martes, 8 de marzo de 2011

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE VIOLENCIA ESCOLAR Y MATONERÍA - BULLYING


ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE VIOLENCIA ESCOLAR Y MATONERÍA - BULLYING


"El conocimiento - esto es, la educación en su sentido verdadero – es nuestra mejor protección contra el prejuicio que no razona y el miedo que produce pánico, ya sea que éstos nazcan de algún interés especial, de minorías restrictivas o de líderes aterrados."
Franklin D. Roosevelt







Me pidieron hace un tiempo que me manifestara al respecto de lo que ocurre en las Instituciones Educativas, y que se expresa en el término de moda Bullying. No me gusta la palabreja. Lo que se quiere expresar con ella constituye un problema real, pero y para variar, lo hemos percibido cuando la palabreja nos llegó desde norteamericanas latitudes. Y desde que es importado y corresponde a una realidad propia de los Estados Unidos y países anglosajones en general, entiendo que el haber “descubierto” este muy real problema a través de ojos ajenos significa que los parámetros con los que se trata el tema pueden no tener mucho que ver con los de nuestra realidad. Empezando por la manía de emplear palabras en idioma extranjero cuando no son necesarias. La lengua de Cervantes cuenta con sinónimos apropiados, entre los que “Matonería” me suena interesante, y resulta muy adecuada traducción para la palabreja de marras. Naturalmente no daremos coces contra el aguijón ni nos haremos problemas por una palabra, así que la trataremos provisionalmente como matonería – bullying, con la idea de que nos entiendan. 

Violencia escolar y matonería - bullying

El término Violencia Escolar está muy vinculado al de matonería – bullying, aunque parece ser mucho más general. Aludiría a toda clase de violencia que se ejerce al interior de las Instituciones Educativas, la que proviene de todos los actores y se dirige a todos los actores; Directivos, docentes, discentes y padres y madres de familia. Se incluiría la violencia desde y hacia el interior de cada uno de estos grupos. Este tema se manifiesta así extraordinariamente amplio y merecedor de un estudio en profundidad. Por lo que sabemos hay aproximaciones muy solventes. Hemos visto mucho, por ejemplo, sobre las relaciones entre Estado y Sindicato, entre Directivos y Docentes y entre Docentes y Alumnos. Relativamente poco hemos visto sobre los organismos educativos intermedios tipo UGEL o DRE, y se lo merecerían. Hace falta, definitivamente, una profunda mirada de conjunto.

Naturalmente, el espectro de la Violencia Escolar incluye a la matonería-bullying. Sin embargo, hemos encontrado que algunos investigadores asumen el concepto Violencia Escolar como sinónimo perfecto de matonería – bullying, y creemos que esto es un reduccionismo. Hay una forma de lenguaje que esconde, así como hay una forma de lenguaje que muestra. Igualar la matonería – bullying con la Violencia Escolar oculta la violencia que proviene de actores que no son alumnos. Es violencia la toma de colegios, que expresa conflictos entre padres y madres de familia con profesores y directivos. Es violencia que colegios de paga máxima coloquen cámaras de video en baños y salones para “monitorear” a alumnos y profesores. Es violencia la asignación de profesores a ciertas instituciones educativas vía pago de cupo, así como la rotación desmedida y manipulada de éstos. Es violencia el que muchos profesores estén obligados a empezar clases el martes y terminarlas el jueves en los colegios rurales. Es violencia forzar exámenes de evaluación docente con parámetros políticos, y además entregar las pruebas previamente a los profesores del partido propio. Es violencia aumentar las pensiones sin criterio racional alguno. Es violencia – y una trastoque del sentido de la escuela - que una institución “educativa” tire por la borda alumnos porque no cumplen un “perfil”. Es violencia que tras once años de escuela los alumnos no sepan leer correctamente. Es violencia la existencia de escuelas unidocentes y multigrado. Y la lista podría continuar indefinidamente. Veríamos que todos los actores están vinculados de uno u otra modo. La violencia es un hecho social evidente, la escuela no está aislada ni de la sociedad ni de la cultura. De repente la matonería – bullying no es solamente un tema de escolares en un salón de clase.

Qué es la matonería - bullying

Sin embargo, la matonería – bullying es definido por algunos como un tema de salón de clase, de violencia entre pares, aunque en el marco de las relaciones formales que se establecen en la escuela. Podemos deducir entonces tres actores, no dos: Victimarios, víctimas e institución formal (Esta última representada por profesorees y Directivos). La matonería - bullying se presenta principalmente en las Escuelas, pero también en las Universidades e Institutos. Entre sus características se dice que esta violencia puede ser física, verbal, psicológica, directa, indirecta, e incluso virtual. Que existen agresores victimarios y agredidos víctimas. Que es el ejercicio de una violencia “ilegítima”. Sus consecuencias van desde el daño psicológico y físico hasta la deserción y abandono de los estudios, el ausentismo y el fracaso escolar. Se correlaciona con otros problemas sociales, como el racismo y la xenofobia, la intolerancia frente al inmigrante, la homofobia, la discapacidad, los desórdenes de la conducta y del aprendizaje, las dificultades para establecer la identidad personal, la inserción laboral de los jóvenes. 

La definición de la estadounidense No child left behind act (NCLBA) es interesante: El término bullying en tanto se entienda como acoso escolar, se aplica a “aquellas conductas relativas a la identidad de un alumno, o a la percepción de esa identidad, concernientes a su raza, color, nacionalidad, sexo, minusvalía, orientación sexual, religión o cualesquiera otras características distintivas… siempre que…entorpezcan significativamente las oportunidades educativas o la participación en programas educativos de (los) alumnos; (y) perjudiquen la disposición de un alumno a participar o aprovechar los programas o actividades educativos del centro escolar al hacerle sentir un temor razonable a sufrir alguna agresión física”. El centro del problema de la matonería – bullying podría tener relación con la formación de identidad, en la que el sistema educativo tiene un papel de primera línea.

Violencia escolar y expectativas sociales en la educación

No hace mucho encontré un par de textos que me parece pueden ayudar a encuadrar algunos aspectos generales de nuestro tema: El primero es de 1923, del antropólogo Clark Wissell, y dice así: “Nuestra cultura se caracteriza por una predominante creencia en algo que llamamos educación – una suerte de mecanismo destinado a hacer propicios los designios de la naturaleza en la manifestación de cultura. Nuestra fe implícita es que esta fórmula, o método, permitirá el cumplimiento más feliz de tal finalidad, (esa) es nuestra religión verdadera. (….) Nuestra fórmula suprema para llevar a término la realización de nuestros más caros ideales es la educación … Es una especie de gran fórmula mágica con cuya ayuda esperamos perpetuar y perfeccionar nuestra cultura.” En corto, creemos en la educación como panacea social en la misma medida que nuestros antepasados creían en Aia Paec o Pariacaca. Cuando percibimos problemas sociales convocamos así a esta entidad metafísica y pontificamos: “Esto se arregla con Educación”.

El otro texto es del clásico Emile Durkheim, que dice así: “(La educación) es sólo la imagen, el reflejo de la sociedad. La educación imita la sociedad y la reproduce de manera compendiada (…) La educación es sana cuando la nación misma goza de buena salud; pero, por carecer del poder de modificarse a sí misma, se corrompe cuando la nación declina. Si el medio ambiente moral, tal como es experimentado por los maestros mismos, es corrompido, es inevitable que sean afectados por él. (….) Estamos girando en círculos.” Y otra vez en corto: La sociedad determina la educación, no la educación a la sociedad. Una sociedad corrupta y violenta produce una escuela corrupta y violenta.

Como sociedad peruana estamos dando vueltas en círculos alrededor de dos creencias tan contradictorias como opuestas: Por una parte, tenemos una fe mágica en que "la escuela" (o un ente más metafísico aún: "la educación") dará solución a todos nuestros problemas, Por otra parte, que "la educación" nos hará progresar para salir de nuestra situación de subdesarrollo. Estas creencias se expresan fuertemente en los programas electorales y reflejan difundidas creencias sociales. No me gusta decirlo, pero me temo que tanto en un caso como en el otro nos engañamos a nosotros mismos con excesivo entusiasmo. 

En primer lugar, la educación no es palabra mágica ni actividad por la que tras dos sinsaravinos y algunos pases mágicos sacamos gentes educadas; ni tampoco la educación es la palanca que nos sacará adelante, cuando menos no sola, a no ser que consideremos que dotar a Estados Unidos, España, Italia, Japón, Brasil y otros países con nuestros 3 000 000 de peruanos migrantes más talentosos sea la gran contribución de la educación peruana para el desarrollo.

Entorno social de la matonería - bullying

¿Qué tiene que ver todo esto con la matonería – bullying? Se supone que es función de la escuela enseñar a convivir estableciendo relaciones humanas con soporte en el amor, asumido como valor supremo. La fuerza y el ejercicio de la violencia nos repugnan explícitamente, y las rechazamos. Deseamos que las relaciones de convivencia se basen en una visión de futuro compartido por todos los que habitamos este pedazo de tierra bajo el sol, sostenido por un común sustrato de afecto, trabajo y conocimiento. Deseamos que las escuelas sean espacios abiertos, amables, bulliciosos de actividad física y mental. Deseamos que las escuelas proporcionen el afecto y saber que tanta falta nos hace como sociedad. Deseamos que sean lo que deben ser: espacios de aprendizaje.

Bueno, esa es la teoría. Y es un sueño hermoso, pero me temo que es un sueño, aunque digno de ser perseguido. No es posible que el sistema educativo se aísle de una sociedad corrupta y violenta como la que tenemos para transformarla desde afuera. El sistema educativo es un resultado de la sociedad peruana tal como esta es, no tal como nos gustaría que fuera. Nos guste o no, la educación es corrompida y violenta y frustrante porque la sociedad peruana es corrompida, violenta y frustrante. Tratar la matonería – bullying como si fuera un problema aislado equivale a curar el cáncer a la piel poniendo curitas en las escaras. Sí, ya sé que es triste y que suena horrible. Pero es obvio que resolver este problema no pasa por medidas de contención, control y represión arbitradas desde la Escuela. La represión de conductas anómicas es también violenta, aunque a diferencia de la matonería – bullying, sea legítima, separe a la víctima del victimario y contenga la situación de abuso. La matonería - bullying seguirá siendo un problema escolar mientras no asumamos nuestros conflictos en todos los niveles y no arbitremos formas de resolverlos como nación y como sistema educativo.

Ghettosmatonería - bullying

Claro que el problema no apareció con la palabra, estaba allí hace muchos, muchísimos años. El conocido cuento Paco Yunque de César Vallejo, nos golpea en nuestras emociones no solamente porque está muy bien narrado, sino porque da cuenta directa y frontal del modo en que la violencia de los conflictos entre clases en la sociedad se traslada al aula, que es correa de transmisión de las diferencias sociales de generación en generación. El personaje Humberto Grieve es por todo concepto un matón, un faite, un compadrito, un “bully” que agrede para dominar al hijo de la cocinera en el salón de clase. Paco Yunque construye su identidad de aplanado. El profesor ve pasar el asunto. La historia de Paco Yunque ya no nos pega como solía hacerlo porque hoy es virtualmente imposible encontrar un colegio no público en el Perú, donde algunas clases sociales se arrejunten y se miren. Hemos alcanzado en los NSE A, B y parte del C el estadio del ghetto, apenas ligeramente quebrado por actividades de bien social, algunas positivas como mecanismos de integración social. En otro artículo nos hemos referido a la formación de ghettos desde la perspectiva de políticas sociales que sean algo más que beneficencia disfrazada. 

Lo cierto, real y efectivo es que ahora el sentido de pertenencia a las clases sociales está más instrumentado que nunca desde el sistema escolar. Y en eso el cuento Paco Yunque sigue vigente. El efecto de la educación privada es reunir en el mismo espacio a los hijos de las personas de ingresos aproximadamente iguales. Lo propiamente educativo es secundario. Observar la costosa publicidad de ciertos colegios particulares es ver empresas que publicitan sus logros para provocar la compulsión de compra. La lógica mercantilista es la de trasladar los costos de ventas y publicidad al consumidor,y no es extraño que los costos de pensiones hayan subido en pocos años de un 30 al 40 % en ciertos segmentos, según reciente investigación periodística de El Comercio.

Formación de Identidad y matonería - bullying

Por lo tanto, la matonería – bullying por sí sola no expresa la violencia entre clases sociales, porque éstas están en sus ghettos escolares, y se mezclan poco. La violencia escolar introyectada y expresada en la matonería – bullying es muchísimo más insidiosa, más sujeta al trauma de la adaptación personal a un grupo, más interiorizada en el alma de los alumnos, más pegada a las diferencias culturales entre los padres de los niños. En suma, más cercana a la formación de identidad. Puede distinguirse en los niños y niñas que se comportan agresivamente frente a las diferencias tal como las perciben, en la expresión infantil de las disfuncionalidades familiares mal asumidas y trabajadas por la Escuela, en los estereotipos de conducta funcionales a la contención y adaptación a un cierto perfil, en la división entre alumnos de alto rendimiento y la morralla que proporciona las pensiones para que los del primer grupo tengan todas las ventajas, en la diferenciación en el aula entre niños que acceden a los gizmos de moda – celulares, iPods, etc. –y los que no. Hoy en día las Escuelas muestran más entusiasmo en separar a los alumnos que no cubren el “perfil” que en resolver problemas educativos. Como dicen en los buques, los tiran por la borda. Este rechazo de la Escuela suele ser destructivo en el desarrollo de la identidad y por ende en el futuro de un alumno. Me pregunto si la expresión peruana de la matonería – bullying se limita a los alumnos. Muchas Escuelas ejercen la matonería – bullying con los padres de familia y/o con sus profesores. El Estado, principal empleador educativo, también es un matón con los profesores a los que emplea, en especial los contratados. Los entes intermedios sirven de filtro para ubicar a los profesores en determinados grupos, en función de intereses que poco tienen que ver con lo educativo. Parece ser sólo natural que esta relación de anomia institulizada, invisibilizada y mal contenida llegue a los alumnos por mímesis y currículum oculto, y ellos la expresen a su modo. El ejemplo arrastra. En las dos direcciones. 

Cuando un alumno de la escuela de Columbine toma una carabina y liquida a todo títere con cabeza que tuvo la mala pata de pasar por ahí, nos entristece y nos preguntamos qué tiene la sociedad norteamericana que produce tales estragos emocionales y físicos, con tan tremendas consecuencias. No miramos a la Escuela estadounidense, parece obvio que la Escuela no tiene gran responsabilidad, y es poco lo que puede hacer frente a casos patológicos. Ni defiendo ni ataco al sistema educativo de los Estados Unidos cuando digo que es obvio que de él no depende el problema de la venta y posesión de armas de fuego.

Cuando en nuestro país un chico hiperactivo y desadaptado le rompe el alma a otro por el delito de tener un iPod o un celular que él no tiene, o por mostrar conductas interpretadas como homosexuales, o por mostrar un acento o color algo diferente, reproduce una situación de violencia escolar que está bastante más diseminada y es mucho más general que un problema entre pares. Es la punta de un gran iceberg, que se muestra donde la sociedad y la educación hacen crisis, como en Chile. De ahí podemos pasar al problema del pandillaje, pero en mi modesta opinión ambos problemas no se identifican sino de manera relativa. La matonería – bullying presenta un tercer protagonista que la Pandilla no tiene: la Institución escolar. Parece que los paganos de todo este tema son los alumnos y los padres y madres de familia. La única reacción posible de los atribulados padres de familia conscientes de estos problemas consiste en aislar cuanto puedan hacerlo a los niños. Ni la sociedad ni la Escuela tienen nada que ofrecer al respecto.

Tres medidas de emergencia

Pero tratemos de no escabullirnos al maximalismo. Se necesita una transformación social importante para resolver este problema y muchos otros que padece nuestra sociedad. Pero en un terreno quizá más limitado pero mucho más manejable, ¿Qué puede hacer la Escuela privada o pública, para atacar el Bullying? ¿Cómo responder a la emergencia? Se nos ocurren cosas obvias: 

Una es prevenir. Se previene desterrando la violencia escolar de la Escuela, y suena fácil, pero lo sencillo es difícil, porque en este caso nos metemos en el terreno del Clima Institucional, complejo como él solo y lleno de resistencias, pero que debe afrontarse para crear una escuela democrática, con contenidos positivos propios qué defender, donde las diferencias puedan convivir entre sí resolviendo conflictos y construyendo sociedad y patria. Y en este punto es imperativo encontrar maneras de asumir y resolver los conflictos que ponen frente a frente a los diversos actores en la Institución Educativa.

En segundo lugar, los primeros años de la primaria son esenciales para detectar eventuales problemas de formación de identidad, y por ende de matonería - bullying. Hay un lado positivo, el acompañamiento del proceso de formación de identidad, Por otro lado puede haber un programa de emergencia temprana. Claro que hay que tratar a los niños y niñas con el guante blanco que se merecen en esta etapa de sus vidas y no tirarlos por la borda. La presencia de especialistas expertos y motivados es esencial a este respecto.

En tercer lugar, dado que la matonería – bullying se manifiesta principalmente en el salón de clase y en los recreos, los docentes deben estar preparados para reaccionar inmediatamente al respecto, con autoridad y profesionalismo para cortar de raíz el abuso y poner al matón en una línea de tratamiento predeterminada, que trate el problema como problema y no como conducta a castigar.

Colofón

Estoy seguro que mucho se queda en el tintero. Sin embargo, estas consideraciones creo nos permiten acercarnos al tema. No son ideas enteras sino apenas retazos que deben ser completados, discutidos y diseminados para convertirlo en el tema nacional que indudablemente es. Y, por ahora, punto.