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martes, 27 de noviembre de 2012

CRÓNICAS DE LECTURAS 13: HABLAR EN LENGUAS

Peru Blogs
CRÓNICAS DE LECTURAS – Trece

Hablar en lenguas

I

Las Lenguas

La literatura es un mundo vasto, pero apenas una parte del universo del libro y la escritura. La experiencia oral antecede a la escrita, o se puede decir de algún modo que filogenia recapitula ontogenia, o a la inversa: La primera expresión de los pueblos y de los niños es oral y espontánea, mientras que la escrita requiere de aprendizaje en lo colectivo y en lo individual. Cuando se les expone los niños aprenden la lengua que oyen en su entorno, y así las lenguas humanas pasan la prueba del Tiempo. Los niños aprenden a ver y actuar el mundo a través de su lengua materna, pues que ésta los intermedia con su entorno. La pervivencia de una lengua depende de su uso, sin importar tanto los números, lenguas como el vasco-euzkadi, el romaní o el runa-simi viven pues niños y adultos comparten cotidianamente ideas y sentimientos en esas lenguas. Mi lengua materna informa mi entendimiento de la realidad, me presta sus posibilidades, y de mí depende lo que haga con ella. No creo en la validez de la “prescripción lingüística”, horrorosa en sí misma y de utilidad cuestionable. En eso de omponer usos y costumbres lingüísticos, los medios de comunicación son mucho más potentes que la Real Academia de la Lengua Española, y aunque mucha gente guste de que venga la autoridad y le prescriba los qués y los cómos, yo encuentro que Chespirito es más poderoso que la RAE, de la que no desprecio ni su pasado ni su presente, pues es útil limpiar, fijar y dar esplendor. Pero la lengua no se impone por decreto, como atestiguan cinco siglos de fracasos contra el runa-simi y otras lenguas originarias de España y América, instrumentadas por monarquías absolutas, falsas repúblicas y dictaduras fascistas que trataron de uniformar los pueblos. Pero se murieron Reyes y Dictadores; y vascos, catalanes,  quechuas y demás insisten en amar, trabajar y cantar canciones de cuna en sus lenguas. Los conservadores se empecinan en acostar la realidad en lechos de Procusto, pero hallan que la realidad no se les acomoda, las tales lenguas “minoritarias” conviven con otras lenguas igualmente respetables en las propias mentes de sus hablantes, y en la práctica se apropian del mundo dos veces: En su lengua originaria y en castellano.

Yo soy castellano-hablante en un país con 52 lenguas reconocidas (y sabe Dios cuántas más), y debo reconocer que mi ignorancia de las lenguas originarias de mi patria no es superada sino por un agujero negro. Y eso me da vergüenza. Porque con qué cara me atrevo a hablar de libros en mi propio país diverso y multilingüe, si soy fluente y hábil sólo en la lengua del conquistador de fuera. Claro es que no puedo asumir responsabilidad por haber nacido en mis coordenadas culturales, pero vivir en mi país me obliga a saber qué terreno piso. Hoy el castellano es la lingua franca en los Andes, y también la del Inca Garcilaso de la Vega y José María Arguedas, y no voy a maltratar la lengua de Cervantes, García Lorca y Borges por creer que así elevo las prohibidas y vituperadas lenguas originarias de mi país. De hecho, en castellano reivindico las lenguas originarias de los Andes y la Amazonía, y defiendo políticas lingüísticas efectivas que traten de compensar que estas lenguas no pudieran competir lealmente con el castellano durante siglos. De haber sido así hubiéramos ganado al tener dos o más mundos a nuestra disposición, pues cada lengua manifiesta una comprensión diferente de los objetos e ideas en el mundo, y poseerla es poseer el mundo dos veces. Pero de niño ignoraba la existencia de las lenguas originarias, y debí esperar a ser mayor y libre de utilizar mi propio criterio para darle la vuelta a esto de la diversidad lingüística. Me había preocupado del inglés y el francés, grandes y magníficas lenguas, pero sólo hace unos años traté de hacerlo con el runa-simi. No debería dejarse esto al libre mercado. Si los recursos no nos dan para más, por lo menos deberíamos aprender en las escuelas a decir en runa-simi y alguna otra lengua originaria Ima sutiyqui? Imanaylla cacancu? Allillancani, Ccaya cama, y además decir lo que podría ser eventualmente necesario o urgente: Masca manuiqui cani?, Imayquitaj nanan?, Ari tatay onghosga kani o munahuanquichu? Yo traté de aprender runa-simi como hice con el inglés: por mis propios medios y a través del uso. Pero a diferencia del inglés, el runa-simi es más oral que escrito, hay poca literatura disponible, y las variantes de pronunciación y escritura me llevaron a un callejón sin salida, los pocos libros y diccionarios disponibles no me ayudaron. Es claro que necesitamos más ediciones bilingües, y para algo se supone tenemos Ministerio de Cultura, bueno sería que nos enteraran qué hacen al respecto. Si algo conozco del runa-simi, no se lo debo a la lectura, sino a nuestra amiga Norma Ccahuana, profesora cusqueña que nos hizo el honor de ayudarnos a criar a nuestros hijos, hoy emigrada a Europa. Río para mis adentros recordando cómo aprendí a pronunciar ñoqa rimani  en ayacuchano, y cómo me costó reaprender a pronunciarlo en el cusqueño de Norma.
     
(Para los amigos que comparten conmigo la ignorancia, los significados de las expresiones arriba mencionadas en runa-simi son los siguientes: ¿Cómo te llamas?, ¿Cómo estás?, Estoy bien, Hasta mañana, y eventualmente: ¿Cuánto le debo?; ¿Qué te duele?; Sí señor, estoy enfermo; o ¿Me quieres?)

II

Los registros

Una lengua posee un sistema propio de símbolos con significado que relacionan las percepciones con objetos y conceptos. Se suele diferenciar la Literatura por lenguas, y así se habla de literatura en castellano, en inglés, en runa-simi, en búlgaro, en chino, en swahili, etcétera. El universo de la lectura depende del universo de la oralidad, y el lenguaje construye mi mundo desde mi entorno social y cultural. Al aprender otra lengua y alcanzar competencia en ella, por poco que lo pensemos nos maravillamos de las semejanzas y diferencias que existen entre los significados de las palabras, y de cómo estos componen una percepción diferente cuando circulamos de una lengua a otra. Por varios años trabajé en una Escuela de Interpretación y Traducción, y ello me dio la oportunidad única de vivir un medio donde se contrastaban unas lenguas con otras. El procedimiento de la Traducción incluye el empleo de Diccionarios Monolingües, Bilingües y Glosarios de toda especie, lo que lleva a contrastar palabras y expresiones problemáticas, con lo que distingues cómo cambia la manera de “decir el mundo” según la lengua, aunque los conceptos parezcan los mismos. Deploro que cada vez haya menos lenguas, pues mucho perdemos al homogenizar y perder variabilidad. Incluso la misma lengua varía en las distintas comunidades, por más que hablen y escriban en la misma. Castellano se habla en la Guinea Ecuatorial, en Guatemala, en Filipinas, en Uruguay y en Arizona. El chiste de que Inglaterra y Estados Unidos sean países separados por el mismo idioma deja de serlo cuando lo experimentamos en el habla. Las literaturas “nacionales” o “regionales” enfatizan las diferencias más que las semejanzas, pues el castellano no es igual en las frías alturas que en los áridos desiertos o en la pluviselva. Ni es el mismo expuesto a otras lenguas como el runa-simi o el tagalo. Ni el mismo en los chicanos de Los Ángeles que entre los mulatos y negros de Chincha, como se muestra genialmente en el Monólogo desde las Tinieblas de Gregorio Martínez o en el Hombres de Maíz que sólo pudo surgir en la Guatemala de Miguel Ángel Asturias. Del mismo modo Octavio Paz de México; Gabriela Mistral de Chile; Horacio Quiroga de Uruguay; Rubén Darío de Nicaragua o Ramón del Valle Inclán de España emplean el mismo sistema lingüístico, pero con sus diferencias de entorno geográfico y cultural. Añadamos a esta coordenada geográfica la coordenada temporal, y se nos complica la cosa, que no es igual Gonzalo de Berçeo que Rafael Alberti, aunque empleen el mismo o parecido idioma, e incluso el mismo registro poético. En las “literaturas nacionales” la cosa se complica, pues se le añade la evolución del lenguaje y los registros literarios: Juan de Espinoza Medrano es distinto de Mariano Melgar; y ellos no se parecen a Ricardo Palma o a Martín Adán. Ni poesía es ensayo, ni Azorín es Pérez Reverte. Los ejemplos se multiplican y el punto queda firme: Las aproximaciones son varias, múltiples y multiformes, y cualquier lector se encontrará con todas ellas.

Este tema es menos agudo cuando salimos de lo literario hacia las ciencias formales, fácticas o sociales. Hay diferencias entre ellas atribuibles a sus distintos registros. La Ciencia expresa sus rasgos en el lenguaje que utiliza. El físico danés Niels Bohr aspiraba a reducir el lenguaje científico a una estructura lógica precisa, pues los rasgos lingüísticos comunes a las diversas lenguas no aclaraban las ambigüedades, y en el plano científico la objetividad – nombrar unívocamente la “cosa” – es de capital importancia. Un ejemplo: Todos podemos imaginarnos una dimensión más en el plano de nuestra existencia, porque nuestra percepción puede asumirlo y nuestro lenguaje cotidiano nombrarlo. Representamos la realidad tridimensional en planos bidimensionales con trucos visuales: los mapas y el 3D no son otra cosa. Pero en mi experiencia fue todo un descubrimiento caer en la cuenta - leyendo Otros Mundos, de Paul Davies, esas cosas no se me ocurren a mí dejado a mis recursos - que hay muchas más dimensiones en la realidad – mundos n-dimensionales - que no podemos ni “imaginar” ni “describir” ni “explicar” con palabras cotidianas. Requerimos del lenguaje lógico-matemático, aunque podamos “intuir” estos mundos en un clásico de la Ciencia–Ficción como Ciudad, de Clifford Symak, poco conocido pero genial autor en este género. Para no meternos en honduras, digamos que en libros de Matemáticas y Lógica gozaremos de ventajas si conocemos la disciplina. Aunque se empleen palabras del lenguaje cotidiano, éstas versan sobre el registro o “idioma” matemático o lógico-formal y su comprensión se facilita. Mis vetustos libros de Commercial Mathematics de Davies y Habakkuk; o Elements of Statistical Method, de Albert Waugh me plantean menos dificultades de comprensión que The snows of Kilimanjaro, de Ernest Hemingway o Sanctuary de Theodor Dreiser. Puedo confiar en la exactitud del registro lógico-matemático y así puedo acceder con límites incluso a textos en ruso. En las Ciencias Fácticas (Física, Biología, etcétera) se usan más palabras cotidianas, pero éstas se estructuran en un registro lógico-formal, de enunciados y proposiciones, poseen estructura y consistencia lógica, son denotativos y más lecturables y previsibles que en el registro literario. Un ejemplo es el libro editado por Albert Galaburda, Dyslexia and Development – Neurobiological Aspects of Extra-ordinary Brains, que tuve el honor de traducir a nuestra lengua. Por último, leer textos de Ciencias Sociales en otra lengua es más difícil cuanto menos denotativo es su lenguaje, cosa por lo que se acusa a estas Ciencias de no serlo. Y aún así se cuenta con un metalenguaje propio de la disciplina, que reduce las incertidumbres. Ejemplos de ello hay en Eric J. Hobsbawm en Primitive Rebels – Studies in Archaic Forms of Social Movement in the 19th in 20th Centuries; o en Winston Churchill en The Second World War.

III

Accediendo a los libros en otras Lenguas: Leer el original

Leer libros en lengua no materna pasa por uno de dos procesos: O se aprende la lengua meta hasta alcanzar competencia suficiente; o se accede a los libros a través de Traducciones. En cuanto a la primera alternativa, ya hemos visto que enfrentar la lectura de libros en lenguas diferentes a la propia depende del registro. No encuentro demasiada dificultad en leer pedagogía en portugués o en francés, y es que ambos idiomas son lenguas romances como el castellano, semejantes en la construcción gramatical; y la pedagogía cuenta con un lenguaje más o menos normalizado, aún con préstamos como el término bullying. Para el castellano-hablante promedio, el leer en inglés no es tan difícil, pues dicho idioma incorpora en su sistema una estructura más o menos común a las lenguas romances, y no nos es tan extraño como el finlandés, el croata o el swahili. Además estamos muy expuestos por los medios de comunicación al english, lingua franca universal, y a su variante el americanese. Así sus áreas de oscuridad se reducen en la medida que es menos literario, menos coloquial y menos sometido a variantes dialectales. En este mundo globalizado, todo el mundo sabe decir good morning y how you doing y muchos no necesitan más. Después de todo, aunque el inglés no es la primera lengua del mundo – el Chino Mandarín se lo lleva por varios centenares de millones – sí es la segunda lengua más hablada, leída y comprendida. El aprendizaje del inglés es por ende imperativo en todo sistema educativo, inclusive y principalmente en los países anglófonos. Y aprender la lingua franca de nuestro mundo globalizado no es cuestión menor. Naturalmente es absurdo sostener que el aprendizaje del inglés oblitera el de la lengua originaria propia, no hay competencia entre el runa-simi y el inglés. Catalanes y vascos demuestran que puedes aprender vasco o catalán, y castellano e inglés a la vez y sin tanta vaina. La oposición al runa-simi en nombre del inglés es puramente política, y no resiste el más ligero análisis. No son excepcionales los casos de dominio de lenguas distintas: El polaco Joseph Conrad, el chino Gao Xinjian, y el indio Salman Rushdie son palpables ejemplos.

Otros idiomas como el ruso y las lenguas eslavas presentan más dificultad pues emplean un alfabeto diferente, en este caso el cirílico, lo que a la dificultad de hablarlo – se puede hacer fonético – añade las de leerlo y escribirlo, aquí sí que hay que aprender a decodificar desde el ABC. Y eso que el cirílico no es tan distinto del alfabeto latino. Imaginemos la dificultad de leer a Tolstoi, Krylov, Akmátova, Berdiaev o Solzhenytsin en ruso. Aún peor es en lenguas como el árabe o el hebreo, cuyos signos alfabéticos nos semejan patas de araña, dificultad incrementada por la ausencia de referentes en nuestro alfabeto, lo que implica reaprender incluso las competencias motoras, pues sus alfabetos, al revés del latino o el cirílico, se escriben de izquierda a derecha. Para los que no capten esta dificultad: En mi paso por la Escuela de Interpretación y Traducción les mostraba a mis alumnos un periódico israelí, y les decía que su “página Uno” era para nosotros “la última” y había que abrirlo “al revés”. Para remate ellos suprimen las vocales, que utilizan “de memoria”. Llegar a leer Las Mil y Una Noches en árabe no es nada fácil. Y las lenguas de extremo oriente – chino mandarín, coreano, japonés – nos resultan triplemente extrañas, pues se escriben de arriba hacia abajo en alfabetos ideográficos o silábicos totalmente extraños a nuestro temple fonético. Poseen una enorme dificultad intrínseca incluso para los mismos nativos, reflejada en varias modalidades de escritura cuyo dominio toma años a los naturales de esos países, no digamos a los aprendices de segundas y terceras lenguas. Afortunadamente para nosotros, estos países tomaron el toro por las astas en política lingüística, simplificaron y fonetizaron sus alfabetos, uniformaron sus sistemas educativos y se globalizaron de cara a la tecnología, en particular la de computadoras. En los años ´50 y ´60 el tradicional alfabeto ideográfico del chino mandarín se sustituyó por un alfabeto fonético de más de 50 signos – casi el doble que en el castellano. Esto se hizo para uniformar el alfabeto para las muchas lenguas que existen en China, como para facilitar la traducción y adaptación a las nuevas tecnologías. Nosotros lo notamos en el "cambio de nombre" de la capital Pekín o Peiping, por Beijing, que en chino mandarín se escribe como siempre pero se pronuncia distinto, me da escalofríos pensar cuánto esfuerzo se hizo para lograrlo. El canal chino de cable pasa teleseries en chino mandarín con subtítulos para la población china, lo que ilustra el hecho. Aprender otras lenguas requiere tiempo, recursos e inmersión, en especial en lenguas tan distintas a nuestro castellano. Y nuestro país es un crisol cultural donde convivimos gentes de origen cultural americano, europeo, africano y asiático, y tiene la posibilidad de ser el “país de los traductores”. Claro, necesitaríamos primero aprender a respetar nuestras lenguas, todas, sin excepción alguna.

IV

Accediendo a los libros en otras Lenguas: Traducciones

La segunda manera, más empleada, para acceder a libros en lengua extranjera es a través de sus Traducciones al castellano, lo que presenta muchos y complejos problemas. La Traducción es un proceso largo y trabajoso, heroico muchas veces y raras veces cantado, que resulta en que una obra cualquiera se tome tiempo en estar disponible para lectores que no conozcan la lengua en el que se ha escrito. En áreas profesionales o académicas, científicas y técnicas, esto es un problema mayor, pues el rápido desarrollo de estas disciplinas se refleja en copiosas publicaciones, casi siempre en inglés. El que aspire a estar en el mainstream no puede depender de traducciones, so pena de vivir en el atraso permanente. La traducción es parte del proceso editorial y de necesidad encarece el producto y retrasa la publicación. El lector queda a merced de la voluntad o la capacidad de las editoriales o publicaciones periódicas, y así es imprescindible tener competencia en inglés para no quedar atrás. Los best-sellers, por serlo, tienden a traducirse más rápido, en tanto que muchos libros importantes no lo son por falta de mercado, en particular en las Humanidades. Así nos encontramos con traducciones más o menos antiguas, no siempre adecuadas a la modernidad o con límites de carácter no lingüístico, como por ejemplo resistencias de carácter ideológico o de otra índole, que casi siempre se reflejan en censuras de contenido, como los famosos Nihil Obstat e Imprimátur, de los que trataré en otra Crónica. También a veces la Traducción al castellano no es al castellano realmente existente. A ello alude el famoso refrán italiano Traduttore, tradittore (Traductor, Traidor). Y esto pasa incluso con obras muy importantes, pongo por caso La Crítica de la Razón Pura, de Emanuel Kant. Cuando traté de leerla por primera vez me encontré con la traducción del alemán del filósofo cubano José del Perojo, realizada contracorriente en el ambiente medio krausista, medio tomista, de la España de fines del Siglo XIX. Llenó un vacío importante, pero se sostuvo más de un siglo antes de que apareciera otra. Es que las editoriales son conservadoras y cuidan sus costos, y no ven esencial actualizar traducciones cuando ya las tienen, más que sea regularonas. Perojo era muy competente en el castellano de fines del Siglo XIX, pero para poder acceder a Kant ello me presentaba una dificultad adicional a fines del Siglo XX. De hecho, me resultó más fácil leer la Crítica en inglés, en la edición MacMillan de 1949, traducida por Max Müller. Afortunadamente, el impulso dado por Internet a la lectura determina nuevas traducciones de obras clásicas en castellano de nuestros días, y como la antigüedad de las traducciones impacta en la habilidad decodificadora, y por ende en las ventas, las editoriales empiezan a tomarse el tema más en serio. 

Sin embargo, la dificultad de la traducción no se detiene aquí. Pensemos en textos literarios en idiomas como el rumano, el urdu o el maya. En castellano hay pocos o ningún traductor de estos idiomas al castellano, a más de un mercado inexistente para sus obras, y por ello nuestro acceso a la literatura y otros registros en dichos idiomas es limitado. En la práctica, cuando un escritor camboyano o turco alcanza a posicionarse en el mundo anglosajón, normalmente será porque o escribe en inglés, o se le ha traducido al inglés. Y de ahí se le traduce al castellano, con el resultado que conocemos a Omar Khayyam, Rabindranath Tagore u Orhan Pamük a través de traducciones de traducciones, lo que hace al niño irreconocible hasta para su propia madre. En castellano ha pasado con infinidad de obras de todos los registros, y los traductores del árabe, chino, hindi o japonés al inglés o francés han sido a su vez re-traducidos al castellano. El problema es de simple ausencia de traductores competentes en estos idiomas que a su vez tengan el castellano como lengua materna. Otro problema grave es que normalmente necesitas un literato para traducir literatura, un ingeniero para traducir ingeniería y un matemático para traducir matemática, lo que es una trabajosa manera de decir que un buen traductor tiene que conocer el registro lingüístico y el metalenguaje de lo que traduce, so pena de quedar en ridículo en lengua meta. Afortunadamente, la traducción se ha profesionalizado, tecnificado y “cientifizado”, y por fortuna también sigue teniendo mucho de arte y oficio, dado que no se ha podido inventar aún un traductor universal – sueño de la ciencia-ficción – y ni siquiera un programa que sea medianamente tan eficiente como un traductor humano, en particular para la Literatura. Un buen traductor posee cuatro habilidades ideales: El dominio de la lengua origen, el dominio de su propia lengua (casi siempre lengua meta), el dominio del registro y metalenguaje del objeto que traduce, y el dominio de las técnicas propias de la traducción (fichas, diccionarios monolingües y bilingües, glosarios, etcétera). El ideal es que el traductor traduzca hacia su propia lengua, es decir haga traducción directa, que se contrapone a la Inversa, donde se traduce hacia la lengua que no es la propia, tarea muchísimo más difícil y a veces inevitable.     

V

Colofón

Me parece que hemos tenido algo de éxito en encontrar ciertos factores de lecturabilidad referidos a las lenguas en que se escriben los libros, aunque sin agotar para nada el tema. Es un tema importante aunque invisible, y vale la pena hacerlo visible. No olvides: Lee lo que quieras, como quieras, donde quieras. No te arrepentirás. Aunque sea en traducciones. Y aprende idiomas, empezando por los tuyos.

viernes, 18 de noviembre de 2011

LIMA MILENARIA


LIMA MILENARIA

“Esta campaña es una exquisita locura. Pero una locura bien seria, que tiene sus raíces en las investigaciones que se han venido produciendo en los últimos 30 años y que transformaron todo lo que sabíamos de Lima antes de 1535. Después de todo, ¿cuántos lugares del mundo pueden despertarse un día y decir: caray, se nos había olvidado de contar un par de miles de años?”
(Javier Lizarzaburu, Blog Lima Milenaria)

La iniciativa de nuestro amigo el Periodista Javier Lizarzaburu – profesional de la prensa muy digno de ese nombre – ha madurado hasta convertirse en una campaña ciudadana en la que el decano de la prensa nacional se ha comprado el pleito, y aunque tengamos con el dicho amplios desacuerdos de línea política, su importancia y llegada es innegable, y su compromiso digno de ser relevado. La campaña Lima Milenaria es idea de mi tocayo Javier, su autoría, obsesión y niña bonita. Llegado a Lima tras exitosa carrera en el exterior, Javier reencontró sus raíces nacionales, lo que le impulsó a pensar, como peruano bien nacido, qué hacer para mejorar la sociedad en que vive. El resultado es Lima Milenaria.

Recuperar lo que nos pertenece

Recuperar la Historia es importante. Esto se ha dicho en todos los tonos en un país como el nuestro, que vive centrado en algunos aspectos visibles y más o menos cercanos de nuestra historia, de la que, por otra parte, podemos sentir justificadísimo orgullo. La Historia, memoria de los grupos humanos, determina de manera consciente e inconsciente el devenir presente de las personas y las comunidades, y nos plantea las rutas a seguir hacia el futuro, la Lima y el Perú del Tercer Milenio. También existen posiciones contrarias, que se oponen a la “historización” de nuestra sociedad y su estructura educativa, a la que acusan de retrógrada. Tal vez haya algo de cierto en ello, y aún así lo dudo, para países como Brasil, Uruguay, Argentina y Venezuela, cuyo pasado precolombino, aunque importante, no registra logros civilizatorios primigenios notables. No es falta de ellos, pues el devenir geohistórico determinó que hubiera regiones del mundo donde se combinaron la habilidad de las gentes para la supervivencia con retos geográficos que requirieron respuestas radicales. Entre estos pocos lugares estuvieron las cuencas de los ríos Nilo, Yang-Tze-Kiang, Indo y Tigris-Éufrates, así como la Península de Yucatán y los Andes Centrales. Vale decir, los habitantes de estos países continúan su devenir tras miles de años de haber inventado la civilización. No es poca cosa saber quiénes somos, de dónde venimos, qué logramos antes de hoy.

Devenir en el tiempo

Dícese que una sociedad debe conocer su Historia. El devenir de nuestros abuelos, bisabuelos, tátaras y demás antepasados nos determina de manera especialísima. La aparición de grupos nuevos que se insertaron en la estructura cultural y étnica primigenia nos añadió rasgos que son parte de lo que somos hoy. Los rasgos se relacionan, se combinan y se integran para crear algo nuevo: Lo que somos hoy en día. Negarnos a reconocernos a nosotros mismos en todo o en parte es aceptar una suerte de esquizofrenia calculada, un poco como la familia que trata desesperadamente de ocultar el cadáver que el abuelito chingüengüenchón asesinó en un arranque, y que desborda las posibilidades de almacenaje del armario o el desván. Negar nuestra base étnica indígena ha sido y es en el Perú una suerte de marca de fábrica de aristocracia vetusta y exclusión social. Pero siendo claro, tengo el mayor de los respetos por los aristócratas que se las juegan para construir una democracia de iguales y contribuyen eficazmente con la Nación apostando por la integración social y colocando sus recursos y su educación privilegiadas al servicio de ésta. Sean ellos bienvenidos al esfuerzo nacional, y mostrémoslos a esos otros que aún se atrincheran en posiciones nostálgicas de poder y exclusión social. Para ellos no reza la acusación de deserción hecha por Basadre.

La Campaña

La obsesión de mi tocayo – que comparto – se puede conocer mejor acudiendo a su Blog Lima Milenaria, limamilenaria.blogspot.com.  El Blog se presenta así:
“Lima Milenaria: Notas sobre una ciudad mestiza con partida de nacimiento española. Una ciudad donde esas dos raíces en algún momento empezaron a caminar en direcciones opuestas. El discurso oficial dice 476 años de edad, y ¿qué hacemos con el pasado? ¿Con los templos, los vestigios, la comida, la gente, que nos dicen que hemos estado aquí por más de 2.000 años? De repente es hora de contar la historia al revés.”

¿De qué se trata la Campaña? Simple. Lima, esta Ciudad de los Reyes resulta que no tiene cinco siglos, sino muchísimo, muchísimo, muchísimo más. Como habrá sido de potente la raíz indígena que el nombre “Los Reyes”, a pesar de haber sido oficial, terminó obliterado por el nombre indígena, porque “Lima”, señoras y señores, es nombre indio y bien indio, proveniente de la pronunciación española del nombre de nuestro río Rímac, lo que es fácil si pronunciamos la “r” no a la española sino como se hace en el runa-simi, donde la “rr” no se pronuncia. Así nos damos cuenta fácil de que nuestro nombre es más indio que Pachacútec, Taulichusco y Titu Cusi Yupanqui. Computamos la Fundación de Lima como lo que Pizarro hizo en Enero de 1535 en la plaza que estaba frente al palacio de Taulichusco. Recuerda un poco la quisicosa esa de Les Luthiers acerca del conquistador español que fundó una ciudad que no vio que ya estaba fundada y por ello terminó acusado de “fundación ilícita”. Vamos, Lima es mucho más antigua que 1535, y el devenir de sus habitantes originales está aún invisibilizado. ¿Por qué? Pues porque durante muchos años no hemos querido ser indios, y eso por varias razones en las que no abundaré demasiado. Y, señores y señoras, aunque no nos guste, somos indios y bien indios, y podemos sentirnos orgullosos de serlo, pues esos nuestros negados antepasados construyeron la civilización más original del mundo.

Digresión sobre lo Indio

No pasaré por alto que el término “indio” fue una metida de pata del Almirante Cristóbal Colón, que en su búsqueda obsesiva de las Indias – donde estaba la plata de las especias – llegó a estas tierras que se alzaban en el medio de su ruta, computó que había llegado, y cómo quería ver indios ni bien se topó con los habitantes oriundos vio indios, los llamó indios, y cata por qué hay indios en la India e indios en América. La historia de las relaciones entre los grupos indígenas oriundos de América (Abya Yala la llaman los partidarios del origen oriundo, y no me disgusta el nombrecito) con los recién llegados europeos en expansión fue dramática y marcada por guerras, epidemias, revueltas, intolerancias, dominación y exclusión. En cierto modo no importa, pues como decía Stalin el pasado le pertenece a Dios, y de todo lo bueno y todo lo malo, de las desgracias y los abusos nació este algo nuevo de lo que somos parte. Ese algo nuevo somos nosotros, que tratamos de ser nosotros mismos al completo y sin sesgos. Y hasta aquí la digresión.

Identidad y Pertenencia

Algunos psicoanalistas señalan que nuestra sociedad sufre por la carencia de un padre, y además niega a su madre, lo que de alguna manera recuerda ese antiguo constructo ideológico pro-hispánico de lo ibérico como elemento activo y viril y lo indio como elemento femenino y pasivo. Los peruanos hemos tratado de fabricar constructos de nuestra identidad anclados en determinados paradigmas, tratando con desesperación de lograr un sentido de pertenencia que a muchos solamente se les aclara en el extranjero, en medio de “extraños” cuya identidad miramos con envidia. Por eso conviene que sepamos que esta Ciudad de Lima desde la cual escribo posee una larga historia que nos conviene leer desde aquí hacia atrás para entenderla como se debe.

Primero, la geografía. Lima es tres Valles aluviales costeños, de norte a sur los de los ríos Chillón, Rímac y Lurín. Es un caso especial dentro de la geografía costeña del centro del Perú, pues posee tres entradas – tres quebradas – de ingreso a las alturas andinas. Sabemos que donde se producen estas entradas es donde se aposentaron los grupos humanos por razones bastante prácticas, referidas a la multiplicidad de productos procedentes del mar y de los diversos pisos ecológicos vinculados. Económicamente, los Tres Valles y su puerta chalaca al mar resultaban bastante adecuadas para acumular población y riquezas, y por eso su ocupación es tan antigua como 4000 años. No muy lejos al norte está Caral, cuna aparente y muestra representativa de esa interacción entre pisos ecológicos que los peruanos hemos instrumentado durante miles de años con gran provecho y enorme éxito. Es que cuando nos proponemos algo, a los peruanos, señores, no nos para nadie.

Esquicio histórico

La urbe limeña fue fundada por los recién llegados españoles sobre las estructuras urbanas de los antiguos curacazgos Ychma-Pachacámac, que poseían un barniz incaico desde que el Sapa Inca pasó por aquí con uno de esos ejércitos que hacen que te lo pienses dos veces antes de ponerte agresivo. Los curacas del Lurín – donde está Pachacámac – y del Rímac – donde están Puruchuco, Pucllana, Armatambo, Huallamarca, Maranga, Mateo Salado, etcétera – hicieron reciprocidad con el poderoso Sapa Inca, y atracaron con la finta esa de que aquí todos somos hermanos y queremos entrar en la gran mancomunidad del Tahuantinsuyo en base a un Tratado de Libre Comercio justo. La conquista pacífica, que le dicen los historiadores.

Al curaca del valle del Chillón, el Colli Cápac (véase el origen del nombre “Collique”), esto no le divirtió nada, se lo tomó bastante a mal, y durante buen tiempo combatió bravamente contra el Ejército del Tahuantinsuyo, puede que apoyado como avanzadilla y estado tampón del norteño reino del Gran Chimú, lo que por cierto demoró el gran ajuste de cuentas andino entre el Tahuantinsuyo en expansión y el dicho Reino Chimú, resuelto con la derrota y conquista de éste por Túpac Yupanqui. El efecto fue que el Colli Cápac al final tuvo que atracar a regañadientes con lo mismo que sus colegas del Rímac y el Lurín. Pero en los tres Valles habían centros urbanos que databan de mucho tiempo atrás, aproximadamente desde la época de los estados regionales, más o menos entre 2500 y 1500 años atrás. La Cultura Lima se había desarrollado primero en el valle del Chancay, cerquita a Caral, y de ahí avanzó hacia el curso bajo de los tres Valles, y podríamos arriesgarnos a decir que su capital fue el conjunto urbano de Maranga, que abarcaba mucho más de lo que es hoy, debido a que la urbanización andina seguía patrones aparentemente rural-urbanos (o rururbanos, como se dice en Geografía Humana), y durante el Virreinato grandes zonas entre el río Rímac y el mar de San Miguel se redefinieron como rurales campos de cultivo. Ya en la República estas regiones se urbanizaron a la occidental, aunque las huacas que sobrevivieron a la rapiña y la incuria fueron declaradas monumentos arqueológicos y más o menos preservadas. Hoy en día se hace el valioso trabajo de recuperarlas y ponerlas en valor para regocijo de nuestra identidad y de las empresas de Turismo.

Así como podemos decir que el Cercado de Lima o Damero de Pizarro fue el centro urbano más importante del Virreinato, podemos decir que el conjunto de Maranga fue el centro urbano más importante de los Tres Valles, así como Pachacámac fue un centro religioso de enorme trascendencia en todo el Tahuantinsuyo, lo suficiente para que los conquistadores incaicos aparentemente establecieran con sus sacerdotes una relación de extraterritorialidad que nos recuerda en algo la relación del Vaticano con el estado italiano. Esto le da a nuestra ciudad de Lima una partida de nacimiento mucho más allá de 1535, con centro en estas Huacas donde se cumplían las funciones políticas de negociación y gobierno que hoy se centran en Palacio de Gobierno, el Congreso de la República, el Poder Judicial, los Ministerios y la Alcaldía metropolitana. Una Capital con todas las de la Ley, aunque claramente subordinada en sus últimas etapas prehispánicas al Cusco Imperial.

Sin embargo, hay un dato histórico invisibilizado. La mayoría de los limeños de hoy desconoce que la mayor población andina durante el Tahuantinsuyo no estaba en la Sierra Sur alrededor del Cusco Imperial, como muchos creen, sino que se acumulaba precisamente en la sierra y costa del centro del Perú. Los avatares históricos determinaron una significativa reducción de la población hasta extremos difíciles de creer, pero tremendamente reales. La Conquista y las epidemias dieron cuenta de la mayor parte de la población, de resultas que estas tierras quedaron despobladas. Basta mirar cómo la reducciones indígenas del Cercado, Magdalena, Sulco y Carabayllo iban reduciendo su población, así como los centros poblados de Ruricanchu, Limatambo, Late, la misma Maranga y otros. Los nuevos centros urbanos centrados en las antiguas poblaciones de Taulichusco y del Pití-Pití en el también viejo Callau, ganaban población migrante de origen europeo y africano. Esto nos debería hacer ver con otros ojos la supuesta “invasión” provinciana del siglo XX. Desde una visión más amplia del pasado el crecimiento demográfico de la Lima de hoy por migración del interior no sería invasivo sino asumiendo una visión nostálgica colonialista del pasado virreinal. Una lectura más amplia lo puede ver como la recuperación del equilibrio demográfico tradicional en sus antiguos espacios geográficos. La hipertrofia de la actual Lima se relativiza y se convierte en un re-equilibrio con el que tenemos que contar si queremos recuperar una matriz agrícola nacional que hemos estado perdiendo a grandes pasos. La Historia parece repetirse en nuevas formas y con nuevos sesgos, y un nuevo Perú que le debe más de lo que cree a su pasado prehispánico está construyéndose en la acción y el trabajo de los nuevos limeños de Todas las Cepas.

Otro dato histórico invisibilizado que permite reivindicar a Lima para el Perú pasa por un hecho de nuestra Historia Cultural en el que parece haber mucho acuerdo entre los historiadores. El runa-simi, idioma imperial del Tahuantinsuyo y lingua franca de todo el sistema territorial controlado desde el Cusco parece haber tenido su primer origen en… Lima. Supongo que para algunos hispanistas este hecho puede resultar paradójico, y para muchos seguramente es sorprendente. La lengua histórica de Lima no es el castellano, es el runa-simi. Sin anestesia. Y aprovecharemos este hecho para machacar que en la primaria deberíamos por lo menos enseñar a nuestros niños a decir “buenos días, buenas tardes, buenas noches, hola, adiós, ¿cómo estás?” y otros en nuestras entrañables lenguas vernaculares, por lo menos en runa-simi y aimara. Los peruanos deberíamos poder decirnos algunas cosas en nuestras lenguas originarias, y eso, Damas y Caballeros, se llama también Inclusión Social. Así que no es nada descaminado que saludemos a la Lima Milenaria en su propia lengua con un Causachum Lima, tal como lo hicimos hace unos días en la ceremonia de lanzamiento de la Campaña Lima Milenaria en el parque arqueológico Las Leyendas, en el centro mismo de la ciudad prehispánica. Dicho sea de paso, ahí nos dimos el gusto de bailarnos un pasacalle y tomarnos unos pisco sours.

Lo que importa es la gente

Se supone que el sistema educativo actúa como correa de transmisión de los contenidos históricos que entendemos más relevantes para la formación de nuestros niños y jóvenes. Hay profesionales, asociaciones y grupos de la sociedad civil cuyo trabajo se orienta en esta dirección, y es un trabajo importante, porque se orienta a un tema público de largo aliento, que es el huidizo concepto de la Identidad. La Identidad no es una entelequia que anda por ahí flotando en el transmundo, y la peruanidad no existe sin los peruanos ni la limeñidad sin los limeños. Construir identidad y pertenencia no puede hacerse pasando por alto por lo menos mil quinientos años de historia, tres veces más de lo que nos vendieron siempre. Cualquier escala de valores que privilegie lo humano señala que lo que importa es la gente, no las entelequias metafísicas, y ello nos parece está en la preocupación de esta Campaña ciudadana por la Lima Milenaria. Tenemos que vincular a los colegios e instituciones de los Tres Valles. Desde este humilde Blog tomamos nuestro puesto en la reivindicación de la Lima Milenaria. Esperamos y deseamos que nuestra alcaldesa se ponga la camiseta y declare a esta Tres Veces Coronada Villa – que eso también es – Lima, Ciudad Milenaria.

¡CAUSACHUM LIMA!

Post- Data: El entusiasmo a veces nos puede hacer tener lecturas exageradas. Posiblemente algún o algunos datos señalados en el presente artículo presenten inexactitudes, o puede incluso que estén bien equivocados. Perdónesele este hecho a este profe que tan pocas veces tiene la oportunidad de entusiasmarse. De paso, saludamos a la UNIFE, primera Universidad que se suma a la campaña Lima Milenaria. ¿Dónde estáis San Marcos? ¿Dónde estáis Católica? ¿Dónde estáis UPC, Villarreal, UNI, La Molina, etcétera? Punto por hoy.


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