viernes, 28 de octubre de 2011

INCLUSIÓN SOCIAL o Contra la Pobretología (II)



"Allí donde domina el derecho a la propiedad, donde todo se mide con dinero, no puede hablarse de equidad y bienestar social." (Santo Tomás Moro)

Retomo el punto donde lo dejé. En el artículo I toqué el tema de la pobreza, así que ahora nos toca el tema Inclusión.

¿Inclusión o Exclusión?

Definir Inclusión parece algo extremadamente difícil y hay poca literatura sobre el tema. Parece productivo darle la vuelta e ir al concepto opuesto: Exclusión. El término fue acuñado en Francia en los años 60 y 70 por René Lenoir, Secretario de Estado para la Acción Social del gobierno francés, en su libro Los Excluidos: Un francés de cada diez. El libro alcanzó resonancia entre los pensadores galos y europeos, y expresaba el tema de la marginación de diversos sectores del progreso y desarrollo económicos. La idea apuntaba a un ideal republicano de cohesión social y reparto adecuado de los frutos del crecimiento, so pena de que el tejido social se debilite y se ponga en riesgo el sentido de pertenencia a la comunidad política mayor. Si hay sectores de la población que se perciben excluidos de los beneficios que una sociedad produce, dichos sectores no tendrán interés en sostenerla, sino más bien en cambiarla o en secesionarse de ella. Es interesante relevar que esta idea de exclusión no se relaciona a la dependencia, concepto económico, sino a la pertenencia, concepto político. Los excluidos no se quieren ir necesariamente, lo que quieren es participar de sus beneficios sociales, pero si no lo logran, su reacción sería de protesta política, en diversas formas: Migración individual, secesión, autonomismo u otras.

Jacques Delors y sus colaboradores metieron el concepto de Exclusión en el pensamiento de la Unión Europea, que lo adopta oficialmente en 1989. Desde aquí la idea y su contraparte la Inclusión, se expande a través de organismos internacionales como Naciones Unidas, OIT y el Banco Mundial. Los laboristas británicos crean una oficina gubernamental denominada Social Exclusion Unit (Unidad contra la Exclusión Social) integrada a la Secretaría del Gabinete del Primer Ministro, con un sesgo más práctico, dirigido a lo económico. Según parece nosotros hemos hecho algo semejante en nuestro orden republicano, dedicándole un novísimo Ministerio.

¿Exclusión o Pobreza?

El tema de la Exclusión, y su contraparte la Inclusión, está traslapado con el tema de la Pobreza, y en cierto modo se le opone. Aún cuando en estos primeros meses de gobierno se haya creado una primera síntesis, aún debemos diseminarla para transformarla en Políticas Públicas. Seguimos aferrados a un concepto de pobreza que, como hemos visto en el anterior artículo, tiende al economicismo, y no considera una serie de circunstancias sociales con valor propio, como la participación política, la integración social, la redistribución de los beneficios sociales y la pertenencia. Lo opuesto a la Pobreza es la Riqueza, pero no es la Pobreza un determinante de la pertenencia a una determinada Sociedad, por lo menos no en el sentido extremo. Pero parece claro que la Pobreza es una de las principales causas o factores de la Exclusión. Una ventaja de emplear Exclusión es que abarca un énfasis mayor en el tema democrático, al centrarse en el ejercer los derechos sociales, culturales y económicos de las personas para lograr estándares de vida más adecuados a la condición humana. Convierte la solución del problema de la pobreza en una cuestión de derechos y obligaciones sociales, reformula la función del Estado y permite ampliar la mirada en función del tema primigenio de cohesión social y refundación de una sociedad que integre a todos sus miembros respetando la diversidad. Y ello abarca temas como la Inversión Pública, es decir complementar la capacidad de gasto de las familias con la posibilidad de acceder a la infraestructura y servicios necesarios, como escuelas, hospitales y demás.

La dinámica social de la Inclusión

Si dejáramos a la sociedad a su suerte, sin nadie que planifique y dirija, tal vez llegáramos a la sociedad perfecta del neoliberalismo, pero creemos más bien que la entropía sería cada vez mayor. Cuando el Estado y la Sociedad permiten la Exclusión, las posibilidades de mantener integrada la sociedad disminuyen y se produce el riesgo del colapso, a manos precisamente de los grupos de excluidos. La recurrencia de conflictos sociales es un indicador fiable, nos parece, de este hecho. La inclusión social se enfatiza en la medida que trata de aumentar sensatamente la riqueza, mientras a la vez la distribuye de modo que el factor trabajo obtiene una parte más sustancial del ingreso nacional, rompiendo las barreras sociales que han determinado una distribución demasiado desigual de la riqueza. Una legislación laboral sólida traslada recursos desde las utilidades a los bolsillos de los trabajadores, potenciando los mercados internos y eliminando exclusiones sociales. Los programas para balancear la distribución del producto social en dirección a ciertos grupos maltratados tradicionalmente, como jóvenes NINI, madres solteras y ancianos, potencian los mercados internos y elimina ciertos factores de exclusión. Así también lo hacen el cumplimiento de las leyes a favor de las personas con discapacidad, el impulso a la educación inclusiva y la consideración de los derechos de los grupos étnicos y lingüísticos tradicionales. Se reconoce en todos estos grupos de Excluidos su contribución a la nacionalidad, se eleva su autoestima, se les incorpora a la Nación y de paso se cambian los paradigmas acerca de la Pertenencia.

Visto desde estas perspectivas políticas, sociales y económicas, la Inclusión Social se orientaría entonces a reformular la concurrencia a los mercados de factores económicos para repartir adecuadamente el producto nacional y hacer así participar a todos de los frutos del crecimiento.

Inclusión y economía

La política de Inclusión y sus determinantes parecerían en consecuencia un modo de reconciliar las necesidades de la economía con las de la sociedad, integrando la respuesta económica con la social, en una apuesta de mediano plazo por la reformulación de nuestro país, coordinada y fomentada desde el poder democrático. Dado que el acceso al capital ha sido dificultado tradicionalmente por la presencia de oligopolios y alianzas espurias entre éstos y administraciones estatales febles y no distributivas, se ha mantenido fuera del reparto de la torta a grandes sectores de la población. Estos sectores han tenido tradicionalmente grandes dificultades para crear, acumular y/o acceder al Capital dadas ciertas condiciones de vida que determinan precisamente su exclusión; como la oligopolización del sistema financiero, la inoperancia de los sistemas de Salud, la educación de baja calidad y carencia de formación para el emprendimiento de los jóvenes, personas con discapacidad, mujeres, agricultores, etcétera; la dificultad de patentar y desarrollar ciencia y tecnología en nuestro país, y otros. El ascenso social meritocrático se ha visto así bloqueado. La respuesta de la sociedad desorganizada fue capitalizar basándose en la Informalidad social y económica, subordinada a la capitalización formal y alimentada de sus migajas o por evasión fiscal. Incluir implica por lo tanto formalizar el capital, de manera que se puedan integrar los sectores excluidos de la nación a su dinámica económica.

El acceso al trabajo ha sido tradicionalmente bloqueado también por la hegemonía de actividades económicas extractivas, como la Minería, intensivas en capital, pero muy pobres en empleo de mano de obra. La educación de mala calidad y su estructura excluyente, no proporcionan oportunidades para que las personas puedan responder a las necesidades reales de la sociedad, y por lo tanto fomenta la emigración, pasa por alto la tecnologización de la sociedad y prepara para puestos escasos y mal pagados en el sector de servicios, siguiendo el modelo chileno de mercado, como se sabe en colapso hoy en día por el lado más insospechado. El trabajo por ende, también es informal, y como el Capital y la Tierra, y de hecho todo bien escaso, es objeto de corrupción.

El acceso a la Tierra es doblemente importante para nosotros desde que la agricultura no solamente es una actividad productiva, sostenible y con amplias ventajas comparativas, sino que es tradicional en nuestro país, internacionalmente estratégica, y creadora de puestos de trabajo. La ciudad abusa del campo en el ámbito de los precios y la comercialización, en desmedro de grandes grupos de excluidos en nuestro país. La propiedad agraria es muy insegura, y además difícil de ser rentabilizada por grandes sectores sociales. La agenda inclusiva en este caso es tan importante como en el caso del capital y el trabajo.

Pasar de la Exclusión a la Inclusión

Hay dos aspectos en los que resulta importante establecer políticas de Inclusión: La distribución social de los recursos existentes, y la producción de mayor y mejor cantidad y calidad de recursos. El aumento de la presión tributaria permitiría aumentar la parte del estado en la Renta Nacional y redirigirla en función de reducir la exclusión social. Presupone una situación de crecimiento económico sostenido que no se base solamente en el precio de determinados commodities. Presupone también el criterio de equidad, lo que implica que la focalización debe ser más eficaz para atender a las poblaciones más vulnerables e incorporarlas a la economía. Presupone sobre todo una inyección de fondos hacia la sociedad en su conjunto que debería dinamizar la inversión pública y privada, y el fortalecimiento de la economía nacional de mercado, sobre una creciente demanda de bienes y servicios en el interior, de la mano con una inserción más diversificada, amplia, profunda y generadora de capitalización en los mercados internacionales.

La idea de la Inclusión Social parecería ser, por lo tanto, eliminar las tradicionales distorsiones en la concurrencia de las gentes a los beneficios del mercado, aumentando la productividad del factor trabajo en base al aumento de los estándares de calidad de la Educación, la Cultura, la Ciencia y la Tecnología, para así aprovechar con eficiencia las ventajas comparativas diferenciales que nuestro país posee. No parece imposible de lograr, si se tiene una ruta específica, los medios y el equilibrio político suficiente para poder tratar con los actores políticos, tanto los desplazados como los emergentes.

Segundo Colofón

Da la impresión que es posible lograr mayores niveles de Inclusión Social. No queremos caer en un optimismo desaforado. Por otra parte, parece que la población presenta más bien una tendencia a un optimismo moderado y una cierta confianza en lo que la labor gubernamental pueda hacer. Qué tan funcional sea un modelo de desarrollo que no se centre tanto en la dualidad pobreza / riqueza, sino en la de exclusión / inclusión está por verse. Si bien no todo es plata, mucho es plata. Veremos. 

VIENE DE: INCLUSIÓN SOCIAL O CONTRA LA POBRETOLOGÍA (I) http://memoriasdeorfeo.blogspot.com/2011/10/inclusion-social-o-contra-la.html

CONTINÚA EN: PARTE TRES DE INCLUSIÓN SOCIAL O CONTRA LA POBRETOLOGÍAhttp://memoriasdeorfeo.blogspot.com/2011/10/parte-tres-de-inclusion-social-o-contra.html
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