martes, 10 de febrero de 2015

CRÓNICAS DE LECTURAS 97 - FÁBULAS


CRÓNICAS DE LECTURAS – 97

Fábulas

I

El sentido de las Fábulas

Las fábulas tienen una larga y honorable historia en el devenir de la Humanidad, en especial cuando se historian esos momentos especiales y nunca documentados en que los padres se percatan que deben educar a sus hijos en las realidades del mundo, y buscan soporte para ello. Como género literario son alegorías de corta extensión, los personajes son animales u objetos inanimados que presentan rasgos humanos, imprescindible el habla. Concluyen siempre con una enseñanza o moraleja que da sentido a la fábula. Puede ser en prosa o verso y tratará de hacer crítica de costumbres y vicios. Cabalga sobre la ambivalencia pues casi siempre se les cuenta a los niños cuando salen del animismo infantil y pueden aún suspender el juicio al respecto de que animales, plantas y objetos hablen y posean características humanas. Así el adulto lo puede emplear para la enseñanza moral analógica, a veces irónica, casi siempre maliciosa. En la fábula hay dos posturas subjetivas confrontadas, a veces en un diálogo entre desiguales, representando casi siempre la división social arriba – abajo o dominante - dominado, que a veces en un cambio repentino de fortuna trocan posiciones. Ese trastoque es específico de la fábula, incluso de la moderna, entenderlo es llegar al subtexto que ha querido el fabulista, que curiosamente casi nunca es el que la moraleja evidencia. El doble o triple mensaje detrás de la moraleja muestra que ésta suele ser una primera y engañosa conclusión, en realidad un entimema producto de un largo y múltiple proceso de razonamiento, no su principio. Y para complicarnos más, observaremos que la Fábula posee a más de su verdadero componente más o menos escondido, otro componente básico de falsedad, pues dícese que algo es de fábula cuando algo es de no creérselo, exagerado de tal modo que llega hasta la falsedad. Así la emplea el Cronista Cristóbal de Molina, por ejemplo, al referirse a las Fábulas y Ritos de los Incas (1573).     

Jean Jacques Rousseau, educador en el siglo de las Luces, detestaba las fábulas, y es difícil culparlo, pues esa cosa bienpensante y ejemplarizante, pero falsa, es demasiado representativa de los valores que los buenos chicos te plantean para que tú seas también un buen chico. De entonces acá, los valores manifiestos por los mayores dan a los chicos para llegar a ser unos perfectos y obedientes sonsonazos y caídos del palto. Puede que por eso le gustasen las fábulas a Platón, y Aristóteles las mirara por encima del hombro, distinguiéndolas por su utilidad retórica para la persuasión, y nada más. Todos los tipos inteligentes opinan más o menos lo mismo: Las fábulas deforman, modifican negativamente, le joroban la inocencia a los niños, su moral es equívoca y le otorga ventaja al sagaz y astuto, mostrando en exceso el ser en desmedro del deber ser. La discusión pedagógica al respecto durará para siempre, dada la ambivalencia de la Fábula. Como en sus sucesores los cuentos infantiles, los valores a introyectar no quedan claros, aunque tampoco es que la vida haga gran cosa por aclararte las cosas, pocos son los que tienen la suerte de que la experiencia les aclare la teoría, si ello ocurre es por mediación de alguien o alguienes, y en ese sentido las fábulas siguen cumpliendo con su función mediadora entre una sociedad más o menos hipócrita socialmente y un hipócrita individual en ciernes. Hoy parece más bien que son los adultos los que deberían leer fábulas y tratar de entenderlas, de tan caídos del palto que se les ve. Por ahí anda el fondo del problema, pues por poco que me hayas leído, amigo, sabes que soy crítico de la Educación formal y de la sociedad tal como está desordenada, posiblemente por eso no simpatizo con las fábulas para los niños. En esto opino como el buen Juan Jacobo: Las Fábulas son contradictorias y dobles, y no son demasiado buenas para la Educación, excepto si uno está ya formado. Pero a la vez debemos decir que los chicos de los 8 a 10 años están a mi ver suficientemente formados para discutir Fábulas con ellos al modo de Casos y Ejemplos, que entiendo ser la mejor estrategia para trabajar Valores. Por lo demás se ha propuesto y estudiado seriamente el empleo de fábulas para la alfabetización de adultos, lo que me parece sumamente adecuado.


II

Esopo y otros autores clásicos

La universalidad de las fábulas es notable, parece que su origen más remoto está en la India (recopilación del panchatantra), pero también se las encuentra en el resto de Asia, África y las viejas culturas americanas. Hasta nosotros han llegado los relatos del esclavo Esopo (circa 550 aC), incluso como protagonista – Fábula de lo Mejor y lo Peor. Difícil hallar alguien mejor que un esclavo para ilustrar las altas y bajas de la vida, en esto Esopo recuerda a otro esclavo, Epicteto, también capaz de dar lecciones. Pero el género existía ya en las escuelas sumerias, donde los maestros mostraban la desgracia o la astucia a través de las vicisitudes de zorros, perros y elefantes, expresando con mucho color la sabiduría de los proverbios. Junto con las apologías y las parábolas fueron de las primeras estrategias pedagógicas para la enseñanza de la ética por los esclavos pedagogos, como Esopo, Fedro y Babrio, que en el Siglo II dC fue preceptor de los hijos de algún rey heleno del Asia Menor, y fue desconocido hasta 1843, cuando se le descubrieron 123 fábulas en el nido de águilas del monasterio del Monte Athos. Babrio es paradigma del fabulador, más que Esopo inclusive, a cuyas fábulas dio forma de verso. Poseía una cultura enciclopédica que abracaba a Trágicos y Comediógrafos atenienses clásicos como a Homero, Hesíodo y poetas como Píndaro, Safo o Teognis, e incluso a autores judíos helenizados. La primera fábula griega es la del Ruiseñor, de Hesíodo en Los Trabajos y los Días, y la primera colección es de Demetrio de Falero, cuyo original se perdió, pero en cuyas refundiciones con Babrio y otros aparece hacia el Siglo I dC el inmortal Esopo, antecesor de otros legendarios contadores de Historias como Shahrasad o el Doctor Watson. Esopo habría sido un esclavo frigio revendido en Samos al filósofo Xanto, que demoraba otorgarle la prometida libertad para no desprenderse de tan hábil sirviente, y por ello hubo una algarada popular por la libertad del fabulador.

Las fábulas son literatura oral en verso y se memorizan fácil, pero de tanto repetirlas surgen diversas versiones, que se heredan de recopilador en recopilador, y así las encontramos en los romanos Horacio, Julio Fedro y Flavio Aviano. Fedro (circa 50 dC) añade a la fábula la novedad de la crítica social y de costumbres. Aviano (circa Siglo IV dC) escribió unas cuarenta fábulas, algunas de ellas repetidas de autores anteriores y otras de su factura, y tuvo la fortuna de ser la principal fuente de fábulas durante la Edad Media, pues no usaba de licencia o grosería como otros autores, y parecía más adecuado para los castos ojos y oídos de niños y mujeres. Varias fábulas provenientes de la India, África e incluso de Grecia y Roma se recogen en Las Mil y Una Noches, aunque atribuidas a autores como el sabio árabe Lokmán, lo que tal vez sea justo, pues a diferencia de la corta y a veces seca fábula occidental, la fábula árabe es más sabrosona y detallada, casi una novelita alargada de moraleja mucho más sutil y adulta, en un contexto más amplio, a diferencia de occidente, más preocupado en la moraleja que en el relato. Ello marca distancia entre el travieso puritanismo islámico y la hosca represión sexual cristiana. En cuanto a la moral, antes de la expansión de la ética cristiana las fábulas representan la moral grecorromana: El eterno retorno, el fatalismo y la circularidad del tiempo hacen imposible cambiar lo que es natural en cosas y personas, que siempre se comportarán de un modo análogo en cualquier época.


Y por acá, un hallazgo, una edición bilingüe griego / castellano, en facsímil, París, 1872, estudio de Miguel de Silva:

Y en este de acá, las fábulas de Fedro y Aviano, con estudio incorporado y edición bilingüe latín / castellano, otro hallazgo les cuento:
   
III

Edades Media, Moderna y Contemporánea

La Edad Media conoce de autores originales e infinidad de copistas, nada raro en un período en que pocos leían, menos transcribían y muchos relataban. La poetisa francesa del Siglo XII María de Francia, de quien se desconoce todo excepto su obra, conoció las fábulas clásicas y escribió ella misma una cantidad respetable (63). Dícese que ella es la venerable Ma mére l´oye (Mi madre la Oca), ilustre contadora de cuentos e historias que Charles Perrault reunirá en el siglo XVII, como comentamos en Crónica dedicada al cuentista. Asimismo aparece en Europa, sabe Dios cómo, el panchatantra indio, y sus fábulas se incorporan al acervo occidental. Su peso moral hace que algunas se incorporen a los Sermones, piezas oratorias sagradas. En la literatura medieval española hay fábulas en la obra de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, Libro de Buen Amor, y en los exempla de El conde Lucanor, del Infante Don Juan Manuel. Durante el Renacimiento y la Edad Moderna, los humanistas se interesaron en la fábula, y algunos cultores de fuste, como Leonardo da Vinci, escribieron algunas. Sin embargo los principales fabulistas de la época fueron los franceses como Jean de la Fontaine (1621-1695), que publicó dos volúmenes de fábulas que lo hicieron muy popular. Posteriormente llega el momento de los españoles: El liberal Tomás de Iriarte (1750 – 1791) publica en 1782 sus Fábulas Literarias, bastante afrancesadas y expresivas de una moral práctica y simple que le ha permitido pasar la prueba del tiempo y convertirse en clásico. Félix María Samaniego (1745 – 1801), fue amigo de Iriarte, pero pelearon por celos literarios (éste no citó a aquél en el prólogo de las Fábulas Literarias, y eso entre literatos se castiga) y diferencias políticas, pese a que ambos se las tuvieron tiesas con la Inquisición. Entre 1781 y 1784, Samaniego escribe sus Fábulas Morales, de narrativa simple y natural y buen manejo del verso.

Fábulas de La Fontaine:



Entrando a la Edad Contemporánea y todas sus revoluciones, la fábula se transforma y recombina a la par que otros géneros literarios mayores y menores. En lengua inglesa el genio norteamericano del sarcasmo, Ambrose Bierce (1842 – 1914?) la emplea contra la corrupción imperante en la sociedad estadounidense (Fábulas Fantásticas, Esopo enmendado); mientras que al otro lado del charco Beatrix Potter (1866 – 1943) escribe fábulas más convencionales. En Rusia, país que está retrasado revolucionariamente con respecto al resto del mundo,  Iván Krylov (1769 – 1844) se especializa en fábulas de contenido ruso y paneslavo, con la perenne presencia del Zar, el Zarevich y la Zarina como Padres del pueblo, un poco al mismo modo en que Moliére trata al Rey en su comedia. Esto aparte, claro, del común denominador de todos, la inspiración y a veces imitación de Esopo y otros autores clásicos. Destaca también el novelista León Tolstoi (1828 – 1910) que aparte de sus grandes obras La guerra y la paz, Anna Karenina, La muerte de Iván Ilich, Resurrección, etcétera, escribe pequeñas fábulas donde trata de apuntalar sus ideales religiosos humanistas, recogiendo historias campesinas tradicionales. Una rara avis en el género es el poeta libanés de religión ortodoxa Iliya Abu-Madi (1889 – 1957), que recupera la tradición miliunanochesca combinándola con la greco-ortodoxa y la del Islam, y obteniendo fábulas en verso empleando la forma del diván, en la que también escribió varios poemas Federico García Lorca.

Una buena compilación de enlaces para muchas obras de Ambrose Bierce, incluidas las Fábulas Fantásticas, aquí:  http://librosgratis.liblit.com/?subdir=B%2FBierce%2C%20Ambrose%20%281842-1913%29&sortby=date

Un link para la lectura en línea de las Fábulas de Iván Krylov (en inglés), es este:  https://archive.org/stream/krilofhisfables00kryl#page/n41/mode/2u


IV

La Fábula actual

La Fábula actual, decíamos, proviene de la recombinación de géneros que se ha producido en el último siglo y medio, aproximadamente. Ya mencionamos a rusos y angloamericanos, pero aquí podríamos incluir también al español Eugenio Hartzenbusch (1806 – 1880), que no contento con que hablen zorros y cuervos, hace hablar también a émbolos, cigüeñales y grúas.  Y de repente este es el lugar parta incorporar a un autor muy discutido, que aunque utilizó el formato de fábula ocasionalmente, llega por virtud de sus propias particularidades, a caracterizar la fábula contemporánea en lo que tiene de transgresora: El Marqués de Sade (Cuentos, historietas y fábulas, 1788). Por ello, obras como La Isla de los Pingüinos de Anatole France, con un tremendo sesgo sarcástico  - si bien con un estilo didáctico que puede llegar a ser enervante -  y el largo aliento de una novela, califican a mi humilde entender como fábulas, pese a que el elemento moralizante simplemente no existe, pero que está ventajosamente sustituido por una crítica extremadamente corrosiva de cuanto existía en esa Francia de fin de siglo, en la que no deja títere con cabeza. Y sin embargo, Anatole France se permite copiar la metanarrativa de los fabulistas grecorromanos, culminando la obra con la relación de acontecimientos que preludian el reinicio del ciclo histórico y el eterno retorno, con la presencia de un fuerte componente de ciencia ficción que probablemente copia de su contemporáneo Julio Verne, con intenciones, parece, no menos sarcásticas. En la Ciencia Ficción también encontramos varios autores que usan los robots, entes intermedios entre las cosas y las personas, para hacer fábula sobre el ser humano, es difícil no mencionar a Isaac Asimov y sus muchas novelas del ciclo Yo, Robot. Sin embargo, es posible encontrar más elementos de reflexión al respecto en la obra de Stanislas Lem, Fábulas de Robots (http://www.latertuliadelagranja.com/sites/default/files/Lem,%20Stanislaw%20-%20Fabulas%20de%20Robots.pdf). Además, que los animales hablen e incluso evolucionen al punto de convertirse en competidores o sustitutos de las civilizaciones humanas tiene en Ciudad de Clifford Symak un representante egregio, pero de esta obra ya tratamos con detalle en otra Crónica.

En América Latina, los escritores no se quedan atrás en fábulas, porque en el continente de lo real-maravilloso nada es extraño, y que los animales hablen no llama la atención a nadie. Paso por alto la miríada de escritores que han tratado, transcrito, recopilado y creado obras análogas a las fábulas, y menciono solamente al uruguayo Horacio Quiroga (1878 -1937), que hace hablar a numerosos animales en sus Cuentos de la Selva y otros, y los hace interactuar con los seres humanos en pie de igualdad, que eso es lo que la Selva te hace, y de eso se trata la idea, porque los cuentos de Quiroga no son necesariamente para niños, y su elaboración ético moral es sobre la sociedad en su conjunto. Destaca también Augusto Monterroso (1921 - 2003) y sus fábulas de Humor Negro (La Oveja Negra y demás fábulas), cuya enjundia determina que se pase uno más tiempo reflexionando el relato que leyéndolo. Pero no podemos terminar esta Crónica sin reseñar la novela más fabulística de este período: Rebelión en la Granja, del novelista Eric Arthur Blair, más conocido como George Orwell: Rebelión en la granja fue el primer libro en el que traté, con plena conciencia de lo que estaba haciendo, de fundir el propósito político y el artístico. Usa el esquema de la fábula y delinea una potente metáfora de un totalitarismo en que toda libertad queda prohibida y todo ciudadano será analfabeto para su mejor manejo (Toda casualidad a este respecto no es coincidencia). Y si bien el régimen político deconstruido, criticado y parodiado es el comunista soviético, y es fácil reconocer en el Viejo Mayor a Marx, a Trotsky en Snowball y a Stalin en Napoleón, parece que el Gran Hermano de 1984 no estaba en esos lares. Vamos al relato: En la mal manejada Granja Manor de Jones, un día el cerdo Viejo Mayor, reúne a los animales para contar su sueño de libertad frente a los crueles seres humanos. Luego muere sacrificado, pero deja la revolución animal y la ideología del animalismo. Se expulsa a los humanos y los animales gobiernan y son iguales, se prohíben las costumbres humanas, y los cerdos Snowball y Napoleón dirigen la sociedad y enfrentan el contraataque humano. Luego Napoleón instaura su dictadura, expulsa a Snowball y se proclama Líder, dirigiendo la sociedad animal según sus intereses. La plusvalía que antes iba a Jones va ahora a Napoleón y su grupo. Se cambia poco a poco la ideología del animalismo para justificar los cambios. Las raciones de comida se reducen y las horas de trabajo aumentan so pretexto de trabajar por un futuro mejor. Al final los cerdos visten ropas, beben alcohol, fuman y hacen todo como los humanos, e inician matanzas de animales pretextando complicidad con el “saboteador” Snowball (que no aparece nunca más) para justificar sus fracasos. El libro termina desesperanzadamente: No se distinguía quién era el humano y quien el animal.

V

Colofón


Las fábulas poseen fuerte recordación y hace miles de años que están con nosotros, e incluso hoy en día se utilizan como metáforas, aunque no siempre del modo más feliz, como la del perro del hortelano o al cigarra ociosa y la hormiga trabajadora. Jean Anouihl es uno de los contemporáneos que ha apostado de nuevo por el género, pero el italiano Sabatino Scia ha innovado el género con sus Fábulas de Protesta Occidental, con diálogos en tiempo real de los animales que tratan de salir de situaciones enredadas, y cuya carga moral es postmoderna a lo siglo XXI. Veremos si esta propuesta funciona. Entre tanto, sigamos leyendo.   


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