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viernes, 17 de mayo de 2013

CREENCIAS MÁGICAS: UN VIDEO TED

CREENCIAS MÁGICAS: UN VIDEO TED

El pensamiento mágico abunda en las sociedades necesitadas de creerlos. Esta verdad de Pero Grullo (Caballero sumamente crédulo que expresaba verdades evidentes por sí misma, del tipo "Todos nos dimos cuenta", con gran seriedad) es en nuestro país más evidente que nunca. Por ejemplo, ya no tenemos Noticiarios para informar sino solamente para Manipular. Lo que se calla es tan importante o más importante que lo que se dice. Hay programas de radio y TV dedicados a lo "Oculto", cuando necesitaríamos uno o dos dedicados a lo Evidente. Pero hay quien está interesado en que tú y el resto sigan siendo fáciles de ser llevados por la nariz. Para eso que seas ignorante es bueno para ellos, pero lo es más aún que seas CRÉDULO, es decir que te creas algo porque está vinculado a la Religión, o tal vez porque te resulte más bacán pues le pone una aspirina a alguno de los Miedos que te meten por los ojos. Recordaremos que durante más de diez años Fujimori & Montesinos nos dieron de esta medicina masivamente, y nos acostumbramos a pensar que una cosa es verdad si nos tranquiliza. Recuerdo en particular las Vírgenes que Lloraban, porque el amigo Michael Shermer, conocido Escéptico, trata este tema así como Otros vinculados. Disfruten el video:    

Michael Shermer on strange beliefs | Video on TED.com

Peru BlogsComo hemos visto, la Ignorancia es una enfermedad menor, se cura con lecturas adecuadas y videos esclarecedores, lo que constituye un esfuerzo pequeño y sumamente remunerativo. La credulidad es más difícil de curar, en especial cuando hay intereses políticos en mantener la educación en su carácter estupidizante. En tal contexto se recurrirá a criterios curiosos: Te dirán, por ejemplo, que eres en exceso "racionalista" y que debes "equilibrar" por un sentido "de equidad" tus afirmaciones racionales con creencias no demostradas. Naturalmente las creencias no demostradas no tienen nada de malo, ten todas las que quieras. pero por ello no van a estar en el mismo nivel de las afirmaciones verificadas. El que tenga Oídos, que Vea.    

jueves, 16 de febrero de 2012

LOS PELIGROS DEL MIEDO: UN VIDEO TED

En el marco de las conferencias TED, el escritor Michael Specter presenta The danger of science denial (Los peligros de negar la ciencia)  advierte de los riesgos del pensamiento mágico, del pasadismo, de la nostalgia y del Miedo. Es fácil constatar que vivimos con miedo, y más miedo tenemos cuanto menos sabemos, pues que la ignorancia alimenta el temor. Para defender nuestro Miedo tendemos a minimizar los argumentos en contra de éste y todo lo que se le oponga. Para ello recurrimos al arma de la negación. Tapar el sol con un dedo es una suerte de Deporte Nacional más popular que el Fútbol o el Vóley, y sería para sonreír un poco si no fuera porque como consecuencia tendemos a arrojar el bebé junto con el agua que empleamos para bañarlo. Veamos este Video para comentarlo.

Michael Specter: The danger of science denial | Video on TED.com

Lo interesante de la exposición es su claridad. No niega nada de los temores justificados de las gentes frente a las evidencias de lo que hacen las grandes empresas y los gobiernos. Ni duda en exigir los controles e intervenciones necesarias, por parte de la Sociedad, el Estado y la Opinión Pública. Pero a la vez advierte vigorosamente contra la seudociencia y la basura informativa, que por cierto van de la mano, como en nuestro país sabemos tan bien. La Ciencia no se diferencia del resto de conjuntos de conocimientos por ser un grupo de proposiciones - eso también lo son la religión, los mitos y la superstición - sino por su método de explicaciones y demostraciones, de testeo y construcción y reconstrucción constante; por el hecho de que sus certidumbres son siempre provisionales.

En consecuencia, las reservas que tienen las gentes sensatas frente a las vacunas, los riesgos de la Minería o los transgénicos están absoluta, total y completamente justificadas. Todos tienen el derecho ciudadano a manifestar sus preocupaciones, y el derecho a que esas preocupaciones y prevenciones sean levantadas de manera cierta, adecuada y convincente por las autoridades que son elegidas precisamente para estar advertidas de lo que ocurre. Y si estas observaciones no son levantadas como se debe, piña pues, el pueblo manda, y sanseacabó. Es obligación de los gobernantes gobernar para el pueblo, no del pueblo el acomodarse a los gobernantes. Los problemas deben enfrentarse con innovación, pero a la vez Specter advierte contra el riesgo de no considerar los límites concretos que ponen los hechos. A nadie se le ocurriría, por ejemplo, prohibir los sismos en nuestro país por Ley del Congreso. Algo semejante ocurre en referencia a los muy actuales temas de los Transgénicos y la evidente contaminación producida por la actividad  minera. Por supuesto, puede que los hechos no nos gusten, pero lo cierto es que los hechos tienen la mala costumbre de ser bastante más firmes que nuestras creencias. Y quiero hacer constar que estoy a favor de la moratoria de los Transgénicos, y que se alargue todo lo que sea necesario. Y así mismo de que las Empresas Mineras estén obligadas a tomar todas las precauciones necesarias contra la contaminación, así como que gasten en reponer el medio ambiente dañado. Pero la moratoria de los transgénicos o la contaminación minera no son temas científicos, sino políticos, sociales y económicos. No me opongo irracionalmente al eventual empleo de Transgénicos ni a la explotación minera, pero tampoco los apoyo incondicionalmente, como les encantaría poner las cosas a los extremistas de ambos lados. Pero es muy real que mientras no conozcamos más sobre Transgénicos y Minería, y no apreciemos debidamente los riesgos y ventajas de su aplicación en una economía como la peruana, que está en la obligación de defender su principal negocio, la exportación de productos orgánicos, simplemente no debemos ni aplicar Transgénicos ni dar carta blanca a las Mineras porque así lo demanden los poderosos intereses de las grandes empresas y sus felipillos de la prensa local. Pero a la vez no veo ninguna razón para no emplear eventual y sensatamente lo que nos puede ser útil. No creo que el polo sur sea menos frío que el norte porque sea el opuesto. Eso no es ciencia, será mas bien política, opinión, moral, ciudadanía, economía, incluso superstición o creencia mítica, pero ciencia, definitivamente no. Y por supuesto, el manifestar esto no es "estar a favor" ni de los Transgénicos ni de la Minería o sus empresas, como seguro dirá por ahí algún termocéfalo.

La evidencia que Specter encuentra de la epidemia del Miedo coincide con las preocupaciones de muchos respecto de la Educación. El Miedo recala en la Ignorancia, y así se convierte en una lacra. Una de las víctimas de esta epidemia es la Ciencia y su método, y se podría incluso especular que, de haber quienes formulen y ejecuten esta Campaña del Miedo - y no sea, como otros dicen, un resultado social espontáneo - pues una de sus fines sería excluir a las gentes del empleo de la lógica, la racionalidad, el sentido común, la sindéresis, la heurística, la ciencia y el método científico. No otra cosa significa que nuestro sistema educativo se haya especializado con los años en producir analfabetos funcionales, acientíficos y carentes de valores positivos. Y se entiende, porque mientras más brutos somos, somos más manipulables, e incluso somos felices de ser manipulados, lo que es infinitamente más conveniente para los impulsores de un neocolonialismo High-Tec. No creo que explícitamente nadie quiera eso, y por eso necesitamos con urgencia tener una Educación aunque sea mediocre. Punto por hoy.

martes, 31 de enero de 2012

ADOCTRINAMIENTO Y TEXTOS ESCOLARES



El Diario Expreso el día Domingo 29 de Enero titula en primera página sobre Textos marxistas en los libros escolares e infiltración comunista.  Si se hace el esfuerzo de leer la noticia – se requiere mucha paciencia para desentrañar el intríngulis – se encuentra que no es una noticia, crónica o reportaje, sino reportaje de reportaje, noticia de noticia o crónica de crónica, o puede que resultado de una entrevista a Cecilia Valenzuela. Hubiera sido interesante tomarse el asunto en serio, ya que se trata de textos escolares, y acudir al Ministerio de Educación y/o a especialistas, que los tienen cerca, como León Trahtemberg, columnista del diario. Por supuesto sería así si lo que se quisiera es informar, pero por alguna razón misteriosa se prefiere Valenzuela a Trahtemberg. No conocemos las competencias educadoras de la Señora Valenzuela, si alguna vez ha escrito un texto escolar, o comprende qué es y para qué sirve. Esto importa, porque la noticia no es lo que el Titular dice, sino qué opina la Señora Valenzuela al respecto, opinión que el diario a la vez asume y mantiene aparte.   

Currícula y Textos escolares

Dícese que la periodista halló en su investigación  “graves e indignantes excepciones en los citados libros escolares”, que la “forma como se instruye sobre lo que el radicalismo y la intolerancia del marxismo leninismo, pensamiento Gonzalo, nos hizo, es indignante porque no se analiza y no se explica, tan solo se hace un recuento de hechos de manera burda”. Como me gusta el análisis y saber qué es lo que me están vendiendo, trataré de entender esto. En primer lugar, se emite una opinión indignada  - hay “graves e indignantes excepciones” -, es decir, lo que molesta a la periodista no es que se diga algo sobre el tema de Sendero, sino que no se digan ciertas cosas, así como la forma en que se dice lo que se dice. Ello según ella culmina en un relato de los hechos, burdo, sin análisis ni explicación. O eso creo que dice, la redacción de Expreso es algo enredada, tratando de decir qué sí creen eso, pero es la periodista quien lo dice y no ellos. Los periodistas no siempre logran decir lo que quieren decir. Si los entendí, lo que indigna cívicamente no sería entonces que no se analice ni se explique lo que pasó, sino que se relaten los hechos de manera burda, y que no se condene el radicalismo, etcétera.

En ninguna parte de la currícula hay, que se sepa, un título “La intolerancia del marxismo leninismo, pensamiento Gonzalo”, como tampoco “Los crímenes contra la Humanidad de Alberto Fujimori”. Y es que ni uno ni otro título son pertinentes cuando se trata de educar, no de adoctrinar. Pasar de contrabando cierta escala de valores sin análisis ni explicación es manipular. Cuando se determinan los temas de la currícula no se admiten juicios morales a priori, porque la Historia es una Ciencia y no la chacra del Poder. En Ciencia no se puede hacer una investigación o paper de título “La Maldad intrínseca del Capitalismo”, o “El criminal intento del Comunismo”, por lo mismo que no puedo hablar de las malas intenciones de los radicales libres en Química, del radicalismo e intolerancia del Binomio de Newton, o la amistosa bondad y correcta ideología de los Neutrinos y demás leptones en Física. La Ciencia Social no es menos Ciencia que las otras, y por ende, no puede tratar su temática como si fuera Teología, Metafísica o mera Ideología. La Ciencia no trata con opiniones, trata con proposiciones sobre los hechos. Y para tratar de Sendero el mejor título de todos es “Sendero Luminoso”, como para tratar de lo que hacen las partículas subatómicas en ciertas circunstancias el mejor título es “El Principio de Indeterminación”. El resto es demagogia.

Naturalmente hay dificultades epistemológicas en la Historia Reciente. Es difícil tratarla precisamente porque está cerca, porque los protagonistas, sean verdugos y/o víctimas y/o espectadores no se han muerto, y siguen recordando. Es decir, los intereses, opiniones, ideas y creencias de las gentes que determinaron hechos de la Historia Reciente están vivos y activos. En la actualidad hay presiones desde diferentes direcciones para decir y para callar, porque los intereses siguen ahí, y en el esfuerzo por entender nuestro pasado reciente es más lo que se ha callado que lo que se ha dicho. Un verdadero juicio histórico es complejo de hacer, y por eso en el nivel escolar se trata de ser lo más científico posible, presentando hechos y provocando la reflexión, para así entrenar la opinión, en especial en la formación ciudadana.          

Se dice que son pocas las páginas que se dedican al tema en los textos escolares. Estoy de acuerdo, deberíamos dedicarle más páginas al asunto, y más atención pública. Este tema debería estar en la Agenda Pública siempre, no cuando le parece a los que deciden la Agenda. Si no se le dedica más páginas ni atención al tema, ello se debe en parte a una coyuntura política del año 2008 en la que, recordemos, se criticó precisamente lo contrario de lo que hoy se dice, es decir que los textos escolares trataran el tema del Terrorismo. En aquellos días las editoriales encargaron a profesores y otros especialistas analizar y explicar el fenómeno de Violencia ocurrido en el Perú. Dicho análisis y explicación no fueron del gusto de la ex Ministra de Educación y del Interior Mercedes Cabanillas, y los cuestionó duramente, lo que levantó mucho humo en el momento. No es que no se pueda hacer crítica, se puede y debe hacer, pero podemos preguntarnos legítimamente qué crítica es y por qué se hace. La alianza entre el Apra y el Fujimorismo hace pensar que debía haber acuerdo en que el tema de la Violencia era demasiado complicado en vista de las elecciones que venían. La congresista Cabanillas empleó los mismos argumentos de la periodista Valenzuela sobre la propaganda comunista, incluso sugiriendo infiltración de Sendero en las editoriales. Es curioso que el mismo diario publique una entrevista a la ex Ministra, donde repite el mismo rollo de la juventud desinformada. Que sabe que es así, lo sabe, pues tiene responsabilidad política en ello. El asunto entonces llegó incluso al Poder Judicial, hasta que la cortina de humo se murió sola. La consecuencia fue que las Editoriales se curaron en salud, y es difícil culparlas de ese hecho. 

Hablar o no hablar, esa es la cuestión

El problema entonces era que se hablaba del tema en los textos, no como ahora, que “no se habla”. Contradictorio que lo que queríamos ayer no lo queramos hoy, era negativo entonces y resulta que es positivo ahora. O al revés, o whatever lo que tengan en la cabeza los contradictorios críticos de los textos. Hoy hay “excepciones indignantes” y “relato burdo”, que resultan en “adoctrinamiento comunista”. No sé si los que acostumbran leer el diario en cuestión se coman el tema, pero parece un salto dialéctico arriesgado, aunque no dudan en darlo. No me queda claro cómo un “relato burdo” puede terminar en “adoctrinamiento” así, sin anestesia. De hecho, la queja es que la juventud “no sabe”. ¿Si “no sabe”, cómo puede estar “adoctrinada”? El razonamiento que se sigue parece estar más allá de lo que los simples mortales podemos entender. Que los iluminados nos expliquen, por favor.

Hay más saltos dialécticos que abonan a una conclusión a la que en apariencia ya habían llegado antes de pensar en ella. Dícese: “En estos libros el juicio valorativo de los terroristas es positivo y el de las Fuerzas Armadas es negativo.”  Aguantemos el coche. ¿Por qué nos empujan la interpretación del tiempo de la Violencia Política como un enfrentamiento entre Sendero/MRTA y la Fuerza Armada? ¿Era que el resto estábamos en la tribuna viendo el partido? ¿No hubo víctimas civiles? ¿No hubo paramilitares? ¿No hubo resistencia civil ni comités de autodefensa? ¿Cuál es la intención al limitarnos el alcance de la mirada? Y por otra parte, ¿no era que en los textos no se hacía ni análisis ni explicación y que solamente se hacía un “relato burdo”? El proceso educativo no se limita a los textos, que solamente son una herramienta. En la época de Fujimori se censuraban los textos que hablaban demasiado de Democracia, y a ninguno de los actuales críticos eso les pareció demasiado terrible. De hecho hubo silencio en algunos que hoy hablan. Pero los profesores seguimos hablando y enseñando sobre Democracia, sin texto, o con recursos alternos.

En un texto escolar las habilidades intelectuales a lograr son más importantes que la temática a tratar, el texto es una herramienta entre varias. Hacer juicios valorativos implica una habilidad muchísimo más compleja que la del análisis y la explicación, y no se puede valorar sin primero analizar y explicar. Cualquier Taxonomía de Habilidades Cognitivas lo muestra, pero dudamos que Benjamín Bloom esté en la bibliografía del artículo. ¿En qué quedamos entonces: “relato burdo” o “adoctrinamiento”? ¿Se hace acríticamente juicios valorativos en el texto? Por supuesto, eso es posible. Que se diga entonces llanamente cuáles son esos juicios, en qué página y línea del texto escolar están, no nos den opiniones sino hechos Tenemos gran curiosidad por saber, no por opinar acríticamente.

Adoctrinamiento

Acudamos al diccionario:
adoctrinar
1.     tr. Enseñar o educar a alguien en una doctrina, inculcándole determinadas ideas o creencias.
2.     Aleccionar a alguien sobre la manera de actuar o comportarse.

Las definiciones poseen dos componentes: la denotación y la connotación. El diccionario casi siempre nos proporciona la primera, en tanto que la segunda es fuertemente emocional y valorativa, y depende de la valoración social. Adoctrinar desde su denotación es, de acuerdo a las definiciones, casi sinónimo de educar. Sin embargo hay una poderosa connotación referida a la “inculcación” de “determinadas (…)  creencias”. Adoctrinar, valorativamente es intrínsecamente negativo, implica que “aleccionamos”, manipulamos, manejamos, tratamos a los alumnos como cosas y no como personas, lo que va en contra de cualquier humanismo en la enseñanza. La Educación no es moralmente neutral, y rechaza el adoctrinamiento. Adoctrinar significa engañar y estafar a nuestros alumnos haciendo pasar por Verdad Absoluta lo que no es más que nuestra creencia. Se adoctrina para tener corderitos que hagan lo que nosotros queremos, para tener poder, dominio y control. De ningún modo eso puede considerarse Educación.

Pensamiento Crítico

Otro día trataré con más detalle el tema del adoctrinamiento, da para mucho. Por ahora limitémonos a la diferencia entre “educar” y “adoctrinar”, que está en las habilidades cognitivas que se trata de formar, que resumiremos en dos palabras: Pensamiento Crítico. Si se trabaja con los estudiantes el pensamiento crítico, no se está adoctrinando, pues se proporciona el arsenal intelectual precisamente para impedir el adoctrinamiento. Pensar críticamente es la herramienta para que las creencias no sean verdades absolutas. Claro que si tú sostienes como Verdades Absolutas lo que no son más que tus creencias, y acusas a otros de adoctrinar porque tratan de imbuir otras creencias igualmente consideradas “verdades absolutas” – como sin duda es el caso de Sendero Luminoso, de los creacionistas y otras morrallas intelectuales sueltas por ahí –, la cosa se limita a una competencia de poder entre ideologías opuestas pero unidas en querer engañar a la gente. Los extremos se juntan en sus procedimientos, ambos igualmente condenables. Pero hay algo peor si cabe, y es que ataques el libre uso del pensamiento crítico, que aspires a censurar los contenidos que no te parecen porque no te parecen, que llenes de epítetos y no de argumentos lo que tú crees que está mal desde tu opinión. El problema ahí no lo tiene el texto escolar, la currícula, los alumnos o los docentes, lo tienes Tú.

Texto escolar y adoctrinamiento

Para tener razón, tendrías que demostrar que no se fomenta el pensamiento crítico en los textos, y el asunto abandona los prejuicios y se pasa a lo técnico. No estoy seguro que quieras abandonar los tan convenientes prejuicios. Qué te parece si usamos nuestra materia gris: ¿Puede un texto adoctrinar? No, porque un texto no es un agente sino un paciente, se hacen cosas con él, no hace cosas él, y creerlo es un buen ejemplo de pensamiento mágico: “Oh texto, pues que me adoctrinas”. Un texto puede ser una herramienta de adoctrinamiento si alguien lo usa para eso. Y esto vale para cualquier texto desde la Biblia, los Upanishads y el Corán, hasta el Manifiesto Comunista, la Riqueza de las Naciones o Mi Lucha, no digamos los textos escolares. La persona que usa el texto o cualquier otro soporte para educar, posiblemente adoctrine, es decir, puede imponer acríticamente unas creencias y señalarlas como la Verdad Absoluta a la que se debe obedecer y no cuestionar.

Pero esto es muy relativo, porque el sistema educativo y los maestros asumen como objetivo la formación y desarrollo del Pensamiento Crítico, desean que los alumnos usen su propio cerebro. Los muchachos de Cuarto y Quinto de Media no son corderitos, y suelen ser muy críticos. Por ello se requiere paciencia con ellos. El problema hoy en día no es que no haya pensamiento crítico, es la crítica desinformada. El sistema educativo en su currícula y el maestro en su aula se obligan a formar pensamiento crítico. Los textos y otros materiales se usan para ello, y se puede y debe utilizar todos los materiales que sean necesarios. El tema es tan simple en realidad que sorprende tener que decirlo: Adoctrinar es lograr que un alguien asuma una creencia como Verdad Absoluta para que otro alguien pueda manejar sus acciones. La Crítica y la Libertad de Pensamiento son enemigos del adoctrinamiento. La respuesta al problema no es plantear Verdades Absolutas en el texto, sino dar herramientas para pensar críticamente, lo que es cosa de la currícula, la formación magisterial y la sociedad que encauza la rebeldía adolescente hacia objetivos sociales adecuados.

Vi el otro día una novela gráfica que entiendo ha sido producida y financiada por el Ejército del Perú, y rara vez he visto mejor plasmada en lenguaje accesible la acción de Sendero en las comunidades campesinas. Creo que cualquier profesor puede utilizarla como complemento del texto. Naturalmente se puede mejorar, y no veo la razón por la que no debería haber muchos más de estos “textos” ni ser utilizados. La novela gráfica – cómic para los que no sepan – posee su propia lógica y la habilidad gráfica-lectora que hay que desplegar es sumamente formativa. Pero naturalmente no puede ser empleada sola, ni basta con su empleo para el proceso educativo, sea en la formación de habilidades o el aprendizaje de contenidos.

Adoctrinamiento y Analfabetismo funcional

Hay contrasentido en que se hable de adoctrinamiento en los textos cuando se sabe que buena proporción de los alumnos tiene problemas de comprensión lectora. El analfabetismo funcional determina que no acudamos a las fuentes directas, y si somos sonsos, nos agarran y nos hacen mansos corderitos. Le pasa hasta a periodistas connotados. El enemigo principal no es entonces el adoctrinamiento, es el analfabetismo funcional, pues para poder criticar necesitamos comprender, y para comprender debemos primero decodificar. Que nos quejemos de que 350,000 o más personas firmaron por MOVADEF resulta bien sonso si consideramos que en la práctica solamente un puñado de ellos encuentra motivo para manifestarse por la negativa a su inscripción. No parece que el “adoctrinamiento” haya resultado muy efectivo que digamos, para movilización es bien pobre. Parecida por cierto a la de los opositores, que no logran reunir más de un par de docenas de manifestantes en contra. Ello nos lleva a pensar en cómo se exagera el tema, aunque es obvio que hay que estar vigilantes. Un titular de diario para el tema de los textos escolares o es demasiado, e indica intenciones de levantar un tema por razones que no están claras; o es poco, pues no toca lo problemas que sí ocurren.

¿Dónde está el adoctrinamiento?

Que se anuncie con jupiterina voz tonante que hay adoctrinamiento en los textos escolares no significa nada. Nuestros alumnos no leen, nuestros docentes escasamente lo hacen, y son las personas y no los textos los que adoctrinan. Quedan los contenidos temáticos que se trata de imponer acríticamente como Verdades Absolutas, y por qué se cree que lo son. Si no me dicen cuáles son, no hay cómo tomar en serio opiniones sesgadas ideológicamente, aunque un diario las levante. No hago nada con rótulos y letreros. Váyase de frente al punto y no nos paseemos por los facilistas y vacíos epítetos condenatorios o laudatorios. Cuando tratamos de encontrar los contenidos temáticos cuestionados de entre el follaje emocional, parece ser que se considera que el Informe de la CVR es tendencioso y se impone acríticamente a los alumnos. Parece raro, porque se nos dice que los alumnos no saben, y que no hay suficiente contenido. ¿Puede hablarse de Terrorismo en el Perú sin citar el Informe de la CVR?

Pensemos críticamente y preguntémonos por qué no les gusta el informe de la CVR. Podría responder a una ideología previa, es decir un conjunto de opiniones y creencias consideradas Verdad Absoluta. Por supuesto las gentes tienen derecho a opinar lo que quieran, pero no derecho a imponer su opinión como Verdad Absoluta. No pueden impedirme que lea el Informe de la CVR y lo aquilate en lo que vale como fuente para conocer lo que pasó en esos años. No pueden decirme “sé ignorante, no lo leas, es mentiroso”, sin que yo me pregunte por qué me dicen eso. Déjame que lo lea, después te diré si me parece verdadero o falso, en qué y por qué. Muchos de los que no les gusta el Informe de la CVR no solamente no han leído el Informe, sino que tampoco lo quieren leer, no vaya a ser que el depósito de sus Verdades Absolutas se vea remecido. Triste modo de defender los propios prejuicios. Su problema.

El Terrorismo, Conflicto Interno, Guerra o como definamos que se llame nos abarcó a todos, todos tenemos derecho a decir nuestra palabra, y todos tienen derecho a criticarla y contestar si quieren. De eso se trata el pensamiento crítico, efectivo dique contra el adoctrinamiento. Si quieres estar en desacuerdo con el informe de la CVR empieza por leerlo y critícalo, que no es libro sagrado. Varios años ha que insisto en ello, como en que las Instituciones que tengan algo qué decir lo digan. En ese caso las críticas serán sometidas a crítica, y es así como debe ser, si creemos en la honestidad intelectual y en la democracia. Si queremos hablar nosotros solos, eso es Dictadura.

Colofón

Sí existe una manera de adoctrinar con gran efectividad, es callándose la boca. Claro que ahí adoctrinamos únicamente en la estolidez. Todavía no hemos escuchado el mea culpa de los que se opusieron a medios para recordar como el Museo de la Memoria, el Ojo que Llora, a las Reparaciones y a los juicios a los responsables de las matanzas, de cualquier lado. Cuando escuchamos una oposición al adoctrinamiento “del otro” porque hay quienes desean adoctrinar sin competencia, y pretenden que sus creencias se asuman como la Verdad Absoluta, no podemos tomarlos en serio. Son demasiado parecidos a aquellos cuyas creencias critican, pero desde el otro lado. Los opuestos tienden a encontrarse en sus métodos: No es que no matan, es que “matan menos”. A mí no me interesa que maten menos, me interesa que no maten. El que tenga oídos, que recuerde y que piense críticamente.   

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martes, 17 de enero de 2012

EL FIN DEL MUNDO o Contra la Industria del Fin del Mundo

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“Para la cultura maya no existe un concepto del apocalipsis” (Confederación Guatemalteca de Sacerdotes mayas y guías espirituales)
“Todo esto se ha convertido en un negocio, sin que exista el deseo de entender el fenómeno”, (Cirilo Pérez, consejero de la Presidencia de Guatemala, chamán y ajq'ij - ‘aquel que cuenta los días’-
“El calendario maya no termina el 21 diciembre de 2012, después de ese momento inmediatamente otro período comienza. No hay ningún alineamiento planetario en el horizonte para las próximas décadas (…,) e incluso de producirse, como han predicho algunos, el efecto sobre nuestro planeta sería insignificante.” (NASA)

Reunido con amigos y conocidos de diversas procedencias, la conversación de estos días parece centrarse en la búsqueda de ciertas seguridades alrededor del eventualmente próximo Fin del Mundo, “programado” como se sabe para Diciembre de este año. Los que no creen en el calendario maya están preocupados por el alineamiento planetario que se dice habrá. La mayoría de las personas que conozco son gente inteligente y sensata – hay excepciones, claro – y poco proclive a dejarse llevar por el vuelo de pajaritos de diversos colores. ¿Por qué, entonces, gente que conozco y respeto por su inteligencia se permite ser influida por las evidentísimas falsedades y monsergas fabricadas por la Industria del Fin del Mundo?

Es tan obvia la existencia de esa Industria que hace plata como cancha y jala agua para sus molinos con el temor de las gentes, que en realidad lo único evidente es el negocio. Los profesionales del tema, vendedores de sebo de culebra de diversas especies, cuentan con la complicidad de los medios de comunicación, tanto por la activa - “reportajes” e “informaciones” tendenciosos, falsos y mentirosos de los medios “especializados” en el tema – como por la pasiva; es decir faltando en todos los idiomas, calendarios y sistemas numéricos a su deber de informar con la verdad. Y luego les parece extraño que la sociedad los quiera regular, y gritan No a la Censura, lo que quiere decir, poco más o menos: No a la Censura… que no ejerzamos nosotros.

El Fin de… ¿qué?

Cuando decimos El Fin del Mundo se encuentra una muy interesada inversión de conceptos, que muestra la increíble petulancia y exagerado sentido de la propia importancia de que hacen gala los seres humanos. Ni la muerte individual ni la extinción de la especie humana califican como Fin del Mundo. De hecho, si nosotros como especie desapareciéramos, es muy probable que el Mundo – Universo, Galaxia, Sistema Solar, Planeta Tierra – ni siquiera se dé por enterado, pues como fenómeno de la existencia somos bastante poco importantes, y nuestra trascendencia cósmica se limita básicamente a nuestra capacidad para destruir el medio ambiente en el que vivimos. Desde cierta perspectiva, podríamos decir que nuestra extinción física le resulta muy conveniente al Planeta, pues que la Vida en general – de la que nosotros sólo somos una manifestación más – conocería con nuestra extinción un nuevo impulso, a juzgar por el hecho verificable que nuestra especie es la única que crece a expensas de todas las demás.

Sabiendo entonces que nosotros no somos el Mundo, sino una parte de él bastante prescindible, conviene preguntarnos un poco sobre el sentido del Fin. La muerte de cada uno de nosotros marca un final, por más fe que tengamos que tras esta vida venga otra. Vista con alguna objetividad, la Vida es un estado de equilibrio inestable anti-entrópico, un gasto de energía universal que se paga en desorganización en alguna otra parte, y que es importante no porque sea grande en el esquema cósmico, sino porque es nuestra. Si mi propia muerte no me preocupara en uno u otro sentido, pues entonces debo andar mal de la azotea. Mi muerte individual constituye el fin de mi Mundo, y aunque sabemos que nos perpetuamos en el resto de la especie, y particularmente en nuestra descendencia, la muerte es un hecho tan irrevocable que lo proyectamos a términos universales, y nos parece terriblemente importante. Esa convicción subjetiva parece correcta, siempre y cuando la entendamos como subjetiva. El problema es cuando la proyectamos a la universalidad.

Realidad y Creencia

En general nuestra percepción del mundo es sesgada, vemos las cosas un tanto como queremos verlas y otro tanto como nos dicen otros que son. No hemos aprendido ni nos han enseñado que lo que nos dicen sobre el mundo son afirmaciones que deben ser verificadas antes de poder decir que son verdaderas o falsas. Confundimos las opiniones – en especial si son nuestras – con las verdades, y éstas con los hechos. Se cree que los arcanos y profundos secretos epistemológicos del razonamiento están reservados a algunos iluminados nerds de diversos tipos y calibres, y que no somos dignos de desatarle la sandalia a la Verdad, por lo que recurrimos a Santones, Científicos, Gurús, Sacerdotes de diversas confesiones, etcétera para hallar algo que, como reclamaba Descartes, nos haga sentir seguros en el mundo.

Abandonados así a nuestra suerte, resulta que los medios para verificar afirmaciones que posee el común de las gentes dependen de la sindéresis que poseamos, esto es la capacidad natural para hacer juicios rectos y acertados; así como de la heurística que apliquemos, es decir qué métodos usemos para aumentar nuestros conocimientos. Como todo el mundo sabe, nuestro sistema educativo no nos enseña a emplear ni el uno ni la otra. Nuestro razonamiento natural puede ser fácilmente manipulado utilizando masivamente falacias, verdades mentirosas y mentiras verdaderas; en tanto que nuestra forma de obtener conocimientos depende de muchos intermediarios, registros y códigos. No podemos estar seguros de todo lo que creemos, dado que no nos han enseñado a pensar, sino a aceptar lo que las autoridades nos dicen, y el conocimiento, como quería Sócrates, es algo que se da a luz, no que se compra en el quiosco.

La Ciencia se confunde con la Tecnología, y ésta con la Magia. Estamos anclados por diversas razones en un pensamiento mágico que nos proporciona ciertas respuestas medidas, combinado con ciertas certidumbres sobre el Mundo, que proceden de nuestra experiencia y del uso de nuestros sentidos. Le atribuimos explicaciones de diversa índole a los fenómenos que nos rodean o que nos cuentan que existen, y le otorgamos a la Ciencia y la Tecnología el mismo fundamento que a la Religión, la Superstición y a la Metafísica. Creemos, y creemos que creemos, pero no entendemos lo que es creer, lo confundimos con la certeza, y a ésta con la verdad. Necesitamos con vasta desesperación poseer ciertas seguridades acerca de ciertos hechos, y entonces nos agarramos a lo que haya. Tememos la eventualidad de nuestra desaparición física – no hay peor miedo -, y queremos saber qué hay de verdad en las eventuales amenazas a ésta. Y es aquí donde se inscribe la Industria del Fin del Mundo.

Calendarios y Predicciones

Desde tiempos inmemoriales tratamos de predecir el futuro. Hemos deseado sustituir el no-saber con el saber. Esta preocupación alimentó la necesidad de buscar elementos para entender el devenir de acontecimientos que tendían a repetirse, y cuya interrupción sería catastrófica para la sociedad. Los ciclos naturales del Sol, la Luna, las Estrellas y los Planetas despertaron la curiosidad de nuestros antepasados más astutos e ingeniosos, que encontraron que podían emplearlos para medir el Tiempo y determinar el valiosísimo ciclo agrícola. Descubrieron una forma de conocer que – visto desde nuestra perspectiva - combinaba Ciencia, Religión y Tecnología. Fue una enorme victoria del intelecto, y trajo como consecuencia la formación de complejas y brillantes civilizaciones en Egipto, Mesopotamia, India, China, los Andes Centrales y Mesoamérica.

Los Calendarios eran calculadoras conceptuales destinadas a predecir el futuro, en especial el advenimiento de los ciclos naturales, dado que las élites gobernantes pensaban fino y trataban de sostener sociedades complejas. El pueblo agricultor intercambiaba información y conocimiento a cambio de sus excedentes agrícolas, y recibía esta data envuelta en papel de regalo religioso-ceremonial. El éxito se medía en el bienestar de la élite, en la cantidad de ofrendas y en la división del trabajo orientada hacia la producción de bienes cerámicos, textiles, metalúrgicos y de toda índole. El conocimiento no era masivo, y lo poseía una élite que lo empleaba como instrumento de poder y control. La predicción del futuro se volvió más sofisticada, porque ya no se trataba únicamente de proporcionar información agrícola, sino de lograr que la masa creyera lo que convenía a las élites, y que en consecuencia hiciera lo que le conviniera a las élites. El aparato religioso se sofisticó, y los ritos y ceremonias constituyeron elementos de inmensa importancia para la cohesión social. No parece que hayamos cambiado mucho desde entonces.

Verdades Mentirosas

En el año 999 después de Cristo se produjo un pánico generalizado y masivo en los pueblos cristianos. El cumplimiento del Milenio desde el nacimiento de Jesús parecía tener el significado escatológico de marcar el final del proceso iniciado por la irrupción de Dios en el Mundo, reforzado por las referencias escatológicas en la Biblia. La histeria colectiva fue enorme, las parejas se perdonaban sus infidelidades, los comerciantes – más extraordinario todavía – perdonaban las deudas, el comercio se arruinó, se descuidó la agricultura, y todo para que al final nada ocurriera. Por supuesto esto se atribuyó a diferentes causas, de la que la cuenta errada fue el principal. En 1910, la cola del cometa Halley rozó la atmósfera terrestre, y la irresponsable afirmación periodística de la presencia del venenoso gas cianógeno sin mencionar la densidad de éste en la cola causó una tremenda histeria, con víctimas mortales. Estos hechos no son excepcionales. La desinformación y el fanatismo produjeron 39 suicidios debido al paso de un cometa tan inofensivo para nosotros como el Hale-Bopp en 1996. En el 2000 se lanzó el bolo del colapso de la Internet, y parece que al final poca gente se lo comió.

En la actualidad vemos una suerte de combinación de 1000, 1910 y 2000. Hoy en día relativamente poca gente se come las profecías bíblicas o de otros libros sagrados; o se come las catástrofes tipo el colapso de Internet o la epidemia de Influenza. La Industria del Fin del Mundo ya no es más propiedad de las iglesias, sino cosa corporativa, entrelazamiento de intereses comerciales, que recurre a falacias, mentiras verdaderas, verdades mentirosas, seudociencia, el calendario maya o cualquier otro que sea funcional, la superstición, los libros sagrados, el miedo difuso, etcétera, etcétera, etcétera. Todo sirve. La cosa se sofistica y parece que se emplean todos los argumentos funcionales, yuxtapuestos uno sobre el otro. Ante esto no parece inadecuado para nosotros responder la pregunta del rey de la conseja: “Estoy paranoico… ¿lo estaré lo suficiente?”

Mentiras Verdaderas

La ignorancia de los elementos más básicos de la realidad conspira a favor de la Industria del Fin del Mundo. No hay afirmación al respecto que resista a una crítica más o menos sólida, solamente imágenes efectistas planteadas en el cine y la TV, y espeluznantes afirmaciones destinadas a asustar a los incautos. Pongamos el caso del alineamiento planetario “programado”. Olvidemos por un rato que el tal alineamiento no se producirá.

Se cree que el hecho que los planetas se alineen – se pongan en una línea - tiene un efecto gravitacional destructivo sobre nuestro planeta. Es evidente que se desconoce en este caso qué es la gravedad, así como no se tiene una idea de las distancias y las dimensiones, creyéndose que es algo así como lo que se percibe en la superficie terrestre. La Gravedad como Fuerza se mide en una cifra, que aumenta si aumenta el producto de las masas, y se reduce inversamente al cuadrado del aumento de la distancia, por lo menos eso dice el loquito ese de Isaac Newton. Aún si hubiera ese pretendido alineamiento de planetas, las distancias en el Sistema Solar son muy grandes, y como la gravedad se reduce como 9 si la distancia aumenta como 3, entonces esos alineamientos resultan gravitacionalmente bastante anodinos. Se han producido antes, se producirán después, su efecto es despreciable ahora como entonces. Hasta donde sabemos.

El Sol posee el 99 % de toda la masa del sistema solar, y fuera de equilibrar nuestra órbita, todo lo que puede hacer en nuestro planeta a 150 millones de kilómetros promedio es una marea capaz de levantar un poco el nivel de los fluidos (agua, aire), gracias a la enorme masa que posee. La masa de la Luna es, comparada con la del Sol, de una soberana insignificancia, pero está solamente a 384,000 kilómetros, metros más o menos, y su marea es mucho más interesante, como cualquier surfista puede atestiguar. El siguiente cuerpo más cercano es el planeta Venus, que cuando anda cerca está a algo más de 40 millones de kilómetros, es decir, a unas 120 veces la distancia Tierra – Luna, con lo que su gravedad es menor que la lunar en 120 al cuadrado, sin considerar las masas. Así que Venus no nos levanta ni un pelo, a no ser metafóricamente como Diosa del Amor. El planeta Júpiter, muy grande en relación a la Tierra, pero muchísimo menos masivo que el Sol, está al triple de la distancia del Sol, eso cuando está más cerca. Sumar la masa de los planetas a la del Sol, para así dar la sensación de la enormidad, es algo así como ponderar el peso de una mosca en una pirámide.

Por otra parte, supongamos una alineación de los planetas con el Sol, y que todos apunten a la Tierra. No podría haber alineamiento – ubicación en una línea – más que en un plano, porque los planetas no están ordenaditos orbitando alrededor del Sol en el mismo plano, como falazmente se supone. Todos están más o menos por encima o por debajo del plano ecuatorial del Sol, lo que se conoce como inclinación de la órbita con respecto a la eclíptica, lo que quiere decir que si los ves desde una dirección los verás alineaditos, pero si los ves desde otra están bien desordenaditos. Cosas de creer aún que el Universo es un plano y no un espacio-tiempo.

Por otra parte, caballero, señorita… no me crea a mí. Busque por sí mismo y use las sinapsis neuronales que Dios, en su infinita sabiduría, distribuyó dentro de su cráneo. Investigue por sí mismo y no se crea lo que le cuentan, incluido yo mismo. Verifique las afirmaciones que hago, y si usted encuentra que me equivoco, corríjame y me corregiré. En eso consiste una sindéresis adecuada y una heurística efectiva. No se la crea, y mire quienes y por qué quieren que se la crea.

Riesgos reales e imaginarios

¿Se podría eventualmente producir el “Fin del Mundo” para el solsticio de invierno – Hemisferio Norte – del año 2012 después del nacimiento de Cristo? Por supuesto. Pero con la misma probabilidad o mayor podrían también repentinamente nacerle alas a los chanchos. Puestos a mirar las cosas estadísticamente, muchas cosas son posibles. La teoría cuántica predice que el agua del vaso que tengo enfrente podría saltar espontáneamente fuera de él, pero la probabilidad estadística de que esto suceda es increíblemente remota. En el preciso momento que escribo estas líneas un meteorito podría caer sobre mí y acabar con mi seguramente poco importante existencia. Es posible, pero muy poco probable, y no me induce a dejar de escribir. Ese meteorito podría ser como el de Yucatán hace 65 millones de años y hacer cisco todo rastro de vida humana, animal y vegetal. Posible, pero bien poco probable. No he visto a nadie que modifique su rutina diaria de salir a la calle porque un meteorito podría hacerlo añicos. Más probable es que te chanque un vehículo, particularmente en el Perú, y hacemos los reclamos pertinentes mientras tomamos las precauciones correspondientes.

Hay riesgos muy reales frente a los que no solamente no tomamos precaución alguna, sino que los posponemos en función de cosas que entendemos más importantes. Las enfermedades son algo cuya ocurrencia es muy probable, mucho más que la caída de un meteorito, pero muchos padres y madres de familia no toman seguros médicos para sí mismos para poder pagar las pensiones escolares de sus hijos. Las gentes viven en edificaciones precarias pese a que estamos en una zona sísmica, y la ocurrencia de terremotos, tsunamis y erupciones volcánicas no es nada imprevisible. Nos precavemos sabiamente contra los deletéreos efectos del humo del tabaco ajeno, mientras seguimos respirando alegremente el plomo que los vehículos arrojan por sus tubos de escape. Parece que nuestra percepción del riesgo puede ser manipulada, dado que depende en mucho de nuestra herencia genética ancestral. Percibimos el riesgo cuando lo tenemos encima, es decir cuando lo podemos percibir con nuestros sentidos de una manera determinada. Los genios del marketing lo saben, y tal vez por eso se filmó la película 2012, bastante anodina y altamente estereotipada, con el fin de instalar las imágenes en el imaginario de las gentes. (Roland Emmerich se ha ganado su buena platita, qué duda cabe, pero sería interesante analizar de donde obtuvieron la plata los productores). Yo puedo razonar contigo todo lo que quieras, pero la imagen del monje budista del Himalaya tocando la campana sagrada mientras el mar se precipita sobre las montañas del Techo del Mundo es algo que impacta con más fuerza. Nuestro cerebro reptílico no sabe que eso no ocurrió o que su probabilidad es bien pero bien bajita, simplemente lo registra y responde con el miedo.

A quién beneficia y a quién perjudica la Industria del Fin del Mundo

Aquí la parte sabrosa del asunto. A quién beneficia y a quién perjudica la moda de la Industria del Fin del Mundo. En lo económico parece estar claro. Se trata de crear una necesidad artificial y ofrecer resolverla. Igualito que la coca-cola, o cualquier otro bien o servicio perfectamente prescindible. No hay que ser un tigre del marketing para darnos cuenta que la difusión es importante, eso lo puede decir cualquier vendedor de sebo de culebra. Tampoco es gran cosa señalar que hay que apelar a la emoción antes que a la razón, pero que hay que darle su lugar a ésta, por eso de la plausibilidad. Ni tampoco resulta en el descubrimiento de la pólvora decir que se necesita de la ilusión de la objetividad que el periodismo y los medios de comunicación proporcionan a cambio de un precio. Si se tratara de vender whisky, pañales o relojes de pulsera me parecería de repente algo más o menos aceptable, pero el tema es qué se está vendiendo y con qué se está traficando. Hay en la danza centenares de millones de dólares en productos y servicios, papel y tinta impresa, efectos especiales en películas, armas y refugios anti-fin del mundo, acumulación artificial de alimentos, especulación en bolsa de valores, entretenimiento, juegos de video, turismo new age, y mucho más. Mucha plata hay aquí.

En lo político y social es bastante obvio que si usted y yo nos ocupamos de que los meteoritos no nos chanquen, pues no nos estamos ocupando del tránsito que sí nos chanca. Esto le da un respiro a los grandes intereses, y muchos ganan con que la gente se descuide de los problemas que sí puede resolver en función de los que no se puede resolver. Usted y yo podemos terminar por gastar plata en tonterías. Yo, por lo menos, fui a ver la película 2012, y francamente el género catástrofe tiene mejores exponentes. Aparte la plata, se pierde un valioso tiempo discutiendo estupideces, en vez de centrarnos a los temas que sí podemos resolver. A mí, en particular, me molesta mucho tener que tratar sobre gansadas, cuando hay tantas cosas importantes de las que ocuparse. Si estoy utilizando mi tiempo en dilucidar ante la opinión pública cosas absurdas no lo estoy utilizando para dilucidar cosas importantes, y con eso los que la hacen en lo importante se ganan con la distracción, tanto la mía como la de muchísimas otras personas. Es obvio que el que está muerto de miedo comprando alimentos, medicinas, rifles y municiones para defenderse durante el apocalipsis universal no es un Indignado, por ejemplo, y así deja de ser un factor activo con el que hay que contar para convertirse en un factor pasivo al que llevar de la nariz, con todas las ventajas que ello conlleva para los que la mueven.

Colofón

Soy consciente de lo injusto de algunos de mis apreciaciones, pues el fomento y utilización del miedo con fines subalternos no es ninguna tontería. El problema del miedo difuso es que afecta a los que menos pueden defenderse, a nuestros niños y adolescentes, a los que les induce temores irracionales que afectan su autoestima, su proceso de conocimiento y su felicidad. Aquí vale la pena un recuerdo personal. Tendría yo unos ocho años de edad cuando leí en un tabloide una historia acerca de un asteroide que caería a la Tierra y la haría añicos, profusamente ilustrada con dramáticos dibujos al respecto. Mi capacidad crítica era bastante inexistente, y me creía que lo que estaba escrito era verdad por estar escrito. Se daba incluso una fecha. No me atrevía a manifestar mi miedo a ningún adulto, porque me daba vergüenza, pero entre los chicos lo discutíamos, y había miedo de por medio. De repente no me creerán si les cuento que esperé varios meses hasta esa fecha, sin decirle nada a nadie, creyéndome poseedor de un enorme y trascendental secreto, con la esperanza oculta de que el asteroide no caería, pero temiendo su caída. Cuando el día pasó como cualquier otro, y el asteroide, como es obvio, no cayó, di un suspiro de alivio y algo más empecé a aprender sobre la mentira. Cosas de chicos… ¿o no?

miércoles, 10 de agosto de 2011

CONTRA EL DETERMINISMO

“Traigo la contra, la contra, la contra / para la mala vida: / Tabaco y Ron” (Letra de una canción popular del autor y amigo Carlos Alonso)

En las últimas semanas me he embarcado en algunos artículos que he estado titulando “Contra esto” o “Contra Aquello”. Sigo en esto al gran maestro Don Miguel de Unamuno y Jugo, poderosa mente que escribió en su inimitable estilo unos ensayos que tituló precisamente “Contra Esto y Aquello”. Ya quisiera parecerme a Unamuno, aunque trato de acercarme a él y al modo en que abordaba ciertos aspectos de la realidad, ubicándome decididamente en Contra de Ellos. Ese misterioso acontecimiento se llama “Tomar Posición”, y está pésimamente mal visto, porque por lo general se supone que tomar posición a favor o en contra de algo es salirse de la comodidad del estar en medio y no comprometer la chamba u otras cuestiones importantes, o cuando menos
no comprarse líos. Muy nacional y muy criolla esta costumbre de estar en varios sitios a la vez, o, lo que es lo mismo, no estar en ninguno para que no te puedan acusar de estar en alguno.

Tomar posición

Tomar posición suele ser visto por algunos como la interrupción del libre flujo neuronal de los pensamientos, colocándoles una suerte de anteojeras intelectuales que los redirigen a ideas más o menos fijas. Dícese que si alguien posee una posición, entonces es una especie de anteproyecto de fanático fundamentalista, por una suerte de birlibirloque lingüístico por el que se dice algo así como “y pensar que siendo tan inteligente hace, dice, piensa o vota de esta manera”. Estoy seguro que existen fanáticos fundamentalistas en muchas áreas del devenir humano – sobre todo en la Política -, y abundan entre aquellos que “toman posición”, quizá porque algunos de los que “toman posición” creen que el seguir la parranda emocional que tienen en la cabeza es indicio de veracidad, u otorga alguna ventaja cognitiva al que esto hace. En el primer caso entiendo que estoy frente a un Ingenuo que aún cree en pajaritos, y en el segundo a un Cándido que se ha comido el cuentazo de la postmodernidad con zapatos y todo. En fin, de ambos hay por todos lados, y a veces con muchos títulos académicos. Los gringos dicen con enjundia que “nace un tonto cada minuto”. Y en ocasiones los estudios, diplomados y maestrías lo único que hacen es convertir a estos individuos, muchas veces de buenos sentimientos, de ingenuos o cándidos ignorantes en ingenuos o cándidos conocedores de algún aspecto de la realidad. Vale decir, le puedes echar contenidos de aprendizaje al coleto, pero no desarrollas funciones intelectivas, con el resultado que engordas, pero no creces.

El ciego que critica al ciego

He notado es que la mayor parte de los que juzgan el tomar posición de otras personas suelen ser tan ingenuos o cándidos como aquellos a los que hacen objeto de su juicio tonante. Vale decir, caen exactamente en la misma situación que las personas cuyas creencias fanáticas fundamentalistas juzgan, haciéndolo desde su propia versión de fanatismo fundamentalista. Cambiaron, como dice el poeta, mocos por babas, y tratan de convencer al mocoso de que las babas son mejores, o por lo menos tienen más caché. No hay nada más aburrido que una discusión de este tipo, donde ambos están exactamente del mismo lado, aunque en sentidos opuestos: el gnóstico y el agnóstico, el de la U y el Alianza, el comunista recalcitrante y el neoliberal renegrido. Amén de otros opuestos que en un mundo perfecto se anularían entre sí, dejando tranquilos al resto de la humanidad. Lo cierto es que ambos presentan versiones complementarios de fanatismo fundamentalista, y no hay nada más aburrido en el universo que escuchar una discusión entre ambos. De repente por eso en el Congreso pagan tan buenos sueldos.

El fanático fundamentalista que toma posición tiende a escindir su mente para alejar la racionalidad, porque el pensamiento racional es enemigo de la Creencia, así en general. Algunas veces, menos de las que nos gustaría, el que toma posición sabe que se está escindiendo, y se está convirtiendo en lo que podríamos llamar un esquizoide autocomplaciente consigo mismo. En castellano llano, se mete la yuca con conocimiento de causa. Pero el que dice del primero “y pensar que siendo tan inteligente hace, dice, piensa o vota de esta manera”, curiosamente está en tal caso en posición análoga, pero sin haberse enterado que está escindiendo su propia mente. Digamos que es Ingenuo o Cándido, pero avant la lettre. Pues no es menos lo que se hace cuando se juzga desde las alturas del “no-compromiso-con-nada-excepto-yo” la toma de posición del otro. Aunque a muchos esto les parecerá extraño, hay una buena posibilidad de que tomar posición sea una decisión guiada por algunos atisbos de inteligencia, racionalidad o lógica. No tomar posición no otorga superioridad alguna, ni cognitiva ni moral. Pero algunas gentes parecen creerlo así, y actúan en consecuencia.

Es que no todos los que toman posición son necesariamente ingenuos o cándidos. Por lo menos yo trato de mantener la suficiente correa intelectual y algún que otro pensamiento independiente que me impida deslizarme por la autocomplacencia. Creo que me funciona a veces. Como hemos dicho líneas arriba, es posible que alguno que toma posición no sea Ingenuo o Cándido. Pero en Política y en las demás actividades humanas, hay de todo. Más bien, si una persona que en su vida personal ha mostrado ciertas dotes intelectuales asume una posición, por lo general ello no significa que haya abjurado de su capacidad de raciocinio. No lo hacía Unamuno, por lo menos. Pero entonces se encuentra con la frase sacramental: “y pensar que siendo tan inteligente hace, dice, piensa o vota de esta manera”.

La mayor parte de lo que creemos nos es impuesto

Sí, amable lector, está usted leyendo lo que lee. No toque su pantalla. Como en los viejos tiempos de la serie “La Dimensión Desconocida”, “nosotros” la controlamos. Y lo interesante es que es usted el que decide eso, o por lo menos cree usted que lo decide. Y al creer que usted decide leer lo que lee, comer lo que come, hacer lo que hace, votar por quien votó, usted se lo puede apropiar, o no, diciendo simplemente “Yo leo esto”, “Yo como esto”, “Yo hago esto” o incluso “Yo voté por Fulano o Mengana”. O, por el contrario “Yo no leo esto”, “Yo no hago esto”, o incluso “Yo no voté por Mengana o por Fulano”.

Pues no. Usted, no decide nada. Usted, no elige nada. Usted, que se computa libre, no lo es. Y claro, se preguntará usted a estas alturas ¿Y por qué habré de creerle a este tal Bloguero? ¿Cómo sabe este Bloguero que yo no soy el que decide sobre lo que leo, como, hago o voto? Pues muy bien, no me crea usted. Ya estaba previsto, de cualquier modo, y todo está ya planificado para darle a usted la sensación de que es usted quien posee el Control. Después de todo, la sensación de libertad es una buena forma de creer que la poseemos. Así que le dejaremos a usted la sensación, y de su Libertad nos apropiaremos “nosotros”. De hecho, si usted quisiera ser libre, verdaderamente libre, tendría que estar más solo que un gato techero en una ciudad abandonada. Pero como no está usted solo, pues es porque usted vive acompañado. Pero eso usted ya lo sabía. Pues para dejar de jugar a las escondidas, digamos que haber nacido y estar en nuestra sociedad hace del espacio de libertad que usted cree tener algo terriblemente limitado.

Por supuesto, usted puede elegir no seguir leyendo. Y ahí se le acabó su libertad. Porque si usted se ha interesado en esto y quiere saber a dónde demonios va a parar, es porque yo estoy manejando sus ganas y su interés, y usted se está dejando manejar, lo sepa o no. De hecho, eso le pasa a usted todos los días, por si no lo sabía. Vamos a suponer que usted lee un periódico o ve un programa de TV. ¿Por qué lo ve? Pues porque usted cree que ese periódico o programa de TV le conviene de alguna manera, sea por información, pasatiempo o entretenimiento. ¿Y por qué lo cree? Voy a suponer por un momento que usted jamás ha reflexionado al respecto. Que jamás dudó y que nunca se tomó la chamba de examinar por usted mismo el mundo que le rodea y se lo comió tal como se lo sirvieron, desde la primera papilla hasta la rueda de molino que usted se está tragando en este instante. Pues estimado amigo o amiga, reconozca usted que no ha pensado en ello, o si lo ha hecho, rápidamente ha desechado el pensamiento porque ya van a pasar el capítulo de Doctor House, o porque los niños lloran, el perro se mea, el trabajo no espera, o la comida está en la mesa.

Como en este mundo cochino no estamos solos, y como los que la mueven saben a la perfección que usted tiene entre las manos muchas cosas para ponerse a pensar – de hecho, algunas de esas cosas que tiene entre manos se las pusieron ellos -, y como quieren seguir moviendo la cosa, y odian la competencia, entonces han contratado gente que ha estudiado realmente a fondo las técnicas para mantenerlo a usted amarrado. Ya se imaginará usted que no es por amor al chancho – usted - sino al chicharrón. Y el chicharrón fue, en la particular coyuntura pasada, su voto. Y ahora es su opinión. ¿Por qué? Pues porque cuando usted colocó su voto en la urna, usted creerá que lo hizo en ejercicio de su libertad, pero ellos saben que con su acto habrá usted apoyado o desapoyado un conjunto de cosas. Es decir, usted, aunque no lo quiera, habrá tomado posición a favor o en contra de “algo”. Si lo hizo usted libremente o no, es cosa entre usted y su conciencia.

Final Infeliz

Vamos a suponer que es usted una persona pensante y paciente. Debe ser ambas cosas, pues no habría llegado hasta aquí de no serlo. Repentinamente usted percibe lo que le están haciendo. Puede que hasta le agrade que otros piensen por usted y le dejen ver Doctor House. Pero, si tiene usted algunos atisbos de humanidad, ello le disgustará. Qué se han creído éstos, puede que sea su primer pensamiento. El segundo es que tampoco, tampoco. De repente es la paranoia de este bloguero la que está inventando Teorías de Complot que usted no tiene por qué aceptar. Puede incluso que así sea, pues ese es uno de esos pensamientos independientes que nos impiden deslizarnos por alguna de las pendientes. Dudar, lo decía Descartes, es bueno por sí mismo.

Pero aquí viene la realidad, que como decía un mi amigo, asoma usted la cabeza por la ventana, y se la decapita. Decide usted votar por el candidato “A”, y eso le hará tomar partido, aunque no le guste a usted tomar partido. Imaginemos que usted, repentinamente celoso de su libertad, no quiere hacerlo. No puede votar por la candidata “B”, que viene a ser lo mismo, pero ni siquiera le gustaba en primer lugar. Puede usted entonces asumir una posición libertaria a lo bestia y decidir votar en blanco. Pero eso ya está previsto. Entonces a viciar el voto. También está previsto, maldición. Entonces niéguese a votar. Pero nos encontramos con la desagradable sorpresa que ya está previsto, también. Espero que usted se dé cuenta que … ¡nos tienen rodeados!

Colofón

Creo a veces que el problema de tomar posición es un problema de libertad y determinismo. No nos podemos librar de una ni del otro. Sartre señalaba que estamos condenados a ser libres, y ese determinismo de la libertad suena bien feo. Tal vez lo único que estoy pretendiendo es, parafraseando a Marguerite Yourcenar, sacudir las paredes de mi celda. En ese sacudimiento por lo menos estoy ejerciendo mi sagrado derecho al pataleo. Después de todo, quizá lo único que nos quede esté en el epígrafe que he puesto: Tabaco y Ron. Y punto.



Peru Blogs

viernes, 15 de julio de 2011

CONTRA EL RELATIVISMO INGENUO POSTMODERNO


“Todo es relativo” 
(Dicho popular)

"Mis proposiciones son esclarecedoras de este modo; que quien me comprende acaba por reconocer que carecen de sentido, siempre que el que comprenda haya salido a través de ellas fuera de ellas. (Debe, pues, por así decirlo, tirar la escalera después de haber subido)” 
(Ludwig Wittgenstein, Tractatus Logico-Philosophicus).


Introducción, breve y no muy profunda

Algunos amigos, llevados de la errada suposición que soy un especialista en Filosofía, e intrigados por ciertos cabos sueltos que dejé en mi artículo sobre Verdad y Medios de Comunicación, me piden que me manifieste sobre otros aspectos filosóficos referidos a la Verdad. Como no soy Filósofo, cuando menos no en el sentido académico del término, estoy seguro que mi autoformación al respecto registra profundas incoherencias y vacíos. Pero me mencionaron el relativismo postmoderno, tema que sí me parece importante por sus vínculos con la Educación y la sociedad, dado en lo que se ha convertido en este contexto. Así que me embarco en el tema y pido disculpas por meter la cuchara en un tema tan abstruso, en el que seguramente cometeré errores. Es claro que no sigo la famosa regla de Wittgenstein: De lo que no se puede hablar, mejor es callarse, pero creo que sí tengo algo qué decir al respecto. Deséenme suerte.

Había una vez …

Había una vez un soldado. Corría el Siglo XVII y nuevos vientos soplaban en Europa. Atrapado entre las Guerras de Religión y el desarrollo del nuevo pensamiento racional, este soldado se ganaba la vida haciendo la guerra como se estilaba entonces. Cuando el clima no dejaba a los soldados saquear, quemar, asesinar y mutilar, se les instalaba en casas como forzados huéspedes de la familia. Los soldados se aburrían a muerte en sus cuarteles de invierno, y muchos se distraían enamorando a las hijas de la familia, dejando como legado recatafilas de hijos naturales. No sabemos si este soldado en particular ejerció tan loable ocupación, porque lo podemos ver con las botas apoyadas en la estufa caliente, cosquilleándose la barbilla con la pluma de ave empleada para escribir, utilizando su cerebro más que su testosterona. Este soldado sacó al fresco una obrita que dejó marca universal, mitad autobiografía y mitad prescripción y mitad filosofía. Si, ya sé que son tres mitades, algo supuestamente ilógico, pero al margen de mi extraña aritmética, esta obra contribuyó a la construcción de una cosa que, a falta de mejor nombre, llamaré “sentido común”. Como ya habrán adivinado, se trata de René Descartes y el Discurso del Método.

El Buen Sentido

Descartes arranca el Discurso del Método con una paradoja: El buen sentido parece estar igualmente repartido entre todas las personas. Acto seguido señala que todos parecen estar tan contentos con el suyo que no pareciera que desearan tener más del que ya tienen. Sospecho aquí algo de ironía. Todos creen poseer sentido común, que por eso se le dice común, pero aquí se acaba la comunidad, pues que todos creen que el que poseen es el sentido común por antonomasia. De aquí el buen René explica lo poco útil que le es dicho sentido común, atacándolo desde la idea de que creer no es lo mismo que saber, y como él quiere estar plenamente seguro que sabe lo que sabe y lo que no sabe, pues entonces nos dirá cómo la hace. Y el resto del libro es eso, cómo la hace.

Postmodernismo ingenuo

Siempre me ha sorprendido el pensamiento postmoderno cotidiano que me encuentro entre las gentes. No es que no lo tenga yo mismo. En muchas conversaciones y discusiones me encuentro casi siempre atrapado en el anteprimer párrafo del Discurso del Método, es decir, hallo que todo el mundo cree que su buen sentido es el sentido común por antonomasia, y posee una validez universal que en la mayoría de los casos no encuentro. Y veo que se construyen ideas sobre ese problemático sentido común, precisamente a contracorriente del esfuerzo cartesiano de hallar una base sólida para el pensamiento. El buen René hallaba dicha base en lo indubitable del hecho de pensar (Je suis, donc je pensée = Yo pienso, entonces yo existo). Mucho del pensamiento actual postmoderno se basa ingenuamente en el propio sentido común, estableciendo premisas discutibles, sostenidas en convicciones subjetivas. Es curioso cómo en la discusión algunas personas utilizan ciertas reglas sí y ciertas no, a tenor de la necesidad argumentativa, en una reedición lógica de la inmortal cita de Groucho Marx: ¿No le gustan mis principios? No se preocupe, tengo otros. Pero como todo es relativo …

Postmodernismo en serio

Como en nuestras escuelas no enseñamos a pensar sino a repetir, el desarrollo del pensamiento crítico e independiente se ve trabado, pues no se puede razonar eficientemente sobre cualquier cosa sin reglas o meta-reglas que orienten dicho pensamiento. Ludwig Wittgenstein manyaba muy bien este tema, pues hallaba en esos tremendos sistemas de lenguaje de Russell y Moore una eterna jerarquización, es decir, una escalera de infinitos peldaños. Paradójicamente, esos peldaños no nos llevan lejos. Además podemos voltear el argumento: Si ponemos en cuestión el lenguaje, también podemos poner en cuestión el lenguaje sobre el lenguaje, y así sucesivamente hasta que, patatín, antes de darnos cuenta nos caemos de la escalera y nos ahogamos en el océano del “regressus in infinitum”, o retorno hacia el infinito, donde para saber de qué hablamos en una frase, necesitamos, mínimo, todo el lenguaje. Si no la agarramos bien la idea, hagamos el experimento de chequear el sentido de una frase buscando en el diccionario el sentido de cada una de sus palabras. Por supuesto, cada palabra tiene un significado expresado en palabras, que a su vez podemos chequear en el diccionario, pero esos significados estarán en palabras, que podemos chequear en el diccionario …. y paremos antes de caer en la persecución de la propia cola.

Desde otra perspectiva, las formulaciones postmodernas tienen una importancia fundamental en la consecución de verdades, al rescatar de un trasnochado racionalismo exclusivista – el positivismo del Siglo XIX - la actitud, los sentimientos, las emociones y otros aspectos del ser humano que eran escondidos detrás de la racionalidad. La deconstrucción, como operación postmoderna de esclarecimiento, no solamente no niega el razonamiento, sino que lo emplea en sentido amplio, y establece reglas y meta-reglas efectivas. En Educación esto es patente en el planteamiento de Paulo Freire, quien rescataba lo mejor del postmodernismo precisamente al no encerrar su mente en la pura racionalidad, a fin de encontrar el lenguaje del Otro, y acompañarlo hacia el descubrimiento del propio Yo en un proceso educativo opuesto a la razón instrumentada (“bancaria”), que fomenta una deformación de la personalidad.

Más postmodernismo ingenuo

Muchos post-modernos cotidianos parecen pensar que usar la razón es más o menos inhumano, antinatural, o cuando menos no es valorable del mismo modo que otras peculiaridades humanas. Se rechaza la razón en nombre del sentimiento, como los románticos del siglo XIX, o en nombre de relatividades de varios tipos, de las que la intercultural es una de las más interesantes. Se oye repetir nuevas versiones de argumentos gastados siglos ha, construidos sobre premisas como las del relativismo ingenuo, largamente superado por relativismos y escepticismos mucho más profundos y elaborados. Este relativismo popular post-moderno parecería tener alguna relación con la derivación simplista del tema de Einstein de que “todo es relativo”, extraída de la Física y llevada al sentido común arbitrariamente. Se encuentra uno con versiones simplificadas, reducidas y deformadas de argumentos del gnosticismo del siglo II d.C., de los neoplatónicos o del pensamiento mágico, asumidas curiosamente como Verdad Absoluta, básicamente porque satisfacen necesidades afectivas, requerimientos emocionales, o cuando menos producen comodidad intelectual. Se cae sin la más mínima autocrítica en el uso del razonamiento para invalidar el propio razonamiento, con aceptación acomodaticia de ciertas reglas para destruir otras, en una suerte de cambalache intelectual, que se puede seguir por curiosidad, aunque es perfectamente inútil, dado que cae en círculos infinitos explicados a partir de sí mismos. Nosotros preferimos tomar partido por el razonamiento para alcanzar verdades – o quizá Meta-Verdades, no estamos seguros –, como cosa demasiado seria para no tratarla con el debido cuidado. Un razonamiento no fanático – o un meta-razonamiento – puede perfectamente admitir, como el racionalista Pascal, que “el corazón tiene razones que la razón no comprende”. No creo que sea necesario negar la razón, ni el sentimiento, ni las demás potencialidades que nos hacen plenos seres humanos. Me suena a guillotinar nuestras propias posibilidades, eliminando un potente instrumento que nos puede acercar a algunas verdades.

Verdad y Meta-Verdad

Descartes estableció ciertos criterios para obtener la Verdad, entre ellos la del rigor en el método, y también, de modo más subjetivo, el criterio de evidencia, es decir, es verdad lo que se me ilumina como verdad, Intuición filosófica que le llaman. Pero para llegar a dicha intuición, René establecía reglas blindadas. Y ya no hablaríamos aquí de la Verdad con mayúscula, sino de una Meta-Verdad cuyo filo proviene de los métodos usados para encontrarla. Lo que, naturalmente, en el mejor espíritu de la tradición racionalista, puede ser discutido. La deconstrucción de los mecanismos a través de los cuales se llega a verdades sesgadas me parece, por ejemplo, un inmenso aporte del pensamiento postmoderno.

Entre la Verdad como producto de mi capricho emocional, o de la percepción momentánea, que nos conduce al famoso “Cada cual tiene su verdad”; y la Meta-Verdad como producto de unas reglas a seguir que nos aseguran afirmaciones que podrían rigurosamente predicarse como verdaderas, hay una poderosa contradicción. Los procesos de argumentación suelen iniciarse con afirmaciones que asumimos como verdaderas y desde ahí construimos nuevas afirmaciones que derivan su verdad de la verdad de las premisas. Por ejemplo, si los políticos son ladrones, se sigue que un robo o desfalco en las arcas del Estado es realizado con toda probabilidad por un político. Pero el investigador, como el policía, sabe que para determinar que fulano robó necesita pruebas, porque eso le va a pedir el poder judicial, que hace lo posible para no recurrir al criterio de la propia conciencia, siempre relativo. Se hacen grandes esfuerzos para rodear la sospecha de una verdad importante – la hipótesis - con pruebas y métodos rigurosos, para asegurarnos que no metemos las cuatro y probar la verdad de la afirmación. Todo ello por la razón más práctica del universo: Porque un ingeniero al que un puente se le cae, morirá de muerte profesional, por ejemplo.

Meta-Verdad como producto del rigor

El pensamiento filosófico postmoderno serio en realidad es muy riguroso. Si encuentra que las mismas reglas de verificación de la Verdad son discutibles, pues las discute y critica, faltaba más. Para eso es el pensamiento crítico, precisamente. No podemos meter a De Quine, Lakatos, Foucault, Derrida, Rorty o Vattimo en el mismo saco que Sixto Paz y su verdad de que existen extraterrestres que se comunican con él precisamente y con nadie más. Se reconoce la vaciedad de ciertas afirmaciones por el prurito que tienen de hermetismo o subjetividad. Por el contrario, la crítica postmoderna rigurosa posee  solidez debida al empleo de meta-reglas que al final provienen de profunda reflexión científica, lógica o filosófica. Tales reflexiones son acciones en sí mismas y se convierten en acciones ulteriores. Verbos en acción, no sustantivos congelados.

Razonamiento y emocionalidad

El filósofo y educador argentino Jaime Barylko ilustraba este hecho señalando que uno podía ser hoy día aristotélico, mañana hegeliano, y pasado detestar a Hegel con toda el alma. Hacer reflexión no es hacer citas a pie de página del ídolo de moda. No es, como algunos creen, encontrar ideas que apoyen o refuercen creencias a priori, anteriores, asumidas sin crítica ni reflexión, muchas veces surgidas del fondo de la infancia individual o colectiva. No me interesa el comentarista que me explica con pose de profeta una creencia, me interesa la creencia y sus fuentes. Una meta-verdad no se puede construir desde su procedencia emocional, como no se puede asumir la verdad del nazismo de la evidente sinceridad de los jóvenes hitlerianos. Siguiendo al platense, podemos decir que no hay reflexión acabada, sino reflexionar continuo. El anquilosamiento intelectual resulta peligroso, venga de donde venga.

Como ya escucho lo que me van a retrucar, me apresuro a señalar que no es que tampoco no tenga validez el reconocimiento de la existencia del pensamiento mágico en nuestras estructuras mentales. La mente humana es mucho, muchísimo más, que el mero razonamiento, como sabemos desde los Maestros de la Sospecha: Nietzsche, Marx, Freud, Darwin. Pero este tema se puede tratar, y así se hace, desde diversas perspectivas. Después de todo, poseemos bases de reflexión para establecer ciertas aproximaciones a las cosas, y he observado que aún los defensores más acérrimos del pensamiento mágico critican el pensamiento racional empleando las herramientas del pensamiento racional. Y esto tampoco es falaz, siempre que se sepa lo que se está haciendo. Porque cuando no se sabe lo que se hace, se pierde la base misma de la validez, incluso cuando es anti-método. En este contexto, las bases mismas del pensamiento racional se pueden y se deben cuestionar – otro logro del pensamiento post-moderno – con lo que se amplían los horizontes y se entiende mejor la naturaleza humana.

Lugares conceptuales

Creer algo, opinar sobre algo, por supuesto tampoco es que tenga nada de espantoso. Pero tiene un lugar, y ello se debería enseñar en las escuelas. La creencia u opinión (doxa) no es argumento sólido en una discusión, especialmente cuando expresa premisas falaces, es decir con errores de construcción. La creencia se define por la certeza subjetiva que se tiene respecto a algo. Notemos que no es una seguridad, por lo menos hasta que la sometemos a criterios que le den validez. Es verdad que soy profesor, pero además CREO que soy un buen profesor, por ejemplo. Pero para estar seguro, me lo tendrán que decir mis alumnos y colegas, y aún así tal criterio no me dará la completa seguridad del hecho hasta que vea, por lo menos, qué hacen esos alumnos en la vida, es decir, acudiendo al criterio de los resultados.

Nos movemos diariamente alrededor de muchas creencias, pero es obvio que no todas ellas tienen la misma importancia. Cuando salgo a la calle, yo creo que llegaré a mi destino a la hora, pero eso es porque tengo la creencia que las líneas de transporte público están operando. Derivo mi creencia del hecho de que en los muchos años que lo he hecho, ha ocurrido muchísimas veces que ha sido así. También podría pasar que hoy, precisamente hoy, la línea que tomo ha sido retirada del servicio, o desviada por obras públicas. O, como ocurrió poco ha, que estuviera de huelga. Si sostuviera una creencia fundamentalista en la sacrosanta regularidad del transporte público, mi fe se vería fuertemente sacudida por el hecho que mi combi no pasa. Y resquebrajada cuando vea que no pasa en todo el día. Pero como ser pensante, si veo tras un tiempo prudencial que mi carro no pasa, entonces tomo otra línea que haga parecido recorrido, o hago un cambio de ruta.

Pero las creencias no se limitan solo por las huelgas de transportistas. No es lo mismo creer que la combi pasará que la creencia en que el Socialismo superará al Capitalismo, que la Democracia es mejor que la Dictadura, o que el Mundo ha sido creado por Dios. En el caso de las combis, como vimos, se resuelve el tema con la apelación a la realidad, a la que acudimos como criterio: La combi pasa o no pasa. Todo se reduce aquí a un razonamiento de tercio excluido, suficiente por lo general para estos fines. Pero en el caso de la existencia de Dios, la verificación es más problemática, de hecho no hay cómo verificar la verdad de la afirmación “Dios existe”. Nos queda la Fe, claro. Pero no confundamos las verdades de la fe con las verdades de razón. Se diferencian precisamente en la verificación.

En el caso de la dicotomía Democracia-Dictadura, hablar sobre el futuro es complejo, porque como las Democracias y las Dictaduras operan en la actualidad, y registran éxitos o fracasos a gusto del cliente, sobran argumentos guiados por el criterio del éxito en la resolución de problemas políticos, económicos y sociales. No hay a la vista un final en la confrontación Democracia-Dictadura, y mucho de lo que se dice puede decirse sin verificación, porque la realidad se enmarca en el tiempo.

Las creencias no son inamovibles, solamente lo parecen porque casi lo son. Pensemos en lo ocurrido con muchísimos izquierdistas de buena fe cuando el Muro de Berlín fue derribado y la Unión Soviética se vino abajo. O con los compinches de Galileo que se negaban a ver por el telescopio por temor a tener que abandonar creencias seguras, calentitas y emocionalmente agradables. Para afrontar la verdad y abandonar el sueño se necesita más que un recto razonamiento, se requiere coraje moral.

Crisis de Fe

Las crisis de Fe se producen cuando la realidad irrumpe en el cómodo santuario de las creencias, y las revienta. Como en el caso de la combi que mencionamos líneas arriba, la creencia cruje, pero puedo sin remilgos abandonar mi fe en la línea S para pasarla al Covida, es decir recompongo mi pensamiento y recupero mi equilibrio sin demasiados problemas. En el caso del Capitalismo versus el Socialismo sí sucedió que el Socialismo Soviético se vino abajo. Como muchos de los verdaderos creyentes respondían principalmente a sus necesidades emocionales, y no a una holística humana que abarcara todas las potencialidades del ser humano, la crisis fue profunda, hubo desencanto, desilusión y abandono de ideales. Otros verdaderos creyentes negaron los hechos, se encastraron en el pasado, y asumieron una posición ciega, igualmente improductiva. Otros, más sólidos, reformularon su pensamiento de manera profunda, aceptaron los hechos y reconstruyeron las remecidas bases de su personalidad. Pues la fe no es ni puede ser todo en el ser humano. No nos da suficiente musculatura mental.

Proyecto de Colofón

No es posible basar creencias sólidas – anteproyecto de verdades - sobre la estructura de la relatividad postmoderna, con sus pies de barro en método y ética. Las creencias se convierten en una cuestión de Fe, y la Fe, como sabemos bien, es intransferible. Y la banalidad en el pensamiento en que se cae con el relativismo ingenuo postmoderno se ve alimentada con el chorro continuo de información mediática, que da lugar a que se me mueva el piso con cualquier cosa. Hasta en la Edad Media los habilidosos monjes encerrados en las abadías llegaron al “crede und intellige”, es decir, al cree y, también, entiende. El relativismo ingenuo post-moderno proporciona creencias, pero carece de la posibilidad de la construcción de verdades o meta-verdades. Si el valor principal de la vida es, precisamente, estar vivo, se necesita un esfuerzo intelectual para recomponer un deber ser del estar vivo. No se resuelve el tema del racionalismo positivista negando el razonamiento como productor de verdades o meta-verdades. El deber ser nos dirige a la autopista de la Ética. Y, como siempre, estamos abiertos a la polémica.