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miércoles, 12 de junio de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 39: LECTURAS SOVIÉTICAS

CRÓNICAS DE LECTURAS – 39
Lecturas Soviéticas

I
La Lectura, lo Soviético y el realismo socialista

Como todos saben o deberían saber, la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas resultó de la Revolución Bolchevique de 1917, y culminó de modo poco elegante su existencia en 1991. Por tres cuartos de siglo fue un actor fundamental en la política internacional y pareció que había llegado para quedarse. Era expresión política de las ideas de Carlos Marx y Federico Engels, opuestas a las del dominante capitalismo, y que iniciaron la caudalosa corriente del Marxismo, que llegó a encuadrar autores más o menos cercanos y/o encontrados entre sí, como Vladimir Ilitch Lenin, Pierre Proudhón, Karl Kautsky, Mao Ze Dong y Antonio Gramsci. La posterior Escuela de Frankfurt hegeliana y marxista tomó distancia de la Ortodoxia marxista-leninista de la URSS, entre sus representantes se encuentran Jürgen Habermas, Hans Horkheimer, Theodor Adorno, Herbert Marcuse, Erich Fromm, Walter Benjamin, y un gran etcétera. El experimento de los Soviets (“Asambleas” en ruso) sumó los planteos de Vladimir Ilitch Lenin a los de Marx y Engels; que también dieron base a la República Popular China, que además integró importantes aportes de Mao Ze Dong y otros. La primera generación post colapso soviético del siglo XXI ha sido educada en el pensamiento único del capitalismo neoliberal, empleo el término neoliberal a propósito. El capitalismo actual no es el mercantil del siglo XVIII, el Industrial del siglo XIX o el Financiero post crisis de 1930 y 1945. Hoy se dice que el Capitalismo ya fue, pero todos los desempleados de los últimos treinta años la tienen más clara: Tal vez no exista el consenso de Washington pero funciona muy bien: los ricos son cada vez más ricos y a la inversa. La Historia repite sus trucos, la realidad de hoy se parece a la que recibía a un niño a fines del siglo XIX, aunque hay cosas que han cambiado su poco, la gente emigraba del campo a la ciudad, dejaba las tierras y se iba a buscar chamba a la ciudad. Hoy, en cambio… todavía esto pasa, pero en grande. Parece que los procesos sociales evidenciados por Marx & Engels y los marxistas siguen ahí, y así el Fracaso y la Muerte del Marxismo parece una forma de wishful thinking de los que se beneficiarían de ello.  

Pero una cosa es el Marxismo y otra bien distinta la Unión Soviética. El marxismo sobrevive a la URSS, pero no se le hubiera dado mucha bola a Marx & Engels sin la URSS, China, Cuba, Yugoslavia, eso sin contar con los héroes y mártires de la religión roja: Bela Kun, Chapaiev, Rosa Luxemburgo, Jorge Dimitrov, Vicente Rojo, Karl Liebknecht, Antonio Gramsci, Chu Teh, Dolores Ibárruri, Vo Nguyen Giap, Ho Chi Minh, Clara Zetkin, Fidel Castro, el Ché Guevara y un larguísimo etcétera que incluye a casi todos los héroes y mártires de todas las causas justas del pasado y el presente, desde Espartaco hasta Nelson Mandela. Nadie acepta el martirio en nombre de las utilidades de las grandes corporaciones, mucho mejor es el día que el triunfo alcancemos / ni esclavos ni dueños habrá / los males que al mundo envenenan / al punto se extinguirán. En el vasto Campo Socialista se pasó por alto la brecha entre teoría y práctica, entre La Internacional y la triste realidad de Stalin y el Archipiélago Gulag, título de la novela de Alexander Solzhenitsyn, lectura que me dio mucho qué pensar y orientación para investigar: La Colectivización Forzosa, los Juicios de Moscú, las Purgas, la represión del Socialismo de Rostro Humano y otros hechos de la misma calaña se estibaron a la prepo en el clóset soviético, y hablar de ellos abiertamente se consideró hacerle el juego a la Derecha. O un costo terrible, pero necesario para alcanzar el paraíso en la Tierra.

El sovietismo realmente existente presentó además el realismo socialista. Ingrediente de toda revolución que se respete es la irrestricta libertad creativa, en especial en donde tiene más sentido: En la educación, el arte y la cultura entendidas al modo de nuestro Comunista y Entrañable Cholo Vallejo: Todo arte o voz genial viene del pueblo y va hacia él. Los primeros años de la revolución bolchevique fueron extraordinarios pese a la guerra civil y los desórdenes, epidemias, hambrunas y demás circunstancias usualmente vinculadas a las revoluciones. Tales circunstancias son lo más interesante de los tiempos interesantes con que los chinos te maldicen cuando realmente te odian. Este primer realismo socialista fue una explosión de creatividad cultural sin parangón, que floreció en colectivos como el Proletkult, el Kino-Pravda y los de teatro y ballet; en los días gloriosos de Lunacharski y Vygotsky; de la Alfabetización masiva; de Gorki, Shostakovich, Kataev, Blok, Maiakóvski, Stanislavsky, Meyerhold, Tairov, Vertov, Eisenstein. Pero ciertos elementos del partido vivían incómodos con lo heterodoxo y lo subjetivo, tachado de burgués, como si ser uno mismo fuera privilegio burgués, o el proletario no tuviera personalidad. Hacia 1932 algo llamado realismo socialista se convirtió en política oficial del estado soviético para mantener a todo el mundo cultural en la sartén y temeroso de caer al fuego. Según parece no arrancó muy mal: La madre, novela de Máximo Gorki, es la primera excelente obra del realismo socialista. Y sin embargo había algo perverso en un “realismo” estalinista que no se atrevía a mostrar la realidad “real” de obreros o campesinos, sino lo que sería la realidad de estas clases con el comunismo instaurado, o con el socialismo hecho real. Y si eso es realismo, pues los significados de los significados están un poco raros. En la práctica el realismo socialista fueron los parámetros a los que todo creador debía someterse si quería existir como artista. Los burócratas definían qué era arte y cultura, buena razón entre otras para tildar de totalitario el régimen de José Stalin.   

II
Mi tío Lucho / Reforma o Revolución

Me he referido antes a mi tío Luis de los Heros y lo haré una vez más, merece el homenaje. Cada cierto tiempo mi tío aparecía para enseñarme a jugar ajedrez o regalarme una compacta colección de libros baratos, de los que así nomás no parecían por casa. Aprendí que la intención contaba, nunca he mirado facturas para medir el valor de un libro o cuánto afecto me tienen, tal vez para otros sea importante. Entre las colecciones que me obsequió estaba la editada en 1964 - época de la escisión maoísta - por el promoscovita Centro de Estudiantes de Medicina de la Universidad de San Marcos. El Comunismo hasta entonces había sido monolítico, a diferencia del Socialismo. Nadie lo vio entonces, pero era el principio del fin de la URSS, yo tenía diez años y era ajeno a estos ideológicos debates, e igual me devoré los libros accediendo así a datos a los que así nomás no se accedía. Capté a la primera eso del “realismo socialista”, y me pareció intrascendente. Los libros que me trajo Lucho eran de teatro (El león de la plaza, Ilya Ehrenburg traducido por Isabel Vicente para “Literatura Soviética”); poesía (Antología de Evgueni Evtushenko, traducción de los cubanos Heberto Padilla, Roberto Fernández Retamar y Pedro Durán Gil; y Poesía de Vladimir Maiakóvski, traducción de Lila Guerrero); novela corta (Mis Universidades, Máximo Gorki, parece se tradujo sola); cuentos de guerra y ciencia ficción (Cuentos Soviéticos de Boris Polevoi, A. y B. Strugatski y Valentina Zhuravliova, traducidos por Aurora Kantorovskaia); y testimonio (El Camino del Cosmos, de Yuri Gagarin, también autotraducida). Había de todo, Lucho recomendó empezar por Gorki pero lo hice por Gagarin, estaba fresco lo de los cosmonautas rusos antes de 1968. Conocer el punto de vista de Gagarin fue interesante aunque algo decepcionante, uno se imagina a cosmonautas, astronautas y taikonautas como héroes. Pero así me enteré que el mundo no era solamente Estados Unidos, aunque muchos a mi alrededor no parecían saber de otra cosa.  

Entre estos libros, el menos “realismo socialista” era Poesía de Vladimir Maiakóvski, hasta hoy conmueven sus broncos llamados al combate: Lo viejo / matadlo / Haced ceniceros con los cráneos / Lavad lo viejo / Por el mundo tronaremos el nuevo mito / y pisaremos la tapia del tiempo; o ¡Esta es / la Revolución / la más sangrienta de las Ilíadas! / ¡Y los años de hambre de su Odisea! El más “realismo socialista” era El león de la plaza, comedia de costumbres escrita por el hábil propagandista soviético Ilya Ehrenburg, revolucionario torpedo de propaganda a la línea de flotación de la Francia de Postguerra donde el agresivo Frente Popular comandado por el PCF estuvo a pulgadas de hacerse del poder. Los personajes son estereotipos presentados con talento: el alcalde “socialista”, el carpetbagger James Law, el intelectual sartriano, la Bouboule, la juventud potencialmente revolucionaria y opuesta a que se lleven el león de la plaza. Termina en una ingenua apoteosis revolucionaria de la Toma del Poder sine sanguine, venta que trataba de hacer una URSS asustada de la violencia revolucionaria marxista-leninista que sus enemigos blandían en su contra: Demasiado tiempo llevan hablando (…) ciento cincuenta años y cinco actos. Ahora hablan otros. La farsa ha terminado. Vale la pena detenerse algo en la reactividad de la propaganda soviética, indicio de falta de proactividad, la que mostraba sutiles debilidades que daban qué pensar sobre donde fallaba el asunto. El problema se distingue mejor en la metáfora de la novela Rebelión en la Granja de George Orwell, donde el liderazgo revolucionario se anquilosa y refleja al capitalismo que pretende sustituir. La crítica a la URSS siempre fue mucho más sólida desde el marxismo que desde el capitalismo. Personalmente no acepté nada a rajatabla y excluyendo mi propio juicio, aunque ello estaba aparentemente de moda entonces. Me resistí a dejarme masticar por las ortodoxas mandíbulas capitalista estadounidense y comunista soviética, a dejarme encerrar en una dicotomía de tercio excluido. Es un problema, porque no hay cómo acomodarse: para los “revolucionarios” eres poco radical y para los “reformistas” lo eres demasiado. Tras varias décadas, veo en los bomberos de hoy varios de mis más incendiarios amigos de ayer, y creo mejor ser un reformo consecuente que un revolucionario arrepentido.

Para descargar algunas obras de Vladimir Maiakóvsky e Ilya Eherenburg:
http://www.libroos.es/tags/Maiakovski%20Vladimir.html
http://www.libroos.es/tags/Ehrenburg%20Ilya.html

III
Así se forjó el acero

Toda revolución necesita procesos de iniciación si pretende sobrevivir a su primera y heroica generación. Y así debiera ser con todo régimen político, en especial el democrático. Se necesita asegurar recambio generacional para que la Revolución perviva: Se necesita formar una Guardia Joven sensibilizada y educada para “recibir la antorcha” y retirar sin desajustes a la Guardia Vieja a sus cuarteles de invierno. Si el sistema y los partidos que lo conforman no hacen su tarea el resultado es efímeros clubes electorales. Testigos los partidos que no sobreviven a sus fundadores. Testigo el Partido Socialista Unido de Venezuela, que paga en efectivo el culto a la personalidad de Hugo Chávez. Testigo al revés la organización política más exitosa del mundo, le pese a quien le pese: el Partido Comunista Chino, que no soltará las riendas en el futuro previsible pues gobierna y a la vez forma y educa los millones de cuadros políticos que China requiere. La Derecha Bruta y Achorada (DBA) del Perú en las últimas décadas ha desmovilizado políticamente a toda una generación sin darle nada a cambio: Hoy somos millones de crédulos analfabetos políticos. Lo digo sin anestesia, no estoy aquí para ser complaciente: La generación X se compró el relativismo postmoderno y creen que movilización es una página de Facebook y opinión política cualquier expresión de deseo. La Revocatoria en Lima evidenció una manipulable masa de maniobra que dio soporte a la corrupción y las mafias, y dejó a la Democracia indefensa frente a extremismos y “enfermedades infantiles”. Muestra de ello es que se tenga que explicar que pensar no es comerse la propaganda: He tenido entre manos libros de Historia de la Unión Soviética que no mencionan a León Trotsky ni otros personajes esenciales de la Revolución, con fotografías trucadas de la Revolución de Octubre para que aparezcan Stalin y Lenin sin Trotsky y otros. Las clases y castas dominantes controlan la Historia para controlar al pueblo, lo que se supone reaccionario, no revolucionario. No puede haber Revolución sin Moral Revolucionaria: Los Juicios de Moscú, el Gulag, las Purgas, Lysenko, el realismo socialista instauraron una hipocresía revolucionaria nihilista y amoral, pasmaron la rebeldía, debilitaron la organización revolucionaria y minaron los Valores. Albert Camus lo denuncia claro en El hombre rebelde, y todo esto es historia registrada, a ver si tratamos de no meter la pata de nuevo. No olvidemos cómo era el culto a la personalidad:  http://www.youtube.com/watch?v=_cMlu7tUshg

Nicolai Ostróvsky (1904 – 1936) es una leyenda soviética. Ucraniano él mismo, su libro Así se forjó el Acero es una autobiografía novelada que alcanzó inmensa popularidad, está entre los veinte libros más leídos del mundo. Los años ´20 fueron la época heroica de la revolución soviética, y el libro testimonia la tremenda movilización en los espíritus de entonces: Lo más preciado que posee el hombre es la vida, se le otorga una sola vez y hay que saber vivirla de modo que al final de los días no se sienta pesar por los años pasados en vano, para que no exista una angustia por el tiempo perdido y para que al morir se pueda exclamar “toda mi vida y todas mis fuerzas han sido entregadas a la causa más noble en este mundo, la lucha por la liberación de la humanidad”. Ojalá algún día se escriba una Historia que dé cuenta imparcial de los acontecimientos y tal vez lleguemos a entender esta etapa con relatos provenientes no sólo de sus enemigos: La construcción de la URSS en los primeros años, dirigida por el Partido Comunista anterior a los Juicios de Moscú y las purgas estalinistas, mucho más apoyado en los Socialistas Revolucionarios de lo que quisieran confesar hoy. Un inmediato y tal vez superficial análisis político encuentra aquí uno de los motivos de la Caída de la URSS medio siglo más tarde: A diferencia del PC Chino, el PCUS purgó sus mejores cuadros, se anquilosó en un estilo obediente, de comisarios sin iniciativa y castrados políticamente, al estilo del PC norcoreano de hoy. Así se forjó el acero es una oda al compromiso político, a la participación consciente, a la independencia de mente y a la disciplina autoasumida dentro de un Partido que no solamente aspira, como dice  La Internacional, a ser “la raza humana”, sino a gobernar con eficiencia: ¿Luchaste por el Poder? Entonces úsalo. Para la primera generación de Comunistas gobernar era captar y formar Cuadros Políticos extraídos de un pueblo en el que se forma la materia prima: El Hombre Soviético, el Nuevo Hombre. Este Hombre Nuevo del Socialismo es un potente concepto que retomará con gran fuerza décadas más tarde la Revolución Cubana, a través de Fidel Castro y Ernesto Ché Guevara, y que encontraremos en esa suerte de realismo aspiracional socialista (espero que nadie se ofenda con la comparación, pero los términos cuajan) que es la Nueva Trova cubana de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Noel Nicola, Vicente Feliú y otros. La Cuba del último medio siglo resiste el bloqueo norteamericano pese a la caída del gigante soviético, lo que habla claro sobre la diferencia en la calidad de los cuadros políticos.

La obra de Ostróvsky acá:  http://www.pcecuador.org/docs/Asi_se_templo_el_acero.pdf

IV
El Nuevo Hombre Soviético / La Gran Guerra Patria / El Después

Hemos hablado de la falacia del realismo socialista y hemos sugerido que en la práctica, más que arte o voz genial, es propaganda. La idea del Nuevo Hombre Soviético (¿Tal vez del Super Hombre Soviético, más Nietzsche que Marx?) era parte fundamental, se suponía el producto más acabado de la acción del partido en la sociedad rusa y soviética, tal como dijo Vladimir Ilytch Lenin: un tipo de ser humano completamente nuevo, el Nuevo Hombre Soviético. Observamos el estereotipo en acción en el cuento Nosotros somos hombres soviéticos, de Boris Polevoi, propaganda en estado puro y quintaesenciado destinada a suplantar con una identidad soviética los rasgos nacionales rusos, ucranianos y de otras naciones. Claro que se presenta con talento literario y en forma conmovedora, ambientada en la epopeya nacional de la lucha contra el invasor nazi. Y es insoportablemente simplona en sus planteamientos morales: Los nazis son malos a rajatabla, más malos que la malvada de la telenovela más mala de la Historia; mientras los soviéticos son buenos, buenísimos, recontrarchibuenísimos, heroicos, guapos, inteligentes, cultos, valientes, peculiarmente bien organizados, y todo lo demás de bueno que pueda decirse de ellos. Y el mejor, más lindo, más grande y más brillante de todos ellos, qué duda cabe, es nada más y nada menos que el mismísimo José Stalin (Dígame ¿el nombre Iósif en ruso es igual que Jószef en polaco? Porque se lo quiero poner a mi hijo, es un nombre muy bonito). Y es que el realismo socialista no existe sin la iconografía y las imágenes del Gran Timonel, Comandante en Jefe, Líder Indiscutido e Indiscutible del Partido y del  Estado, Zar Rojo de Todas las Rusias. Esto es el culto a la personalidad, denunciado luego por Nikita Khruschev, que constituyó rudo golpe para muchos sinceros militantes comunistas, purgados por no creer que las estrellas brillaban en el trasero del Tío José. Y así lo mejor de los cuadros del PCUS terminó en las fosas comunes o en el GULAG, se perdió la mística y el empuje revolucionario, se ahogó la lógica colectiva y multitudinaria del Partido. Se sustituyó al Partido con Stalin, y se perdió en el cambio. Al final él mismo se lo dijo a los sobrevivientes Khruschev, Beria, Malenkov, Mikoyan, Voroschilov: ¿Qué van a hacer ustedes sin mí …? A la muerte de Stalin la demolición estaba terminada, los cuadros de la Revolución sobrevivientes eran, como Stalin había dicho, poco más que ovejas sin pastor. 

Por otra parte, es detectable un realismo socialista mucho más potable, combinado con la gran tradición literaria rusa y eslava, en especial en la narrativa de guerra. Tal como León Tolstoi hiciera con el conflicto de 1812 en La Guerra y la Paz en el caso de Rusia, se trató de hacer lo mismo con la Segunda Guerra Mundial como epopeya nacional soviética por excelencia, más aún que la Guerra Civil. Y no es extraño, todo país que se construye necesita una epopeya victoriosa, de preferencia que haya significado gran peligro, heroica superación de dificultades insuperables. Por ello el nombre oficial de la guerra de la URSS contra la Alemania Nazi entre 1941 y 1945 es La Gran Guerra de la Patria, y por ello aún hoy se conservan la Hoz y el Martillo como símbolos del Ejército Ruso, heredero de las glorias militares del Ejército Rojo en la lucha contra el Fascismo. La propaganda occidental tiende a olvidar que los soviéticos y el Ejército Rojo pusieron la mayor parte de los muertos en la Segunda Guerra Mundial. La novela de guerra tiene a Mikháil Shólojov como su principal representante en Ellos lucharon por la patria. Claro que se quedó muy acá de Tolstoi, pero que es bueno es bueno. También escribe, en la misma línea, El Don apacible. Tienen, por supuesto, sus películas, bien ortodoxas ellas. Sin embargo, a pesar de cierta creatividad, la expresión más patética del realismo socialista fue su remedo exportado a los países satélites, y copiado en particular por la República Democrática Alemana (RDA). Resultaba penoso observar ese despliegue de auto aminoramiento: el país que produjo a Goethe, Beethoven y Schiller, que había dado a Marx y Engels, a Liebcknecht y Rosa Luxemburgo, copiaba las expresiones artísticas de los rusos, como si careciera de modelos propios.

De Mikháil Shólojov: Ellos lucharon por la patria:
http://frentepopular.files.wordpress.com/2009/11/sholojov_ellos-lucharon-por-la-patria.pdf  

V
Colofón


Dícese a veces que se retira uno de la Política, lo que sería muy interesante y cierto si la Política hiciera lo mismo y lo dejara a uno en paz. Como con las parejas con las que no puedes vivir pero de quien no puedes separarte, la cosa puede tornarse una obsesión tan complicada como la obsesión por los libros. Yo sé decir que no se puede separar a un ser humano de lo que no le es ajeno. Y con esto digo punto por ahora. 

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sábado, 2 de marzo de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 17: CÉSAR VALLEJO

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CRÓNICAS DE LECTURAS - 17
Leer a César Vallejo

I

Por qué Vallejo, y qué es (para mí) leer poesía

Me meto con César Vallejo, y sé que me equivoco al hacerlo. Quería hablar de poesía peruana, y me encontré que mi Crónica no funciona para el Cholo Vallejo. Yo quería hablar de dos, o tres o cuatro poetas peruanos. ¿Pero qué otros poetas pueden ser incluidos con el Cholo? Ni jugando a la perinola o metiendo papelitos en un sombrero podría elegir los otros: Eguren, Heraud, Calvo, Salaverry, Martín Adán, Hinostroza, Oquendo de Amat, Hidalgo, Eielson, Romualdo, Delgado, Rose, Sologuren, Corcuera, Hernández, Martos, Bueno, Carmen Ollé, Moro, Varela, Churata, Nicomedes Santa Cruz, Chocano, Cisneros, Orrillo, Rossella Di Paolo, Yerovi, Domingo de Ramos, Mora, Guevara, Scorza, La Hoz, Moromisato, Watanabe, González Prada, Peña, María Emilia Cornejo, Westphalen, Florián, Dreyfus, Melgar, Valcárcel, Abril, Carlos Germán Amézaga, Parra del Riego, Belli, Chirinos, Ureta, Pollarollo, Valdelomar … no, no, no, no y no. Demasiados poetas, damas y caballeros, demasiados. Qué país, Señor de los Milagros. ¿Quién nos manda tener tantos poetas? ¿Quién me manda a mí, Dios de Israel, meterme en estas honduras? Hay error de base, así que agarro y digo que no, que Vallejo es literalmente otro cantar, y elegir a otros para acompañarlo es dejar a los demás fuera, y no hay derecho a hacer eso a los poetas de este mi país. 

Ahora bien ¿quién miéchica soy yo para hablar de poesía? Nadie. Apenas un lector. Y solamente eso. Bastante iluso de mi parte el intentar hablar de poesía, me imagino que tendría que entenderla primero. Pues hay poesía que no entiendo por más que lo intento, como hay la que me llega al alma a lo espontáneo, y se supone que la poesía es musical, y a veces no le pesco la música para nada, y me siento ridículo; o a veces la entiendo por las patas de los caballos, como mis amigos que sí saben me lo hacen notar todo el santo tiempo, ojalá sus queridas y benevolentes almas se achicharren en el infierno que Dios le reserva a los comentaristas literarios. Lo único a que puedo apelar es que me gusta leer a Vallejo, y eso es todo. No he estudiado Literatura ni Lingüística, menos Filología, así que mírenme por encima del hombro todos los expertos que en el mundo son y han sido, tienen mi permiso para morirse de risa. Y así me levanto sobre mi pedestal de lector, y nada más que de lector, y reivindico mi dignidad: Así como soy nada más que lector, creo que sé algo de qué les pasa a otros lectores cuando tratan de entender a Vallejo. Y si se trata de saber qué es leer poesía y qué es leer a Vallejo, trato de captarla por la simple. Y aunque he tratado de leer la teoría, al final me quedo con Martín Adán, que poesía no dice nada / poesía se está callada / escuchando su propia voz.     

II

La peripecia del silencio

En el silencio florece la poesía, en el lenguaje que es inefable (= que no se puede hablar). Supongo que así como vives cosas que así nomás no puedes expresar, cuando puedes y necesitas decir algo, lo dices así porque no puedes decirlo de otro modo. Eso si llegas a estar más allá del balbuceo. Te enamoraste de la mujer más bella del mundo y resultó ser un basilisco con faldas, qué importa. Te botaron de esa chamba, precisamente de esa, qué diablos. Te jalaron en ese curso y te corrieron dos años el recibirte, al cuerno. No tienes plata, nada te alcanza, la vida es un asco. Te sientas como un gorrión sobre un alto mástil y desde ahí miras, y te miras. Te haces extraño a tu propio mundo, todo se te hace gestuar o gritar en muda protesta, y como todos en la eterna adolescencia nacional – a no ser que ya desde antes tuvieras mustio el corazón – pergeñas algo que dé cuenta de todo eso, porque lo necesitas, porque te das cuenta - y no - de donde estás y qué eres, y ser peruano te duele, porque repentinamente te percatas qué significa eso de que Le daban duro con un palo, y duro. Y te encuentras a ti mismo metido sin querer en la del Cholo Vallejo, porque estás en ese momento en que Esta tarde llueve como nunca; y no / tengo ganas de vivir, corazón

Y así enfrentas lo que hay en el ti mismo y en el Otro a quien no comprendes. Y a veces estás feliz – ¿No subimos acaso para abajo? / Canta, lluvia, en la costa aún sin mar -  y en medio te percatas qué precario es eso, qué provisional había sido, y así lo llenas y vacías de tristeza, y te preguntas por la voluntad de Dios, vestida de suertero, y te das cuenta que todos tus huesos son ajenos, y ni Dios puede ayudarte, porque le duele el corazón. Cual es mi explicación. / Esto me lacera la tempranía. / Esa manera de caminar por los trapecios. / Esos corajosos brutos como postizos. / Esa goma que pega el azogue al adentro. / Esas posaderas sentadas hacia arriba. / Ese no puede ser, sido. / Absurdo. / Demencia. / Pero he venido de Trujillo a Lima. / Pero gano un sueldo de cinco soles. Y pensar que hay quien dice que el Cholo Vallejo es deprimente, y no lo lee porque es negativo para la autoestima. Como si darse cuenta de quién eres y cómo vives fuera un no, palabreja de tercio excluido. Será positivo taparse los ojos, entonces pues. Así no verás sino la histérica farra que compras, y con qué cara se atreve el loco a decir que el Cholo está loco: Jamás, señor ministro de salud, fue la salud más mortal y la migraña extrajo tanta frente de la frente!  Pero a algunos la cordura les pesa y se les cae. Y hasta la misma pluma / con que escribo por último se troncha.   

III

Moriremos con aguacero

Preservar lo que sientes hasta la vejez y la muerte es la vocación del que sabe que con poemas no te ganas la vida y te pavimentas la ruta a la fosa. Allá, al fondo, está la muerte, pero en medio hacemos algo, y el cadáver, ay, siguió muriendo. Pero al final no muere, porque escribimos con un dedo grande en el aire, y porque lo que hacemos hace sentido hasta que lleguemos a ese Viernes Santo del cual tenemos ya el recuerdo, y qué viejos los 2 que mi hija escribe en el cuaderno. Vallejo no está acá para matar a carcajadas a los cuerdos, que se creen su cordura y su discurso porque tienen tercio excluido y tarjeta de crédito, la cordura de la gordura, porque el Viernes Santo no les llega ni de recuerdo, y porque esperan que los cadáveres que siguen muriendo se mueran todos de una buena vez, que no fastidien, que no se levanten, que no abracen, y menos todavía se echen a andar. Y todo es así un dedo grande en el aire. Yo no debo estar tan bien; / Avanza, avanza el pie!  

Como yo mismo soy, me siento y digo lo que me es propio, leo y recito y me como a Vallejo como se me da mi real gana, porque para eso es. Porque no se es cuerdo en la cordura universal de la macroeconomía, sino en el desequilibrio de lo perennemente desequilibrado, donde balancearse es la ley y la virtud. ¿Qué hace uno, último y mínimo frente a esta inconmensurable locura, si no es remar contra el balanceo? Y eso te garantiza la cordura, creemos, la que escupe de su boca el tercio excluido. Porque Este piano viaja para adentro, / viaja a saltos alegres. / Luego medita en ferrado reposo. Y por eso el hermano Juan Gonzalo Rose, que también se la sabía, pedía menos belleza, padre, y más sabiduría.  

IV

Vallejo hoy

El Cholo Vallejo no parece cuadrarse en nuestro optimismo de país que crece. Eso dicen algunos cuerdos. Que junto con el Ribeyro ese, es amargo, resentido, deprimente, radical, iconoclasta, calvo y zurdo. Se olvidan quien es nuestro mayor poeta vivo. Y digo vivo no por la huachafería esa de seguir vivo en sus obras, porque el hombre Vallejo está muerto y bien muerto y mejor que esté bien muerto y enterrado en Père Lachaise, porque acá la cordura no está bien vista, y hay que reventarle el sentido para que tenga sentido. Y así digo que Vallejo es un poeta vivo aunque está bien muerto porque me llega a la tapa del órgano el tercio excluido. Que Vallejo no quiso volver al Perú porque el destierro es el único remedio para la cordura fundamental de ser peruano. Que el Perú lo saben mejor los ladinos tres millones de peruanos que se largaron para no volver, lo saben mejor que los que se quedaron (nos quedamos), porque la tierra / es un dado roído y ya redondo / a fuerza de rodar a la ventana, / que no puede parar sino en un hueco, / en el hueco de inmensa sepultura. Y Georgette, que lo sabía también, no les permitió a los fans del tercio excluido extraer huesos del Père Lachaise para matarlos de a de veras en un mausoleo con monumento incluido, porque Vallejo en París es el testimonio vivo de lo único que es real del Perú: el destierro. Y así seguirá siendo hasta que algo pase, de repente.

Algunos no lo leen porque es hermético, difícil y complejo, triste y solidario, serio y apoya la cabeza en la mano para siempre. Porque los profes tratan de meterles en sus cabecitas sus propios esquemas, porque no saben leer, o porque los engañaron diciéndoles que eso que hacen es leer. Cuando al Cholo Vallejo no hay que leerlo con los ojos sino con los huesos húmeros, para, como dice Romualdo, explotarlo como a Túpac Amaru, que es la libertad, y para sentirle los huesos desintegrándose en París. No es Vallejo poeta menos que hombre, ni separársele del España, aparta de mí este cáliz. Y eso es feo dicen los cuerdos que se hacen la pufi en sus cojines de raso. Porque eso de luchar por la justicia lo dice el Supermán cuando se echa a volar con su tercio excluido. Pero allá en el fondo el Cholo nos sigue acechando: Fósforo y fósforo en la oscuridad / lágrima y lágrima en la polvareda.  

V

Colofón

Trato de decir sobre César Vallejo lo poco que sé y así es como se me sale. Incompleto, que no soy digno de desatar las correas de las sandalias de los especialistas. Es mi palabra, la de un hombre, humano, que lee a Vallejo. Así como leemos para aprender, para saber, para mejorar, para entender, también lo hacemos para estar Más acá, más acá. Y ya sabes, lee lo que quieras, como quieras, donde quieras. Lee al Cholo Vallejo y no le hagas caso a los cuerdos.


miércoles, 28 de marzo de 2012

CRONICAS DE LECTURAS 9: Leer en el contexto del Bullying

CRÓNICAS DE LECTURAS – Nueve

Leer en el contexto del Bullying

I
De colegios, nerds y matonería - bullying

Cuando yo estaba en el colegio – estuve en dos – leer no era demasiado importante. Se pasaba por agua tibia los cursos sin necesidad de leer ni el calendario, pues era suficiente repetir lo que el profe decía en clase y lo que había en el texto. Eso de PISA, de la emergencia educativa, de la crisis del sistema, del plan lector, no le preocupaba absolutamente nada a absolutamente nadie. Pocos percibían el problema en marcha, y por eso hoy en día tantos creen que la educación de antes era “mejor”, y la verdad, no creo que lo fuera para nada. Los problemas de ahora ya estaban ahí, simplemente no se notaban. La Educación era cosa de élites, algunas con más visión se la tomaban en serio; mientras que la mayoría no, pues para lo que se requería no contaba tanto. Si tú eras el hijo del Jefe, tú serías el Jefe, y ya. Y en ese caso qué importaba si en el colegio aprendías algo o no, pues para eso había la Universidad, y en ocasiones ni siquiera. Como dice el viejo versito, se interesaban en el asunto tanto “cómo el aristócrata ruso / en el primer calzón de raso / que se puso”. No era el aprendizaje de los cursos sino el de la ubicación social lo que realmente contaba. El aprendizaje central era el de tu ubicación en la sociedad, y el principal instrumento educativo era el de la matonería – bullying. Hoy vemos lo difícil es cambiar esa realidad, porque el bullying estaba y está instalado en la cultura educativa nacional desde siglos (La letra con sangre entra se decía desde el Virreinato, y he oído a padres, profes y hasta sacerdotes repetirlo con unción y nostalgia). Desde siempre los alumnos más sabihondos – en verdad los dotados de buena memoria – han sido objeto de acoso. Y poseer memoria / erudición era ser “inteligente”. Así estaba la cosa, y pese a toda el agua que ha pasado bajo el puente, poco ha cambiado y la cosa sigue ahí. Tal vez la principal diferencia entre entonces y ahora es que éramos más sonsos y vivíamos un feliz aislamiento que permitía mirarnos satisfechos el ombligo. Cuando no te comparas con nadie, puedes creerte que lo estás haciendo bien, eso hasta que llega la dura realidad y te das cuenta con cuánto entusiasmo lo que estabas haciendo lo hacías fuera del recipiente. Así nos enteramos que estábamos en crisis, lo que no fue tan malo, pues nos metió un sentimiento de urgencia y ganas de cambiar las cosas. 

Ser el nerd del salón de clase sin tener verdadera vocación para ello no fue agradable, por más que en mis tiempos eso implicaba juntarte con los tipos más leídos y escribidos del ídem. Además si no te juntabas con ellos quedabas solo como un hongo, y así los bacanes se juntaban con los bacanes y los nerds con los nerds. Ser nerd implicaba que en el mundillo del salón eras una bestia en las actividades que sí importaban a tus pares: El fútbol, el recreo, el fastidiar a los profesores - que llamo contra-bullying. Si leías y/o eras estudioso (“chancón”) y sacabas buenas notas, te aislabas de tus pares, pero servía con los otros grupos de la institución escolar: Profes, padres y/o autoridades, y tu estatus mejoraba algo aunque tus pares eventualmente te acusaran de soplonaje. A no ser que procedieras a un reajuste de tus actitudes sociales y aprendieras a jugar fútbol y jorobar profes, tus relaciones se reducían drásticamente. Compañeros tuve cuya vida escolar era dramática e imposible. Los matones (bullyes) lo son porque así se ubican como “superiores” en una jerarquía implícita entre los “pares”, que a mi entender refleja por mímesis el orden institucional y social. Podemos acudir al viejo símil del gallinero: La gallina A picotea a todas, la gallina B a todas menos la A, y así sucesivamente hasta la pobre gallina Z que no picotea a nadie y es picoteada y acosada por todas. La estabilidad del sistema se mide en la relación entre la amenaza de violencia y su empleo real. La matonería – bullying se da a la sombra de las consignas de la autoridad institucional a través de los conocidos mecanismos del currículum oculto o latente. La llegada de un alumno nuevo, por ejemplo, introduce un cuerpo extraño que cambia el orden establecido, y se reconfigura la estructura jerárquica en el gallinero-aula, probando al nuevo y ubicándolo en la jerarquía; esto en cuanto al grupo de pares. Por encima y por debajo de los pares hay otros grupos y otras super o subjerarquías: Los alumnos de años superiores, más grandes y fuertes por definición, que solían abusar de los más pequeños, y en casos extremos – más de los que creemos – incluso sexualmente; los profesores estaban por definición arriba en la jerarquía, pero esto se relativizaba cuando no sabían o no podían ejercer autoridad en el salón de clase. Así la jerarquía misma era subvertida a través del contra-bullying, es decir cuando los alumnos le jorobaban la vida a los profesores percibidos como más débiles de carácter. Por encima de todos, las Autoridades del plantel detentaban el último Poder: El de admitir o excluir de la Institución a los más levantiscos o indisciplinados o débiles de carácter, sean alumnos o profesores. El currículum oculto establecía que los alumnos sean sumisos con la autoridad, y que los profes “se hagan respetar”, “controlen” su clase y “contengan” a sus alumnos. La iniciativa y la audacia de maestros y alumnos se sometían a la Autoridad, a costa de las habilidades intelectuales y sociales basadas en la autonomía, pues el orden jerárquico y la autoridad estaban primero en la escala de valores institucional.  

Por este aro pasaban los alumnos, y aunque algunos desarrollaban más autonomía y espíritu independiente, o tenían mayores habilidades individuales y sociales, la conciencia de los dobles estándares los subsumía en el sistema. Si los procesos de la adolescencia permitían a alguno alzarse con cierto liderazgo y remecer la estructura colándose por sus intersticios más débiles, captados intuitivamente y rara vez explícitos, terminaban igual por adaptarse al entorno. En ciertos colegios particulares que dependían de las pensiones para la supervivencia de la Institución y de los puestos de trabajo, los alumnos sabían que no los botarían, y se volvían “Intocables”. Los alumnos del último año en muchísimas Instituciones educativas sabían que habría que hacer algo realmente gordo para ser echados. Hasta dónde esta realidad ha cambiado y en qué extensión es una buena pregunta.

II
Más sobre bullying, Velasco, cambio de colegio, textos escolares

La jerarquía social escolar entiendo refleja los rasgos y composición de nuestra sociedad. En el cuento Paco Yunque del genial César Vallejo, Paco, objeto de acoso por el matón Humberto Grieve, dibuja lo que para él es la situación jerárquica establecida desde el acoso. Esta parte del cuento no se edita en las versiones escolares, nunca he entendido por qué. Recuerdo con gran nitidez el día que uno de nuestros profes – Pacheco o el Tigre Huertas, no sé bien quién, pero ambos sabían hacerse respetar sin violencia – nos leyó el cuento. No era común que un profesor nos leyera algo, y la atención del respetable público estudiantil fue fulminantemente absorbida por la trama, que mucho nos decía porque mucho nos involucraba. El final del cuento desconcertó a todos, pues nadie podía creer que un cuento terminara así, dejando indemne la situación de abuso, sin final feliz, sin nada a qué aferrarse. Preguntamos:  ¿Y cómo termina? Y el profe, con una mirada que era toda una declaración de principios: Ahí termina. A nosotros nos contaban por lo general narraciones y lecturas redondas, donde los buenos invariablemente merecen ganar y ganan, y los malos invariablemente merecen perder y pierden. Y eso se vende como “fomento de valores”, siendo de una simpleza escandalosa y de una irrealidad espeluznante. Jamás he podido estar de acuerdo en enseñar mentiras o edulcorar la realidad ético-moral. La semilla que Paco Yunque sembró tomó forma en mí y en muchos de mis compañeros posteriormente. Y en otros no, como siempre ocurre en este trabajo, porque el profe nunca sabe qué pasará con la semilla que echa, como en la parábola del Sembrador. Sólo la echas, ves qué pasa, y mañana echarás otras. Esto no lo comprenden los decisores políticos y los padres de familia. El aprendizaje es una actividad humana, y como dice el educador inglés Ken Robinson, es consecuencia de la Revolución Industrial: Una línea fabril de producción, donde metes por un extremo a niños “sin formar” y los sacas formateados por el otro extremo. Una visión más equilibrada compara la Educación más bien a la paciente labor del agricultor, que siembra, riega, abona y mueve la tierra, y observa todo el tiempo qué pasa con el clima y el entorno para reajustar sus acciones.

En una estructura educativa donde lo primordial es la introyección de la jerarquía establecida y el statu quo social, el aprendizaje de contenidos es secundario. Pero en aquellos días la realidad se entrometió en esta feliz arcadia con un remezón: El Gobierno y Reformas de Juan Velasco Alvarado. Pasó incluso que uno de mis parientes cercanos me llevó aparte y me explicó concienzudamente por qué la Reforma Agraria era mala, y Velasco el Diablo. La discusión política, a pesar de todos los esfuerzos, llegaba a los alumnos produciendo preguntas incómodas, que nos llevaban a usar de nuestras cabezas en una complicada, anárquica y espontánea autonomía. Oscuramente intuíamos que se ponía en cuestión todo lo instituido, y la clásica rebeldía adolescente se expresó, como siempre, en contradictorios rechazos y maximalismos de toda especie. En ese contexto fui cambiado de colegio en circunstancias poco felices, y una de las razones parecía ser que mi colegio, religioso y todo, era un antro de comunistas. Así que como quien dice tuve que empezar todo de nuevo, sin comunistas, creo. Y como yo antes leía mucho más y mucho mejor cuando lo hacía por mi cuenta exclusiva, en mi nuevo cole me encontré con que eso que había adquirido por mi cuenta resultaba ser muy apreciado por mis nuevos profes y por el Director – que por cierto llegó a Viceministro. Hasta entonces yo siempre había procrastinado la lectura escolar, pues ni la quería ni la necesitaba ni la usaba ni me inspiraba para nada. Mi rebelión adolescente empezó por no leer lo que era obligatorio leer. Tampoco importó mucho, no pasó nada académicamente. Con excepción del curso de Física, pasé el período por agua tibia, y a ritmo de entrenamiento aprobé con buenas notas, lo que me proporcionó muchas ventajas. Como lector identificado, los alumnos de años superiores me pedían les leyera sus textos obligatorios y les hiciera las tareas, así que aprendí economía comercializando mis conocimientos, cosa útil hasta hoy. En el Internado cobraba cinco soles de entonces a cada alumno que requiriera de mis servicios para resumir textos y llenar fichas. Además yo era el único usuario “espontáneo” de la Biblioteca escolar, y mi mejor lectura, lo recuerdo bien, fue la Historia de la Independencia Americana de Bartolomé Mitre, en varios tomos. Por cierto, qué narrador tan excelente. Ahora que el problema de los textos escolares está de moda, más que sea por sus precios, encuentro que nadie piensa hoy en la diferencia entre los viejos textos y los actuales: La interactividad. Los autores tratan, tratamos, que se hagan cosas con los textos. Los viejos y entrañables textos pueden provocar sentimentales suspiros de nostalgia, pero no eran interactivos, limitándose a echar listas de preguntas, a veces precedidas por un Cuadro Sinóptico – único y simbólico homenaje a la operación de las ideas. Estaban diseñados, como el resto del sistema, a imagen y semejanza de nuestra sociedad: autoritaria, repetitiva, memorística y unidireccional. Se puede decir que la matonería – bullying existía también a nivel de texto: Eran la Verdad, la Verdad se acepta, y si la discutes, jalado. La evaluación escolar puede ser también parte del estándar del bullying, cuando se destina más a sostener la jerarquía que a medir logros o reforzar aprendizaje. En otro momento trataremos de esto. No me parece extraño que el gran contestatario peruano, José Carlos Mariátegui, fuera un autodidacta libre del amaestramiento, que se ahorró sufrimientos innecesarios y viera así otras perspectivas en sus Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana, donde entiende la educación como problema político, económico y social, no pedagógico. Ni es extraño que José Antonio Encinas, el gran educador peruano, criticara con visión nuestro atrasado sistema en Un ensayo de escuela nueva en el Perú, de 1932. No me resisto a hacer una cita al azar de sus combativos y actuales puntos de vista: Hace algunos años visité una “Escuela Correccional”, que era prácticamente una Cárcel para menores. Esa escuela ha estado en manos de militares y de curas, menos en poder de educadores y de psiquiatras. (…) encontré como Director a un Teniente Coronel de Caballería, quien había impuesto un régimen militar. (…) Ninguno de los niños detenidos había sido objeto de un estudio psico-médico. Bastaba la línea antropométrica policial. (…) Era suficiente, para corregirles, el calabozo o la capilla. (op. Cit. Ed. Facsimilar CIDE, 1986, p. 183). Admito que me disgusta mucho percatarme que problemas vistos con tal claridad hace ya más de 80 años por Mariátegui y Encinas sigan como si tal cosa en nuestro sistema educativo.

III
El texto de Literatura de Cuarto Año, y el contra-bullying

Seguro he sido injusto con los viejos textos escolares. Hubo varios que me gustaron, como el de Historia del Perú de Gustavo Pons Muzzo. Los textos de Matemáticas de Rubén Romero Méndez presentaban orden y efectividad, y sus ejercicios, más mi profe de segundo de media, lograron que me gustaran las mates. Pero el que más me gustó fue el texto de Literatura de Cuarto de Media, de Rubén Barrenechea Núñez. Me lo leí de cabo a rabo con satisfacción íntima mucho antes de verle la cara al autor, que fue mi profe en Quinto. Pongámonos en contexto: Mi humilde persona y mis compañeros de la promo conformábamos un conjunto de vivaces cachafaces en algo semejantes a los Alegres Compañeros de Robin Hood en el Bosque de Sherwood, aunque otras percepciones tal vez más objetivas nos compararan mejor a una banda de Visigodos sueltos durante el saqueo de Roma. Es decir, un grupete al que el estar proscrito o fuera de la ley no incomodaba o producía el más mínimo atisbo de reflexión moral. Como grupo poseíamos rasgos hobbesianos, bakuninistas y libertarios. Vivíamos prestos a romper toda norma por el puro gusto de pasarla bien, ah qué tiempos. En cifras redondas, la banda de delincuentes juveniles en cuestión era el terror de los profesores, pues no solamente era alegremente vocinglera, capaz de extraordinarias cotas de chacota y astutamente transgresora, sino que además constituía una gestalt que manejaba un fulminante análisis psicográfico de personalidades combinado con el más absoluto de los nihilismos y el más acabado manual de tácticas para hacerle la vida imposible a los profes. Separados éramos muchachos más o menos comunes, ni mejores ni peores que otros, con virtudes y defectos. Juntos éramos las cabalgaduras que el Demonio empleaba para visitar sus dominios infernales más levantiscos. Contadísimos profes podían controlarnos, y demasiados salieron – cosa de la que hoy no siento orgullo – con la cabeza gacha, humillados por esta banda inmanejable en la que los más tranquilitos y chancones podían ser los peores. Saber que a los de quinto no los botan otorga ventaja en la secular guerra entre los alumnos y el sistema que los trata de doblegar. El grupo había alcanzado con los años y la práctica una sinergia que maximizaba al extremo los efectos de la chacota: Desde el nerd más nerd hasta el más bacán de los bacanes utilizaba corporativamente el máximo de sus habilidades para hacerle la vida imposible a los profes, formando lo que hoy llamaríamos un equipo multidisciplinario con eficiente y eficaz integración de habilidades diferentes. La matonería había desaparecido del grupo de pares, y dichas energías se redirigieron hacia el contra-bullying, que se convirtió así para nosotros en un arte, una ciencia, un hábito y un hobby.

No me atrevo a contar qué le hicimos a algunos profes. Estuve presente activamente, para mi vergüenza, en actos de grande e inconsciente crueldad. Después pensé mucho en ello y tomé decisiones. Sin embargo, con ciertos profes habíamos alcanzado la coexistencia pacífica, que no excluía la crítica o las chapas (apodos). En ciertos casos era por el poder que detentaban, en otros porque nos caían bien y/o sus clases tenían interés. El profesor de Literatura de Quinto, autor de nuestro texto, era un tipo curioso. No hablaba mucho, no se esforzaba por ser más que él mismo, y se notaba que se las había visto y dado chico y partido a guapos de toda calaña y salones muchísimo más complicados y difíciles que el nuestro. No me pregunten cómo lo sabíamos, ya hablé del aparato de análisis psicográfico fulminante que poseíamos. Lo sabíamos, punto. Por ende, no había contra-bullying. Dado mi oficio y experiencia, trato de encontrar cómo este profesor de Literatura, usuario de una muleta, bajito y portador de unos anteojos de carey ya entonces en desuso, se las podía ver con nosotros, controlarnos, contenernos y encima hacer bien su clase. Tras varias décadas de reflexión a algo llegué, a su actitud. En sus acciones había un absoluto y completo desprecio por los estudiantes. Por favor no me malentiendan, no digo que nos despreciara a nosotros, sino a los estudiantes, en el sentido que mucho después encontré en las Lecciones de Metafísica de José Ortega y Gasset. Los estudiantes son en realidad una tira de farsantes, sin ninguna sensación de identidad con los conocimientos que reciben, porque no sienten la más mínima necesidad de ellos, y por lo tanto se puede decir que son unos fantoches sin personalidad. Mi experiencia de estudiante corrobora este aserto, me temo. El desprecio del profe era impersonal, como el que se le podría acordar a una circunferencia o a un ladrillo, no tenía que ver con los chicos. Se veía que nos identificaba y trataba como seres humanos, no como estudiantes. Y cuando nos portábamos así, sentíamos como sus revoluciones bajaban y se le enfriaba el entusiasmo. Nadie se ofendía, nos manteníamos quietecitos, temerosos de incurrir no en su ira, de la que no éramos dignos, sino de su desprecio, mil veces peor. Ni hablábamos de ello ni lo entendíamos. La medida del respeto intelectual y temor reverencial que inspiraba su presencia se daba en que era el único profe sin apodo o sobrenombre. Y le decíamos de frente “Doctor”.

IV
La falsedad del estudiar, lo verdadero del aprender: Un profe y un texto

Tal es el Profesor, tal es el texto. Lo interesante en ambos, el texto escolar y el profesor-autor en la clase, era ese otro lado de ese orteguiano desprecio por el estudiante, que es el aprecio por el aprender y por el aprendiz. El profe y el texto eran apasionados, si bien dentro de sus límites. Parecía que mi profe no quería estudiantes en su clase, quería aprendices. Ello me dejó profunda huella, porque ni José Ortega y Gasset, ni el Profe Rubén Barrenechea, ni el profe Bellina quieren “estudiantes” en las aulas que tuvieron, tienen o tendrán a su cargo; quieren gentes con otra actitud vital frente al conocimiento. Para no caricaturizar ni caer en la injusticia, recurriré al propio Ortega y Gasset: El “estudiante” es un ser adocenado, aburrido, atrabiliario, a quien se le obliga a hacer algo falso, a fingir que siente una necesidad que no siente, que vive en el  vicio humano que consiste en fingir cuidado por lo que no nos da en rigor cuidado, en un falso preocuparse por cosas que no nos van en verdad a ocupar; porque ser estudiante es verse el hombre obligado a interesarse directamente por lo que no le interesa, y así El estudiante es una falsificación del hombre.  (Todas las cursivas son de Ortega y Gasset, José, Unas lecciones de metafísica, Alianza Editorial, 2da Edición, Madrid, 1968). Y si somos algo autónomos y tratamos de pensar con nuestras propias cabezas estas reflexiones nos llevarán a cuestionar el sentido de nuestras instituciones educativas, y por ende del sistema en su conjunto: escuelas, textos, maestros docentes, alumnos discentes, entorno, en suma el sentido general de lo que hacemos. Si tratamos a nuestros niños y jóvenes como simples “estudiantes”, en un contexto violento, matonesco y acosador, en buena cuenta los estamos falsificando por partida doble como seres humanos, lo que en mucha medida explica por qué somos tan malos educando, a pesar de nuestro ingente gasto en infraestructura, y tener excelentes textos y educadores; y por qué fracasamos en hacer algo útil con la Educación. Es horrible decirlo pero a veces pienso que somos un laboratorio del fracaso, que los éxitos de las personas que atraviesan el sistema son obtenidos a pesar de, y no debido a, el sistema. Basta con examinar lo que ocurre en términos generales con las personas exitosas, analizar su recorrido por el sistema, y llegaremos casi con seguridad a ciertos hechos terribles y muy penosos de aceptar, pero que debemos confrontar si queremos hacer algo. Me resulta difícil medir lo que pasó con mi generación, incluso con los que compartieron aula conmigo. Muchísimos emigraron, quizá más del 50 % contando a mis dos promos. Demasiados “quemaron cerebro” a través del inmoderado consumo de drogas legales y/o ilegales. Demasiados tienen vidas, familias y/o entornos inestables o disfuncionales. Otros simplemente se perdieron de vista, nada sabemos de ellos. Algunos fallecieron prematuramente por muerte violenta: asesinato pasional, atropello, incluso suicidio. Otros hicieron fortuna fuera de la ley, a través del narcotráfico, la estafa y otros delitos. También hay el otro lado, por supuesto, pero son tan pocos los que se reúnen a recordar los viejos tiempos, que hace que uno se pregunte por qué, no parece que esas épocas hayan sido para la mayoría un paraíso. Y en cuanto al aprendizaje, mi sensación personal fue que recién en la Universidad se aprendía “en serio”. 

La diferencia entre el profesor y el texto que menciono con otros profesores y otros textos no era la buena voluntad, que estaba presente en la gran mayoría. Ni era la sapiencia o la pasión, muchos conocían muy bien sus cursos y les gustaban. Ni tampoco el sistema en que se desenvolvían, el mismo para todos. Era la actitud frente a las personas que estábamos ahí en el papel social de escuchar, aceptar y aprender. Los profesores que yo más recuerdo eran aquellos que nos trataban como seres humanos, y trataban que entendiéramos la importancia de lo que estábamos haciendo. Creo que todos lo intentaban de uno u otro modo, pero el mismo entorno les impedía ser los seres humanos que a ellos mismos les hubiera gustado ser. Así como los alumnos que lo hicieron bien, lo hicieron a pesar y no por el sistema; los profesores que lo hacían bien, lo hacían no por el sistema, sino a pesar de él. Volvamos a la matonería – bullying. El concepto de currículum oculto nos ayudará a entender que en la práctica hay dos currículos: La excelente y cuidada currícula oficial, documento maravilloso, lleno de buenas intenciones, que el Ministerio se ocupa de estructurar y reestructurar cada cierto tiempo, y que las diversas instancias, hasta el maestro en su aula, tratan supuestamente de diversificar; y el currículum oculto, expresado en la realidad institucional de las escuelas, establecido por las reales acciones que se adoptan y resultado de las relaciones sociales realmente existentes. Para decirlo de un golpe, la currícula oficial considera la convivencia pacífica como el modo de establecer relaciones sociales democráticas y horizontales; el currículum oculto que las relaciones sociales reales son jerárquicas y basadas en la ley del más fuerte. Es decir, la matonería – bullying no empieza en las relaciones entre alumnos pares entre sí, sino en la integración a un esquema educativo jerárquico y autoritario, basado en la imposición de normas, la repetición de contenidos y la memorización de conceptos. Si pensamos – discutible, por supuesto – que el sistema educativo expresa el carácter de la sociedad, y que la Educación es la correa de transmisión de los contenidos socialmente deseables, pues entonces la extensión y amplitud del fenómeno de la matonería - bullying demostraría que éste es en la práctica el tipo de relaciones que existen en la sociedad.

V
Colofón
A veces uno sabe como empieza, pero no como termina un texto. Leer en el contexto del bullying nos lleva de hecho al bullying. Curioso concepto, que para que nosotros nos enteráramos que existía, tuvo que venir de norteamericanas latitudes, entre tanto “no lo vimos”. Seguimos siendo virreinales en nuestra educación y medievales en nuestro concepto de valores, y por eso no solamente ocultamos la matonería, sino que además sotto voce la consideramos como un hecho de la realidad al que hay que adaptarse, y algunos incluso la ven formativa para sus hijos. No hay padre de familia responsable que no entienda que hay que enseñar a los hijos a defenderse físicamente, y por eso los profes de artes marciales tienen tanta chamba en las clases medias. Tal vez el desprecio por la Cultura y los Libros que en la realidad existe, a pesar de todas las declaraciones líricas al respecto sea un reflejo, también, de esas relaciones sociales matonescas. Lo bueno es que el tema se ha visualizado y empieza a enfrentarse. Entremos en esa lucha, y entretanto Lee lo que quieras, como quieras, donde quieras. No te arrepentirás. Y cuídate del Bullying.

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miércoles, 6 de abril de 2011

PREJUICIOS ELECTORALES Y DE LOS OTROS


“Cuanto más prejuicios tengan lugar, más debilitado el sentido de identidad (…) el yo conoce menos y menos de sí mismo” - Saúl Peña K.

El estado de la cosa electoral

Estamos en medio de una campaña electoral, y faltan pocos días para la primera vuelta que decidirá si hay o no Ballotage, y con quienes será. También de estas elecciones sale el Congreso, es decir, se emplea la fragmentación propia de una campaña en dos vueltas para generar la representación nacional, y ello no es del todo equivocado, si es que entendemos que el Congreso lo que debe hacer es representar a la Nación.

Por desgracia, en estas elecciones se agitan otra vez temas emocionales. No es raro, así son las elecciones, y es cierto que la emocionalidad es parte de la condición humana, así que quejarse de lo que no tiene remedio es bastante fútil. La característica del 2006, la guerra sucia, se repite edulcoradamente el 2011, aunque muy mediatizada entre otras cosas porque se distingue que el extremismo de derechas en la defensa de sus intereses en el reparto de la torta genera un rechazo absoluto en la población electoral.

Sin embargo, ríos de tinta se derraman en contra de un candidato. Quizá algo bueno surja de esto, y es lo que se está diciendo sin decir, es decir, una autocrítica de los candidatos de los grupos económicos. Aunque extrañamente no es confesa, lo que hace de la autocrítica algo verdaderamente extraño, con un elusivo saborcito a disculpa. Qué problema que esas “disculpas” que toman forma en la promesa electoral de darle rostro humano al capitalismo salvaje, ya hayan sido devaluadas por Alan García, que explotó el artificial temor difuso y generalizado para alcanzar el gobierno y convertirlo en el gran elector de estas justas electorales. Como sabemos, tales promesas son agua de borrajas, como se dice, es decir, han sido puramente instrumentales, y nada da confianza para suponer que esta vez no lo serán, a pesar del esfuerzo ingente de los medios para generar alguna forma de confianza en los ciudadanos en gentes que no han hecho lo que dicen que van a hacer cuando pudieron.

En cualquier caso, parece que hace carne la percepción de la necesidad de profundas modificaciones en el modelo económico para que se acerque a la resolución de las necesidades de la población en general, y no solamente de un puñado de beneficiarios del crecimiento económico. Si el mercado trae beneficios a la población en general, queremos saber donde están. Si el estado no regula o lo hace mal por incapacidad o constitución, no parece haber, de acuerdo a la experiencia, otro quien lo haga. Resulta gracioso ver que hay candidatos que parecen no haber entendido este apotegma tan sencillo, y siguen proponiendo cuál “ábrete sésamo” del desarrollo, más mercado irrestricto, cuando lo que está claro es que hay un inmenso desorden de origen multicausal, y que no es que el estado pueda resolver en su totalidad tampoco, pero el mercado dejado a su mano escondida, menos aún.

Prejuicios y Miedos

Sin embargo, la más importante reflexión que me genera esta campaña se centra en el Prejuicio. Al momento de pergeñar estas líneas, la actual campaña se centra en contenidos emocionales más que en contenidos racionales. Se está haciendo cundir un “miedo difuso”, análogo al del 2006, con la salvedad que esta vez no parece surtir un efecto mensurable en las grandes masas de electores que no son tuiteros ni feisbukeros. Los medios se lamentan al unísono que no haya publicación de encuestas y que no se pueda aplicar el “anchoring”, lo que nos indica que al desaparecer uno de los medios más eficaces de manipular la opinión, la cosa queda librada a los candidatos solos, de los que tres o cuatro están luchando a muerte por pasar a segunda vuelta. Y esto no genera ninguna confianza a los decisores macroeconómicos. Entonces entran en acción los elementos de manipulación “hormiga”: Rumores, videos editados, imágenes efectistas, spam, etc., complementando el esfuerzo publicitario ingente de la Confiep, las empresas mineras y demás que financian a sus candidatos. No deja de sorprenderme que personas que considero de gran inteligencia y capacidad de crítica se traguen con zapatos y todo un video evidentemente editado, por ejemplo, y se conviertan en cajas de resonancia de éstos medios “hormiga”. Solamente me puedo explicar esto por una suerte de suspensión del propio juicio.

Prejuicio como no-juicio

De la lectura tardía del libro “Psicoanálisis de la Corrupción” (2003), del lúcido psicoanalista Saúl Peña K., extraigo algunos conceptos. Según el autor, el prejuicio para empezar es un no-juicio. Ello, que parece muy obvio, ya indica que no hay racionalidad presente. Las decisiones están presididas no por una percepción de los hechos y su valoración, sino por contenidos previamente existentes, ocultos y de alguna manera vergonzantes. Estos, evidentemente, estarían basados en simpatías y antipatías previamente instaladas. De otro modo, ya no sería prejuicio, sino valoración de los intereses propios, correctamente definidos, calibrados y planteados como tales. Ello quizá no sería lo ideal, después de todo decir que se vota porque me conviene no es lo mismo decir que voto por la patria, lo segundo parece mucho más bacán que lo primero. Pero sería más sincero.

Imaginemos por un momento que Ollanta Humala gana las elecciones. Imagino que, dadas las circunstancias muchos creerán que ello sería una suerte de infierno en la Tierra. Pero si de algo estoy seguro es que ni sería el acabose ni sería tan terrible. Por cierto, tampoco creemos que será la gran maravilla del universo. Seguiría habiendo Congreso. Seguiría habiendo Poder Judicial, seguiría habiendo los Checks and Balances que ya tenemos afiatados. Y de seguro aparecerán algunos más. Si miramos lo que hicieron Lula, Kirchner, Tabaré Vásquez, Correa, en otro contexto Ricardo Lagos en Chile, y hasta el mismo Evo Morales en Bolivia, veremos que las primeras medidas se dirigieron a tranquilizar a los inversionistas, empresarios y emprendedores, y a aclarar las reglas de juego. Naturalmente, quizá uno de los contenidos que no se dicen pero que ahí están, invisibilizados, y que a los medios les molesta – corrijo, lo que a los dueños de los medios les molesta – es que su posesión de las frecuencias del espectro electromagnético estará en entredicho, porque el espectro electromagnético no les pertenece. Tal espectro pertenece a la Nación en su conjunto, y el estado lo administra por la vía de concesiones. Lo que ocurre es simplemente que durante decenios ha estado en manos oligopólicas por cobardía y falta de decisión política del estado. Y la preponderancia de los oligopolios por concentración de capitales es una deformación neoliberal de la libertad del mercado. Hay muchísimos intereses económicos detrás de la tan pregonada libertad de expresión. Algunos creemos que hay que meter la mano en ello. En lo personal me inclino por el modelo chileno, que asocia instituciones culturales privadas al usufructo del espectro electromagnético. A ver si así tenemos una TV que no sea solamente caja de resonancia de los grandes intereses.

La dicotomía entre los buenos y los malos

El prejuicio, además, posee como rasgo el establecimiento de una dicotomía irracional que refleja una suerte de omnipotencia propia, basada en la exclusión del Otro: Todo lo bueno está en mi grupo, y todo lo malo en el Otro. Este planteamiento tipo Tom y Jerry se distingue claramente en el ultimátum que el candidato Toledo lanza a los votantes, evidentemente con la intención latente de ser la carta de recambio que pueda estar “en medio” entre las opciones dicotomizadas. No creemos que le funcione muy bien, salvo con el sector de la población que vota por primera vez, que no es deleznable. Muchos, por otra parte, ya estamos curados del espanto y no nos tragamos los cuentos de campaña electoral.

Prejuicio y hostilidad

Otro rasgo del prejuicio es su hostilidad intrínseca. El Otro nos es tan insoportable que su existencia nos resulta odiosa, dado que escapa a los esquemas mentales que nos hemos fabricado, o que otros han fabricado en nuestra mente. La incapacidad de tolerar la mera existencia del Otro implica el deseo de negar su existencia. Quizá aquí haya que buscar el origen de las espantosas medidas de eliminación de adversarios políticos por desgracia tan común en gobiernos de todas las layas. Es evidente que aquí hay algo que se busca compensar – sigo a Saúl Peña, a beneficio de crítica e inventario, por supuesto – y lanzo la hipótesis de que lo que se trata de negar detrás del prejuicio es un sentimiento difuso de culpa. Nos guste o no, tras 500 años de irrupción de los españoles, la discriminación y racismo dirigidos contra la gran mayoría de la población indígena está basada en sentimientos que se nos introyectó, y que perduran y aparecen en toda su maldad en circunstancias electorales como éstas – Alejandro Toledo padeció algo de esto en su período de gobierno –. Estos sentimientos de rechazo, de ghetto inconsciente manifiestan una oculta pero profunda huella muy adentro. Es el mismo temor de los encomenderos y hacendados de hace siglos, pero negado, escondido y transfigurado al estilo Siglo XXI.

Prejuicio como proyección

Soy consciente que empleo un vocabulario psicoanalítico para el que no estoy preparado, pero desde que es de uso público, creo que puede utilizarse con sus límites. Un aspecto muy duro de roer que señala Saúl Peña, y lo es incluso para quien estas líneas escribe – creo que todos aquí tenemos nuestras propias culpas afincadas – es el de la proyección de la propia imagen castrada en el Otro denigrado y atacado. Se acusa de ignorantes a quienes hemos mantenido en la ignorancia. Se acusa de pobres a quienes hemos mantenido en la pobreza. Tenemos la respuesta absurda de los oprimidos que no quieren reconocer a su opresor y dirigimos nuestra agresión a los demás de allá abajo, que no pueden defenderse. Y si lo hacen, los acusamos de defenderse, y de agredir. Ello podría interpretarse como una proyección de nuestra propia impotencia frente a un mundo en el que nada podemos dar por sentado.

Las personas nos sentimos más o menos cómodas dentro del equilibrio inestable de nuestros propios esquemas mentales. Una sociedad estamentaria, donde la experiencia (o la imaginación) de la exclusión te alcanza siempre en algún momento de tu vida, produce el temor de la caída a estamentos más bajos y despreciables. El temor de parecernos a los indígenas/negros, los pobres, o los vernáculohablantes nos abruma. Nuestros esquemas, los de los peruanos posmodernos de las ciudades, son quieras que no la expresión de algo que nos metieron dentro hace mucho, la sensación de nuestra superioridad frente a los indígenas/negros, los pobres, los vernáculohablantes, e incluso las mujeres. Socialmente nuestro país ha alcanzado cotas de exclusión inimaginables fuera de nuestro continente. La reproducción social de estas situaciones determina la existencia de ghettos sociales. Nos aislamos para no ver al Otro, para darle “su lugar” y darnos “nuestro lugar”. La inconsciencia es un arma para no mirar alrededor. Y quizá las redes sociales son expresión clara de esta exclusión, y cómo estamos “entre nosotros” decimos lo que no nos atreveríamos a decir en Villa El Salvador o en Independencia.

Prejuicio y realidad

Desnudar el prejuicio no cambia lo que está fuera sino lo que está dentro. Puede que Ollanta Humala sea el malo de la película. Pero parece ser más bien la proyección de los miedos y los prejuicios, en tanto que “representa” a los Otros. La representación puede ser discutible, pero está sí muy claro que tal proyección es instrumentalizada para mantener los injustos privilegios de una minoría que históricamente se ha alzado con el poder en nuestro país, formando en la ruta una estructura que sin dejar lo malo del pasado le añade lo peor del presente. Exclusión sobre exclusión se acumulan. De nosotros depende, con el voto y más allá de él, que nuestra patria sea la casa de Todos, no solamente la nuestra. Nuestra patria no puede ni debe construirse sobre la exclusión del Otro. Hay espacio suficiente para todos. Dejemos de ser casa dividida. Si no, como decía Martín Fierro, “nos comen los de juera”.

Mi reflexión final

En mi identidad de enseñante y docente, no me importa por quien voten unos y otros, sino cómo lo hagan y en nombre de qué. Naturalmente tengo mis simpatías, y entiendo que cada cual tenga las suyas. Ello siempre será discutible, y sabroso además. Pero hay algunas cosas que podemos dar por ciertas. Entre esas cosas, está que tras las elecciones nuestra persona nacional seguirá viviendo y evolucionando, y en eso todos, los que están a favor y en contra de cualquier opción, tienen un espacio y una labor. Matar al prejuicio y al estereotipo, a la discriminación y el racismo subyacentes, hacer las necesarias críticas desde lo mejor que tenemos en la mente y el corazón, no desde la autoestima herida, requiere coraje personal, lucidez y una verdadera autocrítica personal. No es el Otro el que debemos temer, es al temor mismo instalado en nuestro espíritu. Y no es solamente por nosotros, sino para no pasar esta vergüenza nacional a nuestros descendientes. Votemos por el que nuestra mente y nuestro corazón nos convoque, pero no olvidemos que entre tantas cosas que hay qué hacer en esta patria dulce y cruel que decía Basadre, no es lo menor o lo accesorio mirar en nosotros mismos.

Lo intuía el inmortal César Vallejo. Hay, hombres, humanos, hermanos, mucho qué hacer.

martes, 8 de marzo de 2011

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE VIOLENCIA ESCOLAR Y MATONERÍA - BULLYING


ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE VIOLENCIA ESCOLAR Y MATONERÍA - BULLYING


"El conocimiento - esto es, la educación en su sentido verdadero – es nuestra mejor protección contra el prejuicio que no razona y el miedo que produce pánico, ya sea que éstos nazcan de algún interés especial, de minorías restrictivas o de líderes aterrados."
Franklin D. Roosevelt







Me pidieron hace un tiempo que me manifestara al respecto de lo que ocurre en las Instituciones Educativas, y que se expresa en el término de moda Bullying. No me gusta la palabreja. Lo que se quiere expresar con ella constituye un problema real, pero y para variar, lo hemos percibido cuando la palabreja nos llegó desde norteamericanas latitudes. Y desde que es importado y corresponde a una realidad propia de los Estados Unidos y países anglosajones en general, entiendo que el haber “descubierto” este muy real problema a través de ojos ajenos significa que los parámetros con los que se trata el tema pueden no tener mucho que ver con los de nuestra realidad. Empezando por la manía de emplear palabras en idioma extranjero cuando no son necesarias. La lengua de Cervantes cuenta con sinónimos apropiados, entre los que “Matonería” me suena interesante, y resulta muy adecuada traducción para la palabreja de marras. Naturalmente no daremos coces contra el aguijón ni nos haremos problemas por una palabra, así que la trataremos provisionalmente como matonería – bullying, con la idea de que nos entiendan. 

Violencia escolar y matonería - bullying

El término Violencia Escolar está muy vinculado al de matonería – bullying, aunque parece ser mucho más general. Aludiría a toda clase de violencia que se ejerce al interior de las Instituciones Educativas, la que proviene de todos los actores y se dirige a todos los actores; Directivos, docentes, discentes y padres y madres de familia. Se incluiría la violencia desde y hacia el interior de cada uno de estos grupos. Este tema se manifiesta así extraordinariamente amplio y merecedor de un estudio en profundidad. Por lo que sabemos hay aproximaciones muy solventes. Hemos visto mucho, por ejemplo, sobre las relaciones entre Estado y Sindicato, entre Directivos y Docentes y entre Docentes y Alumnos. Relativamente poco hemos visto sobre los organismos educativos intermedios tipo UGEL o DRE, y se lo merecerían. Hace falta, definitivamente, una profunda mirada de conjunto.

Naturalmente, el espectro de la Violencia Escolar incluye a la matonería-bullying. Sin embargo, hemos encontrado que algunos investigadores asumen el concepto Violencia Escolar como sinónimo perfecto de matonería – bullying, y creemos que esto es un reduccionismo. Hay una forma de lenguaje que esconde, así como hay una forma de lenguaje que muestra. Igualar la matonería – bullying con la Violencia Escolar oculta la violencia que proviene de actores que no son alumnos. Es violencia la toma de colegios, que expresa conflictos entre padres y madres de familia con profesores y directivos. Es violencia que colegios de paga máxima coloquen cámaras de video en baños y salones para “monitorear” a alumnos y profesores. Es violencia la asignación de profesores a ciertas instituciones educativas vía pago de cupo, así como la rotación desmedida y manipulada de éstos. Es violencia el que muchos profesores estén obligados a empezar clases el martes y terminarlas el jueves en los colegios rurales. Es violencia forzar exámenes de evaluación docente con parámetros políticos, y además entregar las pruebas previamente a los profesores del partido propio. Es violencia aumentar las pensiones sin criterio racional alguno. Es violencia – y una trastoque del sentido de la escuela - que una institución “educativa” tire por la borda alumnos porque no cumplen un “perfil”. Es violencia que tras once años de escuela los alumnos no sepan leer correctamente. Es violencia la existencia de escuelas unidocentes y multigrado. Y la lista podría continuar indefinidamente. Veríamos que todos los actores están vinculados de uno u otra modo. La violencia es un hecho social evidente, la escuela no está aislada ni de la sociedad ni de la cultura. De repente la matonería – bullying no es solamente un tema de escolares en un salón de clase.

Qué es la matonería - bullying

Sin embargo, la matonería – bullying es definido por algunos como un tema de salón de clase, de violencia entre pares, aunque en el marco de las relaciones formales que se establecen en la escuela. Podemos deducir entonces tres actores, no dos: Victimarios, víctimas e institución formal (Esta última representada por profesorees y Directivos). La matonería - bullying se presenta principalmente en las Escuelas, pero también en las Universidades e Institutos. Entre sus características se dice que esta violencia puede ser física, verbal, psicológica, directa, indirecta, e incluso virtual. Que existen agresores victimarios y agredidos víctimas. Que es el ejercicio de una violencia “ilegítima”. Sus consecuencias van desde el daño psicológico y físico hasta la deserción y abandono de los estudios, el ausentismo y el fracaso escolar. Se correlaciona con otros problemas sociales, como el racismo y la xenofobia, la intolerancia frente al inmigrante, la homofobia, la discapacidad, los desórdenes de la conducta y del aprendizaje, las dificultades para establecer la identidad personal, la inserción laboral de los jóvenes. 

La definición de la estadounidense No child left behind act (NCLBA) es interesante: El término bullying en tanto se entienda como acoso escolar, se aplica a “aquellas conductas relativas a la identidad de un alumno, o a la percepción de esa identidad, concernientes a su raza, color, nacionalidad, sexo, minusvalía, orientación sexual, religión o cualesquiera otras características distintivas… siempre que…entorpezcan significativamente las oportunidades educativas o la participación en programas educativos de (los) alumnos; (y) perjudiquen la disposición de un alumno a participar o aprovechar los programas o actividades educativos del centro escolar al hacerle sentir un temor razonable a sufrir alguna agresión física”. El centro del problema de la matonería – bullying podría tener relación con la formación de identidad, en la que el sistema educativo tiene un papel de primera línea.

Violencia escolar y expectativas sociales en la educación

No hace mucho encontré un par de textos que me parece pueden ayudar a encuadrar algunos aspectos generales de nuestro tema: El primero es de 1923, del antropólogo Clark Wissell, y dice así: “Nuestra cultura se caracteriza por una predominante creencia en algo que llamamos educación – una suerte de mecanismo destinado a hacer propicios los designios de la naturaleza en la manifestación de cultura. Nuestra fe implícita es que esta fórmula, o método, permitirá el cumplimiento más feliz de tal finalidad, (esa) es nuestra religión verdadera. (….) Nuestra fórmula suprema para llevar a término la realización de nuestros más caros ideales es la educación … Es una especie de gran fórmula mágica con cuya ayuda esperamos perpetuar y perfeccionar nuestra cultura.” En corto, creemos en la educación como panacea social en la misma medida que nuestros antepasados creían en Aia Paec o Pariacaca. Cuando percibimos problemas sociales convocamos así a esta entidad metafísica y pontificamos: “Esto se arregla con Educación”.

El otro texto es del clásico Emile Durkheim, que dice así: “(La educación) es sólo la imagen, el reflejo de la sociedad. La educación imita la sociedad y la reproduce de manera compendiada (…) La educación es sana cuando la nación misma goza de buena salud; pero, por carecer del poder de modificarse a sí misma, se corrompe cuando la nación declina. Si el medio ambiente moral, tal como es experimentado por los maestros mismos, es corrompido, es inevitable que sean afectados por él. (….) Estamos girando en círculos.” Y otra vez en corto: La sociedad determina la educación, no la educación a la sociedad. Una sociedad corrupta y violenta produce una escuela corrupta y violenta.

Como sociedad peruana estamos dando vueltas en círculos alrededor de dos creencias tan contradictorias como opuestas: Por una parte, tenemos una fe mágica en que "la escuela" (o un ente más metafísico aún: "la educación") dará solución a todos nuestros problemas, Por otra parte, que "la educación" nos hará progresar para salir de nuestra situación de subdesarrollo. Estas creencias se expresan fuertemente en los programas electorales y reflejan difundidas creencias sociales. No me gusta decirlo, pero me temo que tanto en un caso como en el otro nos engañamos a nosotros mismos con excesivo entusiasmo. 

En primer lugar, la educación no es palabra mágica ni actividad por la que tras dos sinsaravinos y algunos pases mágicos sacamos gentes educadas; ni tampoco la educación es la palanca que nos sacará adelante, cuando menos no sola, a no ser que consideremos que dotar a Estados Unidos, España, Italia, Japón, Brasil y otros países con nuestros 3 000 000 de peruanos migrantes más talentosos sea la gran contribución de la educación peruana para el desarrollo.

Entorno social de la matonería - bullying

¿Qué tiene que ver todo esto con la matonería – bullying? Se supone que es función de la escuela enseñar a convivir estableciendo relaciones humanas con soporte en el amor, asumido como valor supremo. La fuerza y el ejercicio de la violencia nos repugnan explícitamente, y las rechazamos. Deseamos que las relaciones de convivencia se basen en una visión de futuro compartido por todos los que habitamos este pedazo de tierra bajo el sol, sostenido por un común sustrato de afecto, trabajo y conocimiento. Deseamos que las escuelas sean espacios abiertos, amables, bulliciosos de actividad física y mental. Deseamos que las escuelas proporcionen el afecto y saber que tanta falta nos hace como sociedad. Deseamos que sean lo que deben ser: espacios de aprendizaje.

Bueno, esa es la teoría. Y es un sueño hermoso, pero me temo que es un sueño, aunque digno de ser perseguido. No es posible que el sistema educativo se aísle de una sociedad corrupta y violenta como la que tenemos para transformarla desde afuera. El sistema educativo es un resultado de la sociedad peruana tal como esta es, no tal como nos gustaría que fuera. Nos guste o no, la educación es corrompida y violenta y frustrante porque la sociedad peruana es corrompida, violenta y frustrante. Tratar la matonería – bullying como si fuera un problema aislado equivale a curar el cáncer a la piel poniendo curitas en las escaras. Sí, ya sé que es triste y que suena horrible. Pero es obvio que resolver este problema no pasa por medidas de contención, control y represión arbitradas desde la Escuela. La represión de conductas anómicas es también violenta, aunque a diferencia de la matonería – bullying, sea legítima, separe a la víctima del victimario y contenga la situación de abuso. La matonería - bullying seguirá siendo un problema escolar mientras no asumamos nuestros conflictos en todos los niveles y no arbitremos formas de resolverlos como nación y como sistema educativo.

Ghettosmatonería - bullying

Claro que el problema no apareció con la palabra, estaba allí hace muchos, muchísimos años. El conocido cuento Paco Yunque de César Vallejo, nos golpea en nuestras emociones no solamente porque está muy bien narrado, sino porque da cuenta directa y frontal del modo en que la violencia de los conflictos entre clases en la sociedad se traslada al aula, que es correa de transmisión de las diferencias sociales de generación en generación. El personaje Humberto Grieve es por todo concepto un matón, un faite, un compadrito, un “bully” que agrede para dominar al hijo de la cocinera en el salón de clase. Paco Yunque construye su identidad de aplanado. El profesor ve pasar el asunto. La historia de Paco Yunque ya no nos pega como solía hacerlo porque hoy es virtualmente imposible encontrar un colegio no público en el Perú, donde algunas clases sociales se arrejunten y se miren. Hemos alcanzado en los NSE A, B y parte del C el estadio del ghetto, apenas ligeramente quebrado por actividades de bien social, algunas positivas como mecanismos de integración social. En otro artículo nos hemos referido a la formación de ghettos desde la perspectiva de políticas sociales que sean algo más que beneficencia disfrazada. 

Lo cierto, real y efectivo es que ahora el sentido de pertenencia a las clases sociales está más instrumentado que nunca desde el sistema escolar. Y en eso el cuento Paco Yunque sigue vigente. El efecto de la educación privada es reunir en el mismo espacio a los hijos de las personas de ingresos aproximadamente iguales. Lo propiamente educativo es secundario. Observar la costosa publicidad de ciertos colegios particulares es ver empresas que publicitan sus logros para provocar la compulsión de compra. La lógica mercantilista es la de trasladar los costos de ventas y publicidad al consumidor,y no es extraño que los costos de pensiones hayan subido en pocos años de un 30 al 40 % en ciertos segmentos, según reciente investigación periodística de El Comercio.

Formación de Identidad y matonería - bullying

Por lo tanto, la matonería – bullying por sí sola no expresa la violencia entre clases sociales, porque éstas están en sus ghettos escolares, y se mezclan poco. La violencia escolar introyectada y expresada en la matonería – bullying es muchísimo más insidiosa, más sujeta al trauma de la adaptación personal a un grupo, más interiorizada en el alma de los alumnos, más pegada a las diferencias culturales entre los padres de los niños. En suma, más cercana a la formación de identidad. Puede distinguirse en los niños y niñas que se comportan agresivamente frente a las diferencias tal como las perciben, en la expresión infantil de las disfuncionalidades familiares mal asumidas y trabajadas por la Escuela, en los estereotipos de conducta funcionales a la contención y adaptación a un cierto perfil, en la división entre alumnos de alto rendimiento y la morralla que proporciona las pensiones para que los del primer grupo tengan todas las ventajas, en la diferenciación en el aula entre niños que acceden a los gizmos de moda – celulares, iPods, etc. –y los que no. Hoy en día las Escuelas muestran más entusiasmo en separar a los alumnos que no cubren el “perfil” que en resolver problemas educativos. Como dicen en los buques, los tiran por la borda. Este rechazo de la Escuela suele ser destructivo en el desarrollo de la identidad y por ende en el futuro de un alumno. Me pregunto si la expresión peruana de la matonería – bullying se limita a los alumnos. Muchas Escuelas ejercen la matonería – bullying con los padres de familia y/o con sus profesores. El Estado, principal empleador educativo, también es un matón con los profesores a los que emplea, en especial los contratados. Los entes intermedios sirven de filtro para ubicar a los profesores en determinados grupos, en función de intereses que poco tienen que ver con lo educativo. Parece ser sólo natural que esta relación de anomia institulizada, invisibilizada y mal contenida llegue a los alumnos por mímesis y currículum oculto, y ellos la expresen a su modo. El ejemplo arrastra. En las dos direcciones. 

Cuando un alumno de la escuela de Columbine toma una carabina y liquida a todo títere con cabeza que tuvo la mala pata de pasar por ahí, nos entristece y nos preguntamos qué tiene la sociedad norteamericana que produce tales estragos emocionales y físicos, con tan tremendas consecuencias. No miramos a la Escuela estadounidense, parece obvio que la Escuela no tiene gran responsabilidad, y es poco lo que puede hacer frente a casos patológicos. Ni defiendo ni ataco al sistema educativo de los Estados Unidos cuando digo que es obvio que de él no depende el problema de la venta y posesión de armas de fuego.

Cuando en nuestro país un chico hiperactivo y desadaptado le rompe el alma a otro por el delito de tener un iPod o un celular que él no tiene, o por mostrar conductas interpretadas como homosexuales, o por mostrar un acento o color algo diferente, reproduce una situación de violencia escolar que está bastante más diseminada y es mucho más general que un problema entre pares. Es la punta de un gran iceberg, que se muestra donde la sociedad y la educación hacen crisis, como en Chile. De ahí podemos pasar al problema del pandillaje, pero en mi modesta opinión ambos problemas no se identifican sino de manera relativa. La matonería – bullying presenta un tercer protagonista que la Pandilla no tiene: la Institución escolar. Parece que los paganos de todo este tema son los alumnos y los padres y madres de familia. La única reacción posible de los atribulados padres de familia conscientes de estos problemas consiste en aislar cuanto puedan hacerlo a los niños. Ni la sociedad ni la Escuela tienen nada que ofrecer al respecto.

Tres medidas de emergencia

Pero tratemos de no escabullirnos al maximalismo. Se necesita una transformación social importante para resolver este problema y muchos otros que padece nuestra sociedad. Pero en un terreno quizá más limitado pero mucho más manejable, ¿Qué puede hacer la Escuela privada o pública, para atacar el Bullying? ¿Cómo responder a la emergencia? Se nos ocurren cosas obvias: 

Una es prevenir. Se previene desterrando la violencia escolar de la Escuela, y suena fácil, pero lo sencillo es difícil, porque en este caso nos metemos en el terreno del Clima Institucional, complejo como él solo y lleno de resistencias, pero que debe afrontarse para crear una escuela democrática, con contenidos positivos propios qué defender, donde las diferencias puedan convivir entre sí resolviendo conflictos y construyendo sociedad y patria. Y en este punto es imperativo encontrar maneras de asumir y resolver los conflictos que ponen frente a frente a los diversos actores en la Institución Educativa.

En segundo lugar, los primeros años de la primaria son esenciales para detectar eventuales problemas de formación de identidad, y por ende de matonería - bullying. Hay un lado positivo, el acompañamiento del proceso de formación de identidad, Por otro lado puede haber un programa de emergencia temprana. Claro que hay que tratar a los niños y niñas con el guante blanco que se merecen en esta etapa de sus vidas y no tirarlos por la borda. La presencia de especialistas expertos y motivados es esencial a este respecto.

En tercer lugar, dado que la matonería – bullying se manifiesta principalmente en el salón de clase y en los recreos, los docentes deben estar preparados para reaccionar inmediatamente al respecto, con autoridad y profesionalismo para cortar de raíz el abuso y poner al matón en una línea de tratamiento predeterminada, que trate el problema como problema y no como conducta a castigar.

Colofón

Estoy seguro que mucho se queda en el tintero. Sin embargo, estas consideraciones creo nos permiten acercarnos al tema. No son ideas enteras sino apenas retazos que deben ser completados, discutidos y diseminados para convertirlo en el tema nacional que indudablemente es. Y, por ahora, punto.