lunes, 26 de marzo de 2012

COMBATES POR LA DIDÁCTICA DE LA HISTORIA 2: UNA EXPERIENCIA ALECCIONADORA


Vuelvo a mis carneros, esto es a la Didáctica de la Historia. Pretendí presentar en el artículo antecedente el problema de los contenidos, el papel de la memoria, de la visión de los especialistas en Historia y Arqueología y el tema didáctico en la enseñanza de la Historia. Decía también que, como docente, mis objetivos entre otros son que mis alumnos piensen críticamente y construyan su propia identidad como peruanos. Desde aquí retomo el tema.

Aprendizaje en concreto y en abstracto

Nadie aprehende habilidades en abstracto. Nadie piensa críticamente a no ser que tenga “algo” en qué pensar críticamente, y nadie adquiere la “identidad” a secas, sino que construye “su” identidad, que en nuestro caso incluye la pertenencia de la persona a la peruanidad y la humanidad. Y nadie construye lo abstracto sobre el vacío de la mente, sino sobre sus experiencias concretas. Esto, que suena a contrasentido, lo adquiere si pensamos que nuestro aprendizaje parte de experiencias concretas y se va “abstractizando” conforme aprendemos a generalizar las experiencias concretas propias y ajenas a través del establecer conceptos. Aquí se mete por los palos el tema de la memoria. Porque yo, como docente, evalúo a mis alumnos en el pensamiento crítico, o en la construcción de identidad, no en el vacío sino en el contexto de la enseñanza de la Historia. Es decir enseño Historia para lograr Pensamiento Crítico e Identidad en ciertos contenidos históricos que consideramos importantes y trascendentes. La identidad y el pensamiento crítico no aparecen por arte de birlibirloque en una sesión de aula, son procesos largos y complejos, con etapas propias vinculadas al desarrollo de niños y adolescentes y jóvenes que debo considerar en mis planes, so pena de quedarme solo en clase, por más gente que haya adentro. El pensamiento crítico per se, desnudo, no puede existir sin la experiencia propia o ajena al cual referirlo y del cual extraerlo. Así pues, necesito la data, la información sobre la cual ejerzo el pensamiento crítico. El ABC de la Pedagogía considera como primer momento del aprendizaje la recepción de información, que se fundamenta en la existencia y persistencia de la memoria. Y para demostrar mi punto, evocaré un acontecimiento de mi experiencia docente que puede arrojar alguna luz sobre el punto.

Atrapado entre la memoria y las habilidades intelectuales

Este humilde servidor enseñaba en la Universidad de Puntos Suspensivos el maravilloso curso de Historia de la Cultura Peruana. Me lo dieron a pesar de no ser Historiador, sino Profesor de Historia, y por ende mi visión del curso no pretendió ser la del Historiador, y así me concentré en la disciplina científica tanto como en la condición de mis alumnos. Hice el correspondiente diagnóstico de mis víctimas de turno encontrando, como era previsible, un nivel académico muy bajo. Mis alumnos no manejaban habilidades mentales como la comparación, la reflexión, el análisis, la síntesis, la evaluación, etcétera. Estas habilidades se construyen unas sobre otras siguiendo una secuencia establecida desde una taxonomía. Estas consideraciones y otras más guiaron mi planeamiento, y dado el muy bajo nivel académico de mis alumnos, provenientes casi todos de instituciones educativas nacionales, construí el curso buscando que mis alumnos lograran describir, analizar e interpretar testimonios culturales gráficos. Y recurrí a los gráficos considerando la enorme dificultad que registraban para leer y para comprender lo leído, que la gran mayoría padecían. Además, cómo dice la inmortal Alicia del País de las Maravillas, para qué sirve un libro si no tiene figuritas.

Enseñar con figuritas

Como la Universidad no me proporcionaba ni siquiera una figurita “Huascarán”, recurrí a reproducciones de soportes arquitectónicos, cerámicos y textiles de las diversas manifestaciones culturales anteriores a la invasión española, quillcas de Guamán Poma, pinturas de la Escuela Cusqueña y de artistas como Gil de Castro, Pancho Fierro, Sabogal y otros indigenistas, así como fotografías de Courret, Martín Chambi y el Chino Domínguez. Dios bendiga la Internet, que me permitió acceder a todo esto. Y así todo parecía muy bacán y adecuado. Tras trabajar las reproducciones en clase,  las incluía en las prácticas calificadas y los exámenes parcial y final, y como reactivos solicitaba para cada cual una descripción de lo visto, y luego la interpretación correspondiente, que suponía temas de aplicación de conceptos de la cultura andina, la occidental y la mestiza peruana, desarrolladas con amplitud en clase. Nótese que en este caso, y dado el muy bajo punto de partida de mis alumnos, yo reservaba la nota “11” – la calificación de 0 a 20 es una vetustísima manera de calificar – a un logro de aprendizaje relativamente sencillo: una adecuada descripción del soporte presentado.

Describir y Explicar un objeto

Vale la pena entrar en algún detalle al respecto. La conocida Taxonomía de Benjamín Bloom es un instrumento empleado masivamente por los profesores. No es que no haya otras Taxonomías quizá más modernas o adecuadas, pero ésta es la que utilizamos, porque proporciona un lenguaje intelectual común a los profes. En las taxonomías, el nivel de la descripción es bastante básico, y consiste en el logro de la enumeración de los caracteres o rasgos de un objeto o concepto, sea observada cuando presentamos el objeto, o evocada si no lo hacemos. Se entiende que esta habilidad intelectual es muy primaria y debiera estar desarrollada mucho antes de llegar a la Universidad. Sin embargo yo tenía mis dudas, y en cualquier caso no hace daño desarrollar la capacidad de describir adecuadamente, así que opté por ella como base de la evaluación y de la didáctica. El siguiente nivel taxonómico es el de la Explicación/Interpretación, y es mucho más complejo de lograr. Mi experiencia en instituciones escolares nacionales, de donde procedían la gran mayoría de mis alumnos, me decía que muy pocos la alcanzan. Por otra parte, la Taxonomía de Bloom no proporciona demasiadas luces en este nivel, que muchos creen necesita mayor desarrollo. Así que opté por un nivel de “explicación” (capacidad de dar razón de la existencia de un objeto real o conceptual) lo más primario posible, y no determinante para aprobar a un alumno en el curso, aunque sí para lograr mejores notas. Estoy seguro que muchos colegas que me lean se escandalizarían por el mínimo nivel del Curso, pero lo cierto es que demasiados alumnos resultaban desaprobados por profes que esperaban de ellos un nivel mucho más alto del que podían alcanzar. Quizá ese es un problema del docente universitario que no es pedagogo, el suponer que el estar centrado en su disciplina basta para enseñarla. Creo que en circunstancias cognitivas generales algo mejores no habría problema con ello, pero hemos de recordar que nuestros alumnos egresan de la escuela con un nivel paupérrimo, y una exigencia que el profesor considera “normal” puede resultar desmesurada para ellos. Ello produce muchos desaprobados, lo que significa que puedes chocar frontalmente con la política de la Universidad, y muchos andan tras tu puesto. Así que la supervivencia puede estar en entredicho. Pero ya está bien de introducción, vamos a la anécdota.

La  anécdota: El reactivo

En un examen parcial presenté – entre otros - el soporte que aparece a la derecha. La evaluación para éste consistía en  dos preguntas semi-abiertas, una de las cuales solicitaba una DESCRIPCIÓN de la representación, y la otra una INTERPRETACIÓN de la misma.

Se trata de una figurilla presente en un manto Paracas, uno de los llamados “duendecillos”. No olvidemos que se trata de un reactivo para alumnos del primer ciclo de educación superior, que han aprobado un examen de admisión que ha medido sus capacidades y los ha encontrado capaces de desempeñarse en una Institución Superior. Que están adaptándose a un medio ambiente universitario decisivo para su futuro, del que se supone saldrán como especialistas en Turismo. Este hecho justificaba tanto la existencia del Curso, como un cierto nivel de exigencia en el conocimiento de las diversas manifestaciones de la Cultura Peruana. Supónese además que los alumnos poseen algunos conocimientos y habilidades adquiridos durante su paso por el sistema educativo primario y secundario, pero como ya indiqué, no contaba demasiado con ello.

La  anécdota: La respuesta

Una de mis alumnas estaba muy interesada en el curso, era vivaracha y muy despierta, y procedía de la bella provincia de Chincha, conocida por su alta concentración demográfica de afrodescendientes. Respondió a la primera pregunta – la que solicitaba descripción de los rasgos de la figurilla – de modo adecuado, identificó la procedencia (un manto Paracas), describió el soporte textil, indicando los colores y su empleo, resaltando la desnudez del personaje, y en especial su color negro. En la segunda pregunta - de interpretación -, explicaba que el color negro del personaje podría representar a la población de origen africano que habita y probablemente habitaba la región de Paracas. Y de allí continuaba con su razonamiento en base a dicha premisa, llegando a ciertas conclusiones a partir de ello.

La  anécdota: La interpretación

Nótese que en realidad esta alumna, que de acuerdo a los parámetros establecidos por mí debía ser aprobada en este reactivo, me soltaba en la interpretación una respuesta desfasada y anacrónica, desde que sabemos que en el Perú de antes de la llegada de los españoles no vivían habitantes de origen africano. Naturalmente corregí el error, que es lo que al maestro le toca. Pero examinemos un instante lo dicho por esta alumna: ¿En qué consiste realmente el exabrupto? Por una parte, la alumna recurrió a su experiencia directa como natural de Chincha, identificó correctamente la procedencia del Manto, asoció la procedencia con el hecho que en Chincha abundan las personas con ancestros africanos, asoció a su vez este resultado con la importancia de los ancestros en las representaciones de la época, y obtuvo una conclusión lógicamente impecable. Por la otra parte, como suele ocurrir en muchas cosas, el error en el valor de verdad de la premisa invalida el de la conclusión, aunque no su estructura lógica. Y la premisa que la alumna, tan solvente en el aspecto estrictamente lógico, no conocía y no había asociado era que la llegada de los africanos al Perú ocurrió mucho después de la elaboración del manto, por lo que no podía ser posible que la representación Paracas correspondiera a ancestros africanos.

Algunas lecciones

Muchos hubieran dicho riendo – y de hecho, algunos lo hicieron – que la alumna en cuestión era, y repetiré contra mi voluntad el prejuicioso estereotipo, una negra bruta e ignorante. Pero si pensamos cuatro segundos en el caso, veremos que había ejercido las habilidades de pensamiento que yo mismo había presentado, enseñado, hecho practicar, y evaluado. ¿Dónde estaba el problema, realmente? Naturalmente en algo que el profesor no había previsto: el pobre manejo de la temporalidad histórica, de lo que está más “lejos” y más “cerca” en el tiempo, de lo que pasó “antes”, y lo que pasó “después”, y en “dónde”; vale decir la conceptualización del tiempo y el espacio. Más a profundidad, se detectaba una inadecuada comprensión de los conceptos históricos de sincronía y acronía que supuestamente ella debería manejar desde tiempos inmemoriales desde que están en el Diseño Curricular Nacional desde la Primaria. Por supuesto, esta señorita no era la única persona que presentaba esta falencia, pero se arriesgó a decirla precisamente en un ejercicio de audacia intelectual realmente poco común, y que había que considerar.

Supongamos que en vez del reactivo que presenté, le preguntaba a la señorita en cuestión sobre los rasgos de las culturas peruanas, digamos Paracas. Considerando sus condiciones, estoy seguro que se hubiera “chancado” cuanto le hubiera puesto por delante, y en el examen lo hubiera paporreteado. En consecuencia hubiera respondido “correctamente”, desde el punto de vista memorístico, aunque sin asociar nada con nada, es decir sin razonar. Pero este docente entiende que no podemos considerar un objetivo del curso de Historia de la Cultura que un especialista en Turismo paporretee información sin ton ni son sobre las Culturas Peruanas, sino que haga algo inteligente con la información que posee. Y paporretear no es algo inteligente, es mera memoria. El problema es que la evaluación tal como la entendemos, sigue siendo una cosa tradicional de criterio cuantitativo-memorístico.

Feed-Back

Naturalmente, este docente hizo retroalimentación, que también para eso uno evalúa. Primero con la estudiante misma: Alenté a esta señorita a seguir pensando y usando su cabeza, pero a la vez a que revisara los conceptos y las cronologías con cuidado. Segundo, a nivel del curso, retroalimenté los contenidos, cambiando el syllabus para dar más tiempo a la comprensión de conceptos sobre el espacio, el tiempo y las cronologías históricas. Por supuesto a desmedro de otros temas, que el tiempo es tirano. Pero el problema en la enseñanza superior es que, o avanzas y llegas a tus objetivos, o te dedicas a hacer enseñanza remedial. Y no puedes hacer las dos cosas al mismo tiempo, a no ser que seas realmente un as de la Pedagogía, un as de la Historia y un as de la Didáctica, pues te añades otro curso aparte en el mismo tiempo y por el mismo sueldo. La mayoría de los docentes universitarios no son pedagogos y necesitan el sueldo, y cuando se enfrentan a estos problemas arrugan y le bajan el nivel al Curso. Y es difícil culparlos, no pueden volver a dictar el curso del colegio, aunque muchos, en la práctica, lo hacen. Pero los alumnos quedan librados a su inopia intelectual y su capacidad de supervivencia en un entorno académico que termina por ser salvaje e inhóspito.

Consecuencias

Podríamos suponer que este es uno de los mecanismos que prolonga y reproduce un sistema de educación superior estamentario y jerarquizado, donde se ejerce una suerte de bullying académico de nivel superior. Si el criterio de aprobación de los cursos universitarios es la capacidad de retener información, al final de lo que se trata es de superar la malla curricular con éxito y como sea. Esto no es fácil para el alumno universitario, que debe aprender las habilidades de la vida universitaria sin anestesia y sin ayuda. Esto tal vez explique alumnos universitarios que creen que el Perú tiene 6,000 habitantes, tal como se presentó en un sonado reportaje periodístico. Nótese que la chica que dio tan malhadado dato probablemente no es nada tonta en los trucos de la supervivencia universitaria, pero sí es obvio que carece de conceptos lógico-matemáticos elementales, y el hecho que esté en el nivel universitario da mucho qué pensar acerca de los criterios de ingreso a las universidades. La mayoría de los alumnos ven la Universidad como una continuidad de la escuela, y se comportan del modo que acostumbraron en la escuela. Hay Facultades y Universidades que procesan alumnos como churros, es decir, los pasan por el sistema de modo que justifiquen la presencia de ciertas autoridades y docentes por la cantidad de recursos financieros que se les exprime semestre tras semestre, y que son el principal argumento para la continuidad de dichas autoridades y docentes. El nivel académico se mantiene así en un nivel que permita una tasa de utilidad lo más elevada posible, y por eso vemos casos constantes de copia de exámenes y trabajos, presencia de padres y madres de familia reclamando por las notas de sus hijos, intentos de compra y venta de notas por dinero o incluso por favores sexuales, tolerados a no ser que sean evidentes, por aquello de que Dios perdona el pecado pero no el escándalo.

Así el ambiente académico termina enrarecido, y nada interesante para alumnos que aspiren al aprendizaje ni para docentes que quieran enseñar en serio. Pero ya sabemos que muchos de los que enseñamos en la Universidad lo que tratamos en realidad es de equilibrar nuestros presupuestos sin darnos excesiva chamba. Es así que los criterios académicos parecen no estar demasiado representados en algunas instituciones. Pero al final el sistema procesará a alumnos y docentes, y a los alumnos los mantendrán o sacarán de él, teniendo que pasar por todo en la búsqueda del ansiado cartón; mientras que el docente se adocenará, perderá la motivación, y repetirá semestre tras semestre los mismos contenidos del mismo; y reservará sus fuerzas para influir en que el Curso no le sea quitado o suprimido de la malla curricular. Y culmino acá esta Segunda parte, y preparo la Tercera. Gracias a mis lectores por leerme.

ANTERIOR: COMBATES POR LA DIDÁCTICA DE LA HISTORIA 1: MEMORIA Y MEMORISMO - http://memoriasdeorfeo.blogspot.com/2012/03/combates-por-la-didactica-de-la.html
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