miércoles, 2 de marzo de 2011

ÉTICA Y POLÍTICA ESQUIZOIDE


Todo momento es bueno para atacar el tema de la Ética y la Política. Una campaña electoral en un contexto como el nuestro merece chequear las propuestas al milímetro, pero también es útil para reflexionar un poco sobre temas de perfil general y amplio. De ahí que examinar el deber ser político no solamente no es inútil, sino tarea impostergable. El uso de nuestra libertad política, que nuestro contexto social y cultural mediatiza de acuerdo a las fuerzas sociales en que nos sumergimos cuando nos introdujeron en este mundo, es una de las pocas posibilidades reales que tenemos de intervenir en nuestro entorno y modificarlo para hacerlo vivible. Por ello tanto interés embozado y desembozado en mediatizarlo. Y por ello también es tan necesario entenderlo so pena de que nos lleven por la nariz y nos controlen en vez de ser nosotros, “el pueblo”, los que controlen.

PENSAMIENTO POLÍTICO CRÍTICO

No hay tal cosa como un pensamiento político crítico positivo o negativo, hay sólo pensamiento crítico, y si es la sociedad humana la que está al revés y es pasible de crítica extrema, pues peor para la sociedad humana. Que lo digan en Oriente Medio hoy en día. Una primera cuestión a criticar en cualquier examen ético y político es que si bien la ética y la política versan sobre el “deber ser”, tendrían que partir de lo que “es”. La perspectiva ideal no deja de ser interesante, se parte del “deber ser” y de ahí se retrocede hacia lo que existe o se manifiesta. Sin embargo, debo preferir un anclaje en la realidad algo más aristotélico-orgánico en vez de platónico-matemático. Después de todo, la política está mejor organizada y pensada desde la perspectiva de Nicolás Maquiavelo que desde la de Fray Luis de León. No es casual que a “El Príncipe” se le haya opuesto “Política de Dios y Gobierno de Cristo”. La dinámica del pensamiento y la acción políticas se debaten entre la del “Príncipe de este mundo”, con la del “Buen Príncipe”.

Como tratamos de llegar a algunas certezas útiles, no a volar soñando con lo que debería ser, confrontemos el discurso manifiesto con el latente, miremos con lupa lo que es, empleando las herramientas conceptuales que hayamos podido adquirir en nuestra vida. En parte esto es para evitar caer en la desesperanza o el aburrimiento que una confrontación demasiado desinformada puede crear, en especial en el contexto político actual. Entender, “aprehender” algo, es apropiarnos de ese algo y ejercer dominio sobre él. Y la realpolitik es real. Intentemos, pues, ver las cosas desde ese punto de vista. Analicemos un poco el sentido de los compromisos adquiridos de los políticos con sus electores, que en general se expresa en los Programas y las Promesas electorales. No nos engañemos, aunque terminemos cínicos. Mejor cínicos que autoengañados.

POLÍTICA Y DISCURSO

¿Son los votantes a los que realmente se dirigen los políticos cuando establecen programas y promesas? Sí, en alguna medida. De hecho, en las elecciones el criterio que determina el triunfo de una u otra opción es el número de votantes que se manifestará al respecto. El importante poder de convencer a una mayoría es antiguo como la primera vez que los griegos se embarcaron en ese experimento llamado Democracia. Y los sofistas fueron los primeros que la Historia registra - seguramente de antes ya existía la tendencia –en decir claramente que la forma se imponía sobre el fondo. Vale decir, la capacidad para la retórica política se impone en la realidad sobre lo que se dice. Y eso depende en gran medida de la efectividad y eficacia del lenguaje empleado. El lenguaje político hoy en día es también iconográfico y simbólico. La palabra sola ya fue. Convencer no implica solamente presentar la realidad como es, es también en buena medida reformularla en discursos consistentes.

Influir en la conducta de voto de mucha gente es en definitiva muy importante. Hay dos aspectos que merecen tenerse en cuenta, y que provienen de la inmersión de la muy vieja Democracia en el relativamente nuevo Capitalismo. Giran alrededor del mercado como modo de organización de la vida: En primer lugar, la posibilidad de convencer a la población implica, tal como hacen los medios de comunicación, poseer condiciones para lograr una audiencia “cautiva”. De ahí la preeminencia de los instrumentos de marketing político. En segundo lugar, poseer una audiencia cautiva puede comercializarse, es decir comprarse y venderse. Guste o no, es lo objetivo en la manera cómo se hace política hoy en día. El problema de la ética-política incide entonces en lo subjetivo: Qué valora el político que influye a los votantes a través de su lenguaje. Es decir, qué clase de valores sostiene como esenciales en el discurso y en la realidad, y cuánta distancia existe entre uno y otro. Para los viejos y nuevos sofistas y para muchos políticos actuales los contenidos son más o menos intercambiables. Lo esencial consiste en poseer esa audiencia necesaria que me posicione en un mercado de bienes y servicios políticos, lo que me permitirá obtener suficientes medios para llegar a cada vez más audiencia, y con ello mejorar aún más mi posición en el mercado. Ello denota, como espíritu de la época, un relativismo ético y una distancia entre el discurso diseñado para conseguir y manejar una audiencia, y el verdadero contenido del discurso.

A QUIÉN SE DIRIGE EL DISCURSO POLÍTICO

¿A quién entonces se dirige el verdadero contenido del discurso político en vera instancia? Digámoslo con todas sus letras: A los que poseen los medios para financiar las campañas. Objetivo aunque no nos guste. Hay intereses y poderes concretos fuera de lo que podríamos llamar el poder popular o poder democrático reflejado en las urnas. Tales intereses se expresan en los Lobbies, aunque no es el único modo. El acuerdo entre los intereses económicos y la necesidad de pasar por el voto popular y democrático establece una incómoda coexistencia de los intereses generales con los intereses particulares. Después de todo, si quiero ser electo necesito plata para hacerme conocido y que mi mensaje llegue a más gentes y permita aumentar mi audiencia. Servir a ciertos intereses particulares parece funcionar para alcanzar los medios para hacerlo: Paneles y letreros, espacios televisivos y radiales, mítines, desplazamientos geográficos, páginas web y demás parafernalia antigua y moderna.

TIMOCRACIA

Para poder obtener esa plata tan necesaria se necesita vender audiencia, tal como hacen los medios. Un periódico se sostiene con avisaje, y el costo del avisaje depende de la lectoría y penetración de dicho periódico. Como político, los costos – y por ende el precio – están en razón de la influencia en la opinión pública y en la capacidad para determinar la conducta del votante a la hora de la verdad. Algunas sociedades políticas indudablemente más avanzadas que la nuestra responden a esto con normativas que tratan de poner cierto orden y alguna sensación de igualdad de oportunidades, como directivas sobre libertad de prensa y propiedad de medios, franjas electorales, financiación de las campañas por el estado, límites a los gastos privados de campaña, relativa pequeñez de las circunscripciones electorales, etc. Otros aceptan el lobby como inevitable o mal necesario y prefieren normarlo, publicitarlo, que el elector lo conozca. Cada sociedad política autónoma mata sus democráticas pulgas a su propio modo, y establece checks and balances que determinen relaciones más o menos claras entre los intereses y poderes particulares con los intereses generales, los que se supone aparecen con los mecanismos democráticos, como el sufragio; y dan origen en las urnas a un Poder considerado la expresión de la “voluntad general” de la Nación.

En el Perú poseemos algunos checks and balances, pero tan limitados en su aplicación, que en la práctica el asunto queda librado al mercado electoral y al financiamiento privado, lo que en la práctica es una Timocracia, es decir, la preponderancia en la toma de decisiones políticas del Poder económico por sobre el Poder Popular o Democrático.

ÉTICA POLÍTICA EN UNA TIMOCRACIA

El espacio ético en la política queda entonces extraordinariamente limitado por esta irrupción. El ejercicio ético de la Política se limita a lograr que este estado de cosas esté compensado, por ejemplo a través del conocimiento de los mecanismos del sistema político. Dicho conocimiento con el escándalo y protestas consiguientes debieran de algún modo proporcionar base de opinión pública para establecer algunos checks and balances. Sin embargo, lo que hace que una democracia sea incipiente es precisamente la carencia de valores democráticos y la ausencia o silenciamiento de dichos escándalos y protestas. La discusión política suele ser convertida en una suerte de si el huevo y la gallina. El poder de la Plata – en buena cuenta la Timocracia - está tan instalado como lógica subyacente en nuestra Patria, que ha habido congresistas que en un alarde de buena conciencia, o de una peligrosa confusión conceptual, axiológica y lingüística entre contenidos manifiestos y latentes, juró su cargo Por Dios y por la Plata. Es poco creíble que los beneficiarios de un tal estado de cosas busquen cambiarlo si es que de él se benefician. No creemos que la ética se dé en los árboles con una tan grande robustez.

ÉTICA POLÍTICA Y DISCURSO

Digamos entonces que el alcanzar una posición de Poder implica para cualquier político vender de uno u otro modo su alma al diablo. Ello significa diferenciar marqueteramente su discurso en lo manifiesto y lo latente. Ello no pude ocurrir sin tensiones racionales, emocionales y axiológicas, como en el caso del despistado congresista juramentador. Otro caso ilustrativo interesante de comentar es el del Presidente Alan García, que aunque bastante trejo en el accionar político, llega a manifestar algunas de estas inconsistencias en su lenguaje cotidiano, como si de alguna manera la tensión del ejercicio del poder le pusiera en la encrucijada entre ambos discursos, y confunda las audiencias y las oportunidades. De ahí frases como la plata llega sola.

ESQUIZOIDÍA POLÍTICA

Se distingue en consecuencia la tremenda división esquizoide en las personalidades que habitan la mente de nuestros políticos. Por una parte deben satisfacer las expectativas de sus reales electores, es decir de las personas, empresas o conjuntos de intereses que financian las campañas, y para eso deben manejar un tipo de lenguaje; mientras que por otra deben convencer a sus electores subalternos organizados en un electorado – algunos lo llaman con gran sinceridad elec-tarados - cada vez mas desencantado de la política y los políticos. Dos discursos con dos conjuntos marcados de valores que se contraponen entre sí igual que la verdad y la mentira.

Uno de los efectos más visibles de esta suerte de esquizofrenia política es la pérdida de contacto con la realidad en algunos políticos, agravada por el hecho de la percepción simbólica del propio Poder como “plumas” que deben lucir, obnubilada por la suposición de que son ellos los que construyen la realidad a través de su lenguaje, como mandantes, en vez de percibirse a sí mismos como mandatarios de sus electores. Tiene sentido si pensamos en el muy complicado doble papel que deben ejercer como mandatarios de sus verdaderos electores, mientras tratan de mantener la ilusión de que provienen del pueblo. Su lenguaje como autoridad se distancia del de sus electores secundarios, hasta que llega una nueva campaña y repentinamente se vuelven humanos, simpáticos y coloquiales. Estas inconsistencias están enfrentadas con la posibilidad de ejercer responsablemente un cargo político.

Si el sistema político produce como vástagos políticos con sistemas de valores y discursos sesgados en dos direcciones, no se ve que exista manera de lograr las reformas necesarias que permitan llegar a un proceso democrático solvente. Se desperdician esfuerzos, que serían bienvenidos para mejorar temas como la salud y la educación en mantener unido un castillo de naipes político, y los discursos se entremezclan dando lugar a estilos de autoridad caracterizados por bandazos sin mayor consistencia. Casi podríamos decir que éste ha sido el estilo de gobierno que nos ha caracterizado durante más años de los que hemos visto. Las diferencias se observan en el estilo de los bandazos más que en el hecho de darlos o no darlos.

FINANCIAMIENTO: ORIGEN DE LA AUTORIDAD POLÍTICA

El tema del origen del financiamiento de las campañas políticas va muchísimo más allá del tema de la contraposición de intereses particulares y generales, que se puede manejar y ser objeto de negociaciones coherentes cuando es abierto y público. El tema se concreta así al detalle de quiénes, cómo y con qué plata financian las campañas. El estado de la cosa pública ya es complejo con la presencia incontrolada del Poder económico, que se transparenta en los compromisos adquiridos por candidatos de varios partidos con empresas mineras. No es saludable para una Democracia que las autoridades políticas dependan del Poder económico, aún de modo transparente. Esta situación sólo es aceptable en una Timocracia. En ese caso sinceremos el sistema, dejémonos de veleidades igualitarias, quitémonos las caretas, hagamos un sistema de representación para las empresas nacionales y extranjeras, y arrojemos la Democracia al tacho de la basura de la Historia. Pero tengo la sensación que no es eso lo que la mayoría de las gentes desea.

Pero esta puerta vergonzantemente abierta muestra oscuridades aún más tenebrosas, si es que pensamos en esos otros Poderes económicos sólidamente constituidos, como el Narcotráfico, que ya están en la danza aunque no con la publicidad de alguna ONG financiada por la gran minería. Puestos a comprar y vender congresistas y presidentes en el mercado libre, pues hay posibilidades. La experiencia de otros países como México hacen de esta casi certeza algo inquietante.

SUPERACIÓN DE LA TIMOCRACIA

Hay sin embargo, motivos para sentir esperanza. El Poder Popular o Democrático tiene sus posibilidades, y da ciertos espacios para quemarle la película al más pintado, aún en el caso de una democracia tan profundamente imperfecta como la nuestra. No vamos a ponernos candorosamente amables con alguna posición, aunque es inevitable tener alguna preferencia. Pero lo cierto es que una de las ventajas de la Democracia es la oportunidad de colocar puntos en agenda que permitan avanzar hacia una situación más vivible en términos sociales y económicos. Otra es poder mencionar con claridad el estado de la cosa pública, y desplegar un lenguaje articulado y único, sin esquizofrenias, que pueda convencer a franjas de la población, y solidificar un frente o espacio democrático y popular que contrapese los otros poderes. Así la ética política es un elemento imprescindible para avanzar en el imaginario democrático de las gentes. El solo hecho de manejar un solo lenguaje implica presentar – no siempre cumplir - una sola escala de valores contrastable con los hechos. Y ello es condición necesaria - no suficiente - para aspirar a ejercer autoridad democrática.

Vivir para ver. El que tenga ojos, que oiga.

Nota al margen.- El presente artículo se llamó hasta hoy 15 de agosto de 2013  ÉTICA Y POLÍTICA ESQUIZOFRÉNICA. El día de hoy recibí una comunicación de una persona que padece Esquizofrenia, que se quejó del empleo de dicho término. Entiendo que tiene razón, y que todos los que ejercemos nuestro derecho a la libertad de expresarnos estamos obligados a hacerlo con respeto por las personas. Entiendo que cambiar este título no nos hace menos ni más. Reconocemos nuestro descuido y lo subsanamos ipso facto. Saludos cordiales a todos nuestros lectores.