendo al lado de Théoden en el Abismo de Helm; y solo conquistará sus espuelas atravesando con coraje el Reino de los Muertos para exigirles en nombre de su ascendencia real el cumplimiento de sus violados juramentos.  Y todo ello pasa en el contexto de la retirada de los elfos de la Tierra Media, que van a contramano de los procesos de iniciación, porque ellos más bien están en retirada, se están des-iniciando, están terminándose. Los elfos, raza la más permanente de la Tierra Media, los “primeros nacidos”, ya están más acá de cualquier re-inicio. El telón de fondo de El Señor de los Anillos es mostrarnos cómo todo degenera para ser de alguna manera “menos” de lo que era. Cada Edad de la Tierra Media es así un reflejo de la anterior, pero menor, decadente, menos de lo que era. Todo se repite, cierto, pero nada es igual, y lo que fue la Edad de Oro llegará por siempre a ser una triste Edad de Hierro. La decadencia es, pues, el centro de esta Historia. 


IV
El Silmarillion y otras cosas
                              
El problema de construir mundos alternos sólidos es que hay que organizarlos. Esto es, darles una Historia, una Geografía, una Etnología, lenguas, tradiciones, tecnologías, literaturas y hasta vicios propios, como la buena hoja de tabaco de la Comarca. Quizá quien lo hizo mejor y más cortito, porque arrancó desde el mero principio, que es el de nombrar las cosas, fue Jorge Luis Borges en un cuento bastante más corto que  la obra de Tolkien: Tlön, Uqbar, Orbis Tertius. No necesitó más que plantearse el lenguaje de este mundo para poder darnos una perspectiva fundacional de éste. Ahora bien, Tolkien y su hijo Christopher hacen por establecer su mundo alterno y autosostenido. Parece que El Silmarillión existió mucho antes que El Señor de los Anillos, y de hecho influyó en El Hobbit, a creérle al propio Tolkien. La mitología de El Silmarillion adopta la forma de Libro Sagrado, algo más o menos intermedio entre la Biblia, el Corán y el Tao-Te-King: Lo conforman Libros, el Ainulindalë, la Valaquenta, el Quenta Silmarillión, el Akallabéth y De los Anillos del poder y la Tercera Edad. El más largo e importante es el Quenta Silmarillión, historia épica que Tolkien nunca pudo terminar. Es curioso que Allen & Unwin no le viera futuro editorial (“demasiado céltica” dijeron) y por ende no la publicará sino póstumamente, en 1977.  Narra entre muchas cosas la creación del Universo de Arda, y la aparición de las razas que habitan la Tierra Media, en particular elfos, hombres y enanos. El nombre proviene de los Silmarils, joyas cuya posesión es esencial por motivos mágicos. Entre sus partes más notable está La música de los Ainur, que narra una creación del mundo basada en el canto, la Historia de los amores de Beren y Lúthien, que prefiguran los de Arwen y Aragorn en la Tercera Edad, los diversos conflictos entre el Bien y el Mal, en donde Hombres, Elfos y Enanos toman partido, la caída del Reino Oculto de Gondolin, el viaje de Eärendil y la Guerra de la Cólera y la Batalla de las “Lágrimas Innumerables” (Nirnaeth Arnoediath), entre otras.  Incluye además un notable apéndice.

Otros escritos de J.R.R. Tolkien publicados póstumamente por Christopher Tolkien fueron Cuentos Inconclusos, Las aventuras de Tom Bombadil, Poemas del Libro Rojo, El camino sigue y sigue y Los Hijos de Húrin. Estos escritos podrían haberse incorporado o no al cuerpo de El Silmarillión, y según parece esa pudo ser la intención del autor, pues proporcionaban los marcos conceptuales de la relación autor - lector necesarios para explicarse verosímilmente los hechos de Magos, Hombres, Hobbits y Enanos en las obras posteriores y más conocidas. Los aspectos teológicos vinculados a la muerte, por ejemplo, se tratan con cierta profundidad. Los elfos son seres virtualmente inmortales, a no ser que mueran en batalla o por accidente, y a los hombres se les ha concedido el “don de la muerte” que les diferencia de los elfos. Pero este don es ambivalente, como se ve en la triste suerte de la inmortal elfa Arwen, esposa del rey Aragorn. Asimismo, hay aspectos relativos a la constante decadencia de Númenor y los hombres en general, temas metafísicos e incluso la explicación cosmológica de cómo el mundo plano del principio se transformó en un mundo redondo, y del cómo así los viajes de los elfos que salen de los Puertos Grises – y que se confunden con la muerte élfica – les hacen llegar a Arda. El punto de llegada del Universo de Tolkien es el nuestro, y la decadencia ha debido ser realmente brava para llegar a esto que hoy somos. Me encantaría abundar sobre lo último publicado: Los Hijos de Húrin, pero me temo que no la he leído aún.

                                              
V
Colofón

Gracias al Cine, la obra de Tolkien dejó de pertenecer en exclusiva al mundo literario anglosajón para universalizarse. Si bien para los códigos más realistas de la literatura castellana – que se patentiza en El Cid, por ejemplo – el despliegue desaforado de Fantasía es algo extraño, sin embargo se ha incorporado plenamente. Es una magnífica lectura, por lo consistente y por plantear temas universales. Se puede recomendar calurosamente su lectura. Pero, claro está, lee lo que quieras.