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jueves, 3 de abril de 2014

CRÓNICAS DE LECTURAS 77 - LIBROS DE PROVINCIA

Crónicas de Lecturas - 77
Libros de Provincia

I
Los libros de provincia

Si compararas las ciudades del Perú tendrías que tirar la perinola para elegir la más hermosa, todas tienen su cosa especial, y no lo digo por adulación o alojamiento cómodo y gratuito, mi país es especial porque siempre es propio y al tiempo ajeno, y me he sentido a mis anchas y a la vez remoto bebiendo en comisión de servicio una chicha de jora en la plaza de Yanaoca, como lustrándome las tabas en la plaza de Chachapoyas, contemplando la lluvia en la plaza de Iquitos, andando la soledad de la madrugada en Huamachuco o el amanecer en Andahuaylas, por mencionar sólo ciertos sitios. He viajado muchísimo por el Perú, más por chamba que por Turismo. En alguna que otra ocasión alguna que otra institución tuvo a bien confiar en mí y encargarme tareas como enseñar en Escuelas; gerenciar Hoteles; ejecutar Proyectos; entrenar docentes; elaborar Diagnósticos Educativos y Planes de Trabajo; diseñar Planes de Desarrollo Concertado y Presupuestos Participativos; programar y ejecutar Investigaciones en profundidad cuantitativas y cualitativas; Talleres de Capacitación o Levantamiento de Datos, y etcétera, etcétera y más etcétera. En el desempeño de estas más o menos altas funciones (altas en metros sobre el nivel del mar) me he andado mis buenos kilómetros en todas las direcciones. Aburriría a mis lectores hasta la muerte con relatos sobre el soroche o mal de altura en Pampa Galeras; o de cómo perdí el rastro entre los ríos Tigre y Pastaza; o cómo quedé varado en la grata compañía de diez mil llamas en Aucará de Huancavelica; o de cómo casi me ahogo en una torrentera del río Sisa en el mítico Dorado; o cómo pasé una noche con un frío de congelar pingüinos en la pampa de Anta; o de cuándo surqué el Ucayali hacia Shepahua ida y vuelta. Como viajero - a veces como turista - visité Machupichu, Kuélap, Huaca de la Luna, Killarmachay, Huari, Kotosh, Kunturhuasi, la Piedra de Sayhuite, Sillustani, el Cerro de Los Ángeles y un par de docenas más de sitios análogos. Tales experiencias aleccionan el doble propósito de no volver a salir nunca más de Lima, como el de irse de Lima y no volver más. Qué le vamos a hacer, la contradicción es algo muy peruano.

Como cada ciudad grande o pequeña tiene su carácter - compendio de las personalidades que la habitaron antes y habitan hoy -, el esfuerzo del que viaja es entender cómo encajan las personas y las cosas, y eso vale para el Sur de Francia, el Caribe, Singapur y Nueva York como para Yunguyo, Chacas, Ayavaca o Flor de Agosto. Y se encuentra uno que para entender una ciudad o región hay que pasar a través de sus libros. No sé cómo será en otras partes, pero en el Perú una ciudad por más ciudad que sea no puede ser más que la Capital Lima, por el orgullo malentendido que les impide competir y eventualmente ganar. Eso se refleja en esos libros. Como no veo razón alguna para no hacer las cosas bien en provincia, y a la vez conservar la identidad, no entiendo por qué a veces se encierran tras sus muros y miran al resto por encima del hombro. Este y otros rasgos aparecen en sus libros entrañables: El provincianísimo amor a la tierra, que tiende a desaparecer con la homogenización de territorios y personalidades, es siempre apasionada declaración; el intento de trascender más allá de los límites que impone la inevitable geografía física, de romper el marco como colectividad que se adelanta a tomar su lugar; la expresión que se debate entre la recargada elegancia y los vernaculares modismos; el mirar desde lejos con alguna envidia al main-stream limeño. Hay un rasgo más que desaparece con enorme rapidez pero que aún es visible a lo lejos: La presuposición de que todos te entienden evidencia la creencia de que no te leerán más que en el tout-monde de tu pequeña provincia, lo que por cierto incluye al grupo humano que emigró a la Lima, creencia que deviene en un sutil encubrimiento de la realidad, en un esconder bajo la alfombra los conflictos internos. Y así se presenta frente único contra el centralismo limeño al modo de cierta nostalgia aristocrática heredada de la prosapia de la vieja y largamente extinta nobleza indo-española, a la que continuamos en nuestro inconsciente rindiendo tributo. Esto explica mucho de lo que somos. Y supongo que lo que es otra gente, en ciudades de otros lugares del mundo.

II
Texao: Arequipa y Mostajo, de Juan Carpio Muñoz

Hablamos de la entrañable Blanca Ciudad de Arequipa, que amamos su más entre las ciudades de nuestro Perú, y sin desmerecer a nadie diré que es la preferida de nuestro limense corazón. La conocimos jóvenes, su paisaje y su gente nos alcanzaron con rapidez y nos llenaron el alma. Residí en ella ciertos períodos, me conmueven sus valses, yaravíes y marineras, y apreciamos, valoramos y tratamos de compartir su tradicional y viril rebeldía. Amigos y amigas tenemos allí, naturales o residentes, benditos sean todos los que viven bajo la sombra tutelar del Volcán Misti. Y aunque cierta gente se burle de los arequipeños, poco a poco esto desaparece entre otras razones porque el que se burle de un arequipeño en su delante, no lo hará dos veces. Todo esto se refleja para mí en el vals El Regreso de Mario Cavagnaro, pues Arequipa comparte con dos o tres lugares en el mundo la muy especial distinción de ser un lugar donde he sido feliz, es decir, donde he vivido una mañana, tarde y/o noche perfecta (De paso, aquí una versión moderna del dicho vals por los arequipeños de hoy: https://www.youtube.com/watch?v=UF0T0NPIET8&list=PL19FE732D015AD4D2). Una parte de esa felicidad es la eterna silueta del Volcán Misti en la compilación de la revista Texao. La flor del texao es símbolo de Arequipa, la he visto adornar las extintas campiñas de Yanahuara, Tiabaya, Cayma y otros lugares que hoy son asfalto, como aún permanece hoy en alguna que otra maceta y jardín de la Blanca Ciudad.

El conocido sociólogo, historiador, escritor, coleccionista, profesor e investigador de las tradiciones arequipeñas Juan Guillermo Carpio Muñoz es un paradigma para todos aquellos que se lanzan a difundir las bondades de la propia tierra. Su trayectoria vital bien puede equipararse a la de otros que viven el mismo síndrome: Como profesor de Investigación descubrió la falta de sistematizaciones referidas a Arequipa, y así inició la revisión de textos y el fichaje de lo que encontraba, creando una base de datos con base en las anécdotas e historias cortas que caracterizan una época, germen de su obra Texao: Arequipa y Mostajo. La historia de un pueblo y un hombre. Esta obra en cuatro tomos y más de 1500 páginas aparece primero en fascículos en la forma de biografía del prohombre arequipeño Francisco Mostajo, poco conocido y apreciado incluso en nuestro país, pero la dicha biografía trata de ser pretexto para dispararse con una suerte de biografía de la Arequipa republicana, y por ello está acompañada y salpicada de facsímiles de publicaciones de la época, anecdotarios, fotografías de época, letras de yaravíes, pampeñas, huaynos y otras piezas musicales, cronologías de Arequipa, dibujos del autor, recetas de platos típicos, glosarios de términos, descripciones de acontecimientos populares, retratos de personajes sean del común y/o ilustres, todo dato que pudiera arrojar un poco de luz sobre la tierra y los hombres y mujeres de Arequipa, con el fin confesado de conocerla y amarla un poco más. Y así Texao: Arequipa y Mostajo. La historia de un pueblo y un hombre se levanta como testimonio del pasado de la Blanca Ciudad de Arequipa, cuya colectiva resistencia y política vocación la han convertido en el León del Sur. Qué quede de todo esto hoy en día y para el futuro, es un misterio para desentrañar.

III
San Antonio de Putina… Siempre, de Raúl Castillo Gamarra

Viajé a esta remota provincia de Puno, limítrofe con la República de Bolivia, a la busca de información de primera mano para un diagnóstico educativo. Encontré una herida que sangra fuerte en nuestro país: La Minería Artesanal que destruye las vidas de incontables niños y niñas en los socavones de Rinconada y Cerro Lunar de Oro, a más de 5000 m.s.n.m., en la aurífera montaña de Ananea. Ver lo que vi me cambió la vida para siempre, nunca más he podido enfrentar tales circunstancias a la displicente o a la indiferente. No es que sea muy espectacular, las situaciones graves influyen menos a las personas que la tenaz percepción de las pequeñas cuando siempre estuvieron ahí y de un momento a otro se hicieron obvias. Lo que más recuerdo de San Antonio de Putina son los rostros infantiles, hoy hay en Rinconada 50,000 personas, no menos de quince mil niñas y niños, quince mil rostros. Las gentes de Rinconada y Cerro Lunar son en su mayoría emigrantes hacia una tierra con dolores y alegrías propios, a la que le añaden el atributo de su propia supervivencia. Y desde aquí acábanse mis reminiscencias, dejo la palabra al Profesor y poeta Raúl Castillo Gamarra y a su libro San Antonio de Putina… Siempre, a modo del autor que se mete en su obra y ni siquiera hace la finta de no pertenecer a ella desde la primera línea: El presente trabajo es la expresión de mi identidad, puesto que habiendo nacido y permanecido en Putina hasta los once años soy orgulloso de mi prosapia de putineño, de puneño, de andino. (…) la fuente fundamental (de este libro) la he encontrado en mi corazón, en las conversaciones con mis padres Pantaleón y Clara… y en la charla con mis paisanos de siempre, en el maternal, tierno, jocoso y pícaro quechua de mi pueblo. (…) Ofrezco este libro a mis paisanos para que con sus hijos revisen sus convicciones, y las grandezas y carencias que tiene nuestro pueblo.

Los limeñitos pasamos por estos lugares sin molestarnos en conocer lo que vale la pena: La gente y sus alegrías y luchas; la geografía que los enmarca, la historia que los define. Le hacemos ascos a todo, nuestra criolla mentalidad nos hace creernos corregidores y encomenderos, vamos por ahí como si fuéramos los dueños. Yo me levanto y digo que no soy un insípido y estúpido limeñito como alguno que conozco: Como el Inca Garcilaso, mestizo me llamo y con eso me lleno la boca al reconocerme en cada hombre y mujer de mi tierra, y si eso no le gusta a alguno, pues con su pan se lo coma. Leo el libro de Castillo y aprendo que en San Antonio de Putina están los distritos de Quilpacuncu, Vilcapaza, Sina, Putina y Ananea; que sus rasgos más característicos son las centenarias minas de oro, la puya Raimondi, las aguas termo-medicinales y los camélidos sudamericanos. Sé que es lugar alto, he visto que para vivir ahí se requiere reciedumbre, coraje y paciencia, hay que ser aguerrido pero prudente: Los pueblos y los organismos no están fosilizados, no deben estarlo. Sus hijos hacen la historia. De la provincia salen ríos hacia el Atlántico y hacia el lago Titicaca, es cabecera de cuenca y eso es mucho decir en mi país amenazado por el Calentamiento Global. Pero el valor del libro no está sólo en la data monográfica que el profesor ha acumulado para uso de los lectores, y que me fue tan útil para enmarcar mi propio diagnóstico, sino en sus recuerdos personales y efusiones sentimentales, extendidas a la descripción física y humana de la ruta que lleva a su pueblo e incluso hasta su casa solariega, descripción de la que no está ausente: …he envejecido en la ausencia de mi pueblo. Lo que da pena es que libro tan hermoso y tan personal esté limitado a la provincia misma, acaso a la Región Puno. Algún día aprenderá el Perú a ser peruano. Porque el corazón de mi corazón está en Putina, o al revés, qué importa.     

IV
La fundación de Trujillo del Perú, de Gustavo R. Ferrer

Parte de mis deberes durante mi tiempo como Sub Gerente en el Hotel de Turistas de Trujillo fue darle movimiento al Hotel, a su cocina, bar, cafetería, restaurante y salones, cuando menos en grado suficiente para justificar mi presencia y los gastos en que incurría allí. Tuve algún éxito en esa particular función. En todo caso, y como se dice, justifiqué mi presencia y pasé por la experiencia de residir en un lugar y casi no tener oportunidad de conocerlo, tanta chamba tenía por hacer todos los santos días de Dios, y tan terriblemente cansado mi día de franco. Pero no cambiaría esos días por nada, conocí lo mejor de Trujillo del Perú, de vivir y trabajar y hacer amistad con tan excelente y afectuosa gente. No estoy de acuerdo con eso que dicen que Trujillo es como una Lima en chiquito, de repente porque mi familia pasó por acá antes de irse a la Lima, y eso quien lo sepa que me lo cuente, no estoy tan cercano a mis raíces como quisiera. En todo caso, hay más vida cultural en Trujillo que en la mayor parte de las ciudades de mi tierra, excepto Lima – lo que no es demasiado decir. Mientras habité entre los muros trujillanos asistí a la presentación del libro del título, motivo por el cual lo tengo en mi Biblioteca y aprovecho para reseñarlo. Librito delgado, de redacción casi periodística, se concentra en una de esas cuestiones que en la provincia suelen ser de vida o muerte: La fecha estricta de la fundación española de la ciudad. Ello porque si hay en mi país una ciudad dotada de prosapia y aristocrático desdén por la Capital de la República, esa es Trujillo del Perú, porque no es tolerable para un trujillano bien nacido asumir que su ciudad pueda haber sido fundada después que la Ciudad de los Reyes, esa Lima capital del Virreinato que tendrá lo suyo pero que fue fundada después, pues.

Este libro tiene así una intencionalidad polémica, ha sido escrito para que (a Trujillo) no le resten ni un solo día de su nacimiento como urbe. Por ello hace algo que a los peruanos costeños en apariencia nos gusta mucho en materia de historia: Bucear en el detalle, meterse en la intencionalidad de los actores europeos de la Conquista, mirar en el recóndito rincón que demuestre nuestra tesis: Así entonces, y para llegar al momento en que el malogrado socio de la Conquista Diego de Almagro pasara por el valle del río Moche y fundara Trujillo del Perú, se hacen eruditas disquisiciones referidas al concepto del Conquistador como Empresario, con reseñas y retratos de Colón, Núñez de Balboa, Becerra, Andagoya, Morales, Cortés, Francisco y Gonzalo Pizarro, los Trece del Gallo, Orellana, Hernando de Soto y, por supuesto Diego de Almagro. El conservadorismo trujillano se refleja en la consideración por el Conquistador Español: Todos los actos de Francisco Pizarro fueron los de un noble conquistador que creía en Dios y su Rey y en la casi inexistente presencia de los naturales incaicos del país, a los que se presenta en secreteos y traicioneros pactos para acabar, qué lisura, con los que pretendían conquistarlos. Y así se justifica la poca o ninguna resistencia que los indígenas del norte del Perú presentaron a los invasores españoles, aspecto caro a la historiografía norteña de nuestro país, recordar cómo el Tahuantinsuyo de Pachacútec y Túpac Yupanqui atacó y tomó a traición Chan Chan, capital del reino del Gran Chimú, situado a pocos kilómetros del centro del español Trujillo, y cómo por ello eran odiados más aún que los españoles, al fin aliados que les ajustarían las cuentas a los malditos incas.

Pero lo central del libro es el establecimiento de fechas fehacientes, entre las cuales está la del 6 de diciembre de 1534, fecha de la Fundación Española de Trujillo del Perú según el autor Gustavo Ferrer. Es decir, exactamente 43 días antes que Francisco Pizarro hiciera todo el espectáculo concomitante a la fundación de la ciudad española de Los Reyes sobre el centro urbano que dominara en su tiempo el Curaca Taulichusco en el valle del Río Hablador, el Rímac para los que no sepan. Esto de la fundación de ciudades tenía ciertamente muchas funciones, pero una de ellas sobre la que tal vez no se ha hablado demasiado era la de hacer existir oficialmente la ciudad española sobre la ciudad o población que ya existía al estilo indígena: Lima era una ciudad milenaria, no era pampa vacía cuando Pizarro la “fundó”. Igualmente, Cusco fue “fundada” por los españoles, pese a que era desde mucho antes poderosa y riquísima capital del Tahuantinsuyo. Ahora bien, Trujillo del Perú sí parece fue fundada a mitad del camino entre la viejísima capital moche de Huaca de la Luna, y Chan Chan, capital del epígono Reino del Gran Chimú, para orgullo, justificado o no, de los amables y queridos trujillanos de hoy en día, y por lo tanto posee prosapia española y nada indígena prestado de los moches o los chimúes. Y ahí lo dejo, para tratar de no chocar con Chocano que, como ya mencioné en otras partes, es individuo de pocas pulgas, pésimo humor y gran capacidad para el rencor.

V
Colofón

El amor a la patria es indefinible, es emoción que nos asalta cuando contemplamos aquello que creemos nos pertenece en cuanto colectividad. Hoy en día parece un sentimiento remoto, un valor obsoleto, parece mejor hablar de Identidad o incluso de  Sentido de Pertenencia. Sin desmerecer nada, estos libros muestran cabalmente como se sigue luchando por Ser y Pertenecer en el interior de nuestro país, y cada Región debiera así verlos como patrimonio, y leerlos y hacerlos leer. Y punto por hoy.

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jueves, 1 de agosto de 2013

NO SÉ QUIÉN SOY

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NO SÉ QUIEN SOY


No sé quien soy / ni a donde voy 
/ por qué mi canción es triste / por qué no río 
(Vals criollo de Juan Mosto)
(Enlace, cantada por el mismo Mosto: http://www.youtube.com/watch?v=7c8z9Gpkj8c)  



"…el individuo sano vive porque tiene memoria, porque sabe cómo se llama, 
cómo fue su vida anterior. Si no, caería en la locura, en la inconsciencia "
Jorge Basadre, historiador peruano
o

El Problema de la Identidad

Si hay un problema que todos de alguna manera compartimos es el de la propia Identidad. Se supone que la Identidad es el conjunto de características o rasgos que hacen que un ser sea ese ser, y no otro ser. Perdónenme el chabacano conceptismo, trataré de explicarme de manera menos enredada: Resulta que después de los artículos de Javier Lizarzaburu que publicamos en este Blog (¿QUIÉN DIABLOS SOY?), como que nos hemos quedado con la yuca adentro y tenemos ganas de decir algunas cosas.

Y así, en un plan espero menos pedante, podríamos empezar diciendo que la Identidad es esa cosa metafísica que cuando la tenemos nos sentimos seguros de andar por el mundo, porque tenemos la seguridad de saber quiénes somos, y desde allí podemos relacionarnos con el resto; y cuando no la tenemos vivimos preocupados precisamente por no tenerlo. 

Identidad y autopercepción

Aquí va el problema: Para poder plantearnos nuestra Identidad necesitamos percibirnos a nosotros mismos. Es decir no pensamos en esto a no ser que veamos nuestras caras y nuestros cuerpos y pensemos cómo nos percibe el resto de las personas. Los niños viven la desesperación de que los miren y eso es un encanto, pero también es una exigencia a ser identificados por nosotros. Esto es, nos exigen que les concedamos su identidad, que les digamos una vez, y otra vez, y otra, y otra: Tú eres. Los psicólogos llaman a esto la necesidad de ser reconocidos, es decir de ser distinguidos como individuos que son iguales al resto, pero también como personas distinguibles del resto. Y es una Necesidad con mayúscula, no sentimos que somos si no nos perciben, y no somos si no nos hacen saber todo el tiempo que estamos siendo percibidos, que estamos siendo distinguidos como personalidad. 


Identidad, Racismo y Entorno

Claro que todo esto es ambivalente. Porque para los niños, como para las culturas primarias, el entorno no es una cosa que está allá afuera distinta del Yo, es un TODO dentro del cual YO estoy y fuera del cual no tengo existencia. Es una cosa dada, aparentemente genética, y así no hay manera de entendernos a nosotros mismos si no es en relación con el entorno, al cómo me determina el resto de mi tribu, y por ello las representaciones sociales nos son tan importantes. Nuestra identidad contiene rasgos que nos constituyen (estatura, grosor, color, rasgos faciales, etcétera) y que asumimos como los rasgos de nuestra identidad. Un color no tiene valoración en cuanto color, sino en cuanto Valor que le asignan los Otros. Pensemos en el color del luto, negro en occidente y blanco en oriente. Tratemos de pensar lo que significa percibir que el propio color de la piel sea visto como feo, sucio, desagradable, "modesto".

Victoria Santa Cruz ha representado maravillosamente este sentimiento en su pequeña y entrañable pieza Me gritaron Negra, que podemos hallar aquí:o

http://www.youtube.com/watch?v=754QnDUWamk&list=PL2E7FE3EF79A2DF2

                                                                                                         Identidad, odio y contrarracismo

Percibir entonces el propio color de la piel, y percatarnos y darnos cuenta que a ese color el resto le asigna un determinado Ser es una constatación por la que todos pasamos, y que con el tiempo se convierte en parte de un algo que nos crea problemas. Tales problemas son bastante inconscientes, precisamente por eso son problemas, porque son vergonzosamente empujados hacia el inconsciente y ahí se quedan fregando la paciencia; y pasa como dice con tanta franqueza Victoria Santa Cruz, que  se produce Odio, que el odiar se convierte en la marca de tu presencia y de tu identidad. No creo que haya niño en el mundo que se merezca ello. 

La asignación de un lugar social por el color de la piel resulta así en un tema terriblemente complejo para los niños, y espantosamente penoso para los adolescentes, pero absolutamente invisibilizado. El Racismo es un problema mayor para los peruanos porque está vergonzante y consistentemente metido en nuestras representaciones sociales, y empujado al Inconsciente, donde fermenta y se pudre. Y cuando te enteras de ello, si no te han arruinado y te han convertido en un afrikaner emocional, quieres patear ese tablero y eliminar los colores, los "decentes" y los "modestos". 

Identidad e Individuación

Cuando creces y te individualizas - es decir, cuando escapas de la esclavitud que te impone el Entorno - te crees que eres un individuo con rasgos que te hacen único, que compartes con los Otros el tener derechos y deberes, y así pretendes que te juzguen por quien verdaderamente tú sientes que eres. Que venga el resto y te juzgue por el color de tu piel, que te asigna un lugar social consistente con el dominio de unos sobre otros, es y se siente invasivo, agresivo y doloroso. Y te tienes que aguantar, porque la idea toda es tratar de integrarse a la Sociedad, a la jerarquía social realmente existente. Porque si no lo haces lo pagarás en efectivo.

Encima, esa jerarquía social es inconsistente con los Valores que te enseñan y con el discurso manifiesto que se dice se vive. Así nos metemos con ojotas y todo en el conflicto más sencillo de entender y más difícil de superar: El de la verdad y su ocultación, el de la hipocresía social. Y podría ocurrir que la aceptaras y te convirtieras en el absoluto contrasentido de un Sociópata Socialmente Aceptado. Claro que si eres inteligente y tu entorno no te mete en un ghetto demasiado opresivo, y tienes la suerte de que alguien o algo te muestre o diga la Verdad, llegarás a la conclusión que vives en la MENTIRA, y tratarás de definir tu ser en función de ello: Serás un resistente, un exiliado interior, quizá incluso te dirán que eres un resentido.

                                                                                                                         
                  Identidad y Adaptación

En resumen, te puedes adaptar al Entorno, o no. Tu adaptación será fácil si estás en el NSE A, porque tienes plata y estatus, y por ende no tienes que preocuparte de la realidad, estás en una burbuja protegida, te enseñan que el suelo es de cuero. Por cierto esto no es determinativo porque afortunadamente los chicos y chicas tienen la inextirpable manía de pensar y de percatarse de las cosas que los adultos les escondemos. Las reacciones posibles al respecto son muchas. pero la que más detestan ciertas personas es que los chicos piensen y tomen decisiones por sí mismos, porque entonces sienten que la posición socio-económica tan duramente labrada se les va al agua.

Y si estás allá abajo, pueden entrenarte para decir o hacer lo que los de arriba quieren que hagas o quieren escuchar, o a crear tu espacio aparte desde el cual podrás lograr tus objetivos, sin esos estorbosos recordatorios de tu inferioridad, o puedes irte de este entorno y tratar de hacer tu vida en otra parte donde te maltraten menos.

Identidad y Democracia

Se dice que vivimos en una sociedad democrática, pero eso todo el tiempo vemos que es una falacia. Quizá por eso más de cien personas se van diariamente del Perú, al margen de algunos que creen que porque el crecimiento económico les llegó a ellos les llegó a todos (Alguien así escribió editorial en El Comercio el Otro Día). El encontrarse con la Democracia para muchos es salirse del discurso oficial y encontrarse a la gente por la calle, al modo del Fugado de la Caverna del famoso mito platónico, y ello es ciertamente inevitable, chocante si te adelantas a tu tiempo en tu espacio, pero siempre traumatizante. Por suerte vivimos una época en la que las representaciones sociales están chocando y limándose gracias a que hubo quienes empezaron a combatirlas desde hace mucho. Hoy en día sabemos que esa jerarquía social que el Racismo y las Ideologías de Odio tratan de imponer es injusta, desagradable estéticamente, moralmente indefendible y encima profundamente imbécil. Pero todavía tan conveniente para algunos.  

Identidad y Lenguaje

El lenguaje tiene, entre otras cosas, la capacidad de liberar. Díjose in illo témpore que la Verdad nos hará Libres. Y es cierto, pero la Verdad para ser Verdad tiene que decirse. Cuando articulas tu palabra, te conviertes en el Amo de tu destino, en el Capitán de tu Alma. Se ha dicho que la Libertad empieza cuando eres capaz de decir NO, es decir cuando sabes con exactitud y puedes decir claramente que esta "x" situación NO la quieres, ni para ti ni para nadie. No hay Identidad si eres incapaz de expresarte, el balbuceo no es una opción, el silencio no es una condición, el temor reverencial no es eterno.

Un hecho común en los opresores que no sabían que lo eran (ciertos afrikaner de Sudáfrica, algunos Red Necks del Deep South, los primeros conversos cristianos, por ejemplo), pero que descubrían repentinamente su Verdad, es su incapacidad de articular objetivamente ciertas palabras que representan conceptos "prohibidos". Yo soy libre, y porque soy libre le digo "negro" - como Victoria Santa Cruz - a lo que es negro: Si la música que escucho es música "negra", no la llamo negroide, que es el penoso intento de no decir "negro". Pero las personas no son cosas, y si eso lo tengo claro, entonces te preguntaré cómo quieres ser llamado. Quizá lo mejor que he escuchado al respecto fue esto, no sé si de Nicomedes o de Vallumbrioso: No me digas negro, dime Señor Negro

Colofón Provisional

Lo que durante siglos les hemos hecho a los Niños del Perú no tiene nombre. Y en este aspecto, y solamente en este, somos todos víctimas en la medida que todos hemos sido niños. Encontrar nuestros origenes es relativamente fácil, es cosa de jugar, como los niños, con la información. Lo difícil es renunciar al sueño y a la niñez, quitarnos las máscaras, decidirnos a crecer y ser adultos, perder el miedo al espejo, mostrarnos y mostrar quienes somos, deconstruir esas representaciones y decidir qué hacemos con ellas. Dejar de una vez por todas de tener miedo a nuestro propio interior. Y al representarnos a nosotros mismos, tal vez como Victoria Santa Cruz, encontremos que tenemos ritmo, que suena hermoso, que es bacán ser nosotros mismos, juntos. Que Vea el que tenga Ojos.





sábado, 20 de julio de 2013

¿QUIÉN DIABLOS SOY? - LAS SORPRESAS DEL ADN: AHORA SÉ QUIÉN DIABLOS SOY por javier lizarzaburu

LAS SORPRESAS DEL ADN : 
AHORA SÉ QUIÉN DIABLOS SOY

Como decimos por acá, al fin Parió Paula ... y llegaron los resultados del ADN y ... mejor dejemos que Javier hable ... pero no dejo de preguntarme si compartiremos a la Momia Juanita como antepasada común ... 

Y el link es:

http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2013/07/130719_serie_adn_quien_diablos_soy_11_final_.shtml

En el último artículo de hace una semana decía, con cierto aire de haberlo superado todo, que ya no me importaban los resultados de mi prueba de mi origen genético, que lo que contaba era el presente, lo que hacía yo, y todo ese discurso. Pero acabo de recibir una lección. Una lección que cambió toda mi perspectiva sobre quién soy y de dónde vengo.
Los resultados los recibí por internet y tan pronto vi el cuadro resumen, que comparto con ustedes aquí arriba, me quedé un rato mirándolo: soy 40% sangre india. Sangre de los primeros seres humanos que llegaron a este continente americano hace unos 20.000 años y que lo poblaron, según la ciencia, desde el norte hacia el sur.

Hasta ahí, un gran dato. Pero, ¿me imaginaba que iba a ser ese porcentaje? No. No me lo imaginaba. Y ahora me doy cuenta de que las historias de familia todavía seguían vigentes en algún lugar de mi mente y, tal parece, esperaban ser validadas con más fuerza. Y no fue así.
El otro gran componente de mi coctel genético son esas tres categorías que aparecen como Mediterráneo, Noreuropeo y Sudoeste Asiático. Al ver esas etiquetas pensé "joder, se me llenaron los cajones otra vez, ¡quiénes son estos ancestros!" ¿Tenía por ahí un bisabuelo alemán o un tatarabuelo paquistaní?
La más confusa fue la última categoría: un 2% del Noreste asiático. Tengo una amiga que se había hecho una prueba similar y le había aparecido una bisabuela china de la que en casa tampoco le habían hablado. ¿Ese era el caso aquí? ¿Más secretos después de creer que había hecho la tarea y dejado todo en claro?


Lectura científica




Así que cuidado con los que se hagan estas pruebas. Leer los datos no es tan evidente como pareciera, y asegúrense de no meterse en líos al empezar a buscar ancestros secretos. Resulta que la relación no siempre es tan directa.
Hace un par de días hablé vía Skype desde Washington con Spencer Wells. Él es el científico que empezó este proyecto, que ya viene costando unos US$40 millones, con National Geographic en el 2005.
De no haber sido por esta conversación, hoy estaría tocando la puerta de cada familiar pidiendo explicaciones.
Ese 40% indígena, por ejemplo, es el resultado de todas las mezclas que hubo entre todos mis ancestros en los últimos 500 años. Un auténtico proceso de mestizaje. Pero hay más.


Juanita, la momia



El dato más significativo vino de mi lado materno. Sucede que desciendo de la momia Juanita, la momia mejor conservada en las Américas, y que fue sacrificada durante el imperio Inca (siglo XVI) en una de las montañas al sur del Perú.
Aunque para ser rigurosos, no desciendo directamente de ella (sí tenía muchas ganas de ponerlo de esa manera). Después de su descubrimiento en 1995, se le hicieron varias pruebas de ADN y el resultado es que ella y yo compartimos el mismo código genético. Algo bastante común entre la población indígena de América del Sur, me dijo Wells.
Lo más irónico de este dato es que la abuela que me crió, a quien describí como una señora blanca, de ojos azules, la encantadora pero racista abuela que me hablaba de "blanquear la sangre", llevaba en la suya el código genético de Juanita.
Este es un punto interesante y corrobora los datos hallados por Peter Wade, de la Universidad de Manchester, en Reino Unido, en poblaciones "blancas" de Colombia y Brasil. Para sorpresa de ellos también, sus códigos genéticos guardaban información con altos componentes indígenas.


El coctel genético


Sobre las categorías de Mediterráneo, Noreuropeo y Sudoeste asiático, Wells refiere que en realidad las tres constituyen el perfil genético de los europeos en su conjunto. En mi caso particular, esa información encaja con el origen de algunos de mis ancestros en ambos lados de mi familia.
Respecto al lado asiático, este geneticista y antropólogo estadounidense señala que, si bien podría representar a un ancestro de esa región, "lo más probable es que sea tu conexión a las poblaciones asiáticas que cruzaron el Estrecho de Bering y dieron origen a los indígenas americanos".
No obstante, la tecnología todavía no puede asegurarme que no tenga un ancestro chino, más cercano en el tiempo, que quedó oculto.
Si bien la publicidad de National Geographic señala que la información que te dan es una mezcla de tus orígenes de hace miles de años con las últimas seis generaciones, por ahora no es posible indicar con precisión cuál de esos datos es reciente y cuál antiguo.


Comparando porcentajes




Mirando los prototipos genéticos por regiones, mi información se parece más a la de un mexicano de Estados Unidos que a la misma población nativa de mi país.
Una explicación muy probable para esto es el grado de mezcla que hubo entre mis antepasados de ambos.
Otro aspecto que la ciencia permite asegurar es que no existen grupos humanos "puros". Todos somos consecuencia de algún tipo de mestizaje producido en algún momento de nuestro recorrido por el planeta [Haga clic abajo para ver los prototipos (en inglés)].

La ruta del ser humano

Lo fascinante, en todo caso, ha sido poder tomar conciencia de los grupos humanos de los que provengo desde que salieron de África, hace unos 60.000 años. Poder seguirles la ruta por el planeta hasta que llegaron a donde estoy hoy es una experiencia incomparable.
Si algo se vuelve a constatar con estas pruebas es que todos descendemos del mismo hombre: un Adán negro, y de una misma Eva negra. No es que ellos hayan sido ni los primeros ni los únicos seres en esa época. Pero son los únicos cuya información genética sobrevivió hasta el presente.
Los descendientes de estos padres ancestrales dejaron África muy posiblemente por una catástrofe climática. Esa decisión, ese momento en que decidieron emigrar en busca de mejores climas y pastos, dio inicio al poblamiento del planeta Tierra.
En suma, lo que la genética nos muestra hoy es la gesta de la humanidad, aquella que quedó grabada en la memoria de nuestra piel.


Proyecto de National Geographic:https://genographic.nationalgeographic.com/

viernes, 12 de julio de 2013

¿QUIÉN DIABLOS SOY? (10) - EL EJERCICIO DE VINCULARME CON MIS ANCESTROS - por javier lizarzaburu

¿QUIÉN DIABLOS SOY? - 
EL EJERCICIO DE VINCULARME CON MIS ANCESTROS - 
Por Javier Lizarzaburu 

Última entrega de Javier, que termina en aparente anticlímax, con los resultados de National Geographic que no llegan, a pesar de indudables esfuerzos en conseguir empatar cronogramas. Pero la verdad a mí no me molesta, porque hace rato que esto no trata del ADN, sino de la Identidad de nosotros los Peruanos.

El ADN no nos hará libres. Tampoco parece importante saber o no saber el porcentaje de europeos, americanos, africanos y asiáticos que hay en nuestro ADN. Lo que nos hará libres es la Verdad: Al final todos descendemos de la misma Madre Eva Africana, negra como el ébano, negrísima. Tenemos sus mismas glándulas de melanina, las que compartimos con todos nuestros hermanos humanos, con nuestros padres y tíos, nuestros abuelos y choznos; y que heredarán nuestros hijos y sobrinos, nuestros nietos y más allá, hasta el fin de los siglos. 

Resulta que algunos grupos que se adaptaron a diferentes medio ambientes tienen un porcentaje mayor o menor de funcionamiento de dichas glándulas. Me cuesta creer que ese porcentaje me haga mejor o peor que Otros. Pero parece que a algunos sí les gusta agarrarse de ésto. Allá ellos. 

El artículo con su link:
http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2013/07/130712_serie_adn_quien_diablos_soy_10_mi_perspectiva.shtml

EL EJERCICIO DE VINCULARME CON MIS ANCESTROS

Por suerte ayer dije que los resultados de National Geograhic me importaban menos, porque no llegaron. Los han prometido para la próxima semana. Pero en realidad, los resultados que ahora me importan son los que yo encontré a lo largo de estas semanas.

Cuando los editores de BBC Mundo aceptaron este proyecto, lo hicieron sobre la convicción de que la discriminación racial seguía siendo un tema en América Latina, y queríamos ver hasta qué punto esto nos seguía movilizando
Los comentarios de ustedes, personales e intensos algunos de ellos y desde muchas partes del continente, nos demostraron que así era.
Así que esa sencilla prueba de ADN sirvió de primer eslabón para explorar los ángulos que hemos visto estos días, y para establecer un diálogo que sacó el tema de la experiencia individual, para entenderlo como parte de un proceso histórico que continúa vigente.


Nación frágil


Algo que para mí fue importante fue someterme a este ejercicio hablando en primera persona.
Lo hacía por un interés personal pero también por otra razón: siento que vivo en una ciudad enferma, en un país enfermo. Sospecho que los síntomas tienen que ver con este rechazo a una parte de nuestros orígenes.
Como escribió el antropólogo peruano, Carlos Iván Degregori: "Tal como fue soñada por los criollos, la 'comunidad imaginada' llamada Perú incorporó desde muy temprano en su historia las glorias del Imperio Inca, pero negó tener algo que ver con los indios contemporáneos... De esta forma, la nación peruana se construyó sobre bases muy frágiles, como una pirámide recostada sobre su vértice".
Como periodista, en los últimos tres años me he dedicado a trabajar en dos áreas: ciudad y patrimonio.
Mi interés en los temas de ciudad va más allá de exigir un mejor transporte público y bajos niveles de delincuencia. Tiene que ver con una ciudad que funcione para todos sus ciudadanos.


Empoderamiento


Que en mi ciudad haya jóvenes que no entran a un café por temor al rechazo. O que haya madres de familia que no entran a una tienda porque se avergüenzan de no ser como las mujeres de la publicidad de esa tienda, es inaceptable
Esa no es la ciudad en la que quiero vivir. Esa no es una ciudad que puede avanzar.
Tampoco se puede crecer si no hablamos de estos problemas. Y aquí veo una resistencia muy fuerte a enfrentarnos con este fantasma. Le tenemos miedo, y al tenerle miedo lo hacemos grande.
Incluso la misma discusión sobre el racismo en mi país se hace, es mi opinión personal, desde una plataforma paternalista.
Se habla del pobre indio rechazado. Se defiende al desvalido. Pero no se habla de lo que pasa en las clases medias y altas, donde también es prevalente.
Al no plantearlo en su transversalidad social, se termina manteniendo el mismo orden que decimos cuestionar.
El asunto es que aquí, ser clase media, profesional y admitir racismo a ese nivel, es reconocer esa mancha en uno mismo. Y eso da mucha vergüenza.
Por eso hablar en primera persona era importante.
Tampoco necesitaba hacer esto por mí mismo. Pude haber seguido como antes, desde una comodidad de clase donde solo se habla de los ancestros europeos, y uno se siente un poquito más que los demás.
Pero qué sentido habría tenido eso, cuando uno se interesa en la ciudad.


Alianzas invisibles


Además, creo haber identificado un pequeño y potente mecanismo en el ADN social que lo describo como alianza de clase. Una alianza que se produce en algún momento de nuestra educación, y que en muchos casos es automática, inconsciente.
¿Cuál es su característica? Que se da un instante cuando tomamos partido por un tipo de identidad, y por lo general asumimos la memoria del vencedor, simbolizado por la figura del europeo, en exclusión de cualquier otra
Pude darme cuenta entonces, de que todavía existen fuertes estructuras de pensamiento que no han cambiado desde la Colonia.
Hemos conseguido la Independencia política. Pero subsisten esquemas mentales atados a una corona que hace tiempo desapareció.
Es cierto que entre las nuevas generaciones este fenómeno se va reduciendo. Tiene que ver con la demografía y con la nueva actitud con la que crecen los jóvenes de hoy. Felizmente es un proceso que está sucediendo.
El profesor Peter Wade, de la universidad de Manchester, y un experto en temas de racismo en América Latina, me decía en intercambio vía correo electrónico que "aunque ese lenguaje explícito de las diferencias raciales ya no se use mucho, los conceptos de raza (apariencia física, linajes, conductas enraizadas) todavía son prevalentes y se usan para legitimar posiciones de privilegio…"
Creo que nos hace falta un gran acto simbólico que rompa con ese pasado y con esas actitudes. Una declaración de independencia mental.


Ancestros


Finalmente, para mí no se trata de odios. Se trata de un gran trabajo de reconciliación pendiente. De meterme a trabajar otro tema sería ese: 2021, el Bicentenario de la reconciliación.
Tengo que decir que me siento como se siente uno después de haber hecho una limpieza a fondo. Se desempolvaron los cajones y quedaron listos para nuevas historias. Pero esta vez las mías, que no quedarán selladas.
A nivel más personal, fue un buen ejercicio el vincularme con mis ancestros. Con todos. Los conocidos, los desconocidos y por conocer. Los he honrado y creo que han quedado libres de mentiras y leyendas. A cambio me han dado un tipo de tranquilidad desconocida hasta hoy.
Sobre los otros resultados, National Geographic se comprometió a tenerlos la próxima semana. Así que en cualquier momento los estaré publicando. Muchas gracias por haberme acompañado.


Un proyecto de la revista estadounidense National Geographic busca las rutas que siguieron nuestros ancestros desde que salieron de África hace 60.000 años, a través de muestras del ADN de voluntarios.
El periodista peruano Javier Lizarzaburu es uno de ellos y durante dos semanas nos contó su experiencia. ¡Muchas gracias a todos los que han sido parte de esta serie a través de su lectura y comentarios!


"…el individuo sano vive porque tiene memoria, porque sabe cómo se llama, cómo fue su vida anterior. Si no, caería en la locura, en la inconsciencia "
Jorge Basadre, historiador peruano



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¿QUIÉN DIABLOS SOY? (9) EL CÓCTEL GENÉTICO DE MI SANGRE INDÍGENA por javier lizarzaburu

¿QUIÉN DIABLOS SOY? -
EL CÓCTEL GENÉTICO DE MI SANGRE INDÍGENA - 
por Javier Lizarzaburu

Suele pasar en casi cualquier investigación emprendida con solidez y honestidad que las respuestas a la pregunta no eran tan importantes, interesantes o decisivas como el camino que se empleó para llegar a ellas.

Al final de toda la ruta parece que lo verdaderamente importante, más que la eventual respuesta, era la Pregunta misma:


El artículo y su correspondiente link:


EL CÓCTEL GENÉTICO DE MI SANGRE INDÍGENA 


Este proyecto del ADN tuvo su origen en el interés en conocer mi cóctel genético y de dónde viene mi sangre indígena. Pero sucede que en las últimas semanas muchos de esos cajones de secretos y silencios familiares que creía cerrados se empezaron a abrir. Es ahí cuando esta curiosidad dio un giro.

Esos cajones se abrieron de manera inesperada, revelando información desconocida por mí hasta entonces.

Junto con estas sorpresivas verdades también quedaron al descubierto las estructuras de pensamiento que les dieron vida.

Quizás no deba extrañarme. Pero lo primero que pude constatar fue que en ambos lados de mi familia la memoria que había quedado, y sobre la cual se habían armado narrativas de sobrevivencia y prestigio, era la que simbolizaba al vencedor, al europeo.

La memoria indígena era la que se había lanzado al olvido. Veamos qué pasó

CAJÓN LIZARZABURU

Nunca viví con mi padre, así que las únicas imágenes que llegaron a mí de mis abuelos paternos fueron las que aparecían en los portarretratos, en sus álbumes familiares, en las conversaciones de domingo.

Resulta que en todos esos espacios solo aparecía el abuelo Carlos (en la foto es el que aparece de pie, a la izquierda, con dos de sus hermanos) y su elegante y antigua familia trujillana.

A mí tampoco nunca se me ocurrió preguntar por la madre de mi padre. Será que mis mecanismos inconscientes entendían que esa era una pregunta que no se debía hacer.

Hasta hace un par de semanas, cuando pregunté por la abuela Victoria. Y como si la respuesta hubiera estado siempre ahí, mi padre me dijo "fue una señora humilde".

Cuando quise ver si había alguna foto de ella apareció una, poco clara, donde se la ve, pequeña, de mirada disciplinada, algo incómoda ante la cámara y con los rasgos de mestizaje que nunca pude advertir en las fotos de mi abuelo

CAJÓN MONTANI

El otro cajón que se abrió llevaba el sello materno. Y la verdad también salió recientemente, durante un almuerzo de familia, cuando me puse a hablar de este proyecto y lo que quería conseguir. Ahí estaban mi madre, sus hermanas (todas mayores de 75 años) y el esposo de una de ellas.
.
Primero hubo como un murmullo. Me pareció entender que decían que no sabían de dónde podía provenir un origen indígena "porque tu abuelo era moreno, pero por la sangre italiana pues". Yo nunca conocí al abuelo Gustavo porque había muerto antes que yo naciera.

En ese repentino desorden quise ser específico y pregunté: "a ver, un momentito, una cosa es ser moreno, como puede ser efectivamente un italiano, y otra mestizo". "Moreno, moreno por lo italiano" empezaron a repetir.

Pensé dejar ahí el cuestionamiento cuando de pronto el tío (yerno del abuelo), decidió zanjar de una vez por todas el misterio.

Alzó algo la voz y con una seriedad que solo podía augurar un fallo inapelable sentenció: "Javier, tu abuelo era mestizo".

Parecería que estoy relatando una escena del siglo XIX. Y sin embargo, sucedió hace dos o tres semanas.

No bien el tío hizo esta revelación hubo un silencio. Mi madre y sus hermanas giraron las cabezas en distintas direcciones, sin mirar a ningún lugar en particular, y después siguieron conversando de otros temas. No se tocó más el asunto

EL CUENTO PROPIO

Y así, casi sin querer, aparecieron los cajones que creía perdidos.

No deja de sorprenderme cómo un dato tan sencillo como decir que alguien tiene sangre india, dio pie a toda una serie de historias y secretos que lo único que hicieron fue desconectarnos de manera muy profunda de nuestras raíces.

Lo mismo había sucedido con mi ciudad, que al negar su memoria prehispánica terminó por enterrar una vasta herencia arquitectónica de 4.000 años de antigüedad.

O la actitud de mi país, que dice sentirse orgulloso de los Incas, pero donde los grupos indígenas son los más pobres y los menos educados.

En este triturador de memorias aparecieron también mis propios mecanismos racistas.

Pude observarlos, escondidos y vigilantes, ubicados ahí para no permitir que se violentara el orden, silencioso, inconsciente, poderoso.

Hoy tengo menos interés en los porcentajes que me dará National Geographic.

Saber si soy más de lo uno o de lo otro ya no me moviliza de la misma manera. Hoy sé mucho más sobre mí mismo y sobre el lugar en el que vivo. Y de repente esto solo es lo que le da sentido a esta experiencia.

¿Qué es lo que nos ofrece Lima? Una porquería, y el hombre no es una porquería. Quizá sea este el momento cuando la juventud debe tener fe en este país. ¿Por qué? Porque nosotros nacimos en un país dividido: indios, mestizos, blancos, divididos por vallas casi infranqueables. ¡Jóvenes, esas barreras se están rompiendo, las hemos roto! Yo he contribuido, como han contribuido todos a romper esas vallas"
José María Arguedas, escritor peruano



CONTINÚA EN: ¿QUIÉN DIABLOS SOY? - DÉCIMA Y ÚLTIMA ENTREGA: 

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