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lunes, 31 de octubre de 2011

PARTE TRES DE INCLUSIÓN SOCIAL o Contra la pobretología



“Un país donde podamos vivir con alegría.” (Perú 2021)

Como decía John “Hannibal” Smith, el líder de los paladines de la serie “The A-Team”, conocido en nuestro medio como “Los Magníficos”, nos gusta cuando un plan se concreta. Por lo general esto quiere decir que cada vez que lanzamos al aire un artículo deseamos que éste arroje luz sobre un tema determinado, y además genere discusión y bronca de la buena, vale decir que nos arrojemos ideas a la cabeza y nos rompamos la crisma a conceptualizaciones, en busca de una comprensión común y una verdad construida entre todos.

Si algo parece desprenderse de las dos partes anteriores de este artículo Contra la Pobretología es precisamente el cansancio frente a un tema sobre el que siempre sentimos que mucho se habla, pero que siempre se queda en el mismo sitio. Esta fue también la opinión de Don Michel Azcueta, que tuvo a bien dirigirnos unas líneas mostrando su acuerdo con lo escrito y manifestando la necesidad de seguir dándole con todo, y además y en particular tratar del MODELO DE DESARROLLO, con sus objetivos, metodologías y consecuencias. Trataré de hacerlo lo mejor que sepa.

En Agosto pasado y sobre la ola del triunfo electoral de Ollanta Humala, Don Michel Azcueta publicó un artículo al respecto, que me permito copiar para conocimiento de mis lectores.

INCLUSION SOCIAL: ¿HACIA DONDE? - Michel Azcueta.
Suelen decir que son los franceses o algún sociólogo perdido los que inventan nuevos nombres para antiguos conceptos cambiando, anulando o disimulando  muchas veces el significado original de las palabras que pretenden sustituir, y logrando difundirlas de tal manera que se ponen de moda…Esto ha ocurrido y sigue ocurriendo especialmente en el campo de la práctica social y de las políticas sociales donde las palabras y conceptos de justicia, igualdad se fueron dejando de lado al ser invadidos por la “concientización”, la “participación”,  el “empoderamiento” y, desde hace unos años, por la “inclusión social”...
De tal manera se han metido las dos palabritas en nuestro medio que todos las utilizamos aunque no sé si con el mismo contenido y en el mismo sentido: políticos, gobernantes, empresarios, periodistas, intelectuales, dirigentes sociales y populares. Por lo menos, parece que hay algo en común: el reconocimiento que existen “excluidos” y la necesidad de que hay que “incluirlos” en algún lugar…Y esta es la discusión central y urgente, dado que el Presidente Ollanta ha declarado a la “inclusión social” como prioridad de su gobierno (escuchemos a todos los ministros con qué temor añaden las palabritas en todo momento…) y dado que hasta se habla de la creación, en enero, de un Ministerio de Inclusión Social (¡!)…
Parece que sobre quiénes son los “excluidos” en la sociedad peruana hay mucha (no total) coincidencia: los más pobres, los de las zonas alejadas de las capitales, los marginados, especialmente niños y mujeres de municipios andinos y amazónicos. Sin embargo, no creo que haya tanta coincidencia entre unos y otros de los arriba mencionados cuándo se trata de la famosa “inclusión”: ¿Quién incluye a quién? ¿Por qué? ¿Adónde hay que incluirles? ¿En el territorio? ¿En la producción? ¿En la alimentación? ¿En la cultura? ¿En los procesos dirigidos por los “no excluidos”? ¿Incluirlos en “otro lugar” distinto al existente? ¿Dónde?
Por encima de diferencias ideológicas, pienso que lo principal es que consideremos al Perú como la auténtica casa de todos, donde todos nos sintamos dueños, donde nos sintamos a gusto en cada uno de los rincones de nuestra casa común, donde podamos repartirnos responsabilidades mutuas, donde todos nos podamos sentar a la mesa a la hora de comer y donde todos podamos educarnos y desarrollar nuestras propias potencialidades en beneficio propio y en beneficio de los demás., y, con todo ello, ampliando la casa, haciéndola más grande y más hermosa. Ahí no habría necesidad de “incluir” a nadie en otro sitio.
Al empezar un nuevo gobierno deseamos sinceramente que se hagan las cosas bien y que, en lo que a programas sociales se refiere, no se caiga en lo de siempre que lleva a los mismos resultados que tenemos, desde hace varias décadas y desde diferentes gobiernos. Se me ocurre una propuesta: ¿por qué, en lugar de incorporar la política social al Ministerio de la Producción o al Ministerio de la Mujer, en lugar de crear el nuevo Ministerio de la Inclusión Social, por qué no la incluimos en el Ministerio de Justicia, de la auténtica, de una vez por todas? - Agosto 2011. - Michel Azcueta, Ex Alcalde de Villa El Salvador, Presidente de la Escuela Mayor de Gestión Municipal.

Termino con la larga cita, y de hecho comparto la preocupación de Don Michel, que en su caso se abona por su larga y fructífera experiencia en gestión municipal, así como por su innegable y probada experiencia y vocación de servicio.

Algo avanzamos en el capítulo anterior al respecto de dónde surgía el concepto de Inclusión Social, qué significados, denotaciones y connotaciones posee, y qué proyecciones manifiesta. Lo veíamos y lo vemos como un avance conceptual positivo, que se dirige a destrozar esa pobretología basada en un concepto de Pobreza que da la sensación que se hace algo cuando en realidad lo único que hacemos es dar saltitos sobre el mismo sitio. Y es que concentrarnos en la pobreza me suena a algo así como concentrarnos en la enfermedad, y aunque eso no está mal - de hecho es lo que los médicos hacen - también nuestros amigos matasanos saben que lo mejor que se puede hacer contra la enfermedad es prevenirla, y gracias a ello la Prevención se ha convertido en un paradigma de las políticas de salud. Del mismo modo, y salvando las distancias, luchar contra la pobreza siempre ha sonado a tratar de salvar al moribundo, con lo que nos deslizamos a la caridad. Pero la gente no necesita caridad, necesita empleo. El concepto Pobreza nos desconcentra del tema real, dándonos la sensación que avanzamos mucho si conversamos bastante sobre repartir alimentos cuando de lo que se trata es de crear empleo que le permita a las gentes ganarse la vida y obtener sus propios alimentos. Comparto en toda la línea la idea de Don Michel, no se trata ya de construir Políticas Contra Algo, por más que este algo sea la Pobreza, sino de avanzar a una Política Por la Inclusión. Y eso implica saber a dónde vamos, es decir cuál es el Modelo de Desarrollo.

El Modelo de Desarrollo – Sus objetivos

En nuestro artículo anterior avanzamos un pequeño análisis centrado en los factores de la economía, basados en la idea de que estar excluidos de las bondades del sistema democrático es un problema de pertenencia, que pasa por la producción social de la riqueza, y por ello vimos a vuelo de avecilla cómo podría establecerse políticas de inclusión que incorporen a todos aquellos que no gozan del producto del trabajo social. Preguntarnos quienes son los beneficiarios del proceso de desarrollo, pregunta legítima de Don Michel, implica saber si llegaremos al disfrute pleno de la condición humana en el tiempo que la vida nos concede.

Ello implica en primer lugar mantener la vigencia social de la Democracia. Un sistema democrático que excluye a grandes sectores de su sociedad es un contrasentido en sí mismo. Excluir potencia las fuerzas centrípetas que pueden destrozar la sociedad. Estas fuerzas son la excesiva concentración de la renta nacional, el excesivo poder de los oligopolios que controlan buena parte de la producción, la corrupción, la delincuencia, el narcotráfico, y toda una serie de lacras sociales que son consecuencia de la exclusión. La pobreza vista como condición humana es un accidente, y cualquier sociedad que se respete trata de reducirla hasta la eliminación total. Y la herramienta conceptual y democrática más afiatada al momento pareciera ser la Inclusión Social.

Concretemos. Nuestro país necesita cambiar progresivamente la matriz exportadora de productos tradicionales, en particular mineros, que ha tenido desde la Colonia. Necesitamos reencontrarnos con la ruralidad de nuestra patria. Necesitamos volver al Perú Agrícola y Experto en Biotecnología de antes de la Invasión española. Naturalmente, si tenemos Minería, deberemos explotarla porque necesitamos la palanca financiera para recuperar una matriz productiva basada en la producción de alimentos. Por supuesto seríamos idiotas si renunciáramos abruptamente a la actividad minera, lo que tenemos que hacer es administrarla de acuerdo a los objetivos nacionales. No llegaremos a una matriz agrícola tecnológica y económicamente viable en el mediano plazo si no aprovechamos nuestros inmensos recursos, la biodiversidad de nuestro territorio, y la capacidad de nuestra población. Y eso significa tanto resolver el problema de la propiedad de la tierra, como inyectar capital en el agro, desarrollar las capacidades de la población, y equiparnos con un arsenal tecnológico y científico ultramoderno e integrado con la milenaria sabiduría de nuestro pueblo.

La plata, qué obvio, debe salir de la actividad minera. Ya sé que esto duele a algunos, pero los recursos minerales no solamente se agotarán algún día, sino que los mismos avances científicos y tecnológicos tienden a bajar sus precios, en especial las tecnologías sobre nuevos materiales. Y mañana o pasado de repente a algún genio israelí – como el último Premio Nobel que trabajó precisamente sobre los cuasicristales - pakistaní o nigeriano se le ocurre cómo sustituir el cobre de manera definitiva, y adiós entonces a nuestras reservas. Si alguien cree que exagero ahí está el caso de la plata (el metal), cuyo precio cayó a la mitad en dólares constantes hace dos o tres décadas debido a que a un nerd japonés se le ocurrió un método para revelar películas que no utilizaba el nitrato de plata.

El cómo usar los recursos financieros parece ser claro: Reformular el sistema educativo para mejorar las capacidades de la población para el trabajo y la innovación, potenciar la investigación científica y tecnológica en los aspectos en los que somos fuertes y tenemos ventajas comparativas, inyectar capital a un sistema financiero más orientado al riesgo agrícola, poner en acción más y mejores tierras de cultivo, resolver los problemas de tierras y aguas. Todo esto tiene múltiples aristas de diversos tipos. Para ejemplo un botón nomás: una inteligente división del territorio nacional basado en las cuencas y no en los ríos como límites está aún por hacerse. Nuestra organización territorial tradicional es muy simple: De Corregimientos coloniales a provincias republicanas, y de Intendencias a Departamentos. Pero las Intendencias se crearon para cobrar Impuestos y los Corregimientos para explotar la mano de obra indígena. Es decir, nuestro orden territorial heredado de la Colonia y simplemente descuartizado durante la República no se creó para que fuera funcional económicamente, y es así entonces como podemos entender las macrorregiones que se están planteando como una reorganización del territorio orientado racionalmente a la actividad agropecuaria.

El Modelo de Desarrollo – Sus métodos

Hemos optado no por una transformación revolucionaria, a la que nuestro pueblo le teme, sino por un modelo gradualista. Los resultados electorales mostraron que los intereses de los poderes fácticos y la pesada inercia social hacen de cualquier proceso de Inclusión Social un problema grave. La base política del cambio se amplió, y eso tuvo y tiene un costo, pero también muestra oportunidades importantes. Se distingue una voluntad de cambio, pero también se ve que estos cambios se desarrollarán en el contexto del sistema democrático. Una sabia dosis de realismo permitió ganar las elecciones, pero a la vez determina que, como ocurre en cualquier democracia, habrá que hilar fino. No se puede cambiar todo a un tiempo, así que habrá que avanzar, como quiere el esquema político, de la mano de la opinión pública. Por ende las capacidades de negociación se vuelven esenciales. A este gobierno no se le ha dado ni luna de miel ni tregua alguna. Los miedos instilados en la población por ciertos poderes fácticos, aunque están mostrándose vacíos y sin contenido, siguen siendo agitados, aunque con cada vez menos fuerza, por los sectores más recalcitrantes, apoyados en un aparato mediático oligopólico cada vez más desprestigiado. Sin embargo, la racionalidad económica y la recuperación de ciertos valores republicanos de buen gobierno están empezando a surtir efecto. La derecha política dictatorial está cada vez más arrinconada y parecen surgir nuevas derechas más comprometidas con la Democracia, mientras que los Poderes Fácticos, pragmáticamente, se suman al nuevo estado de cosas, dispuestos a pagar más para seguir manteniendo las utilidades en azul y empezando a entender que no se puede crecer sin redistribuir. La pelota está entonces en la capacidad del gobierno de incluir a nuevos actores sociales arrancándolos de la mera supervivencia hacia la participación política y la integración social. En esta cancha se jugará la pelota política los próximos años. La mística del servicio público está en ascenso, aunque lenta y trabajosamente. La realpolitik se impone, y a nuestro ver se impone bien y correctamente, desde que está orientada por claros valores republicanos. Los remanentes del clientelaje político que nos gobernaron hasta ahora dan coletazos y se felicitan de encontrar que algunos miembros del gobierno son como ellos, pero la voluntad política de no blindar y de andar derechos como Dios manda está entrando poco a poco en la mente de la gente. Esperamos y deseamos que siga así, por el bien del proceso de cambios en nuestro país.

El Modelo de Desarrollo – Sus consecuencias

Las consecuencias de un cambio en el Modelo de Desarrollo no son tan claras como quisiéramos. Podríamos pintar el mejor de los mundos, al estilo triunfalista que nos gusta, pero ni tengo vocación de Nostradamus, ni prefiero el optimismo al pesimismo. Además, como en la famosa anécdota de Herodoto y el Caballo, muchas cosas pueden pasar en el intermedio. Veamos a nuestro vecino Chile, tan estable creíamos, y a su seguramente bienintencionado Presidente, y veremos que sus planes se han visto trastocados por terremotos y hartazgos sociales muy evidentes. Nadie tiene la espada del augurio. Sin embargo, me gustaría pensar que las consecuencias de este proceso no deberían medirse en términos del programa político de un partido, por más importante que éste sea. Nuestro país cumplirá el año 2021 doscientos años de vida independiente y republicana. La asociación civil Perú 2021 posee una visión de país que no me parece negativa, y que me parece perfectamente aplicable como gran objetivo de este proceso de cambio:

Un Perú próspero, pacífico, democrático y justo donde todos seamos educados con valores y conocimientos necesarios para hacer realidad nuestras aspiraciones a través de un trabajo estimulante y digno.
Un país con instituciones sólidas y transparentes que garanticen los derechos de la persona, el cumplimiento de la ley y la iniciativa privada
Un país hospitalario y solidario, orgulloso de su inmensa diversidad natural, cultural y social
Un país donde podamos vivir con alegría.

Vivir para ver. Seguiremos. Hasta la próxima.

Peru Blogs

VIENE DE: INCLUSIÓN SOCIAL O CONTRA LA POBRETOLOGÍA (II) - http://memoriasdeorfeo.blogspot.com/2011/10/inclusion-social-o-contra-la_28.html

miércoles, 22 de junio de 2011

A LA BÚSQUEDA DE UN NUEVO CONTRATO SOCIAL


“Cada hombre es enemigo de cada hombre; los hombres viven sin otra seguridad que sus propias fuerzas.” (Thomas Hobbes)

“Los hombres, pudiendo ser desiguales en fuerza o en talento, se hacen iguales por convención y por derecho.” (Jean Jacques Rousseau)

Buscando una manera de expresar lo que parece estar pasando en el cotarro político nacional, me topo en la cabeza con una infame mescolanza de Proust y Rousseau, y de ahí sale este título de “A la Búsqueda de un Nuevo Contrato Social”. No es casual, si se piensa que ese Nuevo Contrato Social se constituiría contra ese Tiempo Perdido en confrontaciones que durante tanto tiempo mostraron como se escondió la realidad peruana detrás de un velo virtual y mediático, que sentimos está empezando a romperse recién ahora. Expliquémonos, o intentemos hacerlo.

Percibir la realidad cotidiana

En estos últimos días, algo se ha roto en la percepción que las personas teníamos acerca de nuestra realidad política y social cotidiana. A pocas semanas de las últimas elecciones es como si empezara a surgir la comprensión de una oportunidad largamente esperada. La larga campaña de desinformación, polarización y demonización habría terminado cuando menos por ahora, y el pueblo peruano, menos presionado por miedos y manipulaciones mediáticas, aparentemente se sentiría hoy en día moderadamente optimista frente al futuro. Esto resulta un poco extraño después del apocalipsis que los medios y candidatos pregonaron en todos los tonos. El Presidente Electo hace lo que debe hacer, el Presidente Saliente hace lo que no debe hacer, las cosas van más o menos normales. Sin embargo, se percibe un efecto interesante de la campaña de Demolición, y es que el común de las gentes empieza a apreciar positivamente que el Presidente Electo se comporte como debe. Los medios habían hecho esperar otra cosa, y por eso la tranquilidad de ver que después de todo no era el Diablo determina que la gente vuelva a su cotidiana preocupación de ganarse la vida.

Se puede rastrear esta sensación. Tras hacerse trizas en la primera vuelta las llamadas opciones de centro, ocurrió un fenómeno curioso: Los peruanos, por lo menos los que podemos expresarnos, empezamos a aceptar los hechos, a convivir con la realidad “real”, y empezamos a ver más allá del cerco tendido de realidad “virtual” que nos cercaba. El lenguaje del crecimiento que produciría una igualdad automática de los ciudadanos se deshizo a la misma velocidad en que los votos migraron a las dos opciones que quedaron en la Segunda Vuelta. Fue como la súbita y repentina rasgadura de una gran tela. Los argumentos a favor y en contra de ambas opciones deberían haberse radicalizado hacia posiciones extremas, y sin embargo, esto solamente ocurrió en la opción de la Diestra, descolocada por la actitud diametralmente opuesta de la Siniestra. No dudamos en identificar el punto donde se produjo el cambio en la decisión de Ollanta Humala de modificar el Plan de Gobierno para adecuarlo a los temores y esperanzas que albergaban los millones de peruanos que no habían votado por él en Primera Vuelta. Ello logró no solamente el ajustado triunfo electoral, sino que provocó un suspiro de alivio en muchísimas personas.

Y era lógico. ¿Qué conservan los conservadores, después de todo? ¿Qué se trata de conservar cuando se opta por una opción conservadora? Pues se conserva lo que se piensa importante, y esto es la capacidad de crecer económicamente dentro de un modelo que no es perfecto, como ninguno lo es, y que por lo tanto puede ser modificado para que responda a nuestras necesidades. El pragmatismo hace que ningún régimen naciente en el mundo destruya el aparato productivo existente, sería de ilusos. No se trata, parafraseando malvadamente al Viejo Marx, de Destruir el mundo, sino de Transformarlo. Y no es que ello no se haya intentado en la loca Historia de la Humanidad. Pero lo cierto es que la mayor parte de la gente tiene poco, y ese poco se lo ha ganado a través de un trabajo duro, y tiene miedo de perderlo si es que los que mandan toman decisiones que afecten la economía. Nada más normal, nada más sensato que adaptar el modelo a las gentes en vez de adaptar a las gentes al modelo. Pero no confundamos aquí las cosas ni perdamos la perspectiva: El temor de algunos de perder uno de sus dos yates no es lo mismo que el temor de muchos de tener que cerrar una empresa donde se puso el mejor esfuerzo e ilusión, y que a más de dar de comer, da de comer a otros. Fue a este temor al que GANA Perú hizo frente. Todos los demás temores y miedos que los medios de comunicación irresponsablemente instilaron resultaban ser subsidiarios al principal, al temor de perder mi pequeño negocio, mi pequeña chamba, tan duramente construida y conservada. Y al final, tras un largo y trabajoso esfuerzo para traspasar el velo de la desinformación, las mentiras, las falacias y los miedos, se impuso la cordura de no sacrificar la Democracia en función de un crecimiento económico que, tan mal distribuido como está, no ofrecía garantías de sostenimiento de esa misma Democracia.

Lo que no queríamos ver

Atrás de la tela con que nos cubrían los ojos están los millones de peruanos separados del resto, sometidos al hambre y la inseguridad, a la miseria y la ignorancia. Ya no es posible engañarse a sí mismo suponiendo que no están ahí, o que si están ahí es porque se lo merecen, y a otra cosa mariposa. Hoy ya no se puede decir con alguna pertinencia que esos peruanos son unos indios brutos, ignorantes y atrevidos. El ignorante Coloniaje mental de algunos sigue ahí, y se expresa a lo bestia muchas veces, pero de repente resulta que insistir en tan chabacano discurso ideológico ya no es de buen tono, ni resulta ser una explicación aceptable de la realidad, y obliga a muchas mentes retrasadas a salir violentamente del Virreinato e ingresar con la misma violencia a la República. A la hobbesiana actitud del Hombre como Lobo del Hombre, de repente se le enfrenta algo diferente: El derecho de las personas a ser iguales. Y dado que la el ser humano lo es en la medida que renuncia a su calidad de Lobo – que sigue ahí y que requiere constante vigilancia -, podemos decir con justicia que al final se impuso la cordura. Pero es muy cierto que esta cordura se impuso con las rejustas.

Pasa con la cordura lo mismo que con la entropía, es decir el desorden sistémico del universo. Es más fácil estar desordenado que ordenado, es más fácil comportarse como un imbécil que como persona sensata, es más fácil ceder al miedo que al coraje. Y, sin embargo, también es cierto que el pueblo peruano dio ese paso, y por eso debemos congratularnos.

Una miradita a la Historia

Desde buena parte del siglo pasado y hasta los comienzos de éste, se enfrentaron hobbesianamente un grupo ubicado a la Diestra del Padre con otro grupo situado a la Siniestra del mismo. Entre los muchos nombres que se le dieron, la caricaturización de ambos grupos llevó a la confrontación entre los sectores denominados “Oligarcas” y “Comunistas”. De un lado los malvados que, frotándose las manos, planeaban cómo esquilmar más al pueblo. Del otro, los malvados que, frotándose las manos, soliviantaban a las masas para que saquearan las casas y bienes de los privilegiados. Caricaturas, por supuesto. Aunque la historia es innegable, lo cierto es que estas caricaturas se evaporaron con la Caída del Muro de Berlín y con el Crecimiento Económico capitalista. El conflicto insoluble de la Clase Media, que algo posee pero no mucho, estuvo atrapada entre las opciones de o tener algo, o que ese algo le fuera quitado. Y cómo los que están allá arriba controlan los medios de comunicación, entonces se les hace decir que si sube la indiada, se les quitará a todos hasta los hijos y los cepillos de dientes. Y, como ha pasado en otras latitudes y ocasiones, hubo quienes se tragaron el paquete con ojotas y todo.

La Alianza entre el Centro y la Diestra corrió muchos años por vías sociales, económicas e ideológicas. La Política resultaba ineficaz, pues nadie da lo que no tiene, y la Diestra, aunque podía unirse en la defensa de sus intereses, no era ni compacta ni única. Sus sectores más reformistas y adelantados veían necesario introducir cambios en profundidad en dirección a la inclusión social, que terminaban pasmados por la acción del sector más reaccionario, rezagado en ideas y excluyente en lo social. Esta dinámica que apartaba a las Izquierdas produjo un equilibrio político extremadamente inestable, que al final derivó en el Gobierno de Juan Velasco Alvarado, y luego en una Restauración Oligárquica - con algún nombre hay que llamarla -, jaqueada desde la Extrema Siniestra por Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru. La Dictadura Fujimorista salvó a esta Diestra de la debacle a que se había llevado a sí misma, y se lo hizo pagar en efectivo rabioso. El principal costo a pagar fue renunciar a la pantalla democrática, vulnerada a profundidad, y así se perdió la justificación ideológica, el lenguaje, que daba soporte ideológico a toda la estructura. Los últimos diez años que hemos vivido fueron de una Democracia mediatizada, controlada por los grupos de poder, definidamente de pensamiento único, de casa dividida, que faltó a todas las promesas que presidieron su retorno, y que se basó, y aún lo hace, en el espejismo de un Perú eternamente exportador de materias primas, en un mundo que cambia aceleradamente en otras direcciones. Ahora se percibe que tenemos la oportunidad de darle a la historia una vuelta de tuerca.

Irrupción de la realidad

Enfrentados en Segunda Vuelta entre el Cáncer y el Sida, como decía Mario Vargas Llosa, el pueblo peruano estaba en la posición típica de caída en una polarización destructiva. Ya nos ha pasado antes. La Diestra parecía tener todas las de ganar, pues contaba con absolutamente todas las ventajas. Pero la Democracia tiene, como se demostró en las anteriores Elecciones Municipales, la mala costumbre de reventarle la película al más pintado, como pueden decir por triste experiencia Alan García, el Apra, Perú Posible, Solidaridad Nacional y el Sancochado del Gran Cambio. Aún así, la Siniestra se las veía crudas y chiquitas para ganar las elecciones contra todo el aparato que la Diestra podía levantar. Resultaba imposible ganar desde las posiciones originales, quizá importantes y necesarias, pero no masivas ni consensuadas. Y, por otra parte, los sectores más lúcidos y democráticos de la Diestra vieron a la realidad imponerse a la máscara que, de tanto tiempo de emplearse, se había convertido en rostro. Fue así que durante la segunda vuelta, de repente y sin anestesia, algo pasó que no había pasado nunca en el Perú: La Diestra democrática y lúcida se pasó a la Siniestra para detener la amenaza de la Dictadura de Extrema Derecha. No o hizo inocentemente, por supuesto, pero por una vez en la Historia nacional, cumplieron con el deber ciudadano de tomar partido por la Democracia. Y se han ganado con ello su ulterior participación política. Esto es parte de la tranquilidad con la que las gentes están recibiendo la moderación del Presidente Electo, el convencimiento de que existe una Diestra Moderna que contrapesa a la Extrema Diestra y a la misma Siniestra. No tiene que gustarnos, es la realidad.

Los nostálgicos del pasado dictatorial y autoritario, concentrador de la riqueza y exclusor social aún se soban las contusiones y se parchan los “cardenales”. Para ellos el tránsito hacia la Democracia resultará más difícil, y tendrán que pasar muchos años y muchas discusiones antes de que puedan sumarse de pleno derecho a la Democracia. Acabados los fantasmas de la “Oligarquía” y del “Comunismo”, sus últimos rezagos están en las mentes candorosas de un sector nada despreciable de la población; más que en la realidad que tanto transformó a la Oligarquía, como desapareció al Comunismo. Por supuesto, no es que no continúe una Diestra de Grupos de Poder que fregarán cuanto puedan en la defensa de sus bolsillos, ni tampoco que no siga habiendo una lucha por la Igualdad y los derechos de los peruanos. El triunfo del Partido Nacionalista y de GANA PERÚ no ha sido el triunfo de los militantes de Izquierda ideologizados y tradicionales, que parte importante jugaron, sino básicamente de una plebe que insurgió pisando fuerte y se expresó en las urnas. Algo de esto ya se había visto en la Marcha de los Cuatro Suyos hace una década. Además otro gran grupo de peruanos, nos atrevemos a pensar que la mayoría, fue muy crítico a la hora de los loros, y ahora parece más bien estar a la espera, juzgando con ojo clínico los pasos que esta nueva clase política está dando, y por el momento aprobándolos.

Diestra y Siniestra nuevas

Los cambios que se imponen en el panorama político para la Diestra y la Siniestra no se harán sin dolores ni arcadas. Ambas partes deberían ver más allá del velo, y continuar mirándose hondo hacia dentro, para encontrar que, después de todo, y a pesar de todas las notables diferencias que existen, lo que la Siniestra y Diestra Lúcidas quieren en positivo no es tan diferente. Si olvidamos una pizca lo político, y miramos más bien hacia lo ideológico, los Unos aspirarán a seguir creciendo económicamente, buscando producir los bienes necesarios para acrecentar sus riquezas y a la vez acabar con la pobreza y darle sostenibilidad a una Democracia que puede funcionar mucho mejor. Los Otros aspiran a emplear el crecimiento para lograr un reparto equitativo de los bienes, y así acabar con la pobreza y construir una Democracia de Iguales. Ambos confluyen en la idea de la Democracia, sistema imperfecto, pero que, gracias a Alberto Fujimori, sabemos ahora sí que los peruanos la queremos para convivir en paz y repartirnos cada vez más torta con algo más de justicia y de equidad. Terminamos así por reunir a Hobbes y a Rousseau, y confluimos en la convicción de que la pobreza es tanto intolerable e inconveniente, y debe ser desterrada, entre otras cosas, para construir un modelo sostenible. Aún con naturales desconfianzas y temores mutuos, podemos construir una Democracia que sea el legado que le dejaremos a los peruanos del futuro. Una Democracia que se apoye en sus dos piernas, la Derecha y la Izquierda, y que no necesite nunca más de una Dictadura. Es un buen deseo y no será fácil cumplimentarlo, pero ahí está, como utopía o como realismo político, como prefiera el lector.