lunes, 31 de octubre de 2011

PARTE TRES DE INCLUSIÓN SOCIAL o Contra la pobretología



“Un país donde podamos vivir con alegría.” (Perú 2021)

Como decía John “Hannibal” Smith, el líder de los paladines de la serie “The A-Team”, conocido en nuestro medio como “Los Magníficos”, nos gusta cuando un plan se concreta. Por lo general esto quiere decir que cada vez que lanzamos al aire un artículo deseamos que éste arroje luz sobre un tema determinado, y además genere discusión y bronca de la buena, vale decir que nos arrojemos ideas a la cabeza y nos rompamos la crisma a conceptualizaciones, en busca de una comprensión común y una verdad construida entre todos.

Si algo parece desprenderse de las dos partes anteriores de este artículo Contra la Pobretología es precisamente el cansancio frente a un tema sobre el que siempre sentimos que mucho se habla, pero que siempre se queda en el mismo sitio. Esta fue también la opinión de Don Michel Azcueta, que tuvo a bien dirigirnos unas líneas mostrando su acuerdo con lo escrito y manifestando la necesidad de seguir dándole con todo, y además y en particular tratar del MODELO DE DESARROLLO, con sus objetivos, metodologías y consecuencias. Trataré de hacerlo lo mejor que sepa.

En Agosto pasado y sobre la ola del triunfo electoral de Ollanta Humala, Don Michel Azcueta publicó un artículo al respecto, que me permito copiar para conocimiento de mis lectores.

INCLUSION SOCIAL: ¿HACIA DONDE? - Michel Azcueta.
Suelen decir que son los franceses o algún sociólogo perdido los que inventan nuevos nombres para antiguos conceptos cambiando, anulando o disimulando  muchas veces el significado original de las palabras que pretenden sustituir, y logrando difundirlas de tal manera que se ponen de moda…Esto ha ocurrido y sigue ocurriendo especialmente en el campo de la práctica social y de las políticas sociales donde las palabras y conceptos de justicia, igualdad se fueron dejando de lado al ser invadidos por la “concientización”, la “participación”,  el “empoderamiento” y, desde hace unos años, por la “inclusión social”...
De tal manera se han metido las dos palabritas en nuestro medio que todos las utilizamos aunque no sé si con el mismo contenido y en el mismo sentido: políticos, gobernantes, empresarios, periodistas, intelectuales, dirigentes sociales y populares. Por lo menos, parece que hay algo en común: el reconocimiento que existen “excluidos” y la necesidad de que hay que “incluirlos” en algún lugar…Y esta es la discusión central y urgente, dado que el Presidente Ollanta ha declarado a la “inclusión social” como prioridad de su gobierno (escuchemos a todos los ministros con qué temor añaden las palabritas en todo momento…) y dado que hasta se habla de la creación, en enero, de un Ministerio de Inclusión Social (¡!)…
Parece que sobre quiénes son los “excluidos” en la sociedad peruana hay mucha (no total) coincidencia: los más pobres, los de las zonas alejadas de las capitales, los marginados, especialmente niños y mujeres de municipios andinos y amazónicos. Sin embargo, no creo que haya tanta coincidencia entre unos y otros de los arriba mencionados cuándo se trata de la famosa “inclusión”: ¿Quién incluye a quién? ¿Por qué? ¿Adónde hay que incluirles? ¿En el territorio? ¿En la producción? ¿En la alimentación? ¿En la cultura? ¿En los procesos dirigidos por los “no excluidos”? ¿Incluirlos en “otro lugar” distinto al existente? ¿Dónde?
Por encima de diferencias ideológicas, pienso que lo principal es que consideremos al Perú como la auténtica casa de todos, donde todos nos sintamos dueños, donde nos sintamos a gusto en cada uno de los rincones de nuestra casa común, donde podamos repartirnos responsabilidades mutuas, donde todos nos podamos sentar a la mesa a la hora de comer y donde todos podamos educarnos y desarrollar nuestras propias potencialidades en beneficio propio y en beneficio de los demás., y, con todo ello, ampliando la casa, haciéndola más grande y más hermosa. Ahí no habría necesidad de “incluir” a nadie en otro sitio.
Al empezar un nuevo gobierno deseamos sinceramente que se hagan las cosas bien y que, en lo que a programas sociales se refiere, no se caiga en lo de siempre que lleva a los mismos resultados que tenemos, desde hace varias décadas y desde diferentes gobiernos. Se me ocurre una propuesta: ¿por qué, en lugar de incorporar la política social al Ministerio de la Producción o al Ministerio de la Mujer, en lugar de crear el nuevo Ministerio de la Inclusión Social, por qué no la incluimos en el Ministerio de Justicia, de la auténtica, de una vez por todas? - Agosto 2011. - Michel Azcueta, Ex Alcalde de Villa El Salvador, Presidente de la Escuela Mayor de Gestión Municipal.

Termino con la larga cita, y de hecho comparto la preocupación de Don Michel, que en su caso se abona por su larga y fructífera experiencia en gestión municipal, así como por su innegable y probada experiencia y vocación de servicio.

Algo avanzamos en el capítulo anterior al respecto de dónde surgía el concepto de Inclusión Social, qué significados, denotaciones y connotaciones posee, y qué proyecciones manifiesta. Lo veíamos y lo vemos como un avance conceptual positivo, que se dirige a destrozar esa pobretología basada en un concepto de Pobreza que da la sensación que se hace algo cuando en realidad lo único que hacemos es dar saltitos sobre el mismo sitio. Y es que concentrarnos en la pobreza me suena a algo así como concentrarnos en la enfermedad, y aunque eso no está mal - de hecho es lo que los médicos hacen - también nuestros amigos matasanos saben que lo mejor que se puede hacer contra la enfermedad es prevenirla, y gracias a ello la Prevención se ha convertido en un paradigma de las políticas de salud. Del mismo modo, y salvando las distancias, luchar contra la pobreza siempre ha sonado a tratar de salvar al moribundo, con lo que nos deslizamos a la caridad. Pero la gente no necesita caridad, necesita empleo. El concepto Pobreza nos desconcentra del tema real, dándonos la sensación que avanzamos mucho si conversamos bastante sobre repartir alimentos cuando de lo que se trata es de crear empleo que le permita a las gentes ganarse la vida y obtener sus propios alimentos. Comparto en toda la línea la idea de Don Michel, no se trata ya de construir Políticas Contra Algo, por más que este algo sea la Pobreza, sino de avanzar a una Política Por la Inclusión. Y eso implica saber a dónde vamos, es decir cuál es el Modelo de Desarrollo.

El Modelo de Desarrollo – Sus objetivos

En nuestro artículo anterior avanzamos un pequeño análisis centrado en los factores de la economía, basados en la idea de que estar excluidos de las bondades del sistema democrático es un problema de pertenencia, que pasa por la producción social de la riqueza, y por ello vimos a vuelo de avecilla cómo podría establecerse políticas de inclusión que incorporen a todos aquellos que no gozan del producto del trabajo social. Preguntarnos quienes son los beneficiarios del proceso de desarrollo, pregunta legítima de Don Michel, implica saber si llegaremos al disfrute pleno de la condición humana en el tiempo que la vida nos concede.

Ello implica en primer lugar mantener la vigencia social de la Democracia. Un sistema democrático que excluye a grandes sectores de su sociedad es un contrasentido en sí mismo. Excluir potencia las fuerzas centrípetas que pueden destrozar la sociedad. Estas fuerzas son la excesiva concentración de la renta nacional, el excesivo poder de los oligopolios que controlan buena parte de la producción, la corrupción, la delincuencia, el narcotráfico, y toda una serie de lacras sociales que son consecuencia de la exclusión. La pobreza vista como condición humana es un accidente, y cualquier sociedad que se respete trata de reducirla hasta la eliminación total. Y la herramienta conceptual y democrática más afiatada al momento pareciera ser la Inclusión Social.

Concretemos. Nuestro país necesita cambiar progresivamente la matriz exportadora de productos tradicionales, en particular mineros, que ha tenido desde la Colonia. Necesitamos reencontrarnos con la ruralidad de nuestra patria. Necesitamos volver al Perú Agrícola y Experto en Biotecnología de antes de la Invasión española. Naturalmente, si tenemos Minería, deberemos explotarla porque necesitamos la palanca financiera para recuperar una matriz productiva basada en la producción de alimentos. Por supuesto seríamos idiotas si renunciáramos abruptamente a la actividad minera, lo que tenemos que hacer es administrarla de acuerdo a los objetivos nacionales. No llegaremos a una matriz agrícola tecnológica y económicamente viable en el mediano plazo si no aprovechamos nuestros inmensos recursos, la biodiversidad de nuestro territorio, y la capacidad de nuestra población. Y eso significa tanto resolver el problema de la propiedad de la tierra, como inyectar capital en el agro, desarrollar las capacidades de la población, y equiparnos con un arsenal tecnológico y científico ultramoderno e integrado con la milenaria sabiduría de nuestro pueblo.

La plata, qué obvio, debe salir de la actividad minera. Ya sé que esto duele a algunos, pero los recursos minerales no solamente se agotarán algún día, sino que los mismos avances científicos y tecnológicos tienden a bajar sus precios, en especial las tecnologías sobre nuevos materiales. Y mañana o pasado de repente a algún genio israelí – como el último Premio Nobel que trabajó precisamente sobre los cuasicristales - pakistaní o nigeriano se le ocurre cómo sustituir el cobre de manera definitiva, y adiós entonces a nuestras reservas. Si alguien cree que exagero ahí está el caso de la plata (el metal), cuyo precio cayó a la mitad en dólares constantes hace dos o tres décadas debido a que a un nerd japonés se le ocurrió un método para revelar películas que no utilizaba el nitrato de plata.

El cómo usar los recursos financieros parece ser claro: Reformular el sistema educativo para mejorar las capacidades de la población para el trabajo y la innovación, potenciar la investigación científica y tecnológica en los aspectos en los que somos fuertes y tenemos ventajas comparativas, inyectar capital a un sistema financiero más orientado al riesgo agrícola, poner en acción más y mejores tierras de cultivo, resolver los problemas de tierras y aguas. Todo esto tiene múltiples aristas de diversos tipos. Para ejemplo un botón nomás: una inteligente división del territorio nacional basado en las cuencas y no en los ríos como límites está aún por hacerse. Nuestra organización territorial tradicional es muy simple: De Corregimientos coloniales a provincias republicanas, y de Intendencias a Departamentos. Pero las Intendencias se crearon para cobrar Impuestos y los Corregimientos para explotar la mano de obra indígena. Es decir, nuestro orden territorial heredado de la Colonia y simplemente descuartizado durante la República no se creó para que fuera funcional económicamente, y es así entonces como podemos entender las macrorregiones que se están planteando como una reorganización del territorio orientado racionalmente a la actividad agropecuaria.

El Modelo de Desarrollo – Sus métodos

Hemos optado no por una transformación revolucionaria, a la que nuestro pueblo le teme, sino por un modelo gradualista. Los resultados electorales mostraron que los intereses de los poderes fácticos y la pesada inercia social hacen de cualquier proceso de Inclusión Social un problema grave. La base política del cambio se amplió, y eso tuvo y tiene un costo, pero también muestra oportunidades importantes. Se distingue una voluntad de cambio, pero también se ve que estos cambios se desarrollarán en el contexto del sistema democrático. Una sabia dosis de realismo permitió ganar las elecciones, pero a la vez determina que, como ocurre en cualquier democracia, habrá que hilar fino. No se puede cambiar todo a un tiempo, así que habrá que avanzar, como quiere el esquema político, de la mano de la opinión pública. Por ende las capacidades de negociación se vuelven esenciales. A este gobierno no se le ha dado ni luna de miel ni tregua alguna. Los miedos instilados en la población por ciertos poderes fácticos, aunque están mostrándose vacíos y sin contenido, siguen siendo agitados, aunque con cada vez menos fuerza, por los sectores más recalcitrantes, apoyados en un aparato mediático oligopólico cada vez más desprestigiado. Sin embargo, la racionalidad económica y la recuperación de ciertos valores republicanos de buen gobierno están empezando a surtir efecto. La derecha política dictatorial está cada vez más arrinconada y parecen surgir nuevas derechas más comprometidas con la Democracia, mientras que los Poderes Fácticos, pragmáticamente, se suman al nuevo estado de cosas, dispuestos a pagar más para seguir manteniendo las utilidades en azul y empezando a entender que no se puede crecer sin redistribuir. La pelota está entonces en la capacidad del gobierno de incluir a nuevos actores sociales arrancándolos de la mera supervivencia hacia la participación política y la integración social. En esta cancha se jugará la pelota política los próximos años. La mística del servicio público está en ascenso, aunque lenta y trabajosamente. La realpolitik se impone, y a nuestro ver se impone bien y correctamente, desde que está orientada por claros valores republicanos. Los remanentes del clientelaje político que nos gobernaron hasta ahora dan coletazos y se felicitan de encontrar que algunos miembros del gobierno son como ellos, pero la voluntad política de no blindar y de andar derechos como Dios manda está entrando poco a poco en la mente de la gente. Esperamos y deseamos que siga así, por el bien del proceso de cambios en nuestro país.

El Modelo de Desarrollo – Sus consecuencias

Las consecuencias de un cambio en el Modelo de Desarrollo no son tan claras como quisiéramos. Podríamos pintar el mejor de los mundos, al estilo triunfalista que nos gusta, pero ni tengo vocación de Nostradamus, ni prefiero el optimismo al pesimismo. Además, como en la famosa anécdota de Herodoto y el Caballo, muchas cosas pueden pasar en el intermedio. Veamos a nuestro vecino Chile, tan estable creíamos, y a su seguramente bienintencionado Presidente, y veremos que sus planes se han visto trastocados por terremotos y hartazgos sociales muy evidentes. Nadie tiene la espada del augurio. Sin embargo, me gustaría pensar que las consecuencias de este proceso no deberían medirse en términos del programa político de un partido, por más importante que éste sea. Nuestro país cumplirá el año 2021 doscientos años de vida independiente y republicana. La asociación civil Perú 2021 posee una visión de país que no me parece negativa, y que me parece perfectamente aplicable como gran objetivo de este proceso de cambio:

Un Perú próspero, pacífico, democrático y justo donde todos seamos educados con valores y conocimientos necesarios para hacer realidad nuestras aspiraciones a través de un trabajo estimulante y digno.
Un país con instituciones sólidas y transparentes que garanticen los derechos de la persona, el cumplimiento de la ley y la iniciativa privada
Un país hospitalario y solidario, orgulloso de su inmensa diversidad natural, cultural y social
Un país donde podamos vivir con alegría.

Vivir para ver. Seguiremos. Hasta la próxima.

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VIENE DE: INCLUSIÓN SOCIAL O CONTRA LA POBRETOLOGÍA (II)http://memoriasdeorfeo.blogspot.com/2011/10/inclusion-social-o-contra-la_28.html