martes, 20 de agosto de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 51: LAS MIL Y UNA NOCHES (4)

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CRÓNICAS DE LECTURAS – 51
Las Mil Noches y una Noche (4)

I
Las Versiones

Para culminar esta larga Crónica, trataremos de las versiones de Las Mil y Una Noches. Dicen que la compilación de las historias y relatos fue primero, y que la hizo un cuentista persa del siglo IX de la era cristiana, un señor Abu abd-Allah Muhammed el-Gahshigar, pero ello me resulta a mí bien poco probable. Claro que no soy nadie para opinar en estas cuestiones, pero la gran diversidad de las versiones hace poco probable que los cuentos originales cubrieran con precisión esas mil y una noches, a cualquier compilación se le puede hacer crecer así indefinidamente añadiendo cuentos o variando su extensión. Entiendo que compilaciones así debe haber habido, de eso no me cabe la menor duda. ¿Pero Las Mil y Una Noches? Para que Las Mil y Una Noches sean Las Mil y Una Noches necesitan del relato-marco, de Shahrasad y todos sus efectos especiales. Y eso, según se dice, se le añade a la compilación en el siglo XV de la era cristiana. La verdad, esa no me la creo. Es posible, sí, que el origen remoto de las Noches Árabes sea persa, pero si es así es de persas que salmodian Lā 'ilāha 'illā-llāhu Muhammad rasūlu-llāh. (No hay más Dios que el Dio, y Mahoma es su profeta), y que escriben en árabe y no en persa. En todo caso dejo este lío a los especialistas. Lo que sí sabemos es que entre 1704 y 1717 el diplomático francés Antoine Galland traduce y adapta un texto árabe, que pondrá en circulación en 12 tomos con el nombre La mille et une nuits, contes árabes traduits en français, con gran éxito, pues la novelería de la época se pirraba por lo oriental, lo exótico y novelesco, tema de conversación en los Salones de las ridicules de entonces. Testimonio de esto es el paralelo éxito de las Cartas Persas de Montesquieu y los muchos Libros de Viajes de la época. Tan de moda se puso que apareció un compendio hechizo que parodiaba La mille et une nuits, y que no hizo tanta fortuna: Los Mil y Un Días. En inglés surgen en 1713 las Arabian Nights. Entertainments translated from the french, primera traducción al inglés, a la sazón indirecta y anónima. Tras nuevas traducciones relativamente mediocres, surge la germana de Gustav Weil, Tausend und Eine Nach, Arabische Erzählungen; así como la inglesa de John Payne, en 500 ejemplares de circulación privada, con todo su erotismo completo. En Oriente aparecen ediciones en árabe, incompletas o mutiladas como la de Bulaq de 1835, la del Scheij Al-Yemeni de Calcuta en 1814; o purgadas por los jesuitas, como la edición Beirut.

Hablamos en Crónica pasada del problema que enfrentó Richard Burton en su Traducción de 1885 en 16 volúmenes, The Book of the Thousand Nights and a Night, cuyo trabajo es reputado como uno de los mejores, si bien basado ampliamente en el de Payne. Hemos mencionado también al médico sirio-francés, J.C. Mardrus, su edición de 1889 se considera como de gran precisión y elegancia, a pesar que ha levantado muy fuertes críticas. Ambas ediciones, aunque discordantes entre sí y con la de Weil y otras, poseen atributos que las hacen imprescindibles para el estudio especializado. No deja de sorprender que los ocho siglos de convivencia entre hispanos y moros no se reflejaran en una temprana traducción directa al castellano de Las Mil y Una Noches, parece que el colonialismo mental hacía estragos en el siglo XIX español. Hay historias de Las Mil y Una Noches infiltradas en el Siglo de Oro español, llegadas de Italia, pero parece que en una época a nadie le pareció interesante o importante traducirlas. Y como dice Rafael Cansinos en España es donde Las Mil y Una Noches están como en su casa y apenas si nos parecen exóticas. La miríada de términos en castellano que proceden del árabe facilitan la traducción y dan fe que los que vivimos en esta hermosa lengua de Lope y de Unamuno y de García Lorca pensamos y sentimos en parte en árabe. Pero no fue. La primera edición retraduce a Weil en 1841 en Barcelona, y en 1846 se traduce a Galland. En 1916 ruge la guerra en Europa mientras aparece con inmerecidos bombos y platillos la traducción del francés del Mardrus de 1889, por Vicente Blasco Ibáñez. Por fin, en 1954 Rafael Cansinos Asséns hace cuidadosa traducción directa del árabe para la Editorial Aguilar, que es aquella de la que hemos hecho profuso empleo en estas Crónicas. Más no sabemos, pero Alá sabe más.


II
Las penúltimas Historias

Continuamos donde nos quedamos. Ya hablamos de las intenciones apologéticas del Islam, y en este caso el asunto sale de lo exclusivamente religioso para adentrarse en lo ético y moral, aparentemente de la mano de los moralmente muy evolucionados sufíes. La historia del nombre que hurtó la fuente de oro, en la que había comido el perro (Noches 807 a 809) parece escrita por un austero repúblico romano mezclado con un genial Esopo con emoción social, que narra la historia evangélica del rico Epulón y el pobre Lázaro, y es válido incluso hoy: Haces mal en acusar al sino de injusticia. Y si ignoras la causa de tu ruina, yo te la haré saber. Tú alimentabas a tus dogos en fuentes de oro y dejabas a los pobres morir de hambre. Toda una admonición, a mi humilde entender, no solamente para los ricos inconscientes sino incluso para algunos exagerados “animalistas” de hoy en día. En la cacería de amor (Noches 809 y 810) el cazador resulta cazado, vieja manera de hacer reír. Una alusión a la histórica Batalla de Alarcos de la Guerra de Reconquista Española, se halla en la historia de lo que pasó entre Yakub-Ben-Yusuy y el Rey Adfonsch (Noche 812), como en la del guerrero que tomó él solo una ciudad (Noches 812 y 813). Conforme avanzamos hacia el final, la historia promedio – si es lícito así referirnos – es cada vez más corta, ya no hallamos las grandes seguidillas del principio. A algunas historias sobre los hechos de los Jalifas, le sigue la bella e idílica historia del príncipe Yasmin y la princesa Allosa (Noches 818 a 821). Hagamos notar malévolamente que Yasmín es nombre de varón, aunque a Disney no le guste. La historia de la joven Tuhfetu – L – Kulub, jalifa de los pájaros (Noches 824 a 840) nos devuelve a la peculiar combinación de fantasía y realidad, en que aves que hablan, efrits y califas coexisten felizmente y sin contradicción aparente; y donde reina sin oposición la poesía, lo que parece dar pie a las varias historias de poetas que le siguen, entre la que destaca la de Find, el poeta, y sus dos hijas guerreras Ofairah Schemsún y Hozailah Budur (Noches 846 y 847). A estas le siguen historias de amores platónicos, santos islámicos, ascetas y sabios, entre los que destaca el proverbial Lokmán (Noche 858), más Ben-Sadet el elocuente y Sibuyet el gramático. Shahrasad parece a estas alturas remachar la curación de Shahriar a través de historias que narran el punto de vista de las mujeres, mostradas en sus distintas facetas. En los maridos juzgados por sus mujeres (Noches 861 y 962) presenta incluso un tribunal de éstas presidido nada más y nada menos que por Aischa, última esposa de Mahoma, sea sobre él la paz. Vienen más historias de mujeres, entremezcladas con otras, hasta llegar a la caballeresca historia singular del príncipe Almas (Noches 872 a 885).

Más anécdotas edificantes de una o dos noches de duración se suceden. El histórico y muy conocido Sultán de Mizr o Egipto, Selahu – D – Din (más conocido en Occidente por su transliteración Saladino), contemporáneo y rival del Rey de Inglaterra Ricardo Corazón de León en la Tercera Cruzada, tiene su historia en las Mil y Una Noches: El fel-lah mizriano y sus hijos blancos (Noches 891 a 894), que traspone al terreno erótico las luchas de esta Cruzada, marcando en la conquista y conversión de la mujer franca la indudable victoria sarracena. Vuelta  a lo fantástico – reyes, pescadores, efrits – en las Noches 894 a 910 (historia de Jalifa y El Jalifa), y a las pequeñas historias de un par de noches o menos de duración, lo que quizá atestigua que Shahrasad está más relajada y tranquila y ya no necesita desplegar tan prolijas habilidades como las que hasta ahora ha mostrado. A estas alturas probablemente ella se divierte tanto como el soberano al que según parece ya ha curado de su mal de misoginia. Pero por si acaso y por las dudas se vuelve a relatos sobre la acción de los soberanos del siglo en la sociedad, su intervención para establecer la justicia, con más apariciones del Califa Harunu – R – Raschid y más de la literatura caballeresca y picaresca, combinada un tanto sin orden ni concierto, o en todo caso con un orden y concierto interiores y no inmediatamente evidentes, en particular considerando que por su mismo carácter las Mil y Una Noches puede abrirse desde cualquier página, la famosa lectura digital a la que en alguna otra Crónica nos hemos referido. Pero dejándonos llevar por la lectura entre líneas que en árabe es perfectamente pertinente, notamos que el orden y calidad de las historias podrían corresponder a las etapas de la terapia del soberano a quien se le han estado administrando estos relatos como píldoras.         

III
Más penúltimas Historias y el Elogio del Libro

Conforme se avanza hacia el final de las Mil y Una Noches, los relatos de Shahrasad se van adentrando cada vez más en el género de los consejos para los reyes, recordándonos sutilmente que después de todo la hermosa Shahrasad es hija de un Gran Visir, y por otra trayéndonos a la memoria otros textos de este género como Los Castigos del Rey de Mentón, de la literatura caballeresca occidental. No de otro modo podemos entender historias como la del tesoro sin fondo (Noches 930 a 935), dirigidas a perfeccionar el gobierno mundano de los Califas y Sultanes, en una suerte de formación para la gobernabilidad y la gobernanza dignas de nuestro siglo. Como todo en las Mil y Una Noches va combinado, hallaremos más Rosas y Versos (Noches 935 y 936), esta vez dedicados al poeta Ishak-Ben-Ibrahim de Mosul, versado en flores: Dióme una rosa mi amada / y, al dármela, así me dijo / - Haz cuenta que mis mejillas / te ofrezco, amado mío. Una urgenciada versión de la Esfinge, mejorada con la sutil presencia de noventinueve cortadas cabezas de pretendientes fracasados, es enseñada en la historia del hijo del rey y la soberbia princesa (Noches 936 a 939), que nos muestra como las viejas historias adquieren extrañas formas cuando atraviesan el tiempo. Los Dichos Memorables de los Sabios que escribieron sobre temas diversos, en especial Las señales de amor (Noches 939 a 941) siguen a ésta, continuando así el proceso de aprendizaje al que Shahriar está sometido, en verso, por supuesto: ¡Qué caprichosa y qué extraña / es la mujer que yo adoro! / Si me ve que río, llora / y ríe cuando yo lloro. / En llevarme la contraria / parece cifrar su gozo; / es como una yegua loca / que, abandonada a su antojo / corre ligera y, en cambio / corta sus vuelos de pronto, / cuando el jinete la hostiga, / incitándola al retozo.

No dejaremos pasar así nomás esta historia de las noches 941 y 942, un hermoso Elogio del Libro que nos permitimos reseñar sin más ceremonia, porque dijo un sabio: Es el libro el mejor compañero en los ratos de soledad y el mejor de los amigos cuando en tierra extraña somos peregrinos. Y el mismo sabio abundó más aún, demostrándonos que el aprecio por la palabra escrita ha atravesado los siglos y hermanado a los hombres: Pues el libro es al mismo tiempo árabe y persiano y de Al-Hind y de As-Sind y rumí. Y además es tumba de secretos y lonja de depósitos y broche de las ciencias, y fuente de juicio y mina de generosidad y nobleza e incansable compañero que no se entrega al sueño. Y por ende, tras estas y otras enumeraciones descriptivas que nos muestran la bondad y carácter del libro, nos recomienda: Honra, pues, al libro y trátalo con todo mimo. Y me pregunto si esto no compensa y/o contradice ampliamente esa anécdota que no sabemos si será cierta, del Califa Omar quemando la Biblioteca de Alejandría (Si (los libros) dicen lo mismo que el Corán, son inútiles; y si no, son perniciosos), anécdota que me suena a mentirosa guerra psicológica de los cristianos, culpables desde antes de los tiempos de Hipatia de Alejandría de un frenesí destructivo que atacaba el paganismo, al que igualaba con el saber y el conocimiento y la belleza. Me cuesta creer que un Califa de la misma estirpe que Selahu- D –Din, Harunu - R- Raschid y los sabios gobernantes del Al-Andalus, que construyeron Bibliotecas y rescataron a los griegos y trajeron al Bárbaro Occidente los números de la India y la geometría de Euclides, que tradujeron y comentaron a Aristóteles, hayan sido culpables de lesa cultura. Pero no olvidemos tampoco que árabe es este verso: Alguna vez me preguntan / qué he sacado de esta vida / yo que no gozo de ella. / Y yo contesto en seguida: / - Pues un poco de escritura / y algunas pocas de rimas. / Ahí tenéis todo lo que / atesora mi valija. Y dijo aún otro poeta: La suerte al ignorante / se place en proteger / y en cambio al hombre docto / lo trata con desdén / Recorre los mercados / del mundo y podrás ver / que el más pobre de todos / el de los libros es. Pero es Alá, sin duda alguna, el más sabio, y está por encima de nuestra voluntad.

IV
Las últimas Historias, y dos Broches de Oro

Tras varias noches dedicadas a elevar la sabiduría, entre ellas la que trata de la polémica ya por entonces encendida y de ningún modo terminada hoy en día entre Educación y Naturaleza (Noche 942), y en que el espíritu práctico de los árabes encuentra aplicación en el servicio a la justicia (Historia del culpado inocente – Noches 946 a 948), vienen más anécdotas edificantes, alguna que otra de origen talmúdico pero la mayoría sufíes, e incluso algunos relatos que más parecen deberle a la provocada sabiduría de los comedores de Hachísch que a la de los escritores y lectores de libros. De todo hay en la viña de Alá, según se ve en la compleja y complicada historia del hijo adulterino (Noches 951 a 956, prolongada a la 972), que por cierto está en la versión de Mardrus y en ninguna otra, y por eso parece que podemos sospechar algo de su canonicidad, ya sabemos que Mardrus usó de la tradición oral de manera que podría juzgarse abusiva. Por otra parte ya pareciera que Shahrasad – o el escritor o escritora que asume su lugar y espacio -  tratase de completar un poco a la mala la cifra mágica de las Mil y Una, y no podemos culpar a los autores y/o recopiladores de intentar hacerlo un poco con calzador, que encajar historias en un rosario predeterminado no es nada fácil y requiere no solamente de talento sino de ciertas virtudes más éticas, porque las historias con las que complementar el número (o las sobrantes que hay que sacar, no lo sabemos de cierto) no pueden parecer artificiales. Pero si ya llegaste hasta aquí, lector, perdonarás que los relatos escapen algo del canon y el estilo, todos queremos ver a Shahrasad tener éxito. Y así, tras anécdotas sobre talismanes y milagros, y otros relatos por el estilo de los que ya estamos acostumbrados, llega el primero de varios broches de oro, una de las historias que más ha impresionado la imaginación de todos los pueblos en todos los tiempos: la historia de Alí Babá y los Cuarenta Ladrones (Noches 980 a 989) que no, no es profecía referente a los tiempos modernos ni a la honradez de los políticos de hoy, aunque así lo parezca por analogía con las bandas que se apropian de los dineros públicos y los meten en cuentas con contraseñas más difíciles de quebrar que el Ábrete Sésamo.

Ambientada en el Fars persa, hay varios temas sugeridos a lo largo de todas las noches anteriores, aunque sintamos que algo le falta para ser compendio de todas ellas. Pero sin duda está el tema de la envidia entre los hermanos Kasim y Alí Babá, y mencionemos de paso que esta casi última historia del Libro es la primera que Peter Barnes hará narrar a Shahrasad en su película, aunque a mí no me guste que un guionista de hoy le enmiende la plana a la sin par princesa. Es verdad que el estilo narrativo denuncia autoría y estilo asaz diferentes de los que hasta ahora han presidido nuestra obra, pero nada pierden con ello las Mil y Una Noches, capaces de asimilar esto y mucho más: ¡Loado sea Alá, que hizo entrar en nuestra casa los bienes mal adquiridos por esos cuarenta bandidos (…) volviendo así lícito lo que era ilícito! ¡Es verdad que Alá es el Generoso, el Liberal! El eterno elemento del equilibrio en la Justicia está presente y le da encanto a este relato donde se trata de enseñar entre otras cosas cómo se administran los bienes de acuerdo a los preceptos del Corán. Inclúyese acá la historia de las cuarenta tinajas, cada una con su respectivo ladrón, y si esperas, lector, que te lo cuente todo, esperarás sentado, cierra mejor esta pantalla, anda al libro y léelo, ese es el verdadero tesoro escondido. Por que no son las riquezas loque cuenta en este relato sin par, sino el tesoro que hay en la lealtad y la astucia de Nuru – l – Leila, mi tercer personaje femenino preferido tras Shahrasad y el hada Pari-Banu. Gloria a Aquel que da sin cuenta a los humildes de la Tierra.

Pocas Noches quedan ya. Tras pocas historias que no desentonan, destinadas a completar número, acábase con la historia de la Princesa Deryabad (Noches 996 a 1001), metida en la de Judadad y sus hermanos, y destinada a lo que parece a dotar de prestada voz a Shahrasad: Esa desventurada princesa soy yo. Y en la conclusión final de Las Mil y Una Noches, dícese que en los intermedios de estas Historias, esos silencios a los que nos referimos Crónicas ha, en los que pasa más que en las Historias narradas, Schahrasad dióle tres hermosos hijos a Schahriar: ¡Ye Rey de los Tiempos y perla sin par de edades y épocas! Tu esclava soy y mil y una noches llevo ya contándote historias de los antiguos y ejemplos y advertencias de los que nos precedieron (…) Estos son tus hijos y por ellos pido que me eximas de la muerte odiosa (…) // Rompió el rey a llorar, al oír aquello, y, cogiendo a sus hijos, los estrechó contra su pecho, diciendo: ¡Ye Shahrasad, por Alá que antes que estos hijos vinieran al mundo ya yo te había perdonado la vida (…)!

Y esto es todo lo que ha llegado hasta nosotros sobre el origen de este libro, y Alá es sapientísimo.
 
V
Colofón

Para terminar, dos cosas: No se trata de leerse todas las Noches al destajo y de un solo queco, no es ni conveniente ni agradable. Yo me sé que desde que tengo Las Mil y Unas Noches me las leí todas seguidas solamente una vez, más bien las he releído bastante porque aguanta perfecto abrirla en cualquier parte y disfrutarla, esa es la forma de leer que se le acomoda. Y en segundo lugar te doy este enlace que he encontrado, ye lector: 

Ahora tratemos de vivir entre delicias y perfecta dicha, hasta que llegue a visitarnos la Destructora de los goces del mundo y la Constructora inexorable de sepulcros.

Selam! ¡Y la paz! 

Esta Crónica viene desde el siguiente link:
http://memoriasdeorfeo.blogspot.com/2013/08/cronicas-de-lecturas-50-las-mil-y-una.html