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jueves, 22 de diciembre de 2011

CONTRA EL PENSAMIENTO RACIONAL Y LA FAMILIA



“Dios es trino, y todo lo que Él ha creado, lleva ese sello indeleble. El hombre que fue creado a su imagen y semejanza, no podría ser una excepción. Por este motivo nos dice la Palabra de Dios que el hombre es un ser tripartito, compuesto de espíritu, alma y cuerpo.” (Jack Fleming, http://www.estudiosmaranatha.com/mensajes/mensaje21.html, consultado el 22 de Diciembre de 2011 a las 14:40, Hora de Lima)


“La misión del señor es perfeccionarnos en el ser tripartito que somos, alma, cuerpo y espíritu.” (Ana Jara, Ministra de la Mujer)


Dos noticias últimas me motivan, ambas protagonizadas de uno u otro modo por nuestra flamante Ministra de la Mujer. Una tiene que ver con el hecho que parece que no aspiraba a ser Ministra de la Mujer; y es casi curioso eso de aceptar una cartera que no se quería, pues parece que más bien deseaba un Ministerio de la Familia. Y hay cierta diferencia entre los términos. La segunda noticia se merecería artículo aparte y quizá lo escriba, pues la flamante Ministra disparó una interesante y poco feliz declaración acerca de la tripartición platónica del ser humano en Cuerpo, Alma y Espíritu. Según parece, convocó a las Sagradas Escrituras cristianas como la fuente de la autoridad suprema en estos menesteres. Ambas cosas se me complementan en un tema, que es el uso de ciertas palabras y los contenidos y significados que se les puede adjudicar. El concepto de Familia es una de ellas.

Concepto

A riesgo de simplificar demasiado el tema, un concepto es la expresión lingüística de una imagen mental, que podríamos llamar idea. Cada vez que enunciamos un concepto los seres humanos hacemos una operación de alto vuelo intelectual, aunque no seamos conscientes de ello: Clasificamos el mundo de nuestras percepciones, introduciendo cada concepto en una pre-estructura de clases y tipos en construcción constante. Estas percepciones se integran en una estructura mental dinámica que abarca nuestra experiencia y conocimientos pasados y presentes. Dicha estructura posee un sustrato físico en el número y tipo de sinapsis – conexiones interneuronales - que se construyen incesantemente en el cerebro. Nuestro cerebro es una máquina de pensar extraordinaria, que emplea sus recursos electro-químicos para construir el hardware que soporta el software conceptual. Al revés de lo que ocurre en el mundo de la computación, en el cerebro el software construye el hardware, aunque sea en parte. Todas las personas poseemos cerebro, pero a la vez todos tenemos estructuras sinápticas diferentes, que representan nuestro mundo individual de experiencias y conocimientos adquiridos. En cierto modo la citoarquitectura cerebral es semejante a la disciplina de la arquitectura, que emplea en todos los casos ladrillos, cemento, concreto, adobe, asfalto, etc. para estructurar puentes, edificios de muchos tipos, carreteras, hoteles, fábricas y todo tipo de construcciones. Del mismo modo todos empleamos oxitocina y otros neurotransmisores para construir nuestra estructura sináptica, pero no todos lo hacen del mismo modo ni con los mismos resultados.

El concepto “Familia”, como todos los demás por supuesto, procede de varias percepciones de diversas procedencias, tanto emocionales como intelectuales. Una de las más importantes es nuestra propia experiencia de familia, construida en nuestros primeros años y por lo tanto bien metida en nuestra estructura mental. Vale la pena indicar en este punto que la evolución parece haber introyectado en nuestros genes – al final, los portadores de las instrucciones de construcción de sinapsis – algunas estructuras proteínicas que favorecen una determinada percepción de la estructura social, del mismo modo que ocurriría con los lobos que se agrupan en manadas o las aves en bandadas. Es decir hay un sustrato previo, originado en algunos centenares de miles de años de evolución, al que se le añade una suma de percepciones individuales estructuradas culturalmente. Este sería el hardware primigenio, anterior a toda construcción de software. Las percepciones son tanto emocionales como intelectuales, pues que somos seres que hemos heredado genéticamente la capacidad de vivir las emociones, y también la capacidad de reflexionar, pensar, razonar y construir pensamientos conscientes estructurados acerca de nuestras emociones y nuestro entorno. El asunto es complejo y no pretendo agotarlo, pero bien puedo introducirlo.

Condicionamientos de la Definición

Percibir la realidad de una determinada manera y construir conceptos alrededor de ella es algo que los seres humanos hacemos porque lo hacemos, del mismo modo que la araña teje su tela porque eso es lo que hace la araña. En cierto modo podríamos decir que la araña es una máquina biológica de tejer, como los seres humanos lo somos de pensar. Pero cuando nos metemos a la Definición estamos ya decididamente en el terreno propiamente humano de la Cultura. Porque “definir” es una operación mental de carácter racional, que expresa la capacidad de clasificar nuestras percepciones, generalizándolas más o menos según el caso, y esto es una operación mental más o menos consciente. Volvamos al concepto “familia”. Este se puede definir de diversos modos, y por lo general tal definición suele depender del entorno cultural en que se ha nacido. Si naciste y creciste en una sociedad determinada, eso te predetermina hacia algunos tipos de construcción conceptual, quieras que no. Hay elementos genéticos comunes a todas las culturas, pero lo cierto es que inuits, estadounidenses de Minnesota, matsiguengas, sudafricanos blancos, parias indios, lapones, beduinos errantes, tamiles, pintjantjanjaras australianos, parisinos, moscovitas, nubios, mapuches, etcétera, tienen – tenemos – concepciones diferentes de familia, y por lo tanto definiciones diferentes de familia.

Además de esta relativización cultural del concepto “familia”, hay otras, que se las debemos al esfuerzo de filósofos, científicos y demás intelectuales, entre los que destacan los Maestros de la Sospecha. Charles Darwin y sus continuadores nos hicieron saber que un enorme porcentaje de lo que tenemos en la cabeza es lo mismo que tienen los otros animales, y de hecho nos devolvió a nuestra condición de simios evolucionados. Sigmund Freud y Carl Jung introdujeron el Inconsciente como instancia mental, sobre el cual sobrenada nuestro consciente, en apariencia donde reside nuestra capacidad racional de definir, evidenciando que cuando definimos no lo hacemos solamente con nuestras mentes racionales conscientes, sino también con nuestros contenidos latentes más o menos inconfesados, que pugnan por salir a la luz. Otros psicólogos y antropólogos plantean el tema del desarrollo, que nos indica que aunque yo soy la misma persona cuando tenía tres años que a los diez, los treinta o los cincuenta; sin embargo también estoy cambiando constantemente, y por lo tanto mis construcciones mentales cambian y evolucionan según las experiencias que vivo y los conocimientos que acumulo u olvido. Karl Marx y otros pensadores señalaron la importancia de la clase social en la que se nace, y cómo ésta predetermina nuestro aparato ideológico de manera más o menos estereotipada. David Cooper y los anti-psiquiatras han desmenuzado el concepto de familia quitándole, de una vez por todas, el encanto que alguna vez pudo tener. Los filósofos modernos y postmodernos han enfatizado esta relativización del concepto de ser humano y de familia, y por lo tanto han hecho algo de eso que el ser humano sabe hacer tan bien, que es cuestionar lo que existe.

Definición y crisis postmoderna

Se nos dijo siempre que no hay que pensar tanto, cuanto pensar bien. Esta diferenciación entre lo cuantitativo y lo cualitativo alude a las reglas que se supone se debe seguir cuando se trata de pensar de modo racional. Si se siguen esas reglas se supone que estás “pensando bien”. Estas reglas proceden cuando menos desde Aristóteles (Definiendum, definiens, genus proximum, differentia specifica) y han conocido un enorme si bien desigual desarrollo tanto desde la Filosofía (falacias, paradojas), como desde la Lógica Formal y las Matemáticas (Teoría de Conjuntos, Formalización, Teoría de clases, etcétera). Se entiende que el lenguaje científico – fortaleza última de la racionalidad – está estructurado sobre este tipo de pensamiento, y en gran medida la formación profesional es la estructuración de las experiencias sociales alrededor de ciertas disciplinas, de acuerdo a estas reglas de construcción. El clamor generalizado actual de la recuperación de la Tesis para optar el Título Profesional obedece no tanto a que los conocimientos sean insuficientes en cantidad (de hecho siempre lo son), sino a que nuestros egresados son bastante incapaces de operar lógicamente, y la Tesis es, básicamente, la demostración de que se sabe pensar. Dado el estado actual de los sistemas educativos, no hay garantía que la gente piense, efecto colateral de una suerte de desconfianza frente a la inteligencia, cuyos efectos no siempre son previsibles. Dado que el soporte evidente del pensamiento racional son los resultados, es decir la eficacia y utilidad de este modo de pensar, pensamos racional, lógica y científicamente por la razón más simple del mundo: Porque funciona. Y funciona desde ciertos objetivos que se determinan a priori, es decir, “desde antes”, lo que es una manera de decir “desde fuera” del pensamiento racional.

La postmodernidad ha denunciado y criticado, a mi modo de ver con justicia, el anquilosamiento de determinados modos racionales de pensar, que presuponen objetivos y contenidos latentes ideológicos previos y que no hacen más que justificarlos, adjudicándoles contenidos de valor como “correcto / incorrecto” y “verdad / falsedad”. La consecuente relativización de toda Definición ha llevado a la idea generalizada de que todos los conceptos son más o menos equivalentes, intercambiables e igualmente valiosos o deleznables según el individuo que los profesa. La crisis del lenguaje en cuanto portador de contenidos – vehiculada por el pensamiento de Wittgenstein, Russell, Whitehead y otros – nos lleva a entender que el lenguaje oculta tanto o más de lo que muestra. Por ende tenemos tres reacciones sociales contrapuestas, pues el equilibrio conceptual inestable resulta poco soportable para la mente humana.

Algunas reacciones intelectivas

Emplearemos el concepto de “familia”, tan bueno como otro cualquiera. Asumiremos como metáfora la visión del caminante en una encrucijada. Frente a una generalizada y devastadora crítica de los absolutos, que incluyen al concepto y la definición de “familia”, el caminante se detiene y debe tomar una decisión vital y existencial, y en ello hay cuando menos tres reacciones posibles:

1.       Detenerse. Esto parece ser lo más común. El camino pierde su sentido, no hay por qué continuar andando, y mejor nos estacionamos para siempre en el sitio, dejamos de hacernos problemas y pensamos en otras cosas más prácticas. Entonces tratamos de meternos en la inconsciencia, y dejar pasar las cosas, con lo que en la práctica nos convertimos en veletas que giran según la dirección del viento. Pero como habíamos llegado hasta acá, esto se cobra su peaje, y entonces nos convertimos en quejosos profesionales, que lamentamos el estado de cosas sin meter la mano en ello, sin tratar de mejorar las cosas, y más bien incluso criticamos a aquellos que tratan de hacerlo como reflejo de nuestra propia culpa no asumida. Vale decir, nos ubicamos en el tendido a ver los toros, y comentamos con autosuficiencia lo que hace el torero, pero sin meter la mano, porque el toro suele cornear. Así hablaré de la Familia, de lo mal que está, de lo importante que es, pero todo eso será un simple saludo a la bandera, pues no haré nada al respecto.

2.       Retroceder. Esto es, como me da miedo avanzar hacia la indeterminación y el desencantamiento, y me da miedo hacer uso de la libertad de mi pensamiento, entonces retrocedo hacia una Autoridad que me dé la seguridad de que carezco. Esta Autoridad puede provenir de las Iglesias, las Ideologías o incluso del New Age. Renuncias al penoso trabajo de pensar y le entregas tus creencias y pensamientos a lo que te resulte más cómodo, y además pagarás el precio entregando tu autonomía. Una ventaja de la postmodernidad es su relativismo, así que mientras creas en la “energía”, “Dios”, o cualquier panteísmo o cosa que termine en ismo, todo va bien. Entonces tus fuentes de autoridad serán los libros sagrados de toda especie, poseerás la Verdad, más que sea por delegación de la Autoridad. Y así te sentirás seguro, gracias a la autoaplicación de una lobotomía emocional del lóbulo frontal, donde está – estaba - tu voluntad. Y creerás que opinas sobre la Familia por ti mismo, como sobre cualquier otra cosa, aunque en la práctica solamente serás caja de resonancia de otros.

3.       Caminar hacia delante. Vale decir, tratar de avanzar con el mundo, y arriesgarse a pensar por uno mismo. El camino es imprevisible, no se sabe a dónde vas ni a donde te conducirá. Eres el torero con el toro, y con el respetable en contra, comentando tus lances o tu ausencia de lances desde la platea. Si tienes un buen sentido de la aventura de estar vivo suele ser muy gratificante, pero a la vez te introduce en una gran soledad, a no ser que encuentres a otros galifardos como tú, pero eso es muy raro, así que tendrás que acostumbrarte al exilio interior, pues si hablas, los que se detuvieron y/o anquilosaron, te criticarán sin piedad y casi siempre sin fundamento. Y terminarás reaccionando a las tonterías que te digan o que escuches. Eso, claro está, si te compras el pleito. En lo que a la Familia se refiere, tu visión tratará de ser propia y realista, y aunque no siempre lo consigas, tratará de ser objetiva. Y no es que lo logres, pero en el intento está la cosa.

Por supuesto, esto representa únicamente mi idea sobre el tema. Y es discutible y espero que se discuta. Porque me creo el cuento de que estoy avanzando, aunque de repente esto no resulte así, pero en todo caso lo considero preferible a quedarse plantado en el sitio o a aceptar una Autoridad por aceptarla.

Colofón

Según parece nuestra ministra de la Mujer – Familia, perdón – tiene su situación clara. Prefiere la Autoridad metafísica platónico-cristiana y rige su acción política de acuerdo a ella. Ello no es necesariamente negativo en cuanto a los resultados previsibles, pues de proposiciones falsas pueden derivarse proposiciones verdaderas, según las leyes de la Lógica Formal. Asimismo, el reino de la política es el reino de las opiniones y las pasiones, y quien sabe no lo haga tan mal después de todo, pues una cosa es el intelectualismo y otra la acción política. Pero aún así no podemos menos que observar la dificultad para pensar de manera independiente y propia, que ahora circula de Sócrates a Platón. La Autoridad asumida porque es Autoridad siempre es cosa de doble filo. Se supone que una Autoridad que lo es por sus demostradas capacidades y resultados puede ser interesante de seguir en ciertos aspectos, pero entiendo muy instrumentalmente que no se resuelven los problemas de hoy retrocediendo hacia los paraísos perdidos del ayer, por más que Platón, Sócrates y Aristóteles les den soporte. Ellos en todo caso serían los primeros en poner en cuestión sus propios pensamientos, y nos parece que es esto lo que deberíamos aprender, antes que a seguir mecanicista e ideológicamente sus ideas. Seguiremos la acción desde nuestra perspectiva, y veremos.

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domingo, 11 de diciembre de 2011

LA GUARDIA DE SÓCRATES


“Es un error capital teorizar sin datos” (Sherlock Holmes, personaje de Arthur Conan Doyle)
“¿Quién vigila a los vigilantes?” (Juvenal)

Sismo político

El sismo político producido ayer sábado es sumamente interesante. Si un terremoto pudiera planificarse, no podría haberse planificado mejor de cara a los actores políticos. Los medios de comunicación fueron cogidos de sorpresa, porque nadie se espera que algo realmente serio pase un sábado por la noche. Los apresurados artículos y birlibirloques sacados de la manga por el periodismo este domingo, y los diversos intereses en juego presentado así lo demuestran. Muchos no sabían qué estaba pasando, y trataban de ponerse al día de los acontecimientos a toda turbina. Lo cierto es que la renuncia de Lerner se veía venir, y las sorpresas no vienen tanto de ese lado, sino de la forma, de los discursos, de los cambios y de las personas que los ejecutarán. Este sismo ni tiene tantos grados en la escala de Richter, ni tantas ondas longitudinales como a los catastrofistas les gustaría. Apenas un remezón que asusta, pero no destruye.

Pero para algunos sí. Las cabezas que ruedan y dejan regueros de sangre por las paredes de asesorías y ministerios perciben fuerte el sismo, pero esa es una percepción de parte, si bien convenientemente aireada. Los del otro extremo se congratulan de las destrucciones producidas, ya habían vivido su propio sismo antes, en todo caso. Era más que obvio que tarde o temprano el oficialismo tenía que hacer exactamente lo mismo que hicieron sus homólogos del continente, que es darse el espacio para gobernar, y por eso deberíamos tratar de ver el asunto en un contexto más amplio. Las formas y los resultados suelen ser diferentes. La extrema izquierda se equivocó al tratar de forzar la mano cuando se imponía por su propio peso una política bastante menos chabacana. La extrema derecha trata, y seguirá tratando, de recuperar todos los resortes del poder que pueda, y por supuesto recargará las tintas en la “inestabilidad” y el “fracaso”. Titulares bacanes, grandes chichones y poco más.

Cometer seppuku

El seppuku o harakiri es una costumbre que, en pocas palabras, se produce cuando alguien, por honor, se suicida. La extrema izquierda no aceptó el papel subordinado que le tocó, y sintiéndose llamada a destinos más altos, sacó al fresco sus cuadros y, tal como en el arequipazo de la época de Toledo, trató de imponer sus condiciones. No me meto con la justicia de la causa, que Dios defiende, solamente con la parte política del asunto. Tratóse de empujar al gobierno hacia la izquierda, basándose en los cuadros de izquierda ya instalados en él, y la maniobra salió cuadras. El cálculo resultó erróneo desde todo punto de vista, lo que podríamos atribuir a la entusiasta contemplación del propio ombligo de parte de ciertos personajes y comisiones políticas. Ni el tiempo era el adecuado, ni la correlación era favorable, ni las experiencias anteriores en otros países mostraban éxitos en este aspecto. Que un extremo del espectro político le entregue el poder al otro ha ocurrido antes. Cierto es que la convivencia entre diversos sectores en el Gabinete tampoco fue que trajo la solidez necesaria. Así que cuando se habla de “ajuste”, no parece ser una finta.

El arequipazo de tiempos toledistas trajo como consecuencia un debilitamiento general del gobierno durante la época de Toledo. Ese debilitamiento lo provocó la izquierda incendiaria y lo usufructuó la derecha congelada. Un gobierno débil es un riesgo que el Presidente Humala no puede correr de ninguna manera, si pretende lograr lo que se propone. Y así, cuando la extrema izquierda trata de empujar el asunto hacia un lado, lo único que podía ocurrir era que el hombre se plantara sobre el sitio y exactamente eso ha hecho. No falta quien le proponga al Presidente la alianza con el fujimorismo, derecha congelada aspirante a representar a toda la derecha, y ahí el riesgo de caerse al otro lado es real aunque improbable. No creemos que esto pase, pues no faltan actores políticos muchísimo más potables, adecuados y realmente aportantes. Juntarse a la derecha congelada no tiene sentido ni siquiera cuando hace calor. Se muere uno igual en el desierto del Sahara que en la Antártida. Si hay que salirse de los trópicos políticos no hay necesidad de dirigirse a las regiones polares. Hay espacios mucho más templados, y el costo político nos parecería funesto para la gobernabilidad.

La Guardia de Sócrates

No vamos, como nuestro héroe Sherlock, a teorizar sin datos. A estas horas no sabemos quienes conformarán el nuevo Gabinete, dato que nos dará en parte la conformación del nuevo tablero, quienes se van, quienes se quedan, y por qué se fueron unos y entraron otros. Habrá seguramente hartos rumores hoy hasta que se sepa la composición del Gabinete, la mayor parte serán especulaciones dirigidas a imponer agendas. Pero lo básico a estas alturas ya se sabe, y sobre el detalle diremos algo más, una vez que sepamos quienes ejecutarán. Como es obvio, las políticas económica y de inclusión social – columnas gemelas de la política de este gobierno – se sostienen, y el tema no está en su sentido, que a estas alturas está muy claro, sino más bien en el cómo garantizar que estas columnas se sostendrán sin ser remecidas desde la izquierda y la derecha del espectro político, en especial mirando hacia la crisis mundial que se avecina. Y aquí pareciera que la tesis de los “guardianes socráticos” resulta importante, al tratar de crear una base para apuntalar el edificio de los próximos años con esa dicha tercera columna.

(Paréntesis: No dejó de causarme gracia que en la noche del sábado algunos supuestamente muy cultos periodistas preguntábanse hasta por el túiter qué era eso de los “guardianes socráticos”. He notado que muchos periodistas son terriblemente petulantes y que aceptar en público que exista un tema del que no saben, o que no encuentren fácil en wikipedia, pone frenético a algunos. Nosotros, que no somos periodistas sino docentes, menos mal no tenemos que hacerle creer nada a nadie, qué alivio. Nosotros cuando sabemos, sabemos, y cuando no sabemos, pues no sabemos, y por eso aprendemos. )

El Discurso del Presidente en Ayacucho por el Día del Ejército – 9 de Diciembre, aniversario de la Batalla de Ayacucho – y la repentina renuncia del Premier Salomón Lerner tienen así evidente relación. La apelación del Presidente al tema ético-moral está definido sin duda por la política de coyuntura, pero obedece también a una estructura mental del cómo enfrentar los problemas políticos. No deja de tener cierto valor establecer criterios éticos en los temas políticos. Para los que no sepan – que no es un crimen no saber, lo es quedarse en la ignorancia – los guardianes socráticos a los que el presidente aludió pueden encontrarse en uno de los Diálogos más conocidos del filósofo griego Platón, “La República”. Me dirán que en ese caso son platónicos, pero lo cierto es que Sócrates, que no dejó nada escrito, es conocido por su discípulo Platón, que sí escribió haciéndolo el protagonista de sus Diálogos. Podemos discutir hasta la saciedad la influencia de uno sobre el otro, o la fidelidad de Platón al transmitir las ideas socráticas, pero eso no viene al caso ahora.

Quién vigila a los vigilantes

El Diálogo “La República” ha levantado muchísimo debate, porque para algunos es epítome del buen orden político que garantiza la gobernabilidad, mientras que para otros es la peor de las dictaduras posibles, dada la eternización de una estructura social congelada, que incluye la clase de los Guardianes. Llama la atención que estos Guardianes que sostienen las estructuras del Estado en funcionamiento sean los que gobiernan, pues por sus características solamente ellos poseen las condiciones éticas necesarias para percibir y querer el interés común de todo el Estado. Solamente así me parece se puede entender la alusión del presidente al Servicio Militar Obligatorio. Puede que no nos guste la idea, pero lo cierto es que si para alcanzar la condición de la ciudadanía hay que pasar por la milicia, hay un curioso elemento democratizador presente.

Los Guardianes, además, poseen los atributos del filósofo en la medida que por sus características son los que reflexionan más a profundidad sobre el Estado, motivados por su exclusivo interés en su defensa y permanencia. Esto es arriesgado, pues puede confundirse fácilmente la posesión del garrote con la de la razón. Otro rasgo interesante de los Guardianes es que, según Platón-Sócrates, no deben tener acceso a la propiedad privada, ni a la familia, y es bastante obvio que en la actualidad las Fuerzas Armadas son lo que más se parece a esta Guardia de Sócrates, en la medida que sus intereses familiares y pecuniarios están subordinados a – y cito al presidente – la Disciplina Militar. La apelación a los valores morales de los guardianes corresponde, por supuesto, al mundo platónico ideal, pues el pensamiento político griego clásico buscaba en medio de sus crisis políticas grandes sistemas ideales que resolvieran de una vez por todas los graves problemas que afrontaban. Los romanos no eran tan buenos teóricos como los griegos, pero sí políticos mucho más prácticos y sutiles, y en evidente sarcasmo y cachita dirigidos a Platón, el poeta latino Juvenal preguntaba con sorna: Quis custodiet ipsos custodes? Es decir ¿Quién vigila a los Vigilantes? Si bien Platón presupone que ellos se vigilarán a sí mismos, estamos ante un tema político de grandes proporciones.

Guardianes y Conflictos Sociales

El tema de cómo afrontar los conflictos sociales, en relación con el tablero político y las estructuras de poder realmente existentes, resulta en un tema de realpolitik. Sin embargo, muchos actores políticos los tratan como si fueran una cuestión ideológica. Las estructuras políticas se construyen en base a la sucesión de coyunturas, y representan los tiras y aflojas entre el programa – la Hoja de Ruta – y el estado del tablero político en el corto y mediano plazo. No hemos aprendido aún a hacer política realista y conveniente, realmente pragmática. Desde una perspectiva ciudadana aún estamos tratando de empujar las cosas sin considerar el entorno político, siguiendo más al propio hígado que al conjunto de lo que existe. Las interacciones hepáticas han terminado por producir el conjunto de torpezas políticas que nos ha llevado a este punto.

Nuestro orden constitucional es claro: El Jefe de Estado lo es también del Gobierno. La Gobernabilidad es su chacra, y por ello delega funciones, no responsabilidades. El Presidente del Consejo de Ministros posee gran importancia, después de todo el Jefe del Estado lo convoca como el Gran Coordinador de sus Políticas, pero es obvio que si las Políticas que el Jefe del Estado pretende ejecutar no se ejecutan o se ejecutan de una manera que no le parece, pues tiene la libertad de decidir el cambio, en especial cuando la realidad lo empuja. Contrario sensu, el Premier puede renunciar, precisamente por estar en desacuerdo con esas políticas o el modo de implementarlas. Los conflictos sociales no se afrontaron debidamente pues un gabinete arco-iris no luce tan funcional como parecía al principio. Introduce así el jefe del Estado un tercer actor, que a algunos puede que les guste más que a otros. Pero que lo mete, lo mete. Creo que más no podemos decir por el momento. Veremos cómo se desarrollan los acontecimientos. 

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