lunes, 15 de agosto de 2011

CONTRA EL LUCRO EN EDUCACIÓN o la Generación NINI pasa a la Ofensiva


Que vivan los estudiantes / jardín de nuestra alegría / son aves que no se asustan de animal ni policía” (Canción de Violeta Parra)

El sistema actual permite que miles de jóvenes chilenos de clase media y baja se endeuden con créditos con tal de tener acceso a la universidad. (…) al egresar no encuentran empleo en su especialidad y deben resignarse a trabajar en otros empleos con tal de pagar su deuda.” – Camila Vallejo Dowling, Presidenta de la Federación de Estudiantes Chilenos

Mientras acá en el Perú los medios andan buscando chismes más o menos innocuos para no tocar las cosas que cuentan y que pueden, en el particular entender de sus propietarios, jalar agua hacia los molinos del gobierno; en el país ”ejemplar” (Chile) que nos pretendió vender la Sociedad de Minería y Petróleo las papas recontraqueman. El Presidente Piñera – que por cierto en algunos aspectos nos cae muy bien - cuando se levanta por las mañanas se encuentra con movilizaciones de jóvenes estudiantes que alcanzan fácilmente decenas de miles, e incluso centenas de miles de personas. Hasta los ciegos distinguen cómo van recabando apoyos sociales más allá de toda descripción entre los estudiantes universitarios, los profesores y los mismos padres de familia. Ayuda a esto la evidente politización de los jóvenes chilenos, que a mí, como docente de Ciudadanía, no solamente no me asusta, aino que me parece sumamente positiva. Bien considerado, es bastante mejor marchar pacíficamente reclamando los derechos que se les conculcan que formar pandillas para asaltar al prójimo o dedicarse al Narcotráfico o la vagancia.

Pingüinos y Maras

Quizá acá nuestros poderes fácticos prefieren que los jóvenes se encuadren en las previsibles estructuras de la migración, la delincuencia, el desempleo y el narcotráfico. No lo creemos, más bien nos parece que ni siquiera se han percatado que el Pandillaje también escala, como prueban los maras de Centroamérica. Puestos a escoger entre las posibilidades, tal vez algunos pueden percatarse que los maras pueden ser “aliados” de ciertos grupos de poder en esos países, de la misma manera que el Partido Nazi lo fue de los grupos de poder alemanes en las décadas del 20 y 30 del siglo pasado. A final de cuentas, estos jóvenes expresan un rechazo que puede ser más o menos “canalizado”. El problema es que los “pingüinos” chilenos (denominación procedente en apariencia de su vestimenta que recordaría la disposición plumífera da estos simpáticos habitantes de la Antártida), y los maras centroamericanos son extremadamente diferentes. Los unos están encuadrando sus protestas dentro de un esquema ideológico democrático, en tanto que los otros son más bien nihilistas e ingenuamente postmodernos. En ambos casos el elemento común parece ser no tener nada que perder, pero la diferencia está, a más de las conclusiones, en las ideas sostenidas y el liderazgo político.

Los pingüinos se han puesto objetivamente a la vanguardia de una movilización social en el país más neoliberal de América Latina. No solicitan dádivas ni una parte mayor del presupuesto, por lo menos no de cualquier manera. No les satisfará que les arrojen unos cuantos puntos más del PBI, y menos que les obsequien declaraciones líricas. No quieren que les pinten los triciclos, quieren bicicletas. Lo que quieren y reclaman es un tema de fondo, que toca los mismos conceptos de base del régimen, y que enfrenta la discordancia de la contradicción básica que viven nuestros países: Democracia versus Mercantilismo.

El Lucro

Desde que Babeuf planteó la contradicción entre la igualdad política y la desigualdad económica en los remotos tiempos de la Revolución Francesa, el tema ha estado en el candelero. E incluso antes. “Dios bendice el lucro honesto, aunque maldiga el robo” le hacía decir Shakespeare a Shylock, uno de sus personajes más logrados. La situación de la Educación chilena expresa en su particular modo uno de los grandes problemas de la Educación en este Siglo XXI, que es su relación con el mercado. Los hechos imponen una reflexión sobre la desigualdad y el lucro, que nos toca hacer a nosotros también: ¿Puede el servicio educativo considerarse como cualquier otro producto o servicio ofertado en el mercado? Intentemos el análisis.

Es evidente que una de las razones por las que se estudia es para poder ganarse la vida, lo que podríamos llamar un fin económico, que después de todo, no nos engañemos, es algo esencial a la naturaleza humana. Vale decir, el problema del Trabajo. Otro muy vinculado y muy relacionado con el tema económico de la escasez de los recursos, es el alcanzar un posicionamiento social que permita el logro de ventajas individuales en el reparto de la torta social. Vale decir, el problema del Estatus. Entendemos que ambas razones son perfectamente atendibles y quedan incursas en el tema básico de la igualdad política / desigualdad económica, desde que el reparto de los bienes intelectuales considerado genéticamente muestra un patrón diverso. Es decir, aunque las personas somos iguales en derechos y dignidad, somos diferentes en nuestras capacidades. Objetivo de los sistemas educativos ha sido no solamente preparar a los jóvenes para el trabajo, sino además asignar los distintos recursos para el mercado laboral. Todos – o algunos - vamos al colegio, pero algunos terminarán de jefes y otros de subordinados. Una sociedad que se pretende democrática intenta fomentar una movilidad social basada en el mérito propio, que elimine las distinciones sociales lo más posible, a fin de que en realidad destaque aquel que se lo merezca, al margen de su ubicación social primigenia. Visto desapasionadamente es una manera muy racional de colocar, como dicen los británicos, “the right man in the right place”, lo que al final no puede ser más que favorable para la sociedad en su conjunto.

Y aquí viene el tema. Si de algo parece haber servido décadas de neo-liberalismo avant-la-lettre en Chile es para que los jóvenes chilenos miren el sistema de cosas, lo analicen y hagan, a fuer de economistas principiantes, un análisis costo-beneficio de la situación. Podemos decir que emplean las mismas armas del sistema contra los factores del sistema que los desfavorecen. Nada más racional, porque bien visto ¿qué pierden los jóvenes estudiantes si el sistema educativo cae hecho trizas tras un Mayo del 68 chileno? Pues entienden que absolutamente nada. ¿Y qué pueden ganar si llegan a su programa máximo? Pues por lo menos dos cosas: Deconstruir la idea de Lucro en la Educación, y replantear los Fines de la Educación.

El Lucro en la Educación

El lucro es el principal valor mercantil, de ello no cabe duda. Los seres humanos tomamos decisiones todos los días al respecto, decisiones más o menos racionales, en las que decidimos trabajar en algo, y antes de ello estudiar algo que me permita trabajar en algo. Además, a fuer de seres humanos, preferimos dirigir la Orquesta en vez de tocar el címbalo. Y a la larga, un sistema competitivo académicamente es útil en este sentido, pues no todo el mundo es capaz del mismo modo de dirigir la Orquesta, aunque más no sea por las diferencias genéticas y adquiridas durante los primeros años de la vida. La Educación permite por lo menos aspirar a la movilidad social hacia arriba. Visto esto, es obvio que la oferta educativa debería ser a la vez amplia en su convocatoria y exigente en su evaluación. Más o menos simplistamente, a lo primero se responde con una cobertura educativa adecuada, y a lo segundo con una Instrucción de alta Calidad, con variantes de acuerdo a los requerimientos sociales. Y como requisito previo, el criterio democrático de igualdad política requiere cuando menos un punto de partida más o menos parejo.

Es obvio que estas condiciones no existen en sociedades demasiado desiguales, y menos en sociedades que pretenden institucionalizar diferencias sociales de peso. Es lo que parece creen los estudiantes chilenos. Digámoslo de este modo: Las disyuntivas del mercado no son las mismas si se “elige” un colegio que si se “elige” una gaseosa o un automóvil. El servicio educativo no es lo mismo que el servicio bancario. Pasa lo mismo con el tema de Salud, uno no “elige” morirse si no puede pagar el servicio de Salud. En Salud Pública se suele manejar el enfoque de Determinantes Sociales para determinar cuando existe y en qué medida un estado de bienestar general, que es como se define la Salud, y resulta evidente que si estás desnutrido no es porque lo hayas elegido. No es igual Chana que Juana. Y lo mismo es en Educación, aunque los plazos son más largos.

Los Fines de la Educación

Es evidente que el costo de la Educación está en alza, problema al que las sociedades en crecimiento económico en América Latina no han respondido adecuadamente. Por ejemplo, constatamos que en la inmensa mayoría de los casos los procesos por los que ha pasado la Educación en los últimos decenios han tenido como una de sus consecuencias endeudar más a las personas y familias, poniéndolas a merced de un sistema financiero oligopólico y de altas tarifas. Chile, a la inversa de otros países, contaba con una tradición de sistema educativo público bastante eficiente, hasta su desmontaje por la dictadura pinochetista, así que a ellos no les cuentan como es. En otros países como el Perú la Calidad Educativa es tan baja en la escuela pública que no solamente no asegura la igualdad ciudadana, sino que ni siquiera parece capaz de enseñar a leer correctamente, ni siquiera en la escuela privada, con la excepción de algunas islas que no alcanzan a formar archipiélago. Los egresados no encuentran trabajo, la estructura educativa no es costo-eficiente en este aspecto, y el resultado más obvio es que para alcanzar un nivel educativo de cierta calidad que asegure un empleo más o menos decente, se tiene que salir del país.

Parece obvio que los fines de la Educación en nuestros países no tienen mucho que ver con las personas. Hay en tal sentido la percepción no solamente que la Educación no es funcional a los requerimientos sociales, sino que en realidad sirve a intereses muy distintos que los propiamente educativos. Así podemos entender que el tema no es sola ni únicamente de presupuesto, sino de estructura y objetivos, porque no parece tener mucho sentido gastar más en hacer más de lo mismo.

Desnudez ideológica de la Derecha

Empujados por la movilización de estos ciudadanos en ciernes – Sólo Dios sabe qué harán estos ciudadanos en ciernes cuando lo sean plenamente – las respuestas de la derecha política chilena, en muchos aspectos ilustrada, han mostrado bien poco. Ofrecen más presupuesto, cuando lo que se quiere es una transformación integral del sistema. Las amenazas veladas con el tema de “perder el año” son bastante infantiles, y graciosamente han partido del gobierno. Los intentos de deslegitimar las protestas a través del fomento de la violencia, la infiltración y la provocación han sido fácilmente deconstruidas por jóvenes cuya dirigencia es bastante afiatada y poco proclive a creer en pajaritos. Hablan claro, y esperan un nivel de diálogo, y según parece lo único que el Estado neoliberal gobernado por la derecha puede oponer es un vetusto “principio de autoridad” e intentos falaces y penosos de “contención”. Se ve como claramente han tratado de “pandillizar” a estos jóvenes, cuyo delito más notable, según parece, ha sido cuestionar la realidad, en un esquema educativo que fomenta el pensamiento crítico. Es el problema cuando haces las cosas a medias: Si fomentas el pensamiento crítico, es exactamente eso lo que obtendrás.

Colofón

Es bastante obvio que simpatizamos con los estudiantes chilenos y sus movilizaciones, y nos preguntamos tanto por sus resultados, por la solidez de sus ideas y dirigencias, así como por qué podemos esperar en nuestro país. Parece que la disyuntiva está entre ver a nuestra juventud convertida en Maras o Pingüinos. Es decir, elegir entre dos problemas sociales de alto grado en la escala de Richter. La lógica de la cosa debería estar en nuestro caso en prevenir la situación haciendo lo que debemos hacer política y educativamente. No se sostiene más en América Latina el esquema de la Educación para el Lucro. Choca con los criterios más básicos de la Gratuidad y la Calidad. Colisiona con cualquier idea de Democracia. Lo que nuestros jóvenes necesitan para no caer en la Generación NINI es oportunidades educativas y laborales. El que tenga Ojos para ver a los Pingüinos, que vea.



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