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miércoles, 17 de abril de 2013

LO QUE TIENE DE RARO LA EDUCACIÓN EN FINLANDIA (Pasi Salhberg)


Al revés de lo que normalmente hago, hoy vamos a copiar un artículo del especialista Pasi Sahlberg, conocedor absoluto del tema de la Educación en Finlandia, y emplearemos para ello a mansalva la Traducción e informaciones del Blog  OTRADUCACION, de la renombrada educadora Rosa María Torres. Cumplida así la declaración con la parte de los créditos, paso a copiar este interesante artículo:



UN GERMEN INFECTA LOS SISTEMAS ESCOLARES

Por Pasi Sahlberg

Hace diez años, contra todo pronóstico, Finlandia obtuvo el primer lugar en el ránking mundial de la educación. Es extraño porque la educación en Finlandia es considerada un bien público accesible a todos sin costo, sin pruebas estandarizadas y sin competitivas escuelas privadas. Cuando voy por el mundo, veo la competencia, la elección de escuela, y la evaluación de estudiantes y de profesores usadas como vías para mejorar la educación. Este movimiento global basado en reglas del mercado ha puesto en riesgo a muchas escuelas públicas en Estados Unidos y en muchos países. Pero no en Finlandia. 

Usted se preguntará qué es lo que ha hecho tan extraordinarias a las escuelas finlandesas. La respuesta toma a muchos por sorpresa.

Primero: los finlandeses nunca se han propuesto ser los mejores del mundo en educación, sino solamente ofrecer buenas escuelas a todos los alumnos. En otras palabras, la equidad en educación va primero, antes que la mentalidad de 'trepar a la cima', en la reforma escolar. 

Segundo: los finlandeses han tomado en serio la enseñanza y los profesores, asegurando que todos ellos sean formados adecuadamente en la universidad. Todos los profesores deberían gozar de autonomía profesional y de confianza pública en su trabajo. En consecuencia, en Finlandia la enseñanza se ha convertido en una opción popular de carrera entre los jóvenes en las tres últimas décadas. Hoy, el gobierno invierte 30 veces más en desarrollo profesional de sus profesores y administradores que en pruebas para medir el desempeño escolar de los estudiantes. 

Tercero: los profesores finlandeses han aprendido sistemáticamente de otros países cómo reformar la educación y mejorar la enseñanza. Estados Unidos ha sido fuente especial de inspiración para Finlandia, desde John Dewey, un siglo atrás. Innovaciones educativas estadounidenses como el aprendizaje cooperativo, la enseñanza basada en problemas y la evaluación a través de portafolios son ejemplos de prácticas creadas por educadores e investigadores en Estados Unidos y que se encuentran hoy en muchas aulas finlandesas.

Una cosa que me ha sorprendido es cuán similares son los sistemas escolares. Los currículos están estandarizados a fin de calzar en las pruebas internacionales aplicadas a los estudiantes; los estudiantes en todo el mundo estudian con materiales de proveedores globales. Las reformas educativas en diferentes países siguen patrones similares. Tan visible es este modo de mejora que lo he llamado Global Educational Reform Movement - GERM (Movimiento de Reforma Educativa Global). Es como una epidemia que se esparce e infecta a los sistemas educativos a través de un virus. Este es transportado por los expertos, los medios y los políticos. Los sistemas educativos piden prestadas políticas de otros y así es como se infectan. Consecuentemente, las escuelas se enferman, los profesores no se sienten bien, y los alumnos aprenden menos. 

Las infecciones con este GERMen tienen varios síntomas. El primer síntoma es más competencia en los sistemas educativosMuchos reformadores creen que la calidad de la educación mejora cuando las escuelas compiten entre sí. Para competir, las escuelas necesitan más autonomía y con esa autonomía vendrá la demanda por rendición de cuentas (accountability). Las inspecciones escolares, las pruebas estandarizadas y la evaluación de la eficacia docente son consecuencia de la competencia de mercado en muchas reformas educativas en la actualidad. No obstante, cuando las escuelas compiten entre sí, cooperan menos.  

El segundo síntoma del GERM es mayor espacio para la elección de la escuela. Los padres de familia son puestos en posición de consumidores a los que se empodera para que elijan escuela para sus hijos, entre varias opciones. De este modo se promueve una competencia mercantil en el sistema escolar dado que las escuelas buscan atraer a los padres. Más de dos tercios de los países de la OCDE han aumentado las oportunidades de las familias para elegir escuela, asumiendo que los mecanismos de mercado en la educación permitirán acceso igualitario a una escolaridad de calidad para todos. Escuelas charter en EE.UU., academias de educación secundaria en el Reino Unido, escuelas gratuitas en Suecia, escuelas privadas en Australia, son algunos ejemplos de políticas que amplían la elección de escuela. No obstante, según la OCDE, los países que promueven tal elección han visto declinar los resultados académicos y aumentar la segregación escolar. 

El tercer signo de GERM es mayor 'rendición de cuentas' (accountability) de las escuelas y, en este marco,más pruebas estandarizadas aplicadas a los alumnos. Igual que en el mercado, muchos creen que responsabilizar a los profesores y a las escuelas del aprendizaje de los alumnos llevará a mejores resultados. Hoy en día, los puntajes de las pruebas son la manera más común de decidir si las escuelas están cumpliendo su papel. Laevaluación de la eficacia docente mediante pruebas estandarizdas es un síntoma vinculado del GERM. Según el Center for Public Education (Centro para la Educación Pública), las pruebas estandarizadas han incrementado el 'enseñar para la prueba', han reducido el currículo a fin de priorizar lectura y matemáticas, y han distanciado la enseñanza del arte de la pedagogía. 

Los sistemas escolares saludables son resistentes al GERM y a sus síntomas indeseados. En estos países, la enseñanza sigue siendo una carrera atractiva para los y las jóvenes. Mi sobrina Veera es un buen ejemplo de esto. 

Hace siete años, cuando se graduó del colegio en Helsinki, me llamó y me pidió consejo sobre cómo entrar en un programa de formación docente en la universidad donde yo había dado clases antes. Le dije que, habiéndose graduado con calificación A, debía sentirse cómoda con el examen de ingreso y ser ella misma en la entrevista. 

En Finlandia, la educación de un profesor de escuela primaria tiene un nivel académico de maestría en investigación, igual que en abogacía, economía o medicina. Ella leyó los libros requeridos, tomó el examen y fue invitada a la entrevista final a la que son llamados los mejores candidatos. Un mes después. me llamó llorando y me dijo que no había sido aceptada. Le pregunté que cuál había sido la pregunta más difìcil en la entervista. Me dijo: "¿Por qué quieres ser profesora cuando podrías ser abogada o médica?". 

Más tarde, ella me escribió una carta acerca de su interés en la enseñanza. Esto es lo que escribió: “Primero está el impulso interno a ayudar a la gente a descubrir sus fortalezas y talentos, pero también a darse cuenta de sus debilidades e incompletitudes. Quiero ser profesora porque quiero hacer una diferencia en la vida de los niños y en este país. Mi trabajo con los niños siempre se ha basado en el amor y el cuidado, en ser amable y establecer relaciones personales con quienes trabajo. Esto es lo único que - pienso - me pemitirá realizarme en la vida".  
  
La primavera siguiente volvió a aplicar. Fue aceptada y hace poco completó su maestría como profesora de primaria. Si el sistema educativo finlandés hubiese sido infectado por el GERM, como tantos otros países, Veera y muchos de sus compañeros y compañeras jamás habrían elegido la enseñanza como carrera de vida.  

Enfrentar el desinterés pandémico en la profesión docente con programas como Teach for America y Teach First puede ser una solución a los déficits locales pero no una cura para las infecciones sistémicas que ocasionan los bajos desempeños en muchos países. Deberíamos restaurar el sentido y los valores fundamentales de la educación escolar. Sin escuelas públicas, nuestras naciones y comunidades están pobremente equipadas para valorar la humanidad, la equidad y la democracia. No deberíamos educar a los niños para que sean similares de acuerdo a una métrica estandarizada sino ayudarles a descubrir sus propios talentos y enseñarles a ser diferentes entre sí. La diversidad es riqueza en humanidad y condición para la innovación. 

Cada vez más estudiantes en Corea y en Japón se están quitando la vida porque no logran soportar más la presión de los adultos. El sucidio reciente de dos niñas escolares de 14 años en Kenia, Mercy Chebet y Sylvia Wanjiku, agrega un capítulo triste al libro de las víctimas del GERM.

Debemos parar el GERMen que pone esta clase de presión sobre los alumnos mediante la competencia, la elección y la rendición de cuentas. Elegir la colaboración, la equidad y la responsabilidad basada en la confianza como los motores principales de las reformas educativas, refuerza la inmunidad de nuestros sistemas escolares para detener el GERMicidio y lograr una buena escuela para todos. 




                                                                      Peru Blogs

miércoles, 13 de marzo de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 19: FILOSOFÍA (i)


CRÓNICAS DE LECTURAS – 19
Leer Filosofía (1)

I

Qué tan útil es la Filosofía: Contenidos y propedéuticas

La Filosofía tiene mala prensa. Me equivoco, no tiene mala prensa, la tiene realmente muy mala. Llegas a la sílaba “Fi…” y ya te cansaste de leer, te quieres ir. Pese al esfuerzo de divulgadores ciertamente muy capaces, como los que presento aquí (parece el siglo de los divulgadores), para la gran mayoría de las personas la Filosofía se asocia sin remedio a farragosas y eternas discusiones, clases obligatorias y aburridísimas, nombres kilométricos de tipos cuyas ideas nadie sabe a qué cuernos se refieren, impronunciables títulos en alemán de libros que todos mencionan y nadie abre, palabras en cursiva con un significado que nadie tiene claro y a nadie le interesa, ancianos con anteojos que hablan y hablan (los ancianos, no los anteojos), abstrusas disquisiciones y disertaciones con abundantes palabras en griego a las que asisten entre tres y cuatro personas. Es decir, pura carnecita para nerds y frikis de todo calibre. Desde el punto de vista editorial la Filosofía es veneno, entre Yo me comunico con los extraterrestres por telepatía cuando estoy en el baño y el Tractatus Logico-Philosophicus; entre Sixto Paz y Ludwig Wittgenstein, la elección no es dudosa. Todo esto es caricatura pero la realidad no le queda tan lejos. La Filosofía parece una disciplina poco útil y de dificultad completamente injustificada. Es difícil, claro, si te metes a fondo, si te dedicas a ella, cosa que no recomiendo tampoco así como así, porque si lo que quieres es ganar plata, más útiles son la Ingeniería o el Narcotráfico. No es que sea inútil hacer Filosofía, pero no es demasiado adecuada si tu objetivo vital es ganar plata. Imagino que cuando sobre la plata gracias al desarrollo económico, se contratará a Filósofos para que filosofen. La verdad, no lo creo. Lejos de mí dorar píldoras, pero tampoco la Filosofía es tan terrible como se dice. En cualquier caso se cree suficientemente importante como para “enseñarla”. Es cierto que no se “necesita” de “toda” la Filosofía, como no necesitamos “todo” el tiempo de “toda” la Ingeniería, “toda” la bisutería, o “todo” el repujado en cuero. En realidad sí necesitamos, y es discutible, de ciertas dosis de Filosofía. Y como no todo el mundo va a ser Filósofo, lo que de la Filosofía necesitamos son ciertas destrezas y actitudes. Cuando yo enseñaba Lógica y Filosofía en la Universidad, mis colegas esperaban de mí que “enseñara a pensar” a mis alumnos, y creían que eso se hacía trabajando contenidos. Me chantaban así la responsabilidad si en sus cursos un alumno resultaba una nulidad en el ejercicio del pensamiento: Bellina tenía la culpa de las barrabasadas dichas o escritas por los estudiantes. Son cosas del Orinoco, que tú no sabes ni yo tampoco. En todo caso, se me hace curioso asociar la Lógica y la Filosofía con la destreza en el pensamiento. Por el lado de la Lógica parece claro, pues esta disciplina trata de formalizar el lenguaje, véanse y léanse la Introducción a la Lógica de Irving Copi, texto excelente en esto de operar con enunciados y proposiciones, fórmulas moleculares, equivalencias y demás fauna heredada de Boole, Frege, Cantor y Lukasiewicz.

Pero con la Filosofía no se ve tan claro eso de “enseñar a pensar”. Para empezar, me pregunto si se puede. Enseñar tiene su contraparte en aprender, supone una acción con un agente (el docente) y un paciente (el discente, estudiante o alumno), de ida y vuelta: El agente hace cosas que producirán un cierto cambio en la mente del paciente, cuyo resultado debiera ser una mejora en la capacidad de entender la realidad y accionar sobre ella. Es decir: “pensar”, lo que en lenguaje universitario no es un conjunto de operaciones mentales que aprendemos espontáneamente a no ser que nos hayan extirpado el cerebro, sino la capacidad de razonar disciplinada, ordenada y creativamente sobre los contenidos de los distintos cursos universitarios. Se otorga así a la Filosofía un gran valor propedéutico (Propedéutica: Conjunto de saberes y disciplinas que se requiere conocer para preparar el estudio de otra materia, ciencia o disciplina), que es que parece útil estudiarla como una suerte de prolegómeno cuando estás estudiando otra cosa. Podemos decir sin error que se justifica la Filosofía en la escuela y la universidad – más en la segunda que en la primera – por las habilidades que se adquieren al estudiarla, creo que acertamos. Pero así podríamos preguntarnos con justicia por qué en vez de Filosofía no estudiamos Genética de Poblaciones, Psicología del Lenguaje o Mecánica Cuántica, para el caso igualmente propedéuticos. Ahí todos ponen los ojos en blanco y dicen que los conceptos y proposiciones de la Filosofía poseen utilidad “por sí mismos”, y así podemos discutir unos añitos sin agotar el tema. Ahora bien, mi perspectiva es pedagógica y así la despacho: No se puede separar el pensar de lo pensado, sólo se puede “pensar filosóficamente” sobre conceptos y proposiciones de carácter filosófico. Y esto porque el “pensar” tal como lo entiende la Filosofía es diferente de “pensar” en ciencia o de “pensar” en cotidiano, y es importante saberlo y circular entre esos modos de pensar. Parece que así se alcanza la sensación de “tener la mente abierta”, de vivir en horizontes mentales más amplios, y así se justifica aprender a reflexionar en filosófico. Y he dicho, parafraseando a  Emanuel Kant, “aprender a reflexionar en filosófico”, no “aprender filosofía”. No aprendemos filosofía, aprendemos a filosofar. Y a no ser que quieras ser Filósofo con licencia, lo que necesitas es el reflexionar más que el objeto al que le aplicas la reflexión. Vas a hacer cosas con la mente, no a paporretear. No sé a otros, pero esto a mí me cambia la perspectiva: La Historia de la Filosofía es bacán, pero no me es rentable para reflexionar en filosófico memorizar qué dijeron las auctoritas. La disciplina Historia no es la disciplina Filosofía. Prefiero ver a mis alumnos resolviendo dilemas éticos, epistemológicos o metafísicos como los que hallarán en su desempeño como profesionales y seres humanos.   

II

La Filosofía – Una invitación a pensar (Jaime Barylko)

Considero este libro muy adecuado para introducir a las gentes comunes y silvestres en la reflexión filosófica, y eso que sigue la tradicional estructura de la Historia de la Filosofía, probablemente porque innovar editorialmente era arriesgado, y hacerlo a la tradicional aseguraba cierta previsible lectoría. Más, al revés de muchos autores, el filósofo Jaime Barylko no se confunde, es pedagógico cuando piensa en filosófico, no se enreda en los datos, no trata de impresionarte, sino que emplea la información para presentar diferentes formas de pensar, no para memorizar, sino para emplearlas en lo concreto. Esta obra parte de que la reflexión filosófica no puede envejecer ni pasar de moda, porque las preguntas que uno se hace en los momentos de crisis son más o menos las mismas en todas las épocas. Es, por cierto, un abordaje clásico, pero no menos cierto en nuestro tiempo que en otros. Lo que algunas mentes bien ordenadas dijeron tratando de enfrentar sus propios períodos críticos, sus desconciertos y desazones tuvo y tiene importancia, pues en esta época del desencanto pueden proporcionar si no guía, cuando menos un paradigma. Y así no tenemos que partir de cero todas las veces, aunque también esa pueda ser, como con René Descartes, una posibilidad. Las crisis existenciales, tan parecidas y a veces presupuestas por las económicas, nos caen siempre de sopetón porque nadie la espera ni las quiere, y nadie se lanza a reflexionar a profundidad a no ser que las circunstancias lo obliguen. A mí me salva haber vivido varias crisis, y si bien el pensar en cuanto actividad no me ha rendido dividendos en plata, sí sería retrechero no reconocer cuánto me ha dado sub specie aeternatis (que se puede traducir como desde la perspectiva de la eternidad perdonadme el latinajo, culpa de Baruch Spinoza): Capacidad para mirar más allá y más ampliamente, recurso a la resignación cuando no queda otro remedio, reformulación de la propia persona cuando empiezas a resolver problemas desde la posibilidad de ubicarte en terreno alto y amplio. Las opciones que se visualizan así resultan por lo general mucho más viables y de mayor calidad que lanzarse hacia la realidad como un pelotón de búfalos mojados y desconcertados, mal aconsejados por gente o por libros de autoayuda que plantean minimalismos referidos a la voluntad y la actitud. No, mi amigo, creer que eres un jet no te hará volar. No, mi amiga, no puedes detener la corrupción solamente con tu buena voluntad. Ya lo dijo Fito Páez: No se puede vivir del amor / le dijo un soldado romano a Dios. Si bien es cierto que la actitud que tengas y la voluntad que pongas sí influyen, también cuenta la realidad, que no es un tema puramente subjetivo ni solipsista. Porque es verdad que no hay tal cosa como una solución desde fuera, pues que toda solución a todo problema parte de adentro de uno mismo, pero eso es porque no existe problema que no te venga desde fuera. La dinámica entre uno mismo y el mundo es total y gestáltica: No es solamente la cosa económica, o la afectiva, o la religiosa. Pero hay que decir que tampoco es tonto tomarse un día a la vez y resolver las cosas una por una, las reglas clásicas del buen pensar suelen orientar muy bien en esto. Por ende, lo que requerimos son modelos, ejemplos, paradigmas; no recetas. Así, la manera en que Barylko aborda la Filosofía de la Religión, por ejemplo – terreno minado, porque muchos intereses hay de por medio – no puede ser más equilibrada y aplicable, tal como sus aproximaciones a la Filosofía Analítica y la Filosofía del Lenguaje nos dan buena pista para el despegue. Nada mejor podemos pedirle.

La Filosofía – Una invitación a pensar, llegó a mí a través de mi amigo el filósofo Gonzalo Cobo, en la dichosa época en que junto con brillantes colegas llegados de todas partes de nuestro Perú, tratábamos de enseñarle a enseñar filosofía a nuestros profes de colegio, muchos de ellos legos a la perfección en dicha materia. Se nos imponía a nosotros mismos contar con materiales adecuados, y así la aportación de Gonzalo resultó esencial. La labor del maestro no es saberse Filosofía como un Filósofo, pues para eso son los Filósofos. Por desgracia vivimos en medio del renacentista malentendido de que todos debemos saber todo, y eso no solamente en Filosofía: El maestro debe pensar la disciplina en su perspectiva de guía y facilitador, no es que debe saberse de paporreta los contenidos. Claro que no estorba sabérselos, y hay contenidos mínimos que deben saberse, por eso de que no se puede separar el pensar de lo pensado. Pero presumir de erudito es bobada, cuando lo que hay que hacer es enseñar a “reflexionar en filosófico”. Como nadie da lo que no tiene, y nadie aprende en cabeza ajena, por lo tanto debíamos cubrir la doble exigencia de por una, reflexionar en filosófico, y por otra, plantearse la didáctica de cómo hacerlo. Y así La Filosofía – una invitación a pensar nos presentaba la posibilidad de un mejor material de trabajo que casi todo lo que he visto, antes o después (Con una clamorísima excepción: El texto del Bachillerato español, no pensado para el gran público, Aprender filosofía es aprender a razonar, de Boldiú, Bría, Lasterra, López, Manjón, Marías y Serrano). Es curioso que los mejores libros que he visto para poder lograr esto, pues no estén a la venta. Yo mismo los poseo en fotocopia, y pocas fotocopias cuido más que estas, no creo que se den muchas ediciones. Otros libros que hay en el mercado son muy difíciles de aplicar porque carecen de la intencionalidad pedagógica: El Diccionario de Filosofía de Ferrater Mora, o la Historia de la Filosofía de Johannes Hirchsberger son muy buenos como Diccionario y como Historia, pero no son para docentes sino para Filósofos, o para consulta de alto vuelo. Nuestro gran filósofo peruano Francisco Miró Quesada se disparó Para iniciarse en la filosofía, libro que pese a arrancar magnífico, a partir del Capítulo 2 se engolosina y regodea en el pensamiento abstracto, y no consigue del todo plasmar su intención divulgadora. Se entusiasmó Don Paco y se le salió el Indio Filósofo, y no va a ser. Pero se le pasmó la didáctica.    

III
El hombre rebelde (Albert Camus)

Quería hablar de Unas lecciones de metafísica de Ortega y Gasset, pero veo que me he referido en otras Crónicas ya a este libro, una y otra vez. Claro, lo tengo asociado a la primera vez que armé mi Curso de Metodología del Estudio y la Investigación, y eso así nomás no se olvida. Pero hay más libros, menos mal, y además, la vida te termina por aclarar los libros. Hoy que escribo esta Crónica ha fallecido Hugo Chávez, Presidente de Venezuela, y en medio del duelo por la pérdida de un ser humano que no estaba en el común de las gentes, el acontecimiento mismo me genera el libro para comentar: El Hombre Rebelde, de Albert Camus. Porque en esta Latinoamérica, continente concreto donde la personalidad cuenta muchas veces más allá de las fuerzas impersonales y colectivas de la Historia, la Revolución puede que sea algo muy marxista leninista, pero más latinoamericana parece la Rebeldía a lo Albert Camus. La opción vital de Albert Camus, ese “pie cochino” (pied-noir) francoargelino, era ubicarse, como hubiera dicho Karl Jaspers, en el mero centro de la cisura de la experiencia humana, y por ende elegir cotidianamente no cometer seppuku, sin dramatismo pero con pasión, cada día y cada hora. Esto lo decía Camus – entre muchísimas otras cosas - en El mito de Sísifo, y lo mostró descarnado y desnudo en El extranjero. Y qué nos queda en el entre tanto (ese feroz entretanto que es el entretanto existencialista) si no es la rebeldía. Y la rebeldía no se da solamente en lo abstracto. Empieza así El hombre rebelde recordándonos que estamos en el mundo y no en una perfumería ni un convento trapense, escupiéndonos que hay crímenes de pasión y crímenes de lógica, y que desde el instante que el crimen se razona, prolifera como la razón misma, toma todas las formas del silogismo (….) Ayer juzgado, ahora dicta leyes. Y dado el hecho: El propósito de este ensayo es, una vez más, aceptar la realidad del momento, que es el crimen lógico, y examinar precisamente sus justificaciones: esto es, un esfuerzo para comprender mi tiempo. (…) es necesario que se comprenda su culpabilidad. En tiempos de gelatina postmoderna, de fórmulas tipo sopita de enfermo para estómagos metafísicos y débiles, en tiempos donde un hombre que se juega es básicamente un hombre que se quema; reconforta el recuperar textos como éstos, hechos por y para gentes con la mente y el corazón de los maquis. Es que la realidad está ahí, exigiendo, y la rebeldía constituye una ineludible respuesta para un ser humano que se considere vivo.  

El gravísimo problema de la obligatoria lucidez a que esto te obliga es que suele convertirse en un callejón sin salida. El punto desde el cual se ubica uno – entre la ideología y un prudente pragmatismo, entre la pasión y la lógica, tratando de no caerse nunca en ninguna dirección, guardando algún equilibrio – determina y a la vez es determinado y no es posible escaparse de alguna vez no tener razón o no haber sido suficientemente apasionado. La revolución, entonces, se extrema, se nihiliza, y el origen rebelde, suerte de virtud original del movimiento, se pierde, porque vienen el desencanto y el alpinchismo, y el intento desesperado de aterrizar en algún sentido: El tiempo apremia entonces, la persuasión exige el ocio, la amistad una construcción sin fin; el terror sigue siendo, por lo tanto, el camino más corto hacia la inmortalidad. Pero estas perversiones extremas gritan, al mismo tiempo, la nostalgia del  valor rebelde primitivo. El espíritu de la rebelión, jamás satisfecho, siempre exigente, contiene su propia elección moral, su propia y libre ética y su correr particular, su propia manera de empujar la roca de Sísifo. En el choque y conflicto entre la rebeldía individual y la revolución colectiva, más aún con lo colecticio en que termina lo revolucionario, es que empieza a conocerse el asesinato organizado, el nihilismo absurdizado de la reacción y el alpinchismo que esconde la cabeza en el caparazón y capaz acaba con el mundo sólo para que lo dejen en paz. Que hay alpinchismos para adelante como el estalinista, y para atrás como el reaccionario; avances y retrocesos. Y así como puede decirse esto, también podría cuestionarse si se avanza, hacia dónde y desde dónde, y si hay algo así como unas coordenadas no dependientes de la subjetividad. Cómo le hizo Albert Camus para llegar hace tres cuartos de siglo hasta esta preocupación mayor de las mentes auténticamente postmodernas de la actualidad, es para mí un misterio. Pero parece que solamente trataba de comprender la culpa de nuestro tiempo. Y no era inmune a la esperanza: Más allá del nihilismo todos nosotros, desde las ruinas, preparamos un renacimiento. Pero muy pocos lo saben. (…) La rebelión, sin pretender resolverlo todo, puede ya, por lo menos, hacer frente. Misma primavera árabe, mismo Anonymous, mismo Evo, Correa, Lula; mismo Hugo Chávez.

Un link donde encontrar este libro, y bajarlo, es:
http://www.enxarxa.com/biblioteca/CAMUS%20El_hombre_rebelde.pdf

IV

Ética para Amador (Fernando Savater)

Fernando Savater es autor de moda, lo que basa en vivir en esa especie de ecotono entre el ecosistema académico y el de los medios de comunicación. Saber comunicarse no es fácil, tiene mérito hacerlo bien, como vimos con Barylko y con los divulgadores en Ciencia. La divulgación humanística, de la que la filosófica es sólo una parte, presenta más dificultad todavía, porque se necesitan habilidades para guiar a la gente a las ideas en las disciplinas humanísticas, o a la mente de pensadores que tratan de ser sólidos – lo que les puede llevar a ser abstrusos y complejos en la expresión del pensamiento. Estas habilidades las posee Savater, incluso para la Televisión. El problema de la divulgación en Humanidades es que su utilidad no es inmediatamente evidente. El público, y más todavía los superdotados de la televisión, no la ven “entretenida”. Trato de imaginarme como presentaría un canal nacional de televisión basura un programa de Savater, y no lo consigo, sus parámetros son reducidos, parten de muy abajo, sólo compran y venden. Y sin embargo resulta esencial aprender a transmitir habilidades, pues no es tanto el objeto o concepto lo que se aprende, cuanto el modo en que se piensa. Y resulta más fácil de lo que parece. Pero vender a gentes brutas es más fácil que vender a gentes sensatas, entonces para qué hacerse harakiri manejando un sobrecosto inaceptable, si la competencia me come. Y así, a nosotros, sufridos receptores de todo esto, no nos queda más que ir al libro: Fernando Savater tiene el mérito de lograr una obrita sabrosa y sencilla, dedicada a una cuestión actual e importante, la Ética, presentada en una reflexión dirigida a su propio hijo Amador. Ello empata con la preocupación de los papis de entender a su prole – en especial la adolescente, e insuflarle más que sea un simulacro de Valores. Claro que para eso se necesitaría que papis y mamis tuvieran ellos mismos Valores, o por lo menos se planteen el problema, y mucho me temo que nuestro medio no nos prepara para ejercitar la libertad, y menos aún para ejercitar la ética. Basta ver el bajísimo nivel de la discusión política en la última Revocatoria en Lima. Creo a la franca que los adolescentes y jóvenes la tienen mejor que nosotros en esto de la ética, porque ellos honestamente “no saben” y prefieren por ende aislarse del contagio; en cambio nosotros creemos saber, con toda petulancia. En el actual proceso de revocatoria en Lima, se observa en muchísimas personas supuestamente capaces de razonamiento moral una aceptación consciente de las conductas delincuenciales y mafiosas en función del mantenimiento de un determinado orden al que están acostumbrados y que les proporciona seguridad. Los temores y angustias sociales se manejan desde bambalinas, y las decisiones políticas se digitan desde los temores insuflados. No es ética solamente, es también cognición: Nuestra ética social realmente existente se basa en la idea de que "lo bueno" proviene de la opinión de una autoridad – auctoritas iluminada, y que "la verdad” baja de los cielos. Lo curioso para mí es ver cómo ello es tan fácilmente manipulado hacia una chata lógica utilitarista, que hubiera avergonzado a Bentham. Estos nuestros rasgos éticos me llevan a aconsejar a los papis que se lean el libro, y traten de no hacer el ridículo ético-moral con sus pequeños monstruos, en especial cuando empiecen a pedirles cuentas de sus creencias, lo que siempre pasa.   

Decíamos que la Ética para Amador está escrita de modo coloquial, el de un padre que trata de explicarle a su hijo de qué va la ética. Y la lectura atrapa, gracias a una estructura sólida, un lenguaje simple, ejemplos cotidianos, el hecho que Savater sabe de lo que habla, y algunas frases memorables como ¿Sabes cuál es la única obligación que tenemos en esta vida? Pues no ser imbéciles. De ahí que pueda emplearse incluso en el nivel escolar, aunque de eso no estoy tan seguro, si a PISA nos remitimos. La obra es fiel al desarrollo histórico de la Ética, a la que entiende a la manera clásica como arte del buen vivir (La ética no es más que el intento racional de averiguar cómo vivir mejor. Si merece la pena interesarse por la Ética es porque nos gusta la buena vida. Sólo quien ha nacido para esclavo (…) vive de cualquier manera.). Su principal valor a mi ver es que no se arredra en presentar la realidad tal como es, y su reflexión sobre la libertad es digna de ser repetida: Si deseas saber en qué puedes emplear mejor tu libertad, no la pierdas poniéndote ya desde el principio al servicio de otro o de otros, por buenos, sabios y respetables que sean: interroga sobre el uso de la libertad … a la libertad misma. El problema es que estoy casi seguro que debe haber muy pocas personas e instituciones en mi país que puedan firmar esta declaración, que no estén en la desesperación de buscar auctoritas a las que amarrarse y pagarle cupo, que no estén demasiado comprometidos con la contención, el autoritarismo, la manipulación, el poder. Pero es bueno que los que lean usen de este libro para autoeducarse, y educar a sus hijos. Por ello lo recomiendo con tanto calor que ya quema, y espero que todos mis lectores emprenderán eventualmente su lectura, si no lo han hecho ya. Encima, es barato y está difundido, no hay excusa para no leerlo. Y qué tristeza me da que todos estos conceptos favorables a la Ética para Amador no sea posible repetirlos para la Política para Amador, del mismo Fernando Savater. La Política es la continuación social de la Ética, y se imponía un libro sobre ella dirigido a jóvenes, y lo esperábamos. Por desgracia para Savater se cumplió la norma cervantina de nunca segundas partes fueron buenas. Y no porque Savater no haya hecho su tarea o sea menos brillante. La Política para Amador resulta particularmente limitada porque se centra en el desconcierto político europeo, poco vinculado a nuestra realidad. Como texto para introducir a los jóvenes en la Política con mayúscula, es inferior. Puede que en esto yo peque de ver la Política más Ciencia y Arte que Filosofía. Pero estoy seguro que hay mejores textos para introducir a los jóvenes en Política.

(Nota: Acabo de enterarme que Savater acaba de publicar un libro que continuaría la Ética para Amador, la Ética de lo Urgente, o algo así. No lo he leído, no puedo decir nada propio aún, pero las críticas son buenas, aunque no sé de cierto si justificadas, imagino que si el libro es malo o no demasiado bueno, tampoco los críticos lo dirán, Savater se impone demasiado, la mayoría de los críticos no están a su altura y temen faltarle el respeto, como si eso importara. Habrá que leerlo, para uno la única crítica que cuenta es la propia.)

Un link para bajar este libro es:   http://www.educa2.madrid.org/web/educamadrid/principal/files/19bbca30-c7e7-4079-a251-772b5b4e3e6a/Savater+Etica+para+Amador.pdf 

V
Colofón

Solemos confundir la actividad con el corpus del conocimiento. La Ingeniería, la Medicina, la Antropología, dominar el saxofón o manejar un Caza de Combate son cosas tan difíciles como la Filosofía. Pero son entendidas cómo… ahí va … útiles. En ese sentido, la Filosofía no es para ganar plata y consumir a lo bestia. Sin embargo, la reflexión a la filosófica es necesaria, y que la Filosofía esté en las mallas curriculares de las universidades es adecuado. Lee lo que quieras, como quieras, donde quieras. Y reflexiona, es difícil, pero funciona.

La posterior Crónica de Lectura sobre FILOSOFÍA es la siguiente: http://memoriasdeorfeo.blogspot.com/2013/06/cronicas-de-lecturas-41-filosofia-2.html

Peru Blogs

miércoles, 28 de marzo de 2012

CRONICAS DE LECTURAS 9: Leer en el contexto del Bullying

CRÓNICAS DE LECTURAS – Nueve

Leer en el contexto del Bullying

I
De colegios, nerds y matonería - bullying

Cuando yo estaba en el colegio – estuve en dos – leer no era demasiado importante. Se pasaba por agua tibia los cursos sin necesidad de leer ni el calendario, pues era suficiente repetir lo que el profe decía en clase y lo que había en el texto. Eso de PISA, de la emergencia educativa, de la crisis del sistema, del plan lector, no le preocupaba absolutamente nada a absolutamente nadie. Pocos percibían el problema en marcha, y por eso hoy en día tantos creen que la educación de antes era “mejor”, y la verdad, no creo que lo fuera para nada. Los problemas de ahora ya estaban ahí, simplemente no se notaban. La Educación era cosa de élites, algunas con más visión se la tomaban en serio; mientras que la mayoría no, pues para lo que se requería no contaba tanto. Si tú eras el hijo del Jefe, tú serías el Jefe, y ya. Y en ese caso qué importaba si en el colegio aprendías algo o no, pues para eso había la Universidad, y en ocasiones ni siquiera. Como dice el viejo versito, se interesaban en el asunto tanto “cómo el aristócrata ruso / en el primer calzón de raso / que se puso”. No era el aprendizaje de los cursos sino el de la ubicación social lo que realmente contaba. El aprendizaje central era el de tu ubicación en la sociedad, y el principal instrumento educativo era el de la matonería – bullying. Hoy vemos lo difícil es cambiar esa realidad, porque el bullying estaba y está instalado en la cultura educativa nacional desde siglos (La letra con sangre entra se decía desde el Virreinato, y he oído a padres, profes y hasta sacerdotes repetirlo con unción y nostalgia). Desde siempre los alumnos más sabihondos – en verdad los dotados de buena memoria – han sido objeto de acoso. Y poseer memoria / erudición era ser “inteligente”. Así estaba la cosa, y pese a toda el agua que ha pasado bajo el puente, poco ha cambiado y la cosa sigue ahí. Tal vez la principal diferencia entre entonces y ahora es que éramos más sonsos y vivíamos un feliz aislamiento que permitía mirarnos satisfechos el ombligo. Cuando no te comparas con nadie, puedes creerte que lo estás haciendo bien, eso hasta que llega la dura realidad y te das cuenta con cuánto entusiasmo lo que estabas haciendo lo hacías fuera del recipiente. Así nos enteramos que estábamos en crisis, lo que no fue tan malo, pues nos metió un sentimiento de urgencia y ganas de cambiar las cosas. 

Ser el nerd del salón de clase sin tener verdadera vocación para ello no fue agradable, por más que en mis tiempos eso implicaba juntarte con los tipos más leídos y escribidos del ídem. Además si no te juntabas con ellos quedabas solo como un hongo, y así los bacanes se juntaban con los bacanes y los nerds con los nerds. Ser nerd implicaba que en el mundillo del salón eras una bestia en las actividades que sí importaban a tus pares: El fútbol, el recreo, el fastidiar a los profesores - que llamo contra-bullying. Si leías y/o eras estudioso (“chancón”) y sacabas buenas notas, te aislabas de tus pares, pero servía con los otros grupos de la institución escolar: Profes, padres y/o autoridades, y tu estatus mejoraba algo aunque tus pares eventualmente te acusaran de soplonaje. A no ser que procedieras a un reajuste de tus actitudes sociales y aprendieras a jugar fútbol y jorobar profes, tus relaciones se reducían drásticamente. Compañeros tuve cuya vida escolar era dramática e imposible. Los matones (bullyes) lo son porque así se ubican como “superiores” en una jerarquía implícita entre los “pares”, que a mi entender refleja por mímesis el orden institucional y social. Podemos acudir al viejo símil del gallinero: La gallina A picotea a todas, la gallina B a todas menos la A, y así sucesivamente hasta la pobre gallina Z que no picotea a nadie y es picoteada y acosada por todas. La estabilidad del sistema se mide en la relación entre la amenaza de violencia y su empleo real. La matonería – bullying se da a la sombra de las consignas de la autoridad institucional a través de los conocidos mecanismos del currículum oculto o latente. La llegada de un alumno nuevo, por ejemplo, introduce un cuerpo extraño que cambia el orden establecido, y se reconfigura la estructura jerárquica en el gallinero-aula, probando al nuevo y ubicándolo en la jerarquía; esto en cuanto al grupo de pares. Por encima y por debajo de los pares hay otros grupos y otras super o subjerarquías: Los alumnos de años superiores, más grandes y fuertes por definición, que solían abusar de los más pequeños, y en casos extremos – más de los que creemos – incluso sexualmente; los profesores estaban por definición arriba en la jerarquía, pero esto se relativizaba cuando no sabían o no podían ejercer autoridad en el salón de clase. Así la jerarquía misma era subvertida a través del contra-bullying, es decir cuando los alumnos le jorobaban la vida a los profesores percibidos como más débiles de carácter. Por encima de todos, las Autoridades del plantel detentaban el último Poder: El de admitir o excluir de la Institución a los más levantiscos o indisciplinados o débiles de carácter, sean alumnos o profesores. El currículum oculto establecía que los alumnos sean sumisos con la autoridad, y que los profes “se hagan respetar”, “controlen” su clase y “contengan” a sus alumnos. La iniciativa y la audacia de maestros y alumnos se sometían a la Autoridad, a costa de las habilidades intelectuales y sociales basadas en la autonomía, pues el orden jerárquico y la autoridad estaban primero en la escala de valores institucional.  

Por este aro pasaban los alumnos, y aunque algunos desarrollaban más autonomía y espíritu independiente, o tenían mayores habilidades individuales y sociales, la conciencia de los dobles estándares los subsumía en el sistema. Si los procesos de la adolescencia permitían a alguno alzarse con cierto liderazgo y remecer la estructura colándose por sus intersticios más débiles, captados intuitivamente y rara vez explícitos, terminaban igual por adaptarse al entorno. En ciertos colegios particulares que dependían de las pensiones para la supervivencia de la Institución y de los puestos de trabajo, los alumnos sabían que no los botarían, y se volvían “Intocables”. Los alumnos del último año en muchísimas Instituciones educativas sabían que habría que hacer algo realmente gordo para ser echados. Hasta dónde esta realidad ha cambiado y en qué extensión es una buena pregunta.

II
Más sobre bullying, Velasco, cambio de colegio, textos escolares

La jerarquía social escolar entiendo refleja los rasgos y composición de nuestra sociedad. En el cuento Paco Yunque del genial César Vallejo, Paco, objeto de acoso por el matón Humberto Grieve, dibuja lo que para él es la situación jerárquica establecida desde el acoso. Esta parte del cuento no se edita en las versiones escolares, nunca he entendido por qué. Recuerdo con gran nitidez el día que uno de nuestros profes – Pacheco o el Tigre Huertas, no sé bien quién, pero ambos sabían hacerse respetar sin violencia – nos leyó el cuento. No era común que un profesor nos leyera algo, y la atención del respetable público estudiantil fue fulminantemente absorbida por la trama, que mucho nos decía porque mucho nos involucraba. El final del cuento desconcertó a todos, pues nadie podía creer que un cuento terminara así, dejando indemne la situación de abuso, sin final feliz, sin nada a qué aferrarse. Preguntamos:  ¿Y cómo termina? Y el profe, con una mirada que era toda una declaración de principios: Ahí termina. A nosotros nos contaban por lo general narraciones y lecturas redondas, donde los buenos invariablemente merecen ganar y ganan, y los malos invariablemente merecen perder y pierden. Y eso se vende como “fomento de valores”, siendo de una simpleza escandalosa y de una irrealidad espeluznante. Jamás he podido estar de acuerdo en enseñar mentiras o edulcorar la realidad ético-moral. La semilla que Paco Yunque sembró tomó forma en mí y en muchos de mis compañeros posteriormente. Y en otros no, como siempre ocurre en este trabajo, porque el profe nunca sabe qué pasará con la semilla que echa, como en la parábola del Sembrador. Sólo la echas, ves qué pasa, y mañana echarás otras. Esto no lo comprenden los decisores políticos y los padres de familia. El aprendizaje es una actividad humana, y como dice el educador inglés Ken Robinson, es consecuencia de la Revolución Industrial: Una línea fabril de producción, donde metes por un extremo a niños “sin formar” y los sacas formateados por el otro extremo. Una visión más equilibrada compara la Educación más bien a la paciente labor del agricultor, que siembra, riega, abona y mueve la tierra, y observa todo el tiempo qué pasa con el clima y el entorno para reajustar sus acciones.

En una estructura educativa donde lo primordial es la introyección de la jerarquía establecida y el statu quo social, el aprendizaje de contenidos es secundario. Pero en aquellos días la realidad se entrometió en esta feliz arcadia con un remezón: El Gobierno y Reformas de Juan Velasco Alvarado. Pasó incluso que uno de mis parientes cercanos me llevó aparte y me explicó concienzudamente por qué la Reforma Agraria era mala, y Velasco el Diablo. La discusión política, a pesar de todos los esfuerzos, llegaba a los alumnos produciendo preguntas incómodas, que nos llevaban a usar de nuestras cabezas en una complicada, anárquica y espontánea autonomía. Oscuramente intuíamos que se ponía en cuestión todo lo instituido, y la clásica rebeldía adolescente se expresó, como siempre, en contradictorios rechazos y maximalismos de toda especie. En ese contexto fui cambiado de colegio en circunstancias poco felices, y una de las razones parecía ser que mi colegio, religioso y todo, era un antro de comunistas. Así que como quien dice tuve que empezar todo de nuevo, sin comunistas, creo. Y como yo antes leía mucho más y mucho mejor cuando lo hacía por mi cuenta exclusiva, en mi nuevo cole me encontré con que eso que había adquirido por mi cuenta resultaba ser muy apreciado por mis nuevos profes y por el Director – que por cierto llegó a Viceministro. Hasta entonces yo siempre había procrastinado la lectura escolar, pues ni la quería ni la necesitaba ni la usaba ni me inspiraba para nada. Mi rebelión adolescente empezó por no leer lo que era obligatorio leer. Tampoco importó mucho, no pasó nada académicamente. Con excepción del curso de Física, pasé el período por agua tibia, y a ritmo de entrenamiento aprobé con buenas notas, lo que me proporcionó muchas ventajas. Como lector identificado, los alumnos de años superiores me pedían les leyera sus textos obligatorios y les hiciera las tareas, así que aprendí economía comercializando mis conocimientos, cosa útil hasta hoy. En el Internado cobraba cinco soles de entonces a cada alumno que requiriera de mis servicios para resumir textos y llenar fichas. Además yo era el único usuario “espontáneo” de la Biblioteca escolar, y mi mejor lectura, lo recuerdo bien, fue la Historia de la Independencia Americana de Bartolomé Mitre, en varios tomos. Por cierto, qué narrador tan excelente. Ahora que el problema de los textos escolares está de moda, más que sea por sus precios, encuentro que nadie piensa hoy en la diferencia entre los viejos textos y los actuales: La interactividad. Los autores tratan, tratamos, que se hagan cosas con los textos. Los viejos y entrañables textos pueden provocar sentimentales suspiros de nostalgia, pero no eran interactivos, limitándose a echar listas de preguntas, a veces precedidas por un Cuadro Sinóptico – único y simbólico homenaje a la operación de las ideas. Estaban diseñados, como el resto del sistema, a imagen y semejanza de nuestra sociedad: autoritaria, repetitiva, memorística y unidireccional. Se puede decir que la matonería – bullying existía también a nivel de texto: Eran la Verdad, la Verdad se acepta, y si la discutes, jalado. La evaluación escolar puede ser también parte del estándar del bullying, cuando se destina más a sostener la jerarquía que a medir logros o reforzar aprendizaje. En otro momento trataremos de esto. No me parece extraño que el gran contestatario peruano, José Carlos Mariátegui, fuera un autodidacta libre del amaestramiento, que se ahorró sufrimientos innecesarios y viera así otras perspectivas en sus Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana, donde entiende la educación como problema político, económico y social, no pedagógico. Ni es extraño que José Antonio Encinas, el gran educador peruano, criticara con visión nuestro atrasado sistema en Un ensayo de escuela nueva en el Perú, de 1932. No me resisto a hacer una cita al azar de sus combativos y actuales puntos de vista: Hace algunos años visité una “Escuela Correccional”, que era prácticamente una Cárcel para menores. Esa escuela ha estado en manos de militares y de curas, menos en poder de educadores y de psiquiatras. (…) encontré como Director a un Teniente Coronel de Caballería, quien había impuesto un régimen militar. (…) Ninguno de los niños detenidos había sido objeto de un estudio psico-médico. Bastaba la línea antropométrica policial. (…) Era suficiente, para corregirles, el calabozo o la capilla. (op. Cit. Ed. Facsimilar CIDE, 1986, p. 183). Admito que me disgusta mucho percatarme que problemas vistos con tal claridad hace ya más de 80 años por Mariátegui y Encinas sigan como si tal cosa en nuestro sistema educativo.

III
El texto de Literatura de Cuarto Año, y el contra-bullying

Seguro he sido injusto con los viejos textos escolares. Hubo varios que me gustaron, como el de Historia del Perú de Gustavo Pons Muzzo. Los textos de Matemáticas de Rubén Romero Méndez presentaban orden y efectividad, y sus ejercicios, más mi profe de segundo de media, lograron que me gustaran las mates. Pero el que más me gustó fue el texto de Literatura de Cuarto de Media, de Rubén Barrenechea Núñez. Me lo leí de cabo a rabo con satisfacción íntima mucho antes de verle la cara al autor, que fue mi profe en Quinto. Pongámonos en contexto: Mi humilde persona y mis compañeros de la promo conformábamos un conjunto de vivaces cachafaces en algo semejantes a los Alegres Compañeros de Robin Hood en el Bosque de Sherwood, aunque otras percepciones tal vez más objetivas nos compararan mejor a una banda de Visigodos sueltos durante el saqueo de Roma. Es decir, un grupete al que el estar proscrito o fuera de la ley no incomodaba o producía el más mínimo atisbo de reflexión moral. Como grupo poseíamos rasgos hobbesianos, bakuninistas y libertarios. Vivíamos prestos a romper toda norma por el puro gusto de pasarla bien, ah qué tiempos. En cifras redondas, la banda de delincuentes juveniles en cuestión era el terror de los profesores, pues no solamente era alegremente vocinglera, capaz de extraordinarias cotas de chacota y astutamente transgresora, sino que además constituía una gestalt que manejaba un fulminante análisis psicográfico de personalidades combinado con el más absoluto de los nihilismos y el más acabado manual de tácticas para hacerle la vida imposible a los profes. Separados éramos muchachos más o menos comunes, ni mejores ni peores que otros, con virtudes y defectos. Juntos éramos las cabalgaduras que el Demonio empleaba para visitar sus dominios infernales más levantiscos. Contadísimos profes podían controlarnos, y demasiados salieron – cosa de la que hoy no siento orgullo – con la cabeza gacha, humillados por esta banda inmanejable en la que los más tranquilitos y chancones podían ser los peores. Saber que a los de quinto no los botan otorga ventaja en la secular guerra entre los alumnos y el sistema que los trata de doblegar. El grupo había alcanzado con los años y la práctica una sinergia que maximizaba al extremo los efectos de la chacota: Desde el nerd más nerd hasta el más bacán de los bacanes utilizaba corporativamente el máximo de sus habilidades para hacerle la vida imposible a los profes, formando lo que hoy llamaríamos un equipo multidisciplinario con eficiente y eficaz integración de habilidades diferentes. La matonería había desaparecido del grupo de pares, y dichas energías se redirigieron hacia el contra-bullying, que se convirtió así para nosotros en un arte, una ciencia, un hábito y un hobby.

No me atrevo a contar qué le hicimos a algunos profes. Estuve presente activamente, para mi vergüenza, en actos de grande e inconsciente crueldad. Después pensé mucho en ello y tomé decisiones. Sin embargo, con ciertos profes habíamos alcanzado la coexistencia pacífica, que no excluía la crítica o las chapas (apodos). En ciertos casos era por el poder que detentaban, en otros porque nos caían bien y/o sus clases tenían interés. El profesor de Literatura de Quinto, autor de nuestro texto, era un tipo curioso. No hablaba mucho, no se esforzaba por ser más que él mismo, y se notaba que se las había visto y dado chico y partido a guapos de toda calaña y salones muchísimo más complicados y difíciles que el nuestro. No me pregunten cómo lo sabíamos, ya hablé del aparato de análisis psicográfico fulminante que poseíamos. Lo sabíamos, punto. Por ende, no había contra-bullying. Dado mi oficio y experiencia, trato de encontrar cómo este profesor de Literatura, usuario de una muleta, bajito y portador de unos anteojos de carey ya entonces en desuso, se las podía ver con nosotros, controlarnos, contenernos y encima hacer bien su clase. Tras varias décadas de reflexión a algo llegué, a su actitud. En sus acciones había un absoluto y completo desprecio por los estudiantes. Por favor no me malentiendan, no digo que nos despreciara a nosotros, sino a los estudiantes, en el sentido que mucho después encontré en las Lecciones de Metafísica de José Ortega y Gasset. Los estudiantes son en realidad una tira de farsantes, sin ninguna sensación de identidad con los conocimientos que reciben, porque no sienten la más mínima necesidad de ellos, y por lo tanto se puede decir que son unos fantoches sin personalidad. Mi experiencia de estudiante corrobora este aserto, me temo. El desprecio del profe era impersonal, como el que se le podría acordar a una circunferencia o a un ladrillo, no tenía que ver con los chicos. Se veía que nos identificaba y trataba como seres humanos, no como estudiantes. Y cuando nos portábamos así, sentíamos como sus revoluciones bajaban y se le enfriaba el entusiasmo. Nadie se ofendía, nos manteníamos quietecitos, temerosos de incurrir no en su ira, de la que no éramos dignos, sino de su desprecio, mil veces peor. Ni hablábamos de ello ni lo entendíamos. La medida del respeto intelectual y temor reverencial que inspiraba su presencia se daba en que era el único profe sin apodo o sobrenombre. Y le decíamos de frente “Doctor”.

IV
La falsedad del estudiar, lo verdadero del aprender: Un profe y un texto

Tal es el Profesor, tal es el texto. Lo interesante en ambos, el texto escolar y el profesor-autor en la clase, era ese otro lado de ese orteguiano desprecio por el estudiante, que es el aprecio por el aprender y por el aprendiz. El profe y el texto eran apasionados, si bien dentro de sus límites. Parecía que mi profe no quería estudiantes en su clase, quería aprendices. Ello me dejó profunda huella, porque ni José Ortega y Gasset, ni el Profe Rubén Barrenechea, ni el profe Bellina quieren “estudiantes” en las aulas que tuvieron, tienen o tendrán a su cargo; quieren gentes con otra actitud vital frente al conocimiento. Para no caricaturizar ni caer en la injusticia, recurriré al propio Ortega y Gasset: El “estudiante” es un ser adocenado, aburrido, atrabiliario, a quien se le obliga a hacer algo falso, a fingir que siente una necesidad que no siente, que vive en el  vicio humano que consiste en fingir cuidado por lo que no nos da en rigor cuidado, en un falso preocuparse por cosas que no nos van en verdad a ocupar; porque ser estudiante es verse el hombre obligado a interesarse directamente por lo que no le interesa, y así El estudiante es una falsificación del hombre.  (Todas las cursivas son de Ortega y Gasset, José, Unas lecciones de metafísica, Alianza Editorial, 2da Edición, Madrid, 1968). Y si somos algo autónomos y tratamos de pensar con nuestras propias cabezas estas reflexiones nos llevarán a cuestionar el sentido de nuestras instituciones educativas, y por ende del sistema en su conjunto: escuelas, textos, maestros docentes, alumnos discentes, entorno, en suma el sentido general de lo que hacemos. Si tratamos a nuestros niños y jóvenes como simples “estudiantes”, en un contexto violento, matonesco y acosador, en buena cuenta los estamos falsificando por partida doble como seres humanos, lo que en mucha medida explica por qué somos tan malos educando, a pesar de nuestro ingente gasto en infraestructura, y tener excelentes textos y educadores; y por qué fracasamos en hacer algo útil con la Educación. Es horrible decirlo pero a veces pienso que somos un laboratorio del fracaso, que los éxitos de las personas que atraviesan el sistema son obtenidos a pesar de, y no debido a, el sistema. Basta con examinar lo que ocurre en términos generales con las personas exitosas, analizar su recorrido por el sistema, y llegaremos casi con seguridad a ciertos hechos terribles y muy penosos de aceptar, pero que debemos confrontar si queremos hacer algo. Me resulta difícil medir lo que pasó con mi generación, incluso con los que compartieron aula conmigo. Muchísimos emigraron, quizá más del 50 % contando a mis dos promos. Demasiados “quemaron cerebro” a través del inmoderado consumo de drogas legales y/o ilegales. Demasiados tienen vidas, familias y/o entornos inestables o disfuncionales. Otros simplemente se perdieron de vista, nada sabemos de ellos. Algunos fallecieron prematuramente por muerte violenta: asesinato pasional, atropello, incluso suicidio. Otros hicieron fortuna fuera de la ley, a través del narcotráfico, la estafa y otros delitos. También hay el otro lado, por supuesto, pero son tan pocos los que se reúnen a recordar los viejos tiempos, que hace que uno se pregunte por qué, no parece que esas épocas hayan sido para la mayoría un paraíso. Y en cuanto al aprendizaje, mi sensación personal fue que recién en la Universidad se aprendía “en serio”. 

La diferencia entre el profesor y el texto que menciono con otros profesores y otros textos no era la buena voluntad, que estaba presente en la gran mayoría. Ni era la sapiencia o la pasión, muchos conocían muy bien sus cursos y les gustaban. Ni tampoco el sistema en que se desenvolvían, el mismo para todos. Era la actitud frente a las personas que estábamos ahí en el papel social de escuchar, aceptar y aprender. Los profesores que yo más recuerdo eran aquellos que nos trataban como seres humanos, y trataban que entendiéramos la importancia de lo que estábamos haciendo. Creo que todos lo intentaban de uno u otro modo, pero el mismo entorno les impedía ser los seres humanos que a ellos mismos les hubiera gustado ser. Así como los alumnos que lo hicieron bien, lo hicieron a pesar y no por el sistema; los profesores que lo hacían bien, lo hacían no por el sistema, sino a pesar de él. Volvamos a la matonería – bullying. El concepto de currículum oculto nos ayudará a entender que en la práctica hay dos currículos: La excelente y cuidada currícula oficial, documento maravilloso, lleno de buenas intenciones, que el Ministerio se ocupa de estructurar y reestructurar cada cierto tiempo, y que las diversas instancias, hasta el maestro en su aula, tratan supuestamente de diversificar; y el currículum oculto, expresado en la realidad institucional de las escuelas, establecido por las reales acciones que se adoptan y resultado de las relaciones sociales realmente existentes. Para decirlo de un golpe, la currícula oficial considera la convivencia pacífica como el modo de establecer relaciones sociales democráticas y horizontales; el currículum oculto que las relaciones sociales reales son jerárquicas y basadas en la ley del más fuerte. Es decir, la matonería – bullying no empieza en las relaciones entre alumnos pares entre sí, sino en la integración a un esquema educativo jerárquico y autoritario, basado en la imposición de normas, la repetición de contenidos y la memorización de conceptos. Si pensamos – discutible, por supuesto – que el sistema educativo expresa el carácter de la sociedad, y que la Educación es la correa de transmisión de los contenidos socialmente deseables, pues entonces la extensión y amplitud del fenómeno de la matonería - bullying demostraría que éste es en la práctica el tipo de relaciones que existen en la sociedad.

V
Colofón
A veces uno sabe como empieza, pero no como termina un texto. Leer en el contexto del bullying nos lleva de hecho al bullying. Curioso concepto, que para que nosotros nos enteráramos que existía, tuvo que venir de norteamericanas latitudes, entre tanto “no lo vimos”. Seguimos siendo virreinales en nuestra educación y medievales en nuestro concepto de valores, y por eso no solamente ocultamos la matonería, sino que además sotto voce la consideramos como un hecho de la realidad al que hay que adaptarse, y algunos incluso la ven formativa para sus hijos. No hay padre de familia responsable que no entienda que hay que enseñar a los hijos a defenderse físicamente, y por eso los profes de artes marciales tienen tanta chamba en las clases medias. Tal vez el desprecio por la Cultura y los Libros que en la realidad existe, a pesar de todas las declaraciones líricas al respecto sea un reflejo, también, de esas relaciones sociales matonescas. Lo bueno es que el tema se ha visualizado y empieza a enfrentarse. Entremos en esa lucha, y entretanto Lee lo que quieras, como quieras, donde quieras. No te arrepentirás. Y cuídate del Bullying.

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lunes, 26 de marzo de 2012

COMBATES POR LA DIDÁCTICA DE LA HISTORIA 2: UNA EXPERIENCIA ALECCIONADORA


Vuelvo a mis carneros, esto es a la Didáctica de la Historia. Pretendí presentar en el artículo antecedente el problema de los contenidos, el papel de la memoria, de la visión de los especialistas en Historia y Arqueología y el tema didáctico en la enseñanza de la Historia. Decía también que, como docente, mis objetivos entre otros son que mis alumnos piensen críticamente y construyan su propia identidad como peruanos. Desde aquí retomo el tema.

Aprendizaje en concreto y en abstracto

Nadie aprehende habilidades en abstracto. Nadie piensa críticamente a no ser que tenga “algo” en qué pensar críticamente, y nadie adquiere la “identidad” a secas, sino que construye “su” identidad, que en nuestro caso incluye la pertenencia de la persona a la peruanidad y la humanidad. Y nadie construye lo abstracto sobre el vacío de la mente, sino sobre sus experiencias concretas. Esto, que suena a contrasentido, lo adquiere si pensamos que nuestro aprendizaje parte de experiencias concretas y se va “abstractizando” conforme aprendemos a generalizar las experiencias concretas propias y ajenas a través del establecer conceptos. Aquí se mete por los palos el tema de la memoria. Porque yo, como docente, evalúo a mis alumnos en el pensamiento crítico, o en la construcción de identidad, no en el vacío sino en el contexto de la enseñanza de la Historia. Es decir enseño Historia para lograr Pensamiento Crítico e Identidad en ciertos contenidos históricos que consideramos importantes y trascendentes. La identidad y el pensamiento crítico no aparecen por arte de birlibirloque en una sesión de aula, son procesos largos y complejos, con etapas propias vinculadas al desarrollo de niños y adolescentes y jóvenes que debo considerar en mis planes, so pena de quedarme solo en clase, por más gente que haya adentro. El pensamiento crítico per se, desnudo, no puede existir sin la experiencia propia o ajena al cual referirlo y del cual extraerlo. Así pues, necesito la data, la información sobre la cual ejerzo el pensamiento crítico. El ABC de la Pedagogía considera como primer momento del aprendizaje la recepción de información, que se fundamenta en la existencia y persistencia de la memoria. Y para demostrar mi punto, evocaré un acontecimiento de mi experiencia docente que puede arrojar alguna luz sobre el punto.

Atrapado entre la memoria y las habilidades intelectuales

Este humilde servidor enseñaba en la Universidad de Puntos Suspensivos el maravilloso curso de Historia de la Cultura Peruana. Me lo dieron a pesar de no ser Historiador, sino Profesor de Historia, y por ende mi visión del curso no pretendió ser la del Historiador, y así me concentré en la disciplina científica tanto como en la condición de mis alumnos. Hice el correspondiente diagnóstico de mis víctimas de turno encontrando, como era previsible, un nivel académico muy bajo. Mis alumnos no manejaban habilidades mentales como la comparación, la reflexión, el análisis, la síntesis, la evaluación, etcétera. Estas habilidades se construyen unas sobre otras siguiendo una secuencia establecida desde una taxonomía. Estas consideraciones y otras más guiaron mi planeamiento, y dado el muy bajo nivel académico de mis alumnos, provenientes casi todos de instituciones educativas nacionales, construí el curso buscando que mis alumnos lograran describir, analizar e interpretar testimonios culturales gráficos. Y recurrí a los gráficos considerando la enorme dificultad que registraban para leer y para comprender lo leído, que la gran mayoría padecían. Además, cómo dice la inmortal Alicia del País de las Maravillas, para qué sirve un libro si no tiene figuritas.

Enseñar con figuritas

Como la Universidad no me proporcionaba ni siquiera una figurita “Huascarán”, recurrí a reproducciones de soportes arquitectónicos, cerámicos y textiles de las diversas manifestaciones culturales anteriores a la invasión española, quillcas de Guamán Poma, pinturas de la Escuela Cusqueña y de artistas como Gil de Castro, Pancho Fierro, Sabogal y otros indigenistas, así como fotografías de Courret, Martín Chambi y el Chino Domínguez. Dios bendiga la Internet, que me permitió acceder a todo esto. Y así todo parecía muy bacán y adecuado. Tras trabajar las reproducciones en clase,  las incluía en las prácticas calificadas y los exámenes parcial y final, y como reactivos solicitaba para cada cual una descripción de lo visto, y luego la interpretación correspondiente, que suponía temas de aplicación de conceptos de la cultura andina, la occidental y la mestiza peruana, desarrolladas con amplitud en clase. Nótese que en este caso, y dado el muy bajo punto de partida de mis alumnos, yo reservaba la nota “11” – la calificación de 0 a 20 es una vetustísima manera de calificar – a un logro de aprendizaje relativamente sencillo: una adecuada descripción del soporte presentado.

Describir y Explicar un objeto

Vale la pena entrar en algún detalle al respecto. La conocida Taxonomía de Benjamín Bloom es un instrumento empleado masivamente por los profesores. No es que no haya otras Taxonomías quizá más modernas o adecuadas, pero ésta es la que utilizamos, porque proporciona un lenguaje intelectual común a los profes. En las taxonomías, el nivel de la descripción es bastante básico, y consiste en el logro de la enumeración de los caracteres o rasgos de un objeto o concepto, sea observada cuando presentamos el objeto, o evocada si no lo hacemos. Se entiende que esta habilidad intelectual es muy primaria y debiera estar desarrollada mucho antes de llegar a la Universidad. Sin embargo yo tenía mis dudas, y en cualquier caso no hace daño desarrollar la capacidad de describir adecuadamente, así que opté por ella como base de la evaluación y de la didáctica. El siguiente nivel taxonómico es el de la Explicación/Interpretación, y es mucho más complejo de lograr. Mi experiencia en instituciones escolares nacionales, de donde procedían la gran mayoría de mis alumnos, me decía que muy pocos la alcanzan. Por otra parte, la Taxonomía de Bloom no proporciona demasiadas luces en este nivel, que muchos creen necesita mayor desarrollo. Así que opté por un nivel de “explicación” (capacidad de dar razón de la existencia de un objeto real o conceptual) lo más primario posible, y no determinante para aprobar a un alumno en el curso, aunque sí para lograr mejores notas. Estoy seguro que muchos colegas que me lean se escandalizarían por el mínimo nivel del Curso, pero lo cierto es que demasiados alumnos resultaban desaprobados por profes que esperaban de ellos un nivel mucho más alto del que podían alcanzar. Quizá ese es un problema del docente universitario que no es pedagogo, el suponer que el estar centrado en su disciplina basta para enseñarla. Creo que en circunstancias cognitivas generales algo mejores no habría problema con ello, pero hemos de recordar que nuestros alumnos egresan de la escuela con un nivel paupérrimo, y una exigencia que el profesor considera “normal” puede resultar desmesurada para ellos. Ello produce muchos desaprobados, lo que significa que puedes chocar frontalmente con la política de la Universidad, y muchos andan tras tu puesto. Así que la supervivencia puede estar en entredicho. Pero ya está bien de introducción, vamos a la anécdota.

La  anécdota: El reactivo

En un examen parcial presenté – entre otros - el soporte que aparece a la derecha. La evaluación para éste consistía en  dos preguntas semi-abiertas, una de las cuales solicitaba una DESCRIPCIÓN de la representación, y la otra una INTERPRETACIÓN de la misma.

Se trata de una figurilla presente en un manto Paracas, uno de los llamados “duendecillos”. No olvidemos que se trata de un reactivo para alumnos del primer ciclo de educación superior, que han aprobado un examen de admisión que ha medido sus capacidades y los ha encontrado capaces de desempeñarse en una Institución Superior. Que están adaptándose a un medio ambiente universitario decisivo para su futuro, del que se supone saldrán como especialistas en Turismo. Este hecho justificaba tanto la existencia del Curso, como un cierto nivel de exigencia en el conocimiento de las diversas manifestaciones de la Cultura Peruana. Supónese además que los alumnos poseen algunos conocimientos y habilidades adquiridos durante su paso por el sistema educativo primario y secundario, pero como ya indiqué, no contaba demasiado con ello.

La  anécdota: La respuesta

Una de mis alumnas estaba muy interesada en el curso, era vivaracha y muy despierta, y procedía de la bella provincia de Chincha, conocida por su alta concentración demográfica de afrodescendientes. Respondió a la primera pregunta – la que solicitaba descripción de los rasgos de la figurilla – de modo adecuado, identificó la procedencia (un manto Paracas), describió el soporte textil, indicando los colores y su empleo, resaltando la desnudez del personaje, y en especial su color negro. En la segunda pregunta - de interpretación -, explicaba que el color negro del personaje podría representar a la población de origen africano que habita y probablemente habitaba la región de Paracas. Y de allí continuaba con su razonamiento en base a dicha premisa, llegando a ciertas conclusiones a partir de ello.

La  anécdota: La interpretación

Nótese que en realidad esta alumna, que de acuerdo a los parámetros establecidos por mí debía ser aprobada en este reactivo, me soltaba en la interpretación una respuesta desfasada y anacrónica, desde que sabemos que en el Perú de antes de la llegada de los españoles no vivían habitantes de origen africano. Naturalmente corregí el error, que es lo que al maestro le toca. Pero examinemos un instante lo dicho por esta alumna: ¿En qué consiste realmente el exabrupto? Por una parte, la alumna recurrió a su experiencia directa como natural de Chincha, identificó correctamente la procedencia del Manto, asoció la procedencia con el hecho que en Chincha abundan las personas con ancestros africanos, asoció a su vez este resultado con la importancia de los ancestros en las representaciones de la época, y obtuvo una conclusión lógicamente impecable. Por la otra parte, como suele ocurrir en muchas cosas, el error en el valor de verdad de la premisa invalida el de la conclusión, aunque no su estructura lógica. Y la premisa que la alumna, tan solvente en el aspecto estrictamente lógico, no conocía y no había asociado era que la llegada de los africanos al Perú ocurrió mucho después de la elaboración del manto, por lo que no podía ser posible que la representación Paracas correspondiera a ancestros africanos.

Algunas lecciones

Muchos hubieran dicho riendo – y de hecho, algunos lo hicieron – que la alumna en cuestión era, y repetiré contra mi voluntad el prejuicioso estereotipo, una negra bruta e ignorante. Pero si pensamos cuatro segundos en el caso, veremos que había ejercido las habilidades de pensamiento que yo mismo había presentado, enseñado, hecho practicar, y evaluado. ¿Dónde estaba el problema, realmente? Naturalmente en algo que el profesor no había previsto: el pobre manejo de la temporalidad histórica, de lo que está más “lejos” y más “cerca” en el tiempo, de lo que pasó “antes”, y lo que pasó “después”, y en “dónde”; vale decir la conceptualización del tiempo y el espacio. Más a profundidad, se detectaba una inadecuada comprensión de los conceptos históricos de sincronía y acronía que supuestamente ella debería manejar desde tiempos inmemoriales desde que están en el Diseño Curricular Nacional desde la Primaria. Por supuesto, esta señorita no era la única persona que presentaba esta falencia, pero se arriesgó a decirla precisamente en un ejercicio de audacia intelectual realmente poco común, y que había que considerar.

Supongamos que en vez del reactivo que presenté, le preguntaba a la señorita en cuestión sobre los rasgos de las culturas peruanas, digamos Paracas. Considerando sus condiciones, estoy seguro que se hubiera “chancado” cuanto le hubiera puesto por delante, y en el examen lo hubiera paporreteado. En consecuencia hubiera respondido “correctamente”, desde el punto de vista memorístico, aunque sin asociar nada con nada, es decir sin razonar. Pero este docente entiende que no podemos considerar un objetivo del curso de Historia de la Cultura que un especialista en Turismo paporretee información sin ton ni son sobre las Culturas Peruanas, sino que haga algo inteligente con la información que posee. Y paporretear no es algo inteligente, es mera memoria. El problema es que la evaluación tal como la entendemos, sigue siendo una cosa tradicional de criterio cuantitativo-memorístico.

Feed-Back

Naturalmente, este docente hizo retroalimentación, que también para eso uno evalúa. Primero con la estudiante misma: Alenté a esta señorita a seguir pensando y usando su cabeza, pero a la vez a que revisara los conceptos y las cronologías con cuidado. Segundo, a nivel del curso, retroalimenté los contenidos, cambiando el syllabus para dar más tiempo a la comprensión de conceptos sobre el espacio, el tiempo y las cronologías históricas. Por supuesto a desmedro de otros temas, que el tiempo es tirano. Pero el problema en la enseñanza superior es que, o avanzas y llegas a tus objetivos, o te dedicas a hacer enseñanza remedial. Y no puedes hacer las dos cosas al mismo tiempo, a no ser que seas realmente un as de la Pedagogía, un as de la Historia y un as de la Didáctica, pues te añades otro curso aparte en el mismo tiempo y por el mismo sueldo. La mayoría de los docentes universitarios no son pedagogos y necesitan el sueldo, y cuando se enfrentan a estos problemas arrugan y le bajan el nivel al Curso. Y es difícil culparlos, no pueden volver a dictar el curso del colegio, aunque muchos, en la práctica, lo hacen. Pero los alumnos quedan librados a su inopia intelectual y su capacidad de supervivencia en un entorno académico que termina por ser salvaje e inhóspito.

Consecuencias

Podríamos suponer que este es uno de los mecanismos que prolonga y reproduce un sistema de educación superior estamentario y jerarquizado, donde se ejerce una suerte de bullying académico de nivel superior. Si el criterio de aprobación de los cursos universitarios es la capacidad de retener información, al final de lo que se trata es de superar la malla curricular con éxito y como sea. Esto no es fácil para el alumno universitario, que debe aprender las habilidades de la vida universitaria sin anestesia y sin ayuda. Esto tal vez explique alumnos universitarios que creen que el Perú tiene 6,000 habitantes, tal como se presentó en un sonado reportaje periodístico. Nótese que la chica que dio tan malhadado dato probablemente no es nada tonta en los trucos de la supervivencia universitaria, pero sí es obvio que carece de conceptos lógico-matemáticos elementales, y el hecho que esté en el nivel universitario da mucho qué pensar acerca de los criterios de ingreso a las universidades. La mayoría de los alumnos ven la Universidad como una continuidad de la escuela, y se comportan del modo que acostumbraron en la escuela. Hay Facultades y Universidades que procesan alumnos como churros, es decir, los pasan por el sistema de modo que justifiquen la presencia de ciertas autoridades y docentes por la cantidad de recursos financieros que se les exprime semestre tras semestre, y que son el principal argumento para la continuidad de dichas autoridades y docentes. El nivel académico se mantiene así en un nivel que permita una tasa de utilidad lo más elevada posible, y por eso vemos casos constantes de copia de exámenes y trabajos, presencia de padres y madres de familia reclamando por las notas de sus hijos, intentos de compra y venta de notas por dinero o incluso por favores sexuales, tolerados a no ser que sean evidentes, por aquello de que Dios perdona el pecado pero no el escándalo.

Así el ambiente académico termina enrarecido, y nada interesante para alumnos que aspiren al aprendizaje ni para docentes que quieran enseñar en serio. Pero ya sabemos que muchos de los que enseñamos en la Universidad lo que tratamos en realidad es de equilibrar nuestros presupuestos sin darnos excesiva chamba. Es así que los criterios académicos parecen no estar demasiado representados en algunas instituciones. Pero al final el sistema procesará a alumnos y docentes, y a los alumnos los mantendrán o sacarán de él, teniendo que pasar por todo en la búsqueda del ansiado cartón; mientras que el docente se adocenará, perderá la motivación, y repetirá semestre tras semestre los mismos contenidos del mismo; y reservará sus fuerzas para influir en que el Curso no le sea quitado o suprimido de la malla curricular. Y culmino acá esta Segunda parte, y preparo la Tercera. Gracias a mis lectores por leerme.

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