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miércoles, 8 de abril de 2015

CRÓNICAS DE LECTURAS 98 - SIMÓN BOLÍVAR - BIOGRAFÍAS Y MITOS


CRÓNICAS DE LECTURAS – 98
Simón Bolívar - Biografías y Mitos

Cuando de España las trabas, en Ayacucho rompimos / otra cosa más no hicimos / que cambiar mocos por babas / Mudamos de condición, / pero solo fue pasando / del poder de Don Fernando / al poder de Don Simón. (José Joaquín Larriva)

Conocí a Bolívar una mañana larga, / En Madrid, en la boca del Quinto regimiento. / Padre le dije: ¿eres o no eres, o quién eres? / Y mirando el cuartel de la montaña, dijo: /  - Despierto cada cien años, cuando despierta el pueblo. (Pablo Neruda: Un canto para Bolívar)

El fuego sagrado de las repúblicas / surge en torno a Bolívar / Las rocas de las dos Américas / son el baluarte de los pueblos. (Canción revolucionaria, París, 1830)

I
Simón Bolívar y las controversias

Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios Ponte y Blanco (1783 – 1830) es personaje controvertido, sin duda. Y además, completamente mitificado en toda la extensión de la palabra, hasta los extremos gemelos del culto y la abominación, y no solamente por la República Bolivariana de Venezuela y la Derecha Continental. Encima, la bibliografía sobre él mismo, sus dichos, hechos, ideas y relaciones con casi cualquier cosa, son copiosísimas. No es para menos, la vida misma de este personaje le hace desear a Thomas Carlyle el Homero capaz de escribirla, y a los 185 años de su desaparición física su legado y lo que dejó por hacer es patente en América Latina y rebota aún en España y a su través en la Vieja Europa. Todo esto agudiza cuando nuestros países celebran - o deploran - el bicentenario de la Independencia. 2015 ea el aniversario número 200 de la rebelión del Cura Miguel Hidalgo, que marca un bicentenario bronco e insurgente por un acto de voluntad colectiva, pues el México de Juárez, Villa, Zapata y Cárdenas no se reconoce en el Emperador Iturbide, y evita así una compleja discusión en momentos de lucha a brazo partido contra el Narcotráfico y la Corrupción. El Perú podría haber celebrado así su bicentenario en 1980, pero carecimos del reconocimiento y de la voluntad de reconocer que nuestra independencia se iniciaba con el Levantamiento de José Gabriel Condorcanqui - Túpac Amaru II de 1780. Pero para los que dictan los parámetros sociales de nuestra Historia - que no son los Historiadores - eso es demasiado radical, indio, revolucionario, velasquista, plebeyo, izquierdista. Es decir demasiado demasiado, demasiado González Prada, Vallejo, Ribeyro, Bolognesi, Grau, Mariátegui y todos esos tipos deprimentes que ellos no entienden, pero que no quieren porque huelen a conflictos sociales y problemas no resueltos. Medio en broma y medio en serio, los personajes les recuerdan que los comunistas le quitaron la hacienda al abuelito … y se hacen la pufi en el cojín de la sala. Con este parámetro podemos dividir el espectro respecto a Bolívar en dos grupos radicales: Los que creen con el cubano José Martí que lo que Bolívar no dejó hecho aún está por hacerse; y los que se hacen la pufi si es que empieza a hacerse lo que hay que hacer, y le cargan a Bolívar la culpa del comunismo internacional, el chavismo y cualquier intento de cholos, pardos, negros, blancos e indios de establecer algo de justicia sobre la Tierra americana. Interpretar la Historia pasa por bandería política: Las Derechas de América Latina no gustan de acordarse de la justicia y equidad pendientes. Las Izquierdas se sacuden el sambenito internacionalista asumiendo los héroes continentales de la Independencia con programas más o menos reivindicativos o revolucionarios. Así Bolívar fue adoptado por las Izquierdas como José Artigas, José Gabriel Condorcanqui, Miguel Hidalgo, José Miguel Carrera, Pedro Domingo Murillo, Manuel Belgrano, Antonio Nariño y otros más, en desmedro de “conservadores” como José de San Martín, Bernardo O´Higgins, Bernardino Rivadavia, Miguel de Iturbide, Francisco de Paula Santander.

La Historiografía de derechas reduce así el fenómeno bolivariano y le quita en lo posible todo rasgo revolucionario, lo que respecto a Bolívar es fácil porque no se podía ser marxista antes de Marx, el verdadero cuco que no les deja conciliar el sueño. La Historia para nuestras Derechas es una cosa útil para evitar que les revienten el régimen, y como no hay juicio neutral sobre tema relevante, la pretensión de objetividad resulta en una esquina tras la que se esconden intenciones, digamos, secundarias. Por otra parte, la acción y el pensamiento de Bolívar inspiraron en su momento incluso a la Action Française y al Cesarismo Democrático, si no directamente al fascismo italiano, asuntos que los historiadores de hoy pasan por alto alegremente. Respecto a Bolívar tengo posición, pero entiendo que la única forma de equilibrarla es concretar por qué se dicen ciertas cosas. No hacerlo es burlarse de la inteligencia de los otros, lo que se dice dice más del que lo dice que lo que dice. Simpatizo más con Bolívar que con San Martín, confrontación histórica que se mal resuelve en el Perú al celebrar como Independencia el Bicentenario de su Proclamación por José de San Martín. No le niego el genio estratégico al Prócer de Yapeyú, muy superior al del Libertador de Caracas, pero aunque nos caiga bien Arístides el Justo , quien venció a los persas en Salamina fue el antipático Temístocles. La independencia del Perú no se resolvió en un juego de yan-kem-pó o damas chinas: En las campañas de 1823 y 1824, Simón Bolívar y Antonio José de Sucre se fajaron y fajaron a los peruanos así no les gustase, porque la guerra no se hace por el amor de Dios, y había que defender este Perú hasta con los dientes. Bolívar hizo lo que había que hacer, es penoso que para quejarnos del venezolano nos apoyemos en el argentino cuando ninguno planeó la Independencia del Perú por una “solidaridad americana” inventada en los ´40 para alinearnos en la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría. La Historia fue como fue y punto, pero por ejemplo no se integra el esencial rol de las logias en la Independencia, creemos que por no quebrarle la cabeza a los fautores de currículas escolares e historias oficiales, aunque sin ellas sea imposible entender por qué unos hicieron una cosa y otros otra. El mundo se ordena bonito si contraponemos Buenos y Malos, Patriotas y Realistas, pero nada es así de simple. En Chile San Martín la vio cuadras por haber líderes dignos de ese nombre, Bolívar en el Perú no enfrentó a nadie de talla, las contradicciones internas en nuestro país superaban las fuerzas unificadoras, Presidentes y Congresistas se pasaban al enemigo y sólo Bolívar estuvo a la altura de lo necesario, como vieron Unánue, Sánchez Carrión y pocos más. La comprensión exacta de quien era amigo y quien enemigo fue oscura para los peruanos, entonces como ahora desconcertadas gentes sin concepto exacto de Patria. Y con todas estas contradicciones trataremos de decir nuestra humilde palabra sobre el Libertador.

II
Biografías (y Otros) “Favorables”

Lo “favorable” es, sencillamente, otorgar “favor” en el juicio histórico, vale decir aprobar la trayectoria vital del biografiado y en consecuencia considerarla como un paradigma digno de ser admirado, seguido e imitado. Puede ser obsecuente y admirativa hasta el culto a la personalidad, que encuentra solo virtudes y calla, minimiza o justifica lo defectuoso; o un simple juicio histórico equilibrado que concluye en una nota aprobatoria, que evalúa haber más valor que antivalor en la intervención del personaje en el devenir de los hechos, y que suele estar invadida por los afectos (¿Qué no le perdonará un hijo a su padre? Martí de Bolívar). Y es el caso que a Simón Bolívar no se le puede cicatear su calidad de Libertador, en mi modesta opinión Título de más lustre y merecimiento que los de Presidente, Emperador, Conquistador o Generalísimo, y digno de pocos como Lincoln, Garibaldi, Mandela y Sun-Yat-Sen. Tiene Bolívar así ventaja frente a sus rivales conservadores, a los que se trata de encajar el mismo título aunque les quede grande. Una importante semblanza favorable es la del Diario de Bucaramanga (1828), del francés Luis Perú de Lacroix, edecán de Bolívar, y muy cercano físicamente, si bien no íntimo política, afectiva o intelectualmente. No llega a Biografía, pero como diario es valioso como fuente histórica, y vale la pena bajarlo desde este link: http://uptparia.edu.ve/libros_iut/diario_de_bucaramangaminciwe.pdf. El otro edecán Daniel O´Leary y sus archivos están en el mismo caso, ambos son extremadamente cáusticos con el Perú. Por supuesto los edecanes están de acuerdo con su jefe, por eso lo listamos acá. La casualidad de nacer el Libertador en Caracas justifica el patriotismo venezolano y colombiano, que desde acá se ve como “endiosamiento” y culto, explicable por la relativa ausencia de una Historia de personajes propios antes de Simón, como por ser un Héroe Fundador, que además en Colombia y Bolivia es quien bautiza y es epónimo, es decir, da nombre a ambas Repúblicas. Así, Augusto Mijares escribe El Libertador, la biografía "favorable" más conocida en Venezuela; y Eduardo Caballero Calderón escribe un muy laudatorio Bolívar, una Historia que parece un cuento, dirigida a niños y basada en sus extraordinarias hazañas; Rufino Blanco Fombona escribirá ensayos para desentrañar la psicología del hombre; Vicente Lecuna recopilará la correspondencia de Simón Bolívar, financiará estudios y convertirá en santuario nacional la casa del Libertador, y además se sentirá obligado a atacar la Biografía del español Madariaga.

El Bolívar del revisionista colombiano Indalecio Liévano Aguirre hace del Libertador un precursor de las luchas sociales en el continente, aunque la contratapa de su editorial advierta haberse escrito en estado de honda pasión grancolombiana, previendo sabiamente el sesgo. Para Germán Arciniegas, Bolívar es un reaccionario napoleónico inteligente, y lo sustrae del rollo izquierdista en que se le incluye. La Biografía del mexicano Nemesio García Naranjo niega las intenciones monarquistas y dictatoriales del Libertador, al que la literatura trata favorablemente, como Gabriel García Márquez en El General en su Laberinto; o como en Las Lanzas Coloradas de Arturo Uslar Pietri. Acá el link al libro de García Márquez: http://www.educando.edu.do/files/8914/0932/5229/Garcia_Marquez_Gabriel_-_El_general_en_su_laberinto.pdf. Cabría esperar de los “extranjeros” no latinoamericanos ni españoles algo más de objetividad, pero este no es el caso, cuando menos en Biografías y otros escritos que he leído. El estadounidense Thomas O´Rourke, seudónimo de Daniel Clinton (Bolívar, el Hombre de la Gloria), por ejemplo, muestra gran entusiasmo por las hazañas bolivarianas y hace constantes paralelismos entre su biografiado y George Washington, espejo suyo en América del Norte. Trata así de mostrar los vínculos positivos, olvidando los fuertes desencuentros entre los Estados Unidos y la Gran Colombia, relievando constantemente el rol de los anglosajones en la independencia. Además, adolece de muchos errores. En el ensayo del coreano Kim-Yong-Ho dícese Bolívar fue el héroe, el caudillo, el símbolo de la insurgencia, y no consigue ocultar su admiración. El alemán Gerhard Masur y su equilibrado Simón Bolívar hace diferencia con el especialista en Biografías Emil Ludwig, cuyo Bolívar, caballero de la Gloria y la Libertad, se centra en comprender las motivaciones del Libertador, en tal sentido es muy esclarecedora. La actualidad política genera también obras sobre Bolívar, compendios de su pensamiento político, explicaciones ideológicas e incluso biografías como la temprana Simón Bolívar del soviético Grigulevitch, y ensayos como Bolívar y la Guerra Social del dominicano Juan Bosch. En el 2005, Alberto Pinzón Sánchez publica Simón Bolívar Conductor Político y Militar de la Guerra AntiColonial, cuyo link es este: http://www.solidarites.ch/vaud/wp-content/uploads/2009/11/libro-bolivar-conductor.pdf
   
III
Las Biografías (Y Otros) “Des-Favorables”

Lo “des-favorable” es obviamente lo contrario de lo favorable, va desde lo despreciativo e insultante, que no encuentra sino defectos, faltas o crímenes; hasta el simple juicio histórico equilibrado pero des-aprobatorio, que encuentra en la intervención del personaje más antivalores que valores, y critica su validez como modelo o paradigma. Considerando que existe un cuerpo de ideas bolivariano (algunos le llaman chavista) particularmente en Venezuela, es natural que la oposición política a los bolivarianos-chavistas trate de minimizar o reducir cuanto pueda la figura de Bolívar. Esto es fácil en el Perú y puede que en Ecuador, pero en Bolivia - país con el nombre del Libertador -, Venezuela y Colombia - que debe su nombre al susodicho - es casi imposible. Carlos Marx está entre los que entendían que Bolívar había renunciado a sus ideales revolucionarios, igual que Napoleón, y lo acusaba de Dictador Bonapartista, en esto eventualmente corregido en las ediciones soviéticas. Se me hace que argentinos y chilenos sentían a Bolívar como un competidor afortunado, con objetivos políticos distintos de los que la trama política sureña tenía en mente. Bolívar en lo político y militar tendía a patear el tablero y resolver todo por la vía directa, la posibilidad de conflictos con el Río de la Plata, Chile e incluso con Brasil no era nada remota. Parece que es visto como un amigo al que es mejor tener lejos, por lo menos eso me dejó la lectura de Bartolomé Mitre en su Historia de la Revolución Americana, que empata con la biografía de José de San Martín. En este contexto, Chile en 1823 - 1825 es suspicaz frente a los proyectos bolivarianos, teme una invasión o anexión por la fuerza, como registra el historiador Diego Barros Arana, y recibe con alivio el retiro de las tropas colombianas del Perú en 1828. En el Perú el best-seller más conocido al respecto es Bolívar, libertador y enemigo número uno del Perú, de Herbert Morote (http://www.herbertmorote.com/Libros/Cuarta%20Edicion%20Bolivar%20Libertador.pdf), que en su cuarta edición abunda sobre Simón Bolívar y el Perú, en el contexto de un trabajo anterior (El militarismo en el Perú), e inspirado aparentemente en un trabajo previo de Félix Calderón: Las veleidades autocráticas de Bolívar. El objetivo del libro no es biográfico, como lo señala el propio autor: (…) este libro se limita a la relación de Bolívar con el Perú por lo tanto no nos extendemos sobre la doctrina ni los famosos discursos que pronunció el Libertador antes de llegar al país y que son citados frecuentemente por políticos y hagiógrafos. La razón de ello es que la teoría bolivariana no serviría para explicar lo que hizo el Libertador para oprimir y desmembrar al Perú. Entendemos que este libro manifiesta menos trabajo historiográfico que una interpretación desde un sesgo anti-bolivariano, interesante para saber qué podríamos los peruanos enrostrarle al Libertador, basados en una suerte de teoría de conspiración en la que Bolívar se frota las manos mientras piensa cómo maltratará al Perú. Pese a todo, el autor no profundiza en las causas o razones por las que un individuo podría ser enemigo de una entidad política como el Perú, y no creemos que la moralidad del Coyote / Correcaminos baste para explicar los hechos. Aparte, se observa el intento de compensar lo dicho con una visión positiva del Libertador, en una muy peruana búsqueda del punto medio que permita mantener las amistades en ambos lados: El Libertador era un hombre provisto de innumerables virtudes, entre ellas (…) su genio militar, su audacia política, su determinación incansable, pero quizá su más notable virtud fue ser un redomado seductor. Conquistaba por igual mujeres u hombres, soldados o generales, pobres o ricos, individuos o masas. Aun sus enemigos se encontraban fascinados por él, en su presencia atemperaban los ataques o simplemente se rendían a sus encantos. Nos recuerda aquí Morote al Tradicionista Ricardo Palma, desfavorable al político Bolívar, aunque favorable al Ser Humano, véase su tradición La última frase de Bolívar.

Era de esperar que sus enemigos dispararían contra Bolívar balas no sólo de plomo: Mariano Torrente en su Historia de la revolución hispano-americana de 1829 - cuando “revolución” era una mala palabra - le moteja de rebelde, sedicioso, traidor y villano. Pero el verdadero paradigma actual de biografía desfavorable de Bolívar es la del español Salvador de Madariaga (1886 – 1978), escritor e investigador a quien también se deben Biografías de Colón, Cortés y Carlos V. En la de Bolívar no oculta su acendrado filo-hispanismo ni su tesis de que la independencia de América Española fue provocada por intereses ajenos a un deber-ser vinculado a una posible (y nunca existente) Comunidad Hispánica de Naciones, lo que también plantea en su interesante Auge y ocaso del Imperio Español en América. Esta biografía intachable desde lo historiográfico, emplea sin complejos profusas fuentes de primera y segunda mano inatacables y muy adecuadas, incluyendo el Diario de Bucaramanga de Perú de Lacroix, y la Historia de Bartolomé Mitre, y se extiende cuanto es necesario y a veces más. Por ello su crítica se circunscribe a la interpretación, y podemos afirmarle como mérito principal el ser implacable con Bolívar. Por ejemplo, sostiene la tesis de la intención monarquista de Bolívar, apoyándose en la gran influencia que Napoleón proyectó sobre el hombre, sin la que es casi imposible comprender la época. En este sentido la Biografía de Madariaga cumple un rol en medio del monocorde y aburrido coro de alabanzas y ataques bolivaristas de América Latina, la de ser fiel a los hechos y a la vez provocadoramente crítica.      

IV
Juicio a Bolívar, y lo demás

¿Cómo se plantea un juicio histórico? Dicen Marc Bloch y Lucien Febvre que el fin de la Historia no es juzgar sino comprender, lo que no quiere decir no que no haya juicio, sino que su validez depende de un acto cognitivo y volitivo destinado a entender los hechos y procesos, las personas y las circunstancias, antes de plantear valoración alguna. Pero a nosotros nos interesa el juicio ético en tanto que político. Así parece superficial lo que trató de hacer Herbert Morote en su libro, pues el escenario político de la Independencia de la América Hispana es muy confuso visto desde hoy, y la actualidad política no basta para comprenderlo: Las repúblicas en formación fabrican su Historia a la medida para darse soporte ideológico existencial, tal como las monarquías. En el medio siglo entre 1780 y 1824 hombres como José Gabriel Condorcanqui, Tomás Catari, Julián Apaza, Mateo García Pumacahua, Pedro Domingo Murillo, Francisco Miranda, Antonio Nariño, San Martín y Bolívar y muchos otros habían puesto sobre la balanza situaciones irrevocables: Por ejemplo, que los rusos no vinieran a pelear por Fernando VII con elementos muy superiores a los españoles, fue gracias a la estrategia de San Martín y su ejecución en Chile, que sin siquiera proponérselo hace puré en Maipú la alianza hispano-rusa cocinada en Verona. La fase de El Imperio Contraataca en el Caribe es una feroz guerra social que despuebla Venezuela y se expresa en las rebeliones de siervos y esclavos de Haití y México, que limitan y formatean los temores que dan lugar a las alianzas y contra-alianzas de más al sur. Iturbide da forma monárquica y conservadora al México independiente con el ejército trigarante en 1821, tratando de salir del atolladero político-social y sin saberlo construye un paradigma que San Martín trató de seguir en el Perú.

Es más, cada vez que decimos alegremente “el Perú”, en realidad no sabemos de qué hablamos. El desembarco de San Martín fue visto por muchos como Invasión. La Independencia, y menos aún la Libertad, no era objetivo político. San Martín y Bolívar ocuparon el Perú para asegurar la Independencia de sus países, no para liberarnos a nosotros, esa tarea era nuestra. El concepto en que se tenía al Perú lo muestra Bolívar en su Carta de Jamaica de 1815: El virreinato del Perú, (…), es sin duda el más sumiso (…) Chile puede ser libre. El Perú, por el contrario, encierra dos elementos enemigos de todo género justo y liberal: oro y esclavos. El primero lo corrompe todo; el segundo está corrompido por sí mismo. El alma de un siervo rara vez alcanza a apreciar la sana libertad (…) Supongo que en Lima no tolerarán los ricos la democracia. Si uno mira el Corrompido Perú de hoy, sorpréndese de la clarividencia de Bolívar: Oro y Esclavos parece nuestro horrible destino, hasta que hagamos lo que los demás ya hicieron, imponer la Libertad que aún nos es esquiva. Y así entendemos lo que Martí decía de Bolívar, que lo que no hizo aún está por hacer. Aunque tratamos de zafar cuerpo y ocultar el desastrado papel que jugamos en nuestra “independencia”, se evidencia casa vez más nuestro triste papel de comparsas. Paremos de sufrir por lo malo que fue Bolívar con nosotros los pobrecitos peruanos. Y ya que estamos siendo implacables, chequéense lo que dice Alfonso Quiroz en la Historia de la Corrupción en el Perú sobre el saqueo patriota perpetrado por el “Santo” José de San Martín y sus amigos Monteagudo y compañía, que tampoco vinieron a “liberarnos”, sino a consumar su propia independencia. Ya va siendo hora de dejarnos de marinerías y asumir nuestras responsabilidades históricas.

Todo esto no quita hacer duro juicio de Bolívar, del período y sus protagonistas, y de los historiadores, apologistas e ideólogos, sin perder de vista que para que la Historia nos sirva de algo ha de ser verdadera. Los sesgos emocionales no caben, y que los hay en ambas direcciones se ve en la buena película venezolana El Libertador (https://youtu.be/5eX0iGkU7s4), muy a la moda en eso de reescribir la Historia, véase el inmarcesible ejemplo de Inglorious Basterds de Tarantino. Se sugiere que el relato de la muerte de Bolívar en Santa Marta habría sido cobertura o cortina de humo tendida por los poderes de la época para ocultar su asesinato y plantear cómodos contenidos ideológicos (He arado en el mar, por ejemplo). Es verdad que en un hombre como Bolívar morir a los 47 años es, por decir lo menos, sorprendente, pero de ningún modo es raro que la muerte nos atrape cuando todo parece ir mejor, así que a falta de pruebas el asunto es pura especulación, y punto. Otra película que puede ser interesante es la producción Bolívar el Hombre de las Dificultades (https://www.youtube.com/watch?v=wXEW6pTrvts ). Si de algo sirve la Historia es para separar la paja del grano y dar información fidedigna que dé luces para el juicio. Bolívar tenía gran sentido propagandístico y enorme sentido de la Historia, es natural que sus documentos, en particular su correspondencia, se escribieran con ello en mente. Pedirle sinceridad a prueba de balas y blanca pureza de propósitos es ingenuo. Convertir en Ideología un conjunto de ideas aparece porque se necesita, por ello la cantidad espectacular de compilaciones del pensamiento político de Bolívar, del que podemos aconsejar la compilación de Manuel Trujillo, cuyo link es este: file:///D:/BLOG/Cr%C3%B3nicas%20de%20Lecturas/Bajamos%20libros/PAR001.pdf .
Asimismo, una Bibliografía que no agota el tema pero que sí nos puede conducir por rutas interesantes es ésta: http://www.museosdetenerife.org/assets/downloads/file--80b92d0fc2.pdf
 
V
Colofón


No agotamos el tema, apenas lo introducimos, por otra parte es lo que queríamos hacer. La ambivalencia en que los peruanos vivimos respecto a Bolívar no se aclarará hasta que no nos aclaremos a nosotros mismos quienes somos y qué queremos. Es desde el hoy que entendemos el ayer que nos da sentido. Por eso tenemos que leer Historia, para saber qué pasó y cómo lo entienden los investigadores, pero sobre todo para saber qué queremos y qué podemos ser. Y punto por hoy. 

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martes, 23 de octubre de 2012

DEMOCRACIA Y CENSURA


DEMOCRACIA Y CENSURA

“ … la patria son dos hombres que en una esquina maldicen a un tirano …” (Borges)

Mirando y mirando los últimos acontecimientos me encuentro con ciertos temas que ameritan opinar. Y como opinar es precisamente la última trinchera contra la censura, el mero hecho de hacerlo implica estar en la ruta del patriotismo y la democracia. Nuestras patrias americanas se fundaron no solamente por la voluntad general de la independencia, sino por la de la libertad. Hasta Don José de San Martín, conservadorón como era, no pudo escapar al requerimiento de la hora, asociando en su celebérrima proclama la Voluntad General, la Patria, la Libertad y la Independencia del Perú.

Es que tales conceptos son inseparables. Si quieres ser autónomo e independiente, pues debes ejercer la Libertad. Si no puedes, tu independencia es un mito. Y ejercer la Libertad, según dicen los que saben, consiste en hacer y decir lo que debes hacer y decir, en elegir conscientemente cumplir con lo que consideras tu obligación. Esta elección personal, que se forma en el transcurso de los primeros decenios de la vida, se complementa con los límites que el cuerpo social acuerda. La Libertad garantiza la Independencia, y la Independencia a la Libertad. Si hay falla en el sistema educativo y en la organización política y social, pues entonces obtenemos lo que tenemos. Pues la “Libertad” hoy en día aún está en veremos tras toda una generación criada en épocas de dictadura, con instituciones nacionales dominadas y genuflexas, y con una educación diseñada para mantener intacta la segmentación social.

Sin embargo, la realidad enseña más que la escuela. Esta es una verdad que los partidarios de la Dictadura y el Negacionismo – son lo mismo - tratan desesperadamente de tapar con el Dedo Medio. Necesitamos urgentemente Derechas e Izquierdas Ilustradas, pero resulta siempre más fácil negar que afirmar, y en muchos no llegan a formarse las sinapsis con las neuronas que Dios, en su infinita sabiduría, distribuyó en nuestros cerebros. Se piensa que metiendo la cabeza en el carapacho la cosa que no nos gusta deja de existir, y aunque la autodefensa emocional es necesaria, lo cierto es que ejercer como seres humanos pasa por el uso de la razón, con sus críticas a ésta y todo. Y eso significa enfrentar la realidad como es, no como nos gustaría que fuera. Por ello fue que los sectores más sanos o menos corrompidos de la sociedad peruana combatieron y derrotaron a Sendero Luminoso, y a la vez se cepillaron a la Dictadura de Fujimori. Sin embargo, la sociedad peruana abarca amplios sectores Brutos y Achorados, Incendiarios y Congelados. La educación “en dictadura” o en “falsa democracia” dejó huella, hay quienes no quieren confrontar las realidades y así ni llama la atención ni deberíamos quejarnos porque Sendero sobreviviera a punta de cupos en el VRAEM y llegara a constituir partido político, mientras el fujimorismo redivivo trata por todos los medios de tener candidato liberado para el 2016. No es más que natural que así sea en una sociedad habituada a engañarse a sí misma.

Cosechamos así lo que sembramos. La pregunta pertinente es entonces qué hacer. Los que sostienen que la cosa dejará de existir si la ocultamos son poderosos y tienen a su disposición muchos medios. Como escuché alguna vez: “Todo hombre tiene su precio, y el sistema mucha plata”. ¿Dije Sistema? Sí, dije Sistema. Los intereses en juego son tan amplios, hay tanta plata permanentemente en juego que resulta ingenuo no verlo. Y cuentan con trucos malévolos, pues la mala conciencia no les permite hacer otra cosa. Y así se concentrarán en la delincuencia o en Antauro, pero no leerán el informe de la Comisión de la Verdad – pero sí querrán revisarlo. Ni querrán que las gentes ejerzan su libertad de elegir ver o no una determinada exposición, preferirán cerrarla, no vaya a ser que nosotros, menores de edad, pensemos. Quieren que MOVADEF no exista – y en eso concuerdo – pero creen que lo lograrán prohibiendo hablar de ellos. Aspiran a negarle a las Universidades la posibilidad de ejercer el pensamiento. Emplean falacias y mentiras a discreción basados en el hecho que la educación peruana está diseñada para el fracaso o para la emigración. Promueven el achoramiento a lo bestia, y con insultos tratan de tapar las ideas o al menos convencer a la mayoría que no debe participar. Como los niños que se tapan los ojos cuando algo les molesta, no quieren resolver problemas, quieren exorcizarlos con fórmulas mágicas.

Y se esconden tras la “Libertad de Expresión” que manipulan a su antojo, pues cuentan con los medios para diseminar su pensamiento mágico. Una Libertad que tratan de dinamitar hablando ellos solos. Porque censura es ni más ni menos callar al que dice, opina o muestra lo que a mí no me conviene o no me gusta. Porque la tolerancia que el resto les acuerda es un valor que ellos niegan frontalmente, pero que utilizan. Tienen miedo de la polémica, porque la polémica les haría cambiar, y ellos quieren quedarse congelados. Si fueran más inteligentes, capaces y brillantes que el resto, tal vez se les podría escuchar, pero lo único que nos sirven es su Intolerancia y su agresividad, hace rato que los mejores entre ellos se mudaron a la Derecha Inteligente. Defienden a viva voz o con murmullos el racismo, la intolerancia y el odio. Piensan para sus adentros, parafraseando a la mala a Castoriadis, lo linda que sería la civilización sin el 99 % de los peruanos. Lo intelectual les huele feo, no vaya a ser que convenzan a la indiada, y así si no pueden censurarte por las leyes, lo harán a grito pelado.

¿Qué quieren? Indudablemente quieren borregos que los sigan, quieren un país formado por menores de edad, donde ellos sean los encomenderos de esta indiada de todos los colores que es nuestra Patria. Quieren estar solos, que solamente ellos opinen, que solamente ellos manden. Eso de la Democracia es muy bonito, pero siempre que sea aristocrática. Sería maravilloso poder cumplir con la primera parte de su deseo y dejarlos solitos, a que se cocinen en su propio jugo, pero por desgracia son artificialmente levantados por una prensa permanentemente inclinada ante el poder. Y no queda más que continuar la brega, porque la manera de detenerlos no será poniendo entre paréntesis la realidad, sino mostrándola en su completa crudeza, fomentando el pensamiento, educando y enfrentando la ignorancia y el achoramiento. Sería interesante desplegar como lema nacional “A más Hígado, más Neuronas”. Es lo mínimo que le debemos a esta Patria fundada sobre la Libertad. Y punto.


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miércoles, 27 de julio de 2011

28 DE JULIO: HERÁLDICA CÍVICA

28 DE JULIO: 
HERÁLDICA CÍVICA

“… esta tierra contradictoria y fabulosa, dulce y cruel…” (Jorge Basadre)


La Historia es el proceso de lo que cambia y lo que permanece. En un momento de la historia humana donde lo único permanente parece ser el cambio, siempre vale la pena volver a lo que de alguna manera siempre está con nosotros, como lo estuvo con nuestros padres, abuelos y ancestros, aún los más remotos. Si bien lo que hoy llamamos Perú tiene corta Historia, este 28 de Julio nos acercamos un poco más a nuestro bicentenario como nación independiente y republicana, y nos damos cuenta que nuestro país y sus antecedentes son una de esas realidades a la que estamos adscritos, queramos o no, por el mero hecho existencial de haber nacido aquí. Algunos aman al Perú con locura, otros – terrible es decirlo - lo odian con fanatismo. Hay patriotas, no-patriotas y antipatriotas de todas menas y calibres. Y me he encontrado tratando de escribir esto, con la sensación de que hay demasiado qué decir, o tal vez demasiado poco.

Entonces me acordé de un texto de Don Jorge Basadre Grohman, Historiador de la República, referido a la Heráldica Cívica, y parte de su monumental Historia de la República. Nuestra Fiesta Nacional, adornada de los colores rojo y blanco, se merece bastante más que mi modesta pluma. Por ello, le cedo la palabra al ilustre republicano:


“Así quedaron fijadas las armas y la bandera de la República. Ellas simbolizaron una historia cuyo curso ningún desgarramiento, ningún infortunio, ninguna opresión pudieron hasta ahora, torcer o cortar. Acompañaron a la patria en jornadas de triunfo y de aflicción: Socabaya y Yungay, Ingavi y Montoni, Tarqui y Mapasingue, San Juan y Tarapacá, Miraflores y Concepción, Huamachuco y el Callao. Flotaron sobre el fragor y el polvo de las batallas, el parsimonioso ritualismo de las ceremonias, la sabrosa alegría de las fiestas populares, el tremendo oleaje de las muchedumbres.


Cinta en la guitarra criolla, escarapela en el uniforme escolar, faja en el indio de frontera, cadeneta en la vivienda humilde, condecoración en el pecho militar, adorno en el automóvil, el camión o el aeroplano que pasan por los desiertos, ríos, montañas y selvas y bordean precipicios, sello de identificación en la banda presidencial y en las insignias de magistrados y rectores de universidades. Dan sombra permanente, invisible y común a lugares y sitios que debieran ser de peregrinación como Machupicchu, el Coricancha, Sacsayhuamán, Paracas, Chavín, Chanchán, Pachacámac, Cajamarca, el balcón de Huaura, el árbol de Pativilca, la pampa de Junín, el Cóndorcunca, el Real Felipe, el cerro de Acuchimay y la casa en la que se decretó en Ayacucho la abolición del tributo y en Huancayo la abolición de la esclavitud, el istmo de Ftzcarrald, Paucartambo, de donde salió para su última expedición Faustino Maldonado, el Alto de la Alianza, la casa de Bolognesi en Arica, Huamachuco, Zarumilla, los reductos de Miraflores.


Han llegado a ser como el retrato de esta tierra contradictoria y fabulosa, dulce y cruel, donde están desde hace siglos esparcidos innumerables ruinas, chulpas y huacas y yacen todavía grandes riquezas inexplotadas y en cuyos paisajes y en cuya historia y en cuya existencia colectiva hay cumbres y hay abismos.


Enlazan la majestad imperial del Cusco y el señorío de Trujillo, las rebeldías cívicas de Arequipa y el heroísmo incontrastable de Tacna durante cincuenta años de ocupación, las ciudades embozadas en la magia de rica solera como Huancavelica, Huánuco, Ayacucho o Moquegua y las ciudades que se desarrollan rápidamente como hoy Chimbote, Ilo, Tarapoto, Huancayo o Chiclayo, las comarcas abiertas ya a la riqueza como Cerro de Pasco, Talara, Morococha, Toquepala, el Santa, Marcona o Acarí y las otras que el esfuerzo y la técnica van a ungir, las minorías de cultura cosmopolita y las masas urbanas o rurales que necesitan urgentemente elevar su nivel de vida.


Envuelven o deben envolver, por igual, a mestizos, indios, blancos, a los de otras razas y también a todos los que vengan a contribuir honestamente al quehacer nacional. Hacen más vibrantes las notas del Somos Libres y el Ataque de Uchumayo y algo de ellas alienta en la zamacueca y el huayno, el tondero y el yaraví, el festejo y la muliza tarmeña, el vals criollo, las danzas de los diablillos y de las pallas, de las chonguinadas de huancayo y de los Avelinos. Dan un sabor especial al pisco y a la algarrobina, a la coca y al café, al maíz y a la quinua, a la papa amarilla y a la chirimoya, al ají y a la chicha que puede ser de reír, de llorar, de pelear o de amar.


Otorgan un hechizo común al mate huancaíno, al sombrero de Catacaos, a la piedra de Huamanga, al “torito” de Pucará, al caballo de los “morochucos” y al bastón plateado de los alcaldes indígenas.

Podrían estar adornadas permanentemente por ramas, hojas o flores de plantas o árboles como la cantuta y la puya raimondi, que fue la especie vegetal más bella que encontró el naturalista, el algodonal, el algarrobo y el caucho, el amancae, la orquídea y la victoria regia, las lomas, cuya húmeda y abigarrada vegetación aparece en ciertos cerros de la costa fecundados durante algunos meses por las lloviznas o garúas y el ichu que, con la árnica, la tola y otras yerbas pajizas, forman la flora de las jalcas, el magüey en otras partes es llamado el árbol del Perú y el quiñual, árbol de las regiones situadas a más de tres mil metros de altura, el chachacomo de la sierra, de oscura copa en cuyos troncos el corte de hacha deja heridas de un rojo impresionante y la ceiba costeña, de grueso tronco con piel verde y ramas horizontales dirigidas en distintos sentidos como si fueran brazos.


El rojo, blanco y rojo verticales, nítidos como una cifra, pintorescos como un cuadro, emocionantes como un poema, hondos como una oración y más subyugantes aún bajo el frío de extranjeros cielos, son, en suma, sobre lomas y valles, barrancos y quebradas, palacios y chozas, batallones y navíos, muchedumbres y paisajes, cadáveres y niños, la esencia o la emanación del Perú.


Desmán condenable del diputado, del gamonal, del poderoso grande o pequeño, del alto o el menudo funcionario; enriquecimiento ilícito del que comete impunemente peculado, oratoria vacía y vana del que, en sus adentros, se ríe de sus frases comunes como sendas por cualquiera transitadas, ocio costoso del diplomático inútil, negligencia o rutina del burócrata mezquino en daño o en desmedro del derecho claro o del interés legítimo, intriga sórdida de las camarillas, egoísmo ciego de las oligarquías, conculcación mendaz de los derechos del pueblo y del ciudadano, calumnia vil en el pasquín y en el corrillo que quienes a sí mismos se llaman caballeros suelen sugerir o amparar, envidia tenaz, decidida a hundir o a manchar a la capacidad y al mérito, arrastrarse en las cadenas o enfurecerse en los tumultos, frenesí destructor de las turbas irresponsables, indiferencias, hostilidad y desprecio ante los que pueden o deben ascender legítimamente desde un nivel demasiado bajo. A nada de esto vino a ayudar o a proteger la patria, de la cual son emblema tangible sus armas y su pabellón que, sin embargo, muchos utilizaron para su propio beneficio. Todo eso, en lo que tenga de anormal o desmesurado, se halla contradicho y negado en principio por la razón de ser de la República, por la justificación del Perú independiente, entendido como morada donde se lleve una vida libre, justa, estable, de acuerdo con la bella esperanza, la amplia promesa, la misión y el destino altísimo entrevistos por quienes crearon y fecundaron nuestra libre existencia en común.”


¡¡FELICES FIESTAS PATRIAS!!