jueves, 24 de octubre de 2013

BILL GATES Y LA UTOPÍA


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BILL GATES Y LA UTOPÍA



No hace muchos días la Fundación GATES redescubrió la pólvora:



Dijo que el sistema de contratación de trabajadores que emplea papeles que "certifican" la posesión de ciertas habilidades no es funcional, implica un desperdicio de recursos y es necesario ir directamente a buscar las habilidades requeridas a fin de encontrar el mejor candidato para el puesto a llenar en las instituciones.  



¿Podemos hacerlo en el Perú?

Es posible que haya países donde esto se pueda hacer. ¿Pero en el Perú? Eso es extremadamente difícil porque el criterio que prima en el Perú NO es colocar el mejor hombre (o mujer) en el mejor puesto.

Hagamos un somerísimo análisis:
  ¿Cuál es la habilidad natural de los que mandan en las instituciones privadas y públicas del Perú, desde APDAYC y la Federación Peruana de Fútbol hasta el Poder Legislativo y el Poder Judicial, pasando por empresas, unidades ejecutoras, gobiernos regionales, municipalidades y medios de comunicación?

Fácil:
Es ser familia de…, ser amigo de…., pertenecer a la argolla "X", "Y" o "Z"….,


Es decir, habilidades que no se adquieren por el conocimiento, el talento o el esfuerzo, sino que son:

  • Heredadas, es decir porque naciste en el sitio adecuado en el momento oportuno, dentro del reducido número de familias interrelacionadas entre sí que corta el jamón y aparece en Ellos & Ellas. Por analogía con el Tahuantinsuyo, los podríamos llamar La Nobleza de Sangre.
  • Adquiridas por relación con los miembros de las familias del punto anterior, y manejadas a través de una estructura social que en el Perú se llama argolla, que valora la obsecuencia, el clientelaje y el amiguismo. Por analogía con el Tahuantinsuyo, los podríamos llamar La Nobleza de Privilegio.

Esto quiere decir que los que reclutan personal en las Instituciones no se pueden basar en las habilidades del candidato. En primer lugar porque ellos mismos no han sido seleccionados de ese modo.

El papel donde consta el título, como se sabe, se compra en establecimientos al efecto denominados en nuestro país Universidades, y son accesibles básicamente a la Nobleza de Sangre mencionada arriba, que es la que posee el Dinero:y a la Nobleza de Privilegio, que es la que tiene las relaciones..

El talento, las habilidades y las competencias para un puesto son consideradas innatas a los apellidos que se lucen y/o a la pertenencia a determinadas argollas. El que toma las decisiones de reclutamiento está en ese puesto porque es quién es y no por lo que sabe hacer. El papel donde consta el título se emplea como condición necesaria; y según el candidato y sus vínculos sociales, suficiente.


Lo utópico del asunto
Como la mayoría de los que están en determinados puestos están en ellos no por sus habilidades sino por sus privilegios, es una utopía creer que serán ellos los que cambien esta política por otra que considere las habilidades reales. Ellos ven en el candidato talentoso un enemigo en potencia y un peligro real para su estatus. El objetivo dorado de enquistarse se dificultaría, no se podría armar un organigrama a la medida con los amigos de confianza.
Examínese si no el organigrama político del Perú y la red de contrataciones basada en las dos o tres leyes fundamentales que las rigen, y que se han generado a lo largo de varios lustros como resultado de las negociaciones y enquistamientos producidos a lo largo de los diversos gobiernos, en especial los dos gobiernos apristas, constituidos fundamentalmente en agencias de empleo donde se intercambian sueldos del estado por impunidades; y donde se diseñan los procedimientos y protocolos no para servir al interés público, sino para hacer crecer y multiplicar la propia argolla a todo costo.

Lo que las argollas necesitan no es gente con habilidades ni capacidades, excepto las necesarias para siervos y yanaconas con la ductilidad necesaria para ser manejables, no conflictivos, conocer su lugar y ser funcionales a la necesidad de la argolla.


Colofón
Para que la propuesta de Bill Gates funcionara en el Perú se requeriría que la sociedad en su conjunto se regenere. Eso es algo que no pasa por el amor de Dios ni sentándose a lamentarse porque no ocurre. Se necesita una voluntad clara de conformar organización política que dé guerra y combata el fuego con fuego. Que no es imposible puede observarse en dos factores: El impulso de la juventud que hoy NI trabaja Ni estudia, pero que podría eventualmente asumir el ideario de los estudiantes de Chile (el terror que le quita el sueño a los privatizadores de la educación peruana) que dan el ejemplo; y lo que pasa con los emigrantes peruanos, los más talentosos y audaces de nuestros compatriotas (Son Tres millones en el extranjero) que escaparon de las argollas e hicieron sus vidas en sociedades donde sí hay espacio para las habilidades. 

La utopía es posible.

Nota .- La caricatura, de Carlín.