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jueves, 26 de febrero de 2015

EL DESPERDICIO DEL TIEMPO - UN VIDEO TED - LEÑA PARA LA HOGUERA EDUCATIVA 13


EL DESPERDICIO DEL TIEMPO - UN VIDEO TED
LEÑA PARA LA HOGUERA EDUCATIVA 13 


Introducción

Puede que algunos de mis corresponsales sientan errado el título de esta Leñada cuando vean el del video que propongo expectar juntos: HOW TO LEARN ANY LANGUAGE IN SIX MONTHS (Cómo aprender cualquier lengua en seis meses) por Chris Lonsdale. Y no me equivoco en este caso, aunque suelo hacerlo en muchas cosas. Y ya que estamos acá, revisemos el video:

El Video TED


Algunas ideas fastidiosas

Espero que mis lectores de exclusiva lengua castellana - o que se limitaron a la finta de aprender inglés -  hayan procedido a colocar los correspondientes subtítulos, sin los cuales dudo que el video les haya sido de provecho. Me alegraría de ser así, primero porque saber que se puede aprender razonablemente bien una lengua extranjera en seis meses es no sólo reconfortante, sino sobrecogedoramente útil y extraordinariamente barato. 

Notemos además que hay algo que no se menciona en ninguna parte del Video, pues se sobreentiende: Quien está a cargo del proceso no es el profesor ni la institución educativa, sino el estudiante. Y si bien hay muchas instituciones que están empezando a entender por fin esta sencilla verdad, las escuelas privadas y públicas del sistema educativo formal aún tratan de maximizar sus costos reduciendo el nivel del aprendizaje cuanto pueden, apelando a la obligatoriedad de la Educación formal y a mantener tutelaje sobre los estudiantes.

Idiomas: Conjuntos de Habilidades

Si  embargo, vale la pena acotar que aprender un idioma que no es el materno implica tener competencia en un conjunto de habilidades meta que no necesariamente se cubren por completo con un método como el de Lonsdale. Pensemos en lo que pasa con nuestro propio idioma, en el que estamos en constante y continuo proceso de  aprendizaje: Es muy distinto limitarnos a hablarlo en situaciones cotidianas que hacerlo en académico, o que leerlo en novelas policiacas o sesudos tratados de Filosofía, Física Cuántico-Relativista o Genética de Poblaciones, o que escribir artículos de investigación o cuentos para niños, o traducir desde él o hacia él plasmando conceptos e ideas de otra lengua. Las habilidades que se dominan en un lenguaje cualesquiera implican aprendizaje permanente, combinando métodos en diversas estrategias adecuadas a la persona que aprende, y difícilmente a alguien más.

Es decir, con el método Lonsdale no hemos hecho más que empezar, y su valor parece ser básicamente el de iniciar el proceso y ganar autoestima suficiente para continuar en él y construir metacognitivamente tus propias estrategias. Al poner el acento del asunto en la autonomía del aprendiz se produce un cambio cualitativo de enorme importancia, que es el  comando en el establecimiento de estrategias adecuadas, sin imposición inconsulta de modelos previos supuestamente más adecuados y mejores.




Algunas conclusiones sobre el aprendizaje

El aprendizaje de Idiomas se caracteriza por que no se pueden enmascarar los resultados: O sabes inglés (u otro idioma), o no lo sabes. En matemáticas, Humanidades e inclusive en Comprensión de Lectura se puede - y se hace todo el tiempo - "esconder" o "enmascarar" resultados para que no se note la fundamental incapacidad del sistema, como tampoco la muy profunda ineficiencia que mantiene enormes presupuestos para sostener kilómetros de colmenas llenas de zánganos que obtienen resultados que se caen de puro mediocres. Ignoro como será en otros países, pero en el mío el porcentaje de estudiantes que aprenden una lengua extranjera en la abrumadora mayoría de centros educativos formales debe andar por los números negativos. 

En parte esto se explica por lo inútil de una enseñanza centrada en el control y el aburrimiento, que fomenta más aún el aborregamiento necesario para mantener la "disciplina" para "contener" a los alumnos y que marquen el paso. Así, ellos no toman en sus manos el proceso de enseñanza - aprendizaje, y aprenden a no exigir sus derechos. Y aunque algunos lo consiguen en la universidad, requiere un ingente esfuerzo llegar a este nivel de autonomía personal.

Otrosí, si el método para lograr una competencia elemental en seis meses de aprendizaje de un idioma extranjero es más o menos como Lonsdale lo señala, y por ende se obtienen resultados más o menos adecuados con un gasto más o menos previsible, la pregunta es, en definitiva, por qué entonces mantenemos en vigencia métodos vetustos, ineficientes, caros e ineficaces.  

Algunas conclusiones sobre la gestión escolar y académica

La mayor parte de los competentes en inglés en mi país no lo aprendieron en el sistema formal o no formal, sino en la práctica directa - por inmersión, como se dice. Y que es así se demuestra en lo cotidiano cuando las instituciones que enseñan inglés demandan profesores nativos, sabiendo que son un  asset. La práctica indica que el modo de Chris Lonsdale combinado con la inmersión presenta resultados muy superiores a los de cualquier otro método, y en mucho menos tiempo. Lonsdale es ultra-constructivista, por cierto.
Esto explicaría por qué hay tantas instituciones no formales que enseñan idiomas. Dominar el inglés es muy demandado, y una de las ventajas de la competitividad y el mercado es la aparición de instituciones capaces de cubrir esa demanda. Pero esta ventaja se evapora cuando los sistemas educativos públicos son inútiles, pues se deforma el mercado con altos precios de oportunidad.
La Demanda

La alta demanda por aprender inglés se basa en que todo peruano que se respete espera, patriótica, desinteresada e inconscientemente, emigrar cuánto antes del país que le vio nacer hacia cualquier otro un poco más amable. Es decir, un país que le deje ganarse la vida honradamente, y obtener ingresos algo más compatibles con la dignidad humana. Como ganancia secundaria, afuera te escapas de las argollas dominantes acá, y si vuelves con la aureola del título extranjero, automáticamente te conviertes en "alguien" muy distinto del que serías si te hubieras quedado.   

Un simple cálculo

En mi país la escuela arrebata once años de tu vida. El período lectivo, con sus más y sus menos, dura por la optimista algo así como 35 semanas. Desfiles, vacaciones, huelgas y demás mermas pueden reducir dicho período en la práctica a unas 30 semanas, y para las zonas rurales soy recontra optimista. A dos horas lectivas por semana de inglés, más o menos, podemos hablar de un desperdicio de 60 horas anuales por once años, es decir 660 horas.

En esas 660 horas mantendremos sentados a unos chicos y chicas que no aprenderán inglés, y cuya permanencia en la escuela obedece a motivos sin ninguna relación con aprender inglés, el que además no solamente NO SE APRENDE, sino que no se aprende con unos costos predeterminados. Sin temor a errar afirmo que de acuerdo a los principios del presupuesto por resultados, esas 660 horas son las más inútiles de toda la Educación Peruana. Aunque otros cursos de seguro nos enfrentarán a situaciones análogas.

Algunas Conclusiones incendiarias

La pregunta es si el aprendizaje de un idioma extranjero en el Perú tiene sentido fuera de la finta que se hace alrededor de la globalización y toda la monserga que se le asocia. El inglés se "enseña" desde muchos años antes que la globalización se pusiera de moda, y cabe preguntarse si lo inútil de enseñarlo se asocia más bien a la presencia de instituciones privadas que "reparan la falencia" por un precio, claro. 

Igual que en las matemáticas y humanidades con las academias preuniversitarias, y para que no haya modo de escaparse del cupo, los títulos profesionales en el Perú se asocian actualmente al dominio de ciertas competencias del idioma inglés, el que además es dictado por Centros de idiomas asociados a las Universidades del mimso modo que los Centros Preuniversitarios. Por un precio, que quede claro. 

Y ESO SÍ ES UN SOBRECOSTO que afecta la competitividad laboral, por si no nos hemos dado cuenta. Pues la enseñanza del idioma Inglés en el Perú es un negocio privado hace muchísimos años, pues como mi encantadora patria suelta por migración cada año una parte sustancial de su población a países de habla inglesa, el mercado para las academias de inglés constituye un contingente nada despreciable en constante renovación, el mercado es seguro, los costos bajos y las utilidades ingentes. El único riesgo son tipos como Lonsdale.  

Colofón

¿Qué deberíamos hacer entonces con la enseñanza del inglés? ¿Debería la Educación Pública desperdiciar recursos a enseñarlo con tan pobres resultados? ¿Conviene contratar a instituciones privadas para que lo enseñen? ¿O abandonarlo completamente? ¿Qué otras habilidades y contenidos del currículo están inmersos en este problema?

Estas preguntas y muchas más se empezarán a plantear el día que empecemos a discutir de educación en serio. Esperamos verlo, porque aunque las hogueras quemen, también iluminan la noche. El que tenga oídos, que lea ... en inglés, si puede.   

Peru Blogs

miércoles, 2 de octubre de 2013

CRÓNICA DE LECTURAS 58 - PORTUGUESES Y BRASILEÑOS

CRÓNICAS DE LECTURAS – 58
Portugueses y brasileños

I
Primeros contactos

Hablo de leer escritores cuya lengua materna es la portuguesa. Tendría yo unos 8 a 10 años cuando leí Los hijos del Capitán Grant de Julio Verne, y ya sé que lo que cuento no parece venir a cuento y se contradice con el título de la Crónica, pero prometo que al final de la anécdota le encontrarás el sentido. Verne siempre mete un francés entre sus héroes por razones obvias, en este caso el distraído Jacques o Santiago Paganel, Geógrafo de profesión que se suma a la filantrópica búsqueda del Capitán Grant. Parte importante de la obra acontece en América del Sur, y el personaje de marras aprende español para entenderse con los nativos de este lado del mundo: Gracias a sus buenas disposiciones hacia el poliglotismo, no desesperaba de hablar correctamente el nuevo idioma al llegar a Concepción. Sin embargo, el distraído Paganel confunde el español con el portugués y no consigue hacerse entender en Chile. Cata aquí mi primer contacto con el portugués, Paganel emplea la metodología común en su época para aprender una lengua, leer un clásico de la dicha lengua. Paganel recurre así a Os Lusíadas, de Luis de Çamoens (1524 – 1580), que el geógrafo supone escrita en castellano. Esto me produjo curiosidad por la obra en cuestión, y fue así que me enteré que existía una cosa llamada literatura en lengua portuguesa. Pero ni hablo ni leo portugués, aunque estoy más o menos familiarizado con el llamado portuñol, y leo con cierta solvencia artículos sobre Pedagogía y otros temas que se publican en revistas del medio. Pero toda mi experiencia con la literatura en lengua portuguesa es a través de sus traducciones al castellano, o a través de la pantalla.

La cabeza de puente de las telenovelas brasileñas que llegaron a nuestras tierras fue la archiconocida Isaura, la Esclava, de 1976, original del escritor romántico brasileño Bernardo Guimarães (1825 – 1884) y con guión de Gilberto Braga. La vi como la vio todo el mundo, y como a todo el mundo me sorprendió la ruptura total con la estupidez telenovelesca imperante hasta entonces. El argumento se centraba en la abolición de la esclavitud, y en comparación con las telenovelas en mi época trataba de un tema real y aún polémico. La exasperante cuadratura de las historias y cuentos de Corín Tellado y otros autores “rosa” dominaban las telenovelas, me costó años desentrañar la permanencia de esta literatura chatarra, fabricada al peso, publicada en las revistas femeninas tipo Vanidades, Buenhogar y hasta la supuestamente liberal Cosmopolitan y televisada a bajo costo. El insoportable folletín tipo “esto es lo que le gusta a la gente” precedió a las radionovelas y telenovelas, que quizá reconozcan otra fuente de su existencia en las soap-operas norteamericanas. El caso y la cosa es que la novísima telenovela brasileña destrozaba el atroz esquematismo bien pensante y reaccionario fabricado en Miami, Ciudad de México y Caracas, arrastró audiencia y se constituyó en paradigma de buena televisión. Paradigma que por supuesto no consiguió atravesar la dura piel portorriqueña-cubanoexiliada-venezolana-mexicana-peruana, que sigue produciendo lo mismo hasta hoy en día. Cosas del Orinoco, el Anáhuac y los Everglades, que ni tú no yo ni nadie entiende. En casa había un único televisor, mi abuela vivía prendida de sus telenovelas pre-TV por cable, y mi obligación de nieto engreído era verlas, entre ellas la mencionada Isaura. Para colmo, mi tío Lucho tenía gran parecido físico - bigotito incluido - con Rubens De Falco, el malo de la telenovela, lo que le produjo encontronazos de los jocosos y de los no tanto con las damas, de las que fue gran aficionado en vida. Las telenovelas brasileñas brillaban por sus guiones excepcionales y sus magníficos actores, de los que admiro particularmente a Antonio Fagundes y Andrea Montenegro. Ahora bien, quien dice buenos guiones dice buenos autores, y fue así que me encontré con la magnífica literatura en portugués. Hagamos una última atingencia antes de continuar: Ya sé que el brasileño y el portugués no solamente no son iguales sino que no se parecen, pero a mí, simple castellanohablante, me suenan parecido y tengo la suerte que se traducen igual.

Para distinguir la diferencia absoluta entre unas telenovelas y otras, véanse este primer capítulo de la Isaura:  http://www.youtube.com/watch?v=EAFKbRe8E1M

II
José María Eça de Queirós

A mí me han llegado libros de muchos modos, y a veces me he hecho cargo de libros que sus dueños por diversos motivos no podían o no querían conservar, asumiendo la tarea de conservarlos y mantenerlos vivos y vigentes. Me favorece el hecho de poseer una Biblioteca Permanente (por lo menos “permanente” hasta ahora, nadie sabe lo que el futuro nos depare), donde todo se atesora y conserva de manera más o menos adecuada, que nuestros presupuestos varían también más o menos, según el vaivén de la economía. En estas circunstancias llegaron a mis manos las Obras Completas del eminente portugués José María Eça de Queirós (1845 – 1900), en tres tomos de la editorial Aguilar, y de cuya existencia yo no tenía barrunto alguno hasta que tuve entre mis manos los dichos Tres Tomos. Revisando y revisando índices me enteré que el tal autor estaba atrás del cine y la televisión brasileñas, y cuándo posteriormente encontré en un festival de cine latinoamericano al talentoso Gael García Bernal en El Crimen del Padre Amaro, pude decir con pedantería que conocía el autor y el libro. Mentira, claro, lo leí después que supe de la película, pero qué rico suena en los ambientes intelectualones decir que se conoce un autor que nadie más conoce, y especialmente soltar al desgaire y como quien no quiere la cosa la frase que lo denota a la vez que no lo denota: Me gustó más el libro. Y así yo, que no conocía para nada a José María Eça de Queirós terminé prendado de su obra.

Escritor de polendas, de primera línea, y que sabe qué escribe, cómo escribe y para quién lo escribe, logra un estilo a mi ver impecable de puro sólido. Se le considera el puntal del realismo literario portugués, y es posible que sea el autor más editado de esa nacionalidad, Saramago debe ser el único que le haga sombra y posiblemente lo supere. Entre sus obras de ficción están, aparte de la mencionada El Crimen del Padre Amaro, otras cositas como El Primo Basilio, después Telenovela de O Globo; la obra considerada más importante, Los Maias; así como La Reliquia, El Mandarín y La ilustre casa de Ramírez. Esto y algunas cosas más en el terreno de la ficción y el relato corto, inclusive el de la Política-Ficción. Aparte mostró habilidades notables en el terreno de la Crónica Periodística (Notas Periodísticas, Ecos de París, Notas de Viaje); como en el género epistolar, tan poco explotado y tan genuinamente interesante en Eça de Queirós, pues a su través el hombre opinaba y decía pasando por un personaje confeccionado al efecto: Fradique Mendes, intelectual residente en Lisboa, que es ni más ni menos espejo del autor, aunque no tanto del ser cuanto del yo quisiera ser. Y así el buen Fradique es un dandy talentoso, un gentleman sensible, escéptico y algo paradójico: Mi intimidad con Fradique Mendes comenzó en 1880, en París, por Pascuas, precisamente la semana en que él regresó de su viaje al África Austral. Ejercicio de esquizofrenia tal vez, que tal vez todos queremos alguna vez ser otro, superar así nuestros límites, al modo de esa extraña y nostálgicamente agresiva canción de Joaquín Sabina sobre los hombres que nunca seré … .

He encontrado la obra completa de Eça de Queirós … en portugués, en varias páginas web, lo que testimonia la importancia que se le atribuye. Paso el link de El Crimen del Padre Amaro: http://www.medellindigital.gov.co/Mediateca/repositorio%20de%20recursos/Eca%20De%20Queiroz,%20Jos%C3%A9%20Mar%C3%ADa%20(1845%20%E2%80%93%201900)/De%20Queiroz_Jose%20Maria%20Eca-El%20Crimen%20Del%20Padre%20Amaro.pdf

III
Otros autores en portugués: Vasconcelos, Da Cunha, Vicente, Amado

Hay en el Brasil cuando menos un clásico para adolescentes e incluso para niños que ha hecho fortuna en el mundo de habla castellana: Mi planta de Naranja Lima; de José Mauro de Vasconcelos (1920 – 1984), bello y lúcido relato sobre la percepción de la pobreza por un niño y como por su través se madura tan precoz como innecesariamente. Combinando la inocencia infantil con la lucidez realista del sueño, consigue Vasconcelos pintarnos un cuadro de la niñez que no carece de patetismos, pero que se equilibra al ser visto a través de los ojos de un niño que no es de ficción. Brasil ofrece también una belleza de creatividad adulta, de humor para mayores y de profundo y jocundo conocimiento del mundo, la magnífica Doña Flor y sus Dos Maridos, de Don Jorge Amado (1912 – 2001), gran literato y enorme escritor, que escapa ampliamente del territorio marcado por su lengua originaria por el mérito propio de ser universal precisamente al ser localista, no por exigencias o estandarizaciones de los best-seller, si no porque le da la real gana. Y en eso se parece mucho tanto a Eça de Queirós como a Vasconcelos. ¿Será una característica de la literatura en lengua portuguesa, el tratar de escaparse con donaire de sus provinciales límites de lengua romance prima hermana pobre del poderoso vecino castellano? ¿O será simplemente fruto de mi ignorancia, porque los libros que me han llegado son precisamente aquellos que superaron los límites nacionales y se universalizaron? Que lo explique aquel que sepa, que mi situación aquí en el Perú, vecino pobre del inmenso Brasil y de su cultura, sus telenovelas y películas, su literatura y cultura, tal vez se equipare a la del pequeño y dependiente Portugal con respecto a España – e incluso a Gran Bretaña, que hay vecindades marítimas también.   

Y oiga usted, ¿no era que habíamos empezado con Luis de Çamoens y Os Lusíadas? Pues sí, y diré para mi eterna vergüenza que aún no la he leído, disuadido por el género épico y por el verso antiguo. Está en mi lista de lecturas pendientes, claro, pero la verdad no sé, y ahí lo dejo. Pero sí leí eventualmente a Gil Vicente (1465 – 1536), autor bilingüe de obras teatrales y parte del Siglo de Oro español. Parece que por entonces la lengua portuguesa aún no se había autonomizado del todo de la española, pero creo que también ocurría eso con la italiana, no por nada en estas épocas es que las formas literarias de las unas influyen sobre las otras a mansalva. Ahora corremos a todo meter desde el Siglo de Oro hacia el siglo XX, y a través de Mario Vargas Llosa y el que para mí es su mejor libro: La Guerra del Fin del Mundo es que conocí y eventualmente me atreví a leer el Os sertôes (Los Sertones) de Euclides Da Cunha (1866 – 1909), materia prima para que Vargas Llosa se despachara con la novela. No sé decir cuál sea mejor, son dos cosas diferentes: Da Cunha estuvo físicamente en Canudos de corresponsal de guerra, Vargas Llosa lo muestra en un personaje reflectante de que Os sertôes no es novela, sino un intento de testimonio sociológico objetivo y crítico, pero asimismo de desconcierto de un hombre que trata de emplear sus magros instrumentos intelectuales y emocionales para explicarse la hecatombe, que intenta la asepsia del científico social, esa es su validez y ese su valor: Así fue que en poco tiempo, la población constituida por los más dispares elementos, desde el creyente fervoroso que abandonaba las comodidades de la vida en otros lugares, hasta el bandido suelto que llegaba con su carabina al hombro en busca de campo nuevo para sus hazañas, se convirtió en una comunidad homogénea y uniforme, masa inconsciente y bruta, que crecía sin desarrollarse, sin órganos y sin funciones específicas, sólo por la yuxtaposición mecánica de las sucesivas levas, a la manera de un grupo de pólipos humanos. Y así La Guerra del Fin del Mundo es a veces más la Novela de Euclides Da Cunha que la de Canudos. Aquí está en buen castellano, y la Biblioteca Ayacucho te dejará bajarla sin remordimientos: http://www.bibliotecayacucho.gob.ve/fba/index.php?id=97&backPID=96&tt_products=79

IV
Otros autores en portugués: Pessoa y Saramago

José Saramago (1922 – 2010) casi no me parece autor portugués, aunque estoy razonablemente seguro que escribe originalmente en dicha lengua. Tal vez sea por el hecho de ser yo mismo castellano hablante y encontrarme con la sensación de que el registro en que Saramago se expresa bien pudiera ser el de cualquier autor español estandarizado. Me parece un autor producido por la globalización, de lenguaje y temas globalizados, cuyas estrategias de traducción a otras lenguas están tan estandarizadas, que podría ser británico o libanés, y por lo tanto y en cierto modo lo encontramos demasiado parecido a otros best-sellers, y demasiado parecido a sí mismo, aunque este es un mal que seguramente atormenta a más gente de la que parece. Tal vez sea solamente un espejismo por el que me dejo sorprender. En todo caso, y a diferencia de Eça de Queirós y Da Cunha y Amado, si Saramago consigue que yo me pregunte eso, pues algún tipo de validez habrá que acordarle, no solamente por el hecho incontrovertible de que sus argumentos son inverosímilmente originales e imaginativos, o que se preste con notable facilidad a ser convertido en guión y filmado, cosas que hablan de ciertos merecimientos que, no sé, me parecen algo exteriores a lo propiamente literario. No trato de desmerecerle, claro, solamente que la sensación que me produce es exactamente la inversa de la que me produce otro gran literato, Milan Kundera. No se puede acusar a ninguno de ellos de parecerse al otro. Por otra parte, aunque no me pueda librar de la sensación de que ya leí lo nuevo que publica, el ser Premio Nobel es algo que está más allá de mí y que determina que le rinda el homenaje correspondiente de leer sus libros, especialmente el Ensayo sobre la ceguera y El evangelio según Jesucristo (cuyo link les dejo acá: http://eruizf.com/masonico/anexo/apocrifos/apocrifos_el_evangelio_segun_jesucristo.pdf). En el terreno de la narrativa, es posible que haya más autores en portugués que haya leído, pero no lo sé, en estas épocas de estándares y fast-books a veces no es fácil enterarse.

Fernando Pessoa (1888- 1935) comparte con Çamoens el título de Poeta nacional de Portugal. Sorprende  de él lo sumamente moderno que nos suena a nuestros oídos acostumbrados a la poesía moderna e incluso a la postmoderna, no parece sino que en verdad cuando expresa su portuguesa saudade es un adelantado a su tiempo. Juzguémosle por nosotros mismos, si bien por interpósita traducción castellana, de su propio mérito al evocar el pasado en Lluvia Oblicua: La misa es un automóvil que pasa / a través de los fieles arrodillándose en que hoy es día triste … / Súbito viento sacude en esplendor mayor / la fiesta en la catedral, y todo lo absorbe el ruido de la lluvia / hasta que no se oye más que la voz del padre agua perdiéndose a lo lejos / con el sonido de ruedas de automóvil … . //  Y se apagan las luces de la iglesia / en la lluvia que cesa. Y podemos continuar con Todo el teatro es un muro blanco de música / por dónde un perro verde corre en pos de mi saudade /  por la infancia, caballo azul con un jockey amarillo … / Y va de un lado a otro, de derecha a izquierda, / a donde hay árboles, y entre las ramas cercanas a la copa / tocan orquestas, / a donde hay filas de balones en la tienda a la que fui a comprar el mío / y entre las memorias e mi infancia el tendero sonríe …  Quizá ese sonido y sensación tan particular que crea su poesía, que en castellano se conserva muy bien del portugués, esté en que habiendo vivido y madurado en Sudáfrica, hablaba, escribía y pensaba en inglés. Tratemos de encontrarle acá, en la casi filosófica reflexión consciente y consistente sobre el propio ser: Si después de yo morir quisieran escribir mi biografía / no hay nada más sencillo. / Tiene sólo dos fechas / la de mi nacimiento y la de mi muerte. / Entre una y otra todos los días son míos. No me gusta decir mucho de los poetas, excepto que me gustan, prefiero que hablen ellos, acá os los dejo: http://noticias.universia.pt/translate/pt-es/destaque/noticia/2012/02/24/913640/10-obras-fernando-pessoa-descarregar-gratuitamente.html

V
Colofón


El portugués es una lengua curiosa. Diferente del castellano en que me expreso y en cuyo interior vivo, sin embargo es lo suficientemente cercana para que sus expresiones y contenidos y su visión del mundo tenga muchísimo en común con nosotros. El portuñol y el espagués son realidades, considerando la cercanía de nuestro vecino Brasil, y el peso específico de la cultura portuguesa en la península ibérica. Tendría que preguntarle a mi amigo Diego, residente en Portugal, para saber más de diferencias y semejanzas. Mientras pienso en ello, lee lo que quieras, pero trata primero con Eça de Queirós

martes, 27 de noviembre de 2012

CRÓNICAS DE LECTURAS 13: HABLAR EN LENGUAS

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CRÓNICAS DE LECTURAS – Trece

Hablar en lenguas

I

Las Lenguas

La literatura es un mundo vasto, pero apenas una parte del universo del libro y la escritura. La experiencia oral antecede a la escrita, o se puede decir de algún modo que filogenia recapitula ontogenia, o a la inversa: La primera expresión de los pueblos y de los niños es oral y espontánea, mientras que la escrita requiere de aprendizaje en lo colectivo y en lo individual. Cuando se les expone los niños aprenden la lengua que oyen en su entorno, y así las lenguas humanas pasan la prueba del Tiempo. Los niños aprenden a ver y actuar el mundo a través de su lengua materna, pues que ésta los intermedia con su entorno. La pervivencia de una lengua depende de su uso, sin importar tanto los números, lenguas como el vasco-euzkadi, el romaní o el runa-simi viven pues niños y adultos comparten cotidianamente ideas y sentimientos en esas lenguas. Mi lengua materna informa mi entendimiento de la realidad, me presta sus posibilidades, y de mí depende lo que haga con ella. No creo en la validez de la “prescripción lingüística”, horrorosa en sí misma y de utilidad cuestionable. En eso de omponer usos y costumbres lingüísticos, los medios de comunicación son mucho más potentes que la Real Academia de la Lengua Española, y aunque mucha gente guste de que venga la autoridad y le prescriba los qués y los cómos, yo encuentro que Chespirito es más poderoso que la RAE, de la que no desprecio ni su pasado ni su presente, pues es útil limpiar, fijar y dar esplendor. Pero la lengua no se impone por decreto, como atestiguan cinco siglos de fracasos contra el runa-simi y otras lenguas originarias de España y América, instrumentadas por monarquías absolutas, falsas repúblicas y dictaduras fascistas que trataron de uniformar los pueblos. Pero se murieron Reyes y Dictadores; y vascos, catalanes,  quechuas y demás insisten en amar, trabajar y cantar canciones de cuna en sus lenguas. Los conservadores se empecinan en acostar la realidad en lechos de Procusto, pero hallan que la realidad no se les acomoda, las tales lenguas “minoritarias” conviven con otras lenguas igualmente respetables en las propias mentes de sus hablantes, y en la práctica se apropian del mundo dos veces: En su lengua originaria y en castellano.

Yo soy castellano-hablante en un país con 52 lenguas reconocidas (y sabe Dios cuántas más), y debo reconocer que mi ignorancia de las lenguas originarias de mi patria no es superada sino por un agujero negro. Y eso me da vergüenza. Porque con qué cara me atrevo a hablar de libros en mi propio país diverso y multilingüe, si soy fluente y hábil sólo en la lengua del conquistador de fuera. Claro es que no puedo asumir responsabilidad por haber nacido en mis coordenadas culturales, pero vivir en mi país me obliga a saber qué terreno piso. Hoy el castellano es la lingua franca en los Andes, y también la del Inca Garcilaso de la Vega y José María Arguedas, y no voy a maltratar la lengua de Cervantes, García Lorca y Borges por creer que así elevo las prohibidas y vituperadas lenguas originarias de mi país. De hecho, en castellano reivindico las lenguas originarias de los Andes y la Amazonía, y defiendo políticas lingüísticas efectivas que traten de compensar que estas lenguas no pudieran competir lealmente con el castellano durante siglos. De haber sido así hubiéramos ganado al tener dos o más mundos a nuestra disposición, pues cada lengua manifiesta una comprensión diferente de los objetos e ideas en el mundo, y poseerla es poseer el mundo dos veces. Pero de niño ignoraba la existencia de las lenguas originarias, y debí esperar a ser mayor y libre de utilizar mi propio criterio para darle la vuelta a esto de la diversidad lingüística. Me había preocupado del inglés y el francés, grandes y magníficas lenguas, pero sólo hace unos años traté de hacerlo con el runa-simi. No debería dejarse esto al libre mercado. Si los recursos no nos dan para más, por lo menos deberíamos aprender en las escuelas a decir en runa-simi y alguna otra lengua originaria Ima sutiyqui? Imanaylla cacancu? Allillancani, Ccaya cama, y además decir lo que podría ser eventualmente necesario o urgente: Masca manuiqui cani?, Imayquitaj nanan?, Ari tatay onghosga kani o munahuanquichu? Yo traté de aprender runa-simi como hice con el inglés: por mis propios medios y a través del uso. Pero a diferencia del inglés, el runa-simi es más oral que escrito, hay poca literatura disponible, y las variantes de pronunciación y escritura me llevaron a un callejón sin salida, los pocos libros y diccionarios disponibles no me ayudaron. Es claro que necesitamos más ediciones bilingües, y para algo se supone tenemos Ministerio de Cultura, bueno sería que nos enteraran qué hacen al respecto. Si algo conozco del runa-simi, no se lo debo a la lectura, sino a nuestra amiga Norma Ccahuana, profesora cusqueña que nos hizo el honor de ayudarnos a criar a nuestros hijos, hoy emigrada a Europa. Río para mis adentros recordando cómo aprendí a pronunciar ñoqa rimani  en ayacuchano, y cómo me costó reaprender a pronunciarlo en el cusqueño de Norma.
     
(Para los amigos que comparten conmigo la ignorancia, los significados de las expresiones arriba mencionadas en runa-simi son los siguientes: ¿Cómo te llamas?, ¿Cómo estás?, Estoy bien, Hasta mañana, y eventualmente: ¿Cuánto le debo?; ¿Qué te duele?; Sí señor, estoy enfermo; o ¿Me quieres?)

II

Los registros

Una lengua posee un sistema propio de símbolos con significado que relacionan las percepciones con objetos y conceptos. Se suele diferenciar la Literatura por lenguas, y así se habla de literatura en castellano, en inglés, en runa-simi, en búlgaro, en chino, en swahili, etcétera. El universo de la lectura depende del universo de la oralidad, y el lenguaje construye mi mundo desde mi entorno social y cultural. Al aprender otra lengua y alcanzar competencia en ella, por poco que lo pensemos nos maravillamos de las semejanzas y diferencias que existen entre los significados de las palabras, y de cómo estos componen una percepción diferente cuando circulamos de una lengua a otra. Por varios años trabajé en una Escuela de Interpretación y Traducción, y ello me dio la oportunidad única de vivir un medio donde se contrastaban unas lenguas con otras. El procedimiento de la Traducción incluye el empleo de Diccionarios Monolingües, Bilingües y Glosarios de toda especie, lo que lleva a contrastar palabras y expresiones problemáticas, con lo que distingues cómo cambia la manera de “decir el mundo” según la lengua, aunque los conceptos parezcan los mismos. Deploro que cada vez haya menos lenguas, pues mucho perdemos al homogenizar y perder variabilidad. Incluso la misma lengua varía en las distintas comunidades, por más que hablen y escriban en la misma. Castellano se habla en la Guinea Ecuatorial, en Guatemala, en Filipinas, en Uruguay y en Arizona. El chiste de que Inglaterra y Estados Unidos sean países separados por el mismo idioma deja de serlo cuando lo experimentamos en el habla. Las literaturas “nacionales” o “regionales” enfatizan las diferencias más que las semejanzas, pues el castellano no es igual en las frías alturas que en los áridos desiertos o en la pluviselva. Ni es el mismo expuesto a otras lenguas como el runa-simi o el tagalo. Ni el mismo en los chicanos de Los Ángeles que entre los mulatos y negros de Chincha, como se muestra genialmente en el Monólogo desde las Tinieblas de Gregorio Martínez o en el Hombres de Maíz que sólo pudo surgir en la Guatemala de Miguel Ángel Asturias. Del mismo modo Octavio Paz de México; Gabriela Mistral de Chile; Horacio Quiroga de Uruguay; Rubén Darío de Nicaragua o Ramón del Valle Inclán de España emplean el mismo sistema lingüístico, pero con sus diferencias de entorno geográfico y cultural. Añadamos a esta coordenada geográfica la coordenada temporal, y se nos complica la cosa, que no es igual Gonzalo de Berçeo que Rafael Alberti, aunque empleen el mismo o parecido idioma, e incluso el mismo registro poético. En las “literaturas nacionales” la cosa se complica, pues se le añade la evolución del lenguaje y los registros literarios: Juan de Espinoza Medrano es distinto de Mariano Melgar; y ellos no se parecen a Ricardo Palma o a Martín Adán. Ni poesía es ensayo, ni Azorín es Pérez Reverte. Los ejemplos se multiplican y el punto queda firme: Las aproximaciones son varias, múltiples y multiformes, y cualquier lector se encontrará con todas ellas.

Este tema es menos agudo cuando salimos de lo literario hacia las ciencias formales, fácticas o sociales. Hay diferencias entre ellas atribuibles a sus distintos registros. La Ciencia expresa sus rasgos en el lenguaje que utiliza. El físico danés Niels Bohr aspiraba a reducir el lenguaje científico a una estructura lógica precisa, pues los rasgos lingüísticos comunes a las diversas lenguas no aclaraban las ambigüedades, y en el plano científico la objetividad – nombrar unívocamente la “cosa” – es de capital importancia. Un ejemplo: Todos podemos imaginarnos una dimensión más en el plano de nuestra existencia, porque nuestra percepción puede asumirlo y nuestro lenguaje cotidiano nombrarlo. Representamos la realidad tridimensional en planos bidimensionales con trucos visuales: los mapas y el 3D no son otra cosa. Pero en mi experiencia fue todo un descubrimiento caer en la cuenta - leyendo Otros Mundos, de Paul Davies, esas cosas no se me ocurren a mí dejado a mis recursos - que hay muchas más dimensiones en la realidad – mundos n-dimensionales - que no podemos ni “imaginar” ni “describir” ni “explicar” con palabras cotidianas. Requerimos del lenguaje lógico-matemático, aunque podamos “intuir” estos mundos en un clásico de la Ciencia–Ficción como Ciudad, de Clifford Symak, poco conocido pero genial autor en este género. Para no meternos en honduras, digamos que en libros de Matemáticas y Lógica gozaremos de ventajas si conocemos la disciplina. Aunque se empleen palabras del lenguaje cotidiano, éstas versan sobre el registro o “idioma” matemático o lógico-formal y su comprensión se facilita. Mis vetustos libros de Commercial Mathematics de Davies y Habakkuk; o Elements of Statistical Method, de Albert Waugh me plantean menos dificultades de comprensión que The snows of Kilimanjaro, de Ernest Hemingway o Sanctuary de Theodor Dreiser. Puedo confiar en la exactitud del registro lógico-matemático y así puedo acceder con límites incluso a textos en ruso. En las Ciencias Fácticas (Física, Biología, etcétera) se usan más palabras cotidianas, pero éstas se estructuran en un registro lógico-formal, de enunciados y proposiciones, poseen estructura y consistencia lógica, son denotativos y más lecturables y previsibles que en el registro literario. Un ejemplo es el libro editado por Albert Galaburda, Dyslexia and Development – Neurobiological Aspects of Extra-ordinary Brains, que tuve el honor de traducir a nuestra lengua. Por último, leer textos de Ciencias Sociales en otra lengua es más difícil cuanto menos denotativo es su lenguaje, cosa por lo que se acusa a estas Ciencias de no serlo. Y aún así se cuenta con un metalenguaje propio de la disciplina, que reduce las incertidumbres. Ejemplos de ello hay en Eric J. Hobsbawm en Primitive Rebels – Studies in Archaic Forms of Social Movement in the 19th in 20th Centuries; o en Winston Churchill en The Second World War.

III

Accediendo a los libros en otras Lenguas: Leer el original

Leer libros en lengua no materna pasa por uno de dos procesos: O se aprende la lengua meta hasta alcanzar competencia suficiente; o se accede a los libros a través de Traducciones. En cuanto a la primera alternativa, ya hemos visto que enfrentar la lectura de libros en lenguas diferentes a la propia depende del registro. No encuentro demasiada dificultad en leer pedagogía en portugués o en francés, y es que ambos idiomas son lenguas romances como el castellano, semejantes en la construcción gramatical; y la pedagogía cuenta con un lenguaje más o menos normalizado, aún con préstamos como el término bullying. Para el castellano-hablante promedio, el leer en inglés no es tan difícil, pues dicho idioma incorpora en su sistema una estructura más o menos común a las lenguas romances, y no nos es tan extraño como el finlandés, el croata o el swahili. Además estamos muy expuestos por los medios de comunicación al english, lingua franca universal, y a su variante el americanese. Así sus áreas de oscuridad se reducen en la medida que es menos literario, menos coloquial y menos sometido a variantes dialectales. En este mundo globalizado, todo el mundo sabe decir good morning y how you doing y muchos no necesitan más. Después de todo, aunque el inglés no es la primera lengua del mundo – el Chino Mandarín se lo lleva por varios centenares de millones – sí es la segunda lengua más hablada, leída y comprendida. El aprendizaje del inglés es por ende imperativo en todo sistema educativo, inclusive y principalmente en los países anglófonos. Y aprender la lingua franca de nuestro mundo globalizado no es cuestión menor. Naturalmente es absurdo sostener que el aprendizaje del inglés oblitera el de la lengua originaria propia, no hay competencia entre el runa-simi y el inglés. Catalanes y vascos demuestran que puedes aprender vasco o catalán, y castellano e inglés a la vez y sin tanta vaina. La oposición al runa-simi en nombre del inglés es puramente política, y no resiste el más ligero análisis. No son excepcionales los casos de dominio de lenguas distintas: El polaco Joseph Conrad, el chino Gao Xinjian, y el indio Salman Rushdie son palpables ejemplos.

Otros idiomas como el ruso y las lenguas eslavas presentan más dificultad pues emplean un alfabeto diferente, en este caso el cirílico, lo que a la dificultad de hablarlo – se puede hacer fonético – añade las de leerlo y escribirlo, aquí sí que hay que aprender a decodificar desde el ABC. Y eso que el cirílico no es tan distinto del alfabeto latino. Imaginemos la dificultad de leer a Tolstoi, Krylov, Akmátova, Berdiaev o Solzhenytsin en ruso. Aún peor es en lenguas como el árabe o el hebreo, cuyos signos alfabéticos nos semejan patas de araña, dificultad incrementada por la ausencia de referentes en nuestro alfabeto, lo que implica reaprender incluso las competencias motoras, pues sus alfabetos, al revés del latino o el cirílico, se escriben de izquierda a derecha. Para los que no capten esta dificultad: En mi paso por la Escuela de Interpretación y Traducción les mostraba a mis alumnos un periódico israelí, y les decía que su “página Uno” era para nosotros “la última” y había que abrirlo “al revés”. Para remate ellos suprimen las vocales, que utilizan “de memoria”. Llegar a leer Las Mil y Una Noches en árabe no es nada fácil. Y las lenguas de extremo oriente – chino mandarín, coreano, japonés – nos resultan triplemente extrañas, pues se escriben de arriba hacia abajo en alfabetos ideográficos o silábicos totalmente extraños a nuestro temple fonético. Poseen una enorme dificultad intrínseca incluso para los mismos nativos, reflejada en varias modalidades de escritura cuyo dominio toma años a los naturales de esos países, no digamos a los aprendices de segundas y terceras lenguas. Afortunadamente para nosotros, estos países tomaron el toro por las astas en política lingüística, simplificaron y fonetizaron sus alfabetos, uniformaron sus sistemas educativos y se globalizaron de cara a la tecnología, en particular la de computadoras. En los años ´50 y ´60 el tradicional alfabeto ideográfico del chino mandarín se sustituyó por un alfabeto fonético de más de 50 signos – casi el doble que en el castellano. Esto se hizo para uniformar el alfabeto para las muchas lenguas que existen en China, como para facilitar la traducción y adaptación a las nuevas tecnologías. Nosotros lo notamos en el "cambio de nombre" de la capital Pekín o Peiping, por Beijing, que en chino mandarín se escribe como siempre pero se pronuncia distinto, me da escalofríos pensar cuánto esfuerzo se hizo para lograrlo. El canal chino de cable pasa teleseries en chino mandarín con subtítulos para la población china, lo que ilustra el hecho. Aprender otras lenguas requiere tiempo, recursos e inmersión, en especial en lenguas tan distintas a nuestro castellano. Y nuestro país es un crisol cultural donde convivimos gentes de origen cultural americano, europeo, africano y asiático, y tiene la posibilidad de ser el “país de los traductores”. Claro, necesitaríamos primero aprender a respetar nuestras lenguas, todas, sin excepción alguna.

IV

Accediendo a los libros en otras Lenguas: Traducciones

La segunda manera, más empleada, para acceder a libros en lengua extranjera es a través de sus Traducciones al castellano, lo que presenta muchos y complejos problemas. La Traducción es un proceso largo y trabajoso, heroico muchas veces y raras veces cantado, que resulta en que una obra cualquiera se tome tiempo en estar disponible para lectores que no conozcan la lengua en el que se ha escrito. En áreas profesionales o académicas, científicas y técnicas, esto es un problema mayor, pues el rápido desarrollo de estas disciplinas se refleja en copiosas publicaciones, casi siempre en inglés. El que aspire a estar en el mainstream no puede depender de traducciones, so pena de vivir en el atraso permanente. La traducción es parte del proceso editorial y de necesidad encarece el producto y retrasa la publicación. El lector queda a merced de la voluntad o la capacidad de las editoriales o publicaciones periódicas, y así es imprescindible tener competencia en inglés para no quedar atrás. Los best-sellers, por serlo, tienden a traducirse más rápido, en tanto que muchos libros importantes no lo son por falta de mercado, en particular en las Humanidades. Así nos encontramos con traducciones más o menos antiguas, no siempre adecuadas a la modernidad o con límites de carácter no lingüístico, como por ejemplo resistencias de carácter ideológico o de otra índole, que casi siempre se reflejan en censuras de contenido, como los famosos Nihil Obstat e Imprimátur, de los que trataré en otra Crónica. También a veces la Traducción al castellano no es al castellano realmente existente. A ello alude el famoso refrán italiano Traduttore, tradittore (Traductor, Traidor). Y esto pasa incluso con obras muy importantes, pongo por caso La Crítica de la Razón Pura, de Emanuel Kant. Cuando traté de leerla por primera vez me encontré con la traducción del alemán del filósofo cubano José del Perojo, realizada contracorriente en el ambiente medio krausista, medio tomista, de la España de fines del Siglo XIX. Llenó un vacío importante, pero se sostuvo más de un siglo antes de que apareciera otra. Es que las editoriales son conservadoras y cuidan sus costos, y no ven esencial actualizar traducciones cuando ya las tienen, más que sea regularonas. Perojo era muy competente en el castellano de fines del Siglo XIX, pero para poder acceder a Kant ello me presentaba una dificultad adicional a fines del Siglo XX. De hecho, me resultó más fácil leer la Crítica en inglés, en la edición MacMillan de 1949, traducida por Max Müller. Afortunadamente, el impulso dado por Internet a la lectura determina nuevas traducciones de obras clásicas en castellano de nuestros días, y como la antigüedad de las traducciones impacta en la habilidad decodificadora, y por ende en las ventas, las editoriales empiezan a tomarse el tema más en serio. 

Sin embargo, la dificultad de la traducción no se detiene aquí. Pensemos en textos literarios en idiomas como el rumano, el urdu o el maya. En castellano hay pocos o ningún traductor de estos idiomas al castellano, a más de un mercado inexistente para sus obras, y por ello nuestro acceso a la literatura y otros registros en dichos idiomas es limitado. En la práctica, cuando un escritor camboyano o turco alcanza a posicionarse en el mundo anglosajón, normalmente será porque o escribe en inglés, o se le ha traducido al inglés. Y de ahí se le traduce al castellano, con el resultado que conocemos a Omar Khayyam, Rabindranath Tagore u Orhan Pamük a través de traducciones de traducciones, lo que hace al niño irreconocible hasta para su propia madre. En castellano ha pasado con infinidad de obras de todos los registros, y los traductores del árabe, chino, hindi o japonés al inglés o francés han sido a su vez re-traducidos al castellano. El problema es de simple ausencia de traductores competentes en estos idiomas que a su vez tengan el castellano como lengua materna. Otro problema grave es que normalmente necesitas un literato para traducir literatura, un ingeniero para traducir ingeniería y un matemático para traducir matemática, lo que es una trabajosa manera de decir que un buen traductor tiene que conocer el registro lingüístico y el metalenguaje de lo que traduce, so pena de quedar en ridículo en lengua meta. Afortunadamente, la traducción se ha profesionalizado, tecnificado y “cientifizado”, y por fortuna también sigue teniendo mucho de arte y oficio, dado que no se ha podido inventar aún un traductor universal – sueño de la ciencia-ficción – y ni siquiera un programa que sea medianamente tan eficiente como un traductor humano, en particular para la Literatura. Un buen traductor posee cuatro habilidades ideales: El dominio de la lengua origen, el dominio de su propia lengua (casi siempre lengua meta), el dominio del registro y metalenguaje del objeto que traduce, y el dominio de las técnicas propias de la traducción (fichas, diccionarios monolingües y bilingües, glosarios, etcétera). El ideal es que el traductor traduzca hacia su propia lengua, es decir haga traducción directa, que se contrapone a la Inversa, donde se traduce hacia la lengua que no es la propia, tarea muchísimo más difícil y a veces inevitable.     

V

Colofón

Me parece que hemos tenido algo de éxito en encontrar ciertos factores de lecturabilidad referidos a las lenguas en que se escriben los libros, aunque sin agotar para nada el tema. Es un tema importante aunque invisible, y vale la pena hacerlo visible. No olvides: Lee lo que quieras, como quieras, donde quieras. No te arrepentirás. Aunque sea en traducciones. Y aprende idiomas, empezando por los tuyos.

viernes, 16 de marzo de 2012

CRÓNICAS DE LECTURAS 6: HUMOR (2)

CRÓNICAS DE LECTURAS - Seis

Humor – Segunda Parte

I

Nunca segundas partes fueron buenas, leer por obligación,
y leer en el Idioma Original


Cuando terminé mi primera Crónica de Lecturas sobre Humor, me quedé con la yuca adentro, tenía que continuar la condenada cosa porque demasiado se quedaba por decir. Así es el fútbol, en mi Crónica anterior me metí con tres de mis humoristas preferidos: Giovanni Guareschi, Enrique Jardiel Poncela y Woody Allen, pero que hay más, hay más. Aunque nunca segundas partes fueron buenas, tengo la esperanza que ésta no le complique la vida a nadie. Después de todo, damas y caballeros, este es un artículo de mi Blog, si no le gusta nadie le pone revólver para que lo lea. Pero tengo la esperanza que le guste mi Croniquita y siga leyendo. Es que nos cruzamos con el Humor en todas partes, no hace mucho ayudaba a un alumno de un importante colegio de Lima en su Plan Lector en inglés, y encontré una joyita del Humor Británico: Three men in a boat (Tres Hombres en una Barca) de Jerome K. Jerome. No lo conocía, no lo solté hasta el final, el chico de marras me miraba. El chico tenía que leer por obligación, en tanto yo lo hacía por gusto, y me sorprendía que mostrara tanta indiferencia frente a este corto texto. Él ya había leído unas 20 páginas, le hice las preguntas de rigor: De qué trataba, personajes, esas cosas, y todo me lo respondió bien. Pero cuando mencioné al desgaire lo gracioso que me parecía, el chico me miró con cara de Lado Oculto de la Luna: No se percataba del peculiar humor de la narración. Pronto caí en que yo había leído por gusto y él por obligación. Su objetivo era llenar una ficha, el mío divertirme. Como el muchacho no tenía un pelo de idiota, leyó para buscar respuesta a las preguntas de la Ficha, y conforme las encontraba, transcribía. Así que, damas y caballeros, el objetivo que nos planteamos al leer, cuenta. Si lees para averiguar cuántos pronombres relativos hay en un texto, leerás diferente a si lo haces para entender su influencia en la acuicultura belga del siglo XVII. En el primer caso tu lectura es meta-lectura, en la que atiendes más a la estructura gramatical del texto y al registro de pronombres, que a la narrativa, lo que no es más que lógico, algo así le pasaba al chico de marras. A él lo que el libro narrara o contara le tenía sin cuidado, podría haber sido El Sueño del Celta, La Estructura de las Revoluciones Científicas de Thomas Kühn o los Protocolos de los Sabios de Sión, lo que le interesaba era rellenar su ficha para que dejen de fastidiarlo con la jarana del Plan Lector. En realidad ni conocía el Libro ni le captaba el humor. 

Por cierto, esta Joya de la Corona del humor inglés es cortita y más joyita aún en su idioma original. En anterior Crónica hice homenaje de los traductores que con estoicismo y solvencia ponen a nuestro alcance las obras de los autores que no son de nuestro idioma. Ahora haré otra apología: La lectura de los originales en su idioma original. Para poder decir que uno conoce otro idioma hay que poder leer literatura en ese idioma, y cuando eso pasa cuando menos duplicaste el tamaño de tu mundo interior, al ganar la capacidad de entender las cosas con otra lengua. Algunas Instituciones reconocidas en nuestro medio - el Instituto Cultural Peruano-Británico, el Instituto Cultural Peruano-Norteamericano, la Alianza Francesa, el Instituto Goethe, etcétera -, enseñan sus respectivas lenguas para transmitir sus Culturas. Una persona no es culta si no domina al menos una lengua diferente de su lengua materna. Ese dominio debería implicar acceder a textos literarios en ese idioma. No es posible recomendar más el aprendizaje de otros idiomas para los niños, jóvenes y adultos. Hay un algo especial en los conceptos vistos desde otro registro lingüístico. Se pone el pie en Otro Mundo aparte del propio. Prometo tratar este tema en otra Crónica. Volvamos a lo nuestro.

Link para Tres Hombres en una Barcahttp://www.biblioteca.org.ar/libros/131623.pdf

II

El Mundo al Revés


Dije en mi Crónica anterior que el Humor sirve para enfrentar la Vida. Vivir da muchas penas y trabajos, suele surgir de ello una gran disconformidad y agresividad frente al Mundo tal como es. Esto ocurre en la adolescencia y la juventud, y  a veces la rebelión se torna violenta. La necesidad perentoria de integrarse a la sociedad que sienten adolescentes y jóvenes choca con un des-encantamiento general. Una alumna que tuve y con la que me crucé tras años de haber egresado, me lo dijo claro: “Javier, tenías razón, el mundo es… FEO”. La adaptación de adolescentes y jóvenes puede terminar bien o en sociopatías, e incluso sicopatías. La adaptación implica ciertos mecanismos emocionales: Todos intuimos que es mejor reír que llorar, estar contento y satisfecho que desdichado e insatisfecho. Indudablemente uno de estos mecanismos es el Sentido del Humor, que nos purifica y permite una catarsis que nos libra de la autocompasión y  la violencia, no pateas aquello de lo que te ríes ni apuñalas al que ves ridículo. Un chiste relaja la atmósfera más tensa, incluso la matonería – bullying se reduce. Me pasó en el colegio a los diez u once años, un recreo en que hacía gala de agresividad, bruta y sin sentido. Un amigo - No te hagas el sonso, Tito, que fuiste tú – bendecido por el cielo con un extraño sentido del humor; me increpó la actitud, y entre lo que me dijo se me grabó esto: Tienes que aprender a batirte. Yo conocía la palabra batirse, leída en Los Tres Mosqueteros, que se batían contra los Guardias del Cardenal. No recuerdo qué respondí entonces, pero eventualmente seguí el consejo, y creo que algo funcionó después de todo: Me veo a mí mismo escribiendo sobre Humor.

Como el mundo como es no nos gusta, hacemos acrobacia mental para adaptarnos. Los niños y niñas empiezan con estas acrobacias en el cuerpo: Poseer un cuerpo, ocupar un espacio, usar el cuerpo para ocuparlo, es una feliz característica de los chicos y es su manera de adaptarse al mundo y de adaptar el mundo a ellos. Es triste ver padres y madres sobreprotegiendo a los niños y evitando por todos los medios que corran, salten y muevan el esqueleto… porque se pueden hacer “daño”. En fin. Los niños ríen cuando juegan, y podríamos decir que poseen un “humorismo físico” del que una buena expresión creo es el “mundo al revés”. Si eres papá o mamá, haz que tu hijo perciba el “mundo al revés”. Es decir, que en un momento dado se ponga de cabeza, y mire. Además de convocar poderosamente su atención, eso de que las cabezas de las gentes estén abajo y los pies arriba, el cielo de suelo y el suelo de cielo suele ser gracioso. Por ello se divierten tanto en los salones de espejos. Y si hacemos que ellos lo hagan, no veo razón alguna para no hacerlo nosotros, adultos formales. Eso nos hace ver las cosas desde una perspectiva diferente, y así aprendemos a reír con nuestra prole y a desarrollar nuestro propio sentido del humor. Una dimensión interesante del  “mundo al revés” es hacer las cosas al revés. No es extraño considerando por ejemplo que el enorme comediante Charles Chaplin era capaz de realizar sus movimientos al derecho y al revés, a la perfección. Caminar por la calle o por la casa al revés – a todos mis hijos les dio por esto en algún momento – es gracioso, aunque requiera vigilancia, menos mal se les pasa pronto. Y si podemos pensar el mundo al revés, podemos escribirlo, toda Literatura pone al Mundo del Revés. El Humor como forma de subvertir la realidad produce risa. Así hace Jonathan Swift en los Viajes de Gulliver: Empieza por el tamaño, muestra a Gulliver desadaptado entre enanos y gigantes. En el mismo sentido es el clásico en lengua inglesa Flatland (Planilandia), escrito por Edwin Abbott en 1884, que narra las aventuras del Cuadrado A explicando a sus congéneres cómo es la tercera dimensión del espacio – que por si acaso es donde vivimos usted y yo, estimado lector. Los Viajes de Gulliver y Planilandia son sátiras, burlas, ataques a la sociedad. Conviene recordar que en Planilandia se presenta a las mujeres como líneas que ni siquiera llegan a la segunda dimensión … . De paso recomiendo el excelente libro de divulgación científica La Cuarta Dimensión, de Rudy Rucker, por el que accedí a  leer Planilandia.

Un ejemplo de sátira en la tradición española se debe al escritor del Siglo de Oro Francisco de Quevedo y Villegas: Los Sueños. Más fácil de leer que El Quijote, acerca con facilidad al español del Siglo XVI. Consta de El Sueño del Juicio Final, El Alguacil endemoniado, el Sueño del Infierno, y El mundo por de dentro. En el Sueño del Juicio Final, narra en primera persona el Juicio Final al modo Católico: Las almas tornan a sus cuerpos y es de ver cómo los pecadores huyen de partes de sus cuerpos por no tener testigos de sus propios pecados (… lo que más me espantó fue ver los cuerpos de…. mercaderes que se habían calzado las almas al revés y tenían… los cinco sentidos en las uñas…); luego narra la universal rendición de cuentas con fuertes críticas a diversos grupos sociales (Llegó … un avariento a la puerta (y le dijeron) que los diez mandamientos guardaban la puerta de quien no los había guardado, y él dijo que en cosas de guardar era imposible que hubiese pecado). El Alguacil endemoniado narra las historias del Infierno que cuenta un Alguacil poseído por un demonio (… los diablos en los alguaciles estamos por fuerza y de mala gana (…) debéis llamarme a mí demonio engualacilado, y no a éste alguacil endemoniado). En El Sueño del Infierno, el autor describe las sendas que llevan al Cielo y al ídem, describiendo los tipos humanos que van por uno y otro. Quizá lo más interesante en esto de invertir el mundo esté en el Mundo por de Dentro, que inicia alegando ignorancia (Es cosa averiguada (…) que no se sabe nada y todos son ignorantes. Y aún esto no se sabe de cierto), y luego despliega su profundo desencanto al ser guiado por un anciano en la Calle de la Hipocresía, para ver cosas como un entierro, y luego verlo como realmente es, desnudando sus falsedades y mentiras. Ver el mundo “del revés” no siempre es agradable, pero nos reímoso y lo exorcizamos. Decía el malogrado cantautor uruguayo Facundo Cabral que la mejor forma de cambiar el mundo es ser felices y vivir bien.ooo
o
Link para Los Sueños de Francisco de Quevedohttp://www.biblioteca.org.ar/libros/132174.pdf

III

El Mundo al Derecho y al Revés

Si pensamos el Mundo al Revés, también lo podemos pensar en contrario, es decir un Mundo al Derecho, es cosa de en qué posición te colocas. El Humor suele ser  contrapunto de la Tragedia, como en La Celestina, de Fernando de Rojas. Por ahí se diferenciaría lo que algunos que saben llaman en España las vertientes humorísticas aragonesa (centrada en el revés) y castellana (centrada en el derecho). Quevedo y el desconocido autor del Lazarillo de Tormes, por ejemplo, pertenecen a la vertiente aragonesa, en tanto que Miguel de Cervantes a la castellana. El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha es una obra satírica y burlona, aunque se nos escape en su redacción. Si uno quiere conocer de veras a Cervantes quizá empezar por El Quijote no sea adecuado, habiendo Las Novelas Ejemplares. La primera que leí, aún en el colegio, fue Rinconete y Cortadillo, y me gustó en especial Monipodio, príncipe de los ladrones de Madrid. Pero otras como El Licenciado Vidriera, La Gitanilla y El coloquio de los perros son de lectura fácil, intención interesante, redacción galana y sencilla, y sobre todo muy entretenidas. La Literatura francesa cuenta con su clásico del Humor del Revés: Gargantúa y Pantagruel, de François Rabelais, probablemente sin parangón alguno en cuanto a sus excesos verbales y fantasiosos (Amigos lectores que este libro leéis, / renunciad a toda afección, / y al leerlo, no os escandalicéis: / no contiene mal ni infección, / aunque tampoco gran perfección. / Si no aprendéis, reiréis al menos; / (…) / mejor es de risa que de llanto escribir, / pues lo propio del hombre es reír). El humor rabelesiano no tiene límites de decencia o decoro, es coprolálico, obsceno y escatológico. Narra la vida de los gigantes Gargantúa y su hijo Pantagruel. Nos daremos una idea de ello recordando las primeras palabras del infante Pantagruel al nacer: ¡A beber, a beber!

El choque entre el Deber-Ser (Mundo al Derecho) con el Ser (Mundo al Revés) es más notable mirando a las necesidades humanas, en particular las sexuales. El sexo es importante, crea muchas complejidades, dificultades y satisfacciones; y el Humor recala en él de uno u otro modo, a veces sutil, a veces crudo y obsceno. Desde la Comedia de Aristófanes vemos combinaciones variopintas, en particular en Lisístrata o la Rebelión de las Mujeres, donde juega con un mundo inverso: Las mujeres, hartas de la guerra entre Atenas y Esparta que se lleva a los hombres, van a la huelga de clámides caídas, y se niegan a tener comercio carnal – me divierte esta expresión – con sus maridos hasta que no pongan fin a la guerra. Es muy sugestiva la escena del diálogo de Lisístrata con su marido, que parlamentan a nombre de mujeres y varones, hecho con columna por medio y persecución molieresca, en tira y afloja entre la negociación política y el irresistible impulso carnal. Si quieren saber en qué termina léanlo, no sean flojos. Paso por alto a Ovidio y Petronio. Aunque algunos opinan que durante la Edad Media no hubo sexo, bastaría con el Libro del Buen Amor, de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, para desengañarlos. En el Renacimiento surge la Novela Corta, expuesta en el magnífico Decamerón o Libro de las Cien Novelas de Giovanni Boccaccio: Durante la horrorosa epidemia de la Peste Negra de 1348 – descrita con maestría tal que aún hoy estremece (¡Cuántos valerosos y nobles hombres, cuántas y cuán hermosas galanas damas, cuantos gentiles y alegres hidalgos que no a juicio del pueblo común, sino al de Galeno, Hipócrates y Esculapio, serían juzgados bien complexionados y sanos, a la mañana comieron con sus compañeros y amigos, y a la noche cenaron en el otro mundo, con sus antecesores!) - siete jóvenes damas y tres agraciados jóvenes deciden huir de la apestada Florencia a las villas de alrededor, a fin de sin traspasar los límites de la honestidad precaverse y disfrutar de todo placer y alegría que tener se pueda. El entretenimiento se lo procurarán contándose unos a otros historias picarescas. Destacan novelitas cómo De Ricardo y Catalina y de cómo ésta tomó el ruiseñor; Cómo una abadesa, al querer reprender a una monja por sus pecaminosos amores, fue ella misma confundida; Cómo Egaño fue engañado por su mujer, y a más apaleado por Aniquino; Cómo uno de dos amigos durmió con la mujer del otro, y cómo éste se vengó de él en la misma forma; y la que considero quizá la más divertida: Cómo Alibec aprendió a meter el diablo en el Infierno (… yo soy venida aquí a servir a Dios, y no por estar ociosa; vamos a meter al diablo en el infierno). Con estas historias de ligero erotismo y picardía las damitas y donceles trataban de ver al Derecho lo que la Peste Negra ponía del Revés. Otros copian a Boccaccio, como Geoffrey Chaucer en los Cuentos de Canterbury, muy semejante al Decamerón pero más crudo. Tanto el Decamerón como los Cuentos de Canterbury conocieron adaptaciones a la pantalla por obra de grandes directores italianos: Boccaccio 70, por Monicelli, Visconti y De Sica (1962); y los Cuentos… por Pier Paolo Pasolini (1972).

Link para el Decamerón, de Giovanni Boccaccio:
http://repdeval.com/Circulo/Famosos/Bocaccio/Decameron.pdf

IV

Reírse de Alguien

Burlarse de las personas es materia común en el Humor. Desagradable a nuestro gusto cuando se hace escarnio del débil y del que no puede defenderse, es  agradable cuando ataca las figuras de autoridad, y pone en ridículo a solemnes y empingorotados personajes. La comedia teatral se presta muy bien a todo ello, y así se enriquece el Humor con nuevos personajes y  situaciones. La antigua Comedia Dell´Arte italiana privilegia la improvisación  y crea la comedia de situación, el lazzi, que antecede al anglosajón gag. Improvisar no es difícil cuando los personajes son más o menos estereotipados y se sabe qué esperar de ellos: Los zanni (los siervos), los vecchi (los viejos) y los inamorati (los enamorados). Entre sus personajes están el Pierrot, la Colombina, Sirena, Pantalone, il Capitano, Arlequín, Scaramouche, Tartaglia, Il Dottore, etcétera, representados en la pintura y artes plásticas, e incluso recuperados en la pieza de Jacinto Benavente Los Intereses Creados. La comedia de teatro y TV se alimenta de la Comedia Dell´Arte, tomándole la improvisación y los estereotipos. La comedia cubano-mexicana de radio y TV La Tremenda Corte y sus diversas versiones emplea estos elementos a mansalva, de la mano del genial Leopoldo FernándezTrespatines”. Los comediantes españoles Tirso de Molina, Pedro Calderón de la Barca y Lope de Vega en el Siglo de Oro crean duraderos personajes como el Pastor, el Bobo, el Gracioso, plagiados creativamente por los ingleses Shakespeare y Ben Johnson, y por el francés Jean Baptiste Poquelin (a) Molière. Esta vieja Comedia es antecedente remoto de la actual comedia cinematográfica, de la radionovela y el sit-com. El Siglo de Oro inventó además nuevas formas teatrales cómicas: Los sainetes y entremeses, obritas en un acto, de humor un tanto primitivo, representadas en los entretiempos entre Acto y Acto. Estas piezas cortitas anteceden e inspiran a los llamados “sketchs” de la televisión. No perderé ocasión de honrar al inmenso comediante mexicano Roberto Gómez Bolaños (a) “Chespirito” = “Shakespeare chiquito”, que en su obra de TV recupera la vieja tradición del entremés.

El teatro se lee, pero en realidad se hace para representarse, y no es lo mismo leerlo que verlo. Hay versiones y versiones, y la libertad creativa de los directores es grande, dando lugar a que una puesta de escena sea muy distinta a otra. Aquí no funciona el “ya la vi”. Yo he visto representar El mercader de Venecia de William Shakespeare en tres versiones: La teatral-televisiva del Teatro Nacional Británico, por Cable; la película homónima de Michael Radford, con Jeremy Irons, Al Pacino y Lynn Collins; y la representada por Alberto Ísola en el Teatro Británico en Lima, Perú; y puedo decir que he visto tres obras iguales pero diferentes, cada una con sus propias características, sus propios méritos y un disfrute particular distinto, aunque la obra era la misma. Por cierto, Shakespeare es un mundo en sí mismo, y le dedicaremos sus Crónicas. A estas alturas vuelvo a mi anécdota del principio, al chico que lee por cumplir con la tarea impuesta, y me pregunto cómo podría un profesor cualquiera “enseñar” humor, en especial como parte tan vital del cómo sobrevivir en este mundo. El tema no está tanto en lo que hagamos formalmente como en la relación entre el profesor y los alumnos, en los correlatos institucionales conocidos. En las Instituciones Educativas las risas están mal vistas, son el testimonio de la “indisciplina”. El control y contención producen caras serias y un pésimo humor, en especial en los encargados de mantener el “orden”. El humor es utilizado por los alumnos contra la Institución representada en sus profesores, y el salón de clase es un escenario donde, como en El enfermo imaginario de Molière, la obra es representada por todos, y ofrecida por los unos a los otros. No creo que se haya hecho debida justicia aún a la longeva tradición de fastidiar a los profesores, se podría hacer más de una Antología al respecto. Pero dudo que la institucionalidad educativa consiga algún día reírse de sí misma. El Humor solamente podrá ser “enseñado” – en el sentido de “mostrado” – por los pocos docentes que posean desenfado y alegría de vivir, y superen las penas y frustraciones cotidianas de la labor docente.

Link para El enfermo imaginario de Moliére:
http://escritoriodocentes.educ.ar/datos/recursos/libros/el_enfermo_imaginario.pdf

V

Colofón

Otra vez veo cuánto no he dicho. Espero que estas Crónicas no se me conviertan en los Trabajos de Hércules. A fin de cuentas, tal vez no consiga decir ni el diez por ciento de todo lo que ha pasado por mis ojos. Pero eso importa poco. Un riesgo de escribir es que uno jamás podrá decirlo todo. Puede que haya una tercera parte y una cuarta o quinta parte de estas Crónicas referidas al Humor, no serán inmediatas. Pero como yo decía en anterior Crónica, estoy seguro que hay cosas peores en la vida. Como siempre: Lee lo que quieras, como quieras, donde quieras

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