martes, 13 de agosto de 2013

EL QUE ESTUDIA TRIUNFA, o Cómo he triunfado sin saber leer ni escribir - Parte 1

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EL QUE ESTUDIA TRIUNFA, 
o Cómo he triunfado sin saber leer ni escribir 
– Parte 1

Yo nunca leo ni escribo  
(César Acuña)

Cholo soy y no me compadezcas 
(Vals de Luis Abanto Morales, su link: http://www.youtube.com/watch?v=sTXDmz-l4I0)

Que alguien cometa un error, eso se entiende. Que lo cometa dos veces, algo quiere con ello. Empecé este artículo pensando en que no hace muchos días, el alcalde de una importante ciudad del norte peruano, en su calidad de propietario de una Universidad confesó en un ataque repentino de honradez que “nunca lee” y que “no escribe”, cosa a lo que ni Leland Stanford se atrevió. Pero la noticia queda reforzada por el mismo Alcalde propietario, que manifiesta en la última Feria del Libro lo mismo: Que no lee ni escribe.

Podemos reconocer la honestidad personal, la posible bonhomía, la humildad académica del caballero en cuestión. Si ya lo hicimos hablemos de cosas serias: Por qué un supuesto modelo social, eventual candidato a la Presidencia de la República puede decir lo que dice, repetirlo, y para qué. El que alguien no lee ni escribe en nuestro país es como esa primicia calientita que nadie la sabe, que no es noticia para nadie. La primera noticia fue convenientemente acallada en los medios porque ya sabemos para quienes trabajan y a cambio de qué. Yo me enteré de la boutade pues se les olvidó pagarle a la prensa mexicana, y los mexicanos que fueron al evento donde el alcalde Acuña dijo lo que dijo, pues lo repitieron, y en el mero México todo el mundo estaba escandalizado y muerto de risa del ridículo hecho.

Pero luego viene el alcalde Acuña y repite lo dicho en contexto análogo, como para que no quede ni sombra de duda del asunto. Vamos muchachos, ya esto es algo más serio, el hombre está o tratando de esconder el árbol en el bosque, o peor, está tratando de establecer un paradigma.

Un paradigma: Leer, escribir, saber

Como educador, lejos estoy de creer que la única sabiduría es la que se adquiere leyendo. De hecho una exclusiva sabiduría de ese tipo resulta peligrosa, como se evidencia en el nulo manejo de los conflictos sociales en este gobierno, entregado a operadores académicos sin conocimiento práctico de cómo se mueve la política de a de veras, y quejosos de que la realidad no se acomode a la teoría que aprendieron en la maestría de Kuala Lúmpur, Monte Palomar o Stratford-upon-Avon. Ahora bien, el problema del señor Alcalde es inverso: Alguien debiera haberle dicho que una persona que ha hecho importante carrera política fundando una Universidad no debería decir barbaridades y menos insistir en ellas. Sobre todo si la gente aún cree el cuento que la Universidad es un lugar donde se hace Enseñanza, Ciencia e Investigación, aunque en la realidad real del Perú sea una corporativa y encomendera manera de hacer plata fácil y ganar cuotas de poder político.

Admitir que no se lee y que apenas se escribe parecería así una suerte de seppuku político. Pero no lo es, sin embargo, y hay motivo porque aunque el Señor Acuña no lea ni escriba, sabe contar muy bien y no tiene un pelo de bobo, pues contrata a los que sí leen y escriben con solvencia. Y no muy caro, que el hambre aprieta. Los bobos ni hacen plata ni fundan Universidades sin saber leer ni escribir. Fieles a nuestra costumbre de no creer en pajaritos de colores ni que la realidad se va a acomodar a nosotros, encontramos varios e interesantes contenidos latentes, de hecho muy consistentes con la unidireccionalidad del pensamiento del que no lee: Mírame, soy tu ejemplo, identifícate conmigo, que traigo la Verdad: Para tener éxito no requieres leer y escribir, lo que requieres es plata.

Equilibrios y costo-beneficios

Seamos equilibrados: Si lo que el Alcalde y dueño de una Universidad trata de decir es que necesitas de trabajo y esfuerzo para progresar y alcanzar tus metas, que eso no lo formas con lecturas teóricas sino con acciones prácticas, y que para eso no desarrollas conceptos sino valores, que necesitan de un esfuerzo cotidiano, pues le doy la razón. Si es eso lo que trata de decir como discurso positivo, me parece muy bien, pues cuadra  a la  perfección con el carácter de self-made man del señor Alcalde, sin duda un paradigma respetable.

Pero como no nací ayer ni me chupo el dedo, lo que el empresario exitoso dice no es corroborado por el eventual candidato a la presidencia, que estaría tratando de desconcertar a su audiencia vía disonancia cognitiva: Es inteligente impactar así en una audiencia juvenil convencida de que el conocimiento es para los que tienen plata. Los jóvenes se preocupan en buscar alternativas de supervivencia que no los metan cinco años en una Universidad cara, para al final no salir con un título. El costo-beneficio de estudiar en la Católica o en la UPC por ejemplo, obliga a hacer maestría afuera para ser alguien, y eso requiere una capacidad académica en comprensión lectora, entre otras cosas. El que parte con desventaja al respecto es penosamente consciente de su falencia, así como de la necesidad de superarla invirtiendo una plata que no tiene cómo conseguir: Beca 18 está más verde que mis algarrobos, y nadie aquí te da beca para nada, más bien buscan cómo cobrarte más cupos, y más por ellos.    

Qué es lo que le gusta a la gente

Tras siglos de encomendería académica y tras la frustración de los intentos por resolverla, desde José Carlos Mariátegui, el Apra, los reformistas de los ´50 y ´60, el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada, Sendero Luminoso y el Nacionalismo, la cosa está igual que siempre: Si tienes plata la haces, y si no la tienes ya fuiste. El mecanismo de ascenso social más efectivo sigue siendo emigrar, porque el título académico de adentro no es más que una valla que superar y una condición para competir, no significa nada más que eso, sólo te iguala al resto. Y tal como están las cosas, solamente indica que pagaste el cupo correspondiente. Como todo el mundo sabe pero no dice, el 90 % de las maestrías son agua de borrajas, para desaprobarlas o hay que ser un genio o no tener plata para pagarlas. Y como todo el mundo dice aunque no sepa, el estado de nuestra educación superior se corrobora con el hecho que sólo el 15 % de nuestra población entiende lo que lee, así llegan desde el sistema educativo.     

El Otro Paradigma: Bruto, pero empeñoso

Entonces el negocio de tener Universidad y de querer ser Presidente requiere de segmentar adecuadamente tu mercado. Si todo el mundo sabe que la brillantez intelectual erudita está reservada a la aristocracia que no trabaja con sus manos, y ni sabe ni le interesa hacerlo, que la inteligencia – leer y escribir al estilo intelectual de la Católica o UPC, digamos – no es para la Indiada sino para la Aristocracia, entonces si eres inteligente (indicadores: saber leer y escribir) es porque eres un aristócrata ocioso con plata. Y eso se opone a la autoimagen del migrante serrano exitoso: No tiene escolaridad o tiene poca, pero eso no importa porque es trabajador y empeñoso.

¿Cómo compensamos la cosa en la autoimagen del eventual segmento que me hará presidente, autoimagen que necesito conocer para poder reflejarla? Y tengo que hacerlo, porque si no, no solamente no seré presidente, sino  que tampoco venderé la ilusión de la carrera: Pues fácil, contrario sensu a la imagen del éxito aristocrático caviar está instalada la imagen andina del éxito del Cholo soy y no me compadezcas, que se obtiene siendo empeñoso – emprendedor recontra chambeador (infiltrada hacia arriba con el tema de la actitud ganadora)  lo que significa de necesidad que no tienes educación - indicadores: no lees y apenas escribes. Eso es lo que está atrás de la confesión del Señor Alcalde: Somos iguales, ven a mi Universidad, no necesitas saber si eres trabajador y empeñoso.

En Resumen:

Cuando el Señor Alcalde dice a sus egresados en su Discurso de Graduación y a sus oyentes en la Feria del Libro que él no lee ni escribe y que no lo necesitó para “triunfar” dice, a saber:

1. El modelo de Universidad aristocrático y pituco, caracterizado académicamente por su erudición, tiene una alternativa: Su universidad, donde puedes triunfar sin necesidad de embarazar tu mente con caviaradas como leer y escribir.

2.  El Triunfo se mide por la cantidad de plata que tienes. Para tener plata no necesitas ser un aristócrata pituco, basta – contenido positivo – ser empeñoso y trabajador, como lo prueba el hecho que, sin literalmente saber leer ni escribir, él triunfó.

3. Por ende, no tienes que ser muy inteligente para entrar a esta universidad, sino ser empeñoso y trabajador. (Esto me suena a una venta de lo más barata, pero cada empresario es dueño del márketing de su universidad, como cada estudiante es dueño de postular de ella o no).

4.   Lo que cuenta no es el conocimiento que acumulas, eso es aristocrático (porque requiere leer y comprender lo que se lee), sino el cartón que te damos, que acá es más fácil que en otras partes, porque a fuer de consecuencia obvia, se sugiere que en esta universidad no tienes que demostrar que sabes sino demostrar que te esfuerzas.

Colofón

Que todo esto tiene consecuencias para esa cosa elusiva que se llama desarrollo económico y esa otra más elusiva aún que es la calidad educativa, pues eso veremos en la Segunda Parte de este artículo, si la hay. Salvo Error u Omisión.