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miércoles, 23 de julio de 2014

CRÓNICAS DE LECTURAS 89 - WINSTON CHURCHILL Y LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL


CRÓNICAS DE LECTURAS – 89
Winston Churchill y La Segunda Guerra Mundial

I have nothing to offer but blood, toil, tears and sweat. ("No tengo nada que ofrecer sino sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor")
Winston Spencer Churchill

I

La Segunda Guerra Mundial, y yo

Cuando yo era chico había los “tíos de cariño”, que para variar hoy se llaman igual. Óscar Chávez Tafur, papá de mis casi hermanos Cilette, Kuno y Óscar Felipe, calificaba como tío y poseedor de una tentadora biblioteca en la que no podía leer mucho porque cuando íbamos de visita no se suponía ello habiendo tres primos de mi tonelaje prestos a cuanto juego había en el cielo y en la tierra. Mi buen tío Óscar era celoso de sus libros, así que seguro los leía, y tenía una colección que historiaba completita la Segunda Guerra Mundial (1939 – 1945), escrita por Winston Spencer Churchill (1874 – 1965), fallecido el mismo año que mi abuelo. La colección constaba de seis gruesos tomos encuadernados en color rojo, era la Historia de la Segunda Guerra Mundial, de la que yo escuchaba mucho por la familia de mi madre, descendiente de croatas venidos al Perú como súbditos austrohúngaros. La seguridad de los parientes que quedaron en Dubrovnik preocupaba dado que la región era tan inestable entonces como ahora: Al viejo régimen monárquico de Yugoslavia le siguió la invasión nazi y el  desmembramiento sobre bases étnicas, luego vino una feroz guerra de resistencia y el régimen comunista de Josip Broz (a) Tito. Sentía curiosidad al respecto, se trataba de la familia, sin embargo nadie hablaba de ello y no los culpo. Por suerte yo estaba habituado a leer con rapidez y devorar libros, y tras gestiones de alto nivel mi tío Óscar accedió a prestarme sus volúmenes uno por uno, de modo que yo devolvía lo leído y sólo entonces mi tío soltaba otro. Recuerdo poco lo leído (aunque la disfruté mucho) porque fue una lectura apremiada, si bien la agilicé no leyendo notas ni pies de página.

Años después mi conocimiento de las Guerras Mundiales aumentó mucho, en la adolescencia uno es excitable y quiere saber todo sobre la Guerra, parece un rasgo que define ese período. Leía colecciones de Historia y me gustaba entrar en el detalle. La parte militar la sentí más o menos superada gracias a los fascículos de Así Fue la Segunda Guerra Mundial de Anesa Noguer Rízzoli. Pero a Churchill no lo volví a leer hasta que heredé la colección de mi padrastro: Allí estaba, misma encuadernación y color, misma cantidad de tomos, mismo acabado, la diferencia era que estaba en inglés, así que me propuse leerlo en sus originales seis tomos y 6000 páginas. Como mis trabajos me obligaban a moverme, el tiempo no abundaba y leía en los sitios más inverosímiles. Leía libracos de 900 páginas en transportes públicos, restaurantes, parques, paraderos; y más de uno preguntó sobre ello. Además consultaba el Diccionario, imagínense cómo estaba de lleno el portafolio o lo abultado de la mochila de aquellos días. Cuando lees en inglés debes usar el diccionario bilingüe si y sólo si las circunstancias son desesperadas, es decir si no entiendes realmente ni papa. Porque si aprendes inglés de veras tienes que sumergirte y ahí no hay tu tía: Inmersión significa exactly what its mean: No more, no less. Y eso implica un masivo uso del diccionario monolingüe cada vez que es necesario, lo que puede ser entre 2-3 y 8-10 veces por página. Parece pesado porque casi lo es, pero uno se acostumbra. El diccionario monolingüe que mejores servicios me presto fue el Oxford Advance Learner´s Dictionary, cuyas sucesivas ediciones lo mejoran más, si eso es posible. Aclaro que todas las traducciones del inglés en esta Crónica son mías de mí, incluyendo por supuesto los eventuales errores.

La obra de Winston Churchill posee continuidad excepcional, él la consideraba lo último de su narrativa sobre la otra Guerra de los Treinta Años que marcó a Europa y el Mundo. Winston se reconoce en el Daniel Defoe de Memorias de un Caballero, que narra los hechos tejiéndolos en la vida de una persona, en este caso él mismo, y con buenas razones: Soy tal vez el único hombre que ha atravesado los dos más supremos cataclismos de la Historia registrada en altos cargos en el Gabinete. Claro que en la Segunda Guerra él fue Primer Ministro (Y Ministro de Defensa) de una de las naciones involucradas, vencedora a un costo terrible en esta Guerra como en la otra. La fuente principal que utiliza – incompleta pero valiosísima – son los documentos generados por el Gobierno de Su Majestad Británica, y por ello no reclama su obra como Historia – ello pertenece a otra generación - sino que confía en que esta contribución a la Historia de su época será útil en el futuro. Churchill es intelectualmente honrado, cosa rara en un político más aún si está en el Poder o cerca de él por casi medio siglo y dos conflictos globales, la tentación de "adornar" la verdad debe haber sido casi invencible. La obra le valió el Premio Nobel de Literatura, en 1953, y en ella motejó a la Segunda Guerra Mundial como la Guerra Innecesaria: Nunca hubo una guerra más fácil de detener (…) La tragedia humana alcanza su clímax en el hecho que después de todos los esfuerzos y sacrificios de cientos de millones de personas y de las victorias de la Justa Causa, no hemos aún encontrado Paz o Seguridad, (…) estamos en el aprieto de incluso peores peligros que aquellos que hemos remontado. Qué falta hacen hombres de este temple y lucidez, conservadores sin anteojeras. La Segunda Guerra Mundial posee seis volúmenes, cada uno de ellos dividido en dos Libros, lo que hace en total doce, todo con notas, minutas, tablas y otros documentos integrados en los apéndices, en los que basa sus apreciaciones. Leerlos es fundamental para entender el texto y la participación de Churchill, alguna editorial trató de aligerar la lectura eliminando esas partes – eso hice en mi primera lectura – y si bien ello se consigue, la pérdida no justifica la ganancia. 

Moral del Libro: 
En la Guerra, Resolución. En la Derrota, Desafío.
En la Victoria, Magnanimidad. En la Paz, Buena voluntad.


II

The Gathering Storm y Their Finest Hour

(Volumen Uno: Se cierne la tormenta y Volumen Dos: Su hora más gloriosa)

Tema del Volumen 1 Se cierne la Tormenta: De cómo los pueblos de habla Inglesa por su imprudencia, descuido y buen natural permitieron rearmarse a los malvados. Churchill inicia el Primer Volumen con este título, que preside a su vez dos Libros: el Uno, From war to war 1919- 1939 (De una Guerra a la Otra, 1919 - 1939), y el Dos, The Twilight War (La Guerra Crepuscular), que da cuenta del período del 3 de setiembre de 1939 al 10 de mayo de 1940. El Primer Libro trata de los prolegómenos, causas y antecedentes de la Segunda Guerra Mundial, en la medida que fueron consecuencias de la Primera (1914 – 1918), donde Churchill participó como Primer Lord del Almirantazgo. La narración abarca algunas cuestiones económicas basadas en el libro de la época Las consecuencias económicas de la paz, del joven y talentoso John Maynard Keynes; pero se centra en realidad en lo Político: Los Tratados de Versalles, Saint Germain y Trianón y sus consecuencias; las Reparaciones; la desmembración del Imperio Austro – Húngaro; la República de Weimar; el aislacionismo norteamericano; el desarme; el fin de la hegemonía naval  británica; el fascismo y el Mein Kampf de Adolf Hitler, tratado de Filosofía Política: nuevo Corán de Fe y Guerra. Las circunstancias de Winston hacen parte de la obra entera: Se sabía de veinte mil alemanes organizados en Inglaterra al tiempo (…) No tenía protección oficial (…) ni deseos de solicitarla; pero me creía suficientemente prominente para tomar precauciones. (…) Hitler me reconocía como enemigo. El Segundo Libro empieza con la Invasión a Polonia y termina con la Invasión de Francia y la crisis política que coloca al propio Churchill como jefe de un Gobierno Conservador de Unidad Nacional, junto a Laboristas y Liberales: Durante los (…) últimos días de la crisis política, mi pulso no se aceleró en ningún momento. Tomé todo como venía. Pero no puedo ocultar al lector (…) que cuando fui a dormir (…) era consciente de una profunda sensación de alivio. Al fin tenía la autoridad de dar directivas sobre la escena entera. Sentí como si estuviera caminando con el Destino, que toda mi vida pasada no había sido sino una preparación para esta hora y esta prueba. (…) Creía que sabía mucho sobre todo esto, y estaba seguro que no fallaría. Y así, aunque impaciente porque llegara la mañana, dormí profundamente sin necesidad de sueños animosos. Las realidades son mejores que los sueños (Facts are better than dreams).   

Tema del Volumen 2 Su Hora más Gloriosa: De cómo el pueblo británico sostuvo el fuerte POR SÍ SOLO hasta que aquellos que hasta allí habían estado medio ciegos estuvieron medio preparados. Por supuesto, Churchill se refiere al obvio objetivo de su estrategia política: Atraer a los Estados Unidos a la Guerra. Todas sus acciones se orientaron a ello, y parece fue la única esperanza de vencer en la confrontación con Alemania y sus aliados. Entre el 10 de mayo de 1940 y el 21 de junio de 1941, el Reino Unido y sus aliados indios, canadienses, neozelandeses y australianos lucharon solos contra Alemania e Italia. El Libro Uno, The Fall of France (La Caída de Francia), detalla la derrota y ocupación de Francia y sus consecuencias para la Gran Bretaña, destaca la épica evacuación de la Fuerza Expedicionaria Británica de Dunkerque, en la que participaron 861 buques y se rescataron 338,226 soldados. En su discurso al Parlamento Churchill al respecto dijo ser imperativo explicar (…) a nuestro propio pueblo (y) al mundo que nuestra resolución de combatir se fundaba en sólidas bases y no era un mero esfuerzo desesperado. La parte final de este Discurso es un clásico de la oratoria: Aunque (…) muchos antiguos y afamados estados han caído o pueden caer en las garras de la Gestapo y el odioso aparato del régimen nazi, no nos rendiremos ni desmayaremos. Iremos hasta el fin, combatiremos en Francia, combatiremos (…) en el aire, defenderemos nuestra isla a cualquier costo; combatiremos en las playas, combatiremos en las pistas de aterrizaje, combatiremos en los campos y en las calles, combatiremos en las colinas; nunca nos rendiremos, e incluso si (…) esta isla o buena parte de ella fuera subyugada y pereciera de hambre, entonces nuestro Imperio más allá de los mares, armado y guardado por la flota británica, continuará la lucha, hasta que en el buen tiempo de Dios, el Nuevo Mundo, con todo su poder y fuerza, se levante a rescatar y liberar al Viejo. Claro que el discurso es una cosa y la realidad otra. En el Libro Dos Alone (Solos), se desarrolla la Batalla de Inglaterra, ocasión para que Churchill escriba sus mejores páginas y algunas de sus frases más afortunadas (Nunca, en el transcurso de los acontecimientos humanos, tantos le debieron tanto a tan pocos). Pero aunque Inglaterra resiste, se debilita y retrocede en los frentes de guerra del Mar Mediterráneo (donde enfrenta a la poderosa flota italiana); en los territorios controlados por la colaboracionista Francia de Vichy; en el norte de África, donde con escasos medios alcanza grandes victorias sobre los italianos; en Grecia y Yugoslavia, invadidas y ocupadas; y por sobre todo en la defensa de su “línea de la vida”, las rutas del Atlántico donde los convoyes de abastecimientos se enzarzan con U-Boots y los acorazados de bolsillo germanos en corso: La Batalla de Francia estaba perdida. La Batalla de Inglaterra estaba ganada. La Batalla del Atlántico se debía combatir ahora.   
  
III

The Grand Alliance y The Hinge of Fate

(Volumen Tres: La Gran Alianza y Volumen Cuatro: El Gozne del Destino)

Tema del Volumen 3 La Gran Alianza: De cómo los británicos combatieron con dificultad hasta que la Rusia Soviética y los Estados Unidos se vieron envueltos en el Gran Conflicto. En el prefacio del volumen Churchill advierte que la Guerra a estas alturas es tan amplia que no puede narrar las operaciones soviéticas y estadounidenses en la misma extensión que las británicas, tarea que deja a sus historiadores. Apenas menciona campañas y operaciones si no es en relación con las acciones británicas. En el Libro Uno, Germany Drives East (Alemania se dirige a Oriente), no detalla las campañas alemanas y soviéticas en oriente, aunque lista al detalle la ayuda británica a los soviéticos acá y en el capítulo 5 del Libro Dos. Detalla el Blitz sobre Inglaterra y la guerra en sus teatros de operaciones: el Mediterráneo; África Oriental y del Norte; Grecia, Creta y los Balcanes; Siria e Irak; y en especial el Atlántico (tres de 20 capítulos). En política es fundamental el doble juego británico con la Francia de Vichy y la Francia Libre de Charles De Gaulle; así como en los Balcanes, obsesión de Churchill, donde prevé el posterior dominio comunista. El capítulo 20 (El Némesis Soviético) – y el 1 del Libro Dos – trata de justificar las medias tintas británicas con comunistas y nazis antes del Pacto Molotov-Ribbentrop y la Operación Barbarroja. Es cierto que Churchill convence de su apoyo sin reservas a la URSS: ¿Pero puede alguien dudar de cuál podrá ser nuestra política? (…) Todo hombre o estado que marche contra Hitler tendrá nuestra ayuda. Todo hombre o estado que marche con Hitler es nuestro enemigo. (…) daremos toda la ayuda que podamos a Rusia y al pueblo ruso. En el Libro Dos, War comes to America (La Guerra va a América), Churchill en cierto modo se regodea con justicia por la victoria política que obtiene del Presidente de USA, Franklin Délano Roosevelt, en especial la Carta del Atlántico, en la práctica una Alianza USA - Reino Unido. Como siempre, lo político predomina sobre lo militar, aunque Tobruk, Persia y Pearl Harbour tienen su espacio. Se produce el ataque japonés: “Señor Presidente, ¿Qué es esto sobre Japón?” “Es cierto” – replicó (Roosevelt) – “Hemos sido atacados en Pearl Harbour. Estamos todos en el mismo bote ahora” (…) Ningún americano pensará mal de mí si proclamo que tener a los Estados Unidos de nuestro lado fue para mí la más grande alegría. (…) sabía que (…) estaban en la guerra hasta el cuello y hasta la muerte (up to the neck and in to the death). El detallado recuento del viaje de Churchill a Estados Unidos y Canadá completa el Libro.

Tema del Volumen 4 El Gozne del Destino: De cómo prevaleció el poder de la Gran Alianza. El Libro Uno The Onslaught of Japan (El Ataque de Japón) empieza con la vuelta de Churchill a Gran Bretaña, y el inicio del período más oscuro de su gobierno. Aunque el relato pretenda reducir el impacto de esos terribles días, no disimula la depresión que produjo la caída de Tobruk en el norte de África en manos alemanas, ni el trauma de la caída de Singapur frente a inferiores fuerzas japonesas en febrero de 1942, que se toca en el capítulo 6: Juzgué imposible sostener una investigación (… sobre …) las circunstancias de la caída de Singapur mientras la guerra estuviera en su apogeo. (…) El parlamento aceptó este punto de vista; pero ciertamente pienso que en justicia para los hombres y oficiales concernidos debía hacerse una investigación una vez las hostilidades terminaran. La investigación no fue de interés para el posterior gobierno laborista, y Churchill no insistió en ella en su segundo gobierno (1951 – 1955). Probablemente hubiera removido muchos conchos, pues al tiempo que los norteamericanos levantaban dos fuerzas armadas para Europa y el Pacífico, y equipaban a británicos, rusos, chinos y resistentes de una docena más de países, el Eje contraatacaba en Rusia y el Atlántico, mientras Japón llegaba a las mismas puertas de la India. Sólo los americanos obtenían triunfos (Mar del Coral, Midway), y los rusos reclamaban cada vez más agriamente un Segundo Frente que aliviara la presión del rodillo alemán. Para remate, la larga sucesión de desventuras militares produjo una Moción de Censura contra Churchill y su Gobierno de Coalición Nacional. En junio 25 de 1942 la moción presentada por algunos conservadores recalcitrantes (John Wardlaw-Milne, Roger Keyes, Leslie Hore-Belisha) arguía que Esta Cámara, mientras rinde tributo al heroísmo y resistencia de las Fuerzas Armadas de la Corona en circunstancias de excepcional dificultad, no confía más en la dirección central de la guerra. Sin embargo, la alternativa de un Duque para Generalísimo de las Fuerzas Armadas y Primer Ministro no agradó al Parlamento y la votación la ganó Churchill por 475 a 25. El Libro Dos, Africa Redeemed (África Redimida) muestra más logros, mostrando efectivamente que el gozne de la puerta giró y se salía del túnel oscuro: La operación Torch vincula a británicos y norteamericanos en la invasión del Norte de África, mientras el 8vo Ejército de Montgomery derrota a los alemanes en El-Alamein. A la vez los rusos detienen la progresión alemana en Stalingrado y empieza la contraofensiva. Churchill viaja por segunda vez a América y por primera a El Cairo y Rusia para reunirse con Roosevelt, Stalin, Chiang-Kai-Shek, De Gaulle, porque entiende que es necesario ponerse de acuerdo cuando se inician las victorias. Además, Stalin está molesto, siente que los anglonorteamericanos forman bloque y contemplan a rusos y alemanes matarse y debilitarse entre sí, y exige un Segundo Frente, pero ya. Churchill apacigua con dificultad al líder soviético, y en su tercera visita a Washington, y con la victoria aliada en Túnez, empuja un Pequeño Segundo Frente contra el eslabón más débil de la cadena del Eje: La Italia de Mussolini.   

IV

Closing the Ring y Triumph and Tragedy

(Volumen Cinco: El Círculo se cierra y Volumen Seis: Triunfo y Tragedia)

Tema del Volumen 5 El Círculo se cierra: De cómo la Alemania Nazi fue aislada y asaltada desde todas partes. El volumen relata los hechos de junio de 1943 a junio de 1944, justo antes del Día D. El Libro Uno, Italy Won (Italia Ganada), narra la historia de las campañas militares en Italia y su complicada situación política, así como los problemas con la Francia Libre por la ocupación de los territorios de África del Norte. El objetivo de la invasión de Italia era provocar la caída del gobierno fascista del Duce Benito Mussolini, débil como toda autocracia en retirada. La derecha italiana no fascista, con el Rey y el Ejército, se unieron con fascistas disidentes para poner fin a la dictadura de 21 años del Duce en julio de 1943, y nombra Primer Ministro a Pietro Badoglio, que mantiene una desmayada alianza con Alemania. La visión de Churchill es simpática hacia el gobernante caído: Así terminaron veintiún años de dictadura en Italia, durante los que levantó al pueblo italiano desde el Bolchevismo en que se hundía en 1919 a una posición en Europa que Italia nunca había gozado. (…) La alternativa a su régimen bien pudo haber sido una Italia Comunista, la que hubiera traído peligros y desventuras de diferente carácter sobre Italia y Europa. El error de alinearse con Alemania y el Eje terminó cuando en Setiembre de 1943 Italia se vuelca a los Aliados, Hitler ordena así la ocupación del país y envía comandos a rescatar a su compinche y llevarlo a fundar la esperpéntica República Social Italiana (RSI). Otros temas tocados en el Libro son la Conferencia de Quebec, las armas secretas de Hitler (La V1 y V2), los avances tecnológicos y la preparación de la Conferencia de los Tres Grandes en Teherán, narrada en detalle en el Libro 2, Teheran to Rome (De Teherán a Roma). La importancia de esta Conferencia se ve en que abarca casi cinco capítulos de los 18 del libro, que además abunda en las Conferencias de El Cairo; la durísima campaña italiana (en particular la Batalla de Monte Cassino); la situación de Grecia y Yugoslavia, y el rol jugado por Draza Mihailovic, el Rey Pedro y el mariscal Tito en la muy compleja trama política balcánica, a la que Churchill siempre prestó atención y que explica al detalle, si bien con un sesgo a favor del Real Gobierno Provisional de Yugoslavia en El Cairo, y contra el Gobierno Antifascista de los partisanos, establecidos incuestionablemente como los elementos dirigentes de la Resistencia en Yugoslavia, particularmente desde la rendición italiana. (…) era importante que ninguna decisión política irrevocable fuera tomada acerca del futuro régimen en Yugoslavia en la atmósfera de la ocupación, la guerra civil y la política de los émigré. Otros temas son la creciente ofensiva aérea sobre Alemania; la estrategia contra Japón y la campaña de Birmania y los preparativos de la Operación Overlord, el Día D. Culmina el Libro y el Volumen con la ocupación de la primera capital del Eje: Roma.  

Tema del Volumen 6 Triunfo y Tragedia: De cómo las Grandes Democracias triunfaron, y así fueron capaces de reanudar las tonterías que estuvieron tan cerca de costarles la vida. El Volumen abarca desde el Día D (Desembarcos canadiense, británico y estadounidense en Normandía) hasta la rendición de todos nuestros enemigos catorce meses más tarde. El Libro Uno, The Tide of Victory (La Marea de la Victoria), se abre con los Desembarcos Aliados, el avance sobre París y el ataque de las V1 y V2 sobre Londres, que rememoraba los peores días del Blitz de 1940. Con Normandía, los desembarcos en el sur de Francia (a los que Churchill se oponía pues prefería una operación sobre los Balcanes que nunca se produjo), y las Ofensivas en Italia y el Frente Ruso, la suerte de la Alemania Nazi estaba echada, y Churchill abunda en el papel de Gran Bretaña en Birmania contra los nipones y en Grecia contra los alemanes y el gobierno comunista. Se perfilan aquí las líneas de lo que será el enfrentamiento entre los Aliados occidentales y el coloso soviético, preludio de la Guerra Fría posterior. Esto se evidencia en el capítulo 9, El martirio de Varsovia, donde Churchill protesta contra la calculada inmovilidad soviética durante la rebelión de dicha ciudad. Inglaterra entró en la guerra en 1939 por las garantías acordadas a Polonia, y el prestigio británico se hundiría si libraban a Polonia de los nazis para regalarla a los comunistas. En político, el conflicto se agudizaba entre el gobierno polaco pro-occidental de Londres y el gobierno pro-soviético de Lublin, por el tema de las fronteras ruso-germanas negociadas en el Pacto Molotov-Ribbentrop. Churchill trató de mejorar su posición reforzando su alianza con USA influyendo en Roosevelt, a la vez que trata de ser interlocutor entre los soviets y Stalin y los norteamericanos. En el Libro Dos, The Iron Curtain (La Cortina de Hierro), se describe la situación escapada de las manos de la diplomacia británica, y se distingue cierta amargura y desilusión por los resultados de la Conferencia de Yalta, con un Roosevelt enfermo y cansado, que moriría poco después, y un Churchill solo frente a los agresivos Soviets, mientras Harry Truman se preocupa más del Pacífico y es más bien suspicaz frente a sus aliados. Los Soviets ocupan toda la Europa Oriental y se asientan de modo que parece no se irán en el corto plazo (Y no se fueron hasta 1989), Alemania se rinde y se deshace la Gran Alianza URSS – USA – Reino Unido. La combinación USA – URSS se une contra Japón, aún no se sabe que el arma atómica será suficiente, y deja de lado al León Británico. Tras el fin de la guerra en Europa los laboristas se apartan del gobierno, y se convoca a elecciones generales para julio de 1945, que Churchill y los conservadores pierden frente a los laboristas. Su digno mensaje a la Nación pone fin al relato: He rendido el cargo que fue colocado sobre mis hombros en tiempos más oscuros. Lamento no se me permita terminar la tarea contra Japón. Sin embrago, los planes y preparativos para ello ya se hicieron, y los resultados pueden llegar mucho más rápido (…). Inmensas responsabilidades en el extranjero y en casa caerán sobre el nuevo Gobierno, todos debemos esperar que tenga éxito en abordarlas. Sólo me queda expresar al pueblo británico mi profunda gratitud por el apoyo sin desvíos ni titubeos que me fue dado durante mi tarea.

V

Colofón

Es toda una experiencia recorrer la Segunda Guerra Mundial guiado por uno de sus principales protagonistas, a la vez Escritor, Historiador e Historiógrafo de sí mismo, genial autodidacta gracias a sus insaciables lecturas de Macaulay, Clarendon, Mommsen y Gibbon. Churchill se veía a sí mismo como Escritor y casualmente también M.P. (Miembro del Parlamento), escribía por placer tanto como por la más plebeya razón de la falta de plata, de la que no heredó gran cosa pese a ser aristócrata, y su conservadurismo no era pantalla para justificar la explotación del hombre común, al que dirigió y sirvió en la guerra y en la paz. A pesar de su educación victoriana y sus ideas anacrónicas sobre el Destino Manifiesto de la Gran Bretaña y los Pueblos de Lengua Inglesa, como servidor público su desempeño fue excepcional. Parece que en aquel entonces se fabricaban hombres de una aleación hoy día perdida, al margen del acuerdo o desacuerdo que se pueda tener con las ideas que inspiraron su obra política y literaria. Pecó de subjetivismo, quién no lo hace, pero pecó con carácter, incluso con elegancia y buen gusto. Fuera de la obra reseñada, destacan sus biografías (Vida de Lord Randolph Churchill; Marlborough, Vida y Tiempos), sus obras autobiográficas (La Guerra del Río; De Londres a Ladysmith por Pretoria; etcétera) y las narrativas (La Crisis Mundial, La Segunda Guerra Mundial y la Historia de los Pueblos de Habla Inglesa). Y aunque el desacuerdo con Winston Spencer Churchill pueda darse en muchos aspectos, indudablemente es de admirar su condición humana y su británico humor. Terminemos este colofón con una historieta: El Parlamento Británico como sede de picantes discusiones y ataques se ve en un debate durante el cual una diputada laborista espeta a Churchill: Si usted fuera mi marido, le pondría veneno en el café. Churchill interrumpe y retruca: Señora, si usted fuera mi mujer… me lo tomaba.   


Puede uno encontrar La Historia de la Segunda Guerra Mundial, por lo menos por ahora, en: http://es.scribd.com/doc/228271929/La-Segunda-Guerra-Mundial-PDF. Hasta otro día.

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martes, 15 de abril de 2014

CRÓNICAS DE LECTURAS 78 - BIOGRAFÍAS: EL MALO DE LA PELÍCULA- ADOLFO HITLER

CRÓNICAS DE LECTURAS – 78
Biografías: El Malo de la Película – Adolfo Hitler

Un torturador no se redime suicidándose. 
Pero algo es algo.
 (Mario Benedetti)

I
Los Malos de la Película

Las Biografías sobre los Malos de la Película no tienen pierde, porque a pesar de lo que se descubra y de lo que pase en el futuro, su fama de chicos malos les persigue. El problema de fondo está en el ejercicio de la crueldad contra aquellos que no pueden defenderse. Las cifras no cuentan, he visto encuestas sobre los más malos o crueles de la historia, y hay quien incluye a Poncio Pilatos, pese a que solo habría ejercido crueldad conocida sobre una persona, algo discutible en una época donde ello era tan corriente que a nadie le llamaba la atención emplearla hasta que los pájaros cantaran La Traviata en guaraní. La crucifixión era común en el Imperio Romano, el empalamiento un deporte practicado desde Chile hasta Rumania, y el ajusticiamiento - con su tortura más - común hasta la Revolución Francesa. La Crueldad era un componente deseable y deseado del “castigo”, y éste impartido con pocas justificaciones mayores que la voluntad del mandamás de turno. Esto choca con los conceptos modernos, que desde Grocio, Kant y Voltaire tratan de fomentar conductas más humanas.  No hay entonces tanto espacio para la subjetividad en esto de la crueldad, excepto en su “medición”. Podría verse como tema cuantitativo, cosa relativa porque no se es más cruel por matar más gente, sino por cómo se hace: Se define por el exceso cometido, el dolor infligido, la injustificada vesanía de la tortura, la presencia de venganza y salvajismo en el castigo. De ahí que el argumento “Nosotros matamos menos” no es sólo políticamente infantil, sino éticamente falaz por la cuanti y por la cuali. Si hasta el hecho de matar se considera cruel, los estados tratarán, si es que al final tienen que matar, de hacerlo “misericordiosamente”. La Guillotina se publicitó como republicanamente rápida para evitar sufrimiento inútil. Por el contrario, se puede ser extremadamente cruel y no querer matar a nadie – por lo menos hasta que canten - como atestiguarían la Inquisición y las Dictaduras militares de América Latina. Para ser un verdadero malo de la película hay que unir al homicidio la premeditación, la alevosía, la ventaja.

Pensemos en tipos como Calígula, Nerón, Atila (Azote de Dios, nada menos), Genserico, Gengis Khan (Que hizo arma del terror, si bien no fue ni el primero ni el último), Timür Lenk (que erigió pirámides con cabezas humanas), Rasputín, Jorge Rafael Videla, Lucio Cornelio Sila, Leonidas Trujillo, Ricardo Corazón de León, Rodrigo Borgia (Papa Alejandro VI para amigos y enemigos), Herodes el Grande, Charles Manson, Hernán Cortés, Joseph Mengele, Francisco Pizarro, Vlad Tepes (a) Dracul (gran aficionado al empalamiento), José Stalin (12 millones, sin contar los enviados al GULAG), Asurbanipal, Jean David Nau (a) El Olonés, Idi Amín, Leopoldo II de Bélgica (el rey negrero, anótenle cinco millones de congoleses), Saloth Sar (a) Pol Pot, Alfonso Capone, Iván el Terrible, Jean Bédel Bokassa, Benito Mussolini, Tchaka, Simón de Montfort (Mátenlos a todos, Dios escogerá a los suyos), Augusto Pinochet, Pedro el Cruel, Slobodan Milosevic, Pedro de Torquemada, el Pirata Henry Morgan, Billy the Kid, Juan Martín Boves, las familias Duvalier y Somoza, con todos ellos no hay duda, ejercieron crueldad sobre víctimas indefensas e inocentes. No diferenciamos acá autoría mediata de inmediata, tan Caín es quien ordena asesinar como quien lo ejecuta. Peor aún, si recordamos por ejemplo al cobarde Heinrich Himmler nauseoso por contemplar el efecto de sus órdenes a la SS. Los rankings basados en el número pueden ser una curiosidad pero es mejor no hacer distingos entre asesinos, pues la condición está generalizada. Véase si no en las mujeres, como María Estuardo de Escocia, la condesa Isabel Bathory (asesina de 600 jóvenes núbiles, cuya sangre bebía para obtener la eterna juventud), Ilse Koch “La Zorra de Büchenwald”, Bloody Mary, Ranavalona I de Madagascar (en su cuenta hay un millón de esclavos) y quien sabe cuántas más. 

La crueldad parece inseparable de la necesidad política y militar; combinar moral con política y guerra es sumamente complejo, un problema nada alejado de las simpatías políticas que tienden a disculpar a los personajes de nuestra camada en función de sus logros, y que consideran a las víctimas como "bajas necesarias y lamentables", qué pobre consuelo y falaz justificación. Ilse Koch, Vlad Dracul o Idi Amín no generan duda, no poseen motivación, causa o ideología a la cual adscribirse Pero ¿qué hay de Julio César, Alejandro Magno, el Ché Guevara, Saddam Hussein, George W. Bush, Napoleón Bonaparte, Mao Ze Dong, Francisco Franco, Muammar Gaddafi, Harry Truman, Winston Churchill, Vladimir Ilytch Lenin, etcétera? ¿Puede cocinarse una tortilla sin cascar huevos? ¿Cómo logras objetivos políticos y militares sin causar muertes y daños? ¿Se puede acaso, como dice Shakespeare en Enrique V, ganar una guerra sólo con soldados bondadosos? ¿Podía Truman no arrojar la Bomba Atómica a Hiroshima? ¿O el Ché liberar Cuba sin fusilar gente? ¿Si te comportas decente, no te gana tu enemigo, a quien tales límites ético-morales no le estorban? Olvidamos con facilidad que en una ruptura general de las reglas de la convivencia civilizada (la guerra es eso) no se pueden juzgar los hechos del mismo modo que en situación de paz. Es un grave problema, nuestro propio “conflicto interno” en el Perú con Sendero Luminoso, que tantos se inhiben de llamar “guerra”, presenta ese problema: Si era "guerra", pues entonces se rige por el conjunto de reglas A, y si era “conflicto armado interno” con el conjunto B. Lo que no puede pasar es lo que hace la Derecha Bruta y Achorada, operar a la vez como A y como B. Es decir, con las reglas del conflicto armado interno cuando me benefician, y las de la guerra para jorobar a los adversarios. Y a la inversa, qué cuajo. Ello lleva a lo que decía Unamuno: Vencerás porque tienes la fuerza bruta, pero no convencerás porque no tienes la razón. Es decir, ganarás en la coyuntura pero prepararás tu derrota en la estructura. A ver quién les hace entender eso. En fin, trato de no ser partisano, y por ello uso el mismo argumento para Lenin y para Franco, por ejemplo, pese a ser consciente de cómo la Historia la escriban los vencedores, y la verdad sea la primera víctima de la Guerra. Por ello, para tratar este tema me voy a un personaje incontrovertiblemente malvado: Adolfo Hitler.    

II
Hitler, Estudio de una Tiranía (Tomo I), de Allan Bullock

Pocos individuos más biografiados que este genio del mal, tan analizado, tantas veces superficial y sesgado. Dicen que la biografía que acaba con todas es la última que se ha editado de Ian Kershaw, pero no lo puedo afirmar de seguro porque no la he leído aún, está en la lista esperando que tenga plata para comprarla - o que alguien me la obsequie, espero que Alguien se sienta aludido(a) - y eso puede tomarse su tiempo. Por otra parte, lo poco que le he leído a Kershaw no me convence. Así que entre tanto nos entretenemos con la Biografía de Adolfo Hitler (1889 – 1945) de  Allan Bullock (1914 – 2004), publicada en 1952,  que tiene entre sus virtudes la de ser exhaustiva, detallada, global y bastante objetiva en los aspectos a los que se refiere, esto es los elementos y factores históricos y políticos que permitieron el establecimiento de la Tiranía en Alemania y Europa por parte del biografiado. Quizá nos hubiera gustado una aproximación más psicológica, a nuestro entender más explicativa, pero lo cierto es que Bullock cumple con bastante solvencia con lo que se propone, y no se propone más que lo que dice. Los dos tomos de la edición que me poseo – fuera de algunos gazapos horribles de los traductores - tienen un tono bastante diferente, el primero es intimista y personal, y llega aproximadamente hasta el momento en que el Partido Nacional Socialista de Obreros Alemanes (NSDAP) llega al poder y lo ejerce más allá de las fronteras germanas. El segundo tomo abarca por ende el período en que los acontecimientos vitales del devenir de Adolfo Hitler, la historia del Partido, la evolución de la sociedad y el estado (El Tercer Reich) alemán y su intromisión invasiva en los asuntos europeos y mundiales se confunden en uno y el mismo relato. La intención del biógrafo no es explicitada en ningún Prólogo o Prefacio, cosa que no dejamos de agradecer, pero sí está clara en el título y se sugiere mejor en el epígrafe, frase célebre de Aristóteles: Los hombres no se convierten en tiranos para preservarse del frío. Lo que enfatiza el convencimiento profundo de que la tiranía, dictadura o autoritarismo no son una necesidad en el orden de las cosas, ni se suceden necesariamente, ni se pueden justificar en los acontecimientos. En esto se reconoce la tradicional autoestima política de los nacidos en las islas británicas, que tienen a orgullo no necesitar de dictaduras ni regímenes de excepción para afrontar sus emergencias nacionales.  

No puede empezar de modo más lapidario esta Biografía: Adolfo Hitler nació a las seis y media de la tarde del día 20 de abril de 1889. Una manera de iniciar el asunto con el hecho vulgar del nacimiento de un niño. El pequeño Adolfo debe haber llegado al mundo como tantos otros, cargando como todos su parte de esperanzas y temores, y soportando como todos el peso de las circunstancias de su nacimiento. No es posible, delante de un recién nacido, saber qué hará en el mundo, si será una maldición o una bendición para los que le rodean, sólo cabe la esperanza. Y cuando el mundo al que se llega es estable y tranquilo y previsible, hay motivos para la esperanza. Adolfo era hijo de un funcionario estatal del Imperio Austro-Húngaro, un símbolo de permanencia y de posibilidades a favor. No trata sin embargo Bullock de explicar a Hitler por una u todas las características de su entorno, en realidad pareciera que cuando llega a alguno de estos puntos Bullock se abstiene con cuidado de hacer juicios basados en especulaciones o datos personales, y creo que acierta en su moderación historicista, es tan fácil ser profeta del pasado. En pocas ocasiones el autor se jugará una interpretación personal, y eso que tiene argumentos y datos muchísimo más que suficientes para hacerlo, es en esto verdaderamente experto. Cuando lo hace es preciso, contenido, detallado y cauto, y ello en estos días es una suerte de oasis intelectual en un tiempo en que todo el mundo cree que puede opinar, aún sin saber de qué diablos opina y a veces incluso sin tener claro los límites de su tema. Para fundamentar sus interpretaciones, Bullock prefiere hacer hablar a Hitler y/o a sus parteigenossen a través de sus documentos, en particular el libro autobiográfico Mi Lucha, al que se remite constantemente. Interesante es, entre otros, su punto de vista sobre la tendencia intelectual de Hitler a simplificarlo todo, evidenciada en una entrevista del propio Hitler concedida a un periodista francés antes de la Guerra: La más tosca de las simplificaciones de Hitler era la simplificación más efectiva: en casi todas las situaciones, creía  él, la fuerza, o la amenaza de la fuerza, resolvería el problema … . Es precisamente en la interpretación en que la otra interesante Biografía de Hitler que he encontrado, la de John Toland (1977) falla por la ausencia de pronunciamientos en cuestiones donde uno debiera pronunciarse.            

III
Hitler, Estudio de una Tiranía (Tomo II), de Allan Bullock

Con frecuencia me parece estar decidido a decirle algo (a Hitler), pero cuando me encuentro frente a él el corazón se me cae a los pies (Hermann Goering a Hjalmar Schacht). Probablemente la característica y rasgo más notable del líder político Adolfo Hitler haya sido la capacidad de convencer a los otros de poseer la verdad. Este rasgo es propio de cualquier político, y no se condena a un político por hacer lo que hace un político, sino por qué y para qué lo hace, tema conceptual del que Bullock trata de escapar.. Que Hitler dedicara su indudable talento político a destruir grupos humanos e imponer su visión semi-nietzscheana de la voluntad y la fuerza; y tratara de resolver sus problemas emocionales exterminando la oposición política y anexándose media Europa, debe producir gran cuestionamiento a educadores y científicos sociales. Bullock no lo dice, pero está claro en esto que está tan perplejo como el resto, pero tiene el tipo de ensayar respuestas coherentes sin salirse de su perspectiva histórica. Como suele ocurrir en los hechos históricos, el conocimiento a profundidad de los mismos complejiza las cuestiones y obliga a abandonar lo unívoco, lo que nos obliga a pensar. Cada vez más parece imponerse el concepto de las multicausas o multitud de factores para explicarse los hechos, probablemente todos los hechos. El segundo tomo de la obra hace algo esencial al respecto al unificar la biografía de los hechos personales más o menos menudos con los grandes hechos históricamente conocidos. El ser humano vive siempre dentro de sus esclusas, de sus circunstancias: Dentro de las líneas trazadas en los momentos decisivos es que se toman decisiones que se adaptan a las circunstancias sobre las que no se tiene control directo, en el caso de Hitler tratando siempre de obtener dicho control directo. El invierno de 1937-1938 marca el punto decisivo en que Hitler pasa de su objetivo limitado (…) a la carrera audaz que lo condujo a los éxitos espectaculares de los años 1938 – 1941. No es que con esto cambiase de dirección o de carácter su política exterior.

Son harto conocidos los hechos que siguieron a la toma del poder por los nazis con Hitler a la cabeza, cómo primero se consolidaron en el propio país, la social y políticamente descompuesta Alemania, primer país ocupado por los nazis; cómo impusieron el dominio y coordinación (gleichschaltung) de la sociedad en función de la hegemonía de un grupo social amorfo y voluntaristamente constituido. Tratando de imponer esta plantilla ideológica en toda Europa consiguieron algo que solamente han logrado en la historia los asirios y los mongoles: Levantar la mano contra todos, y que todos levanten la mano contra ellos. La Segunda Guerra Mundial vio comunistas y capitalistas (aunque no todos), Liberales y Socialistas unidos contra los grandes pateadores del tablero, los nazis y sus aliados totalitarios italianos, japoneses y de otras naciones. Y en esto los errores fueron más importantes que los aciertos, una visión desapasionada de Hitler lo muestra humanamente falible, con un número de aciertos aproximadamente igual al de sus metidas de pata, con lo que la aureola de eficiencia germana y nazi se derrumba tan igual como la de cualquier ideología o esquema preconcebido de pensamiento que comparta nuestra común condición humana. Al final de esta muy recomendable obra, Bullock llega a una conclusión que seguramente Albert Camus no hubiera suscrito, probablemente por un tema semántico: Hitler como Gran Rebelde contra un “sistema” mundial, y por cierto es una de las primeras veces que se usa el término “Sistema”, hoy tan manoseado. Hitler claramente no es un Gran Revolucionario, no se puede serlo sin defender causas humanas justas y generalizadas: La libertad e igualdad son para todos, no para un grupo que lo expropie a expensas de otros, que es precisamente lo que diferenció en su momento por la base al bolchevismo del nazismo, y de modo permanente a la izquierda de la derecha: (Hitler) Se rebeló contra “el Sistema” (…) en Europa; se rebeló contra el orden burgués-liberal (…). Su misión (…) era destruir todo eso, y en ese propósito (…) no fracasó. Quizá Europa vuelva a rehacerse, pero la vieja Europa (de 1789 a 1939) se fue para siempre jamás, y la última figura que surge en su historia es la de Adolfo Hitler, arquitecto de su ruina (…) (“Si buscas el monumento suyo, mira a tu alrededor”).

No hemos encontrado este libro en la red en castellano, acá va una versión en inglés:  http://en.bookfi.org/book/1075555

IV
The last days of Hitler, de H.R. Trevor-Roper

Si la Biografía de Bullock nos ofrece una película completa de la peripecia hitlerista, el libro de Hugh Trevor-Roper (1914 – 2003) The last Days of Hitler (Los últimos Días de Hitler) nos ofrece más bien un conjunto de instantáneas obtenidas más o menos de modo detectivesco sobre el oscuro, misterioso y macabro final del Amo y Señor del Tercer Reich, el de Los Mil Años, reunidas como lo hubiera hecho un Sherlock Holmes en medio de las grandes nieblas que marcaron la noche oscura del desastre. En tales circunstancias los hechos quedan detrás de las gemelas cortinas de la casualidad y de los intereses de las partes en pugna, y abrirse paso entre ellas es labor reservada a gentes audaces y astutas. Que Hugh Trevor–Roper hizo su chamba a conciencia puede verse en el hecho que la última versión del final de Adolfo Hitler aceptada por todas las partes sigue siendo básicamente la suya, incluso cuando el final de la Unión Soviética en 1991 permitió abrir los archivos soviéticos y develar algunos misterios que Stalin creyó conveniente mantener sobre el fin del régimen hitleriano por sus propios y nada inescrutables motivos. Trevor-Roper fue analista de la Inteligencia Británica durante la Guerra Mundial, calificadísimo para ello por su astucia militar y sus estudios clásicos en Oxford. En 1945 le encargan dilucidar nada más y nada menos que el final físico de Adolfo Hitler, con lo que se trataba de responder a las acusaciones soviéticas de que Hitler podría estar protegido por las potencias occidentales. El resultado es este libro, editado en 1947, The last Days of Hitler. Por cierto que de vez en cuando surgen “noticias” que ubican a Hitler en alguna parte de Sudamérica, no obstante que de haber sobrevivido tendría bastantes más años que los lógicos, cosas de los compromisos curiosos en que a veces incurre cierto periodismo, suponemos.

Lo fundamental, en todo caso, supera las cortinas de humo que se han arrojado tradicionalmente sobre el tema, casi siempre para construir una ilusoria figura heroica. Que ellas han tenido algún éxito se ve en las gentes atraídas por un supremacismo neo-nazi totalmente anacrónico. En todo caso, el hecho lirondo es que todas las circunstancias fundamentales del final de la vida del Dictador que quedaron impresos en la menet colectiva, parten de la obra de Trevor-Roper, que presenta a un Hitler enfermo, atrabiliario, nada heroico, muy cercano al derrumbe físico y emocional, y aún así cruel y bajo. Incluso la clásica película del 2004 sobre los últimos días de Hitler en el Bunker, El Hundimiento o La Caída, sigue en lo esencial el mismo orden que la obra de Trevor-Roper, aunque en el detalle se centre más en la biografía del alemán Joachim Fest, y en las memorias de Traudi Junge, última secretaria del susodicho Adolfo. Como por desgracia no he leído estos libros, no puedo dar fe de ello, pero he visto la película y en lo básico es lo que he encontrado en el libro que reseño. Trevor-Roper, por lo demás, entró en controversia con Allan Bullock en referencia a las motivaciones fundamentales de Hitler, discusión más o menos académica que probablemente interese más a los especialistas. Lo que posiblemente nos importe más en este caso es que se llegó desde temprano a dilucidar un problema de fundamental importancia política e histórica, que es el del fin que eventualmente les espera a aquellos que tratan de destruir a los demás. Pocos documentos como éste son tan devastadores en su simplicidad, colocando un epitafio definitivo en la lápida de éste y de cualquier Führer que pretenda alzarse con el control y el dominio totalitario de una parte de la humanidad. La devastación ideológica y política que produce no la logra con declaraciones altisonantes ni afirmaciones controversiales, sino con el simple develamiento de los hechos apoyado en documentos irrefutables que se sostienen por sí solos. En esto es análogo a otras obras y documentos sobre temas de la Guerra Mundial, como la Shoah y el controvertido papel de la institucionalidad católica y el Papa Pío XII, o sobre la colaboración con los nazis de políticos de derechas de la Europa Central y Oriental, o sobre la hipocresía y complicidad entre los aliados occidentales y la derecha económica alemana en el incompleto proceso de desnazificación.
   
Al igual que con la Biografía de Alan Bullock, este libro capital para entender a Adolfo Hitler no parece estar en castellano en la web, o cuando menos no lo he encontrado. En inglés, los enlaces que he hallado son algo equívocos, y prefiero no compartirlos para evitarnos problemas.

V
Colofón

Probablemente lo más interesante de esta Crónica sea la diferencia y a la vez cercanía entre los hechos de la Historia propiamente dicha y los pequeños hechos de la vida y la muerte de un biografiado. No es lo mismo Bullock y Trevor-Roper como buenos biógrafos e investigadores, que los igualmente profundos e interesantes estudios de Enzo Collotti, La Alemania Nazi; o del equipo de Arnold Toynbee, La Europa de Hitler, referidos más a los procesos históricos generales que a las peripecias del Malo de la Película más emblemático de la historia reciente. Y aunque hay muchos más Malos de la Película que merecen su biografía, veremos si las conseguimos, las leemos y las reseñamos. Hasta otro día, chicos y chicas.

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