viernes, 12 de julio de 2013

¿QUIÉN DIABLOS SOY? (9) EL CÓCTEL GENÉTICO DE MI SANGRE INDÍGENA por javier lizarzaburu

¿QUIÉN DIABLOS SOY? -
EL CÓCTEL GENÉTICO DE MI SANGRE INDÍGENA - 
por Javier Lizarzaburu

Suele pasar en casi cualquier investigación emprendida con solidez y honestidad que las respuestas a la pregunta no eran tan importantes, interesantes o decisivas como el camino que se empleó para llegar a ellas.

Al final de toda la ruta parece que lo verdaderamente importante, más que la eventual respuesta, era la Pregunta misma:


El artículo y su correspondiente link:


EL CÓCTEL GENÉTICO DE MI SANGRE INDÍGENA 


Este proyecto del ADN tuvo su origen en el interés en conocer mi cóctel genético y de dónde viene mi sangre indígena. Pero sucede que en las últimas semanas muchos de esos cajones de secretos y silencios familiares que creía cerrados se empezaron a abrir. Es ahí cuando esta curiosidad dio un giro.

Esos cajones se abrieron de manera inesperada, revelando información desconocida por mí hasta entonces.

Junto con estas sorpresivas verdades también quedaron al descubierto las estructuras de pensamiento que les dieron vida.

Quizás no deba extrañarme. Pero lo primero que pude constatar fue que en ambos lados de mi familia la memoria que había quedado, y sobre la cual se habían armado narrativas de sobrevivencia y prestigio, era la que simbolizaba al vencedor, al europeo.

La memoria indígena era la que se había lanzado al olvido. Veamos qué pasó

CAJÓN LIZARZABURU

Nunca viví con mi padre, así que las únicas imágenes que llegaron a mí de mis abuelos paternos fueron las que aparecían en los portarretratos, en sus álbumes familiares, en las conversaciones de domingo.

Resulta que en todos esos espacios solo aparecía el abuelo Carlos (en la foto es el que aparece de pie, a la izquierda, con dos de sus hermanos) y su elegante y antigua familia trujillana.

A mí tampoco nunca se me ocurrió preguntar por la madre de mi padre. Será que mis mecanismos inconscientes entendían que esa era una pregunta que no se debía hacer.

Hasta hace un par de semanas, cuando pregunté por la abuela Victoria. Y como si la respuesta hubiera estado siempre ahí, mi padre me dijo "fue una señora humilde".

Cuando quise ver si había alguna foto de ella apareció una, poco clara, donde se la ve, pequeña, de mirada disciplinada, algo incómoda ante la cámara y con los rasgos de mestizaje que nunca pude advertir en las fotos de mi abuelo

CAJÓN MONTANI

El otro cajón que se abrió llevaba el sello materno. Y la verdad también salió recientemente, durante un almuerzo de familia, cuando me puse a hablar de este proyecto y lo que quería conseguir. Ahí estaban mi madre, sus hermanas (todas mayores de 75 años) y el esposo de una de ellas.
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Primero hubo como un murmullo. Me pareció entender que decían que no sabían de dónde podía provenir un origen indígena "porque tu abuelo era moreno, pero por la sangre italiana pues". Yo nunca conocí al abuelo Gustavo porque había muerto antes que yo naciera.

En ese repentino desorden quise ser específico y pregunté: "a ver, un momentito, una cosa es ser moreno, como puede ser efectivamente un italiano, y otra mestizo". "Moreno, moreno por lo italiano" empezaron a repetir.

Pensé dejar ahí el cuestionamiento cuando de pronto el tío (yerno del abuelo), decidió zanjar de una vez por todas el misterio.

Alzó algo la voz y con una seriedad que solo podía augurar un fallo inapelable sentenció: "Javier, tu abuelo era mestizo".

Parecería que estoy relatando una escena del siglo XIX. Y sin embargo, sucedió hace dos o tres semanas.

No bien el tío hizo esta revelación hubo un silencio. Mi madre y sus hermanas giraron las cabezas en distintas direcciones, sin mirar a ningún lugar en particular, y después siguieron conversando de otros temas. No se tocó más el asunto

EL CUENTO PROPIO

Y así, casi sin querer, aparecieron los cajones que creía perdidos.

No deja de sorprenderme cómo un dato tan sencillo como decir que alguien tiene sangre india, dio pie a toda una serie de historias y secretos que lo único que hicieron fue desconectarnos de manera muy profunda de nuestras raíces.

Lo mismo había sucedido con mi ciudad, que al negar su memoria prehispánica terminó por enterrar una vasta herencia arquitectónica de 4.000 años de antigüedad.

O la actitud de mi país, que dice sentirse orgulloso de los Incas, pero donde los grupos indígenas son los más pobres y los menos educados.

En este triturador de memorias aparecieron también mis propios mecanismos racistas.

Pude observarlos, escondidos y vigilantes, ubicados ahí para no permitir que se violentara el orden, silencioso, inconsciente, poderoso.

Hoy tengo menos interés en los porcentajes que me dará National Geographic.

Saber si soy más de lo uno o de lo otro ya no me moviliza de la misma manera. Hoy sé mucho más sobre mí mismo y sobre el lugar en el que vivo. Y de repente esto solo es lo que le da sentido a esta experiencia.

¿Qué es lo que nos ofrece Lima? Una porquería, y el hombre no es una porquería. Quizá sea este el momento cuando la juventud debe tener fe en este país. ¿Por qué? Porque nosotros nacimos en un país dividido: indios, mestizos, blancos, divididos por vallas casi infranqueables. ¡Jóvenes, esas barreras se están rompiendo, las hemos roto! Yo he contribuido, como han contribuido todos a romper esas vallas"
José María Arguedas, escritor peruano



CONTINÚA EN: ¿QUIÉN DIABLOS SOY? - DÉCIMA Y ÚLTIMA ENTREGA: 

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